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HOJAS INFORMATIVAS
8 de octubre
de 2009
Vigilancia a las monarquías
petroleras
"Diputada de Europe
Ecologie, la ex magistrada Eva Joly - que instruyó en su día
el caso ELF - preside desde julio la Comisión de Desarrollo del
Parlamento Europeo. Una mala noticia para los dirigentes del
golfo de Guinea donde Eva Joly denuncia todos los días de Dios,
la corrupción, con complicidades francesas, a partir del oro
negro".
Fuente: La Lettre du
Continent nº 573, 8 de octubre 2009
La producción de café y de cacao
en Guinea Ecuatorial y en otros países de la CEMAC
"La
producción gabonesa anual de café que era de 3000 toneladas en
los años 80 ha caído hoy a 400 toneladas. Un descenso ligado al
la falta de mantenimiento de las plantaciones y al éxodo rural.
Tres regiones producen actualmente el café en el país:
Ngounié, Haut-Ogooué,
Ogooué Ivindo.
El cultivo del café recupera el favor de los agricultores y
de los habitantes de las ciudades que regresan al campo. Este
cultivo era en el año 68 uno de las principales fuentes de
ingresos de Guinea Ecuatorial antes de que el petróleo ocupase
su puesto en la economía del país convertido en el tercer
productor de petróleo del África subsahariana. Treinta y ocho
mil toneladas de cacao se produjeron en 1968, fueron después
6000 en 1979, 4000 toneladas en 1996 y en torno a 5000 toneladas
en 2004. Paralelamente el país ha producido en 1968 en torno a
8500 toneladas de café, cien toneladas en 1979, 7000 toneladas
en 1996 y casi 10.000 toneladas en 2004".
"La República
Centroafricana (RCA) produjo 12 000 toneladas de café en 2001 (Cameron
69 000 Tm), 9000 toneladas en 2002 (Camerún 65 000 toneladas),
5000 Tm en 2003 (Camerún 58 000 Tm) y 3000 toneladas en 2004
(Camerún 64 000 toneladas). Las exportaciones alcanzaron 800 000
F CFA para la RCA y 40.400 millones de F CFA para Camerún.
Gabon quiere relanzar la producción de café, antiguo cultivo,
previo al boom de la producción petrolera. La intención, apoyada
por la organización internacional del café es sacar al mercado
un robusta [variedad del café] de calidad".
http://www.infosplusgabon.com/article.php3?id_article=3991
"Modelos cambiantes de la
política en África"
Adebayo Olukoshi*,
Política y
movimientos sociales en un mundo hegemónico. Lecciones desde
África, Asia y América Latina, Buenos Aires, 2006
"LA PASADA DÉCADA y media en la historia reciente de África ha
estado caracterizada por algunos desarrollos dramáticos y
significativos en el terreno político del continente. Estos
desarrollos han sido tan variados como contradictorios. También
han constituido una importante fuente de desafíos a la teoría
política en la medida en que diferentes escuelas de pensamiento
lidian con ellos en términos de su peso y significado. Como
puede imaginarse, no existe consenso acerca del enfoque más
apropiado para interpretar los cambios que están dándose en la
estructura, contenido y dinámica de la política africana; en
realidad, los esfuerzos para conceptualizar los cambios han
producido una verdadera Torre de Babel, con comentaristas que no
solamente hablan en diferentes lenguas sino que frecuentemente
se superponen unos con otros. La sensación de confusión
prevaleciente en la literatura es indicativa tanto de la
complejidad de los cambios en sí mismos como de la crisis
teórica en el estudio de África (Mkandawire, 1996; 2002; Zeleza,
1997; Mamdani, 1999). Lo contradictorio de los cambios que, al
mismo tiempo, inspiran esperanza y generan desesperanza ha
polarizado a las comunidades académicas y políticas en los
campos del afro-optimismo y el afro-pesimismo. Pero, pese a
todas las visiones que puedan ofrecer acerca de los problemas y
perspectivas de cambio progresivo en África, tanto los
afro-pesimistas como los afro-optimistas son demasiado
simplistas y subjetivos como para servir como base duradera a
los efectos de captar la dialéctica del cambio y la
transformación socio-política. Se necesita, por lo tanto, una
interpretación más cuidadosa, basada en hechos históricos, de
los cambios acontecidos en el continente; y, para que esta sea
útil, debe permitirnos trascender los parámetros limitados y
limitantes que actualmente dominan el discurso sobre los
procesos y estructuras de cambio acaecidos en el África
contemporánea.
DIMENSIONES DEL CAMBIO POLÍTICO EN EL ÁFRICA
CONTEMPORÁNEA
Los cambios que se han dado en el escenario político africano en la
última década y media han sido multidimensionales. Han
acontecido tanto a nivel de la política formal como en el campo
de los procesos informales que apuntalan el sistema político.
Han sido generados por factores internos y externos al sistema
político, requiriendo una gran atención a los contextos dentro
de los cuales estos cambios se están produciendo. Además,
mientras que las consideraciones domésticas, locales y de nivel
nacional son críticas para la definición del proceso de cambio,
los factores externos y los actores internacionales también
continúan jugando un papel importante, incluso categórico en
algunas coyunturas, en la determinación de resultados.
Comprensiblemente, gran parte de la atención que se ha enfocado
en el cambio político en África se ha concentrado principalmente
en las instituciones y procedimientos formales de la política,
porque ambos son más visibles y mensurables. Sin embargo, como
es el caso de la política en otros lugares del mundo, sin
importar cuán relevantes son las instituciones y procedimientos,
estos no dan cuenta por sí mismos de toda la historia. Por esta
razón, es importante prestar atención también a los procesos que
sostienen y moldean/remoldean las instituciones y procedimientos
formales, incluyendo especialmente a los actores y actoras cuyas
acciones e inacciones dan vida al sistema político. Y esto puede
hacerse sin necesidad de estereotipar, como lo hacen Chabal y
Daloz (1999), la política africana casi como un dominio del
abracadabra en el cual, cuanto más se ve, más confundido se
está.
Los principales rasgos de los cambios en la
política africana ocurridos en los últimos quince años, que han
atraído la mayor parte de la atención en la literatura, incluyen
lo siguiente.
La reestructuración del terreno de la
competencia política y la gobernabilidad: la década del
noventa en la historia de África fue anunciada con protestas
callejeras populares o presiones, que en muchos casos culminaron
en esfuerzos concertados para reformar las instituciones y
procedimientos de la política y la gobernabilidad. Entre los
desarrollos más interesantes que se dieron como parte de este
esfuerzo de reforma figuraban: la convocatoria de conferencias
nacionales soberanas en muchos países africanos francófonos y
lusófonos; extendidas reformas constitucionales que resultaron
ya sea en la enmienda de constituciones existentes o en la
producción de otras totalmente nuevas; el fin del gobierno de
partido único/militar; la restauración de políticas
multipartidarias y la organización de elecciones
multipartidarias; la adopción de la noción de comisiones
electorales independientes, que incluye listas mixtas y sistemas
de representación proporcional; el logro por parte de un
importante número de países de una alternancia pacífica del
poder entre partidos gobernantes y sus oponentes; y la
organización de elecciones repetidas que han sido identificadas
por algunos como un indicador crítico de la consolidación
democrática. Estos cambios fueron diseñados para abrir el
espacio político y, al hacerlo, permitir una mayor competencia
en la lucha por el poder político. La ambición era crear un
campo de juego nivelado para todos los actores políticos, hacer
que el gobierno fuera más representativo y responsable, permitir
una mayor participación popular en el gobierno nacional y
enriquecer el espacio público como un campo autónomo para la
articulación de las aspiraciones populares y/o el escrutinio de
alternativas de política y políticas (ver Olukoshi, 1998). Los
afro-optimistas han concentrado su atención principalmente en
las perspectivas mejoradas del continente en cuanto a la
reestructuración del terreno político; incluso algunos de los
primeros comentaristas valoran los cambios en términos de una
segunda liberación o un renacimiento africano. También fue
promovido un proyecto afro-barométrico ver
http://www.afrobarometer.org) diseñado para captar los
cambios progresivos acaecidos. Los afro-pesimistas, en su
mayoría, han leído los cambios con escepticismo, apuntando a sus
defectos y a los problemas de la consolidación democrática que
persisten.
La aparición del pluralismo en los medios de
comunicación: casi sin excepción y como parte integral de
las presiones para la apertura del espacio político, el
monopolio de la propiedad de los medios ejercido por el estado
se quebró durante la década del noventa a través de las
licencias ofrecidas por los gobiernos para la conformación de
diarios, estaciones de radio (principalmente en FM) y
televisión. También se realizaron incursiones por parte de
difusoras satelitales digitales y proveedores privados de
servicios de Internet. Además de representar una radical
desviación respecto de la situación anteriormente prevaleciente,
el desarrollo señaló un nuevo e importante elemento en la
promoción del pluralismo político, la responsabilidad
gubernamental y la participación popular (ver Olukoshi, 1998;
Fardon y Furniss, 2000; Hyden et al., 2002).
El florecimiento de la vida asociativa: en
toda África, durante el curso de la última década y media, ha
habido un masivo aumento en el número y rango de asociaciones
civiles activas en varias esferas de la vida a nivel local,
nacional, subregional y continental. Establecidas
mayoritariamente como organizaciones no gubernamentales, fueron
vistas por muchos como símbolos del renacimiento y la vitalidad
de la sociedad civil y, por lo tanto, críticas para el proceso
de extensión de la democratización en el continente. Igualmente
importante, las asociaciones cívicas fueron percibidas por
algunos académicos como centrales para el surgimiento de nuevos
actores políticos en África –actores que, debido a su inserción
en el campo político, jugaron el papel crítico de suscribir la
transición democrática africana y de ese modo contribuyeron al
amanecer de una nueva era en los asuntos del continente (Chazan,
1982; 1983; Bratton, 1989; Diamond, 1994).
La desaparición de los últimos vestigios de
gobierno colonial y racismo institucionalizado en África: la
persistencia del colonialismo (de los colonos) en la parte sur
de África y la discriminación racial institucionalizada que la
acompañaba constituían el desafío más importante
al nacionalismo africano y a su agenda de liberación total de la
dominación extranjera en el continente. Comenzando con la
independencia de Zimbabwe en 1980 y culminando con las
elecciones nacionales de 1994 en las cuales la mayoría negra de
Sudáfrica participó por primera vez, el fin del gobierno
colonial y el colapso del apartheid formal desencadenaron nuevas
fuerzas políticas y posibilidades en los países involucrados.
Dentro de África Austral y en el resto de África, el desarrollo
también desencadenó nuevos procesos y alianzas. Si existía una
percepción de que los asuntos pendientes de la liberación
nacional impedían a los países africanos prestar toda su
atención a los desafíos para vencer su subdesarrollo y
dependencia, el fin del gobierno colonial y del apartheid fue
interpretado como señal del cierre de una fase importante en la
historia del continente y el comienzo de una etapa nueva en la
cual predominarían las preocupaciones acerca de la unidad
africana y el desarrollo.
El restablecimiento de la cooperación regional y
los esfuerzos de integración: desde comienzos de los
noventa, hubo un notable aumento en el ritmo de actividades
diseñadas para promover la cooperación e integración subregional
en África, como un ejercicio importante en sí mismo y un
elemento fundacional en pos de la unidad económica panafricana.
Al mismo tiempo, se realizaron nuevos esfuerzos para reforzar la
gobernabilidad a nivel continental tal como estuvo evidenciado,
entre otras cosas, por la habilitación de la Comisión Africana
sobre Derechos Humanos y de los Pueblos, la proscripción por la
difunta Organización de Unidad Africana (OUA) de la toma de
poder ilegal y la exclusión de los consejos del cuerpo
continental de todos los gobiernos instalados por otros medios
que no fuesen legales, la intensificación de esfuerzos en la
promoción de mecanismos/instrumentos de mantenimiento de paz en
la resolución de conflictos panafricanos, y la transformación de
la OUA en una nueva Unión Africana (UA) completada con un
parlamento panafricano, un sistema judicial panafricano y una
comisión revigorizada.
La naturaleza cambiante de las relaciones
interestatales: los países africanos lograron su
independencia en la década del sesenta sobre la base de la
inviolabilidad de las fronteras que heredaron y la estricta no
interferencia en los asuntos internos de cada uno de ellos.
Estos principios fueron, a grandes rasgos, respetados por unos
treinta años. Sin embargo, en la década del noventa comenzaron a
ser seriamente cuestionados y desafiados como secuela de las
crisis que involucraron a la región del continente de los
Grandes Lagos y que culminaron en la invasión y ocupación de la
República Democrática del Congo (RDC) por parte de ejércitos de
varios países africanos. Los conflictos armados en otros países,
principalmente en Liberia y Sierra Leona, erosionaron aún más el
principio de no interferencia, a medida que se hacían esfuerzos
subregionales de mantenimiento de la paz ante la perspectiva del
colapso de hecho o inminente de la autoridad del gobierno
central. La postura actual ampliamente apoyada es que los
gobiernos involucrados en violaciones masivas y flagrantes no
tienen derecho a gozar del principio de no interferencia en los
asuntos de sus países.
La política de justicia transicional:
durante el curso de la década del noventa, como parte del
desarrollo de la reforma de los sistemas políticos, se
introdujeron varios programas para revisar el impacto del pasado
autoritario inmediato con la perspectiva de establecer qué es lo
que ocurrió, quién era responsable y qué medidas correctivas
podían tomarse para lograr la reconciliación nacional. El primer
gran experimento en este sentido fue realizado en Sudáfrica con
la Comisión de Verdad y Reconciliación (CVR). Posteriormente se
desarrollaron varias adaptaciones del modelo y/o principio de la
CVR en varios países, especialmente en aquellos que emergían de
períodos de conflictos
violentos y prolongados gobiernos militares. También hubo un
experimento en Ruanda con el Gatchacha o sistema comunitario de
abordaje
y superación del legado genocida sufrido por el país.
Un rol cada vez mayor de las Naciones Unidas en
la gobernabilidad africana: el contexto de los noventa
también destacó nuevos desarrollos en el sistema político
relacionados con un aumento en el perfil de la familia de
organizaciones de las Naciones Unidas en los procesos de
gobernabilidad domésticos de los países africanos, especialmente
de aquellos que emergían de conflictos extensos. Hubo varias
dimensiones de este perfil acrecentado, pero quizás las más
prominentes son los tribunales de crímenes de guerra
internacionales, establecidos primariamente en base a la
ideología de desalentar la impunidad y enviar una fuerte señal a
los actores políticos acerca de la necesidad de respetar los
derechos humanos y las reglas de conducta establecidas
internacionalmente en situaciones de conflicto violento y
guerra.
Las dimensiones del cambio más evidentes y visibles en los países
africanos nos cuentan una parte sustancial de la historia acerca
de las transformaciones que están produciéndose en los sistemas
políticos de los países del continente. Sin embargo, en su
alcance solamente cubren los obvios procesos de cambio. Otras
dimensiones de cambio menos visibles o mensurables que merecen
ser consideradas como factores de análisis, pero que no han sido
suficientemente tenidas en cuenta, incluyen el hecho de que ha
habido cambios demográficos significativos en países africanos
que suman al proyecto a niños y jóvenes en una postura de mucha
mayor prominencia. Con bastante más del 50% de la población de
África compuesta por niños y jóvenes –una razón por la cual
África es actualmente descripta como el continente “más joven”–
un cambio generacional gradual pero inevitable está ocurriendo
en el sistema político en varios niveles al mismo tiempo. El
voto juvenil es quizás el aspecto más importante y fácilmente
reconocible aspecto de este desarrollo, pero también está la
emergencia de una generación de políticos en posiciones de
liderazgo que no experimentó directamente el gobierno colonial y
no fue parte directa de la coalición anticolonialista nacional.
Las consecuencias de este cambio para la agenda política
representan un área que permanece poco investigada más allá de
las primeras y autosuficientes referencias realizadas, a fines
de la década del ochenta y principios de la del noventa en
algunos círculos de política exterior occidentales, a la
emergencia de un nuevo grupo de líderes del renacimiento en
África Oriental, el Cuerno de África y África Austral. Por
contraste, el impacto que la alienación y el descontento de la
juventud –frecuentemente relacionados con el desempleo
prolongado– podrían tener en la estabilidad de las estructuras
políticas africanas ha atraído la atención de académicos e
intelectuales dedicados a la política, preocupados por
desarrollar interpretaciones alternativas de los conflictos cuya
consecuencia fue el colapso de la autoridad central en países
tales como Sierra Leona, Liberia y Costa de Marfil. Aquello a lo
que ahora se alude en cierta literatura como la Cuestión Juvenil
en la política de África constituye una dimensión importante de
cambio que remite al núcleo del sistema político, incluyendo el
proceso de constitución y renovación de la ciudadanía, el
contrato social por el cual se articula la ciudadanía, la
política de la representación, y la legitimación del estado y el
gobierno (Abdullah y Bangura, 1997; Abdullah, 2003; Mkandawire,
2002; Sesay, 2003).
Igualmente crítica para el marco cambiante de la política en África
es la rápida tasa de urbanización que tiene lugar en todo el
continente y las intensas migraciones de población interna
asociadas a ella. A medida que ocurren los cambios demográficos,
la urbanización y los flujos de población interna parecen
desafiar a muchas de las hipótesis y estructuras sobre las
cuales se construyeron las políticas post-coloniales de
gobernabilidad. Además de la obvia reconfiguración rural-urbana
que está ocurriendo, existen también: la creciente política de
“colonos” y “nativos”, el renacimiento de redes etno-regionales/socio-culturales
que compiten entre sí, la proliferación de bandas/milicias
armadas/patrullas ciudadanas de vecindarios urbanos, la difusión
de la intolerancia y la xenofobia que también encuentra su
expresión en políticas hostiles a los “no-nativos”, el desafío
creciente de la inclusión social y la transferencia de servicios
para una población urbana en rápido crecimiento, la expansión
masiva de las fronteras del sector informal y las redes
informales, y la proliferación de una nueva religiosidad que
fluctúa de lo sincrético a lo puritano. Las muy variadas
cuestiones asociadas con el proceso de urbanización acelerada
han sido refractadas dentro del sistema político bajo la forma
de competencias acerca de cuestiones como la ciudadanía, los
derechos individuales y grupales, el rol del estado y la
naturaleza de sus capacidades políticas, el contenido y alcance
de la política social, el estatus secular del estado y todo el
espectro de la gobernabilidad urbana (Sesay, 2003; Mamdani,
2001; Mkandawire, 2002).
Las políticas post-independentistas en África fueron moldeadas
dentro del marco de la lucha nacionalista anticolonialista que
tomó fuerza en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial.
La agenda de la coalición nacionalista anticolonial que escoltó
a los países africanos hacia la independencia constituyó el
núcleo del contrato social sobre la base del cual se
desarrollaron las políticas –políticas, económicas y sociales.
Casi sin excepción, se reservó un papel central para el sector
público en lo que generalmente ha sido descripto como un modelo
de acumulación post-colonial liderado por el estado o
intervencionista. Fue un modelo de acumulación que vino con su
propia estructura de incentivos, premios y castigos a los cuales
los jugadores de la estructura política respondieron durante
gran parte del período en que se extendió, esto es, las dos
primeras décadas de la independencia. El colapso del modelo de
estado intervencionista en el curso de la década del ochenta y
los esfuerzos para reemplazarlo con una estructura de “libre”
mercado también se tradujeron en la alteración del sistema de
incentivos en la estructura política. Sin embargo, el impacto de
este desarrollo para los patrones de las políticas no ha sido
seriamente investigado más allá de los primeros intentos que,
excesivamente manejados ideológicamente por el partidismo
unilateral pro-mercado, estaban limitados a sugerir que el
sistema de mercado produciría una nueva clase media que,
entrenada en los avatares competitivos del mercado, promovería
la transición africana a una nueva era de democracia
(auténticamente liberal).
Esta perspectiva estaba relacionada con la visión de que el
surgimiento de una vibrante sociedad civil, definida como
esencial para una democratización sustentable, era el aspecto
menos importante del sistema de libre mercado –tanto como la
propia democracia liberal. La
importante cuestión acerca del modo en el cual el colapso del
modelo de desarrollo liderado por el estado, las prolongadas
crisis socio-económicas que los países africanos han
experimentado, y los esfuerzos impulsados desde el exterior para
lograr reformas de mercado han
producido una nueva estructura de incentivos y redefinido las
fronteras normativas de las políticas permanece como un área
insuficientemente investigada más allá de observaciones
anecdóticas.
Las diferentes dimensiones de cambio que han impactado en el patrón
de las políticas en el África contemporánea han sido el tema de
interpretaciones competitivas a las cuales volveremos en este
ensayo. El aspecto clave que vale la pena tener en cuenta en
este punto es el hecho de que la metodología dominante, que
consiste en la búsqueda por establecer un balance de progresos y
regresiones, difícilmente ha sido útil para permitir a los
estudiantes de la política africana contemporánea captar los
matices del cambio. Los diferentes elementos de cambio, muchas
veces tomados aisladamente más que en su interconexión, y con
frecuencia tratados episódicamente más que como parte de un
flujo histórico mayor, también son rutinariamente valorados sin
una adecuada atención al contexto en el cual se están
desarrollando. Un primer paso para compensar las presentes
brechas analíticas en el estudio del África contemporánea
necesita una discusión respecto del contexto en el cual el
cambio político está siendo moldeado y desarrollado.
EL CONTEXTO DEL CAMBIO POLÍTICO
Con independencia del peso interpretativo atribuido a los cambios
ocurridos en el panorama político africano a partir de comienzos
de la
década del ochenta, dichos cambios han tenido lugar en un
contexto definido y caracterizado por:
- Una prolongada crisis económica que los gobiernos africanos
fueron alentados o abiertamente presionados a remediar a través
de un igualmente prolongado programa ortodoxo de ajuste
estructural del Fondo Monetario Internacional (FMI)/Banco
Mundial (BM), que se había mantenido por dos décadas y que había
fracasado en superar las dificultades en cuya solución debía
colaborar, al mismo tiempo que creó nuevas complicaciones
(Mkandawire y Olukoshi, 1995; Mkandawire y Soludo, 1999). La
crisis y declinación económica, el estado de desequilibrio de
las economías africanas, la expansión del sector informal y la
erosión de la autonomía y alcances de la política interna
representan un componente crítico del contexto dentro del cual
se está reestructurando la política en África.
- El fin de la vieja Guerra Fría entre el Este y el Oeste tal como
se llevó adelante, un desarrollo simbolizado por la caída del
Muro de Berlín, la reunificación de Alemania, el colapso del
Pacto de Varsovia y la disolución de la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas (URSS). Mientras duró, la Guerra Fría
tuvo un importante impacto en la política interna de muchos
países africanos en la medida en que los bloques ideológicos
rivales se sumergieron en las dinámicas políticas internas de
diferentes países en su búsqueda para contenerse mutuamente y
retener/expandir sus esferas de influencia. El fin de la Guerra
Fría no necesariamente implicó el fin de la historia o las
ideologías, como fue sugerido precipitadamente por algunos
comentaristas; sin embargo, alteró un importante factor
geopolítico alrededor del cual se multiplicó un tumulto de
estrategias e intereses en la política interna de los países
africanos. La política africana post Guerra Fría involucró un
complejo conjunto de realineamientos de fuerzas e intereses de
modos tales que afectaron los patrones de políticas
preexistentes.
- El significativo debilitamiento del estado africano por una
combinación de factores, entre los cuales no fue menor la agenda
de reforma del mercado claramente anti-estado promovida por el
FMI, el BM y otros organismos. Esa agenda no sólo tuvo la
consecuencia de deslegitimizar al estado como un actor en la
economía política, sino también la de socavar sus capacidades a
través de una serie de medidas restrictivas que también
sirvieron para alimentar la fuga de cerebros, facilitar la
erosión del sistema de política interna y reducir a África a la
región menos gobernada del mundo. Dado el papel central que el
estado africano asumió en cada faceta de la economía política
post-colonial, la declinación y decadencia institucional a la
cual fue expuesto representó un importante desarrollo que
repercutió en todas las esferas de la vida –económica,
socio-cultural y política (Mkandawire y Olukoshi, 1995;
Mkandawire y Soludo, 1999). La política de llenar los vacíos
creados por la deslegitimación, decadencia y reducción del
estado estuvo en el núcleo de algunos de los cambios ocurridos
en la última década y media o más, incluyendo la emergencia de
nuevos actores/actoras de diferentes tipos con proyectos
conflictivos/en competencia.
- La extendida utilización de la violencia y las armas en el manejo
de los conflictos políticos domésticos o en la manifestación de
descontento. En relación con el fin de la Guerra Fría Este-Oeste
y la reducción del estado a un punto tal que lo dejó
trastabillando, África fue testigo de la
emergencia/resurgimiento de los conflictos, principalmente de
tipo intra-estatal y con varios grados de intensidad. Algunos
conflictos perduraban desde la Guerra Fría mientras que otros
derivaban de resentimientos surgidos de otras fuentes. El más
espectacular y trágico de los conflictos tuvo dimensiones
genocidas, mientras que en muchos otros casos ocurrió también la
caída de la autoridad del gobierno central. Además, en lo que
algunos comentaristas presentaban como evidencia de un nuevo
género de guerras, los conflictos se apartaban de los patrones
tradicionales en los cuales los ejércitos profesionales eran
enfrentados unos contra otros. En lugar de ello, grupos civiles
armados atacaban a otros y/o a ejércitos profesionales
fuertemente faccionalizados. El extendido reclutamiento y
despliegue de niños soldados representó otro aspecto único de
los conflictos, como también el terror y el pánico infligidos
sobre poblaciones civiles desarmadas, especialmente en áreas
rurales. Carentes de claridad ideológica o de un proyecto social
alternativo, estas guerras eran fácilmente descartadas por
muchos como mero bandolerismo causado por una combinación de
codicia y resentimiento; de hecho, estas expresaban un cambio
mucho más profundo asociado con la emergencia en términos de
significación política de una juventud urbana descontenta
(Abdullah y Bangura, 1997; Abdullah, 2003; Mkandawire, 2002;
Mamdani, 2001; Sesay, 2003).
- El surgimiento de una diáspora de recientes migrantes de África
también constituye un importante factor contextual, que crece en
importancia a medida que la influencia de la nueva diáspora
aumenta en tanto porción del electorado cuya influencia se
refleja en los procesos políticos domésticos que se están
desplegando en diferentes países. El proceso de constitución de
esta nueva diáspora es reciente y se halla todavía en progreso,
mientras que una ola de profesionales, muchos de ellos aún en su
mejor momento, migran por una variedad de razones a Europa y
América del Norte, al mismo tiempo que muchos que se fueron
temporariamente para estudiar en el exterior también deciden
quedarse. Su capacidad para presionar en asuntos de reforma
política y derechos humanos en sus países anfitriones está
creciendo, y su voz en los asuntos de sus países de origen
resuena entre algunas porciones importantes del electorado. El
hecho de que la Unión Africana les haya conferido reconocimiento
formal es una señal de su influencia creciente.
TEMAS DOMINANTES EN EL ESTUDIO DEL CAMBIO
POLÍTICO EN ÁFRICA
Los principales factores contextuales que han moldeado el contenido
y la práctica de la política en el África contemporánea también
señalan los temas que han preocupado a los estudiantes del
proceso de cambio en el continente en la última década y media.
Estos temas varían en sus detalles pero pueden ser sintetizados
como incluyendo las siguientes cuestiones generales:
- La política de transición y electoral, incluyendo sistemas de
partido y electorales, programas promovidos por partidos
políticos, el proceso de elección, la calidad de acceso a los
medios por parte de los partidos competidores, la estructura
legislativa adoptada, la educación del votante y su
concurrencia, y la independencia judicial.
- Los problemas y las perspectivas de la consolidación democrática
sobre la base de varios marcos competitivos para evaluar y medir
la transición africana.
- El constitucionalismo y la reforma constitucional, abarcando los
derechos básicos de la ciudadanía, la separación de poderes, la
descentralización administrativa y la sucesión política.
- El surgimiento, significación y rol de la sociedad civil africana
en el proceso de democratización.
- La naturaleza de la política estatal, la dinámica de las
relaciones estado-sociedad y los desafíos de la gobernabilidad
que enfrentan los países africanos.
- Las causas, dimensiones y consecuencias de los conflictos
africanos contemporáneos.
- La economía política de la reforma en África, con particular
énfasis en la relación entre reformas de mercado y
liberalización política, “buena” gobernabilidad y reformas del
sector público.
El grueso de la literatura que se ha producido sobre política
africana en la última década y media está enfocado en estos
temas generales. Mientras el conjunto de temas cubierto podría
sugerir una convergencia en las señales críticas de cambio en
los sistemas políticos africanos, en realidad existe diversidad
en los marcos interpretativos empleados para alcanzar
conclusiones acerca de la dirección de la política. Es a estas
interpretaciones rivales a las cuales ahora dirigimos la
atención.
INTERPRETANDO EL CAMBIO POLÍTICO EN ÁFRICA
Entre las diferentes interpretaciones rivales respecto del
contenido, contexto y dinámicas del cambio político en África,
la más influyente
es sin duda la llamada nueva economía política/enfoque de
elección pública (public choice approach) que incorpora
diferentes matices de teorías de patrimonialismo/neo-patrimonialismo,
criminalización estatal y post-colonialismo (Bates, 1981;
Jackson y Roseburg, 1983; Callaghy, 1984; Kasfir, 1984; Young y
Turner, 1985; Ergas, 1987; Chabal, 1988; Rothschild y Chazan,
1988; Carter Centre, 1989a; 1989b; Bayart, 1993; Bratton y Van
der Walle, 1994; Reno, 1995; Bayart et al., 1999; Mbembe, 1992a;
1992b). Dependiendo del particular ángulo o punto de abordaje
elegido, los académicos que trabajan con esta amplia propuesta
han tendido a incluirse en un marco interpretativo que es
optimista o pesimista con respecto a los patrones de las
políticas en África, sus problemas y perspectivas. La literatura
demuestra un amplio espectro de opiniones, pero los temas
principales que han surgido para constituir la propuesta
dominante para interpretar la política en África y los cambios
que están teniendo lugar en su interior pueden ser ilustrados
con la discusión que ha tomado lugar en el contexto
socio-económico de cambio político y la naturaleza de la
sociedad civil.
En lo que respecta al contexto socio-económico del cambio político,
la perspectiva dominante es sin duda que los patrones de
comportamiento en búsqueda de renta entre los actores políticos
y las presiones neo-patrimoniales produjeron la declinación de
las economías africanas, obstruyeron la realización plena de las
metas de los programas de ajuste estructural del FMI/BM,
fomentaron una cultura de informalidad/sociabilidad y
previnieron el surgimiento de coaliciones de tendencia
reformista capaces de iniciar y gobernar cambios de largo
alcance en la forma de liberalización económica y política. Para
algunos de quienes contribuyeron al desarrollo de esta
perspectiva, la búsqueda de renta es parte integral de la
naturaleza misma de la cultura y/o sociedad africanas, mientras
que para otros la elite política es la productora
auto-consciente de nichos de oportunidades que ella explota.
Algunos de los nichos de búsqueda de renta surgen de la
naturaleza de las economías africanas, que han estado
estructuradas dentro de un modelo de estado intervencionista que
asigna un papel importante al ejercicio de la discreción
política, facilita prácticas oligopólicas y desalienta el
surgimiento de regímenes de precios determinados por el mercado.
Debido a que para los neo-patrimonialistas las presiones son
consideradas rasgos penetrantes y abarcativos de las estructuras
políticas africanas, algunos de los colaboradores en el
desarrollo de esta perspectiva localizan las presiones en el
nivel de la misma sociedad africana, mientras que otros sitúan
el énfasis en el funcionamiento interno del sistema estatal. El
enfoque socio-céntrico, ilustrado por la noción de Bayart de “la
política de los saciados”, apunta a prácticas y normas en la
sociedad africana que previenen la adopción y aplicación
sostenida de elecciones de política “racional” capaces de
promover el desarrollo económico y la liberalización política.
En contraste, la perspectiva estado-céntrica localiza el
problema del neo-patrimonialismo no en la sociedad sino en el
estado mismo, apuntando a las maneras en que este constituye una
carga a causa de las políticas de depredación que fomenta. En
relación con esto, se han anticipado varias tesis del estado en
las sombras o del estado dentro del estado. Las presiones
neo-patrimonialistas también son alimentadas por el ansia
insaciable de la elite del poder por la legitimación popular.
Por esta razón, estratos y redes de clientelismo saturan todo el
sistema socio-económico y político.
Prescindiendo del particular punto de vista adoptado por diferentes
autores sobre las fuentes de búsqueda de renta y neo-patrimonialismo,
existe un acuerdo generalizado entre ellos acerca de que el
desarrollo económico y la transición política de África desde el
autoritarismo han sido bloqueados y obstaculizados. Las raíces
intelectuales del afro-pesimismo pueden ser rastreadas hasta
esta perspectiva en la medida en que representa un marco que, al
tratar las conductas de búsqueda de renta, las prácticas
neo-patrimonialistas y los síndromes post-coloniales como
ubicuos y corruptores, casi no encuentra salida del callejón
hacia el desarrollo africano. De este modo, si los marcos
políticos existentes han fallado debido a las consecuencias
adversas de la lógica de búsqueda de renta, “la economía de los
afectos”, la política post-colonial y el neo-patrimonialismo,
los esfuerzos de reforma también han fracasado por la misma
razón. Fue en parte en un intento por superar el pesimismo que
es el resultado lógico de esta perspectiva que Chabal y Daloz
(1999) han sugerido que la manera en que las cosas se dan en
África, tal como ha sido captado en la crítica de la escuela de
búsqueda de renta/neo-patrimonialista, ha de ser aceptada como
el modo en que África realmente funciona –a diferencia del orden
intrínseco en las estructuras y relaciones estado-sociedad
occidentales. Si bien la intervención de estos autores fue
presentada como una desviación respecto de la lectura
eurocéntrica de África que operaba en ese momento, esta no logró
ir más allá del eurocentrismo que era objeto de su crítica y,
finalmente, su predicción también fue desbordada por un sentido
de pesimismo.
Aquellos que –mientras seguían trabajando dentro del marco de
búsqueda de renta/neo-patrimonialista– buscaban fuentes de
esperanza
y optimismo, han tenido que volver a una generación anterior de
escritos que veían en los esfuerzos de reforma económica
ortodoxa promovidos por el FMI y el BM la posibilidad de
surgimiento de nuevos patrones de políticas en África que
supuestamente son promotores de un mayor desarrollo económico
racional y de renovación política (Chazan, 1982; 1983; Diamond,
1994; Bates, 1981; Nelson, 1990). Los argumentos que han sido
esgrimidos en este sentido son variados, pero frecuentemente
incluyen la expectativa de que el ajuste económico estructural
producirá o está produciendo una nueva burguesía que está
enraizada en la producción y disciplinada en los métodos del
mercado como para dar a luz una genuina transición democrática
en África. Otros han sugerido que el proceso de reforma del
mercado ha empoderado a una nueva generación de tecnócratas que
se han convertido en importantes actores no sólo con respecto a
la lucha por el gobierno racional de las economías, sino también
en relación con la reestructuración de los parámetros de la
política. Es más, se ha sugerido que la expectativa de que las
reformas económicas alteren la estructura de incentivos a favor
del África rural no solamente aumentará el peso político de la
población rural en la ecuación de poder nacional de los países
africanos, sino que también dará lugar a nuevos actores de la
comunidad rural que podrían funcionar como la voz del pueblo.
También se ha prestado atención a los patrones cambiantes de las
políticas de los grupos de interés, especialmente la
controversia entre los así llamados grupos pro-reforma (esto es,
pro-reforma de mercado) y las coaliciones anti-reforma (a menudo
vistas como personas sumamente inmersas en la lógica de búsqueda
de renta/neo-patrimonialista de la post-colonia), y los nuevos
patrones de políticas que están produciendo en la búsqueda de
desarrollo económico racional y liberalización política.
En lo que respecta a la cuestión de la sociedad civil africana, un
tema al cual se le ha dedicado una considerable cantidad de
literatura,
la polarización entre los afro-pesimistas y los afro-optimistas
se pone en evidencia (Chazan, 1983). Mientras que la mayor parte
de la literatura resalta la expansión producida en el curso de
las décadas del ochenta y el noventa en la vida comunitaria
africana, la medida en que la sociedad civil representa un nuevo
e importante campo o vector de la política está en debate.
Algunos académicos discuten acerca de la relevancia del concepto
de sociedad civil en un contexto africano que aún sigue dominado
por lazos y redes primordiales, mientras que otros apuntan a la
naturaleza “no-civil” de la sociedad civil africana, la
dominación de una lógica estatista dentro de ella y la
proliferación de relaciones neo-patrimonialistas que se suman
para limitar su potencial democratizante. Otros, sin embargo,
asumen una visión más favorable de la sociedad civil africana,
afirmando la relevancia/aplicabilidad del concepto al medio
africano y sugiriendo que un proceso de renovación
socio-política está en marcha en todo el continente sostenido
por los principales actores de la sociedad civil. Es más, la
sociedad civil, definida ante todo en términos de una vida
asociativa que es autónoma del estado, es presentada como
evidencia del surgimiento de un nuevo tipo de política no
estatal, con los líderes de las asociaciones cívicas
convirtiéndose en los portadores de la lucha por una renovación
democrática anclada en la promoción del pluralismo, el
secularismo, los deberes cívicos, los derechos humanos/las
libertades civiles y la responsabilidad de quienes detentan
puestos públicos.
TRAMPAS DE LOS MARCOS INTERPRETATIVOS DOMINANTES
Pese a que el marco dominante de búsqueda de
renta/neo-patrimonialista que incluye la mayor parte de los
esfuerzos por interpretar el cambio político en África puede
haber ofrecido algunas perspectivas acerca de los problemas de
la reforma política y la transición en el continente, está
repleto de deficiencias que limitan su utilidad para aprehender
los matices del cambio (Mamdani, 1999; Zeleza, 1997; Mkandawire,
1996; Makandawire y Olukoshi, 1995). Estas deficiencias son, en
parte, internas al marco mismo, incluyendo el hecho de que ha
sido desplegado para servir como explicación universalmente
válida para casi todo, perdiendo por tanto su valor y precisión
analítica. Otras deficiencias del marco derivan de la forma de
estructuración y los enfoques metodológicos de la corriente
principal de los Estudios Africanos que consisten en:
- Un tratamiento continuo de África y la política africana como un
terreno exótico que está lleno de sorpresas, lo bizarro y lo
bizantino, y que predispone a los estudiantes al
sensacionalismo, la exageración, la condescendencia e incluso el
desprecio en el modo en que tratan a los sujetos de su
investigación. No resulta sorprendente que este enfoque haya
producido frecuentemente la generación de las nociones más
inadecuadas acerca de África, nociones que, en los peores casos,
tienen reminiscencias de los enfoques antropológicos coloniales
racistas para comprender y caracterizar al “otro”.
- La construcción y aplicación de estándares de evaluación y
medición que tienden a estereotipar, en el marco africano,
prácticas y experiencias que en otros lugares son tratadas como
rutina, normales o una aberración excepcional que no es digna de
atención especial. La consecuencia es que en discusiones acerca
de la política africana tiende a predominar un excesivo sentido
de déjà vu, disminuyendo por lo tanto las luchas que se
desarrollan por el cambio o minimizando las dimensiones de los
cambios que suceden.
- Una lectura persistente de la experiencia histórica africana
utilizando los lentes de las historias y experiencias de otros
pueblos y regiones del mundo en lo que algunos académicos, en
una fase temprana de los debates sobre la metodología de los
Estudios Africanos, describieron como un evolucionismo unilineal
fuertemente eurocéntrico que sostiene que, sea lo que sea que
África esté experimentando en el presente, esto no es más que
una repetición de una fase similar en un período muy anterior en
la historia de Europa u Occidente. Según la misma lógica, el
futuro de África es visto como válido y razonable solamente si
se conforma de acuerdo a los principios de las instituciones
políticas de los países europeos. En consecuencia, la atención a
la especificidad del contexto y la experiencia histórica
africanos, y los desafíos a la creatividad y la originalidad que
ellos presentan, se pierden en el análisis producido. Al
fracasar en la evaluación de la política, la economía y la
sociedad africanas en sus propios términos como diferentes de
las circunstancias que emanan de la historia de otros, el
evolucionismo unilineal ha servido como un instrumento para la
búsqueda, intencionada o no, de la uniformidad y conformidad, y
no ha servido a la causa de la diversidad y la universalidad.
- La aplicación irreal de los principios de la economía ortodoxa al
análisis de la política africana en una propuesta que coloca
gran énfasis en mediciones cuantitativas en detrimento de
análisis cualitativos. Este problema es reflejo, por lo menos en
parte, de un movimiento dentro de la disciplina de la ciencia
política para imitar la disciplina económica en un momento en
que esta última goza de una posición hegemónica en las ciencias
sociales y la corriente ortodoxa dentro de esta disciplina está
en ascenso. El resultado ha sido que se aplican correlaciones de
tipo formulario al estudio de África que provocan desvíos y no
captan los matices del cambio político en el continente.
- El constante análisis de la política, la economía y la sociedad
africanas sobre la base de oposiciones binarias que separan y
tratan como diferentes a lo formal y lo informal, lo privado y
lo público, el estado y el mercado, lo rural y lo urbano, y el
estado y la sociedad (civil). Sin embargo, tales
compartimentalizaciones rígidas difícilmente son útiles para
entender la lógica de la política en un escenario en el cual la
mayoría de los actores/actoras organizan los diferentes
compartimentos sobre la base de que se hace un esfuerzo para
comprenderlos. Donde se han realizado tentativas para vencer
esta debilidad, estas frecuentemente han producido resultados
que atribuyen el fracaso al hecho de su postura equívoca o
caricaturizan a esta como uno de los rasgos de la naturaleza
exótica de la política africana.
- La total negación o completo abandono de la existencia de una
comunidad política en África que se caracteriza por su
diversidad, protesta, sacrificio y visiones de una sociedad
mejor. El discurso de búsqueda de renta/neo-patrimonialista
sobre África se lleva a cabo como si todos los africanos
estuviesen colectiva y uniformemente inmersos en esa lógica, y
todas sus acciones –incluso aquellas que simplemente suceden por
azar o que son producto de coyunturas particulares– son tratadas
como resultado de cálculos neo-patrimonialistas premeditados.
Este acercamiento obviamente limita la capacidad de los
estudiantes de tomar seriamente las luchas que dan significado a
la política en el África contemporánea y que impulsan el proceso
de cambio.
Además de las debilidades del marco de búsqueda de
renta/neo-patrimonialista para comprender los modelos cambiantes
de la política en
África, las perspectivas que ha generado tampoco fueron de ayuda
para captar las complejidades del cambio en el continente.
Relacionado con esto, el debate entre los afro-optimistas y los
afro-pesimistas, caracterizado como está por un sinnúmero de
subjetividades, ha tendido a ser perturbador, en la medida en
que el progreso social es un proceso contradictorio
caracterizado por reveses, empates y avances en un proceso que
no es unilineal o unidireccional. La dialéctica de la
descomposición y recomposición como un hecho de la sociedad
humana ha sido descartada del debate
afro-pesimista/afro-optimista, y los ideales en contra de los
cuales se toman posturas –pesimistas u optimistas– acerca de las
perspectivas para África, son en su mayor parte el producto de
ilusiones que no se corresponden con ninguna experiencia
histórica conocida. Cuando se abandonan tales ideales, una total
disminución de los estándares introduce un realismo excesivo que
es alentado de una manera que sugiere que no se puede esperar
mucho más de África. Pero, de hecho, las personas en África
también sueñan, tienen visiones de un mañana mejor y quieren
mantener, para ellos y sus gobiernos, los estándares más altos
de desempeño. Sólo cuando este simple hecho sea apreciado
completamente podremos comenzar a abordar adecuadamente la
política contemporánea africana con la dialéctica del cambio sin
ser atrapados por la división afro-pesimistas/afro-optimistas.
ELEMENTOS PARA UNA INTERPRETACIÓN ALTERNATIVA DEL
CAMBIO POLÍTICO EN ÁFRICA
En la búsqueda de marcos interpretativos alternativos para
comprender los nuevos patrones de la política en África, es
importante, como punto de partida, tener en mente que el cambio
es un proceso continuo. El cambio tampoco es siempre radical –es
más, en muchos casos es gradual, frecuentemente incompleto,
ciertamente está muy lejos de ser total y algunas veces es
incluso imperceptible aunque sin embargo esté sucediendo. Es
precisamente a causa de la permanencia del cambio que gran parte
de los procesos integrales a la política, la economía y la
sociedad en todo el mundo constituyen piezas de un proceso en
marcha, campos en los cuales –ya sea el manejo de la diversidad,
la construcción del estado, la negociación de la ciudadanía,
etc.– los mejores modelos disponibles o que corresponden al
equilibrio social del momento siguen representando, en una
perspectiva histórica, un asunto inconcluso.
Esta es la razón por la cual, donde sea que ocurra un cambio, los
elementos de continuidad también abundan. El cambio se
desenvuelve
con frecuencia en el seno de una forma u otra de continuidad.
Las fuerzas que sirven como portadoras del cambio son las que
hacen la
historia, pero algunas veces pueden estar lo suficientemente
inmersas en las tareas cotidianas o las demandas del momento
como para no
ser del todo conscientes de la naturaleza memorable de sus
acciones u omisiones. En otras palabras, el cambio no siempre es
el producto de un proyecto definido conscientemente e, incluso
cuando un elemento de deliberación y planeamiento está
involucrado, los resultados no son tan predecibles como puede
imaginarse. Todo esto requiere una perspectiva y una metodología
históricas capaces de localizar sucesos y episodios aislados en
su ubicación adecuada en el flujo de un cúmulo de eventos.
Únicamente un acercamiento de este tipo puede capacitarnos para
entender completamente la significación del cambio que está
ocurriendo y desarrollar un proceso basado en la comprensión de
la historia. Como se indicó anteriormente, el proceso de cambio
es, por definición, contradictorio; la evaluación del proceso no
se beneficia con oscilaciones intelectuales que van desde el
pesimismo al optimismo, y viceversa, de acuerdo a las presiones
y contradicciones que se producen en diferentes momentos.
La política africana, como de hecho ocurre con la política en otros
lugares del mundo, está en un estado permanente de evolución. La
fase actual del proceso de cambio en la política del continente
es por definición contradictoria y está lejos de ser unilineal o
unidireccional.
Efectivamente, considerando que se trata de un proceso de cambio
que está ocurriendo en una época de masiva descomposición y
recomposición de las relaciones sociales, puede argumentarse
correctamente que el continente está en un estado de cambio
continuo que
es, al mismo tiempo, confuso y ordenado, frecuentemente una
mezcla de ambos al mismo tiempo. El contexto inmediato del
cambio que está teniendo lugar puede ser localizado en el
colapso, a fines de la década del setenta y principios de la del
ochenta, del marco de acumulación post-colonial sobre la base
del cual varios actores dentro de la estructura política se
constituyeron a sí mismos y/o fueron constituidos. Era un marco
en el cual el estado asumió un papel de primera línea en los
procesos socio-económicos y políticos clave de la estructura
política; era también parte del contrato social sobre la base
del cual fue construida la coalición nacionalista anticolonial
que escoltó a los países africanos a la independencia. Además,
fue crítico para la recomposición intensiva de las relaciones
sociales y la política que incluyó la aceleración del proceso de
formación y diferenciación de clases. El eslogan ideológico que
apuntaló el marco fue el de la construcción de la nación. Los
gobiernos, por lo tanto, invirtieron fuertemente en la promoción
de la unidad nacional, aunque en la mayoría de los casos las
identidades etno-regionales se mantuvieron firmes y se
superpusieron a las identidades de clase y religiosas.
Las razones para el colapso del modelo de acumulación postcolonial
ya están bien establecidas en la literatura como para repetirlas
aquí. Lo que es importante remarcar por ahora es que el colapso
del marco produjo una ruptura que reclamaba una redefinición de
las relaciones estado-sociedad, como también de las relaciones
dentro de la sociedad y el estado mismos. La búsqueda de una
definición comprensiva de las relaciones estaba atada
inevitablemente a la competencia entre los diversos intereses en
pugna por el reposicionamiento en el sistema político y por la
lucha por el poder, las oportunidades y las ventajas. En esta
lucha, todos los recursos que son críticos para la adquisición y
retención del poder han sido movilizados, ya sea que estén
basados en cuestiones de clase o simplemente étnicas, religiosas
y regionales. La lucha también sirvió como el contexto para un
inventario crítico, tal como se manifestó en las conferencias
nacionales (soberanas) que fueron convocadas, los ejercicios de
revisión constitucional que tuvieron lugar y los ejercicios de
verdad y reconciliación que fueron lanzados.
Estas diferentes actividades dieron la ocasión para que los
descontentos con el marco de acumulación post-colonial y sus
políticas correspondientes se pusieran en escena abiertamente.
Su resultado, casi uniformemente, comprendió el abandono formal
de los sistemas políticos autoritarios, establecidos hasta el
momento en la forma de un gobierno de partido único o militar,
y/o de una diarquía cívicomilitar.
En lugar de los viejos sistemas de gobernabilidad política, los
regímenes multipartidarios fueron presentados casi como el nuevo
complemento de los ejercicios de liberalización económica
asociados con los programas de ajuste estructural del FMI/BM que
fueron introducidos al comienzo de la crisis del modelo de
acumulación post-colonial.
Si la crisis del modelo post-colonial de acumulación se tradujo en
una crisis del orden político establecido en la mayoría de los
países africanos, la lucha por la preservación de los intereses
se convirtió en un rasgo importante de la transición del
autoritarismo político a la liberalización política, una lucha
que se hizo más crítica para los actores sociales clave por el
continuo contexto de crisis económicas prolongadas y ajustes
estructurales que apuntalaron la transición.
También se emprendió un proceso de realineamiento de intereses,
incluyendo la invención de nuevas identidades y alianzas. En
este proceso, y en una clásica demostración de la dialéctica del
cambio y la continuidad, los caudillos políticos y oligarcas
militares de ayer se convirtieron en parte del movimiento del
pluralismo político y la expansión del espacio público al
establecer o tomar un rol activo en nuevos partidos políticos,
organizaciones no gubernamentales, las asociaciones religiosas
que proliferaron y las numerosas redes etnoregionales que fueron
reactivadas. De manera similar, los movimientos sociales
populares, incluyendo los sindicatos, redescubrieron sus voces
en el marco del proceso de liberalización política. Las
políticas intergeneracionales que se multiplicaron alrededor del
colapso del modelo post-colonial de acumulación y la profunda
crisis socio-económica asociada con este impulsaron a varios
grupos y asociaciones juveniles, que abiertamente reclamaban
poder y recursos en el nombre de una generación más joven de
africanos. Sus campañas fueron apoyadas por los cambios
demográficos que habían ocurrido en África a favor de la
generación más joven. Grupos de mujeres también se incorporaron
en la política de construcción de voces y alianzas, en un
intento por asegurarse una mejor representación en el nuevo
sistema político en desarrollo. Dado que la vieja clase media
que fue educada en el marco del modelo post-colonial de
acumulación vio sus filas debilitadas y gradualmente entró en
decadencia, una nueva clase media lanzada por las reformas de
liberalización de mercado comenzó a surgir como parte de un
proceso más amplio de recomposición y transformación social. En
la política de realineamiento que se desató, ningún sector de la
sociedad permaneció ileso, y la movilización masiva que fue
emprendida por las fuerzas del cambio y los intereses creados
que permanecían alrededor del ancien régime constituyeron
el material de que estaban hechas las políticas de transición en
la década del noventa. Ese período fue también, sobradamente,
uno de los más excitantes en la política africana
post-independencia, impulsando a algunos a sugerir, más bien de
manera apresurada y prematura, que el continente estaba en
trance de una segunda liberación.
En el curso de las políticas del cambio asociadas con el fin del
modelo de desarrollo post-colonial y la búsqueda de un nuevo
modelo, un nuevo equilibrio social parecía estar en preparación.
Pero su surgimiento, en muchas partes de África, fue tanto
tortuoso como conflictivo,
asumiendo en ocasiones dimensiones de violencia inimaginables.
Esto puede explicarse, en parte, por la acrecentada
incertidumbre que estaba asociada al proceso de transición, en
tanto el proyecto de liberalización política nacía en el
contexto de la crisis socio-económica más profunda de la
historia contemporánea del continente. Este estado de
incertidumbre fue acrecentado por una severa pérdida de
confianza en las instituciones públicas del gobierno,
especialmente en términos de su capacidad para responder a las
necesidades ciudadanas básicas. En este sentido, no ayudaba el
hecho de que el estado, que alguna vez jugara un rol esencial en
la estructura política, estuviera debilitado, obstruido y
reducido a una sombra de sí mismo gracias al antiestatismo
unilateral del ajuste estructural del FMI/BM. Y sin embargo, en
un contexto de declinación económica y ajuste estructural que
había socavado y debilitado por igual a una amplia sección de
grupos sociales cruzados, el estado, incluso en su situación de
decadencia, seguía siendo un importante foco de atención en la
articulación de estrategias de subsistencia, la (re)definición
de intereses y la promoción de proyectos sociales alternativos.
Esto era tan cierto para los grupos que estaban estrechamente
ligados al modelo de desarrollo post-colonial –muchos de los
cuales fueron duramente golpeados por el colapso del marco– así
como para aquellos que estaban generalmente menos insertos en el
desarrollismo liderado por el estado. También es cierto para los
nuevos intereses emergentes surgidos del proceso de reforma del
mercado. Es por esta razón que las políticas de transición han
estado caracterizadas por una mezcla de resistencia, adaptación,
construcción de alianzas y transformación.
La transición en la política africana también se está dando en un
momento de expansión de los límites de la informalización. A
causa de la prolongada crisis económica a la que fueron
expuestos los países africanos, muchos procesos formales e
instituciones declinaron y decayeron. Las actividades del sector
informal fueron fomentadas por la adopción de múltiples modos de
subsistencia por parte de los trabajadores pobres y la antigua
clase media. La intensificación del proceso de urbanización
también contribuyó con las presiones por la expansión del sector
informal. La extensión de la cobertura y alcance del sector
informal fue acompañada por la intensificación de posturas
ambiguas, con todo lo que ello implicaba. Además, la
reorganización social que aún se está dando en la mayoría de los
países produce tanto un elemento ad hoc en las acciones
de los grupos de interés como una rapidez inusual en el vuelco
de las alianzas. Por estos motivos, las políticas transicionales
no se han asociado con agudas divisiones ideológicas, incluso si
la controversia por el poder ha sido intensa y una gama de
cuestiones críticas centradas en la reestructuración del estado
y las relaciones estado-sociedad está siendo articulada en el
dominio público.
Quizás la prosecución de múltiples modos de subsistencia dentro
del contexto de un sector informal en expansión ha contribuido
al surgimiento y/o renacimiento de redes sociales
“tradicionales” y de un fervor religioso generalizado.
A MODO DE CONCLUSIÓN
En general, el proceso de transición ha registrado importantes
cambios en la política africana que deberían ser reconocidos por
su significación en la historia de la post-independencia
africana. Entre estos cambios, quizás los más importantes sean
la adopción, por la mayor parte de los jugadores clave, de un
marco constitucional liberal multipartidario para el manejo de
la competencia política, la expansión y pluralización del
espacio público, la discusión abierta de estrategias para
gobernar las diversidades nacionales, y el surgimiento
prominente de actores no estatales. Pero estos cambios también
han sido moderados por la profundización de las desigualdades
socio-económicas existentes en la mayoría de los países, los
continuos efectos provocados por la prolongada crisis económica
en el continente, la disminución de oportunidades para el
desarrollo social causada por el marco macro-económico
deflacionario promovido por las instituciones financieras
internacionales, el estancamiento de las economías nacionales, y
la continua inhabilitación del estado como institución pública.
Luego de que las inversiones realizadas por varios grupos en el
proyecto de reforma democrática no produjeran los dividendos
socioeconómicos esperados, no debe sorprender que a lo largo de
toda África la cuestión de la ciudadanía haya surgido quizás
como el único tema importante alrededor del cual la lucha por el
cambio se ha cristalizado. En el marco de esta amplia cuestión,
se ha destacado el descontento juvenil. Pese a que el viejo
modelo de acumulación post-colonial y el contrato social que
estaba basado en él pueden haber causado su propio agotamiento,
el nuevo modelo de desarrollo basado en el mercado, cuyo
programa básico fue formulado según el modelo de ajuste
estructural del FMI y el BM en medio de la oposición popular,
sirve sin embargo como un marco aceptable o factible para la
constitución de un nuevo contrato social. Dado el fracaso de dos
décadas de ajuste estructural para detener la declinación de las
economías africanas (en efecto, el programa de ajuste se
convirtió en parte integral de la dinámica de la crisis
económica del continente), la cuestión que surge es la
siguiente: ¿dicho ajuste estructural es capaz de ser la base
para la construcción de un nuevo contrato social o el continente
debe ahora, simplemente, estimar los costos de su ajuste
defectuoso y desarrollar un marco alternativo para su
desarrollo? Esta es una pregunta tanto de investigación como
política, y es una cuestión a la cual académicos como Mkandawire
se han dirigido recientemente a través de sus argumentos por un
proyecto de democracia desarrollista como un marco para
restablecer a África en el camino del crecimiento económico, que
es también por definición socialmente inclusivo y democrático.
Se debería alentar a los estudiantes a prestar mayor atención a
esta cuestión a través de un esfuerzo teórico y empírico, en la
esperanza de que dicho esfuerzo nos permita avanzar más allá del
enredo en que se encuentran los Estudios Africanos".
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NOTAS
* Profesor Investigador de Relaciones Económicas Internacionales y
secretario Ejecutivo del Consejo para el Desarrollo de la
Investigación en Ciencias Sociales en África (CODESRIA, por sus
siglas en inglés), Dakar. Formado en la Universidad Ahmadu
Bello, Nigeria, y Leeds University, Inglaterra.

Adebayo Olukoshi
Cómo citar este
documento: Olukoshi, Adebayo. Modelos cambiantes de la
política en África. En publicación: Política y
movimientos sociales en un mundo hegemónico. Lecciones desde
África, Asia y América Latina. Boron, Atilio A.; Lechini,
Gladys. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales,
Buenos Aires. junio. 2006. ISBN: 987-1183-41-0.
Acceso al texto completo:
http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/sursur/politica/PIICdos1.pdf
Descriptores
Temáticos: Política, Sistemas Políticos, Democracia, Cambio
Político, Gobernabilidad, Economía, Sociedad Civil, Estado,
África

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Guinea-Conakry: Estados Unidos
pide a los militares que abandonen el poder
"Las violaciones y las muertes
cometidas por tropas gubernamentales son una terrible violación
de los derechos de los ciudadanos de este país", ha declarado la
Secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton, afrentada
por la violencia desencadenada en Conakry el pasado 28 de
septiembre. Ciento cincuenta y siete personas fueron asesinadas
durante una reunión opositora en un estadio de la ciudad.
Hillary Clinton ha pedido la salida de los militares de la
dirección del país, entre ellos de Dadis Camara, presidente de
la Junta. La oposición guineana se ha sumado a la petición".
The Guardian, Nigeria. (Le Courrier International, 8
de octubre).
Editado y
distribuido por ASODEGUE
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