LITERATURA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

MARÍA NSUE ANGUE

 

 


María pertenece a una generación rescatada: rescatada de la muerte, rescatada del silencio, rescatada de la nada a la que había sido reducida, una juventud obligada a envejecer mientras aplaudía los delirios de aquella orgía de sangre. Pero María, como otros como ella, no dejó que su alma se encalleciera como sus manos: mientras aplaudía volvía a verse niñita feliz en Ebebiyín, donde nació allá cuando el siglo se doblaba sobre sí mismo, rodeada por el amor de su padre José, temprano promotor de una independencia que para la hija significaría aplaudir hasta encallecerse las manos; mientras estaba ahí, frágil alabardera de la corte de Calígula, soñaba con su Colegio de monjas en Madrid, donde había terminado el bachillerato; y no sentía dolor en sus manos, porque sus amigas de la Escuela de Periodismo se las bañaban en ungüentos y se las secaban con sus cabellos, preservándolas incorruptas para la tarea de escribir, «porque lo tuyo es escribir», le decían. Y cuando hubo pasado la larga noche, quiso .olvidar la pesadilla (el padre asesinado mientras ella aplaudía) y todas las pesadillas, y pidió libros a sus Smigos: todos los libros que no pudieron sostener sus manos maceradas. Ahora lee, escribe, retomando el tiempo perdido; y desde las páginas de Ébano o desde las pantallas de Televisión de Malabo, transmite a las mujeres guineanas el mensaje machadiano: «y todo en la memoria se perdía como una pompa de jabón al viento».


ALFA Y OMEGA 

Allá en lejanas tierras 

de mi perdida infancia 

duerme un viejo amigo 

en su negra fosa.
Y entre sus dedos yertos
lleva apretando fuerte
la razón austera
de mi gran locura.
Y mientras aguardo el final
de este fin que nunca llega
piensa todo el mundo
que caí en locura.


Pensamientos rojos. 

Sentimientos grises. 

Sensaciones extrañas 

por la tierra perdida. 

La lejana infancia. 

El ocaso perdido. 

La razón y la locura, 

todas fundidas en una. 

¿Dónde acaba la una 

dónde empieza la otra 

si en torbellino gris 

todos se vuelven una?


¿Dónde está el final, 

dónde el principio,
si en un lapso colgando 

yace el alma perdida? 

Con la vista nublada 

tienta, buscando a oscuras, 

la razón austera 

de su gran locura. 

Ceniciento huele el aire, 

ceniciento el cuerpo inerte, 

colgando apesta el ambiente 

sin sol, ni luz, ni sombra.


SOMBRAS
Soy un perfil recortado 

contra el sol del Infinito. 

Una sombra, con la conciencia 

de no ser más que sombra, 

arrastrando mi indeterminada figura 

con el peso de los milenios acuestas. 

Soy el desierto de mi propia soledad...

La soledad de los que no tienen rasgos, 

ni rostro, ni color, ni calor. 

...La soledad de las piedras.


El mundo se va oscureciendo
llevándose consigo la vida
el ahogo y las tristezas.
El tiempo se detiene en la nada,
y las almas se precipitan al vacío...
¿Dónde están los otros?
¿O acaso fuimos siempre sombras,
piedras, sales y el vacío?
¿Y la razón del ser y del no ser?
... Un sueño.


El amor también pasó 

raudo abrazando al odio. 

¿Qué queda?
Tras de sí, una rara estela
que invita al sueño.
Y como en un sueño,
la importancia, el pasado
y el presente, ya no son
sino sombras fugitivas de una
vida lejana.


El desierto de sal,
cuyo horizonte encarnará
toda una existencia
de sueños, sombras y afanes,
va quedando cristalizado
en un espejismo de su propia sombra.
Es el fracaso de la misma existencia.
El fracaso de la vida y la muerte.
¿La muerte?
... La sombra del espejo.
Mi yo se va quedando en el tiempo
con la seguridad de convertirse
poco a poco en el mismo yo,
que es la nada.
¿Dónde está el Todo?
Mi sensación del presente-pasado
es tan vaga
que no sé si soy, fui o seré,
o simplemente nunca he sido.
¿Soy la piedra o el Universo?
Me voy uniendo al gran Todo
que es la Creación.




Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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