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HOJAS INFORMATIVAS

 

11 de octubre de 2008

MANIFIESTO DEL MAIB ANTE EL 12 DE OCTUBRE DE 2008

   El  Movimiento para la Autodeterminación de la Isla de Bioko (MAIB), en tanto que representante de la comunidad bubi,  quiere denunciar ante la opinión pública española e internacional, la grave situación que atraviesa nuestro pueblo.

   Guinea Ecuatorial ha sido el único botón de muestra español de lo que fue la fase de colonización del Continente Negro. El próximo 12 de octubre,  se van a cumplir 40 años de independencia de aquel país, concedida por España, y en la que la entonces Madre Patria prometió, sin cumplir, “salvaguardar la personalidad de Fernando Poo”. 

   Con España, y como españoles que fuimos antes de aquella fecha, soportamos la dictadura del General Franco. Ya después de la independencia, hemos tenido que vivir bajo el yugo un dictador sanguinario llamado Macías, cuyos primeros logros  fueron los de expulsar a los españoles, asesinar a todos sus adversarios políticos, sentar las bases para la ocupación total de Bioko, normalizar el terrorismo de Estado, utilizando a un ejército de sus connacionales fang…

   Como es sabido, a  Macías Nguema le sucede su sobrino Obiang Nguema, quien en 29 años de ejecutoria todo lo que ha logrado ha sido completar la labor iniciada por su tío y mentor. A fecha de hoy, nos encontramos con que, en Guinea Ecuatorial, a todos los pueblos no fang, se nos niega el pan y la sal. Con el señor Obiang, la situación de discriminación y postergación ejercida contra nuestra comunidad se ha exponenciado.

   Queremos señalar de manera sumaria y sin pretensiones de exhaustividad que, las sucesivas leyes sancionadas por los distintos Gobiernos de Guinea Ecuatorial han apuntado siempre en la dirección de prohibir nuestra participación como pueblo en los asuntos de Estado. La discriminación en todos los órdenes de la vida nacional es una constante. La administración y todas las esferas de poder están enteramente copadas por continentales. Las rentas del petróleo y del resto de  recursos del país están beneficiando solo y exclusivamente a una minoría fang. La justicia es étnica. Se producen asesinatos extrajudiciales. La extorsión, el chantaje y la intimidación de los “uniformados” -Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado- , todos fang, están a la orden del día.

   Se nos ha negado por Ley, el derecho de organización y de asociación. Nuestros derechos de propiedad adquiridos en algunos casos, mucho antes del hecho colonial, están siendo confiscados y sin posibilidades de apelación ante ninguna instancia.

   Las relatorías de Naciones Unidas en las sucesivas Resoluciones evacuadas no han parado de hablar de nuestros derechos históricos conculcados. Don Alejandro Artucio, Relator especial de Naciones Unidas para Guinea Ecuatorial, en su Informe E/CN.4/1999 de fecha 25 de enero de 1999, y bajo el título “Diversidad y conflicto étnico” sentenciaba:  

   58: “Como señalara en anteriores Informes, nada debería obstar a que los bubis expresaran organizativamente el ejercicio a la libre determinación que el derecho internacional reconoce en principio a todo “pueblo” y pudieran actuar libremente sin sufrir discriminación ni represión dentro de las limitaciones señaladas para este derecho por el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial que funciona en virtud de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación racial…”

   59:”En este sentido el Relator Especial ha instado en entrevistas realizadas con las autoridades de Guinea Ecuatorial a que propicien formas de autonomía funcional que garanticen a los miembros de la etnia bubi su participación social, preservando sus formas culturales, religiosas y políticas propias de su identidad como pueblo y de sus tradiciones como habitantes muy antiguos de la isla de Bioko”.

   Esta situación se está eternizando. Cuarenta años después de aquella independencia profundamente insatisfactoria, estamos constatando que, ni el pueblo español, ni los Gobiernos habidos han hecho nada por ayudarnos a cambiar la realidad de postergación a la que estamos sometidos. La comunidad internacional tampoco se pronuncia, y en muchos foros se nos dice que la voz cantante para la solución de nuestro problema, está en manos de España, en tanto país colonizador que fuera en su día.

   Todas las tentativas iniciadas desde el interior por nuestro pueblo para dialogar con el Presidente Obiang han terminado en represiones, torturas, cárceles, incluso en algunos casos, en muertes. Los intentos de negociación desde el exterior han caído en saco roto. No obstante ello, estamos resueltamente decididos a rechazar cualquier salida violenta  para que nuestro inalienable derecho a la autodeterminación, o cuando menos, el derecho de un autogobierno para nuestro pueblo sea un hecho.

   Este año se cumple además, el  60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, mientras los nuestros están siendo aplastados diariamente  en Guinea Ecuatorial. Y ante el manto de silencio cada vez más intenso que rodea a la situación política de Guinea Ecuatorial, hacemos un llamamiento a la opinión pública internacional, y especialmente a la española para que tome cartas en el asunto y ayude a parar la sangría que padece nuestro pueblo.

   Exigimos al Gobierno del general Obiang y a todas las instituciones ecuatoguineanas que cesen en sus políticas discriminatorias y atentativas de los derechos humanos del pueblo bubi y del resto de pueblos del mosaico guineano.

   Pedimos el Gobierno y  todas las instituciones españolas, la utilización de todos los medios a su alcance  para que puedan ser restaurados nuestros derechos históricos. Pedimos asimismo que pongan todo el empeño para que la libertad y la democracia  lleguen pronto a nuestro país, por el bien de todos los pueblos que componen la República de Guinea Ecuatorial.

 

MOVIMIENTO PARA LA AUTODETERMINACIÓN DE LA ISLA DE BIOKO (MAIB) 

 

Incidentes y amenazas en Bata

   Varios centenares de personas (más de 500 según nuestras fuentes), procedentes de Kie-Ntem, se han manifestado en la tarde de hoy en el barrio de Mkolombong, cerca del Hospital General de Bata, para protestar por las condiciones en las que tienen que esperar la celebración del Día Nacional que, como es sabido, tendrá lugar mañana en la capital de Río Muni. Los manifestantes se han dirigido al Ministro del Interior, Clemente Engonga, protestando porque llevan casi dos días sin alojamiento y porque "mientras a los de Mongomo se les dan 70.000 cfas por venir, para nosotros solo hay pescado". El Ministro ha amenazado a los manifestantes y ha acusado, y amenazado también, a algunos dirigentes de UP, que estaban con personas llegadas de Micomeseng, de ser los inductores de la protesta.

 

ARTÍCULOS PUBLICADOS EN EL DIARIO ABC CON MOTIVO DEL 12 DE OCTUBRE

"Españoles en el Golfo de Guinea, de "colonialistas" a "cooperantes" y "complices"

Alicia Campos Serrano, diario ABC, 10 de octubre 2008

   La descolonización de la Guinea Española y consiguiente aparición del estado de Guinea Ecuatorial, hace hoy cuarenta años, fue un proceso largo y complejo, protagonizado por nacionalistas guineanos de distintas afiliaciones, burócratas y diplomáticos españoles, y hasta militantes afroasiáticos, que se llevó a cabo en escenarios diversos, desde la misma colonia al foro de las Naciones Unidas.

   Fueron en gran medida las presiones internacionales, sabiamente impulsadas y aprovechadas por los nacionalistas guineanos, las que encontraron receptividad en los diplomáticos del Ministerio de Asuntos Exteriores español, que marcarían la política franquista hacia Guinea en los años sesenta. El Ministerio de la Presidencia, a cargo de las colonias, sólo pudo intentar manipular el proceso, pero no impedir el resultado de la independencia, como sí lo hiciera para el Sáhara Occidental.

   Detrás quedaba una década en la que, a la represión de los años cincuenta, siguió un intento de incorporar a los colonizados en el propio aparato colonial y en los planes de desarrollo que se aprobaban por aquel entonces en la metrópoli. En 1964 se estableció un Régimen de Autonomía para Guinea, en el que algunas de las élites nacionalistas pudieron disfrutar de ciertas responsabilidades políticas, y la población de algunas libertades aun desconocidas en la propia metrópoli.

   El proceso de independencia, sin embargo, se demostró para entonces imparable, y entre 1967 y 1968 se llevó a cabo un traspaso de poderes negociado, a la manera británica, a través de una Conferencia Constitucional. El resultado fue una constitución de corte liberal, muy ajena tanto del autoritarismo colonial como de la dictadura franquista, para un estado unitario, descartando así algunas reivindicaciones de última hora de dividir la colonia entre su parte continental Río Muni, y la más próspera isla de Fernando Poo (hoy Bioko).

   A pesar del carácter negociado y no violento de la retirada española, el resultado se parecería más al de las descolonizaciones lusófonas en la década siguiente, que a las de la mayoría de los estados francófonos y anglófonos de África Occidental. En los meses siguientes a la independencia, gran parte del aparato burocrático y de la economía colonial se desmanteló, al tiempo que se marcharon la mayoría de los colonos españoles y más tarde de los trabajadores nigerianos, allí asentados. Y es que el ganador de las elecciones previas a la independencia, Macías Nguema, había vencido sin el apoyo de ninguno de las dos facciones del gobierno franquista que se habían disputado el control del proceso, y lo había hecho con un discurso abiertamente anticolonial y antiespañolista. Por su parte, tal y como denuncia el economista Fernando Abaga en su libro La ayuda externa en el desarrollo de Guinea Ecuatorial (1997), el gobierno español se mostró mezquino y poco generoso en los tratados de cooperación económica firmados con su excolonia, a la que no garantizó un mercado favorable para los productos guineanos ni el sostenimiento inicial de los presupuestos del estado.

   Lo que surgió de todo ello fue más hijo del colonialismo franquista que de la Autonomía y la Conferencia Constitucional, aunque es difícil hablar de neocolonialismo para el caso de Guinea Ecuatorial, en la medida en que los intereses políticos y económicos españoles apenas se mantuvieron. La situación de terror permanente que el gobierno de Macías Nguema impuso sobre la población, y la desaparición por asesinato o exilio de la pequeña élite económica e intelectual del país, situó a Guinea en niveles extremos de pobreza, y consolidó el miedo como forma de control político.

   De alguna manera, la independencia en 1968 impidió que Guinea Ecuatorial disfrutara de los potenciales beneficios de la transición democrática en España en la década siguiente. Mientras la antigua metrópoli se libraba de la dictadura, en Guinea se extremaba la negación de derechos políticos y económicos a la población. Cuando en 1979 Obiang Nguema dio un golpe palaciego a su tío y se hizo con el poder en Malabo, el gobierno español se aprestó a apoyarle como posible hacedor de la transición democrática en Guinea, para lo que tuvo que obviar que el sobrino había sido responsable directo de la represión política de la etapa anterior.

   España se convirtió en los años ochenta en principal donante de su antigua colonia, y la ayuda española en la fuente más importante de recursos del estado, de servicios sociales para la población, y hasta de salarios al margen de la administración pública. Sin embargo, los escrúpulos permanentes de Madrid a la acusación de neocolonialismo, hizo que la petición de Obiang de un contingente de la Guardia Civil para garantizar su seguridad, fuera sustituida por la cooperación marroquí en esta materia.

   El nuevo contexto creado por el fin de la Guerra Fría y la crisis financiera del estado en toda África también afectaría a las relaciones entre España y Guinea Ecuatorial: la ex-metrópoli se mostró más comprometida entonces con el cambio político, llegando a condicionar su ayuda al desarrollo al respeto de las reglas del juego democrático. Las presiones externas, que incluyeron las de la embajada de Estados Unidos, y la incipiente reorganización de grupos políticos de oposición en país, contribuyeron al reconocimiento del multipartidismo y la celebración de elecciones. Este proceso, aunque combinado con episodios de represión violenta de los miembros más destacados de los nuevos partidos políticos, también llevó a las elecciones municipales de 1995, las más democráticas desde la independencia de Guinea, y donde la Plataforma de Oposición Conjunta (POC) llegó a ganar la mayoría de las alcaldías del país.

   Desde entonces, la historia de Guinea ha sido mucho menos halagüeña de los que estos acontecimientos parecían anunciar en términos de democracia y desarrollo humano. El inicio de la explotación del petróleo a mediados de los años noventa ha empoderado enormemente al dictador, y ha hecho desaparecer las presiones externas a favor del respeto de los derechos humanos, En este contexto, España ha perdido tanto su capacidad de presión a través de la ayuda, como la voluntad política de contribuir a las libertades de los guineanos. Y más bien al contrario, ha optado en los últimos tiempos por respaldar abiertamente al gobierno de Obiang, con una mezcla de argumentos de interés nacional, y de actitudes racistas no confesadas.

   Queda así cada vez más patente a los ojos de muchos guineanos, que los deseables cambios políticos y económicos, si llegan, lo harán al margen de la antigua metrópoli".

   [Alicia Campos Serrano es Investigadora Ramón y Cajal de la Universidad Autónoma de Madrid, miembro del Grupo de Estudios Africanos y autora del libro “De colonia a estado: Guinea Ecuatorial 1955-1968”, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid, 2002.]  

   http://www.abc.es/20081010/internacional-africa/espanoles-golfo-guinea-200810101847.html

 

"Nada que celebrar"

Alfonso Armada, diario ABC, 10 de octubre 2008

   [La página ABC.es publicó ayer, día 10, un amplio informe dedicado a los 40 años de la Independencia de Guinea Ecutorial. Dicho informe consta de una introducción que reproducimos a continuación y de varias entrevistas, reflejando puntos de vista distintos, que aparecerán en Hojas sucesivas]

   “La celebración el próximo domingo de la independencia de Guinea Ecuatorial puede muy bien calificarse de celebración de la nada.

   La dictadura sangrienta

   No creo utilizar una metáfora si califico a ese pequeño país de “aborto” sin ánimo alguno ofensivo: Guinea pasó directamente de un suave limbo autonómico a la férrea dictadura de un iluminado paranoico, Francisco Macías Nguema.

   No bien asumida la presidencia, el 12 de octubre de 1968, Macías inicia una serie de acciones rocambolescas que pronto dan paso a una frenética y desenfrenada carrera a ninguna parte destruyendo rápida y sistemáticamente la riqueza del diminuto y hasta entonces bien organizado, país…

   La expulsión de 60.000 braceros nigerianos consigue acabar prácticamente con la floreciente producción cacaotera: de 65.000 Tm. de cacao en 1968 se pasa a las apenas tres mil en 1979, año del golpe de Estado. La producción de madera tras la expulsión o huida de los 70.000 europeos, españoles en su inmensa mayoría, hace caer la producción de madera en rollo de 300.000 Tm. a menos de 20.000

   No es extraño que poco después de la independencia, gaboneses y cameruneses, sus vecinos, comiencen a referirse a Guinea como “le non pays”.

   Destruye Macías el telégrafo que unía Bata con todas las capitales regionales tras proclamar en uno de sus largos e histéricos discursos: “por esos hilos circula el alma de los blancos”.

   Prohíbe la importación de alimentos (“el pan es el pienso de los españoles; indigno alimento para un africano”) Aunque él sí comía pan de buen trigo y manjares importados.

   Ordena el cierre de las fronteras y la destrucción de los cayucos para evitar la desbandada. Inútiles medidas; los guineanos “votan con los pies” escapándose por el bosque de modo que al final de su mandato la población quedaría reducida a un tercio.

   Su paranoia induce a Macías a multiplicar los asesinatos (todos los políticos que concurrieron a las elecciones con él habían sido asesinados o se habían “suicidado” en prisión) y a escapar cada vez más lejos: de la capital Malabo, pasó a instalarse en Bata, la capital del continente; allí no se sentía seguro y huyó, de noche y a toda prisa a Mongomo, cuna del clan familiar, pero aún allí temía por su vida y acabó refugiándose en Nsegayon, su aldea natal, en cuyos bosques sería acosado como un perro por los hombres de su sucesor y sobrino Teodoro Obiang Nguema Mbasogo.

   El “golpe de libertad” del 3 de agosto de 1979 entrega a Obiang un país esquilmado, aterrorizado, en que escuelas e iglesias habían cerrado tiempo atrás y la economía no era otra cosa que mera subsistencia .

   La dictadura tonta

   Con ese título publicó un querido amigo en “El País” un largo artículo en 1992.

   Obiang no es sanguinario. Carece de escrúpulos, es cínico y astuto. Durante su largo y despótico mandato ha matado poco, pegado bastante y robado todo lo que ha podido.

   Crea el Partido Democrático de Guinea Ecuatorial por presiones internacionales e impide por todos los medios el funcionamiento de cualquier oposición. Severo Moto se exilia y enloquece. Plácido Micó entra y sale de la cárcel, donde es salvajemente torturado en varias ocasiones. Amancio Nsé, apaleado también debidamente hace lo que puede, que es prácticamente nada.

   Llega el petróleo a Guinea y sus réditos son, como toda la riqueza del país, arrebatados por el “clan de Mongomo”. No se crean infraestructuras, ni se mejoran las vías de comunicación, ni se establece nada que tenga siquiera un pálido remedo de Estado de Derecho.

   La actuación de España

   España podría equipararse en su actuación en Guinea con los representantes palestinos, de quienes se ha escrito que “no perdieron oportunidad alguna de perder oportunidades”.

   Ya la descolonización fue sorprendente. En 1968, en plena dictadura franquista, pugnando Exteriores y Presidencia de Gobierno, este último organismo exige que se celebren “unas elecciones absolutamente limpias que no dejen duda alguna a los observadores internacionales”. Se celebran, efectivamente las limpísimas elecciones que dan el poder al semianalfabeto alcalde de Mongomo, suboficial del ejército, Francisco Macías.

   Tras los primeros atropellos la única reacción del Gobierno español es declarar “materia reservada” toda información sobre Guinea. La medida, dictada con validez de un año, se renueva rutinariamente cada fin de año hasta el de gracia de 1979 en que se permite el viaje a un nutrido grupo de periodistas españoles, todos ellos reporteros con experiencia; en el grupo están Arturo Pérez Reverte, Manu Leguineche... Este último, el más avispado, al comprobar que hay poco que rascar desde el punto de vista informativo, escribe un libro que fue muy celebrado: “La tribu” en el que, dentro del mosaico guineano de tribus (fang ntumu, fang ocac, ndowe, bubis...) descubre una muy interesante: el grupo de reporteros del que forma parte, cuyas actitudes en el trópico describe con gracia y buen hacer.

   Desde entonces acá poco se ha hecho excepto derramar abundantes sumas de dinero, financiar varios planes de desarrollo, insistir periódicamente en que, con la visita de tal o cual alto preboste “se iniciaba un nuevo período de relaciones entre España y Guinea Ecuatorial”.

   Probablemente el episodio más tragicómico de este período sea la aventura del sargento Micó que, tras refugiarse en la Embajada de España después de ser acusado de intento de golpe de Estado, obliga al entonces ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Morán, a desplazarse a Malabo en un “mystére” previa rueda de prensa en la que aseguró: “Esto es el colmo; voy a traerme conmigo a Micó”. No se lo llevó consigo, claro; dejó que lo devolvieran a la siniestra prisión de Black Beach en donde fue debida y sistemáticamente apaleado mientras Morán declaraba a la vuelta a Madrid: “Conseguimos salvar la vida del sargento Micó”.

   Lo que no salvó, claro está, fue la cara.

   La penúltima de las mamarrachadas fue el viaje de Estado de Felipe González en el otoño de 1991 para “iniciar la transición de Guinea a la democracia”.

   No se inició nada, claro está, a pesar de la pamema montada en la que Adolfo Suárez se desplazó a Guinea tras el viaje de González, como “experto en transiciones”, y España siguió soltando dinero y suaves amenazas que hacían exclamar a un veterano diplomático en una reunión: ”Mientras sigamos diciéndoles a los guineanos que o cumplen sus compromisos... o nos aguantamos...”.

   Y así seguimos, y así seguirá el régimen de Obiang que, tras haber pedido a raíz del golpe de Estado ayuda militar, y habérsela negado Suárez (por la negativa rotunda de Felipe González), perdió la confianza y el respeto a España que ya no va a recobrar nunca.

   Y es que España en África colonizó razonablemente bien y descolonizó rematadamente mal. En el Sáhara montó una gigantesca planta de exportación de fosfato, Bu-Craa, y la población está prácticamente en su totalidad en los campos de refugiados de Argelia, en Tinduf.

   En Guinea se mimó literalmente el país. El hospital de Bata fue en su época el segundo de África, siendo el primero el de Ciudad del Cabo. Se pretendió, y en gran medida se logró, una colonización ejemplar. La renta de la colonia era superior a la de la metrópoli, se había controlado razonablemente el paludismo en las zonas urbanas y se había hecho casi desaparecer la tripanosiomasis... hasta llegar a lo que se llegó.

   El resto de las preguntas se contestan con dos frases: El petróleo nada tiene que ver con la miseria de Guinea, sino la conjunción criminal del Clan de Mongomo y la tolerancia internacional. La democracia, con Obiang y sus gentes es una mera palabra cuatrisílaba sin sentido alguno.”   

   http://www.abc.es/20081010/internacional-africa/celebracion-nada-200810101914.html

 

"Poco que celebrar en Guinea Ecuatorial" (Alfonso Armada)

   Puede que no haya colonialismo bueno. Pero España dejó Guinea Ecuatorial hace hoy cuarenta años en unas condiciones que las dictaduras de Francisco Macías, primero, y la de su sobrino Teodoro Obiang, después, no han sino envilecido. Poco que celebrar el día de la independencia.

   Cuarenta años de desolación. Cuarenta años de sufrimiento. Cuarenta años de pillaje. Es fácil, y demasiado triste, resumir en qué han consistido estos cuarenta años desde que el 12 de octubre de 1968 Francisco Macías proclamó la independencia de Guinea Ecuatorial. Sus 36.716 votos frente a los 31.941 que atrajo Edmundo Bosio, de la Unión Bubi, le permitieron a Macías, que se había presentado como "defensor del pueblo e hizo campaña anticolonial, aunque durante su estancia en el gobierno autónomo se vanagloriaba de su colaboración estrecha con la metrópoli" -relata José Luis Cortés López en su "Historia contemporánea de África"-, hacerse con todo el poder, aunque nadie imaginaba que este autoproclamado «marxista hitleriano» iba a iniciar una horrenda dictadura. Da una idea Randall Fegley en su libro «Guinea Ecuatorial: una tragedia africana», la «mejor historia de Guinea, al menos en inglés», para John Bennett, uno de los más críticos embajadores que Estados Unidos tuvo en Malabo: «Hacia 1978 el método más común de ejecución era aplastar el cráneo con una barra de hierro. El condenado debía tumbarse, con la cara mirando al suelo. Su cabeza era golpeada hasta que era convertida en pulpa». Entre quienes más disfrutaban de ese «espectáculo» figuraba el jefe de seguridad del régimen, el teniente coronel Teodoro Obiang, sobrino de Macías, que en el «golpe de libertad», en agosto de 1979, le derrocó. La ejecución de su tío abrió las puertas a una nueva dictadura, menos sanguinaria, pero no menos despiadada, que todavía se mantiene, ahora bañada por el hallazgo de ingentes yacimientos de oro negro que no han hecho sino reforzar a Obiang, su familia y su camarilla, en detrimento de un país poblado por medio millón de habitantes cuyas cotas de alfabetización, acceso a la sanidad y nivel de vida son hoy peores que hace cuarenta años, bajo el sistema colonial.

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

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