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HOJAS INFORMATIVAS
21 de septiembre de 2011
"Sobornos y chanchullos en la
embajada de Guinea Ecuatorial en Madrid"
Trifonia Melibea Obono Ntutumu,
21 de septiembre 2011
Obiang se merece
muchas felicitaciones. En serio. El dictador ha conseguido que
la representación diplomática ecuatoguineana en España, se
refugie en un edificio refinado y ostentoso. Es decir, los
funcionarios de la embajada hoy, trabajan en una vivienda
amplia: consta de un piso, luce en el exterior la bandera
“patriótica” y acoge una fuente de agua blanquecina en la parte
trasera.
Sin embargo, aunque
el mono se vista de seda, mono se queda, eso dicen los sabios. Y
no hace falta ser sabio para descubrir que los sobornos, la
irresponsabilidad, los chanchullos y el machismo determinan el
comportamiento de los empleados de la embajada ecuatoguineana.
La evidencia salta a la vista. Incluso, antes de entrar al
edificio, un funcionario exige que todos los visitantes
abandonen los bolsos en una casucha, a cambio de un número y
nada más.
Nada más porque en la
planta baja de la vivienda, donde esperan durante inagotables
horas los administrados, ningún cartel indica dónde se reclaman
los objetos perdidos. Lo que sí ocupa las paredes son las
imágenes de Obiang y sus infinitos cargos recogidos en el pie de
foto; un televisor, que sintoniza el canal proclamado
“televisión de Guinea Ecuatorial” pero que emite generalmente,
música africana y publicidad sobre los recursos naturales
ecuatoguineanos, así como imágenes sobre la ciudad de Sipopo…
Un detalle muy
destacado constituye la mini librería que la administración
Obiang ha establecido en la sala de espera, pero que sólo
contiene dos libros –ninguno pertenece a Donato Ndongo ni Juan
Tomás Ávila, dos de los escritores más destacados en el panorama
nacional-, y la revista del Partido Democrático de Guinea
Ecuatorial.
Los sobornos se
exhiben a la vista de todo el mundo y la arbitrariedad
administrativa se repite constantemente. Las solicitudes de
documentos se admiten por amiguismo y se conceden con prontitud
a la persona que más paga. En la pared está colgado un cartel.
El cartel comunica a los administrados que sólo de tres a
cuatro de la tarde, se entregan los documentos solicitados, pero
en la práctica, no sucede así: la discriminación está
institucionalizada.
La falta de
responsabilidad y los chanchullos se reflejan en dos campos. En
primer lugar, los funcionarios llegan tarde a la oficina, la
mayoría, a partir de las once y media de la mañana. Y no tardan
en salir otra vez para desayunar o charlar tranquilamente con
un amigo o pariente en los pasillos. En segundo lugar, el fang
constituye la lengua vehicular que utilizan los empleados no
sólo para dialogar entre ellos a viva voz, también para atender
a cualquier persona de piel negra. Así es. Con esta actitud,
pisotean la identidad de los compatriotas no fang, y todos los
fang que se sienten identificados con el castellano, ya que
forma parte de la identidad de Guinea como estado.
Con respecto al
machismo, es suficiente ojear el interior de los pasaportes para
descubrir cómo la administración ecuatoguineana convierte e las
mujeres en propiedad de los hombres. En las páginas segunda y
tercera, relacionadas con las “Señas Personales”, el documento
establece que después de los datos del titular del documento,
que puede ser un hombre o una mujer, la esposa y no el esposo,
apunten sus datos. Repito: la esposa, no el esposo. Es decir,
las mujeres ecuatoguineanas casadas, están incluidas en los
documentos de los maridos, como una propiedad más. No. Así no.
El matrimonio es un contrato, formado por dos personas que se
quieren. La inclusión de la mujer en los documentos personales
del esposo, sólo tiene una explicación: las consecuencias del
patriarcado.
A continuación, están
recogidas las opiniones de las personas –ecuatoguineanas- que
alguna vez, han sido atendidas en la embajada de Guinea en
Madrid.
Andrés, peón, 30
años, vive en Bilbao.
“Habría que
repartirse Guinea en partes iguales. A Cada compatriota le
tocarían unos euros y ya está. Guinea no tiene solución si no se
empieza por tratar a todo el mundo por igual ante la ley.
Trabajo en Bilbao y la empresa me concede un día libre por
semana, por eso he aprovechado hoy para renovar el pasaporte de
mi esposa que está de baja por maternidad. Dio a luz hace dos
semanas. Pero llevo cuatro días en Madrid esperando una firma
que no llega: ¡sólo una forma! Si no llevara siete años
trabajando en una misma empresa y como negro, me habrían
despedido. España está en crisis y nadie juega con el trabajo.
Pero no puedo quejarme en voz alta, no tengo familia en el
poder. Nadie me va a defender.”
Cecilia, 40 años,
camarera, vive en Valencia
“He solicitado la
renovación del pasaporte a las once de la mañana. La funcionaria
me ha pedido ciento diez, en vez de 23 euros como debe ser. Los
he pagado a cambio de que a las quince horas, me entreguen el
documento ya elaborado. Como les he sobornado, creí que a la
hora indicada, me atenderían, pero, ¡mira el reloj, mira!, ¿lo
ves, lo estás viendo? ¡Son las cinco y media de la tarde! Y eso
que cerré el billete de autobús para regresar a las 16 horas. Y
como si esto fuera poco, después de pagar, vi entrar a un ex
compañero del instituto Rey Malabo y se lo comenté. Me regañó
mucho, señalando que no debí pasar por el procedimiento normal
para renovar el pasaporte, mi obligación era esperarle. Le
pregunté por qué y me dijo: esto es Guinea, no te dejes llevar
por el nombre embajada, en cuanto entras en estas cuatro
paredes, compórtate como si hubieras tomado el avión y regresado
a tu país. Con esto me lo dijo todo. Estoy segura.”
Ángel, 28 años,
estudiante, vive en Badajoz
“Necesito el
pasaporte renovado para retirar mi título. He terminado la
carrera. Los funcionarios han descubierto que estoy desesperado
y no te creas, me han robado ciento veinte euros. Antes de
pagarle con los euritos que quedaba en mi bolsillo, me han
contestado que no pueden entregarme el documento hoy porque la
cónsul no se encuentra, ¡no sé que pinta ella en todo eso, pero
bueno, cosas de Guinea! Al final pagué y me dijeron: hoy, te lo
entregamos como Dios manda. Prometieron que a las tres y media,
me lo devolverían con la firma, y no sabes lo que ha sucedido.
Minutos antes de cerrarlas oficinas me dijeron: no encontramos
tu pasaporte, se ha perdido. Me eché a llorar. Espero que mi
padre no me escuche, él me enseñó que los hombres no lloran. Al
final lo encontraron. La chica que me atendió, con toda la
desfachatez del mundo, me entregó su tarjeta y añadió que la
llamara sólo a ella la próxima vez que necesitara realizar un
trámite en la embajada. ‘Soy la mano derecha de Victoria Mbasogo,
la pariente de Obiang, la que realmente manda en la embajada’,
sentenció. ¡Qué vergüenza!”
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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