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HOJAS INFORMATIVAS

 

28 de marzo de 2008

Detenciones

   A última hora de la mañana de ayer la agencia Europa Press difundió un despacho en el que se hace referencia a las detenciones habidas en Malabo en las últimas semanas y a las de algunas personas del exilio ecutoguineano en España en relación con el envío de armas desechadas a Guinea desde el puerto de Sagunto.

   El despacho empieza haciendo referencia a un comunicado del "gobierno en el exilio", escrito en su estilo habitual, pero en el que se incluye una lista de personas detenidas en Malabo: "'Los nombres de los detenidos, conseguidos tras recibir información por parte de sus familias, son Salvador Bibanesono, Gerardo Angüe Mangue, Bonifacio Nguema, Pedro Ndong, Jesús Ndong, Salvador Ekomo y Emiliano Pedro".

   La relación de detenidos coincide "grosso modo" con las informaciones que nos proporcionan nuestras fuentes en el interior del país: Gerardo Angüe Mangue, Batería,  y Jesus Ndong aparecían ya en las listas de las primeras detenciones (Jesús Ndong, alias Tite, aparecía con nombre incompleto y se daba como referencia su relación con altos cargos del gobierno). Salvador Bibanesono es en realidad Salvador Bibang Esono, veterano dirigente de la organización del Partido del Progreso en el interior del país: según nuestras noticias, no estaría plenamente confirmada la detención pero se ignora su paradero desde hace días por lo que, efectivamente, podría estar en la cárcel. Bonifacio Nguema está detenido y también Pedro Ndong, aunque su nombre nos llega a nosotros como Pedro Nguá. Salvador Ekomo y Emiliano Pedro son desconocidos por las fuentes que hemos consultado.

   También en el despacho de Europa Press se habla, citando a Armengol Engonga, de unas declaraciones del dictador a la televisión ecuatoguineana en la que habría mostrado algún tipo de "arrepentimiento" por el asesinato de Saturnino Nkogo. No hemos podido confirmar estas declaraciones. Ninguna de nuestras fuentes en el interior las ha oído, ni ha tenido referencia alguna de ellas. Por el contrario, todos insisten en que siguen produciéndose malos tratos a todos los detenidos.

   Respecto a los detenidos en España, Europa Press hace referencia a un artículo publicado sobre este tema por el diario Levante. El artículo apareció el pasado día 15, se titulaba La policía busca a dos hombres más por el envío de armas desde Sagunt a Guinea Ecuatorial y decía así: "La Brigada Central de Información busca a dos hombres más por el supuesto tráfico de armas entre Sagunto y Guinea Ecuatorial y cuyo destino sería dotar de armas a los opositores del dictador guineano Teodoro Obiang para derrocar su régimen, según acusaciones vertidas esta semana por el ministro portavoz guineano.

Teresa Domínguez, Valencia

   De momento, en territorio español únicamente se ha producido una detención, la del jefe de seguridad Severo Moto, el principal opositor a Obiang y que vive en España desde marzo de 1986 como refugiado político. Ese arresto fue realizado el jueves de la semana pasada, día 6, por agentes de la comisaría de Torrejón de Ardoz (Madrid) a petición del grupo de Seguridad Exterior de la Brigada Central de Información que investiga los hechos.

   Tras ser detenido, el jefe de seguridad de Moto, Damián Motu, alias Mutti, fue acusado de los presuntos delitos de tráfico de armas y asociación ilícita. Según ha podido saber Levante-EMV de fuentes de Interior, Mutti ya ha sido entregado en el juzgado de la Audiencia Nacional que ha asumido la investigación del tráfico de armas tras la intervención realizada en Sagunto.

   Las mismas fuentes dijeron que los dos hombres a los que se busca, y que de momento no han sido detenidos, son también de origen guineano.

   Una información del CNI

   Según ha podido saber este diario de fuentes de toda solvencia, el operativo policial se puso en marcha después de que un informador no identificado alertase al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) del envío de armas desde Sagunto a Guinea Ecuatorial. Ese informador ya relacionó las armas con el supuesto intento golpista del entorno de Severo Moto contra Obiang, lo que puso en alerta a los servicios de espionaje españoles".

  http://www.levanteemv.com/secciones/noticia.jsp?pRef=2008031500_19_420098__COMUNITAT-VALENCIANA-policia-busca-hombres-envio-armas-desde-Sagunt-Guinea-Ecuatorial

   Según algunos rumores (insistimos en que son rumores) habría, a día de hoy, algunos detenidos además de Damián Motu. Se trataría siempre de detenciones ordenadas por  el grupo de Seguridad Exterior de la Brigada Central de Información bajo la acusación de tráfico de armas y asociación ilegal. Entre ellos podría estar, siempre según esos rumores, el supuesto responsable de la operación que, efectivamente, no estaría relacionado con el Partido del Progreso.

 

Oló dice ahora que quieren juzgar también a Mark Thatcher

   "El Gobierno de Guinea Ecuatorial remitirá hoy a la Organización Internacional de la Policía Criminal (Interpol) una orden internacional de detención contra Mark Thatcher, hijo de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, por su supuesta participación en el intento de golpe de Estado de marzo de 2004 contra el presidente ecuatoguineano, Teodoro Obiang Nguema, según informaron los medios de comunicación británicos.  

   Según las autoridades ecuatoguineanas, las evidencias presentadas por el presunto "cerebro" del golpe, Simon Mann, demostrarían que Thactcher financió el alquiler del avión que debía trasladar al opositor Severo Moto desde Canarias para hacerse con el poder tras el derrocamiento de Obiang. 

   El fiscal general de Guinea Ecuatorial, José Oló Obono, anunció ayer que las autoridades de Malabo dictarán una orden internacional de captura a partir de las informaciones aportadas por el antiguo militar de las fuerzas especiales británicas y presunto mercenario Simon Mann --actualmente encarcelado en Malabo a la espera de juicio--, sobre la llamada operación 'Wonga', nombre de clave con que se conoce el intento de golpe de Estado. 

   Según Obono, Mann está "cooperando plenamente" con los fiscales ecuatoguineanos. "Mann será juzgado y será condenado, pero es una persona que coopera, que no pone dificultades. En tales circunstancias, se le reducirá la pena", añadió. Simon Mann llegó la semana pasada a un acuerdo con las autoridades de Malabo por el cual será liberado antes de tiempo si aporta evidencias suficientes contra los presuntos organizadores y financiadores de la intentona, según el diario londinense 'The Independent'.  

Mark Thatcher

   El juicio comenzará dentro de algunos días, pero junto a Mann podrían sentarse otras personas en el banquillo de los acusados, según Obono. En este sentido, Mann ha revelado a las autoridades ecuatoguineanas los nombres de otros seis presuntos conspiradores, entre los que se encuentran el propio Mark Thatcher y el empresario petrolero libanés Ely Calil, el cual, según el presunto mercenario, fue el "hombre principal" y el financiador de la trama. Los otros mencionados son dos británicos, Greg Wales y David Tremain, y otros dos libaneses.  

SEVERO MOTO 

   Según la prensa británica, Obono mostró ayer a los periodistas un contrato firmado por Thatcher con la empresa Triple A Aviation por el fletamento de un helicóptero para su uso como ambulancia aérea. Asimismo, aseguró que el contrato cubría el alquiler de un avión reactor en el que sería trasladado el dirigente opositor Severo Moto a Malabo para que se hiciera cargo de la Presidencia del país tras el derrocamiento de Obiang Nguema por parte de los mercenario de Simon Mann. 

   Estos documentos, según Obono, revelan que Thatcher puso dinero en la cuenta bancaria de un piloto que fue contratado para trasladar a un "líder títere" a Malabo desde las islas Canarias una vez que fuese derrocado Obiang Nguema. "Thatcher financió un golpe de Estado cuya intención era derrocar con violencia todo un sistema de gobierno", declaró el fiscal general, citado por el 'Daily Mail'. 

   El abogado de Simon Mann, el ecuatoguineano Ponciano Mbomio Nvo, declaró el pasado miércoles que el presidente Obiang Nguema está utilizando su caso para "mostrar a la comunidad internacional que hubo un acto criminal contra él" y, sobre todo, para conseguir su "principal objetivo, que es encarcelar a Severo Moto", actual presidente del Gobierno de Guinea Ecuatorial en el Exilio, con sede en España. 

   Asimismo, aseguró que Mann va a ser declarado culpable con toda seguridad porque "todos los jueces de este país proceden de la familia o del partido del presidente". En todo caso, indicó que no espera que la condena sea demasiado larga, ya que la verdadera intención del presidente "es que Mann implique a mucha gente, especialmente a Severo Moto". "¿Qué van a hacer con Mann? Él es inglés, no puede ser presidente de Guinea Ecuatorial, pero Severo Moto quiere ser presidente, él es su enemigo", afirmó Ponciano Mbomio. 

30 AÑOS DE CÁRCEL 

   En caso de ser declarado culpable, según 'The Times', Thatcher podría ser condenado a 30 años de cárcel en Guinea Ecuatorial, concretamente en el penal malabeño de Black Beach. El diario precisó que el "actual paradero" de Sir Mark Thatcher "no está claro", pero 'Daily Telegraph' aseguró que en estos momentos reside en España. 

   Thacther ha negado siempre en todo momento su implicación en los hechos, pero en enero de 2005 admitió ante la Justicia de Sudáfrica --donde residía en la época del presunto intento de golpe de Estado-- que había violado las leyes sudafricanas sobre ayuda militar exterior por haber alquilado un helicóptero en que "Mann y otros tenían previsto utilizar en una actividad mercenaria en Guinea Ecuatorial". Fue condenado a una multa de 260.000 libras esterlinas (casi 330.000 euros al cambio actual).  

   Fuentes próximas a la familia de Thatcher declararon al 'Daily Telegraph' que "Guinea Ecuatorial no tiene tratado de extradición". "Pueden decir lo que quieran, pero dudo que realmente vayan a emitir una orden de detención a la Interpol", prosiguió un amigo de la familia. "Sólo no están tomando el pelo con a esta historia", añadió. 

   Simon Mann --un antiguo miembro de las fuerzas especiales acusado de financiar empresas de seguridad implicadas en actividades mercenarias en África a lo largo de los años noventa-- fue detenido en marzo de 2004 en Harare después de aterrizar en un avión con decenas de supuestos mercenarios y equipamiento militar a bordo. Los detenidos fueron acusados de implicación en el golpe de Estado contra Obiang. 

   Simon Mann obtuvo la libertad en mayo de 2007 tras cumplir la pena a que había sido condenado en Zimbabue por supuesto tráfico ilegal de armas a Guinea Ecuatorial, pero fue detenido poco después por las autoridades de inmigración y entregado el 30 de enero a Guinea Ecuatorial, pese a las advertencias de sus abogados de que corría el riesgo de ser torturado en este país. El Gobierno de Obiang Nguema le acusa de ser el "cerebro" de la intentona".

    Fuente: Europa Press, 28 de marzo. 

 

"Guinea y el discurso colonial en España"

del profesor M`Bare N`Gom, Morgan University

      "Los derechos territoriales de la corona española se remontan al siglo XVI, o incluso al XV, aunque inicialmente se limitaban al norte del territorio continental. Sin embargo, la presencia física española no comenzó hasta el último tercio del siglo XIX con la fundación del asentamiento de Villa Cisneros en 1884. Por razones estratégicas, militares y geopolíticas, África siempre ha estado presente en el imaginario español. Sin embargo para el ciudadano español medio, África como espacio geográfico imaginado sólo se limitaba a Marruecos, y más concretamente al norte de Marruecos y a Ifni. Esa visión reduccionista y popular de África había contaminado la percepción y representación de la realidad de la opinión pública española de entonces y, asimismo, guiaba la política del imperio1.

   Es, pues, una visión geopolítica y económica norteafricana de África que queda claramente reflejada en el naciente proyecto africanista español, tal como recoge uno de los apartados del reglamento de la Sociedad Española de Africanistas y Colonialistas fundada en 1883:

   Fomentar y defender los intereses coloniales de España, particularmente los que se relacionan con el continente africano, y generalizar su conocimiento en el país, practicar excursiones científicas y comerciales en Marruecos, promover exploraciones geográficas y establecimientos de carácter patriótico, científico o civilizador, y, en general, procurar la realización de los acuerdos adoptados por el Congreso Español de Geografía y demás que se celebren en lo sucesivo (García Figueras, 1966:108)

   El africanismo español se enmarca dentro del nuevo proyecto expansionista europeo que arranca del siglo  XVIII en adelante. A partir del siglo XIX, este proyecto se tornó más agresivo con la participación de entidades extraestatales y civiles como las sociedades y las asociaciones geográficas que empezaron a aparecer por toda Europa a partir de la primera mitad del siglo XIX. Estas entidades no gubernamentales, privadas y civiles, se convirtieron en las principales protagonistas del proceso de exploración, "descubrimiento" y subyugación del continente "oscuro y misterioso", lo cual cambió de forma radical la percepción de África desde la metrópoli (2). Las sociedades y asociaciones geográficas auspiciaron directa o indirectamente muchas de las expediciones de exploración del continente africano entre finales del siglo XVIII y finales del XIX. Es un proceso y momento histórico que Büly Gene Hahs (1981) describe como imperialismo científico (3). El lingüista español Manuel Criado de Val, por su parte, lo enmarca dentro de lo que él llama la caminería hispánica en el caso de España. En cuanto a nosotros, por razones metodológicas, lo denominaremos cominería africana española. La caminería africana de España fue un proyecto transdisciplinario con vertientes física, geográfica, religiosa, histórica, cultural, militar, económica y política, todas ellas enfocadas hacia el mismo objetivo: ampliar las fronteras geográficas del imperio hacia el sur, por medio de la demarcación de un territorio africano que luego se convertiría en un espacio domesticado y marcado por el signo de lo periférico y de lo subalterno. Amparada tras ese proyecto, España fue ampliando la frontera sur de lo que quedaba de su imperio hasta más allá de las montañas del Rif y de las dunas arenosas del Saguiet El Hamra en el norte de Áfri­ca. Hacia finales del siglo XVIII, la presencia española se había extendido al Golfo de Guinea en el corazón del continente africano.

   El Tratado de La Granja de San Ildefonso firmado en 1777 entre los reinos de España y Portugal, ampliado y ratificado por el de El Pardo en 1778, daba a España la soberanía sobre las islas del Golfo de Guinea. El artículo i3 del Tratado de El Pardo estipulaba:

   Cedería Su Majestad fidelísima, como de hecho ha cedido y cede, por sí y en nombre de sus herederos y sucesores, a su Majestad católica y los suyos en la Corona de España, la isla de Annobón, en la costa de África, con todos los derechos, posesiones y acciones que tiene a la misma isla, para que desde luego, pertenezca a los dominios españoles del propio modo que hasta ahora ha pertenecido a los de la Corona de Portugal; y asimismo todo el derecho y acción que tiene o puede tener a la isla de Fernando del Pó, en el golfo de Guinea, para los vasallos de la Corona de España se pue­dan establecer en ella y negociar en los puertos y costas opuestas a la dicha, como los puertos del río Gabán, de los Camarones, de Santo Domingo, de Cabo Fermosoy otros de aquel distrito (Miranda Junco, 1945:15).

   Con el Tratado de El Pardo la corona española pudo ampliar sus dominios, al tiempo que le otorgaba el derecho de emprender actividades comerciales en toda la zona de la Bahía de Biafra. Asimismo la corona pasó a ser un protagonista de privilegio en el comercio de esclavos africanos hacia el lucrativo mercado de las Américas. El Tratado de El Pardo extendió la soberanía española sobre un inmenso territorio cuya superficie era casi el doble de la España peninsular, entre 800.000 y 1.000.000 km2. El reino de España pasó a ocupar una posición de privilegio durante el llamado Scramble for África, convirtiéndose en uno de los protagonistas del proyecto expansionista europeo de aquel entonces. El Scramble for África (Pakenham, 1991) fue el trampolín geopolítico y militar que utilizaron las distintas potencias europeas de la época, Francia, Gran Bretaña, Portugal, Alemania y España en menor medida, para apoderarse del continen­te, hacerse dueños de espacios geográficos específicos que redefinieron según sus propios parámetros históricos y culturales en detrimento de la realidad de sus habitantes, propietarios legítimos de su propia historia.

   Durante el Congreso de Berlín, celebrado entre octubre de 1884 y febrero de 1885, las potencias europeas usarían este marco institucional para hacer valer sus derechos legítimos sobre la "tierra pisada" (4) durante el Scramble for África (5). El congreso de Berlín consagraría la apropiación y división del continente africano en áreas de influencia política, lingüística, económica y cultural en función de los intereses de dichas potencias europeas por un lado, y en detrimento de las realidades geográfica, étnica e histórica de África.

   Desde un punto de vista cronológico, la caminería africana de España no es más que una vertiente del imperialismo africanista europeo del siglo XIX, que Leopoldo II, rey de Bélgica, describía y justificaba con motivo de la Conférence Géographique de Bruxelles celebrada en el palacio real en 1876:

   Abrir a la civilización la única parte del globo donde aún no ha llegado, iluminar las tinieblas que envuelven a poblaciones enteras es, me atrevería a decir, una cruzada digna de este siglo de progreso-, y me complace afirmar que la opinión pública está de nuestra parte (Brunschwig, 1960: 35).

   El discurso colonial europeo se valió de una multitud de plataformas de divulgación tanto institucionales como civiles, para la diseminación de esta visión hegemónica sobre África. A tal efecto, se valió de una multitud de estrategias y de prácticas discursivas tales como la filosofía, la historia, la antropología, la filología, la lingüística, la política, la economía y la creación literaria, así como la educación y la teología en la conformación de lo que Tejaswini Niranjana (1992.1) ha llamado "practices of subjection/subjectification". Fue, pues, un proyecto ideológico global que intentaba crear un universo que no correspondía en absoluto al modelo existente: el África de los africanos. El universo recogido y descrito para el imaginario metropolitano europeo desde distintas perspectivas disciplinarias es más bien un espacio utópico, que el crítico Abdul R. Jan Mohamed (1986) describe como:

   Una civilización, un mundo que aún no ha sido domesticado según los significados europeos ni codificado deforma detallada por su ideología. Ese mundo es percibido como descontrolado, caótico, inalcanzable y, en última instancia, diabólico. Guiado por su afán de conquista y de dominio, el imperialista configura el mundo colonial como lugar de confrontación basado en la diferencia de razas, lenguas, costumbres sociales, valores culturales y modos de producción (Jan Mohamed, 1986: 83).

   Ese proyecto hegemónico europeo, según Niranjana, se basaba en relaciones asimétricas y desiguales entre pueblos, razas y lenguas para justificar la presencia europea en el África tropical o en Asia. Dentro de aquel contexto, el africanismo español, igual que el europeo del que no era más que un apéndice (nacional), justificó la ocupación, construcción y fragmentación de lo que iban a ser sus territorios subsaharianos como un nuevo espacio geográfico por medio de la articulación de un discurso contaminado y contaminante que se alimentaba de estereotipos negativos fosilizados, así como de enfatizar la diferencia. Homi Bhabha observa a tal efecto:

   Una característica importante del discurso colonial en la construcción ideológica de la otredad es su dependencia en el concepto de "lo fijo". En el discurso colonial, lo fijo como signo de la diferencia cultural/histórica/racial es un modo de representación paradójico: la rigidez tiene connotaciones de un orden inmutable y de desorden, de degeneración y de repetición diabólica. Asimismo, el estereotipo, su mayor estrategia discursiva, es una forma de conocimiento y de identificación que fluctúa entre lo que está "en su sitio", "ya conocido" y algo que debe ser repetido con ansiedad (Bhabha, 1994: 66).

   El discurso africanista español creó y adjudicó una nueva identidad a los habitantes de su zona de influencia a los que homogeneizó bajo la denominación de "guineanos", "negros", "morenos", según las circunstancias del momento; o simplemente, dependiendo de su origen étnico, estos individuos eran identificados y mediados como "nuestros bubis", "nuestros fangs", "nuestros ndowes". Asimismo, ese discurso abrogó la coherencia histórica, geográfica, social, política y económica de ese espacio y de sus habitantes a quienes exilió dentro de su propio universo. Esta estrategia mediada por lo económico, lo militar y lo político tenía estructuras que favorecían el dominio y la explotación de los recursos humanos y materiales de dichos territorios para el bienestar de las poblaciones de la metrópoli, como observaba Ricardo Beltrány Rozpide (1881: 5):

   No es sólo el geógrafo el que sigue paso a paso la conquista del Continente africano:  el político y el economista muestran no menor interés, y estimulan y protegen al explorador, porque saben que el comercio y la industria necesitan expansión, presumen con acierto que África esta des­tinada a proveer a Europa de lo que ya no dan sus exhaustas tierras, comprenden todo el provecho que pueden obtener de aquellas vastas regiones que nadie explota.

   Y lo que es más, incluso, según el africanista español contemporáneo Víctor Morales Lezcano, África era:

   El continente niño, por excelencia, necesitaba tutela, paideia: Europa era el tutor llamado a cumplir la misión a través de sus exploradores, misioneros y antropólogos, es decir a través del promiscuo núcleo de los primeros africanistas occidentales, padres fundadores de un saber político, cuya economía vino regida —desde un principio—por el concurso de varias disciplinas —la Geografía, la Etnología, la Medicina—, todas las cuales coadyuvaron a la consecución de los fines mercantiles, estratégicos, administrativos y misionales de los europeos (Morales Lezcano, 1986: 64).

   Un niño, según esa visión distorsionada de la realidad, necesita de un guardián, de un tutor y de un guía por carecer de la capacidad de tomar decisiones racionales; así las potencias europeas de la época desempeñarían ese papel con la colonización de casi todo el continente africano. En los territorios bajo tutela española el Patronato de Indígenas asumiría esa autoridad.

   La caminería africana española al sur del Sahara arranca en 1778 con la expedición del brigadier Felipe de Santo Toro, conde de Argelejo, quien, zarpando de Montevideo, llegó al Golfo de Guinea para tomar posesión oficial de los nuevos dominios de la corona española. La expedición fracasó (6). Pero en 1781, Madrid volvió a intentarlo:

   Por la Real Orden de 22 de febrero de 1782, se recordó a Primo de Rivera la necesidad deformar el establecimiento de Fernando Poo, por los beneficios que podría proporcionar en el tráfico de esclavos, tan precisos en las colonias americanas, instándole a volver a Fernando Poo (Castro, 1992;: 49).

   El discurso imperial español procedió, primero, a la fragmentación de ese espacio geográfico que pasó a llamarse Territorios españoles del Golfo de Guinea a principios del siglo XX. El crítico John Noyes describe esa estrategia de apropiación como "the activity ofwriting on hearth" [la actividad de escribir sobre la faz de la tierra], es decir, un proyecto ideológico y geopolítico multifacético caracterizado por la inscripción de marcas simbólicas sobre la tierra africana, las cuales servirían luego de pruebas ilegales llegado el momento de reclamar el territorio marcado y delimitado. El territorio marcado y nombrado se convertiría luego en apéndice y extensión del espacio metropolitano en ultramar, África occidental, en el caso que nos ocupa. Como John Noyes apunta:

   Una creciente actividad de escritura sobre la superficie terrestre. Esta actividad tiene un sentido doble-, por un lado, se trata de una escritura acerca de esa región que iba llegar a ser (La Guinea Española), y por el otro, se conforma como un trazado de marcas y líneas reales sobre la tierra que adquirían significados (Noyes, 1991: 225).

   Cuando Juan José Llerena llegó a la isla de Fernando Poo en 1843, uno de sus primeros actos oficiales fue rebautizar la ciudad de Clarence City con el nombre de Santa Isabel. Con ese acto de poder, el de nombrar, entre otros, España borró la historia y la cultura que habían regido ese espacio hasta ese momento e impuso otra. A tal efecto, Jaime Urrutia señala:

   [...] nombrar a alguien no es simplemente darle un nombre o describirlo, sino integrarlo en un sistema prefijado. [...] diré que nombrar apunta a ubicar lo nombrado no sólo como "x" en el mundo de "no-x" (los que no son él/ellos) sino en un mundo en el que existen otros significados en referencia-a los cuales puedo situarlo y en relación a los cuales puedo entenderlo [...]. De esa forma el "ello" nace en o para mi universo, viene al mundo para mí (Urrutia, 2000: 23-24).

   Esta estrategia de apropiación, de ocupación y de redefinición empezaba siempre con la identificación del espacio geográfico que se iba a ocupar por medio de descripciones muy detalladas. Un informe del Servicio Histórico Militar, titulado "África en el comienzo del siglo XIX", da una relación del principio de esa caminería africana de España:

   En febrero de 1843, ante el capitán de navío Don Juan José Llerena, comandante del Nervión, solicitaron la incorporación a España el jefe de Corisco y de las tribus Vengas, que se extienden por todas las costas vecinas y las orillas del Muni, y los jefes de las tribus de los Mojamas, Combes, Bapucus, Mozongos, Vicos y Valengues, entregándoseles el correspondiente documento, fechado el 17 de marzo. De Corisco dependían los islotes Elobey, grande y pequeño, y se consideró que en el mismo caso se hallaba todo el río Muni [...] En los años de 1860 a 186?, se dieron varias cartas de nacionalidad a jefes y pueblos de distintas comarcas, principalmente de la cuenca del río Muni, siempre a solicitud de los indígenas interesados. En muchos de estos documentos se consignaba que, siempre se habían consi­derado los ribereños del Muni como subditos de Corisco, y que, por tanto, lo eran de España (Servicio Histórico Militar, 1941: 46-47).

   Se puede notar que en estay otras crónicas destacan sobre todo las minuciosas referencias al territorio marcado y delimitado por las "pisadas" de los exploradores, por no decir, conquistadores. La insistencia en mencionar a los grupos humanos que habitan el espacio recorrido no son más que meras referencias territoriales, importantes en tanto y en cuanto se les puede relacionar con el territorio definido que luego se reclamaría en nombre de España. De nuevo John Noyes:

   Se puede notar que los territorios claramente definidos y trazados sobre su superficie son un reflejo de los estados europeos. Hacia finales del siglo XIX, "África, el continente oscuro" e idealizado había dejado de existir (Noyes, 1991:105).

   Éste es el contexto en que se enmarcan las expediciones del explorador español Manuel Iradier, quien exploró esta parte de África dos veces, el primer viaje tuvo lugar entre 1874 y 1877 y el segundo se llevó a cabo en 18847. El 16 de diciembre de 1874, Manuel Iradier anota en su diario:

   Salgo de Vitoria con objeto de ver si la costa Occidental de África, frente a nuestras posesiones del golfo de Guinea, presenta un punto accesible para el interior (Iradier, 1994: 25).

   Iradier recorrió, identificó y delimitó todo un espacio geográfico, unos 3oo.ooo km2, que se incorporaría al imperio español gracias a esas inscripciones simbólicas a las que se refiriera John Noyes. Iradier apunta en 1887 en su diario:

   El resultado de este viaje fue el haber obtenido para la Sociedad de Africanistas y Colonialistas de Madrid la soberanía de 101 jefes indígenas de las tribus pámues, vicos, bijas, itemus, bundemus, velengues, díbues, bujebas, etc., y el haber declarado parte integrante de la Nación Española el territorio de su jurisdicción explorado por mí en 7S75 y comprende una extensión superficial de 14.000 kilómetros cuadrados (Iradier, 1994:327).

   La tierra pisada, como afirmara el profesor Manuel Criado de Val, y marcada daba derechos territoriales dentro de ese contexto imperialista (Criado de Val, 1994). En el congreso de Berlín en 1885, España reclamó y obtuvo el reco­nocimiento de su soberanía sobre el territorio "marcado" por Manuel Iradier y otros exploradores.

   Tras la caminería geográfica surgió la caminería misionera o de evangelizacion que desempeñó un papel fundamental en la consolidación y estabilización del territorio marcado y ahora llamado "Territorios Españoles del Golfo de Guinea". La caminería religiosa empezó en 1859 con la instalación de los jesuitas en la isla de Fernando Póo, seguidos de los misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María o Claretianos en 1883 y, pocos años después, por las beneméritas Misioneras de la Inmaculada Concepción en 1885. El proyecto misionero estuvo, junto con el discurso de la educación, entre los instrumentos más efectivos de obliteración de la memoria local contribuyendo a institucionalizar las marcas de la caminería geográfica. En una memoria publicada en 1929, los Misioneros Hijos del Corazón de María indican que, además de ganar para Jesucristo las almas de aquellos indígenas, haciéndolos buenos católicos, se trataba de hacerlos buenos españoles, útiles a la madre patria. El objetivo de la caminería religiosa o de evangelización era "Españolizar la Colonia fernandina" (El Misionero, 1929).

   Paralelamente a este proceso de inscripciones de marcas simbólicas y físicas, así como de firma de tratados dudosos y de imposición de creencias religiosas, fue tomando cuerpo la versión gráfica de ese proyecto ideológico: el africanismo literario, el cual formaba parte de una práctica ideológica más amplia y que la crítica filipina Priscelina Patajo-Legasto (1993) denomina "colonial systems of knowledge" (sistemas coloniales de conocimientos). En España, el africanismo literario nace casi al mismo tiempo que la caminería geográfica africanista. Sus autores son, al menos en esa época temprana, los exploradores, militares, religiosos, geógrafos y científicos que participan en la apertura de los caminos físicos, geográficos, políticos y económicos que con­formarían la geografía de la única colonia española en el África subsahariana.

   Los textos que componen ese corpus discursivo son muy heterogéneos y se apoyan, por un lado, en distintas plataformas gráficas como los diarios de viajes, los libros de caza, los diarios de exploración y los libros de aventuras y, por otro, en soportes no gráficos, más bien pictóricos, como las exposiciones fotográficas, los grabados, los dibujos, las conferencias y, más tarde, las tarjetas postales. Carlos González Echegaray (1965:115) observa que:

   Al tiempo que la exploración del continente negro se infiltra hacia el interior del mismo cuando empieza a verse en el África ignota un nuevo tema literario. Y los relatos de los exploradores, ilustrados con primoroso cuidado por acreditados grabadores, se difunden en las revistas ilustradas y en entregas a domicilio. No tardarán en seguirles por ese rumbo las novelas de escritores y profesionales.

   Pese a su carácter heterogéneo y desigual, hay unas constantes que recorren todos los textos de la caminería geográfica: el enfrentamiento entre España y África, por un lado, y la justificación de la necesidad de ocupar, domesticar y transformar ese espacio "virgen", civilizar y, por último, dar nacimiento a un nuevo individuo homogeneizado, es decir, anónimo, deshumanizado y despersonalizado, según el caso. Se trata de un discurso fuertemente determinado por lo que Edward Said (1978: 40) llama "un conjunto de manipulaciones complejas y planeadas".

   Al convertir a África y a sus habitantes en temas narrativos, el africanismo literario contribuyó a textualizar estéticamente el espacio deslindado y marcado por la caminería física o geográfica por medio de constantes descriptivas marcadas por lo exótico, lo diferente, lo agreste y lo salvaje. África se convirtió en el imaginario metropolitano, en un lugar de aventuras, en un espacio que se prestaba a acciones heroicas que cubrían de gloria a los que sobrevivían. Las representaciones discursivas y pictóricas de África muestran un espacio amenazante, hostil y agreste, lleno de fieras y de peligros, y donde la muerte acecha detrás de cada árbol. El narrador en la novela La selva humillada, de Bartolomé Soler, describe ese espacio como sigue:

   Esta fortaleza vegetal, densa, inmóvil, idéntica siempre, vive, sin embargo, con la intensidad de una vida caudalosa y lujuriante [...]. Este mundo verde, caliente y húmedo [...] vive en el zumbido y en el zigzag reluciente y agresivo de sus tábanos, en la pavorosa amenaza de sus hormigueros, en las miríadas de mosquitos que acribillan el aire y me derrotan el sueño y sosiego, ese insecto de las dos antenas, transmisor del paludismo y de la fiebre amarilla, vive en las moscas que inoculan los gérmenes de la filaría, en la nigua que barrena y ulcera la carne, en los alacranes y en las víboras, en el jején y en la mosca tsé tsé (Soler, 1951:18-19).

   Y las mismas constantes descriptivas recorren novelas o diarios de viaje como África la virgen (1928), de Florencio Ceruti; El país de los bubis (1919), de José Más; Viaje, vida y costumbres en Fernando Póo (1981), de Joaquín Rodríguez Barrera, y África (1994), de Manuel Iradier.

   Es un universo estructurado por el peligro y la violencia a todos los niveles y que había que domesticar y adaptar a las necesidades económicas, políticas, culturales de la ideología hegemónica metropolitana española. La meta del africanismo literario era, por medio de un proceso narrativo muy estratégico, articular un "texto" comprensible y aceptable para el imaginario de la opinión pública metropolitana y, por ende, justificar la aventura colonial de España. José César Banciella y Bárzana apunta en Rutas de imperio:

   Nuestra acción debe perseguir dos fines esenciales: extenderla civilización y asegurar la expansión económica de la metrópoli mediante el fomento de las riquezas coloniales para aumentar su capacidad productiva adquisitiva (Banciella y Bárzana, 1940: 200).

   En este contexto, civilizar significa "borrar al nativo", por usar la expresión de Ronald Inden, y construir un nuevo ser africano, un nuevo cuerpo para el africano y darle una nueva identidad más acorde con los objetivos del africanismo español. La noción de representación desempeña un papel primordial en el discurso "civilizador" africanista español, y se articula en torno a lo que Ronald Inden (1986: 402) define como "una relación jerárquica entre el que 'descubre' y 'conoce' y el 'descubierto' y 'conocido'". Es una práctica que privilegia el cono­cimiento del opresor mientras banaliza y desprestigia las instituciones del dominado colonial:

   [...] El poder de representar al [africano], de traducir y explicar su forma de pensar y acciones no sólo a la metrópoli europea [...], sino también a los mismos africanos. Se trataba, pues, de construir, una nueva memoria histórica que se apoyaba en una representación deforme de la realidad africana (Inden, 1986: 408).

   El discurso hegemónico europeo abolió la Historia vigente e impuso una nueva versión de la misma, mediada poruña percepción y representación de la realidad más acorde con los intereses del proyecto africanista europeo. El dis­curso africanista español propuso una nueva memoria histórica que adjudicó una nueva identidad a las poblaciones que habitaban el Golfo de Guinea: negro o nativo, fue el término genérico y homogeneizador usado para categorizar y neutralizar a todos los grupos que habitaban ese espacio geográfico. A tal efec­to, el africanista británico Sir Samuel White Baker observaba en 1874 que:

   La etnología del África central es incomprensible. Los nativos no sólo ignoran la escritura, sino que no tienen tradiciones —sus pensamientos son contaminados por deseos como los de los animales—. Por lo tanto, no hay ninguna prueba de que tengan un pasado lejano; no tienen historia (Baker, 196?: 519).

   El  africano es, según esa visión, un individuo marginal, marginado e irrelevante situado al margen de la Historia y confinado en una estructura de otredad marcada por el sello de la diferencia y de lo subalterno. Es un ser que existe siempre y cuando es identificado por lo que la critica filipina Priscelina Patajo-Legasto (1993:49) llama una "imposición de normas occidentales comunes de identidad". La construcción y representación de la memoria colectiva de la Guinea Española se articula en torno a la imposición de estereotipos naturales que instalan al africano guineano en una estructura negativa de la diferencia profundamente alienante. El cuerpo africano es creado como un ente disfuncional y pasivo, lo cual contribuye a su negación como sujeto histórico. Es un cuerpo feo, imperfecto, inmutable y sin identidad. En la novela En el país de los bubis, de José Más Laglera, el negro es representado como un ser exótico, primitivo y con cualidades zoológicas:

   Ton-Yala tenía una figura repulsiva y odiosa tipo del verdadero salvaje, un poco degenerado por los vicios. Su estatura era baja; se movía cautelosamente como un tigre (Más Laglera, 1919: 108).

   De Malanga, otro personaje de la novela, escribe:

   [...] Aunque parecía un mono, era un hombre. Su figura escuálida, pequeña e inclinada por los años, traía a nuestra imaginación la efigie de un chimpancé puesto en cuclillas (Más Laglera, 1919:109).

   Son representaciones sexualizadas, animalizadas, fijas y históricas tras las cuales transpira la incapacidad del africano de generar cultura y de producir conocimientos, como observa el narrador en la novela anterior de José Más. En la novela de Más Laglera (1919:101) las creencias religiosas de los bubis son tan pri­mitivas como sus trajes, sus tocados y sus artes. Además, el negro, africano, care­ce de idioma y habla una jerga incomprensible, como apunta Iradier (1994: 28) en su diario el 7 de junio: "El bote está lleno de negros que no dejan de hablar. Esta jerga marea más que el movimiento combinado de balance y cabezada".

   El discurso africanista español identifica al guineano como un niño perpetuo como se refleja en las declaraciones de Gobernador Juan María Bonelli (1946: 9-10):

   El indígena no es capaz de orientarse por sí mismo en este terrible y complicado mundo de la civilización, ni puede navegar por su cuenta en ese mar turbulento y alborotado de las naciones que a sí mismas se llaman cultas y sapientísimas [...]. Porque la realidad es que el indígena es menor de edad, porque tiene mucho de infantil en su modo de sentir y en su manera de proceder, y, por eso mismo, es preciso tratarle con el mismo exquisito cuidado con que se trata al niño.

   Y en la novela Fang-Eyeyá de Germán Bautista Velarde (1950: 6):

   Ndongo —llamó Marcos.

   Señor...

   —Llamar gente poblado —ordenó Marcos con aquella simplificación del lenguaje parecida a la media lengua del niño y que era necesario emplear para entenderse bien con los negros.

   En el país de los bubis, de José Más Laglera (1919:106):

   Jony sonríe infantilmente cuando me explica su deseo, y hay la misma luz de inocencia en su mirada que en la de un niño cuando pide un dulce.

   Y finalmente en la novela Efunde Liberata Masoliver (1955:19):

   La psicología nativa, tan sencilla, tan primitiva. A ellos, los castigos corporales no les humillan ni les indignan como a los blancos, porque carecende orgullo. [...] Prefieren ser castigados de esta forma, cuando yerran, antes que se les niegue el apoyo en sus necesidades. [...] Los trata con la misma justicia que se reserva para los niños blancos. La reducción del nativo a la categoría de menor de edad, dio lugar a leyes y ala creación instituciones tutelares como el Patronato de Indígenas que ejercía un con­trol directo y muy estrecho sobre la vida de los nativos (8).

   El autóctono guineano fue instalado en una estructura periférica donde fue fragmentado social y culturalmente en las categorías siguientes: emancipa­do pleno, emancipado parcial y no emancipado. En suma, el individuo africano que el discurso africanista español identifica como el negro, es un ser de-centrado y descentralizado, por un lado, y des-vinculado y des-responsabilizado de la Historia, por otro (9).

   A tal efecto, Seamus Deane (1990:10) observa:

   En su momento de mayor poder, el colonialismo es un proceso de desposesión radical. Los colonizados no tienen una historia específica y ni siquiera [...] tienen una lengua específica.

   En los Territorios Españoles del Golfo de Guinea, el desplazamiento de las poblaciones nativas y su confinamiento, así como la creación del Patronato de Indígenas encargado de velar sobre los intereses del nativo al que se consideraba legalmente como un menor de edad forman parte de esta estrategia de desposesión y marginación. Uno de los objetivos de la ideología colonial era "civilizar" a los africanos y hacer de ellos seres a imagen y semejanza de sus amos blancos, los españoles en el caso que nos ocupa. Así lo afirmaba sin equívocos Juan María Bonelli Rubio (1944:9), entonces gobernador general de los Territorios Españoles del Golfo de Guinea: "Si lo que se pretende al colonizar es civilizar al indígena, y el prototipo, espejo y ejemplo de lo que es un ser civilizado es el hombre blanco, lo que tenemos que hacer es transformar al africano en un europeo".

   El narrador en Las tinieblas de tu memoria negra, de Donato Ndongo-Bidyogo, ilustra bien ese proceso:

   Aprendí a recitar la misa en latín sin saber latín, aprendí a preparar los ornamentos para las distintas junciones litúrgicas, aprendí a comer sin enseñar los dientes, aprendí muchas cosas del Padre Ortiz, entre ellas, y de manera muy especial a ser como los blancos: educado, cortés y distante (Ndongo-Bidyogo, 1987: 24).

   El cuerpo africano guineano es objeto; objeto moldeable, manipulable, funcional y desechable. Es, en última instancia, un cuerpo hecho para ser dominado y explotado. Privado así de los elementos esenciales de su identidad, a saber su lengua, su espacio, su cultura e historia, el africano fue confinado a la periferia de su realidad inmediata y de la Historia. Pasó a ser no sólo un exilado dentro de su propio universo, sino que, también, se convirtió en un ser invisible y, por ende, en un objeto sin historia, por usar la expresión propuesta por Edward Said.

   El discurso hegemónico español impuso una visión única de la realidad, ya que dentro de ese espacio redefinido y refundado sólo cabían una Historia y una Geografía, las de España. Así lo expresa el narrador en la novela La selva humillada de Bartolomé Soler (1951:13): "Hasta aquí, ya sólo hasta aquí, se prolonga España. Se prolonga tras un enorme salto sobre el mar. España otra vez".

   Así la Guinea Española, como pasó a llamarse el territorio a principios del siglo XX, se convirtió en la literatura de la época en "España negra", "trozo de España" y los guineanos, que ya habían sido excluidos y marginados, se volvieron invisibles histórica y culturalmente. Pasaron a ser españoles sin más, como recalca el narrador en Las tinieblas de tu memoria negra (Ndongo-Bidyogo, 1987: 31):

   Te gustaban las nociones (así las llamaban) de historia de España, y cuando don Ramón os preguntaba qué sois, tu vocecita se destacaba nítida de entre el ¡todos a una, somos españoles por gracia de Dios! Y por qué somos españoles, entonaba don Ramón, y tu voz se destacaba nítida del coro "somos españoles por haber tenido la dicha de nacer en un país llamado España".

   La desarticulación y abolición de las "memorias locales" fue seguida de la imposición una memoria histórica común y homogénea, pero ajena, como nuevo modelo histórico. Esa versión peculiar y monolítica de la Historia de la Guinea Española convirtió al general Francisco Franco en héroe tropical como observa el narrador en Las tinieblas de tu memoria negra:

   En el primer banco delante a la derecha te sentías más cerca de la Verdad: con sólo levantar la vista un poco por encima de la bien peinada cabeza de don Ramón te topabas con la rectilínea mirada del general Más Joven de Europa, el Invicto Caudillo de España por la Gracia de Dios, a cuyo conjuro os permitían romper filas al entrar y al salir de la escuela. Sí. El Generalísimo me miraba directamente a los ojos, nunca olvidaré esa mirada severa pero llena de una bondad infinita [...], me obligaba a ser agradecido hacia Ese Hombre que nos había traído la Verdadera Libertad que los sindiós nos quisieron arrebatar esclavizándonos con engaños (Ndongo-Bidyogo, 1987: 26-27).

   La cruzada franquista contra el comunismo y la anarquía en pos de una España grande y libre pasó a ser la de los guineanos sólo que ellos no entendían por qué razón tenían enemigos que no conocían y que nunca iban a ver. En otras palabras, se tropicalizó el franquismo y, por ende, el Movimiento Nacional y se instituyó lo que Fernando Vizcaíno Casas llama el "rito nacional"10. Dice el narrador en Las tinieblas de tu memoria negra:

   Nos hacía formar a las ocho de la mañana, frente a la escuela, brazo en alto, saludo falangista y patriótico, para desfilar marcialmente frente a la bandera roja y gualda que él mismo izaba con infinito respeto y recogimiento, mientras cantábamos llenos de ferviente ardor [...]. Eran mañanas triunfales, obligadamente alegres aunque lloviera, cara al sol con la camisa nueva, todas las cabecitas negras rapadas y la brillantina arrancando destellos que atraían a las moscas que zumbaban sobre las tinas supurantes [...] uniformados de blanco, llenos de ferviente ardor deseosos de saber por qué éramos falangistas hasta morir o vencer y por qué estábamos al servicio de España con placer. Y entrábamos victoriosos en el aula, tierra polvorienta bajo un techo de ñipa aún verde, pero nadie nos lo explicó jamás (pero sabíamos que nadie preguntaría jamás) nuestra misión era convencer a nuestras madres de que cuando se enterasen de que éramos de las "jons" nos dieran un abrazo y nos dijeran hijo mío porque así quería verte: falangistas valerosos que poseíamos un inmenso patrimonio, alzar una España Grande y Libre (pp. 24-26).  

   Los guineanos se convirtieron en falangistas con su propio himno, el 'Himno de los falangistas morenos":

   ¡ARRIBA LA GUINEA! ¡ARRIBA!

   Yo soy moreno de la Guinea

   que por ESPAÑA voy a luchar

   contra los rojos que la mancillan

    y que la tratan de destrozar.

   Nos manda FRANCO Invicto Jefe

   que a la victoria marcha triunfal

   y aunque caigamos en la Cruzada

   la Nueva ESPAÑA resurgirá.

   Los falangistas morenos

   por la PATRIA a luchar.

   ¡ARRIBA ESPAÑA! mi PATRIA querida

 

   ¡ARRIBA ESPAÑA! Bendita e Immortal.

   Lucharemos por nuestro CAUDILLO

   y por Falange que es gran ideal.

   Nuestros pechos serán tu baluarte

   con tu nombre sabremos vencer

   y abrazados a tu Santa Enseña

   combatiendo nos verás caer.

   ¡VIVA ESPAÑA!

   y el moreno español.

   ¡ARRIBA ESPAÑA! ARRIBA EL CAUDILLO

   ARRIBA EL IMPERIO  (11).

   En 1921, se publica Batouala. Véritable román négre, del guyanés Rene Maran quien era entonces Gobernador del territorio francés del Ubangui Cari en África central. Su novela fue galardonada con el prestigioso Prix Goncourt el mismo año. Es la primera novela escrita por un negro y publicada en África, pero no es la primera obra literaria escrita por un negroafricano. En el África occidental francesa, los primeros textos escritos por los colonizados empiezan a aparecer poco antes de la Primera Guerra Mundial: La bataille de Guilé (1913), del senegalés Amadou Dugué Clédor Ndiaye; Les trois volontés de Malic (1930), del senegalés Amadou Mapaté Diagne; Zohra, la femme du mineur (1935), del argelino Abdelkader Hadj Hamou y Forcé-Bonté (1936), del también senegalés Bakary Diallo. En 1933, Batouala. Véritable román négre fue traducida al español por José Más Laglera, uno de los africanistas españoles más reputados de la época. En el prólogo, José Más escribe:

   La novela no sólo era de negros, sino que estaba escrita por un individuo perteneciente a esta raza. El caso me pareció insólito. Yo no podía concebir que un negro del Congo tuviese aptitudes de escritor. Sabía que, educándoles en Europa, llegaban a ser buenos bailarines y que algunos hasta habían llegado a tocar la trompeta y el violín con verdadero arte; pero de esto a describir paisajes y estados de almas, había mucha distancia [...]. Rene Maran tiene de negro más que el color de la piel (Maran, 1933: III).

   Esos primeros autores africanos en lenguas europeas perseguían un objetivo: inscribir en su práctica discursiva lo que filósofo de Benín Paulin Hountondji ha llamado "Certificat d'humanité" [certificado de humanidad] por medio de un discurso marcadamente etnográfico. Ese texto africano que se iba conformando incorpora elementos distintivos a nivel temático, estilístico y estructural y se caracteriza por la descripción recurrente de los ritos, costumbres, tradiciones, mitos y leyendas de los grupos étnicos de sus autores. Por otra parte, dichos autores intentaban recuperar la memoria de su historia y, de paso, romper la estructura de otredad donde les había instalado el discurso colonial español, en este caso. En la Guinea Española ese proyecto de recuperación histórica y cultural, así como de reescritura de la memoria cultural, subyace en el proceso de relatos como La gallina y la perdiz (1950), de Rafael María Nze, Biom y los hombres rudos, de Constantino Ocháa, Kon, el Blanco (1961) y Le va toco Buwe (Al fin vimos la luz) (1963), de Esteban Bualo Bokamba, El topé del leopardo, de José Esono, Meyen, Meyene, de Francisco Obiang, Mientras la tumba brama en su selvática canción (1963), de Marcelo Asistencia Ndong Mba y, por último, Cuando los combes luchaban (novela de costumbres de la Guinea Española) de Leoncio Evita Enoy, la primera novela escrita por un guineano durante la situación colonial.

   Publicada en 1953, la novela es, como reconoce el propio autor, una novela etnológica de las costumbres de la tribu combe, es decir, según el crítico senegalés Mohamadou Kane (1982: 60), representa "un testimonio desde dentro, un cuadro del aspecto profundo de las tradiciones y del espíritu de las civilizaciones negras". Por eso, la trama de la novela, el secuestro de Vilangua, hijo del rey de Ndyebengo, por una secta secreta, no es más que una treta narrativa que le permite al narrador pasear una mirada detallada, descriptiva y explicativa sobre el sofisticado universo tradicional del subgrupo étnico combe. En este sentido, la novela de Leoncio Evita igual que los textos arriba citados siguen la tradición literaria que ha caracterizado las primeras obras literarias africanas en lenguas europeas, lo cual ha llevado al crítico francés Claude Wauthier a tildar la literatura africana de narcisista ya que, según él, los africanos sólo hablaban de ellos mismos. Mohamadou Kane describe ese proceso creativo como "nouveau realisme" (nuevo realismo), ya que:

   La descripción de las tradiciones viene guiada por una preocupación por el realismo que procede de diversas fuentes. El interés que le prestaron los novelistas coloniales no podía quedar sin efecto en los escritores negros. Un proceso de cambio muy largo les había llevado a rechazar el exotismo exuberante y había despertado en ellos la voluntad de revelarlas realidades africanas (Kane, 1983: 60).

   Al tener acceso a la lengua del poder hegemónico, el africano, se apropió de ella para decir su mundo, su historia y su cultura y, de paso, abrir una brecha en el espacio monolítico del discurso hegemónico europeo. Dicho de otro modo, y parafraseando en parte a Gayatari Spivak (1995), el negro, como subalterno, recuperó su voz y se puso a hablar, a decir la Historia y el mundo desde la pers­pectiva de su memoria rescatada. Cuando recibió Carlos González Echegaray el manuscrito Cuando los combes luchaban de Leoncio Evita (1953), escribió en el prólogo a esta obra:

      No le di palabra de escribírselo hasta que no me convenciera de que se trataba de algo distinto de los relatos inconexos y absurdos de algunos "morenos" seudointelectuales que escriben, más para su satisfacción personal que con esperanza de verlos publicados. Pero mi sorpresa fue en aumento a medida que iba leyendo, al encontrarme con una obrita fran­camente aceptable, y que bien pudiera haber sido escrita por cualquier escritor novel nacido en nuestra Patria.

   Leoncio Evita usa el castellano, lengua ajena e impuesta, para vehicular su discurso. Y eso, no sin antes desterritorializarla, por usar la expresión de Gilíes Deleuze y Félix Guattari (1991: 8s¡), después subvertirla, para luego "reterritorializarla por medio de una consciente interferencia lingüística codificada" según el crítico senegalés Alioune Tine (1985: 50). Al proceder así, el propósito de Evita es, en última instancia, recuperar su voz y, de paso, "demostraba que un negro podía pensar y escribir de otra manera" (Ossito Midiohouan, 2004,: 54). Esa invasión del otrora espacio discursivo exclusivo del colonizador europeo por el africano o el negro, esa apropiación de la voz discursiva y el uso de la lengua del colonizador para denunciar la opresión colonial convierte la lengua española, en este caso, como un instrumento de lucha, en un arma, ya que según afirma Jean-Paul Sartre en el prólogo de Orphée Noir:

   A las tretas del colonizador, ellos responden de manera inversa y similar, ya que el opresor está presente hasta en la lengua que ellos hablan. Usarán esa lengua para destruirla. El poeta europeo de hoy intenta deshumanizar las palabras para devolverlas a la naturaleza, el negro, por su parte, va a desfrancizarlas; las muele para romper sus usos cotidianos, las empareja deforma violenta [...]. Sólo entonces, después de haber degollado su blancura, es cuando se decide a adoptarlas, haciendo de esa lengua en ruinas un superlenguaje solemne y sagrado (Sartre, 1972: XX).