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HOJAS INFORMATIVAS
28
de marzo de 2005
La OMS
advirtió en noviembre del riesgo de una epidemia de cólera
Fuentes de absoluta solvencia del interior de Guinea indican
que la Organización Mundial de la Salud informó en noviembre
pasado al gobierno guineano del riesgo, caso de no tomarse
medidas, de que se declarase una epidemia de cólera. Como es
sobradamente conocido, la administración guineana no hizo
caso de la advertencia y se limitó a ocultar los primeros
datos de afectados y fallecidos (a principios de febrero)
hablando de epidemia de "diarrea aguda".
No se ha hecho nada útil en torno a las causas inmediatas del
cólera: el abastecimiento de agua en Malabo sigue siendo
irregular (queremos decir que unos días hay agua y otros no);
respecto a las basuras el ministerio de "Sanidad Pública
y Bienestar Social" convocó el pasado día 19 una
"jornada de limpieza" puramente demagógica y que
según la agencia AFP fue muy poco seguida por la población.
La administración guineana no ha solicitado tampoco ayuda
exterior y, por el momento, solo conocemos la llegada a Malabo
de seis médicos israelíes, de 20.000 unidades de suero
enviadas ¡por Sao Tomé y Príncipe! y los 300 kilos de
antibióticos y suero donados por la Agencia Española de
Cooperación Internacional (AECI) coincidiendo con la visita
de Moratinos. Su máxima preocupación sigue siendo ocultar
las cifras reales de muertos, que según fuentes oficiales
siguen siendo 30, pero que las agencias de prensa elevan a
200.
Tampoco se ha anunciado la reanudación de las imprescindibles
obras públicas de saneamiento de la capital (y de Bata) que
el multimillonario régimen guineano lleva años intentando
cargar en las cuentas de la UE o algún otro donante
externo...
Los
imprescindibles partidos políticos guineanos
En
Guinea Ecuatorial, como en cualquier otra de las actuales
sociedades, el paso del concepto ideal de pueblo a su concepto
real solo puede hacerse a través de los partidos políticos.
De una forma general podemos decir que los partidos políticos
reúnen a personas afines con el objeto de conseguir una
influencia real en la marcha de la vida pública. También de
una manera muy general podemos precisar que esa
afinidad puede ser de varios tipos y entre ellos puede
ser ideológica o de intereses.
Una idea muy extendida entre los guineanos niega esta
última afirmación y dice que en Guinea, y en toda África,
no se crean partidos por afinidades ideológicas y que las
ideologías y, por ejemplo, las nociones de izquierda y
derecha, son elementos importados desde Europa.
Es posible que no tenga mucho interés discutir este
tema sobre todo porque las discrepancias desaparecen en buena
parte (aunque no del todo) si cambiamos afinidad ideológica
por afinidad a un determinado programa político.
No parece fácil negar la posibilidad, ni la conveniencia, de
que los guineanos se pronuncien por un programa político
frente a otro y cuando se plantea la posibilidad no lejana de
acceder al poder aparecen con claridad algunos de los
elementos que formarán parte de esos programas: convertida
Guinea en un importante productor de petróleo, no habrá
programas políticos democráticos en los que no se planteen
los criterios para la mejor utilización de los dineros que
llegan al Estado procedentes de la explotación petrolera;
forzosamente unas prioridades favorecerán más a una parte de
la población que a otra y no parece dudoso pensar que
encontrarán más acogida entre los más favorecidos. No será
lo mismo si los beneficios del petróleo se destinan a
favorecer la agricultura y con ella a evitar las actuales
importaciones que si (exagerando sin duda) se deja el campo a
un lado y se postula un desarrollo basado, por ejemplo, en el
turismo, en unas buenas infraestructuras o en otras
alternativas. Podrá haber discrepancias sobre las relaciones
a mantener con las compañías petroleras. Unos u otros
partidos tendrán, en mayor o menor consideración, los
principios ecológicos. Habrá probablemente discrepancias
sobre el papel de las mujeres en la sociedad guineana. No dará
igual un sistema educativo que otro. Es difícil pensar que
habrá programas políticos democráticos en los que no
aparezcan ideas sobre el modelo de estado para Guinea, un
estado más o menos descentralizado según se reconozcan, de
una forma u otra, la personalidad de los pueblos guineanos. En
la época post-Obiang jugarán sin duda un papel primordial
las normas que permitan (¡por fin!) el ejercicio de los
derechos por parte de los guineanos; tampoco sería raro que
hubiera diferencias entre cómo y en qué medida se podrán
ejercerse estos derechos.
Para ser vehículos de todas estas opciones, en las
sociedades democráticas, están los partidos políticos.
Podremos estar todos de acuerdo en que en el momento actual,
hasta que se venza a la dictadura deberán jugar un papel muy
importante las políticas unitarias, pero las políticas
unitarias tendrán también más fuerza si son el resultado de
la acción de partidos con base amplia que representen las
aspiraciones de una sociedad diversa como es la sociedad
guineana.
Los partidos políticos serán también distintos en su
organización interna. No parece muy arriesgado predecir que
habrá partidos democráticos empeñados en representar los
intereses (y las ideas) de sus militantes, en convocar y
capacitar a sus miembros para que participen en la formación
de la voluntad de la organización mediante una información
suficiente de arriba a abajo y
en someter a sus dirigentes al control del conjunto del
partido. Sin embargo, otro lugar común de la cultura política
guineana, tiende a exagerar el papel de los dirigentes (en
realidad, del “gran líder”) en las formaciones políticas.
Cada año aparecen en el exilio una, o más, iniciativas cuyo
esquema se basa en la designación de una figura central, que
contaría con el supuesto apoyo de alguna potencia económica
o política, y en torno a la cual se debería organizar toda
la oposición. Una condición básica de este tipo de
operaciones es la cesión de todas las voluntades a ese líder
carismático. Se repite así, en mayor o menor medida, una de
las experiencias menos felices de la historia política
guineana, la de Macías y su Secretariado Conjunto. No nos
parecen recomendables ni este tipo de organización, ni este
tipo de alianzas y creemos mucho más en los pactos de fuerzas
políticas reales (en torno, por tanto, a un programa), con
implantación en el interior de país y con funcionamientos
internos democráticos.
Pero, además de todo
esto, los partidos políticos no son solamente importantes
como vehículos de representación de intereses (e ideas) o
como instrumentos de formación de sus militantes, son
elementos fundamentales para la independencia política. No
habrá independencia real en Guinea sin un sistema político
democrático, basado en partidos políticos fuertes, bien
enraizados entre la población, con direcciones prestigiadas y
bases políticas bien informadas.
No creemos que estas ideas sean especialmente novedosas
pero nos parecía importante romper una lanza en este momento
por los imprescindibles partidos democráticos guineanos.
La
Comisión Americana de Juristas se dirige a la Comisión de
Derechos Humanos de Naciones Unidas
"Señor
Presidente: La Comisión puso fin al mandato del Representante
Especial sobre Guinea Ecuatorial en su 58º periodo de
sesiones a pesar de que la situación de derechos humanos era
extremadamente grave. Como lo recoge el documento NGO 258
presentado por la Asociación Americana de Juristas, tanto los
derechos civiles y políticos como los económicos sociales y
culturales continúan siendo vulnerados a gran escala en ese
país.
En primer lugar, el sistema dictatorial está
intentando convertir a Guinea Ecuatorial en un país mono-étnico,
silenciando especialmente a las etnias bubis, ndowe y annobonés.
En segundo lugar, la ausencia total de un estado de derecho
permite que las violaciones sistemáticas de las libertades
fundamentales se produzcan en un clima de impunidad
generalizada en el país.
Por otra parte, Guinea Ecuatorial, tercer
productor de petróleo de Africa, tiene uno de los niveles de
goce y disfrute de los derechos económicos, sociales y
culturales más bajos del mundo (un tercio de la población no
superará los 40 años) debido a una corrupción extrema en la
utilización de la renta petrolera y a la connivencia de
determinadas empresas.
Por ello, teniendo en cuenta además que las
violaciones de los derechos humanos son sistemáticas, que
hasta la fecha Guinea Ecuatorial no ha presentando los
respectivos informes a los Comités de los Pactos, que desde
1998 no ha autorizado la visita del Relator Especial sobre la
Tortura ni de la Representante Especial sobre la situación de
los defensores de los derechos humanos, la Asociación
Americana de Juristas y el Programa Derechos Humanos de la
Escuela Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de
Barcelona, reafirman la necesidad de que la Comisión de
Derechos Humanos en este Periodo de Sesiones nombre un nuevo
Relator Especial para Guinea Ecuatorial".
(Argenpress.info,
23 de marzo 2005)
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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