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HOJAS INFORMATIVAS
15 de
octubre
Advertencia
de Obiang a Gran Bretaña
La
agencia France Press difundió ayer el siguiente
despacho que nos parece de interés:
LONDRES,
14 oct (AFP) - 12h44 -Gran Bretaña podría verse apartada de
algunos contratos, valorados en varios millones de
libras, por su rechazo a investigar la posible implicación de
algunos hombres de negocio británicos en un intento de golpe
de estado, afirma el jueves el diario The Times.
Una delegación ecuatoguineana viajó esta semana a Londres
para pedir a las autoridades británicas que actúen en ese
sentido, afirma el periódico.
Las autoridades de Malabo mantienen que varios hombres de
negocio británicos financiaron un intento de golpe que
fracasó el pasado marzo, entre ellos Mark Thatcher, hijo de
la antigua Primera Ministra Margaret Thatcher, inculpado en
agosto por un tribunal surafricano..
"Los responsables del Foreign Office y del Home Office (ministerio
del Interior) no han manifestado ningún interés por que se
inicien investigaciones sobre estas personas ya identificadas,
a pesar que que su implicación está demostrada desde hace
meses" declaró un alto responsable ecuatoguineano citado
por el periódico pero que mantenía el anonimato.
"Sólo podemos pensar que intentan proteger a estas
personas de alta posición o que no les importa lo que pueda
suceder en lo que consideran un Estado africano de poca
monta", prosigue la misma fuente.
"Deberían recordar que algunas empresas británicas
tienen importantes contratos en nuestro país y si creen que
pueden tratarnos como a gentes sin importancia del tercer
mundo, esto podría tener claras consecuencias comerciales.
Hay muchos otros países que quieren participar en estos
negocios", ha avisado.
Guinea Ecuatorial es el tercer productor de petróleo
subsahariano, detrás de Nigeria y Angola.
Camerún
tiene miedo
(Shanda
Tonme, Le
Messager, Douala,13 Octubre 2004)
La comisión mixta Camerún-Nigeria tendrá el 21 de octubre
próximo en Abuja una reunión dedicada a la península de
Bakassi, objeto de un litigio fronterizo entre los dos países.
Esta reunión que inicialmente debía tener lugar el jueves o
el viernes, ha sido retrasada a causa de las elecciones
presidenciales del 11 de octubre en Camerún.
Este 11 de octubre, el espectáculo que ofrece la capital
camerunesa no es sereno, animado y tranquilizador o, todavía
menos, el de una ciudad de gentes confiadas, tranquilas y
llenas de esperanza. La ciudad está inmersa en una ausencia
total de excitación y de actividad que recuerda a las
ciudades muertas que marcaron las reivindicaciones de cambio
de los años 1990. Los comercios, hasta las farmacias,
están cerrados. Incluso los centros de salud están a
oscuras. Da la impresión de que algo indefinido ha llegado
durante la noche o está a punto de hacerlo.
Recorrer Yaundé este 11 de octubre, da la medida de la
situación del país, del sentimiento de los ciudadanos, de su
estado político, de las esperanzas, las sospechas y los
temores que ensombrecen no ya el porvenir si no, incluso, el
presente. ¿Por qué imponer el cierre de los comercios? ¿La
celebración de unas elecciones es motivo suficiente para la
suspensión de las libertades? De entrada, ¿por qué elegir
un lunes con su alto nivel de actividad económica y de
rentabilidad financiera para hacer las elecciones? ¿Quiénes
gobiernan tienen algún sentido de la economía? ¿Son
conscientes de las pérdidas de los comerciantes, de lo que no
se recaudará en la aduana? ¿ Saben de las preocupaciones del
"petit salveteur" en un país pobre como este? Los
que tienen un acceso fácil al dinero no tienen idea de cómo
se consigue. Dan miedo y siembran el miedo.
Es la oportunidad para que los de más edad recuerden los días
posteriores a la independencia, la década 1960-1970, cuando
se decía que el país estaba empeñado en la búsqueda de la
unidad nacional y en la lucha por erradicar los restos del
movimiento nacionalista conducido por la UPC, partido histórico
entregado desde entonces a todo tipo de mezquindades tribales
y dividido en multitud de facciones resultado de las
manipulaciones de un poder temeroso siempre del recuerdo de Um
Nyobé y otros.
Lo que caracterizaba al Camerún de aquella época era el
miedo, el dejar hacer, los controles brutales, los saqueos,
los raptos y las torturas convertidos en método de gobierno.
Nadie se atrevía a hacer otra cosa que cantar
alabanzas al partido único, la UNC, y a su jefe, Ahmadou
Ahidjo. Se hablaba de dictadura, de régimen policiaco, etc.
La norma de la vida cotidiana era la sospecha. Los ciudadanos
se espiaban, se denunciaban y se enviaban mutuamente a la
muerte, incluso los espesos entre sí.
Han pasado muchos años y he aquí al nuevo Camerún, el que
había caminado hacia la prosperidad y la democracia, el que
ha creído vivir en la modernidad y el crecimiento, el que teóricamente
navega ahora hacia grandes ambiciones. Es un país que se
despierta o lo despiertan una mañana, la del 11 de octubre de
2004, para elegir un presidente, pero sobre todo para despedir
a uno que ha durado tanto como
cuatro presidentes norteamericanos: Reagan, Bush padre,
Clinton y Bush hijo, es decir 22 años.
El Camerún, parece encontrarse en plena democracia, una
democracia que recuerda la de los coroneles griegos, de los
generales chilenos y argentinos y de los peores totalitarismos
del antiguo glacis comunista del Pacto de Varsovia.
El miedo reina y da lugar entre los ciudadanos a una mezcla de
fantasmas que les hacen por un lado desinteresarse de todo
cuanto pasa este 11 de octubre y, por otro, protegerse
con la misma excusa: “¡Hay que hacer como todos! ¡Paul
Biya ha ganado ya!¡No queremos problemas con los impuestos!¡Queremos
garantizar el futuro de nuestros hijos!¡No queremos perder
nuestro trabajo, queremos también ganar mercados!¡Tenemos
facturas atrasadas!¡Hay que bailar como todo el mundo!",
etc. Un padre atrevido añade: “Voy a votar a Paul Biya, ¡no
quiere dejar el poder!, pero la semana que viene mandaré a
mis dos hijos a Alemania. Este país se ha vuelto peligroso y,
en cualquier caso, no ofrece ningún porvenir a nuestros
hijos”.
Todas las estructuras y las instituciones oficiales se han
movilizado, o han sido movilizados, por motivaciones que han
hecho decir a algún analista honesto que Camerún no ha
avanzado desde 1960 en lo que hace a las libertades
individuales y a la edificación de una sociedad de ciudadanos
emancipados. El país ha retrocedido, y de forma tan brutal
que uno se pregunta cómo podremos salir de la espiral maléfica
y lograr un cambio a corto o a largo plazo.
Se exhiben ancianos de más de ochenta años en marchas con
mucho apoyo sonoro, junto a jóvenes operadores económicos,
de comerciantes y de universitarios todos silenciosos por el
miedo. Reaparecen las mismas preocupaciones
para explicar la muerte de toda dignidad. La
administración fiscal se ha convertido en una especie de
policía política que acosa mediante requerimientos punitivos
seguidos del cierre a todos los que no mostrasen apoyo
concreto al régimen. Una cuadrilla de inspectores de
impuestos se abatirá sobre usted y le empujará a la ruina,
incluso a la prisión. Y si esto no fuera suficiente, sus
importaciones corren el riesgo de no pasar jamás la aduana.
Esta es la razón por la que se ha interiorizado al miedo en
lugar de las libertades y los derechos ciudadanos. ¿Quién
quiere morir por la vía rápida antes que ir a agitar al
poblado a pedir a los padres y a los abuelos que lleven las
ropas con mil efigies del presidente?
En realidad, Camerún ha entrado en la oscuridad, en la noche
negra de las libertades que la ausencia de cualquier luz en
los grandes centros urbanos, empezando por la capital política
y la capital económica, acaba por convencer al extranjero más
escéptico.
A quienes se encierran, o se aburren, este 11 de octubre sólo
les falta deciros que nunca han visto el color de una carta de
elector, o que no se han inscrito nunca, o que lo intentaron
una vez y se vieron defraudados, o que no sirve de nada
molestarse por algo que es una farsa y que sólo Dios sabrá
pedir cuentas a su presidente. ¿Cómo hablar en esta situación
de elecciones?¿Cómo otorgar algún crédito a quienes se
cubren con el título de observadores y aparecen de tiempo en
tiempo en unas oficinas de voto condenadas ya por la historia?
El miedo, ese miedo de los peores momentos de las más
siniestras de las dictaduras, inquieta a los ciudadanos y los
trastorna. Lo sucedido en la campaña se considera una
demostración lamentable de hipocresía, animada por
irresponsables ajenos a las realidades y las esperanzas de los
ciudadanos. Y porque ninguno de los verdaderos nacionalistas
se encuentra entre ellos, la inmensa mayoría de los
habitantes del país tiene el sentimiento profundo de estar
secuestrado en un complot en el que la miseria y la muerte no
son una sorpresa, pero es la justa consecuencia de una evolución
que nace del fracaso de la UPC en 1955-60, la consecuente
dictadura de Ahidjo y la transferencia ilegítima del poder a
Paul Biya en 1982.
Camerún tiene pues miedo, y un país con miedo produce un
tipo de ciudadanos conquistados, amorfos, impotentes y sin
imaginación. Si las gentes tienen miedo, es en primer lugar a
causa del discurso ambivalente, a veces insolente,
frecuentemente provocador y con frecuencia confuso del
presidente, el mismo que ha ganado ya unas elecciones
hechas a su medida y sobre sus voluntades.
El miedo del presente aumenta a causa de las intenciones del
mañana, del periodo posterior a las elecciones, cuando haya
que reprimir a los contestatarios, quebrantar a los
opositores, purgar el equipo, reconstruir las redes mafiosas.
Nadie lo reconoce en voz alta, pero todos cuchichean en voz
baja, que existen milicias dispuestas a lo peor, que estan
bien entrenadas y que podrían pasar a la acción en cualquier
momento si la supervivencia del régimen está amenazada y si
alguien quiere contestar al plebiscito del presidente.
Sin embargo, el miedo de mañana surge también de los
arreglos de cuenta inevitables en el propio interior del régimen,
entre los partidarios de un cambio inevitable por medio de una
revolución de palacio, por un lado, y aquellos otros
decididos a morir en el poder, por otro. En este contexto, la
mezcla que promete hacer el presidente reelegido agravará la
fractura entre los buitres y precipitará sin duda al país en
algo desconocido, terrible y horroroso. Camerún tiene
verdaderamente miedo, hecho, además, de más y más miedo.
Está admitido que pese al silencio de los círculos diplomáticos,
el ambiente que se prevé no es el de la confianza. Se habla
por todas parte, se hacen confidencias, cálculos,
suposiciones. Se hacen referencias a un mandato que podría no
durar más de uno o dos años. Se quiere olvidar a los Mobutu
y a otros Bokassa, pero nadie se preocupa al recordar sus
finales horribles, es decir el ciclo inevitable de guerras
civiles que acaban siempre por instalarse cuando cualquier
otra alternativa se vuelve imposible y los horizontes se
oscurecen abriendo la caja de Pandora. El miedo es real y
alcanza a todas las edades, todas las clases sociales, todas
las etnias, todos los habitantes de la gran ciudad camerunesa,
nacionales y extranjeros. En realidad los que se dicen más
confiados, son los que tienen más miedo, dado que tienen las
manos sucias.
La elección presidencia que hubiera podido ser una razón
para estar orgulloso de su país, se ha convertido en un
motivo de inquietud para los cameruneses. Este 11 de octubre
figurará en los libros de historia de las generaciones
camerunesas del futuro, en letras graves, en letras que dan
miedo.
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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