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HOJAS INFORMATIVAS
5 de noviembre
de 2011
La detención de Abaga Barril es
una manifestación más de acoso del régimen de Obiang a la
oposición democrática
Abaga Barril
fue puesto en libertad a las cinco de la tarde de ayer. Poco
antes, el comisario encargado de la detención, había llamado a
su abogada para decirle que "no había caso". Ni la descripción
física de Marcial coincidía con la que proporcionaban los
testigos del asesinato del cocinero, ni el lugar en el que
parece vivir el asesino, en las cercanías de Presidencia,
coincide con el barrio en el que hace años tiene su domicilio el
dirigente de CPDS. Fue puesto inmediatamente en libertad.
¿Por qué reconoció la policía en la tarde del día 4, unos hechos
que sabía ya antes de la detención, en la noche del día 1? Los
policías que acabaron deteniendo a Marcial llevaban, esa noche,
un buen rato merodeando en torno a su casa y le habían advertido
de la posibilidad de detenerlo. Marcial avisó entonces a otro
miembro de la ejecutiva de CPDS, a Juan Nzo. Cuando este llegó,
los policías le comentaron que no sabían si llevárselo a
Comisaría, o no, porque Marcial no encajaba en la descripción
que tenían del asesino. Según esa descripción, el supuesto
asesino habría abandonado corriendo el lugar del delito.
Cualquiera que conozca a Marcial sabe que padece una limitación
física que le impide correr. Es un hecho objetivo que no ha
cambiado en estos tres días. La información de los policías
indicaba, como hemos dicho, que el asesino vivía en el barrio de
Presidencia. Preguntaron varias veces a Marcial si había vivido
en ese barrio, les respondió que nunca había vivido allí. Otro
hecho objetivo que tampoco ha cambiado. Sólo parecía haber una
coincidencia, el supuesto asesino se llamaba Marcial, pero Abaga
Barril negaba conocer al cocinero y, además, el asesinato se
había producido en una zona de Malabo II en la que era imposible
demostrar que hubiese estado. Los policías siguieron dudando y
Juan Nzo, el otro miembro de la Ejecutiva de CPDS llamado por
Abaga Barril, se volvió a su casa. Poco después los policías
recibieron ordenes más precisas y se llevaron a Marcial Abaga
Barril.
No hay dudas, por
tanto, de que la policía sabía desde el principio que no detenía
al asesino del cocinero. ¿A quien detenía entonces? Detenía al
dirigente del partido opositor CPDS, miembro además de la Junta
Electoral Nacional. La policía del régimen, habituada a trabajar
en la más absoluta impunidad, decidió, pese a la ausencia de
pruebas, "quitar de la circulación" por un tiempo a un opositor
del régimen especialmente activo. Le han puesto en
libertad cuando la detención había saltado las fronteras del
país y los periódicos más importantes del mundo empezaban
a informar de ella. Cuando "alguien" ha estimado que el
encarcelamiento de Abaga le producía más inconvenientes que las
ventajas que reportaba tenerlo encerrado.
Abaga fue conducido a
la Comisaría de "Guantánamo" y recluido en una sala común en la
que hubo de manera permanente, durante los casi tres días de su
encierro, entre 90 y 100 personas. La sala tiene, en realidad,
dos pisos y el segundo (el sótano) lo utiliza la policía para
interrogatorios y torturas. Entre los recluidos hay todo tipo de
gentes: "delincuentes comunes de todo tipo: ladrones,
falsificadores de dinero y muchas, muchas personas que no saben
porqué estaban allí". "Había un número importante de menores de
edad". "Uno de ellos llevaba allí desde el lunes, salía de hacer
gimnasia y le detuvieron porque una señora le acusó de haberle
robado un ordenador. Estaba cuando llegué y seguía cuando me
pusieron en libertad. Sus padres deben tener tanto miedo, que ni
tan siquiera se han atrevido a pasar por comisaría a preguntar
si estaba allí". "En la sala común hay unas cuantas mesas y unos
colchones en muy mal estado y a la hora de dormir hay quien las
utiliza o duerme donde puede. Las letrinas están asquerosas, hay
agua corriente peros las letrinas no deben limpiarlas en
semanas. No te dan de comer, tienes que apañártelas como puedas.
Yo no tuve problemas porque los compañeros del partido me
llevaron mucha más comida de la que necesitaba y se la fui
pasando a algunos de los menores. No me maltrataron y eso
también se ha debido, creo, a la presencia permanente de los
compañeros. A algunos de los menores los torturan a diario. Sin
embargo, sí recibí amenazas. "Llorarás lágrimas de
sangre", me decían...No dormí ninguna de las tres noches y tomé
sobretodo zumos de los que me pasaban".
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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