Carlos
Gómez Gil,
Rebelión, 5 noviembre 2007
"Una vez más, las ONG están en
el punto de mira, en esta ocasión por el intento frustrado
protagonizado por El Arca de Zoé de sacar a 103 niños del Chad
con la excusa de que eran huérfanos, viéndose implicados un
grupo de españoles, tripulantes de una compañía aérea. A todos
nos ha estremecido saber que ni los niños eran huérfanos, ni
estaban heridos, y lo que es peor, las familias francesas que
esperaban adoptarlos habían pagado cantidades cercanas a los
6.000 euros. Con anterioridad, Intervida, ONG dedicada al
apadrinamiento, fue intervenida judicialmente al tenerse
constancia de que los cuantiosos fondos que aportaban sus
385.000 padrinos, cifrados en más de 90 millones de euros al
año, se habían dedicado a promover empresas y actividades
financieras especulativas, algo similar a lo sucedido también
con Anesvad, cuyo Director se encuentra en prisión por
apropiación indebida. Otras ONG se han visto inmersas en
escándalos e irregularidades de distinta naturaleza,
generándose dudas en la sociedad sobre la labor que algunas de
estas organizaciones realizan, y que lleva a que muchas
personas se pregunten qué está pasando con las ONG para que se
sucedan los escándalos y las polémicas sobre sus actuaciones.
En primer lugar,
habría que señalar que el oenegeísmo es
un fenómeno de la sociedad global y un
exponente más de las profundas transformaciones que se están
produciendo en los Estados, en la gobernanza y en el conjunto
de las relaciones internacionales. Nadie puede negar que las
ONG nacionales y transnacionales están desempeñando un papel
crucial en las transformaciones sociales y económicas de los
Estados, generando cambios políticos de gran calado,
impulsando acuerdos globales extremadamente importantes,
supervisando el respeto de leyes internacionales, trabajando a
favor de la paz, la desmilitarización y el respeto
medioambiental, llevando a cabo una vigilancia sobre la
actuación de organizaciones multilaterales. Ahora bien,
precisamente por ello, surgen organizaciones espúreas que
intentan aprovecharse del patrimonio moral que las ONG han
acumulado, de su formidable apoyo social y, por qué no decirlo
también, de los importantes recursos económicos que circulan
en este espacio y los casos que están aflorando son un buen
ejemplo de ello.
El fallido intento
de sacar a 103 niños del Chad evidencia que ciertas ONG, bajo
la coartada de la intervención humanitaria, consideran que
todo vale, situándose por encima del Derecho Internacional, de
los propios Estados y por supuesto, del respeto a las personas
y a su dignidad. Algo parecido a lo que hacía la controvertida
ONG, Christian Solidarity International (CSI), con sede en
Zurich, que hizo de la compra de la libertad de esclavos una
auténtica cruzada religiosa que llevó a cabo con el soporte
económico de las donaciones millonarias que recibía de
sectores protestantes ultra conservadores. Así, CSI se dedicó
a pagar dinero por liberar a esclavos sudaneses capturados por
bandidos, lo que llevó a convertir la caza y captura de
personas en un suculento negocio para quienes sabían que
acabarían obteniendo dinero por ello de esta ONG.
En
España, los procesos judiciales abiertos a ONG de
apadrinamiento evidencian cómo algunas organizaciones vienen
utilizando una lógica económica salvaje mediante la caridad
económica y compasiva, valiéndose de técnicas publicitarias y
de marketing muy sofisticadas. Para ello, se aprovechan
reacciones compasivas que reclaman una compensación individual
a través de las cartas y fotos de los supuestos ahijados,
difuminándose causas y consecuencias de la pobreza y
escondiendo las responsabilidades sobre la misma, ofreciendo
soluciones engañosas por medio de una monetarización de la
ayuda a través del apadrinamiento, un producto que proporciona
tranquilidad acompañado de un certificado de propiedad sobre
el desvalido al que se dirige la supuesta ayuda. Detrás de
ello hay una gigantesca operación de captación de dinero,
desviado a inversiones especulativas, adquisición de
inmuebles, fondos de renta variable y otros productos
financieros que son investigados en este momento por la
fiscalía. Es verdad que estos casos no representan, ni mucho
menos, la totalidad del paisaje, pero buena parte de las ONG
han optado por aumentar los fondos disponibles y el impacto
mediático de sus actuaciones, en lugar de ensanchar su base
social y ofrecer cauces nuevos de participación e intervención
efectiva, adquiriendo a cambio una enorme debilidad
organizativa.

A
la luz de todo ello se plantea la exigencia de una profunda
revisión en el sector para impedir su degradación,
estableciendo parámetros comunes y homologables de
funcionamiento que sean de obligado cumplimiento, evitando
actuaciones espúreas y poco éticas como las que se están
registrando en los últimos años. Son las mismas ONG las que
más interés deben tener en separar a aquellas otras entidades
de aluvión, que han adoptado esta fórmula organizativa para
aprovecharse mejor de la simpatía social y del apoyo económico
que han cosechado en las últimas décadas. Parece necesario así
crear espacios de verificación y control de las ONG por medio
de organismos formados por ellas mismas pero no relacionados
con su funcionamiento o financiación, dotados de competencia y
autoridad para intervenir ante irregularidades manifiestas. Al
mismo tiempo, es conveniente delimitar también cuáles son los
elementos básicos exigibles a las ONG y qué medidas deben
aplicarse para su respeto en caso de incumplimiento. Este es
el proceso que en algunos países se ha vivido, y que empieza a
debatirse también en nuestro país.
Pero son las ONG las que tienen que recorrer este camino,
definiendo, identificando y estructurando ese mínimo común
denominador necesario en todas ellas. El sector necesita de
una profunda reflexión que impida que entidades oportunistas
se apropien de la trayectoria, el esfuerzo y el apoyo que
infinidad de organizaciones han obtenido con mucho esfuerzo en
las últimas décadas, pudiendo dar respuesta a los nuevos
desafíos y transformaciones que plantea una globalización
cambiante".
Carlos Gómez Gil, es Doctor en Sociología y profesor de la
UA, autor de “Las ONG en la globalización” (Icaria, 2004) y
“Las ONG en España. De la imagen a la realidad” (La Catarata,
2005).