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HOJAS INFORMATIVAS
20 de septiembre de 2011
No sólo Obiang puede hacer
política
Uno de los
objetivos centrales de la dictadura guineoecuatoriana es
expulsar de la actividad política a la gran mayoría de los
ciudadanos de su país. Los únicos actores políticos permanentes
en Guinea Ecuatorial son el dictador y los partidos opositores.
Obiang tiene a su disposición el "aparato del Estado" (en
realidad el dictador encarna al Estado, él es el propio Estado),
los recursos que sustrae habitualmente de su Presupuesto (del
Presupuesto del Estado) y realidades más sutiles como son el
miedo sembrado durante años y el culto del que es objeto por
parte de sus fieles. Todas las facilidades de las que disfruta
el dictador tienen su cara negativa para la oposición
democrática: los partidos opositores tienen en su contra las
instituciones (en el caso de Guinea meras caricaturas de
instituciones), sus militantes están sometidos a operaciones de
acoso, o de "seducción", por parte de un poder desbordante de
recursos, y deben hacer frente a una ambiente político que
intenta siempre convertirlos en marginales.
En esta situación
(inalterada desde hace años) se ha producido la última
iniciativa del dictador: la presentación de una reforma
constitucional. Es una reforma que refleja la torpeza de Obiang,
sus miedos y su infinita desfachatez. La reforma parece reunir
(su texto es desconocido) un ramillete de medidas tomadas al
azar, sin otro objetivo que simular una "operación de cambio"
que demuestre al mundo que él "no es tan dictador como otros" y
que no merece por tanto el trato de los Mubarak o los Gadafi.
Los miedos de Obiang están fuera de Guinea, no en el exilio,
están en las "cancillerías occidentales". Teme una acción,
militar incluso, que acabe de una vez por todas con un régimen
que (él lo sabe) avergüenza desde hace décadas a la opinión
democrática de todo el mundo.
La "reforma
constitucional" es en sí misma una operación torpe. Intenta
presentar a Obiang, hacia el exterior, como un agente de la
modernización y el cambio y, al mismo tiempo, le obliga a
exhibir en el interior sus modos más arbitrarios, más
dictatoriales. ¿Qué modos son estos? Fundamentalmente, la
pretensión de que los guineoecuatorianos aprueben un texto
constitucional que desconocen, que no pueden conocer porque no
ha sido publicado y en el que cada poco se anuncian medidas
nuevas resultado de las ocurrencias del propio dictador. La
aparatosa gira que Obiang acaba de hacer por todo el país
para pedir el voto favorable a ese texto desconocido ha
resucitado el fantasma de las unanimidades políticas impuestas,
del acoso a todos los que discrepan. El dictador y los suyos han
vuelto a las maniobras de hostigamiento, a las amenazas, a las
exhibiciones de fuerza armada, a las operaciones de descrédito
personal, de abuso de los medios de comunicación estatales, de
apoyo a "disidentes" ganados por una repentina fe en Obiang.
¿Conseguirá el
dictador mantener hasta el final esta doble cara del proceso?
¿Podrá aparecer como un agente del cambio en el exterior
mientras impone una reforma abusiva en el interior?
Nosotros creemos que
no.
Todo el misterio
creado en torno al texto constitucional no se justifica por la
creación de un Tribunal de Cuentas, una segunda cámara o un
Defensor del Pueblo. La clave es en que tras la reforma
constitucional está realmente el "proceso sucesorio". Lo que
Obiang quiere sustraer a la discusión dentro y fuera de Guinea
es el método por el que pretende colocar a su hijo primogénito,
Teodorin, en la jefatura del Estado. Esa es la clave de
la operación y ahí está también su punto debil, la clave de su
fracaso.
En torno a
Teodorin existen unanimidades dentro y fuera de Guinea. Todo
el mundo sabe que se trata de un tipo torpe, muy torpe, carente
de toda preparación, arbitrario, corrupto y derrochador, que ha
tenido problemas con la justicia en todos los países del mundo
en los que ha pasado algún tiempo y del que es imposible esperar
nada positivo. Teodorin no es la garantía de futuro del
régimen de su padre, es la garantía de que el carácter despótico
e inmoral del régimen llegarán al paroxismo. Teodorin
como Jefe del Estado supondría una permanente situación de
excepcionalidad y de riesgo para la propia existencia de Guinea
Ecuatorial.
¿Qué cabe hacer en
esta situación? En nuestra opinión hay que volver a la política
con mayúsculas. No basta decir que no a Teodorin y
esperar una campaña electoral anodina como preludio a un nuevo
pucherazo, hay que buscar la posibilidad de crear una
gran operación política que una a todos los que se le oponen y
buscar en el exterior el apoyo de todos los países que, con
intereses en Guinea, no quieran verla sumida en un periodo de
confusión y de caos. Hay que intentar una gran operación
política que abarque a todos los que quieran evitar esta
operación sustitutoria y poner el reloj de Guinea a la hora del
mundo, a la hora de una sistema democrático, abierto y pacífico.
No basta con los opositores de siempre, tampoco basta con un
pacto explícito de CPDS y UP, hay que dar cabida a todas las
sensibilidades capaces de convivir democrática y pacíficamente,
a todos los pueblos de Guinea. No hay que renunciar incluso a
personas que en algún momento hayan jugado algún papel en el
partido del gobierno. Es una situación excepcional que requiere
medidas excepcionales. "Hay que intentar agrupar desde Ricardo
Mangué hasta Fabián Nsue", decíamos hace unos días. Hay que
llamar a la puerta de todos los hombres y mujeres de bien de
Guinea Ecuatorial y convocarles a esta tarea de salvación
nacional. Se trata de dar lugar a un Pacto Nacional amplio que
salve al país del riesgo de un nuevo periodo de caos y de
dictadura. Podemos hacerlo. No sólo Obiang puede hacer
política...
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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