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HOJAS INFORMATIVAS
19 de mayo
de 2008
La Junta
Electoral rechaza el recurso de CPDS
La Junta Electoral ha
respondido hoy al recurso presentado por CPDS con un informe
de seis páginas, llenas de argumentaciones insensatas, en
las que se reafirman en los resultados provisionales
anunciados hace días según los cuales a PDGE corresponden 99
escaños en la Cámara de Representantes del Pueblo y a CPDS
uno. Los resultados definitivos se difundirán oficialmente
mañana.
Los resultados de la Junta
Electoral contienen errores de bulto aún a partir de los
datos de su propio recuento. En Malabo, por ejemplo, sobre
un total de 44.000 votos, habrían correspondido (siempre
según su recuento) más de 35.000 al PDGE y 8100 a CPDS. A la
hora de atribuir los 10 diputados, la Junta, errando
claramente en el manejo de los restos, hace corresponder 9
diputados a PDGE y 1 a CPDS...
Más sobre
el asesinato de Pedro José Oyono Ayingono
La agencia
EFE difundió el día 17 el siguiente despacho: "El
dirigente opositor guineano Daniel Oyono Ayingono, exiliado
en España, denunció hoy en Madrid 'el asesinato' en su país
de su hermano, el comerciante Pedro José Oyono Ayingono,
presuntamente por las fuerzas de seguridad del Estado.
Oyono, miembro del Movimiento para la Liberación y el
Cambio, explicó a Efe que su hermano, que 'no pertenecía a
ningún partido ni ejercía actividad política alguna', fue
sacado de su casa de la ciudad guineana de Ebebiyin, donde
residía, el pasado día 5.
Según Oyono, su hermano, que
estaba enfermo, fue asaltado en su residencia por miembros
de las fuerzas de seguridad que le preguntaron por qué no
había ido a votar en las elecciones del día anterior.
Posteriormente, según el
testimonio de su hermano, Pedro José Oyono fue torturado y
trasladado 'en estado muy grave' al hospital local, tal como
le confirmaron a la familia los médicos cubanos que le
atendieron en ese centro asistencial.
A pesar de su estado crítico,
dijo el político, Oyono fue trasladado esa misma noche al
Palacio Africa, de la ciudad de Bata, 'donde fue torturado
hasta perder el conocimiento', todo esto, según su hermano,
dentro de una operación coordinada por el general Armengol
Ondo Nguema, director general de la Seguridad Nacional.
Mientras tanto, en Madrid,
según la denuncia de Daniel Oyono, el embajador de Guinea
Ecuatorial, Ignacio Milam Tang, y la cónsul, Victoriana
Mbazogo Nguema, pusieron trabas para facilitar visados a los
cuatro hijos de la víctima, que estudian en la capital
española.
Tres de los hijos de Oyono
fueron autorizados a viajar a su país, dijo el político
opositor, pero el día 6, unas horas antes de que llegasen,
agregó, el cuerpo de su hermano 'fue desconectado de los
tubos que le mantenían con vida' en el hospital La Paz, de
Bata, administrado, dijo, por la familia del presidente
Teodoro Obiang Nguema, y al que impidieron el acceso a la
familia.
El cadáver, según Daniel
Oyono, fue trasladado al distrito de Mongomo, aldea natal
del jefe de Estado, 'de donde también fue expulsada la
familia por orden del coronel Santiago Eneme Ovono, primo
del presidente' Obiang.
A su regreso a su residencia
en Ebebyin, la familia encontró ésta tomada por la fuerza
presidencial, que le impidió la entrada 'hasta la llegada de
una comisión oficial'.
Daniel Oyono Ayingono dijo a
Efe que hace diez años también murió asesinado otro de sus
hermanos, el comandante de marina Luis Manuel Nguema Oyono
Ayingomo".
Las
relaciones Guinea Ecuatorial-Camerún
Dos noticias
permiten juzgar de nuevo las relaciones entre Guinea
Ecuatorial y Camerún. La primera de ellas indica que en el
desfile militar conmemorativo del 36 aniversario de la
constitución de Camerún como República unida (20 de mayo de
1972), participará un destacamento del ejército
ecuatoguineano. "Este 20 de mayo de 2008, en el « Boulevard
du 20 Mai » (...)según una tradición instituida hace ya
algunos años, nuestro ejército recibirá a un destacamento
exterior. Este año, es nuestra hermana Guinea Ecuatorial la
invitada".
http://www.crtv.cm/cont/nouvelles/nouvelles_sol_fra.php?showSection=national&idField=932&table=noticias
Por su parte, el diario
The Post de Buea, ha publicado el pasado día 16 un
artículo firmado por Francis Tim Mbom con el título: "Guinea
Ecuatorial reabre sus fronteras con Camerún", en el que
se da cuenta del cierre de las fronteras entre los dos
países durante más de un mes y de que los días 12 y 13 de
mayo habrían iniciado sus viajes hacia Guinea, desde Limbe,
varios barcos con toneladas de alimentos para ser vendidos
en territorio ecuatoguineano. "Comerciantes
cameruneses han descubierto que el suministro de alimentos a
Guinea Ecuatorial es un buen negocio, aunque tengan que
soportar extorsiones y brutalidad en la frontera". El
periodista se remite más adelante a los incidentes del
pasado diciembre, tras el asalto a dos bancos de Bata por
guerrilleros nigerianos, en los que miembros de las fuerzas
armadas ecuatoguineanas (y algunos civiles) atacaron a
residentes cameruneses (y sus propiedades) en la región de
Río Muni, muchos de los cuales fueron expulsados de Guinea.
Como consecuencias de esos ataques se produjeron también
incidentes contra estudiantes guineanos en Camerún algunos
de los cuales tuvieron lugar, precisamente, en el "campus"
de la universidad de Buea. Las relaciones entre los dos
países habría pasado por un nuevo periodo "amargo" y serían
muchos los cameruneses que habrían pedido el cierre de la
oficina consular camerunesa en Malabo como respuesta al
trato que los cameruneses reciben en Guinea Ecuatorial.
http://allafrica.com/stories/200805161086.html
"Literatura guineana: Una
realidad emergente"
Donato
Ndongo-Bidyogo,
Hofstra University, 3 de abril 2006
Aprovechando la presentación en Alicante de la novela "El
Metro" de Donato Ndongo-Bidyogo (miércoles 28 de mayo, 20
horas, FNAC Alicante, Avda. de la Estación nº 5, Alicante),
publicamos la conferencia pronunciada por Donato el 3 de
abril de 2006.
LITERATURA GUINEANA:
UNA REALIDAD EMERGENTE
DONATO NDONGO-BIDYOGO
Conferencia en
Hofstra University. 3 de abril, 2006
"Cuando se publicó
mi Antología de la literatura guineana en 1984,
todavía no existía ni siquiera ese concepto, y casi
nadie en el mundo sabía que Guinea Ecuatorial, la única
excolonia española en el África negra, hubiera producido
algo más que muerte y destrucción. A pesar de que hacía
cinco años que había sido derrocado y ejecutado nuestro
primer dictador, el déspota sanguinario Francisco Macías
Nguema, lo único que le ´sonaba´ a los escasos
seguidores de la actualidad de tan exótico lugar era la
barbarie y el caos instaurados por el sátrapa durante
los diez años que siguieron a la proclamación de la
independencia del país, obtenida de España el 12 de
octubre de 1968. Ese libro fue tan novedoso que los
medios culturales españoles lo acogieron con la
indiferencia de la incredulidad, aunque, en rigor, no
iba dirigido fundamentalmente a ellos, sino a mis
propios compatriotas. Casi 22 años después de su
publicación, puedo sentirme humilde pero razonablemente
satisfecho, puesto que se han logrado plenamente todos
los objetivos propuestos. Sin ningún ánimo de regodearme
en las alabanzas prodigadas por algún crítico, que ha
interpretado con excesiva magnanimidad mis modestos
propósitos hasta acusarme de “inventar una literatura
inexistente”, cuya intención nunca he logrado
desentrañar, ya que puede ser al mismo tiempo una
alabanza entusiasta o un reproche velado, puedo ahora
mirar atrás, hacer balance y ver con un orgullo sereno
que esa Antología es la fuente de la que han
bebido y siguen bebiendo cuantos estudiosos existen
ahora en el mundo de ese fenómeno literario y cultural.
Y antes de seguir,
debo expresar público reconocimiento a quienes más me
ayudaron en este empeño, en particular al periodista y
escritor español José Luis Castillo-Puche, fallecido
hace unos pocos años, quien empezó a difundir mis
primeros escritos en sus colaboraciones periodísticas en
el diario “ABC” de Madrid, en el programa de Televisión
Española “Las cuatro esquinas” y en la revista “Mundo
Hispánico”, que dirigió; gracias a la fe y amistad de
Castillo-Puche, pude publicar por fin esa Antología,
pues me animó a realizarla en cuanto accedió al cargo de
director de la Editora Nacional, aunque el libro viera
la luz unos años después, ya bajo la gestión de su
sucesor, Alberto de la Puente.

Cumplido este
deber de justicia, permítanme decir que ese libro
pionero cumplió sobradamente sus objetivos, el primero
de los cuales era, claro está, dar a conocer las por
entonces escasas manifestaciones literarias de mi país,
lo cual permitía insertarlo definitivamente entre los
países hispánicos, conservando plenamente su
peculiaridad afrobantú.
Dicho de otra
manera, y sin por ello menospreciar la oralidad de la
que somos los escritores africanos claramente herederos,
quise situar a Guinea Ecuatorial dentro del marco de la
modernidad cultural, pues habíamos abandonado, o
estábamos alejándonos paulatinamente, de los modos y
modelos ancestrales para adecuarnos a nuevas formas de
creación y de expresión cultural.
Acabo de afirmar
que el escritor africano actual es el heredero genuino
de los narradores de la tradición oral, de los
griots, y esa era, efectivamente, otra de mis
propuestas esenciales: puesto que, por una serie de
circunstancias, las culturas tradicionales de los
pueblos guineanos ya no podían circunscribirse
fundamental y exclusivamente a sus formas precoloniales,
era obligado adecuar nuestra creación a los tiempos
nuevos, modernizando al mismo tiempo tanto los
contenidos como los modos de expresión, para romper el
círculo cerrado en que podríamos haber quedado atrapados
si nos conformábamos con los caminos trillados de la
tradición, renunciando a la tarea de acometer las
transformaciones y redituar nuestras culturas, para que
fueran acordes con las exigencias de nuestra realidad
presente. De la misma manera en que los artistas
plásticos de mi Continente experimentaban con materiales
nuevos, realizando así una obra genuina inserta en la
universalidad, los narradores y los poetas no podíamos
seguir ignorando el decisivo papel de la escritura,
aportada por la colonización.
Yo me confieso un
humilde discípulo de Frantz Fanon, y un modesto seguidor
de africanos ilustres como Kwame Nkrumah, Amílcar Cabral
y Agostinho Neto, para quienes el anticolonialismo
militante que indudablemente profesaron no significó
necesariamente el rechazo de aportaciones esenciales de
otras civilizaciones, como la técnica, la escritura y la
lengua; por eso, nunca he entendido a esos intelectuales
africanos que denostan las lenguas originariamente
europeas en las que nos expresamos ahora los africanos,
puesto que las hemos adoptado como instrumentos de
liberación y de proyección hacia la universalidad; las
hemos hecho nuestras, tan nuestras como las nativas
africanas, y las hemos transformado, las estamos
enriqueciendo, para que sirvan a nuestros intereses, uno
de los cuales es la imprescindible fijación de nuestro
pensamiento, de nuestros sentimientos y de nuestras
emociones africanas, para dar testimonio de nuestro
tiempo y conservar la memoria.

Fanon
Dicen los expertos
que el francés en que escribieron Amadou Kourouma o Sony
Labou-Tansi no es el de París, sino el que se habla en
los suburbios de Abidján o Brazzaville; que el inglés de
Amos Tutuola, Chinua Achebe o Ben Okry no es el de
Oxford, sino el de los obreros de Lagos; que el
portugués de Luandinho Vieira o de Pepetela no es el de
Coimbra o Lisboa, sino el de la gente iletrada de Luanda
o Maputo; y que, como ya sucede en Hispanoamérica, el
español de María Nsue y de Maximiliano Nkogo no es el de
Burgos o Madrid, sino el de Malabo y Bata. ¿Por qué no
reconocer entonces que la lengua, todas las lenguas,
son, ante todo, instrumentos de comunicación, y lo
importante es cómo y para qué se usan? No soy partidario
de que los africanos regresemos a la tribu: la exigencia
de nuestro tiempo es luchar por la libertad y el
desarrollo, y no existe razón alguna para que tengamos
que vivir hoy como nuestros abuelos y bisabuelos, que no
conocieron el mundo más allá de donde pudieran llevarles
sus pies y nunca experimentaron la sensación de la
velocidad porque no conocieron ni la bicicleta ni el
coche, ni mucho menos el barco y el avión; reivindico
para mí las ventajas de discurrir por el mundo en un
tiempo en que ya no soy esclavo de nadie, en el que
puedo deleitarme con los libros que leo, con la
información periodística que me bombardean los
periódicos, la radio y la televisión en esta sociedad de
la información en la aldea global, en que puedo alejarme
de mi recóndito pueblo natal y viajar por el mundo
explorando otras formas de pensamiento, observando otras
maneras de ver y sentir este mundo. Vivo hoy, y tengo la
obligación de asumir los desafíos de mi tiempo, y no
pensar ni comportarme como mis antepasados. Lo cual no
significa tampoco que deba diluirme en una
universalización que me prive de mi propia personalidad,
que cercene mi identidad, puesto que las diferencias
entre los seres humanos son garantía de su pluralidad, y
no tengo por qué parecerme a un señor de Nebraska o de
Oslo o de Shangai, pues quisiera conservar lo más
positivo de las tradiciones de las que soy heredero. No
a la globalización explotadora y alienante, no al
pensamiento único. Mi propuesta es simple: el africano
debe modernizar las estructuras de la tradición y asumir
las ventajas de la modernidad, fundir en una síntesis
armoniosa esos dos conceptos que a menudo nos presentan
como antitéticos, pero que no lo son, para conseguir
personas libres que piensen y vivan sus vidas de acuerdo
consigo mismos, sin renunciar a sus más íntimas
convicciones, que sean respetuosas con los modos de vida
de los otros pueblos, sin que nadie se sienta con
derecho a imponer a los demás sus peculiares estilos de
vida. Pero dejemos a cada cual con sus complejos, y
baste este esbozo para entender mi actitud ante
determinados planteamientos, que buscan más la
estridencia que la eficacia.
De manera que
Guinea Ecuatorial, a mi forma de entender, y una vez
salidos del trauma colectivo que supuso la década de
Macías –que he novelado en Los poderes de la
tempestad necesitaba definir con claridad sus señas
de identidad. Y esos rasgos fundamentales de nuestra
personalidad, de nuestra identidad nacional son, sin
duda alguna, la fusión armoniosa de la hispanidad,
adquirida a lo largo de nuestra historia, y los
elementos afro-batús, heredados de nuestra tradición.
Por más anticolonialistas que seamos, y ni en una sola
línea de cuanto he escrito a lo largo de mi vida puede
encontrarse una justificación del colonialismo –al
contrario-, el hecho es que no podemos borrar la
Historia y actuar como si lo que sucedió no sucedió. Esa
actitud, infantil a mi modo de ver, me suele recordar a
esos estalinistas soviéticos que retocaban los libros de
Historia e incluso las fotografías, para borrar las
huellas y las figuras de los “revisionistas” caídos en
desgracia.

Esa necesidad de
definir la personalidad y las señas de identidad de
Guinea Ecuatorial era para mí evidente en los primeros
años de la década de los 80 del pasado siglo, pero, por
desgracia, se ha convertido en un imperativo ineludible
22 años después; piensen, sencillamente, en que, ahora
mismo, los irresponsables que malgobiernan en Malabo
andan jugueteando con cosas tan importantes como la
lengua oficial del país, y sólo porque les pagan un buen
dinero han metido al país en las estructuras de la
francofonía, y ya ni se sabe quiénes somos, de dónde
venimos y hacia dónde se nos lleva. En Guinea Ecuatorial
también se da la paradoja, tan común en África, de que
quienes se llaman a sí mismos “nacionalistas”, los
partidarios acérrimos de la “autenticidad” y todos esos
mitos tan falaces, son, en realidad, los epígonos del
neocolonialismo.
Otro de los
objetivos propuestos es que los guineanos retomáramos la
fe en nosotros mismos, en nuestra capacidad de creación.
La dictadura derrocada en 1979 nos dejó postrados, al
borde del desfallecimiento. Lo lógico era que las
energías y la esperanza recuperadas tras el fusilamiento
de Francisco Macías Nguema se convirtieran en savia
vivificadora que también germinara en un renacimiento
cultural, en una recuperación de nuestras energías
creativas. Por eso había que alentar, y orientar
positivamente, esa inmensa fuerza, ese potencial de
revitalización espiritual. Pero nos encontramos ahora
ante un doble hecho: por un lado, hemos recuperado la
fuerza y las ganas de crear, pero estamos encorsetados
por una nueva tiranía que lucha por mantenernos en la
desculturización y en la opresión. Porque la ausencia de
las libertades más básicas que padecemos en Guinea
Ecuatorial, donde desde el poder se hace lo posible por
constreñir la vitalidad del pueblo, ha llevado de nuevo
a la mayoría de nuestros intelectuales al exilio, y los
que por una u otra razón permanecen en el interior, o
están al servicio del poder, o son ignorados o
marginados.
Otro rasgo de la
tiranía guineana, que sigue también en esto las huellas
de la primera dictadura, es que desde el poder se
fomenta deliberadamente la ignorancia, se desprecia el
saber, se persigue o ridiculiza a los espíritus libres.
En estas condiciones, no pueden florecer ni las artes ni
las ciencias.
Por todo ello,
nuestra andadura intelectual no es un camino de rosas.
Ya aludí a la incomprensión e indiferencia de los medios
culturales españoles, que tanto miran hacia Francia,
pero que no imitan a los franceses en la tarea de
protección y promoción de los intereses de su lengua y
de su cultura en mi Continente. Desde ciertas posturas,
no se comprende nuestra posición de africanos que nos
expresamos en español, y, por ello, estamos obligados a
aportar a nuestro ámbito cultural y lingüístico nuestras
concepciones negroafricanas, una de las cuales es la
ausencia de la noción del arte por el arte. Para
nosotros, el arte es utilitarista, tiene que ser útil al
igual que bello. Por razones conceptuales y pragmáticas,
puesto que nuestras sociedades aún están lacradas por el
analfabetismo y la ignorancia, no podemos circunscribir
nuestra labor a los parámetros esteticistas. Sabemos que
la literatura es un arte, y, como tal, debe ser bello.
Pero añadimos que también debe ser útil, para que sirva
a nuestras necesidades sociales, puesto que luchamos al
mismo tiempo por la construcción cultural de nuestras
sociedades, contra todas las formas de manipulación,
contra las tiranías que nos sojuzgan y condicionan
nuestras vidas, contra el racismo, contra todas las
formas de mixtificación de la realidad. Todo ello forman
los pilares esenciales de nuestra propuesta literaria.
Entonces, sobran
para nosotros los fuegos de artificio, los juegos
florales, esa literatura que sólo sirve para deleitar a
los cuerpos bien nutridos consumidores de literatura.
Puesto que somos parte de nuestra sociedad y no vivimos
aislados, encerrados en una urna de cristal sólo
dedicados a hedonismos narcisistas, no podemos dejar de
estar preocupados por la increíble crueldad nuestros
dirigentes, de sufrir junto a nuestros compatriotas las
carencias materiales y espirituales, de estar junto a
esas madres y esos padres que se desesperan porque les
falta lo necesario para alimentar a sus hijos o darles
una pastilla que aminore las fiebre palúdicas; debemos
estar y estamos junto a esos niños hambrientos que no
tienen ni la esperanza de comer, junto a esos millones
de jóvenes que abandonan África huyendo de la miseria y
cruzan desiertos y mares en condiciones penosas para
alcanzar la otra orilla del mundo, donde se figuran que
existe el Edén.
Como los juglares
de nuestra tradición, somos los dueños del verbo, de la
palabra, los intermediarios por excelencia entre esa
palabra y la acción. Hurgamos en nuestras almas para
exteriorizar las necesidades del cuerpo social, para
hacer explícitas tanto las carencias como los anhelos,
para proponer, como vehículos del cambio, esas
transformaciones necesarias para la evolución, e incluso
para la subsistencia. Y ese papel autoasumido, necesario
en el actual estadio de nuestro desarrollo, no es
suficientemente valorado por los detentadores del
poderío cultural de los mundos superdesarrollados de
Occidente, que sólo esperan encontrar en nuestra obra o
un esteticismo vacío, o un exotismo vacuo. Pero
seguiremos reivindicando ese papel utilitarista de la
literatura, una literatura comprometida con las
exigencias de nuestras sociedades, pues, como escribió
muy acertadamente Max Aub, la literatura o es pasión, o
no es. Estética, sí; arte, sí; pero al servicio de
nuestros pueblos, y no un deleite egoísta y solitario
para el goce exclusivo de egoístas y solitarios.
Pese a todo, en
los 22 años transcurridos desde la publicación de la
Antología de la literatura guineana, la literatura
producida por los guineanos ha adquirido entidad propia,
y no sólo ya no suena a extraño, a un ejercicio de
voluntarismo, sino que ha dado algunas obras relevantes.
Prueba de ello es el interés que suscita entre los
críticos y los medios intelectuales y académicos de
muchas partes del mundo. Por ejemplo, en Camerún, donde,
gracias al entusiasmo de ilustres profesores de la
Universidad de Yaundé I, como Sosthene Onomo Abena, se
van expandiendo los estudios sobre nuestra creación.
Debemos tener en cuenta, a este respecto, que el hecho
de que en Guinea Ecuatorial se hable español ha creado
un verdadero interés por esa lengua en los países
vecinos, Camerún y Gabón, donde abundan los estudiantes
de español que se especializan en literatura de Guinea
Ecuatorial, dentro de las cátedras de estudios
hispánicos. Numerosas tesinas de licenciatura y tesis
doctorales se realizan en ese marco, y todo indica que
es un fenómeno en expansión. En Gabón, la profesora
Gisele Avomo Mba es otra entusiasta estudiosa y difusora
de nuestras obras. Lo mismo sucede en Costa de Marfil,
Senegal, Madagascar, Sudáfrica y otros países, donde
muchos profesores divulgan nuestra literatura, y sus
estudiantes realizan trabajos críticos, siempre
interesantes, sobre esta nueva realidad emergente, tan
singular en el conjunto del África subsahariana.
Nos consta
asimismo que en diversas universidades de Francia, y en
Suiza, hay gente que trabaja sobre nuestra obra. En
España, muchas cátedras de estudios post-coloniales de
diversas Universidades, entre las que destacan las de
Salamanca, Alicante, Vigo, León, la Central y la
Autónoma de Barcelona y la UNED, se llevan a cabo
investigaciones sobre esta nueva literatura nacional.
Particularmente en Barcelona, es ya normal contar con
autores guineanos en diversos congresos y otros
acontecimientos culturales organizadas por entidades y
asociaciones como Trans-Lit, que cada dos años reúne en
la Ciudad Condal a autores de literaturas periféricas.
Todavía no hemos logrado salir de ese “gueto” “étnico”
al que se nos relega, pero ya es importante que se nos
tenga en cuenta.
También en Canadá,
gracias a profesores como Dorothy Odartey-Wellington, de
la Universidad de Guelph, en Ontario, se va expandiendo
el conocimiento de nuestras realidades literarias.
El introductor de
la literatura guineana en Estados Unidos es,
indudablemente, el profesor Mbare Ngom, de la Morgan
State University de Baltimore. Llevado por su inagotable
curiosidad intelectual, Mbare tropezó en algún momento
de su vida con mi Antología, y se puso en
contacto conmigo dificultosamente, porque en aquellos
momentos yo residía en mi país, bajo la férula de la
segunda dictadura. Mbare y yo nos conocimos
personalmente en Madrid, en diciembre de 1991, con
motivo del I Congreso de Estudios Africanos en el Mundo
Ibérico. Desde entonces estamos en contacto permanente,
sobre todo desde que tuve que escapar de Guinea
Ecuatorial para reiniciar el exilio, en 1994. Ese
contacto continuo ha dado como fruto la publicación del
libro Literatura de Guinea Ecuatorial. Antología,
realizado a dos manos entre él y yo, publicado en 2000.
En ese libro se traza un balance de la cuestión, poco
después de cumplida una década de la aparición de la
primera Antología.
A partir de la
labor difusora (a través de numerosos artículos,
conferencias, cursos y seminarios) del profesor Mbare
Ngom, a quien los guineanos debemos estar especialmente
agradecidos, se ha ido expandiendo el conocimiento de la
realidad literaria de Guinea Ecuatorial por Estados
Unidos. Y el conocimiento de esa realidad cultural ha
traído como consecuencia un interés más general sobre el
país. Hay muchísimas universidades de este país que ya
se interesan por este fenómeno, y me resulta difícil
enumerar las numerosas cátedras y profesores con los que
mantengo contacto. Sin ánimo de excluir a nadie, diré,
de forma somera, que la publicación del número especial
de la “Afro-Hispanic Revew”, en 2000, inspirada por el
profesor Marvin Lewis, entonces profesor de la
Universidad de Missouri-Columbia y Director del
Afro-Romance Institute, fue un hito importante en la
difusión de la literatura guineana en Estados Unidos.
Pocos meses antes, en mayo de 1999, dicho Instituto,
junto al Departamento de Románicas de la Universidad de
Missouri-Columbia, habían organizado un simposio sobre
el tema, en el que participamos Juan Tomás Ávila Laurel
y yo.

Avila Laurel
En ese encuentro
tuve la oportunidad de conocer y entrar en contacto con
un elenco de estudiosos, entre otros el profesor Michael
Ugarte, cuya fe y cuya amistad me han traído aquí como
profesor visitante de la Universidad de
Missouri-Columbia. El profesor Ugarte ha tenido una
influencia positiva y relevante en la difusión de mi
obra y, en general, de la literatura de mi país: ha
traducido al inglés mi relato “El sueño”, que aparecerá
pronto en una prestigiosa publicación de la Universidad
de Iowa, y acometió la tarea de verter al inglés mi
primera novela, Las tinieblas de tu memoria negra,
cuyo primer capítulo fue publicado por la revista
“Raritan”, de New Jersey, no hace mucho tiempo.
Paralelamente, diversos profesores de las más variadas
Universidades, desde María Zielina Limota, de
California, a Baltasar Fra-Molinero, de Maine, pasando
por Susan Martín-Márquez y Benita Sanpedro, a los que
agradezco de nuevo mi estancia aquí estos días,
demuestran un interés creciente por nuestras propuestas
literarias.

Sólo puedo añadir
que, a la vista de todo ello, y a los 22 años de su
nacimiento como concepto y realidad nacional, podemos
considerar que la literatura guineana está saliendo del
ostracismo, para emerger y buscar un sitio adecuado
dentro del conjunto de las literaturas africanas y, por
supuesto, dentro del marco de las literaturas
hispánicas.
Lo demás depende
de nosotros mismos, los creadores: seguir trabajando sin
descanso, con la seguridad de que nuestras voces ya no
quedan ahogadas en el mar de la indiferencia, sino que
empiezan a tener entidad propia y son escuchadas en los
ámbitos más diversos. Pero no por eso dormiremos sobre
los laureles, pues queda lo más importante, y también lo
más arduo: aunque como escritores no estemos obligados a
llevar a la práctica nuestros sueños, como ciudadanos sí
podemos ponernos al lado de nuestros conciudadanos que
sufren la miseria y la opresión, y, siendo partes de esa
sociedad que padece un holocausto pavoroso y silenciado,
conseguir que la libertad sea una realidad en nuestro
país. Libertad que es nuestro oxígeno, pues sólo desde
ella podemos escribir lo que deseamos escribir, para que
nuestras obras no se dirijan exclusivamente al mundo
exterior, sino a nuestra propia sociedad, su principal
destinatario".
La
oposición zimbabuana inicia la campaña para la segunda
vuelta de las presidenciales
Con un mitin en
Bulawayo, la segunda ciudad del país, al que asistieron
entre 8 y 10.000 personas, el MDC (Movimiento por el
Cambio Democrático) ha iniciado la campaña para la
segunda vuelta en las elecciones presidenciales. La
Comisión Electoral ha fijado para el 27 de junio esa
segunda vuelta de las elecciones presidenciales. En el
curso del mitin de Bulawayo, los oradores del MDC han
exigido la presencia de observadores internacionales. "La
SADC, las Naciones Unidas y la Unión Africana deben
estar presentes para vigilar el desarrollo de las
elecciones, así como la prensa internacional".

Desde Berlín, el premio
Nobel surafricano Desmond Tutu ha pedido la presencia de
una fuerza de paz neutral para garantizar el desarrollo
de esta segunda vuelta. El MDC ha acusado al gobierno de
organizar campañas de violencia contra sus partidarios.
[La SADC es la
organización regional de los países del África Austral]
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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