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27 de noviembre  

Una sentencia injusta y llena de trapicheos 

    La sentencia leída apresuradamente en el día de ayer en Malabo,  es un sentencia injusta. Es injusta porque las penas no se basan en lo demostrado en el sumario ni en la vista pública. En ninguna de las partes de este juicio interminable el ministerio público ha conseguido demostrar las acusaciones formulados contra ninguno de los encausados (presentes o ausentes), ni las relaciones supuestamente existentes entre ellos. De nada valen las declaraciones de prensa, cualquiera de los testimonios mediáticos o las impresiones personales de unos y otros. En justicia solo vale lo que se instruye en el sumario. lo que se argumenta y se demuestra en la vista. El juicio ha sido un enorme fracaso para el fiscal Oló, cuya voluntad de enriquecerse se ha demostrado muy superior a su respeto por la justicia. 

   Es una sentencia confusa, que no se basa en una interpretación única y clara de los hechos y  que responde más bien a las distintas estrategias del régimen respecto a cada grupo de acusados. 

   Es una sentencia medrosa, muy lejos de las bravatas y de la irritación expresadas en los últimos tiempos por el dictador. 

  Son duras las penas que se dictan contra Severo Moto, su “gobierno en el exilio” y contra los seis armenios. En el primer caso se trata de un mero acto de propaganda destinado a presentar a Moto como el máximo responsable de la operación de marzo (lo que se ha demostrado ni en el juicio, ni en ningún otro sitio), pero son penas dictadas, además, desde la convicción de que no van a cumplirse nunca, de que ninguno de estos acusados va a estar nunca a disposición del régimen guineano. 

   El caso de los armenios es muy distinto. Los seis ciudadanos armenios pagan por la muerte, a manos de la policía guineana, del ciudadano alemán Gerhard Eugen Merz, responsable de la empresa en la que trabajaban.  El régimen guineano cree que no se puede matar a un alemán y dejar después libres a los seis armenios que trabajaban a sus órdenes. La forma de enmascarar lo que es un mero asesinato es exagerar los supuestos delitos de todo este grupo y elevar mucho sus penas. En la sentencia,  Oló y los suyos, siguen al dictado las instrucciones de la “Seguridad” guineana. No es nada raro. Lo que si extraña es el silencio que ante todo esto han manifestado las autoridades alemanas. 

   El grupo relacionado con Triple Options ha terminado desapareciendo. A tres de los acusados “menores” se les apartó del sumario en esta segunda fase. Los otros dos han sido condenados a un año y cuatro meses por “imprudencia temeraria”, delito difícil de situar en un caso como este. Parece claro que a la “Seguridad” no le interesa que se airee lo sucedido en esta empresa. 

   Las sentencias dictadas contra los surafricanos incluyen un numero significativo de absoluciones y expresan la prudencia del régimen a la hora de castigar a ciudadanos de un país cuya amistad cultiva. La posición del gobierno de Obiang se hará más débil cuando los tres absueltos regresen a su país y expliquen el trato que han recibido a partir del 7 de marzo. Nos atrevemos a apostar que Du Toit y los otros cuatro surafricanos acabarán cumpliendo las penas de cárcel en su propio país. 

   En resumen, un fracaso más de la “Seguridad” y la “Justicia” guineanas cuya incapacidad técnica y cuya desvergüenza ha quedado una vez más de manifiesto. 

   La historia del intento de invasión por parte de los mercenarios entrará a partir de ahora en una fase de análisis (también de especulación) más distante, más tranquilo. Es una historia importante, que no debería echarse en el olvido por parte de la oposición democrática guineana.

 

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

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