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BOLETÍN
NOTICIAS DE GUINEA
Nº
5 Extra de verano, Julio 1998
¿POR
QUÉ VINIMOS A EUROPA?
por Donato Ndongo-Bidyogo
Salvo
en Francia, Portugal y el Reino Unido, países especialmente
vinculados con Africa por los lazos coloniales, hace unos treinta años
no era frecuente ver negros en Europa, y menos en España.. Puedo
dar testimonio de ello, pues yo he sido el primer negro en pisar
algunos pueblos de España, con gran asombro por ambas partes, tema
sobre el que mi mente almacena un rico anecdotario. Pero incluso en
esas grandes metrópolis, entonces la mayoría de los negros eran jóvenes
estudiantes llegados para adquirir los conocimientos del hombre
blanco y regresar a sus países de origen recién descolonizados,
donde no abundaban los médicos y los abogados, los ingenieros, los
economistas o los profesores. Pero, aproximadamente hacia los
primeros años setenta, los estudiantes africanos dejaron de
regresar a sus países de procedencia, buscaron acomodo en las
tierras donde habían estudiado, se casaron con blancas y empezaron
a tener lujos mulatos.
Con
independencia de cómo le fuera a cada uno esa particular
experiencia de intercambio cultural -tema que merecía por sí mismo
alguna mesa redonda- , lo cierto es que nadie se sentía aún
alarmado: para los blancos seguía siendo "simpático" por
exótico encontrarse en la cola del cine a una pareja
mixta un sábado por la tarde. Como nadie se lo preguntaba,
el negro agarrado a los blanquísimos dedos de su chica
europea no tenía a quién explicar la sorda y sórdida
batalla librada con sus suegros y sus cuñados para obtener
el derecho de ir asido a esos dedos alabastrinos. Muchos incluso se
tragaban sus lagrimas al tener que defender el honor mancillado de
su esposa, a la que cualquier borracho de fin de semana que ahogaba
en alcohol su frustración por no haber figado, se consideraba
en la obligación de llamar puta por salir con un negro. Eran pequeños
dramas individuales, que no merecían las glorias de una análisis
sociológico en unos países de blancos sumidos en la
autocomplacencia de su civilización, en los que todos daban por
sentado que no existía el racismo. Y por no molestar, los negros
que sabían que sólo a regañadientes eran admitidos en la
mesa de su familia política a la hora de trinchar el pavo navideño,
donde encima tenían que soportar los comentarios insultantes,
disimulados bajo la capa de la socarronería del gracioso de la
familia tenían que secundar el coro y alardear de que vivian en una
sociedad idilica en la que el color de la piel no decidía su
vida. Porque aquí, y como se encargaban de recordarle cada día,
no se le iba a linchar con en los algodonales de
Alabarna, rá sería baleado como el pobre Martín Luther
King. Claro que aquí no había racismo: faltaba el otro componente
de la ecuación que eran los negros.
Pues
bien: ese débil barniz de hipocresía social ha ido cayendo, a
medida que los pueblos de los blancos, las calles de los blancos,
las bocas de "Metro" de los blancos, e incluso barriadas
enteras de las ciudades-dormitorio de los blancos se han ido tiñendo
cada día más, al ser coloreada su prístina blancura por los
negros miserables, malobentes e incultos que expulsan ahora hacia el
Norte nuestros países del Sur, en oleadas cíclicas que se renuevan
cada verano y cuyo flujo resulta imposible de parar. Ahora ya no sólo
se trata de un abogado guineano que seduce con su exótica negrura a
la hija del tabernero del pueblo que se fue a buscar fortuna a la
gran ciudad regresando apresurada y un poquito más gordita para
buscar el consentimiento paterno para casarse, pues, a pesar de ser
negro, a fin de cuentas es abogado, habla español y se espera que
algún día pueda ser "alguien" en su país; ahora ya son
gigantescos senegaleses y liberianos que rezuman betún y ghaneanos
con pinta de bandidos, vestidos de maleantes de Harlem, quienes les
atosigan en los vagones del "metro" con sus baratijas,
duermen en los portales de la Gran Vía, les disputan los escasos
puestos de trabajo y, horror de los horrores, no pueden escuchar a
volumen razonable los ritmos salvajes que tienen por música, impidiéndoles
gozar del reposo de los domingos por la mañana. Y ya se sabe que
son como las langostas: en cuanto aparece uno, el enjambre llega
detrás, hasta que esto se convierte en una plaga.
He
preferido pintar este cuadro con el distanciamiento de la ironía,
porque existen fenómenos que es mejor tratar de forma risueña para
no caer en el pecado de la ira, puesto que el tema no es, para
nosotros, un mero fenómeno socigal un mero acercamiento
intelectual. Es nuestra vida. Como inmigrante africano con cerca de
un cuarto de siglo de residencia en España les confesaré que no
les falta razón a los racistas blancos, a los que no quieren que
sus hijas se acerquen a nosotros, a los que no nos alquilan sus
casas, a los policias que se regodean humillándonos cada vez que
nos acercamos a las comisarías para "arreglar los
papeles". Tenemos; que reconocer que están en su derecho,
porque nosotros también profesamos estar en nuestros países, no
pasar el frío en invierno, no soportar la indignidad y la vergüenza
permanentes, comer nuestras comidas, salir con las chicas de piel
negra reluciente que huele a naturaleza y no a Chanel trabajar en
nuestras comunidades y ser enterrados, cuando llegue el día y la
hora, en el terruño junto a nuestros antepasados. Es lógico que
cada uno prefiera lo suyo, y que el intercambio cultural, las
transacciones comerciales, las relaciones interpersonales, el
turismo y los demás fenómenos que globalizan la aldea mundial, se
produzcan en términos de igualdad. A nadie le gusta ser eternamente
apéndice de otro, que le estén regalando por compasión la comida
y el vestido y los medicamentos a través de las gestoras de la
caridad internacional que antes nos daban el Domund y ahora nos
mandan a las ONGS. A nadie le gusta que le estén mostrando
continuamente, como nos muestran las imágenes de las televisiones,
como seres incapaces de asumir nuestros propios destinos, siquiera
de vivir nuestra propia vida, sin la asistencia de los blancos, y
que ni siquiera podamos decidir el número de hijos que deseamos
tener porque eso desequilibra las previsiones confeccionadas en
Nueva York. Estamos hartos de todo eso, pero ¿qué podernos hacer
si el mundo, tal como lo vemos., está estructurado contra nosotros,
para impedir nuestra libertad y nuestro progreso?
Porque,
antes que nada, debemos preguntamos por qué se quedan en Europa y
América del Norte más de los dos tercios de los estudiantes
africanos que vienen a estudiar a los. países desarrollados. Ya
debemos preguntamos por qué se produce el fenómeno de
emigración masiva de negroafricanos y macrebíes. Debemos indagar
qué drama tan intenso y a qué nivel de desesperación hay que
llegar para que unos seres humanos abandonen a sus seres más
queridos y se arriesguen a recorrer miles de kilómetros a pie,
atravesando el desierto y países desconocidos, para
aventurarse hasta Gibraltar. Por qué esas imágenes repugnantes de
Ruanda, de Liberia de Sierra Leona, de Somalia, de tantos
escenarios de dramas africanos, desde el Mediterraneo hasta El Cabo.
.
Y
la respuesta es simple: porque no tenemos libertad, ni nos ha
alcanzado el desarrollo. Pero se preguntarán ustedes: ¿No son ya
independientes los países africanos desde hace cuarenta años? ¿No
son ricos casi todos ellos, pues producen petróleo, oro, diamantes,
uranio, cobre, fosfatos, manganeso, etc., tienen bosques maderables
y pesquerías? En efecto, Africa es independiente formalmente, pero
las independencias no han supuesto la libertad. Tenemos inmensas
riquezas, pues no hay un solo país africano pobre, pero no las
controlamos los africanos, sino los europeos, que sustituyeron
arteramente el colonialismo directo, demasiado caro y confictivo,
por lo que se ha llamado el neocolonialismo, sistema en el que
siguen Gobernando los mismos, y los recursos africanos siguen
controlados por los mismos, pero a través de intermediarios o
capataces negros, que son los dictadores que malgobieman nuestros países
supuestamente soberanos.
No
les cuento nada nuevo, puesto que lo saben perfectamente: la mayor
parte de los conflictos aitnados, de las hambrunas y demás
situaciones de caos que se producen en Africa no son debidos a
luchas tribales, como nos los presentan los medios de comunicación
occidentales, que en estas cuestiones ni son objetivos ni son
independientes. Esos conflictos están provocados por las luchas de
intereses de las potencias occidentales, que defienden sus
inversiones y las fuentes de materias primas que sirven para que los
europeos sean cada día mas libres y más prósperos. Un ejemplo:
tuvieron que pasar más de treinta años de mobutismo para que la
opinión púbhca europea se diera cuenta de que el régimen que
estaban protegiendo y que impusieron en su momento contra la
voluntad del pueblo congoleño, era un régimen despótico y
sanguinario que sólo enriqueció al dictador v su familia. Pero los
africanos, en especial los propios congoleños, venimos denunciándolo
sin que nadie nos escuchara, pues los medios de comunicación
estaban ciegos y sordos ante el clamor de aquel pueblo. Cuando le
entraba a Mobutu el capricho de comer langosta, no la mandaba pescar
en las aguas del Atlántico que bordean su país, sino que fletaba
un Boeing con el sólo propósito de hacerla traer de Portugal. Este
dato ha sido publicado en la prensa, contado por sus propios
allegados. Sus mansiones en todo el mundo. incluida Espaiía; sus
fabulosas cuentas corrientes, sus millonarias inversiones en
negocios europeos y estadounidenses, han sido posibles por el
empobrecimiento pavoroso de la población de su país. Si cualquiera
de ustedes llega a Lubumbashi o Kolwezi como yo he estado hace unos
años, no podrían evitar el asombro ante la fabulosa riqueza que se
extrae de las minas de cobre y estaño, frente a la miseria en que
viven las poblaciones. Y si un ciudadano osaba protestar, como los
estudiantes de la Universidad de Lubumbashi a mediados de los 80,
eran reprimidos y asesinados sin compasión con las armas
suministradas por los occidentales, cuyos asesores militares dirigían
en la sombra a las huestes represoras, en una guerra solapada en la
que el ejercito nacional -como se ha demostrado- no era sino carne
de cañón.
Pero
Mobutu no es el único: todavia están las sangrantes y despóticas
satrapías de Senegal de Togo, de Gabón de Camerún, de Guinea
Ecuatorial de Costa de Marin de Nigeria de Niger, de Burkina Faso.
de Zimbabue. de Kenia. de Guinea-Konacry, de casi toda Africa, en
suma. Y cuando alguien trata de decir que,. señores, podemos
comerciar, podemos venderles nuestras materias primas a precios
razonables, para que sirvan en verdad al desarrollo de nuestros
pueblos, que también tienen el derecho a comer al menos una vez al
día, ese alguien es asesinado, como el presidente Thomas Sankara en
Burkina Faso hace diez años, o se provoca una guerra civil que se
presenta como "revuelta tribal" como se ha hecho en Congo-Brazzaville
hace unos meses.
Porque
hay que saber que empresas como la compañía petrolera francesa Elf-Aquitaine
son las que sostienen las dictaduras africanas. No lo digo yo, sino
su propio presidente, Loik Le Floch-Prigent encarcelado
recientemente en Francia por temas de corrupción en los que se
hallan implicados prominentes figuras del Gobierno del socialista
(?) Mitterrand. Sociedades europeas como la Elf sobornan y mantienen
el poder de despotas africanos a cambio de la explotación de los
yacimientos de petróleo y otras materias primas. Y si no le gusta
la política de algún jefe de Estado, sencillamente le montan un
golpe de Estado que, como en el caso de Congo-Brazzaville, degeneró
en guerra civil que causó mas de 20.000 muertos y devastó
la capital. A cambio de tanta muerte, su hombre de confianza, el
veterano dictador Denis Sassou-Nguesso, ha vuelto al poder., y tanto
Elf como Total han recuperado el monopolio de la explotación y
distribución de los hidrocarburos, que Nieron amenazado bajo el
poder de Pascual Lissouba, un presidente elegido democráticamente
en 1992, tras la Conferencia Nacional que devolvió el país a la
democracia tras la primera dictadura de Sassou-Nguesso. Y Lissouba
no es ningún marxista. como lo han presentado desde algunos medios;
es un demócrata liberal que, sencillamente, quiso poner en práctica
la muy capitalista ley de la oferta y la demanda buscó poner fin al
monopolio de Elf, que mantenía al país sumido en la pobreza. Un país,
Congo, que produjo en 1995, nueve mil cien loneladas de petróleo
-el ochenta por ciento de sus exportaciones- , pero cuya deuda
externa es de 5275 millones de dólares. y cuyos dos millones
setecientos mil habitantes apenas alcanzan los 600 dólares de
renta. Como se ve, países enteros están en manos de una sola compañía,
que dicta su política y controla su economía, pagando unos
salarios en torno a los 30000 ó 50000 F CFA ( 7500 ó 12500
pesetas).
Este
ejemplo es uno más en un continente en el que las luchas por la
democracia son silenciadas por la prensa occidental y reprimidas por
los ejércitos europeos estacionados en diversos países; en el que
se nos trata de convencer de que no estamos preparados para la
democracia, como si los negros estuviésemos genéticamente
predeterminados "no gozar de la libertad; una falacia más del
racismo que dicta las relaciones entre Africa y Europa.
En
resumen, Europa sostiene a los dictadores africanos para sostener su
orden económico, impidiendo el desarrollo social y económico de
los países africanos y los anhelos de libertad de nuestras
poblaciones. Y ello tiene un triple objetivo: explotar los recursos
naturales de Africa, base del bienestar de Europa; explotar la mano
de obra africana de origen necesaria para hacer producir esos
recursos naturales; y por último, favorecer la emigración de
africanos hacia Europa, con el fin de que se ocupen de los trabajos
penosos o pesados que ya no quiere realizar el proletariado europeo.
Resulta paradójico para mí, que vivo en un pueblecito de una región
agrícola, ver que hay tasados en España más de dos millones de
parados, "entras en el campo español está siendo cultivado
por marroquíes, argelinos y negroafricanos; eso sí con salarios
miserables que no superan las 600 pesetas a la hora. El problema se
plantea -como dije al principio,cuando esa mano de obra barata
empieza a ser excesiva cuando esas brigadas de "moros" y
de negros empiezan a poner en peligro los logros del estado del
bienestar, pues ni el racismo más acendrado puede impedirles
caminar por las calles, ni guisar sus "malolientes" guisos
en las casas donde se hacinan hasta una docena de esos inmigrantes.
Para
concluir, sólo se me ocurre decirles que la miseria africana jamás
se solucionará con migajas como las que nos proporcionan las -hay
que creerlo- bienintencionadas Organizaciones No Gubernamentales;
hacer un pozo en una aldea de Ruanda o de Somalia no deja de ser
irrisorio frente al cúmulo de problemas estructurales que tienen
ruandeses o somalies. Nosotros mismos, los africanos, tenemos la
solución de nuestros problemas, pero ocurre que los gobiernos
europeos nos empujan hacia Europa, al sostener a nuestros
verdugos y venderles las armas con las que nos matan por decir que
no somos libres o carecemos de agua corriente en nuestras ciudades y
aldeas, todo ello a cambio de una tarjeta de refugiado que tampoco
nos hace más libres ni más felices. Las empresas que sostienen a
nuestros tiranos a cambio de que ustedes tengan la calefacción o el
litro de gasolina más barato, o que regalen a sus esposas una
cadena de oro el día de los enamorados, son las nos impulsan a
venir aqui. Si todos los médicos africanos establecidos en
Europa, Estados Unidos y Canadá pudieran regresar a Africa, se
pasaría el problema de la salud en Africa; si todos los abogados
africanos que ejercen en Europa y América del Norte regresaran a
sus países, se modernizarían las sociedades africanas; si todos
los arquitectos africanos que construyen en los países
desarrollados pudieran levantar esas casas en sus paises, se mitigaría
el problema de la vivienda; si todos los profesores africanos que
enseñan en Europa y América del Norte pudieran impartir sus
conocimientos en Africa, el problema del analfabetismo y de la
educación en general sería resuelto en gran medida; si todos los
obreros y peones que mueren en la travesía del desierto sahariano o
en aguas del estrecho de Gibraltar, o malviven en los países
europeos pudieran tener ese salario mínimo y esa seguridad
imprescindible en sus propias patrias, no habría enmigración y
todos estaríamos mas contentos.
La
única ayuda útil que necesita Africa, desde mi punto de vista, es
que se creen en nuestros países las condiciones mínimas
para que podamos vivir en ellos. Todo lo demás son paliativos solo
destinados a tranquiflzar las conciencias de los propios .europeos,
sin. incidencia real ni en los índices de desarrollo ni en ningún
otro baremo verdaderamente liberador.
Madrid,
2 de abril de 1998
De
la Redacción:
Donato
Ndongo-Bidyogo, periodista, historiador y novelista nació en
Niefang en 1950. Es autor de numerosos relatos y trabajos sobre
temas históricos, culturales y políticos sobre Guinea EcuatoriaL
Publicó en 1977 historia y tragedia de Guinea Ecuatorial, sin duda
un libro clásico sobre la historia guineana., del que prepara ahora
una segunda edición. En 1984 coordinó la edición de Antología de
la Literatura Guineana, primera muestra de la literatura de su país
aparecida en Europa. En 1987 inició la publicación de una trilogía
sobre la historia reciente de Guinea Ecuatorial y de su generación,
con la novela Las tinieblas de tu memoria negra (finalista del
premio Sésamo), la segunda entrega, Los poderes de la tempestad, ha
aparecido en octubre de 1997.
Ha trabajado en distintas publicaciones periódicas y en la
actualidad es comentarista de política qfricana en la revista Mundo
Negro.
Recientemente (mayo del 98) ha publicado, en colaboración con el
profesor Maríano de Castro, España en Guinea. Construcción del
desencuentro: 1778-1968.
El texto que ahora publicamos fue leído por su autor el 2 de
abril de 1998 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en la
Mesa Redonda relativa a Derechos Humanos e lnmigración incluida
en los actos que conmemoran el 50 Aniversario de la
Declaración de Derechos Humanos, organizados por el.ADPH.
Agradecemos a esta entidad y a Donato Ndopigo-Bidyogo
que nos hayan autorizado su publicación.
Editado y
distribuido por ASODEGUE
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