LITERATURA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

RAQUEL ILONBE



Poeta de la lluvia, poeta del mar, el agua como elemento, fluida, tuvo que haber nacido en Corisco. Niña aún, la trasladaron del calor de su isla a los fríos burgaleses, de las saladas brisas de su mar a la sequedad de las tierras interiores con sabor de pan recio. Y su alma se transformó en poesía; vigoroso mestizaje entre el clamor de las aguas y el ulular de los vientos mesetarios; una rara mezcla de intimismo reconcentrado y cristalino y extraversión danzarina, de timidez, melancolía y audacia, un lirismo descriptivo y profundo, vitalista, «con risas y lágrimas», siempre oscilante. Estudió Música y Declamación en el Conservatorio de Madrid, donde compone, dibuja, toca la guitarra, recita, pinta, canta y sueña desde 1939. Y además de sus hijos, ha traído al mundo algún que otro disco y libros de poemas, como Ceiba (1978); Nerea, Ausencia, Amor, Olvido (aún inéditos) y una recopilación de Cuentos Fang, Bubis y Ndowes de Guinea Ecuatorial (1981).



MIS RECUERDOS

Me estoy haciendo vieja, 
me están haciendo vieja 
mis recuerdos.

Quiero vivir y no me dejan 
hay que sonreír sin una queja.
Mi alma grita con fuerza, 
mi cuerpo convulso 
se retuerce y se queja.

Quiero dar más, 
esparcir mis pétalos 
por los desnudos lagos 
recorriendo su orilla 
con los pies descansados.

Me estoy haciendo vieja,
pensando en todo aquello que ha pasado.


LOS RÍOS HABLAN

Los juncos tapen mi cuerpo,
mis pies, mi cara,
que nadie vigile
que escucho en silencio el agua
de los ríos que me hablan.

El sonido de las piedras, 
al rozarse con el agua, 
son besos de tarde y luna, 
y besos de madrugada.

Un día me dijo alguien 
que los ríos nunca hablan, 
que sólo siguen su curso 
y sin palabras escapan.

Qué triste pasé aquel día 
al escuchar sus palabras, 
me fui corriendo hacia el río 
para que él me explicara 
por qué yo le oigo tan claro 
y otros no le oyen nada.


¡ADIÓS, GUINEA, ADIÓS!

Me fui cantando en solitario
una canción de amor y olvido,
las marcas de mis pies
dejé en la arena,
que las olas borraron poco a poco.
La última vez que viviría,
soledad, distancia,
la última vez que sentiría
húmedas las sábanas.
Siento esa tierra,
la he pisado descalza,
la he tenido en mis manos
dejándome su marca.
He luchado, he vencido,
he creído, he perdido,
he llorado por nada,
me ha empapado la lluvia
mi piel y mis sandalias.
He vivido la selva
de olores penetrantes,
he sido liana viva,
he contemplado absorta
la imagen de la ceiba,
he sentido la fuerza
del que ama en la distancia.
He soñado, he sufrido
me ha envuelto la nostalgia.
He sonreído al día
he sido compañera
de las tareas vacías.
La noche fue mi amante,
yo amor que nunca olvida.



ALGÚN DÍA
A Luis

Cuando pasen los años, 
cuando no quede nadie 
y sólo queden erguidas 
las cuatro paredes grandes, 
algún día vendrá alguien 
a reconstruir la historia 
que vivieron mucho antes.

Quizá encuentren un día, 
en uno de sus pilares 
unos poemas escritos 
desgastados por el aire.

En noches oscuras, 
cuando las palmeras hablen, 
se oiga llanto de guitarra 
hablando de soledades, 
de distancia, de angustia, 
de largas tardes sin nadie.

Cuando pasen los años, 
cuando no quede nadie, 
seguirá echando hojas 
el árbol que han visto 
mis ojos tantas tardes.







Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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