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HOJAS INFORMATIVAS
2
de mayo de 2002
LAS
RAZONES DE MONCLOA
Los
acontecimientos que están teniendo lugar en Guinea desde el
14 de marzo marcan la bancarrota de la política que la
administración española había diseñado para con aquel
país en los últimos años. Estos hechos y el que no se haya
producido gesto alguno de distanciamiento respecto a la
dictadura guineana están dando lugar a múltiples
especulaciones sobre los orígenes, sobre las razones de la
política española. Cada semana nos llegan versiones
distintas de cómo las relaciones económicas o familiares de
tal o cual alto funcionario español con el entorno de Obiang
estaría en la clave del asunto. Parece que estos hechos (por
otra parte, nunca suficientemente demostrados) bastarían para
explicar las posiciones que sobre Guinea adoptan el gobierno
español o las distintas instancias de la administración que
han de relacionarse con Guinea Ecuatorial. Sin excedernos en
nuestro ánimo exculpatorio queremos indicar que Asodegue ha
procurado mantenerse siempre al margen de las "teorías
conspirativas" y hemos creído que la política hacia
Guinea se elaboraba desde centros distintos, y con frecuencia
(como es históricamente conocido) no coincidentes, lo que
hace difícil que pueda reducirse a la actuación (o los
intereses) de una sola persona. Creemos, sin embargo que el
estado en el que se encuentran actualmente esas relaciones
aconseja una discusión abierta de las ideas (creemos que la
clave está en las ideas) que vienen presidiendo esta
política y nos han conducido a la situación actual.
En
la actual legislatura hay pocas dudas de que el principal
centro de toma de decisiones sobre Guinea está en Presidencia
del Gobierno. En su Departamento de Relaciones Internacionales
dirigido por Ramón Gil Casares. No sucedía lo mismo en la
legislatura anterior en la que, ya con Gil Casares en su
puesto actual, la dirección de la política hacia Guinea se
llevaba fundamentalmente desde el Ministerio de Asuntos
Exteriores, por el "equipo Alabart", aunque se
acordase en reuniones periódicas (semanales) con Presidencia.
También era principalmente Alabart quien se reunía (los
jueves, durante varios meses) con el entonces embajador de
Guinea (hoy ministro de Asuntos Exteriores) Santiago Nsobeya
destinadas (se decía) a inducir modificaciones en el
comportamiento de las autoridades guineanas en el ámbito
internacional y hacia su propio país. Dejando a un lado las
declaraciones oficiales, la política del "equipo Alabart"
inició la aproximación a Obiang y los suyos, se olvidó de
la oposición democrática a la que sometió a una auténtica
"travesía del desierto", reconoció al régimen
guineano como único artífice de una apertura democrática
que se anunciaba inminente pero que nunca tuvo lugar y puso en
el primer puesto de las prioridades la estabilidad de las
relaciones entre los dos países. Esta primera formulación de
un compromiso constructivo con el régimen de Obiang no
dio fruto alguno. Agotada aquella legislatura, se anunciaron
algunos cambios que vendrían de la mano de Gil Casares quien
iba a ejercer una dirección mas personal sobre la política
hacia la ex-colonia española (han desaparecido de hecho las
reuniones de concertación con el Ministerio de Asuntos
Exteriores). Veamos ahora cuales son las ideas fundamentales,
nuevas o viejas, que, en nuestra opinión, vienen inspirando
la actuación de la administración española en este nuevo
período sin que ello signifique que todas sean compartidas
siempre (y con la misma intensidad) por todos los que
participan en ella.
1)
La primera de estas ideas está inspirada en una visión
pesimista de la política guineana. El fracaso en la creación
de un auténtico estado nacional tras el proceso de la
independencia no sería el resultado de las políticas puestas
en marcha por Macías y por Obiang, sino de alguna incapacidad
natural de los guineanos para establecer un proceso político
ordenado y eficiente. Por tanto, dado que de todos los
partidos y los políticos guineanos cabe esperar los mismos (o
parecidos) resultados no merece la pena empeñarse apoyando a
la oposición democrática. Para justificar lo que sin duda es
una toma de posición "a priori", nunca como en
estos años se ha hablado tanto de las insuficiencias de la
oposición y nunca se ha sido tan comprensivo con las del
gobierno guineano.
2)
En Moncloa querrían "tener para Guinea una política
como la que tiene Francia con sus ex-colonias africanas, es
decir colaborar con todos los gobiernos sean democráticos o
no". Esta posición, (que limita ya las "buenas
relaciones entre los dos países" a buenas relaciones
entre los dos gobiernos) se presenta como superadora de
"prejuicios anteriores", ignora toda la historia de
las diferencias entre el modelo español y el modelo francés
de relación con los países africanos y da por hecha la
voluntad del gobierno de Malabo de mejorar sus relaciones con
España. Sin embargo, sean cuales sean los deseos de Moncloa
respecto a que inversores españoles participen en la
oportunidad que hoy día supone Guinea, el dictador guineano
ha demostrado con creces su voluntad de que haya pocos
españoles en su país. En la primavera del año 2001, un
periodo de supuesta "luna de miel" entre las dos
administraciones, en Madrid se estaba a la espera de que el
gobierno guineano promulgase algunas leyes garantizando la
seguridad jurídica de posibles inversores españoles. Se
anunciaba incluso el viaje de una delegación de empresarios.
En la primavera del 2002 nada de esto ha sucedido pero ahora
la administración española acepta que la promulgación de
estas leyes se aplace hasta la resolución de las
negociaciones de la deuda de Guinea con España, lo que Obiang
retrasa cada vez más...
3)
"En Guinea el desarrollo económico llevará consigo un
desarrollo político". Lo hemos venido escuchando
reiteradamente en boca de los responsables, y no responsables,
de la política hacia Guinea en estos últimos años y es una
idea tan antigua como la presencia europea en Africa, aunque
no se haya probado en sitio alguno. El papel del petróleo
como elemento de desarrollo económico ha sido dudoso en
muchos países, en Guinea están por aparecer tan siquiera sus
primeros resultados. No sólo no es un elemento de riqueza
para la mayoría de los guineanos, sino que mejora las
posiciones de dominio de ese 5% de la población que controla
y explota el país. No ha habido el menor gesto que permita
entrever intención alguna de desmontar el aparato represivo,
la amalgama de militares, policías y miembros del PDGE que
controlan y aterrorizan a la población. La práctica de la
tortura, la utilización de la violencia como herramienta
política se hace con mayor moderación que en el periodo de
Macías pero sigue siendo un elemento esencial de la cultura y
el modo de hacer de Obiang y los suyos tal como ha vuelto a
demostrarse después del 14 de marzo.
4)
"Si nosotros no nos hacemos presentes en Guinea, vendrán
otros y ocuparan nuestro sitio". En realidad nunca, a
pesar de todas las concesiones hechas a Obiang, la influencia
española en Guinea ha sido menor que ahora. Algunas de las
concesiones (gratuitas) hechas al régimen guineano, como el
cambio del tipo de emisiones para Guinea de Radio Exterior de
España supone una disminución clara de la presencia de
nuestro país, y de los valores que, entre la población
guineana, se le creen asociados. Gestos como la foto del
dictador guineano con el Jefe del Estado español en la
"cumbre del idioma" celebrada en Valladolid el
pasado año, que la diplomacia guineana ha llevado por medio
mundo, supone prácticamente regalar las bazas con las
que nuestro país podría negociar concesiones de la dictadura
guineana en el campo de las libertades democráticas.
5)
Si estas ideas (algunas tomadas de la vieja bisutería
colonialista y otras fruto de un oportunismo que se cree capaz
de superar con poco esfuerzo las artimañas del régimen
guineano) están bastante generalizadas y, creemos, bastan
para definir una política que oscila entre la apatía y la
complicidad, la última que queremos reseñar queda
circunscrita a círculos muy determinados pero su influencia
no es sin embargo menor. Los principales responsables de la
administración española en sus relaciones con Guinea no
están dispuestos a favorecer ninguna salida en aquel país
que salga del ámbito político e ideológico del Partido
Popular español y dado que estiman que no hay opciones en
este ámbito prefieren hacer de Obiang, por ésta y las demás
razones que venimos apuntando, "su hombre en
Guinea".
Esta
afirmación puede parecer arriesgada, pero se entiende mucho
mejor si analizamos la política seguida por esos
"principales responsables" respecto a la oposición
guineana. Veámoslo:
Durante
el "período Alabart" la oposición fue relegada al
olvido no tanto en lo que hace a las conversaciones (se
hablaba mucho con ella) como en el terreno de la colaboración
y la política práctica. La línea de Gil Casares es mucho
más intervencionista y tiene opciones definidas para la
mayoría de los partidos que la integran. Empecemos por los
que continúan en las "tinieblas exteriores". Son
las formaciones que representan las opciones consideradas intolerables
por el dictador guineano: la disidencia de Mongomo y el
nacionalismo bubi. Mongomo, en su aspecto político, es
considerado por Obiang como su "jardín privado" y
esta consideración es admitida, sin más, por la
administración española que, por ejemplo, se ha apresurado a
dar por buena la versión oficial de que las detenciones (y
las torturas) producidas tras el 14 de marzo responden a un
intento de "golpe de estado" tras el que estaría
una rivalidad familiar (o de clan) por el petróleo. La
realidad es que cuando se van conociendo las acusaciones con
algún detalle parecen de una simpleza pasmosa, pero desde
Madrid se tiene definida hace años la política hacia los
disidentes de Mongomo, poderosos cuando Macías y a los que se
sigue reprochando su "antiespañolismo" de entonces,
y se mira para otro lado, o se felicita al dictador, cuando
elimina los problemas en este campo con su habitual sutileza
política...
Un
comportamiento similar se tuvo con los nacionalistas bubis.
Tras los gravísimos incidentes de Luba de enero del 98,
Alabart se apresuró a dar por buena la interpretación
guineana que asimilaba el conflicto Estado guineano-MAIB con
el del Estado español con ETA a pesar del escaso favor que la
comparación hacía a la parte española.
En
ambos casos las buenas (?) relaciones con Obiang quedan por
encima de cualquier análisis riguroso y de la búsqueda de un
clima de paz y reconciliación en Guinea.
El
segundo grupo sobre el que se tiene una política diferenciada
es el que forman en el exilio Severo Moto y los dirigentes de
la antigua ANRD, APGE... En este caso se mantiene una
política de contactos (más o menos) frecuentes en los que se
prometen ayudas, colaboraciones y gestos de mediación con el
gobierno de Obiang que nunca llegan a producirse. Cada vez que
el dictador guineano viaja por España o por Francia (lo que
en los últimos tiempos es relativamente frecuente) Moto hace
declaraciones pidiendo conversaciones con él, que le han sido
aseguradas (o casi) con anterioridad. Obiang las ignora y así
hasta la próxima...
En
esta misma línea de neutralizar a la oposición guineana
está la política de Moncloa respecto a CPDS, la formación
guineana que es miembro de la Internacional Socialista. En
este caso se comienza por afirmar que CPDS sigue siendo
"la gran esperanza para Guinea" y que está llamado
a jugar un gran papel en el futuro del país. Mientras
llega ese futuro, que no se sabe cuando empieza, la política
de la administración española es la de favorecer su
aislamiento del resto de las fuerzas políticas, en especial
de los disidentes de Mongomo pero también de las otras, y
mantener su condición de "enclave" democrático sin
muchas esperanzas de crecer dada la naturaleza (que no se
discute) de la dictadura guineana. El éxito de esta política
hubiera llevado a CPDS a convertirse en un elemento decorativo
del régimen de Obiang, que valdría para demostrar que
"no es tan malo", dado que permite la existencia de
un partido sin duda democrático.
Naturalmente,
las políticas respecto de los grupos opositores son un
conjunto de intenciones que en unos casos se han llevado a la
practica y en otros no, pero parece importante resaltar su
carácter "militante", favorecedor de los intereses
del régimen guineano.
Hasta
aquí nuestro análisis de "las razones de Moncloa",
un análisis que nos gustaría compartir con las demás
organizaciones, políticas y sociales, de nuestro país
interesadas en los problemas de Guinea Ecuatorial. Sería
importante exigir responsabilidades a los "principales
artífices" de la política que desde años viene
llevándose respecto al régimen guineano a la vez que
establecer los principios básicos en los que asentar una
política nueva, respetuosa con los principios de la
convivencia internacional pero también con los intereses y
los derechos del pueblo de Guinea.
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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