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HOJAS INFORMATIVAS
28 de marzo
de 2008
Detenciones
A última hora de la mañana
de ayer la agencia Europa Press difundió un despacho
en el que se hace referencia a las detenciones habidas en
Malabo en las últimas semanas y a las de algunas personas
del exilio ecutoguineano en España en relación con el envío
de armas desechadas a Guinea desde el puerto de Sagunto.
El despacho empieza
haciendo referencia a un comunicado del "gobierno en el
exilio", escrito en su estilo habitual, pero en el que se
incluye una lista de personas detenidas en Malabo: "'Los
nombres de los detenidos, conseguidos tras recibir
información por parte de sus familias, son Salvador
Bibanesono, Gerardo Angüe Mangue, Bonifacio Nguema, Pedro
Ndong, Jesús Ndong, Salvador Ekomo y Emiliano Pedro".
La
relación de detenidos coincide "grosso modo" con las
informaciones que nos proporcionan nuestras fuentes en el
interior del país: Gerardo Angüe Mangue, Batería, y
Jesus Ndong aparecían ya en las listas de las primeras
detenciones (Jesús Ndong, alias Tite, aparecía con
nombre incompleto y se daba como referencia su relación con
altos cargos del gobierno). Salvador Bibanesono es en
realidad Salvador Bibang Esono, veterano dirigente de la
organización del Partido del Progreso en el interior del
país: según nuestras noticias, no estaría plenamente
confirmada la detención pero se ignora su paradero desde
hace días por lo que, efectivamente, podría estar en la
cárcel. Bonifacio Nguema está detenido y también Pedro
Ndong, aunque su nombre nos llega a nosotros como Pedro
Nguá. Salvador Ekomo y Emiliano Pedro son desconocidos por
las fuentes que hemos consultado.
También
en el despacho de Europa Press se habla, citando a
Armengol Engonga, de unas declaraciones del dictador a la
televisión ecuatoguineana en la que habría mostrado algún
tipo de "arrepentimiento" por el asesinato de Saturnino
Nkogo. No hemos podido confirmar estas declaraciones.
Ninguna de nuestras fuentes en el interior las ha oído, ni
ha tenido referencia alguna de ellas. Por el contrario,
todos insisten en que siguen produciéndose malos tratos a
todos los detenidos.
Respecto
a los detenidos en España, Europa Press hace
referencia a un artículo publicado sobre este tema por el
diario Levante. El artículo apareció el pasado día
15, se titulaba
La policía busca a dos hombres más por el envío de armas
desde Sagunt a Guinea Ecuatorial y decía así: "La
Brigada Central de Información busca a dos hombres más por
el supuesto tráfico de armas entre Sagunto y Guinea
Ecuatorial y cuyo destino sería dotar de armas a los
opositores del dictador guineano Teodoro Obiang para
derrocar su régimen, según acusaciones vertidas esta semana
por el ministro portavoz guineano.
Teresa Domínguez, Valencia
De momento, en territorio español únicamente se ha
producido una detención, la del jefe de seguridad Severo
Moto, el principal opositor a Obiang y que vive en
España desde marzo de 1986 como refugiado político. Ese
arresto fue realizado el jueves de la semana pasada, día
6, por agentes de la comisaría de Torrejón de Ardoz
(Madrid) a petición del grupo de Seguridad Exterior de
la Brigada Central de Información que investiga los
hechos.
Tras ser detenido, el
jefe de seguridad de Moto, Damián Motu, alias Mutti,
fue acusado de los presuntos delitos de tráfico de armas
y asociación ilícita. Según ha podido saber Levante-EMV
de fuentes de Interior, Mutti ya ha sido
entregado en el juzgado de la Audiencia Nacional que ha
asumido la investigación del tráfico de armas tras la
intervención realizada en Sagunto.
Las mismas fuentes
dijeron que los dos hombres a los que se busca, y que de
momento no han sido detenidos, son también de origen
guineano.
Una información del CNI
Según ha podido saber
este diario de fuentes de toda solvencia, el operativo
policial se puso en marcha después de que un informador
no identificado alertase al Centro Nacional de
Inteligencia (CNI) del envío de armas desde Sagunto a
Guinea Ecuatorial. Ese informador ya relacionó las armas
con el supuesto intento golpista del entorno de Severo
Moto contra Obiang, lo que puso en alerta a los
servicios de espionaje españoles".
http://www.levanteemv.com/secciones/noticia.jsp?pRef=2008031500_19_420098__COMUNITAT-VALENCIANA-policia-busca-hombres-envio-armas-desde-Sagunt-Guinea-Ecuatorial
Según algunos rumores
(insistimos en que son rumores) habría, a día de hoy,
algunos detenidos además de Damián Motu. Se trataría
siempre de detenciones ordenadas por el grupo de
Seguridad Exterior de la Brigada Central de Información
bajo la acusación de tráfico de armas y asociación
ilegal. Entre ellos podría estar, siempre según esos
rumores, el supuesto responsable de la operación que,
efectivamente, no estaría relacionado con el Partido del
Progreso.
Oló dice
ahora que quieren juzgar también a Mark Thatcher
"El Gobierno de Guinea
Ecuatorial remitirá hoy a la Organización Internacional
de la Policía Criminal (Interpol) una orden
internacional de detención contra Mark Thatcher, hijo de
la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, por
su supuesta participación en el intento de golpe de
Estado de marzo de 2004 contra el presidente
ecuatoguineano, Teodoro Obiang Nguema, según informaron
los medios de comunicación británicos.
Según las autoridades
ecuatoguineanas, las evidencias presentadas por el
presunto "cerebro" del golpe, Simon Mann, demostrarían
que Thactcher financió el alquiler del avión que debía
trasladar al opositor Severo Moto desde Canarias para
hacerse con el poder tras el derrocamiento de Obiang.
El fiscal general de
Guinea Ecuatorial, José Oló Obono, anunció ayer que las
autoridades de Malabo dictarán una orden internacional
de captura a partir de las informaciones aportadas por
el antiguo militar de las fuerzas especiales británicas
y presunto mercenario Simon Mann --actualmente
encarcelado en Malabo a la espera de juicio--, sobre la
llamada operación 'Wonga', nombre de clave con que se
conoce el intento de golpe de Estado.
Según Obono, Mann está
"cooperando plenamente" con los fiscales ecuatoguineanos.
"Mann será juzgado y será condenado, pero es una persona
que coopera, que no pone dificultades. En tales
circunstancias, se le reducirá la pena", añadió. Simon
Mann llegó la semana pasada a un acuerdo con las
autoridades de Malabo por el cual será liberado antes de
tiempo si aporta evidencias suficientes contra los
presuntos organizadores y financiadores de la intentona,
según el diario londinense 'The Independent'.

Mark Thatcher
El juicio comenzará
dentro de algunos días, pero junto a Mann podrían
sentarse otras personas en el banquillo de los acusados,
según Obono. En este sentido, Mann ha revelado a las
autoridades ecuatoguineanas los nombres de otros seis
presuntos conspiradores, entre los que se encuentran el
propio Mark Thatcher y el empresario petrolero libanés
Ely Calil, el cual, según el presunto mercenario, fue el
"hombre principal" y el financiador de la trama. Los
otros mencionados son dos británicos, Greg Wales y David
Tremain, y otros dos libaneses.
Según la prensa
británica, Obono mostró ayer a los periodistas un
contrato firmado por Thatcher con la empresa Triple A
Aviation por el fletamento de un helicóptero para su uso
como ambulancia aérea. Asimismo, aseguró que el contrato
cubría el alquiler de un avión reactor en el que sería
trasladado el dirigente opositor Severo Moto a Malabo
para que se hiciera cargo de la Presidencia del país
tras el derrocamiento de Obiang Nguema por parte de los
mercenario de Simon Mann.
Estos documentos, según
Obono, revelan que Thatcher puso dinero en la cuenta
bancaria de un piloto que fue contratado para trasladar
a un "líder títere" a Malabo desde las islas Canarias
una vez que fuese derrocado Obiang Nguema. "Thatcher
financió un golpe de Estado cuya intención era derrocar
con violencia todo un sistema de gobierno", declaró el
fiscal general, citado por el 'Daily Mail'.
El abogado de Simon
Mann, el ecuatoguineano Ponciano Mbomio Nvo, declaró el
pasado miércoles que el presidente Obiang Nguema está
utilizando su caso para "mostrar a la comunidad
internacional que hubo un acto criminal contra él" y,
sobre todo, para conseguir su "principal objetivo, que
es encarcelar a Severo Moto", actual presidente del
Gobierno de Guinea Ecuatorial en el Exilio, con sede en
España.
Asimismo, aseguró que
Mann va a ser declarado culpable con toda seguridad
porque "todos los jueces de este país proceden de la
familia o del partido del presidente". En todo caso,
indicó que no espera que la condena sea demasiado larga,
ya que la verdadera intención del presidente "es que
Mann implique a mucha gente, especialmente a Severo
Moto". "¿Qué van a hacer con Mann? Él es inglés, no
puede ser presidente de Guinea Ecuatorial, pero Severo
Moto quiere ser presidente, él es su enemigo", afirmó
Ponciano Mbomio.
En caso de ser
declarado culpable, según 'The Times', Thatcher
podría ser condenado a 30 años de cárcel en Guinea
Ecuatorial, concretamente en el penal malabeño de Black
Beach. El diario precisó que el "actual paradero" de Sir
Mark Thatcher "no está claro", pero 'Daily Telegraph'
aseguró que en estos momentos reside en España.
Thacther ha negado
siempre en todo momento su implicación en los hechos,
pero en enero de 2005 admitió ante la Justicia de
Sudáfrica --donde residía en la época del presunto
intento de golpe de Estado-- que había violado las leyes
sudafricanas sobre ayuda militar exterior por haber
alquilado un helicóptero en que "Mann y otros tenían
previsto utilizar en una actividad mercenaria en Guinea
Ecuatorial". Fue condenado a una multa de 260.000 libras
esterlinas (casi 330.000 euros al cambio actual).
Fuentes próximas a la
familia de Thatcher declararon al 'Daily Telegraph'
que "Guinea Ecuatorial no tiene tratado de extradición".
"Pueden decir lo que quieran, pero dudo que realmente
vayan a emitir una orden de detención a la Interpol",
prosiguió un amigo de la familia. "Sólo no están tomando
el pelo con a esta historia", añadió.
Simon Mann --un antiguo
miembro de las fuerzas especiales acusado de financiar
empresas de seguridad implicadas en actividades
mercenarias en África a lo largo de los años noventa--
fue detenido en marzo de 2004 en Harare después de
aterrizar en un avión con decenas de supuestos
mercenarios y equipamiento militar a bordo. Los
detenidos fueron acusados de implicación en el golpe de
Estado contra Obiang.
Simon Mann obtuvo la
libertad en mayo de 2007 tras cumplir la pena a que
había sido condenado en Zimbabue por supuesto tráfico
ilegal de armas a Guinea Ecuatorial, pero fue detenido
poco después por las autoridades de inmigración y
entregado el 30 de enero a Guinea Ecuatorial, pese a las
advertencias de sus abogados de que corría el riesgo de
ser torturado en este país. El Gobierno de Obiang Nguema
le acusa de ser el "cerebro" de la intentona".
Fuente: Europa
Press, 28 de marzo.
"Guinea y
el discurso colonial en España"
del
profesor M`Bare N`Gom, Morgan University
"Los
derechos territoriales de la corona española se remontan al
siglo XVI, o incluso al XV, aunque inicialmente se limitaban
al norte del territorio continental. Sin embargo, la presencia
física española no comenzó hasta el último
tercio del siglo XIX con
la fundación del asentamiento de Villa Cisneros en 1884.
Por razones estratégicas, militares y geopolíticas,
África siempre ha estado presente en el imaginario español.
Sin embargo para el ciudadano español medio, África como
espacio geográfico imaginado sólo se limitaba a Marruecos, y
más concretamente al norte de Marruecos y a Ifni. Esa visión
reduccionista y popular de África había contaminado la
percepción y representación de la realidad de la opinión
pública española de entonces y, asimismo, guiaba la política
del imperio1.
Es, pues, una visión geopolítica y económica norteafricana de
África que queda claramente reflejada en el naciente proyecto
africanista español, tal como recoge uno de los apartados del
reglamento de la Sociedad Española de Africanistas y
Colonialistas fundada en 1883:
Fomentar y defender los intereses coloniales de España,
particularmente los que se relacionan con el continente
africano, y generalizar su conocimiento en el país, practicar
excursiones científicas y comerciales en Marruecos, promover
exploraciones geográficas y establecimientos de carácter
patriótico, científico o civilizador, y, en general, procurar
la realización de
los acuerdos adoptados por el Congreso Español de Geografía y
demás que se
celebren en lo sucesivo
(García Figueras,
1966:108)
El africanismo español se enmarca dentro del nuevo proyecto
expansionista
europeo que arranca del siglo XVIII en adelante. A
partir del siglo XIX, este proyecto
se tornó más agresivo con la participación de entidades
extraestatales y civiles como
las sociedades y las asociaciones geográficas que empezaron a
aparecer por toda
Europa a partir de la primera mitad del siglo XIX. Estas
entidades no gubernamentales, privadas y civiles, se
convirtieron en las principales protagonistas del proceso de
exploración, "descubrimiento" y subyugación del continente
"oscuro y misterioso",
lo cual cambió de forma radical la percepción de África desde
la metrópoli (2). Las sociedades y asociaciones
geográficas auspiciaron directa o indirectamente muchas de las
expediciones de exploración del continente africano entre
finales del siglo XVIII y finales del XIX. Es un proceso y
momento histórico que Büly Gene Hahs (1981) describe como
imperialismo científico (3). El lingüista español Manuel
Criado de Val, por su parte, lo enmarca dentro de lo que él
llama la caminería hispánica en el caso de España. En
cuanto a nosotros, por razones metodológicas, lo denominaremos
cominería africana española. La caminería africana de España
fue un proyecto transdisciplinario con vertientes física,
geográfica, religiosa, histórica, cultural, militar, económica
y política, todas ellas enfocadas hacia el mismo objetivo:
ampliar las fronteras geográficas del imperio hacia el sur,
por medio de la demarcación de un territorio africano que
luego se convertiría en un espacio domesticado y marcado por
el signo de lo periférico y de lo subalterno. Amparada tras
ese proyecto, España fue ampliando la frontera sur de lo que
quedaba de su imperio hasta más allá de las montañas del Rif y
de las dunas arenosas del Saguiet El Hamra en el norte de
África. Hacia finales del siglo XVIII, la presencia española
se había extendido al Golfo de Guinea en el corazón del
continente africano.
El Tratado de La Granja de San Ildefonso firmado en 1777 entre
los reinos
de España y Portugal, ampliado y ratificado por el de El Pardo
en 1778, daba a España la soberanía sobre las islas del Golfo
de Guinea. El artículo i3 del Tratado de El Pardo estipulaba:
Cedería Su Majestad fidelísima, como de hecho ha cedido y
cede, por sí y en nombre de sus herederos y sucesores, a su
Majestad católica y los suyos en la Corona de España, la isla
de Annobón, en la costa de África, con todos los derechos,
posesiones y acciones que tiene a la misma isla, para que
desde luego, pertenezca a los dominios españoles del propio
modo que hasta ahora ha pertenecido a los de la Corona de
Portugal; y asimismo todo el derecho y acción que tiene o
puede tener a la isla de Fernando del
Pó, en el golfo de Guinea, para los vasallos de la Corona de
España se puedan establecer en ella y negociar en los puertos
y costas opuestas a la dicha,
como los puertos del río Gabán, de los Camarones, de Santo
Domingo, de
Cabo Fermosoy otros de aquel distrito
(Miranda Junco, 1945:15).
Con el Tratado de El Pardo la corona española pudo ampliar sus
dominios,
al tiempo que le otorgaba el derecho de emprender actividades
comerciales en toda la
zona de la Bahía de Biafra. Asimismo la corona pasó a ser un
protagonista de
privilegio en el comercio de esclavos africanos hacia el
lucrativo mercado
de las Américas. El Tratado de El Pardo extendió la soberanía
española sobre un inmenso territorio cuya superficie
era casi el doble de la España peninsular, entre 800.000 y
1.000.000 km2. El reino de España pasó a ocupar una
posición de privilegio
durante el llamado Scramble for África, convirtiéndose
en uno de los protagonistas del proyecto expansionista
europeo de aquel entonces. El
Scramble for África
(Pakenham, 1991) fue
el trampolín geopolítico y militar que utilizaron las
distintas potencias europeas de la época, Francia, Gran
Bretaña, Portugal, Alemania y España en menor medida, para
apoderarse del continente, hacerse dueños de espacios
geográficos específicos que redefinieron según
sus propios parámetros
históricos y culturales en detrimento de la realidad de sus
habitantes, propietarios legítimos de su propia
historia.
Durante el Congreso de Berlín, celebrado entre octubre de 1884
y febrero de 1885, las potencias europeas usarían este marco
institucional para hacer valer sus derechos legítimos sobre la
"tierra pisada" (4) durante el Scramble for
África (5). El congreso de Berlín consagraría
la apropiación y división del continente africano en áreas de
influencia política, lingüística, económica y cultural en
función de los intereses de dichas potencias europeas por un
lado, y en detrimento de las realidades geográfica, étnica e
histórica de África.
Desde un punto de vista cronológico, la caminería africana de
España no es más que una
vertiente del imperialismo africanista europeo del siglo XIX,
que Leopoldo II, rey de Bélgica, describía y justificaba con
motivo de la Conférence
Géographique de Bruxelles
celebrada en el
palacio real en 1876:
Abrir a la civilización la única parte del globo donde aún no
ha llegado, iluminar las tinieblas que envuelven a poblaciones
enteras es, me atrevería a decir, una cruzada digna de este
siglo de progreso-, y me complace afirmar que la opinión
pública está de nuestra parte (Brunschwig,
1960: 35).
El discurso colonial europeo se valió de una multitud de
plataformas de divulgación tanto institucionales como civiles,
para la diseminación de esta
visión hegemónica sobre África. A tal efecto, se valió de una
multitud de estrategias
y de prácticas discursivas tales como la filosofía, la
historia, la antropología, la filología, la lingüística, la
política, la economía y la creación literaria, así como la
educación y la teología en la conformación de lo que Tejaswini
Niranjana (1992.1) ha llamado "practices of subjection/subjectification".
Fue, pues, un proyecto ideológico global que intentaba crear
un universo que no correspondía en absoluto al modelo
existente: el África de los africanos. El universo recogido y
descrito para el imaginario metropolitano europeo desde
distintas perspectivas disciplinarias es más bien un espacio
utópico, que el crítico Abdul R. Jan Mohamed (1986) describe
como:
Una civilización, un mundo que aún no ha sido domesticado
según
los significados europeos ni codificado deforma detallada por
su ideología.
Ese mundo es percibido como descontrolado, caótico,
inalcanzable y,
en última instancia, diabólico. Guiado por su afán de
conquista y de
dominio, el imperialista configura el mundo colonial como
lugar de confrontación
basado en la diferencia de razas, lenguas, costumbres
sociales,
valores culturales y modos de producción
(Jan Mohamed, 1986: 83).
Ese proyecto hegemónico europeo, según Niranjana, se basaba en
relaciones asimétricas y desiguales entre pueblos, razas y
lenguas para justificar la presencia europea en el África
tropical o en Asia. Dentro de aquel contexto, el africanismo
español, igual que el europeo del que no era más que un
apéndice (nacional),
justificó la ocupación, construcción y fragmentación de lo que
iban a ser sus
territorios subsaharianos como un nuevo espacio geográfico por
medio de la articulación de un discurso contaminado y
contaminante que se alimentaba de estereotipos negativos
fosilizados, así como de enfatizar la diferencia. Homi Bhabha
observa a tal efecto:
Una característica importante del discurso colonial en la
construcción ideológica de la otredad es su dependencia en el
concepto de "lo fijo". En el discurso colonial, lo fijo como
signo de la diferencia cultural/histórica/racial es un modo de
representación paradójico: la rigidez tiene connotaciones de
un orden inmutable y de desorden, de degeneración y de
repetición diabólica. Asimismo, el estereotipo, su mayor
estrategia discursiva, es una forma de conocimiento y de
identificación que fluctúa entre lo que está "en su sitio",
"ya conocido" y algo que debe ser repetido con ansiedad (Bhabha,
1994: 66).
El discurso africanista español creó y adjudicó una nueva
identidad a los habitantes
de su zona de influencia a los que homogeneizó bajo la
denominación de
"guineanos", "negros", "morenos", según las circunstancias del
momento; o simplemente, dependiendo de su origen étnico, estos
individuos eran identificados y
mediados como "nuestros bubis", "nuestros fangs", "nuestros
ndowes". Asimismo,
ese discurso abrogó la coherencia histórica, geográfica,
social, política y económica
de ese espacio y de sus habitantes a quienes exilió dentro de
su propio universo.
Esta estrategia mediada por lo económico, lo militar y lo
político tenía estructuras que favorecían el dominio y la
explotación de los recursos humanos y materiales de dichos
territorios para el bienestar de las poblaciones de la
metrópoli, como observaba Ricardo Beltrány Rozpide (1881: 5):
No es sólo el geógrafo el que sigue paso a paso la conquista
del
Continente africano: el político y el economista
muestran no menor interés,
y estimulan y protegen al explorador, porque saben que el
comercio y la
industria necesitan expansión, presumen con acierto que África
esta destinada
a proveer a Europa de lo que ya no dan sus exhaustas tierras,
comprenden todo el provecho que pueden obtener de aquellas
vastas regiones
que nadie explota.
Y lo que es más, incluso, según el africanista español
contemporáneo Víctor Morales Lezcano, África era:
El continente niño, por excelencia, necesitaba tutela,
paideia: Europa era el tutor llamado a cumplir la misión a
través de sus exploradores, misioneros y antropólogos, es
decir a través del promiscuo núcleo de los primeros
africanistas occidentales, padres fundadores de un saber
político, cuya economía vino regida —desde un principio—por el
concurso de varias disciplinas —la Geografía, la Etnología, la
Medicina—, todas las cuales coadyuvaron a la consecución de
los fines mercantiles, estratégicos, administrativos y
misionales de los europeos (Morales Lezcano, 1986: 64).
Un niño, según esa visión distorsionada de la realidad,
necesita de un guardián, de un tutor y de un guía por carecer
de la capacidad de tomar decisiones racionales; así las
potencias europeas de la época desempeñarían ese papel con la
colonización de casi todo el continente africano. En los
territorios bajo tutela española el Patronato de Indígenas
asumiría esa autoridad.
La caminería africana española al sur del Sahara arranca en
1778 con la expedición
del brigadier Felipe de Santo Toro, conde de Argelejo, quien,
zarpando de
Montevideo, llegó al Golfo de Guinea para tomar posesión
oficial de los nuevos
dominios de la corona española. La expedición fracasó (6).
Pero en 1781, Madrid volvió a intentarlo:
Por la Real Orden de 22 de febrero de 1782, se recordó a
Primo de Rivera la necesidad deformar el establecimiento de
Fernando Poo, por los beneficios que podría proporcionar en el
tráfico de esclavos, tan precisos en las colonias americanas,
instándole a volver a Fernando Poo (Castro, 1992;: 49).
El discurso imperial español procedió, primero, a la
fragmentación de ese
espacio geográfico que pasó a llamarse Territorios
españoles del Golfo de Guinea a principios
del siglo XX. El crítico John Noyes describe esa estrategia de
apropiación como "the activity ofwriting on hearth" [la
actividad de escribir sobre la faz de la tierra], es decir, un
proyecto ideológico y geopolítico multifacético caracterizado
por la inscripción de marcas simbólicas sobre la tierra
africana, las cuales servirían luego de pruebas ilegales
llegado el momento de reclamar el territorio marcado y
delimitado. El territorio marcado y nombrado se convertiría
luego en apéndice y extensión del espacio metropolitano en
ultramar, África occidental, en el caso que nos ocupa. Como
John Noyes apunta:
Una creciente actividad de escritura sobre la superficie
terrestre. Esta
actividad tiene un sentido doble-, por un lado, se trata de
una escritura
acerca de esa región que iba llegar a ser (La Guinea
Española), y por el otro,
se conforma como un trazado de marcas y líneas reales sobre la
tierra que
adquirían significados
(Noyes, 1991: 225).
Cuando Juan José Llerena llegó a la isla de Fernando Poo en
1843, uno de sus primeros actos oficiales fue rebautizar la
ciudad de Clarence City con el nombre de Santa Isabel. Con ese
acto de poder, el de nombrar, entre otros, España borró la
historia y la cultura que habían regido ese espacio hasta ese
momento e impuso otra. A tal efecto, Jaime Urrutia señala:
[...] nombrar a alguien no es simplemente darle un nombre o
describirlo, sino integrarlo en un sistema prefijado. [...]
diré que nombrar apunta a ubicar lo nombrado no sólo como "x"
en el mundo de "no-x" (los que no son él/ellos) sino en un
mundo en el que existen otros significados en referencia-a los
cuales puedo situarlo y en relación a los cuales puedo
entenderlo [...]. De esa forma el "ello" nace en o para mi
universo, viene al mundo para mí (Urrutia, 2000: 23-24).
Esta estrategia de apropiación, de ocupación y de redefinición
empezaba siempre con la identificación del espacio geográfico
que se iba a ocupar por medio de descripciones muy detalladas.
Un informe del Servicio Histórico
Militar, titulado "África en el comienzo del siglo XIX", da
una relación del principio
de esa caminería africana de España:
En febrero de 1843, ante el capitán de navío Don Juan José
Llerena, comandante del Nervión, solicitaron la incorporación
a España el jefe de Corisco y de las tribus Vengas, que se
extienden por todas las costas vecinas y las orillas del Muni,
y los jefes de las tribus de los Mojamas, Combes, Bapucus,
Mozongos, Vicos y Valengues, entregándoseles el
correspondiente documento, fechado el 17 de marzo. De Corisco
dependían los islotes Elobey, grande y pequeño, y se consideró
que en el mismo caso se hallaba todo el río Muni [...] En los
años de 1860 a 186?, se dieron varias cartas de nacionalidad a
jefes y pueblos de distintas comarcas, principalmente de la
cuenca del río Muni, siempre a solicitud de los indígenas
interesados. En muchos de estos documentos se consignaba que,
siempre se habían considerado los ribereños del Muni como
subditos de Corisco, y que, por tanto, lo eran de España
(Servicio Histórico Militar, 1941: 46-47).
Se puede notar que en estay otras crónicas destacan sobre todo
las minuciosas referencias al territorio marcado y delimitado
por las "pisadas" de los exploradores,
por no decir, conquistadores. La insistencia en mencionar a
los grupos humanos
que habitan el espacio recorrido no son más que meras
referencias territoriales,
importantes en tanto y en
cuanto se les puede relacionar con el territorio definido
que luego se
reclamaría en nombre de España. De nuevo John Noyes:
Se puede notar que los territorios claramente definidos y
trazados
sobre su superficie son un reflejo de los estados europeos.
Hacia finales del siglo XIX, "África, el continente oscuro" e
idealizado había dejado de existir
(Noyes,
1991:105).
Éste es el contexto en que se enmarcan las expediciones del
explorador español Manuel Iradier, quien exploró esta parte de
África dos veces, el primer
viaje tuvo lugar entre
1874 y 1877 y el segundo se llevó a cabo en 18847.
El 16 de diciembre de 1874, Manuel Iradier anota en su
diario:
Salgo de Vitoria con objeto de ver si la costa Occidental de
África, frente
a nuestras posesiones del golfo de Guinea, presenta un punto
accesible
para el interior
(Iradier, 1994: 25).
Iradier recorrió, identificó y delimitó todo un espacio
geográfico, unos 3oo.ooo
km2, que se incorporaría al imperio español gracias
a esas inscripciones simbólicas a las que se refiriera John
Noyes. Iradier apunta en 1887 en su diario:
El resultado de este viaje fue el haber obtenido para la
Sociedad de Africanistas y Colonialistas de Madrid la
soberanía de 101 jefes indígenas de las tribus pámues, vicos,
bijas, itemus, bundemus, velengues, díbues, bujebas, etc., y
el haber declarado parte integrante de la Nación Española el
territorio de su jurisdicción explorado por mí en 7S75 y
comprende una extensión superficial de 14.000 kilómetros
cuadrados (Iradier, 1994:327).
La tierra pisada, como afirmara el profesor Manuel Criado de
Val, y marcada daba derechos territoriales dentro de ese
contexto imperialista (Criado de
Val, 1994). En el
congreso de Berlín en 1885, España reclamó y obtuvo el reconocimiento
de su soberanía sobre el territorio "marcado" por Manuel
Iradier y otros exploradores.
Tras la caminería geográfica surgió la caminería misionera o
de evangelizacion que desempeñó un papel fundamental en la
consolidación y estabilización
del territorio marcado y ahora llamado "Territorios Españoles
del Golfo de Guinea". La caminería religiosa empezó en 1859
con la instalación de los jesuitas en la isla de
Fernando Póo, seguidos de los misioneros Hijos del
Inmaculado Corazón de
María o Claretianos en 1883 y, pocos años después, por
las beneméritas Misioneras de la Inmaculada Concepción en
1885. El proyecto misionero estuvo, junto con el discurso de
la educación, entre los instrumentos más efectivos de
obliteración de la memoria local contribuyendo a
institucionalizar las marcas de la caminería geográfica. En
una memoria publicada en
1929, los Misioneros Hijos del Corazón de María indican que,
además de ganar para Jesucristo las almas de aquellos
indígenas, haciéndolos buenos católicos, se trataba de
hacerlos buenos españoles, útiles a la madre patria. El
objetivo de la caminería religiosa o de evangelización era
"Españolizar la Colonia fernandina" (El Misionero, 1929).
Paralelamente a este proceso de inscripciones de marcas
simbólicas y físicas,
así como de firma de tratados dudosos y de imposición de
creencias religiosas, fue tomando cuerpo la versión gráfica de
ese proyecto ideológico: el africanismo literario, el cual
formaba parte de una práctica ideológica más amplia y que la
crítica filipina Priscelina Patajo-Legasto (1993) denomina
"colonial systems of
knowledge"
(sistemas coloniales de conocimientos). En España, el
africanismo literario nace casi al mismo tiempo que la
caminería geográfica africanista. Sus autores son, al menos en
esa época temprana, los exploradores, militares, religiosos,
geógrafos y científicos que participan en la apertura de los
caminos físicos, geográficos, políticos y económicos que
conformarían la geografía de la única colonia española en el
África subsahariana.
Los textos que componen ese corpus discursivo son muy
heterogéneos y se apoyan, por un lado, en distintas
plataformas gráficas como los diarios de viajes,
los libros de caza, los diarios de exploración y los libros de
aventuras y, por otro, en soportes no gráficos, más
bien pictóricos, como las exposiciones fotográficas, los
grabados, los dibujos, las conferencias y, más tarde, las
tarjetas postales. Carlos
González Echegaray (1965:115) observa que:
Al tiempo que la exploración del continente negro se
infiltra hacia el interior del mismo cuando empieza a verse en
el África ignota un nuevo tema literario. Y los relatos de los
exploradores, ilustrados con primoroso cuidado por acreditados
grabadores, se difunden en las revistas ilustradas y en
entregas a domicilio. No tardarán en seguirles por ese rumbo
las novelas de escritores y profesionales.
Pese a su carácter heterogéneo y desigual, hay unas constantes
que recorren todos los textos de la caminería geográfica: el
enfrentamiento entre España y África, por un lado, y la
justificación de la necesidad de ocupar, domesticar y
transformar ese espacio "virgen", civilizar y, por último, dar
nacimiento a un nuevo individuo homogeneizado, es decir,
anónimo, deshumanizado y despersonalizado, según el caso. Se
trata de un discurso fuertemente determinado por lo que Edward
Said (1978: 40) llama "un conjunto de manipulaciones complejas
y planeadas".
Al convertir a África y a sus habitantes en temas narrativos,
el africanismo
literario contribuyó a textualizar estéticamente el espacio
deslindado y marcado por la caminería física o geográfica por
medio de constantes descriptivas
marcadas por lo exótico,
lo diferente, lo agreste y lo salvaje. África se convirtió
en el imaginario metropolitano, en un lugar de
aventuras, en un espacio que se prestaba a acciones heroicas
que cubrían de gloria a los que sobrevivían. Las
representaciones discursivas y pictóricas de África muestran
un espacio amenazante,
hostil y agreste, lleno de fieras y de peligros, y donde la
muerte acecha detrás de cada árbol. El narrador en la novela
La selva humillada, de Bartolomé Soler, describe
ese espacio como sigue:
Esta fortaleza vegetal, densa, inmóvil, idéntica siempre,
vive, sin embargo, con la intensidad de una vida caudalosa y
lujuriante [...]. Este mundo verde, caliente y húmedo [...]
vive en el zumbido y en el zigzag reluciente y agresivo de sus
tábanos, en la pavorosa amenaza de sus hormigueros, en las
miríadas de mosquitos que acribillan el aire y me derrotan el
sueño y sosiego, ese insecto de las dos antenas, transmisor
del paludismo y de la fiebre amarilla, vive en las moscas que
inoculan los gérmenes de la
filaría, en la nigua que barrena y ulcera la carne, en los
alacranes y en las
víboras, en el jején y en la mosca tsé tsé
(Soler, 1951:18-19).
Y las mismas constantes descriptivas recorren novelas o
diarios de viaje como
África la virgen (1928), de Florencio Ceruti; El país
de los bubis (1919), de
José Más; Viaje, vida
y costumbres en Fernando Póo (1981), de Joaquín Rodríguez
Barrera, y África (1994), de Manuel Iradier.
Es un universo estructurado por el peligro y la violencia a
todos los niveles
y que había que domesticar y adaptar a las necesidades
económicas, políticas, culturales de la ideología hegemónica
metropolitana española. La meta del africanismo literario era,
por medio de un proceso narrativo muy estratégico, articular
un "texto" comprensible y aceptable para el imaginario de la
opinión pública metropolitana y, por ende, justificar la
aventura colonial de España.
José César Banciella y
Bárzana apunta en Rutas de imperio:
Nuestra acción debe perseguir dos fines esenciales: extenderla
civilización
y asegurar la expansión económica de la metrópoli mediante el
fomento de las riquezas coloniales para aumentar su capacidad
productiva
adquisitiva
(Banciella y Bárzana, 1940: 200).
En este contexto, civilizar significa "borrar al
nativo", por usar la expresión
de Ronald Inden, y construir un nuevo ser africano, un nuevo
cuerpo para el africano
y darle una nueva identidad más acorde con los objetivos del
africanismo español. La
noción de representación desempeña un papel primordial en el
discurso "civilizador" africanista español, y se
articula en torno a lo que Ronald Inden (1986: 402) define
como "una relación jerárquica entre el que 'descubre'
y 'conoce' y el
'descubierto' y 'conocido'". Es una práctica que privilegia el
conocimiento del opresor mientras banaliza y
desprestigia las instituciones del dominado colonial:
[...] El poder de
representar al [africano], de traducir y explicar su
forma de pensar y acciones
no sólo a la metrópoli europea [...], sino también
a los mismos africanos. Se trataba, pues, de construir, una
nueva memoria
histórica que se apoyaba en una representación deforme de la
realidad africana
(Inden, 1986: 408).
El discurso hegemónico europeo abolió la Historia vigente e
impuso una nueva versión de la misma, mediada poruña
percepción y representación de la realidad más acorde con los
intereses del proyecto africanista europeo. El discurso
africanista español propuso una nueva memoria histórica que
adjudicó una nueva identidad a las poblaciones que habitaban
el Golfo de Guinea: negro o nativo, fue el
término genérico y homogeneizador usado para categorizar y
neutralizar a todos los
grupos que habitaban ese espacio geográfico. A tal efecto,
el africanista británico Sir Samuel White Baker observaba en
1874 que:
La etnología del
África central es incomprensible. Los nativos no sólo
ignoran la escritura, sino
que no tienen tradiciones —sus pensamientos
son contaminados por
deseos como los de los animales—. Por lo tanto, no
hay ninguna prueba de que
tengan un pasado lejano; no tienen historia (Baker,
196?: 519).
El africano es, según esa visión, un individuo marginal,
marginado e irrelevante
situado al margen de la Historia y confinado en una estructura
de otredad marcada por el
sello de la diferencia y de lo subalterno. Es un ser que
existe siempre y cuando es identificado por lo que la critica
filipina Priscelina Patajo-Legasto
(1993:49) llama una
"imposición de normas occidentales comunes de identidad".
La construcción y representación de la memoria
colectiva de la Guinea
Española se articula en torno a la imposición de estereotipos
naturales que instalan al africano guineano en una
estructura negativa de la diferencia profundamente alienante.
El cuerpo africano es creado como un ente disfuncional y
pasivo, lo cual contribuye
a su negación como sujeto histórico. Es un cuerpo feo,
imperfecto, inmutable y
sin identidad. En la novela En el país de los bubis, de
José Más Laglera,
el negro es representado como un ser exótico, primitivo y con
cualidades zoológicas:
Ton-Yala tenía una figura repulsiva y odiosa tipo del
verdadero salvaje,
un poco degenerado por los vicios. Su estatura era baja; se
movía cautelosamente
como un tigre
(Más Laglera, 1919: 108).
De Malanga, otro personaje de la novela, escribe:
[...] Aunque parecía un
mono, era un hombre. Su figura escuálida, pequeña e inclinada
por los años, traía a nuestra imaginación la efigie de
un chimpancé puesto en
cuclillas
(Más Laglera, 1919:109).
Son representaciones sexualizadas, animalizadas, fijas y
históricas tras las cuales transpira la incapacidad del
africano de generar cultura y de producir
conocimientos, como
observa el narrador en la novela anterior de José Más. En la
novela de Más
Laglera (1919:101) las creencias religiosas de los bubis son
tan primitivas
como sus trajes, sus tocados y sus artes. Además, el negro,
africano, carece de idioma y habla una jerga
incomprensible, como apunta Iradier (1994: 28) en su diario el
7 de junio: "El bote está lleno de negros que no dejan de
hablar. Esta jerga marea
más que el movimiento combinado de balance y cabezada".
El discurso africanista español identifica al guineano como un
niño perpetuo como se refleja en las declaraciones de
Gobernador Juan María Bonelli (1946: 9-10):
El indígena no es capaz de orientarse por sí mismo en este
terrible y
complicado mundo de la civilización, ni puede navegar por su
cuenta en
ese mar turbulento y alborotado de las naciones que a sí
mismas se llaman cultas y sapientísimas [...]. Porque la
realidad es que el indígena es menor
de edad, porque tiene mucho de infantil en su modo de sentir y
en su
manera de proceder, y, por eso mismo, es preciso tratarle con
el mismo
exquisito cuidado con que se trata al niño.
Y en la novela Fang-Eyeyá
de Germán Bautista Velarde (1950: 6):
—Ndongo
—llamó Marcos.
—Señor...
—Llamar gente poblado —ordenó Marcos con aquella
simplificación del lenguaje parecida a la media lengua del
niño y que era necesario emplear para entenderse bien con los
negros.
En el país de los bubis, de José Más Laglera (1919:106):
Jony sonríe infantilmente cuando me explica su deseo, y hay la
misma luz de inocencia en su mirada que en la de un niño
cuando pide un dulce.
Y finalmente en la novela Efunde Liberata Masoliver
(1955:19):
La psicología nativa, tan sencilla, tan primitiva. A ellos,
los castigos
corporales no les humillan ni les indignan como a los blancos,
porque carecende
orgullo. [...] Prefieren ser castigados de esta forma, cuando
yerran,
antes que se les niegue el apoyo en sus necesidades.
[...] Los trata con la
misma justicia que
se reserva para los niños blancos. La reducción del
nativo a la categoría de
menor de edad, dio lugar a leyes y ala
creación
instituciones tutelares como el Patronato de Indígenas que
ejercía un control
directo y muy estrecho sobre la vida de los nativos (8).
El autóctono guineano fue instalado en una estructura
periférica donde fue fragmentado social y culturalmente en las
categorías siguientes: emancipado pleno, emancipado parcial y
no emancipado. En suma, el individuo africano que el discurso
africanista español identifica como el negro, es un ser
de-centrado y descentralizado, por un lado, y des-vinculado y
des-responsabilizado de la Historia, por otro (9).
A tal efecto, Seamus Deane (1990:10) observa:
En su momento de mayor poder, el colonialismo es un proceso
de desposesión radical. Los colonizados no tienen una historia
específica y ni siquiera [...] tienen una lengua específica.
En los Territorios Españoles del Golfo de Guinea, el
desplazamiento de las
poblaciones nativas y su confinamiento, así como la creación
del Patronato de Indígenas
encargado de velar sobre los intereses del nativo al que se
consideraba
legalmente como un menor de edad forman parte de esta
estrategia de desposesión
y marginación. Uno de los objetivos de la ideología colonial
era "civilizar" a
los africanos y hacer de ellos seres a imagen y semejanza de
sus amos blancos, los
españoles en el caso que
nos ocupa. Así lo afirmaba sin equívocos Juan María
Bonelli Rubio (1944:9),
entonces gobernador general de los Territorios Españoles
del Golfo de
Guinea: "Si lo que se pretende al colonizar es civilizar al
indígena, y el
prototipo, espejo y ejemplo de lo que es un ser civilizado es
el hombre blanco, lo que tenemos que hacer es
transformar al africano en un europeo".
El narrador en Las tinieblas de tu memoria negra,
de Donato Ndongo-Bidyogo, ilustra bien ese proceso:
Aprendí a recitar la misa en latín sin saber latín, aprendí
a preparar los ornamentos para las distintas junciones
litúrgicas, aprendí a comer sin enseñar los dientes, aprendí
muchas cosas del Padre Ortiz, entre ellas, y de manera muy
especial a ser como los blancos: educado, cortés y distante
(Ndongo-Bidyogo, 1987: 24).
El cuerpo africano guineano es objeto; objeto moldeable,
manipulable, funcional
y desechable. Es, en última instancia, un cuerpo hecho para
ser dominado
y explotado. Privado así de los elementos esenciales de su
identidad, a saber su
lengua, su espacio, su cultura e historia, el africano fue
confinado a la periferia de
su realidad inmediata y de
la Historia. Pasó a ser no sólo un exilado dentro de su
propio universo, sino que, también, se convirtió en un ser
invisible y, por ende, en
un objeto sin historia, por usar la expresión propuesta por
Edward Said.
El discurso hegemónico español impuso una visión única de la
realidad, ya
que dentro de ese espacio redefinido y refundado sólo cabían
una Historia y una Geografía, las de España. Así lo expresa el
narrador en la novela La selva humillada de Bartolomé
Soler (1951:13): "Hasta aquí, ya sólo hasta aquí, se prolonga
España. Se prolonga tras un enorme salto sobre el mar. España
otra vez".
Así la Guinea Española, como pasó a llamarse el territorio a
principios del siglo XX, se convirtió en la literatura de la
época en "España negra", "trozo de
España" y los guineanos,
que ya habían sido excluidos y marginados, se volvieron
invisibles histórica y
culturalmente. Pasaron a ser españoles sin más, como recalca
el narrador en Las tinieblas de tu memoria negra (Ndongo-Bidyogo,
1987: 31):
Te gustaban las
nociones (así las llamaban) de historia de España, y cuando
don Ramón os preguntaba qué sois, tu vocecita se destacaba
nítida de entre el
¡todos a una, somos españoles por gracia de Dios! Y por qué
somos españoles,
entonaba don Ramón, y tu voz se destacaba nítida del
coro "somos españoles por
haber tenido la dicha de nacer en un país llamado
España".
La desarticulación y abolición de las "memorias locales" fue
seguida de la imposición una memoria histórica común y
homogénea, pero ajena, como nuevo modelo histórico. Esa
versión peculiar y monolítica de la Historia de la Guinea
Española convirtió al general Francisco Franco en héroe
tropical como observa el narrador en Las tinieblas de tu
memoria negra:
En
el primer banco delante a la derecha te sentías más cerca de
la Verdad: con sólo levantar la vista un poco por encima de la
bien peinada cabeza de don Ramón te topabas con la rectilínea
mirada del general Más Joven de Europa, el Invicto Caudillo de
España por la Gracia de Dios, a cuyo conjuro os permitían
romper filas al entrar y al salir de la escuela. Sí. El
Generalísimo me miraba directamente a los ojos, nunca olvidaré
esa mirada severa pero llena de una bondad infinita [...], me
obligaba a ser agradecido hacia Ese Hombre que nos había
traído la Verdadera Libertad que los sindiós nos quisieron
arrebatar esclavizándonos con engaños (Ndongo-Bidyogo,
1987: 26-27).
La cruzada franquista contra el comunismo
y la anarquía en pos de una
España grande y libre
pasó a ser la de los guineanos sólo que ellos no entendían
por qué razón
tenían enemigos que no conocían y que nunca iban a ver. En
otras palabras, se
tropicalizó el franquismo y, por ende, el Movimiento Nacional
y se instituyó lo que Fernando Vizcaíno Casas llama el "rito
nacional"10. Dice el narrador en Las
tinieblas de tu memoria negra:
Nos hacía formar a las ocho de la mañana, frente a la
escuela, brazo en alto, saludo falangista y patriótico, para
desfilar marcialmente frente a la bandera roja y gualda que él
mismo izaba con infinito respeto y recogimiento, mientras
cantábamos llenos de ferviente ardor [...]. Eran mañanas
triunfales, obligadamente alegres aunque lloviera, cara al sol
con la camisa nueva, todas las cabecitas negras rapadas y la
brillantina arrancando destellos que atraían a las moscas que
zumbaban sobre las tinas supurantes [...] uniformados de
blanco, llenos de ferviente ardor deseosos de saber por qué
éramos falangistas hasta morir o vencer y por qué estábamos al
servicio de España con placer. Y entrábamos victoriosos en el
aula, tierra polvorienta bajo un techo de ñipa aún verde, pero
nadie nos lo explicó jamás (pero sabíamos que nadie
preguntaría jamás) nuestra misión era convencer a nuestras
madres de que cuando se enterasen de que éramos de las "jons"
nos dieran un abrazo y nos dijeran hijo mío porque así quería
verte: falangistas valerosos que poseíamos un inmenso
patrimonio, alzar una España Grande y Libre (pp. 24-26).
Los guineanos se convirtieron en falangistas con su propio
himno, el 'Himno de los falangistas morenos":
¡ARRIBA LA GUINEA! ¡ARRIBA!
Yo soy moreno de la Guinea
que por ESPAÑA voy a luchar
contra los rojos que la mancillan
y que la tratan de destrozar.
Nos manda FRANCO Invicto Jefe
que a la victoria marcha triunfal
y aunque caigamos en la Cruzada
la Nueva ESPAÑA resurgirá.
Los falangistas morenos
por la PATRIA a luchar.
¡ARRIBA ESPAÑA! mi PATRIA querida
¡ARRIBA ESPAÑA! Bendita e Immortal.
Lucharemos por nuestro CAUDILLO
y por Falange que es gran ideal.
Nuestros pechos serán tu baluarte
con tu nombre sabremos vencer
y abrazados a tu Santa Enseña
combatiendo nos verás caer.
¡VIVA ESPAÑA!
y el moreno español.
¡ARRIBA ESPAÑA! ARRIBA EL CAUDILLO
ARRIBA EL IMPERIO (11).
En 1921, se publica Batouala. Véritable román négre,
del guyanés Rene
Maran quien era entonces Gobernador del territorio francés del
Ubangui Cari en África
central. Su novela fue galardonada con el prestigioso Prix
Goncourt el mismo año. Es la primera novela escrita por
un negro y publicada en África, pero no es la primera obra
literaria escrita por un negroafricano. En el África
occidental francesa, los primeros textos escritos por los
colonizados empiezan a aparecer poco antes de la Primera
Guerra Mundial: La bataille de Guilé (1913), del
senegalés Amadou Dugué Clédor Ndiaye; Les trois volontés
de Malic
(1930), del senegalés
Amadou Mapaté Diagne; Zohra, la femme du
mineur
(1935), del argelino
Abdelkader Hadj Hamou y Forcé-Bonté (1936), del también
senegalés Bakary Diallo. En 1933, Batouala. Véritable román
négre fue traducida al español por José Más Laglera,
uno de los africanistas españoles más reputados de la época.
En el prólogo, José Más escribe:
La novela no sólo era de negros, sino que estaba escrita
por un individuo perteneciente a esta raza. El caso me pareció
insólito. Yo no podía concebir que un negro del Congo tuviese
aptitudes de escritor. Sabía que, educándoles en Europa,
llegaban a ser buenos bailarines y que algunos hasta habían
llegado a tocar la trompeta y el violín con verdadero arte;
pero de esto a describir paisajes y estados de almas, había
mucha distancia [...]. Rene Maran tiene de negro más que el
color de la piel (Maran, 1933: III).
Esos primeros autores africanos en lenguas europeas perseguían
un objetivo: inscribir en su práctica discursiva lo que
filósofo de Benín Paulin Hountondji ha llamado "Certificat
d'humanité" [certificado de humanidad] por medio de un
discurso marcadamente etnográfico. Ese texto africano que se
iba conformando incorpora elementos distintivos a nivel
temático, estilístico y estructural y se caracteriza por la
descripción recurrente de los ritos, costumbres, tradiciones,
mitos y leyendas de los grupos étnicos de sus autores. Por
otra parte, dichos autores intentaban recuperar la memoria de
su historia y, de paso, romper la estructura de otredad donde
les había instalado el discurso colonial español, en este
caso. En la Guinea Española ese proyecto de recuperación
histórica y cultural, así como de reescritura de la memoria
cultural, subyace en el
proceso de relatos como La gallina y la perdiz (1950),
de Rafael María Nze,
Biom y los hombres rudos, de Constantino Ocháa, Kon,
el Blanco (1961) y Le va toco Buwe (Al fin vimos
la luz) (1963), de Esteban Bualo Bokamba, El topé del
leopardo,
de José Esono,
Meyen, Meyene, de Francisco Obiang, Mientras la
tumba brama
en su selvática canción
(1963), de Marcelo
Asistencia Ndong Mba y, por
último, Cuando los
combes luchaban (novela de costumbres de la Guinea Española)
de Leoncio Evita Enoy, la primera novela escrita
por un guineano durante la situación colonial.
Publicada en 1953, la novela es, como reconoce el propio
autor, una novela
etnológica de las costumbres de la tribu combe, es decir,
según el crítico senegalés
Mohamadou Kane (1982: 60), representa "un testimonio desde
dentro, un cuadro
del aspecto profundo de las tradiciones y del espíritu de las
civilizaciones negras".
Por eso, la trama de la novela, el secuestro de Vilangua, hijo
del rey de Ndyebengo, por una secta secreta, no es más que una
treta narrativa que le permite al narrador pasear una mirada
detallada, descriptiva y explicativa sobre el sofisticado
universo tradicional del subgrupo étnico combe. En este
sentido, la novela de Leoncio Evita igual que los textos
arriba citados siguen la tradición literaria que ha
caracterizado las primeras obras literarias africanas en
lenguas europeas, lo cual
ha llevado al crítico francés Claude Wauthier a tildar la
literatura africana de narcisista ya que, según él, los
africanos sólo hablaban de ellos mismos. Mohamadou Kane
describe ese proceso creativo como "nouveau realisme"
(nuevo realismo), ya que:
La descripción de las tradiciones viene guiada por una
preocupación por el realismo que procede de diversas fuentes.
El interés que le prestaron los novelistas coloniales no podía
quedar sin efecto en los escritores negros. Un proceso de
cambio muy largo les había llevado a rechazar el exotismo
exuberante y había despertado en ellos la voluntad de
revelarlas realidades africanas (Kane, 1983: 60).
Al tener acceso a la lengua del poder hegemónico, el africano,
se apropió de ella para decir su mundo, su historia y su
cultura y, de paso, abrir una brecha en el espacio monolítico
del discurso hegemónico europeo. Dicho de otro modo, y
parafraseando en parte a Gayatari Spivak (1995), el negro,
como subalterno, recuperó su voz y se puso a hablar, a decir
la Historia y el mundo desde la perspectiva de su memoria
rescatada. Cuando recibió Carlos González Echegaray el
manuscrito Cuando los combes luchaban de Leoncio Evita
(1953), escribió en el prólogo a esta obra:
No le di palabra de escribírselo hasta que no me
convenciera de que se trataba de algo distinto de los relatos
inconexos y absurdos de algunos "morenos" seudointelectuales
que escriben, más para su satisfacción personal que con
esperanza de verlos publicados. Pero mi sorpresa fue en
aumento a medida que iba leyendo, al encontrarme con una
obrita francamente aceptable, y que bien pudiera haber sido
escrita por cualquier escritor novel nacido en nuestra Patria.
Leoncio Evita usa el castellano, lengua ajena e impuesta,
para vehicular su discurso. Y eso, no sin antes
desterritorializarla, por usar la expresión de Gilíes
Deleuze y Félix Guattari (1991: 8s¡), después subvertirla,
para luego "reterritorializarla por medio de una consciente
interferencia lingüística codificada" según el crítico
senegalés Alioune Tine (1985: 50). Al proceder así, el
propósito de Evita es, en última instancia, recuperar su voz
y, de paso, "demostraba que un negro podía pensar y escribir
de otra manera" (Ossito Midiohouan, 2004,: 54). Esa invasión
del otrora espacio discursivo exclusivo del colonizador
europeo por el africano o el negro, esa apropiación de la
voz discursiva y el uso de la lengua del colonizador para
denunciar la opresión colonial convierte la lengua española,
en este caso, como un instrumento de lucha, en un arma, ya
que según afirma Jean-Paul Sartre en el prólogo de Orphée
Noir:
A las tretas del colonizador, ellos responden de manera
inversa y similar, ya que el opresor está presente hasta en
la lengua que ellos
hablan. Usarán esa lengua para destruirla. El poeta europeo
de hoy intenta deshumanizar las palabras para devolverlas a
la naturaleza, el
negro, por su parte, va a desfrancizarlas; las muele para
romper sus usos
cotidianos, las empareja deforma violenta [...]. Sólo
entonces, después
de haber degollado su blancura, es cuando se decide a
adoptarlas,
haciendo de esa lengua en ruinas un superlenguaje solemne y
sagrado
(Sartre, 1972: XX).
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