HOJAS INFORMATIVAS
5 de marzo
de 2010
Silencio
El silencio es
la última fase (en el tiempo) de la política española hacia
Guinea Ecuatorial. El silencio dura desde finales de noviembre
pasado pero se ha hecho atronador desde que el gobierno
español ocupa la Presidencia por turno de la UE. Han pasado ya
dos de los seis meses de esa Presidencia y la administración
española no ha tenido tiempo para hablar ni una sola vez (¡ni
una sola vez!) de la situación de opresión, de la corrupción o
de la incuria del régimen ecuatoguineano. El silencio exterior
se corresponde con el continuismo dentro de Guinea. El "nuevo
embajador" de España en Malabo (¿quien sabe su nombre?) mantiene
la misma vocación de insignifancia, representa la misma política
somnolienta y temerosa, de su predecesor. [No es
responsabilidad, sin embargo, del señor Gomez-Acebo. No son los
embajadores quienes deciden la política a realizar en sus países
de destino].
Es difícil acordarse
ahora de los años en los que el Ministerio español de Asuntos
Exteriores hacia la propaganda del "cambio" en Guinea y, en su
entusiasmo, contaban los ministros y directores generales
formados en España como signos de "apertura" del régimen. Nunca
hubo tal apertura. Fue uno más de los "espejismos voluntaristas"
que padecen los dirigentes de la diplomacia española.
La política hacia
Guinea Ecuatorial de los equipos del ministro Moratinos se ha
saldado con estrepitosos fracasos. [Fracasos mal digeridos que
han querido vengar en las espaldas de algún destacado guineano
del exilio]. El silencio actual no es, sin embargo, un cambio de
estrategia. Es la última forma de las políticas obsequiosas para
con el dictador ecuatoguineano.
Hace ya meses dijimos
que Moratinos no podía seguir siendo responsable de la política
española hacia Guinea Ecuatorial. Decíamos entonces que sus
fracasos en este país quizás no justificaran [¿o sí?] su
dimisión como Ministro, pero que la historia de las últimas
décadas había conocido fórmulas en las que los temas
ecuatoguineanos no se llevaban desde el Palacio de Santa Cruz.
Mantenemos esa opinión. El ministro Moratinos ha ido demasiado
lejos en sus concesiones al dictador y ha personalizado en
exceso su política ecuatoguineana. Con él no hay solución
posible. Debe dejarlo.
Editado
y distribuido por ASODEGUE
Índice Noticias
|