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HOJAS
INFORMATIVAS
31
de octubre de 2006
Obiang llegará el quince de noviembre
Fuentes habitualmente bien
informadas indican que el dictador ecuatoguineano llegará a nuestro
país el próximo 15 de noviembre. Esas mismas fuentes confirman que,
además de con el presidente Zapatero, Obiang se entrevistará con el
Rey. No sabemos todavía donde se alojará el dictador. Durante su
última visita, antes de enriquecerse con el petróleo, Obiang se
hospedó en el hotel Villamagna.
[La cadena SER acaba de confirmar
la noticia en su noticiario de las 10 de la mañana]
"Desayuno informativo" de Moratinos
"El ministro de Asuntos Exteriores y
de Cooperación, Miguel Ángel Moratinos, anunció hoy que el
presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema, visitará
oficialmente España el próximo 15 de noviembre.
Durante su intervención en los
Desayunos Informativos de Europa Press, el ministro aseguró
también que durante su reciente visita oficial a Malabo el primer
ministro ecuatoguineano, Ricardo Mangue, le informó de que el
Parlamento del país había aprobado una ley contra la tortura y que
el presidente Obiang tenía intención de sancionarla, lo cual,
según Moratinos, es un ejemplo de que cómo las conversaciones han
contribuido a "la mejora de los Derechos Humanos".
Fuente: Europa Press.
Obiang y el
presupuesto ecuatoguineano
El presupuesto
ecuatoguineano reconoce diversas partidas reservadas al Presidente
de la Republica. En el presupuesto de este año, aparecen como
"gastos reservados" del Presidente, en torno a 25.000 millones de
francos CFA (unos 6.000 millones de las antiguas pesetas).
Esta es una cantidad muy superior a
las que se asignan a los ministerios de Sanidad, Educación y
Agricultura juntos.
Esos 25.000 millones son manejados
directamente por el dictador, sin tener que justificar su gasto, ni
hacer trámite alguno para sacarlo del Tesoro. Las malas lenguas
dicen que en realidad antes del 15 de enero de cada año, Obiang
tiene ya el dinero de estas partidas en sus cuentas corrientes.
Estos "gastos reservados" no son
las únicas partidas del presupuesto que se asignan a la Presidencia.
Por otro lado aparece el sueldo del presidente, sus dietas, viajes,
manutención, pagos de personal ... El importe de todo esto puede
estar en torno a otros 10.000 millones de CFAs.
¿Hay alguna duda de que el Estado
ecuatoguineano es simplemente una oportunidad para enriquecerse de
Obiang y los suyos?
Una biografía de
Obiang
El CIDOB (Centro
de Investigación de Relaciones Internacionales y Desarrollo)
mantiene en su página web [http://www.cidob.org/es/la_fundacion]
una buena biografía (no una biografía exhaustiva, pero sí una buena
biografía) del dictador ecuatoguineano:
Datos relevantes
Actualización: 29 de Agosto de
2006
Teodoro Obiang Nguema
Mbasogo
Guinea
Ecuatorial
Presidente de la República; ex presidente de la junta
militar
Mandato:
03 de Agosto de 1979 - En funciones
Nacimiento:
Acó Acam Esangui, distrito de Mongomo, provincia de Wele-Nzas
, 05 de Junio de 1942
Partido político:
PDGE
Profesión:
Militar
Credito
fotografico: UN Photo Library, Department of Public
Information
Resumen
Miembro de los
esangui, a su vez un subgrupo tribal de la comunidad étnica
fang, y el tercero de diez hermanos, realizó los estudios
primarios en su Mongomo natal, en el extremo oriental de la
entonces colonia española de Río Muni, lindante con Gabón, y
los secundarios en la capital del territorio, Bata, en centros
regidos por salesianos y claretianos, hasta terminar el
bachillerato.
Biografía
En 1963, año en que las provincias de Río Muni, continental,
y Fernando Poo, insular, adquirieron el estatuto de
autonomía interna, Obiang se desplazó a España para
emprender la carrera de las armas en la Academia Militar de
Zaragoza. En 1965 se graduó como alférez y retornó a Guinea
para prestar servicio en la Guardia Territorial, con
asunción de funciones de índole administrativa y policial en
el Servicio de Correos.
Como otros miembros del clan familiar de Mongomo, Obiang fue
privilegiado con una serie de promociones a raíz del ascenso
a la Presidencia de la flamante República de Guinea
Ecuatorial, independiente el 12 de octubre de 1968, del
dirigente político Francisco Macías Nguema, quien no era
sino su tío. Con el grado de teniente, el joven pasó a
servir en la Guardia Nacional y al poco recibió el despacho
de gobernador militar de Fernando Poo, que incluye la
capital del Estado, Malabo, llamada Santa Isabel hasta el
cambio de los topónimos en 1973. En 1970 ascendió a capitán
y fue nombrado por su tío director general de Planificación
y Aprovisionamiento del Ministerio de Educación Nacional. En
1976 pasó a desempeñar la Secretaría de Defensa del
Gobierno.
Entre tanto, el régimen de Macías (que en 1976 africanizó
totalmente su nombre pasándose a llamar Masie Nguema Biyogo)
fue adquiriendo el carácter de un verdadero estado de terror
en el que cualquier atisbo de oposición, real o ficticia,
era destruido con unas cotas de violencia y sadismo
inauditas. El presidente vitalicio, cuyo arbitrario
comportamiento empezó a ser visto como el propio de un
perturbado mental, confiaba plenamente en su sobrino según
se desprende de las promociones de Obiang en 1978, cuando
recibió los galones de teniente coronel del Ejército
ecuatoguineano además de la cartera de viceministro de
Defensa en el Gobierno, después de haber dirigido el centro
de detención de Black Beach en Malabo, de siniestra
reputación por ser la principal casa de tortura del régimen.
Fue una matanza de allegados (que, según algunas fuentes
periodísticas, alcanzó a uno de sus hermanos) del clan de
Mongomo, una más en una lista interminable de atrocidades,
lo que colmó la paciencia de Obiang, un alto oficial con
fama de aficionado a la buena vida que se puso de acuerdo
con su extensa parentela y sus contactos en las altas
instancias del poder, muchos antiguos compañeros de aula en
la Academia de Zaragoza, para perpetrar un golpe de Estado
contra el dictador el 3 de agosto de 1979. Rápidamente
abandonado por sus secuaces, Macías se escondió en la selva
y durante unos días esquivó a las tropas mandadas por su
sobrino para prenderle. Tras su captura fue sometido a un
juicio popular sumario en un cine de Malabo por los delitos
de genocidio, alta traición y corrupción, sentenciado a
muerte y, el 29 de septiembre, ejecutado por fusilamiento
junto con cinco colaboradores.
En las primeras horas posteriores al denominado "golpe de la
libertad", Obiang constituyó con otros oficiales un Consejo
Militar Revolucionario, que el 25 de agosto adoptó el nombre
de Consejo Militar Supremo (CMS), abolió el Partido Único
Nacional de los Trabajadores (PUNT) establecido por Macías y
dirigió un llamamiento de ayuda a España.
La antigua metrópoli colonial, que en 1977 había retirado a su
embajador en Malabo, respondió inmediatamente con el
reconocimiento del nuevo poder y el envío de un paquete de
asistencia para subvenir las necesidades más urgentes de la
población de un país arrasado, económica y humanamente, tras
11 años de pesadilla maciísta. Cálculos del momento
apuntaban que hasta dos terceras parte de la población, es
decir, unas 200.000 personas, se encontraban fuera del país
para escapar de la represión indiscriminada de Macías que
tuvo a Obiang por uno de sus ejecutores; eso, quienes lo
consiguieron, ya que varias decenas de miles más no
sobrevivieron al tenebroso período.
Los parabienes del Gobierno de Adolfo Suárez fueron tan ostensibles
que se pensó que, más allá de la solidaridad con las
desgracias de la antigua colonia, Madrid estaba al tanto de
la conspiración contra Macías, si no la pergeñó, una
hipótesis que fue refutada en ambas capitales. El caso es
que, no sólo la aliviada población, sino también el conjunto
de la comunidad internacional se apresuró a reconocer y
apoyar a la junta militar de Obiang. A España, Gabón y
Camerún se les sumaron Estados Unidos, Francia, Marruecos
(que envió un destacamento para la protección de la junta),
Nigeria, China y la URSS.
Esta coincidencia de posicionamientos apuntaba ya a un cortejo y a
un intento de ocupar posiciones ventajosas para cuando
llegara la hora de explotar los ricos recursos naturales,
algunos todavía sólo sospechados, que atesoraba el pequeño
país. Aunque de momento, Guinea Ecuatorial, que en el
momento de la independencia ofrecía una de las economías más
prometedoras de África occidental, era un país exangüe,
arruinado y aislado del mundo.
Obiang aprobó una amnistía que afectó a 5.000 presos políticos e
invitó a regresar a la gigantesca diáspora de
ecuatoguineanos en el exterior, pero descartó la adopción de
instituciones democráticas a corto o medio plazo y dejó
claro que no se iba a tolerar ningún tipo de oposición. Con
pragmatismo, reafirmó el carácter no alineado del país y
emprendió un intento de diversificar las relaciones
exteriores que se caracterizó por el viraje prooccidental y
la reducción de los vínculos que Macías había cultivado con
el bloque soviético. En una coyuntura crítica para el país,
de auténtica supervivencia, el teniente coronel restituyó a
España y Francia sendas posiciones señeras en la cooperación
gubernamental y la participación privada en los negocios
agrícolas, pesqueros y forestales.
El rey de España Juan Carlos I realizó una visita a Guinea
Ecuatorial en diciembre de 1979 como antesala de la
realizada por Obiang a España del 29 de abril al 2 de mayo
de 1980. Otro eslabón en la reconducción de las relaciones
bilaterales fue la firma en Madrid el 23 de octubre de 1980
de un tratado de Amistad y Cooperación.
Sin embargo, las tensiones entre los gobiernos de Malabo y Madrid
no tardaron en aflorar con un cruce de recriminaciones:
desde España, a Obiang se le reprochaba la postergación sine
díe de la liberalización política, la prolongación de los
vicios autoritarios del régimen maciísta y la desatención
palmaria de las necesidades de la empobrecida población; por
su parte, el militar achacó a Madrid falta de sensibilidad
hacia los acuciantes problemas de la antigua colonia y
exigió el final de la cobertura a los grupos de oposición
partidista que se estaban articulando, así como al
movimiento de autodeterminación de la minoría étnica bubi en
Bioko (la antigua Fernando Poo), la cual estaba empezando a
sufrir una represión particularmente intensa.
Ciertamente, a medida que Obiang fue acentuando el carácter
personalista y autoritario de su poder las relaciones con
España se deterioraron hasta llegar a la crisis diplomática
de mayo de 1983 con motivo del refugio en la embajada en
Malabo del sargento Venancio Micó, reclamado por las
autoridades por conspirador; Obiang exigió entonces
airadamente la entrega de Micó, a lo que accedió el Gobierno
socialista de Felipe González tras obtener de Obiang
garantías de su seguridad física (sentenciado a muerte, Micó,
gracias a la mediación española, vio posteriormente
conmutada la pena por otra de 20 años de prisión, de los que
sirvió una parte).
Tras este incidente con Madrid, Obiang aceleró el desplazamiento
del país desde la órbita económica de España al área
francófona africana, que era la imperante en su espacio
geográfico inmediato. Así, el 19 de diciembre de 1983 el
país accedió a la Unión Aduanera y Económica de África
Central (UDEAC) y, hecho de más significación, el 1 de enero
de 1985 el franco CFA sustituyó al ekwele como moneda
nacional, pasando a compartir Guinea Ecuatorial con varios
países del África saheliana, occidental y central una unidad
de cuenta respaldada por el Tesoro francés. Bien es cierto
que Obiang compensó estos reposicionamientos con la
renovación de la cooperación española, pero en los años
siguientes no dejó de advertirse una cierta rivalidad entre
España y Francia en los ámbitos de la asistencia financiera,
la cooperación al desarrollo y las inversiones privadas.
Por lo que se refiere a la política interior, Obiang emprendió un
lento y, en opinión unánime de la oposición nacional y los
observadores foráneos, espurio proceso de legitimación
institucional y democrática del régimen. En marzo de 1981
dio entrada al primer civil en el gabinete y el 15 de agosto
de 1982 sometió a referéndum, con el 95% de votos
afirmativos, un texto constitucional conocido como Carta de
Akonibe, que abría las puertas a la sustitución del gobierno
militar de hecho por un gobierno civil de derecho, al tiempo
que nombraba un primer ministro, Cristino Seriche Bioko.
Siguiendo la previsión formalista, el 12 de octubre el CMS
fue disuelto y Obiang tomó el puesto de presidente de la
República con un mandato de siete años conferido por la
nueva Cámara de Representantes del Pueblo (CRP) o
Parlamento.
El 12 de octubre de 1987 Obiang anunció la creación del Partido
Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), al que definió como
el "partido del Gobierno" pero "no necesariamente el único
legal", así como de "libre afiliación". No obstante, las
actividades políticas fuera del oficialismo continuaron
rigurosamente prohibidas mientras que una ley aprobada por
la CRP estableció que todos los asalariados y funcionarios
del país debían entregar obligatoriamente el 3% de sus
ingresos para financiar el PDGE. En diciembre del mismo año
Obiang tomó la presidencia del PDGE. El 10 de julio de 1988
se celebraron unas elecciones legislativas de lista única en
las que, naturalmente, el PDGE copó los 41 escaños de la CRP,
y el 25 de junio de 1989 Obiang, desde el 12 de octubre de
1986 con los galones general de brigada en la reserva, fue
reelegido para otros siete años con el 99,9% de los votos en
virtud de su única candidatura.
Obiang explicó que estas elecciones presidenciales directas,
primeras desde la independencia, eran el comienzo de la
democratización, pero que el pluripartidismo no era deseable
aún. De sobra conocían esta proscripción los políticos de la
oposición, que llevaban toda la década intentando
reorganizarse en España y sufriendo las arbitrariedades del
régimen. La desarticulación de complots e intentos
golpistas, tanto reales como fingidos, fue, y lo sigue
siendo hoy en día, la situación favorita de Obiang para
justificar la descarga de campañas represivas contra el
siempre débil aunque infatigable campo de la oposición civil
y democrática, ajena a los círculos del poder donde se han
fraguado la mayoría de las conspiraciones.
El 19 julio de 1986 tuvo lugar la más aparatosa de estas intentonas
frustradas. Entre otros, fueron arrestados el ex ministro de
Defensa (cartera que acababa de asumir personalmente Obiang)
y actual viceprimer ministro, amén de teniente coronel y tío
del presidente, Fructuoso Mbá Oñana Nchama, que fue
condenado a una pena de prisión, y el diplomático y diputado
Eugenio Abeso Mondu, que terminó ante el pelotón de
fusilamiento. Todos los involucrados eran destacados
miembros del clan de Mongomo. Luego de sortear este
sobresalto, Obiang se hizo mas desconfiado y decretó una
remodelación a fondo en la administración. Uno de los
beneficiados fue su propio hermano, el general Armengol Ondó
Nguema, colocado en septiembre al frente de la Seguridad
Nacional.
Para apaciguar a sus interlocutores internacionales que le exigían
una liberalización en todos los ámbitos y la atención de los
capítulos sociales, en enero de 1987 Obiang presentó un
programa de desarrollo global y sectorial del país para los
próximos cinco años que, entre otras novedades, dio paso a
la adopción de un programa de ajuste estructural con el FMI
en julio de 1989, al que siguieron otras rondas de diálogo
para reescalonar los pagos de la deuda externa y obtener
nuevos créditos.
Obiang necesitaba cimentar la cooperación de España y Francia, cada
vez más condicionada a la evolución interna, ante la
menesterosa situación económica, totalmente sujeta a los
vaivenes de los precios internacionales de los productos que
el país exportaba: cacao (cultivado en un 90% en Bioko),
café y madera. Con las exportaciones estancadas, las
importaciones en alza y las inversiones extranjeras en
retroceso, el país hizo frente a una grave crisis financiera
y económica que obligó a Obiang a someterse a las demandas
internacionales para que acelerara la transición
democrática.
El 17 de noviembre de 1991 se aprobó con el 98,3% de los votos una
nueva Constitución que amparaba el multipartidismo. El 8 de
enero de 1992 Obiang promulgó una ley de regulación de
partidos que, empero, les imponía severísimas condiciones
para obtener la carta legal. El 21 de enero designó un
gobierno de transición íntegramente formado por ministros
del PDGE y encabezado por Silvestre Siale Bileka. Y en
octubre del mismo año, por fin, fueron autorizados a
funcionar cinco partidos de oposición. Once formaciones
agrupadas en la Plataforma de la Oposición Conjunta (POC) y
el Gobierno suscribieron el 18 de marzo de 1993 el llamado
Pacto Nacional para, entre otras previsiones, asegurar la
celebración de elecciones legislativas transparentes.
Sin embargo, la mayoría de los partidos de la POC resolvieron
retirarse de los comicios luego de constatar que el régimen
acudía a los mismos con la misma actitud torticera de
siempre, y conmocionados por el asesinato el 23 de agosto,
tras ser secuestrado en el hotel de Malabo donde se alojaba,
de Pedro Motu Mamiago, un prominente militar pasado a la
disidencia. El Gobierno no tuvo reparos en informar que Motu
había muerto por "suicidio". En esta atmósfera enrarecida
tuvieron lugar las elecciones el 21 de noviembre; sin
sorpresas, el PDGE capturó 68 de los 80 escaños de la CRP.
La POC aseguró que el 80% del censo no había ido a votar y
tachó los comicios de "simulacro".
Días más tarde Obiang provocó otra trifulca diplomática con España
con la expulsión del cónsul en Bata bajo la acusación de
"injerencia en los asuntos internos" del país. Madrid, que
ya había protestado por la manipulación de las elecciones,
replicó en diciembre con la retirada temporal del embajador
en Malabo y con la reducción a la mitad de su ayuda anual al
desarrollo y la cooperación, que en 1993 había rebasado los
2.000 millones de pesetas. La sanción española se sumó a la
suspensión ya en vigor de la cooperación (salvo la ayuda
humanitaria) de la Unión Europea, que supuso la exclusión de
Guinea Ecuatorial del IV Convenio de Lomé con los países
ACP.
Obiang insistió en numerosas ocasiones que estaba listo para asumir
todos los criterios sobre la democratización y el respeto de
los Derechos Humanos que le exigían los gobiernos, la UE y
la Comisión de Derechos Humanos de la ONU -denunciante
anual, al igual que la ONG Amnistía Internacional-, pero la
realidad cotidiana de intimidaciones, secuestros, palizas,
torturas, encarcelamientos arbitrarios, juicios manipulados
y asesinatos de personas activas en los partidos de la
oposición, de miembros de la comunidad bubi y,
prácticamente, de cualquier sospechoso de no ser adicto, no
experimentó ningún alivio.
Férreamente protegido por una guardia pretoriana de soldados
marroquíes y por sus guardaespaldas paramilitares, los
ninjas (para algunos, una versión local de los infames
Tontons Macoute de la Haití duvalierista), el
dictador continuó administrando el país como un feudo
particular, amedrentando a capricho y dispensando dádivas y
favores al omnipresente clan de mongomo.
Así las cosas, las elecciones presidenciales del 25 de febrero de
1996, abiertas a múltiples candidaturas, fueron cualquier
cosa menos históricas, ya que tras la retirada de cuatro
aspirantes de la oposición que rehusaron tomar parte en una
operación con guión ya escrito Obiang se quedó cómodamente
sólo frente a Secundino Oyono Ayong, de la Convergencia
Social, Democrática y Popular (CSDP). Según los datos
oficiales, el dictador recibió un "abrumador" 99% de votos
con un índice de participación "masivo".
Los cuatro adversarios de Obiang que practicaron el boicot en 1996
fueron: Severo Moto Nsa, jefe del Partido del Progreso (PP),
quien en junio de 1997 hubo de exiliarse en España tras
imputársele una supuesta conspiración golpista y que un mes
más tarde fue condenado en ausencia a 101 años de cárcel por
los delitos de "alta traición" e "intento de asesinato del
jefe del Estado"; Andrés Moisés Mbá Ada, de la Unión Popular
(UP); Amancio Gabriel Nze, de la Convergencia para la
Democracia Social (CPDS), el primer partido de la oposición,
cuyo secretario general, Plácido Micó, fue sentenciado en
junio de 2002 a 14 meses de prisión en un macrojuicio
en relación con el complot de 1997, proceso que mereció la
calificación de "aberración jurídica" por los observadores;
y, Buenaventura Mosuy Asumu, del Partido de la Coalición
Social Demócrata (PCSD).
De nuevo, la oposición cifró la abstención en no inferior al 75%,
mientras que los observadores africanos (España, Francia y
Estados Unidos se negaron a monitorizar la consulta)
constataron que, entre el rosario de irregularidades, en los
colegios electorales sólo había representantes del PDGE y
que el derecho al voto se ejerció sin salvaguardar las más
elementales normas de privacidad. Imperturbable, el 15 de
marzo Obiang fue investido con un nuevo mandato de siete
años. Las elecciones legislativas del 6 de marzo de 1999
fueron un calco de las de 1993 -boicot de la mayoría de la
oposición, fraude masivo-, tal que el PDGE, con el 85,5% de
los votos y el 95% de participación, siempre en cifras del
Gobierno, reforzó su cuota en la CRP hasta los 75 escaños.
Obiang todavía se permitió encajar una advertencia exterior como el
cierre en 1995 de la embajada de Estados Unidos a modo de
sanción de la administración de Bill Clinton por la
intolerable situación de los Derechos Humanos en el país
africano (si bien se adujeron razones presupuestarias para
la partida del embajador de Malabo), pero para esas alturas
el autócrata ya acariciaba el sueño de una autosuficiencia
financiera que le permitiera dar evasivas a los gobiernos
español y francés e independizarse de su otrora vital
asistencia. La llave de esta insospechada mudanza
estratégica la brindaban las ingentes reservas de
hidrocarburos.
En efecto, en 1991, allí donde prospecciones españolas no habían
encontrado nada durante años, en la cota offshore al
norte de Bioko sobre la que luego (marzo de 1992) se
construyó la plataforma Alba, una compañía
estadounidense halló grandes cantidades de petróleo.
Posteriormente entraron en servicio los yacimientos de
Zafiro, en el límite de las aguas territoriales de
Nigeria y próximo al anterior, y Ceiba, mucho más al
sur, frente a la provincia continental de Litoral. El Estado
ecuatoguineano empezó a recaudar los primeros ingresos por
el petróleo en 1996 y, pese a las condiciones desventajosas
de las contratas de explotación, los efectos de la aparición
de esta fuente de divisas no se hicieron esperar: en 1996 el
PIB nacional creció el 37%, en 1997 el 76% y en 1998 lo hizo
nada menos que el 93%, unas tasas fantásticas que superaron
con creces las de cualquier país del mundo.
El extraordinario boom del petróleo ha agudizado los
desequilibrios y las contradicciones de la Guinea Ecuatorial
de Obiang. Por un lado, asombran datos como que el PIB por
habitante (a paridad de poder adquisitivo) pasó de los 330
dólares de 1990 a los 5.600 dólares en 2000, lo que equivale
a ascender de la posición 32ª a la posición 10ª en el
ranking de los países africanos, y que en 2001, año en
que el PIB creció otro 72%, el valor de las exportaciones
triplicó el de las importaciones, cuando una década atrás la
balanza comercial era ampliamente deficitaria.
Claro que el valor de estas variables tiende a reducirse a la mera
estadística si se tiene presente que poco o nada de este mar
de riqueza ha llegado a la gran mayoría de la población, la
cual, antes bien, ve cómo se endurecen sus condiciones de
vida. Un frenesí de desarrollo urbanístico en Malabo y Bata
con dudosa rentabilidad social, el aumento a ojos vista de
la corrupción y la codicia de los escogidos usufructuarios
de la renta petrolera, la perpetuación del autoritarismo y
el abandono de las exportaciones agrícolas tradicionales son
la otra cara de la moneda de una bonanza que ya ha
convertido a Guinea Ecuatorial en el tercer productor de
petróleo de África subsahariana luego de Nigeria y Angola, y
que en 2004 prevé igualar a Kuwait en el récord de
producción relativa: cuando se alcance la cota de los
500.000 barriles diarios, por cada ecuatoguineano se
extraerá más de un barril de crudo.
En términos de política interna, este El Dorado negro parece
que está sirviendo para reforzar el asiento en el poder de
Obiang, que bien puede destinar parte de la fortuna a, por
ejemplo, comprar nuevas lealtades y asegurar las existentes.
Por otra parte, tras la llegada de George W. Bush a
la Presidencia de Estados Unidos se ha observado una mejora
en las relaciones bilaterales que da prelación al contento
por la concesión de las explotaciones petroleras offshore
exclusivamente a firmas de este país sobre la exigencia del
respeto de los Derechos Humanos.
Obiang, que en septiembre de 1999 recibió tratamiento contra el
cáncer de próstata en la prestigiosa clínica Mayo de
Rochester, Minnesota, con factura abonada por la compañía
Mobil Oil, visitó por primera vez Washington en abril de
2001, aunque entonces sólo consiguió ser recibido por un
subsecretario del Departamento de Agricultura del Gobierno.
Pero tras los atentados terroristas del 11 de septiembre la
actitud de la Casa Blanca hacia Obiang se ha aligerado de
escrúpulos.
Así, en el primer aniversario de aquella tragedia, el
ecuatoguineano figuró entre la decena de líderes africanos
que se reunieron con Bush en la sede central de la ONU en
Nueva York para hablar de las perspectivas de guerra con
Irak y de la paz y el desarrollo en África.
Significativamente, poco antes de la cita, el lobby político
y empresarial del petróleo africano publicó un informe que
consideraba de interés para la seguridad nacional y una
prioridad estratégica extender la influencia de la
superpotencia en el golfo de Guinea. Días más tarde, el 19
de septiembre, Obiang fue agasajado en Washington con una
cena en su honor por un grupo de empresarios e inversores
del sector de los hidrocarburos.
En cuanto a España, a pesar de las tarascadas diplomáticas, las
críticas y la reducción de la cooperación, no ha dejado de
legitimar de hecho a Obiang brindándole corteses
recibimientos: el 15 de octubre de 2001, en su noveno viaje
a España, el mandatario asistió al II Congreso Mundial de la
Lengua Española celebrado en Valladolid, se entrevistó con
el presidente del Gobierno, José María Aznar, y fue
recibido por el rey Juan Carlos en el palacio de la
Zarzuela, un tratamiento que se antoja impensable con
cualquier otro dictador que figure en las listas negras de
la Comisión de Derechos Humanos de la ONU o de Amnistía
Internacional. Y el 9 de abril de 2002, mientras en Guinea
Ecuatorial la oposición, que meses atrás había formado una
nueva plataforma unitaria de acción y resistencia, era el
blanco de la enésima ola represiva, Obiang hizo otro viaje
público a España.
En las segundas elecciones presidenciales del 15 de diciembre de
2002 los cuatro candidatos de la oposición -Celestino Bacale
Obiang por la CPDS, Jeremías Ondó Ngomo por la UP y los ya
mencionados Mesuy Asumu por el PCSD y Oyono Ayong por la
CSDP- se retiraron horas antes de abrirse las urnas entre
protestas por la "farsa indecente". Las papeletas con sus
nombres no fueron retiradas de los colegios, pero la
circunstancia era irrelevante: Obiang ganó su tercer
mandato con un nada pudoroso 99,99% de los votos, abundando
en una cifra que es la propia de sistemas plebiscitarios de
partido único como Irak o Siria.
Una característica siempre presente en el régimen de Obiang y
últimamente con más relieve si cabe es el nepotismo.
Hermanos, primos, sobrinos, tíos carnales y, finalmente,
cuñados e hijos, amén de otros parientes más lejanos del
nutrido clan de Mongomo, han manejado las diversas palancas
del poder. Desde finales de la década de los noventa ha
cobrado un especial protagonismo el hijo primogénito del
presidente, Teodoro, tenido con una de sus dos esposas,
Constancia Mangue Okomo Nsue, una persona a la que medios
acreditados de Malabo atribuyen un fuerte ascendiente sobre
las decisiones del presidente. Además, otro hijo de Obiang,
Gabriel, concebido con su segunda esposa, Celestina Lima,
ocupa el puesto clave de la Secretaría de Minas y Petróleos,
que conlleva la presidencia de la Sociedad Estatal de
Petróleos.
Según la prensa internacional y los boletines de la oposición,
Teodorín Nguema Obiang, alias El Patrón, de 33
años, se ha hecho multimillonario simultaneando, en insólita
compatibilidad, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Medio
Ambiente con la propiedad de empresas madereras, una
aerolínea, una emisora de radio y televisión y hasta una
productora discográfica que tiene su sede en Los Ángeles.
Hombre con fama de exuberante, manirroto y lenguaraz, al
controvertido vástago se le atribuyen ambiciones de poder
que apuntarían a la sucesión de su padre en la jefatura del
Estado, unas pretensiones a las que, se asegura, plantan
cara elementos conservadores del régimen que desconfían de
su atribuido talante reformista y modernizador, empezando
por su tío carnal, Armengol Ondó, y por el tío de su padre y
también general, Manuel Nguema Mbá, corresponsable con el
anterior del aparato de seguridad como ministro delegado del
área. Además, Teodorín habría entrado en colisión con su
hermanastro Gabriel por la titularidad de la gestión de los
hidrocarburos, todo lo cual prefigura mayores tensiones y
luchas sucesorias en la cúpula del régimen.
(Cobertura informativa hasta 1/2/2003)
El trato
personalizado de Iberia a sus pasajeros con destino a Guinea
Ecuatorial
Desde Bata nos envían esta
carta de protesta dirigida a Iberia con fecha 13/10/06. Hemos
suprimido el nombre del remitente y el del revisor de Iberia: "El
día 11/10/2006 regresaba de un viaje por Europa emprendido el
01/10/2006 desde Malabo con la compañía Iberia. Esta vez, pude
observar y vivir personalmente, hasta el colmo, el trato muy
específico y personalizado que ofrece habitualmente Iberia a los
africanos que viajan a Guinea Ecuatorial en sus vuelos
Madrid-Malabo, trato exacerbado recientemente.
La salida de
Madrid con el vuelo IB 3720 estaba prevista a las 17:50, embarque a
las 17:20. Yo llegué con dos amplias horas de antelación. Los
monitores indicaban la facturación en las taquillas 790 a 909 (más o
menos). En realidad, sólo una decena de ellas estaba abierta a la
facturación en un extremo del hall. Después de una larguísima y
penosa fila india, llegué por fin a una taquilla teóricamente
autorizada, pero para oírme decir que mi vuelo se facturaba única y
exclusivamente en otro sector, en las taquillas 880, 881 y 882.
Sucede que las referidas taquillas estaban cuidadosamente aisladas
en medio del gran hall de facturación. Es decir, los viajeros para
Malabo facturaban en unas taquillas reservadas únicamente a ellos
mientras el resto del mundo facturaba en otro sitio. Original.
Llegado finalmente a este sector, dos azafatas facturaban a los
pasajeros. A primera vista, todo ocurría como si una de ellas, la
que me tocó, hiciera todos los esfuerzos posibles por ser lo más
desagradable y descortés posible con los viajeros.
Cuando llega mi
turno, me hace saber que 1) solo tengo derecho a 20 kg de equipaje;
2) si el equipaje excedía de 20 kg, había de abrirlo ahí mismo en
público y deshacerse de algunos efectos personales dejándolos ahí
mismo, tirados, hasta llegar a 20 kg; 3) no había posibilidad alguna
de viajar con más de 20 kg de equipaje, ni siquiera pagando el
exceso; 4) el equipaje de mano no debía exceder de 10 kg, 4) el
equipaje de mano, aun pesando menos de 10 kg, debía obligatoriamente
tener una forma geométrica determinada, si no, no podía pasar.
Absolutamente kafkiano. Es decir, con Iberia, ya no puedo viajar con
lo que a mí mismo me placiere, pagando lo que fuere en su caso.
Mi maleta
pesaba 21,7 kg, (exceso de 1,7 kg) y el equipaje de mano, que sí que
entraba en su modelo geométrico, 12 kg. La azafata, a pesar de la
desaprobación de su colega, sostuvo que tenía yo que arreglármelas
para sacar de mi maleta 1,7 kg de mi ropa y 2 kg del equipaje de
mano. Pasamos mucho tiempo discutiendo inútilmente como sordos. Me
pareció demasiado. Reclamé la presencia de su superior, ante el cual
ella me presentó previamente como un rebelde que no quería atenerse
a las normas.
Llegó su
superior, Don XX, supervisor, que, sin buenos días ni nada,
arremetió contra mí explicándome que su azafata tenía la razón, que
él cerraría la facturación en 5 minutos y que yo no tenía opción si
quería ir a Guinea. Le informé que en cualquier otro lugar
civilizado, hubiera empezado saludando y presentándose; le hice ver
lo deplorable que encontraba la relación comercial entre Iberia y
los consumidores guineanos de su producto. Exigí que me devolvieran
el importe de mi billete para viajar con otra compañía y me
respondió que no era posible; además, dijo, él no conocía de otras
compañías que volasen para Malabo, sólo Iberia. Reclamé la hoja de
reclamaciones, pero él no me la quiso dar; otra azafata, en
información, me indicó que podía hacer mi reclamación por internet.
Retiré dos libros de mi maleta tras lo cual me facturó la azafata.
Sobre el equipaje de mano, les mandé a freír espárragos; ellos se
negaron a colocarme la etiqueta “equipaje de mano”. Luego me fui a
embarcar y nadie me volvió a molestar. El personal de vuelo, por el
contrario, fue muy simpático y amable, resultando el vuelo hasta
Malabo muy agradable. En la balanza del aeropuerto de Malabo, mi
maleta pesaba 19,5 kg.
Cabe precisar
con muchísima claridad y deplorar que este trato no parece afectar
de la misma manera a los europeos y americanos de raza blanca que
toman el mismo vuelo.
¿Qué puede
decirse de todo esto? En primer lugar que, de toda evidencia, Iberia
está reinventando condiciones de viaje específicas para sus
pasajeros negroafricanos con destino a Malabo, en las que la
humillación, la falta de toda consideración y el desprecio son la
regla. Gran cantidad de ellos viaja cada año a Europa con esta
compañía y con otras, sin ánimo precisamente de ir a quedarse,
simplemente por necesidades de diferentes órdenes. También transitan
por numerosos aeropuertos europeos. Pueden comparar el trato que
reciben de Iberia con el que reciben de las otras compañías,
particularmente Spanair, Air France, KLM y Swiss, que, para la
información del supervisor de Iberia, también van a Malabo.
Lógicamente, no puede decirse que esta fuera la mejor forma para una
compañía aérea de atraer o mantener clientela, aunque se tratara de
la compañía más tradicionalmente conocida en Guinea.
Que alguien, en
algún momento, pueda hacer una lectura racista de esta situación me
parece inevitable. En esto, el hecho de aislar la facturación de una
determinada categoría de viajeros y el comportamiento del personal
son más que elocuentes. Por otra parte, el comportamiento de la
azafata de taquilla y el de su supervisor, así como el de aquellos
que, más allá de éstos, dictan estas normas absurdas y llenas de
sobreentendidos, no sólo ilustran una evidente falta de preparación
para el trabajo al que están destinados, sino una mentalidad, una
mentalidad que, consciente o inconscientemente, se niega a
evolucionar en el mundo cada vez más cosmopolita y globalizado de
hoy, permaneciendo en una visión obsoleta de la sociedad y que
podría perjudicarles de una manera u otra, directa o indirectamente,
a ellos mismos. Por ejemplo, llegados a Malabo, ¿qué trato se puede
suponer que daría un pasajero así humillado y lesionado en su amor
propio a este español que hubiere viajado con él y que de él
necesitara algún servicio?. Humanamente podría emerger algún atisbo
de revanchismo, cuyo alcance es totalmente imprevisible, y lo que
naciera absurdamente en el aeropuerto de Barajas habría trascendido
a niveles insospechados.
Espero las
excusas de la compañía Iberia.
Bata,
13/10/2006
XXX"
Editado y
distribuido por ASODEGUE

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