El diario La Vanguardia publica hoy el artículo que sigue firmado por su enviado especial Xavier Mas de Xaxas: "El partido islamista moderado Movimiento An Nahda ha ganado las elecciones a la Asamblea Constituyente celebradas ayer en Túnez, según los primeros datos no oficiales proporcionados por los partidos consultados por la agencia de noticias Efe.
Mientras la Instancia Superior Independiente para las Elecciones (ISIE) informó de que los resultados definitivos y oficiales serán anunciados mañana, los principales partidos en liza disponen de información obtenida con datos de sus interventores en las distintas circunscripciones.
Según fuentes de An Nahda, "los votos obtenidos han superado con creces lo que predijeron las encuestas, por lo que, en lugar del 20% previsto, se habría llegado a más de un 40% de votos favorables, en un primer recuento, un porcentaje que puede verse incrementado conforme avancen los recuentos" y precisaron que en algunos colegios electorales superaron el 50%. "No obstante, seguimos con la idea de crear un Gobierno de unidad nacional", añadieron las fuentes.

Ridha Ben Fadel, jefe de campaña de la coalición de partidos laicos de izquierda, Polo Democrático Modernista (PDM), declaró que "el conjunto de la familia progresista no podrá reunir una mayoría en la nueva Asamblea Constituyente, según se desprende de la primera ronda de consultas"
Durante una reunión con sus seguidores en un hotel de la capital, Ben Fadel precisó que "aunque el Forúm Democrático para las Libertades y el Trabajo (o Takaktoul, perteneciente a la Internacional Socialista) obtiene muy buenos resultados es posible que no permitan tampoco crear una mayoría de izquierda a través de pactos".
Millones de tunecinos hicieron ayer cola durante horas para votar, un ejercicio de civismo y dignidad que culmina una revolución. Túnez se coloca así, en la senda de la democracia y entrega las riendas del poder a los islamistas moderados de Enahda.
Más que el triunfo de uno u otro partido, del islamismo político o del centroizquierda laico, lo que ayer importaba era que la gente saliera a votar. Era necesario para legitimar la nueva asamblea constituyente que, en el plazo de un año, deberá diseñar el nuevo marco político.
La participación rondó el 80% y a los 217 nuevos diputados les va a sobrar legitimidad. La afluencia fue tan grande en los suburbios populares de Túnez capital –donde hay mayoría islamista– que algunos colegios retrasaron el cierre para que votara todo el mundo.
Rashid Ganushi, que fundó Enahda en 1981 y vivió 22 años exiliado en Londres, será el nuevo primer ministro si se confirman los resultados que avanzaban los sondeos. Su intención es dirigir un gobierno de unidad nacional y que las carteras claves, las de Defensa, Interior, Asuntos Exteriores, Economía y Justicia, estén en manos de tecnócratas.
Ganushi creó Enahda imitando a Justicia y Libertad, el partido islamista que gobierna Turquía. El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, es su modelo. Ha prometido separar el estado de la religión, mantener los derechos de la mujeres y crear 600.000 empleos.
Si la democracia tiene algún futuro en el mundo árabe, como ha dicho el presidente tunecino Beji Caid Esebsi, primero ha de arraigar en Túnez. De ahí que el éxito de las elecciones de ayer –que fueron limpias y sin incidentes– sea tan importante para los egipcios que han de votar el próximo 28 de noviembre, para los libios que ayer proclamaron la liberacion de su país, y para los sirios y yemeníes que siguen luchando contra sus dictaduras.
El triunfo de Enahda también es significativo. Este indica claramente que el islam político tendrá una fuerza esencial en los parlamentos democráticos de Egipto y Libia, por lo menos.
Enahda habría ganado las elecciones gracias a que la cuestión identitaria ha sido primordial. Más que los programas para conseguir el milagro del pleno empleo y el crecimiento sostenido, a los tunecinos les importaba decir claramente quiénes son. El voto ha sido, para la gran mayoría, más emocional que racional.
Una corriente dominante, según los sondeos, ha apostado por el laicismo de centro y progresista, dividido en diversas formaciones, principalmente el Partido Democrático Progresista, Etakatol, y Etaydid. Estas fuerzas han denunciado durante la campaña que el islamismo es una amenaza a los valores esenciales de Túnez. Aún así, han prometido cooperar con Enahda en el diálogo constitucional que ahora se inaugura.
En el bando islamista, Enahda ha estado solo, porque los salafistas no se han presentado. Está previsto que sea la fuerza más votada, aunque posiblemente no tanto en las circunscripciones de la capital con más educación y poder adquisitivo. Este equilibrio entre el interior agrario y deprimido y la costa urbana y más prospera debería mantenerse en la asamblea constituyente.
También debería mantenerse la moderación de Enahda. Muchos de sus electores, incluidas mujeres sin velo, han declarado que desean un islam político del siglo XXI, no del siglo XIV. Rashid Gansuhi les ha asegurado que su moderación no es una táctica electoral, si bien esto no implica que no desee reforzar el islam en las instituciones judiciales, educativas y políticas.
Enahda ha hecho una campaña discreta, muy austera. No han necesitado más. Su partido es el mejor implantado sobre el territorio, con cientos de oficinas de barrio que reparten alimentos a los necesitados y hasta financian matrimonios de familias en apuros.
Ganushi ha insistido en que "todos somos iguales" y que la poligamia seguirá prohibida. Opina que las mujeres pueden vestir como quieran y que ninguna será discriminada por no cubrirse la cabeza, en contraste con la prohibición que la oligarquía cleptómana de Zine el Abidine Ben Ali había impuesto al velo.
Los militantes de Enahda dicen que pertenecen a un movimiento más que a un partido. A los partidos los identifican con la dictadura, con las prácticas corruptas de l a vieja política. "Los islamistas no roban", es una opinión que también explicaría la gran popularidad de Enahda.
La corrupción sigue viva en Túnez, aunque ahora se ejerza con más discreción. Los tribunales han frenado los procesos contra los antiguos oligarcas para no tensar el clima preelectoral. Otra asignatura pendiente es juzgar a los responsables de causar la muerte a 250 personas, los ,mártires de la revolución, empezando por Mohamed Buazizi, el joven vendedor ambulante víctima de la corrupción endémica del sistema que se prendió fuego el pasado 17 de diciembre en Sidi Buzid y abrió la puerta a la primaveras árabes".
http://www.lavanguardia.com/internacional/20111024/54235393002/tunez-se-vuelca-en-la-democracia.html
- En el diario El País aparece este otro artículo firmado por Ignacio Cembrero: “Llevo cuatro horas haciendo cola para votar y si tuviera que seguir haciéndola toda la jornada no dudaría porque la fiesta de la democracia, señor, llevo muchos años esperando vivirla y por fin ha llegado”. Ahmed, de 55 años, no parece cansado cuando, a punto de poder acercarse a la urna, hace este comentario con voz solemne. Los demás hombres de la fila asienten sonrientes a sus palabras pronunciadas en el colegio electoral de Bab Souika, un barrio popular de Túnez.
La participación en las elecciones tunecinas alcanzó el 90% de los electores inscritos, según Kamel Jendoubi, presidente de la comisión electoral independiente que organizó los comicios. “Supera todo lo esperado”, declaró satisfecho. La gran afluencia obligó a retrasar hasta pasadas las nueve de la noche –dos horas más de lo estipulado- el cierre de algunos colegios. El porcentaje de votantes entre los tres millones de electores no inscritos tardará aún tiempo en conocerse, según Jendoubi.

Haciendo cola en Sidi Bouzid
La elección de la Asamblea Constituyente en Túnez no es solo la primera consulta democrática en los 55 años de independencia del país sino también la primera que se desarrolla en libertad en el norte de África desde las legislativas de Argelia, de diciembre de 1991, que fueron truncadas por un golpe de Estado militar que impidió la celebración de la segunda vuelta. De ahí la importancia de la jornada de ayer para el conjunto del mundo árabe empezando por los países que han vivido una revolución.
Es la primera consulta democrática que se desarrolla en libertad en el norte de África desde las legislativas de Argelia, de diciembre de 1991
Los tunecinos acogieron con entusiasmo la primera elección democrática. “Había gente ya en la puerta a las 6.30 de la mañana, media hora antes de que abriéramos”, recuerda Hagui Abdelwahd, presidente del colegio de Bab Souika mientras intenta poner orden entre los aspirantes a votar.
Allí, al aire libre, la cola para entrar en el edificio apenas tiene 20 metros, pero en otro colegio de la céntrica calle Marsella alcanzaba a primera hora medio kilómetro. En la calle la fila es mixta, pero una vez dentro de los edificios hombres y mujeres se suelen con frecuencia espontáneamente separar y formar colas. “Creo que las mujeres lo prefieren para evitar los roces”, comenta la observadora tunecina Khadija Hayani.
A cada votante se le entregaba una enorme papeleta en la que figuran las siglas de las 79 listas que concurrían en el primer distrito de Túnez, el nombre de su cabeza de lista y el símbolo del partido para que los analfabetos pudieran identificarlo y poner la cruz en la casilla elegida. “Habrá mucho vota inválido porque los analfabetos, sobre todo mujeres, se lían y las casillas están casi pegadas entre ellas”, comentó una observadora de una organización internacional.
Pelotón de observadores
Si atinar a la hora de tachar la casilla podía parecer complicado, resultaba, en cambio, fácil encontrar el colegio y la mesa en la que votar. Bastaba con enviar un SMS indicando el número del DNI y en cinco minutos el elector recibía una respuesta indicándole donde debía depositar su voto. “Me paso la mañana enviando SMS por cuenta de personas mayores que no saben hacerlo”, explicaba Mohamed Benmoussa, presidente del colegio de Bab Bahar, ante un matrimonio de octogenarios.
Los tunecinos ejercían su derecho bajo la atenta mirada de un pelotón de observadores y de representantes de partidos aunque los únicos que estuvieron presentes en todas las mesas recorridas por este corresponsal eran los islamistas de En Nahda, la formación que se supone ganará las elecciones. ¿Cómo han podido hacer este despliegue? “Porque somos gente organizada”, contestó sonriente Khadija, una estudiante de arquitectura con las manos enguantadas y que solo dejaba su rostro al descubierto.
Organizados quizás, pero no del todo respetuosos con las formas. Acompañado por su mujer y su hija, el líder de En Nahda, Rachid Ghanouchi, intentó saltarse la cola en el colegio electoral del barrio acomodado de El Menzah, pero varios aspirantes a votar le gritaron: “¡A la cola!, “¡La democracia empieza por hacer la cola!”. Ghanouchi se incorporó ala fila con una sonrisa, pero no por eso se libró de las agresiones verbales.“¡Lárgate!, ¡Asesino! ¡Vuelve a Londres”, le espetaron. Vivió más de 20 años exiliado en la capital británica.
Jendoubi, el presidente de la comisión electoral, resaltó que se habían producido pocos incidentes reseñables. Solo algunas “presiones sobre los votantes analfabetos”, que suponen el 24% del censo electoral, y algunos SMS inapropiados invitando a votar a determinados partidos.
De los informes que están elaborando algunos de los 14.000 observadores dispersados sobre el terreno –unos 600 son extranjeros–no se desprende una valoración tan optimista de lo sucedido en el Túnez profundo. En Mdilla, en la provincia meridional de Gafsa, una veintena de militantes de En Nahda apostados en los alrededores de un colegio animaban a los transeúntes a votar y se sospecha que hasta les ofrecían pequeñas cantidades de dinero.
En Feriana,en la provincia de Kasserine, epicentro de la revolución, proponían no solo dinero sino transporte hasta el colegio electoral para los que vivían más alejados. En Nahda posee más medios que los demás partidos no solo porque cuenta con más militantes que cotizan sino también porque ha recibido ayudas,públicas y privadas, de algunos países del Golfo Pérsico que ven con buenos ojos a esta formación afín a los Hermanos Musulmanes de Egipto".