HOJAS INFORMATIVAS
10
de septiembre
SIETE
AÑOS DE PRISIÓN PARA SIMON MANN PRESUNTO CEREBRO DEL COMPLOT DE
MALABO
Con este título la agencia France Press ha difundido
el siguiente despacho fechado en Harare a las 13horas 44 minutos de
hoy: "El británico Simon Mann, detenido en marzo en Zimbabwe y
acusado de ser el cerebro de un intento de golpe de estado en Guinea
Ecuatorial ha sido condenado a siete años de prisión por un
tribunal de Harare.
Los 65 presuntos mercenarios que comparecían junto con Simon Mann
han sido condenados a doce meses de prisión y los dos pilotos del
avión inspeccionado en el aeropuerto internacional de Harare adonde
el grupo acudió a cargar armas, han sido condenados a 16
meses.
Simon Mann fue reconocido culpable el 27 de agosto de haber
intentado comprar ilegalmente armas en la manufactura de armas de Zimbabwe
que, según la acusación, iban a servir para derrocar al presidente
de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema.
"El acusado era responsable de toda la transacción. Ha sido
detenido cuando intentaba sacar lar armas del país"
manifestó el juez Mishrod Guvamombe, al pronunciar la
sentencia.
Añadió que los delitos que se imputan al acusado " han sido
bien planeados y bien ejecutados y eso debe reflejarse en la
sentencia".
Hasta aquí el despacho de AFP. Una primera valoración,
cuando aún no conocemos muchos detalles de la sentencia, nos lleva
a precisar que Siman Mann no ha sido condenado por toda una
biografía dedicada a violar leyes, desestabilizar países y, en
general, a agredir de maneras diversas a distintos pueblos del
continente africano. La justicia de Zimbabwe le condena,
paradójicamente, por comprar armas destinadas a derrocar a uno de
los regímenes más detestables de África. Pero Mann y sus
compañeros no buscaban la democracia para Guinea. La riqueza
petrolera hace de muchos países del llamado "Tercer
Mundo" una pieza codiciada para grupos de aventureros como Mann.
La desproporción entre las riquezas que almacenan estos países y
la debilidad de sus estados ofrece supuestas facilidades para este
tipo de operaciones. Nos parece justa la sentencia de Harare y
reiteramos nuestro llamamiento a la comunidad internacional y, en
especial, al gobierno español para que actúe en el sentido de no
tolerar que se considere a Guinea Ecuatorial como un país en
subasta, a que se reconozca al pueblo guineano el derecho a ser
dueño de su propio destino y de las riquezas que guarda su
país.
NINGUNA
DELEGACIÓN GUINEANA HA VISITADO, O VISITA, ARMENIA
Estamos en condiciones de afirmar que no ha habido, ni hay, en
Armenia delegación alguna de la judicatura guineana.
Autoridades armenias informaron ayer que no conocían la presencia
en su país de ninguna delegación de la justicia guineana a la
búsqueda de nuevos datos sobre la implicación de seis ciudadanos
armenios en el intento de golpe de estado del 7 de marzo.
Como se recordará, el juicio contra catorce "supuestos
mercenarios" detenidos en Malabo y sus "cómplices"
guineanos se suspendió "sine die" el pasado día 31 a
petición del fiscal con el pretexto de que había circunstancias
nuevas que exigían ampliar la información sobre las implicaciones
de los acusados. En fechas inmediatas las autoridades guineanas
anunciaron sendos viajes, a Armenia y a Suráfrica. Hemos informado
sobre el viaje a Suráfrica, pero el viaje a Armenia simplemente no
existe.
Al analizar lo sucedido cabe preguntar, en primer lugar, si
puede suspenderse un juicio que había llegado ya a su fase de
"conclusiones definitivas". Tanto el fiscal como los
defensores habían presentado ya estas conclusiones ante le
tribunal, aunque no las habían leído. Por otra parte, una de las características
exigibles a la justicia en cualquier país del mundo es que las
acusaciones sean claras, concretas, basadas en hechos. Sólo cuando
no se dan estas condiciones mínimas es posible ampliar
indefinidamente el tiempo de instrucción a la espera de encontrar
alguna evidencia que posibilite la condena de los encausados.
La "justicia" guineana no ha podido ni podrá demostrar la
implicación en los hechos de marzo de los seis armenios ni de los
cuatro (o cinco) guineanos. Sencillamente porque son inocentes.
Mantenerlos en la cárcel (en condiciones vejatorias además) es
otra muestra de la crueldad del dictador y del servilismo de los
funcionarios que le acompañan. Armenios y guineanos deben ser
puestos inmediatamente en libertad.
Es distinto el caso de los ocho surafricanos, sobre todo a partir
del reconocimiento por Nick du Toit de algunos de los cargos que se
formulaban contra él. Tienen derecho, sin embargo, a un juicio
justo. El fiscal no consiguió demostrar la participación en hechos
delictivos de siete de ellos y es difícil que encuentre las pruebas
(contra esos siete) preguntando a Mark Thatcher.
La justicia guineana es más una tragedia cruel que una comedia. Los
funcionarios que la ejecutan la entienden como un atributo del
dictador y no como un derecho de los ciudadanos. Pocas cosas exigen en
Guinea un cambio más radical y más urgente.
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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