LITERATURA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

MAPLAL LOBOCH


Sólo esa cosa extraña que a veces se apodera del espíritu humano, un último temor a equivocarse, a pesar de la seguridad, impide afirmar, así, tajantemente, que estamos ante el único erudito que ha dado Guinea Ecuatorial. Porque Maplal Loboch escribió poesía, ensayos, cultivó la música y la pintura, y fue maestro, educador y pedagogo. Un personaje como renacentista. Y la comparación no es aquí ni gratuita ni excesiva: pues cumplió fielmente el papel de revitalizador de la cultura de su país, mirando hacia atrás, hacia las fuentes de su propia tradición, y fue una luz en medio de un mundo particularmente oscuro, en el que el alma quedaría esclava del poder de los políticos del otro lado del mundo capaces de emanciparle a uno, o del poder de los ricos hacendados enfundados en sus mansiones neoclásicas, dispuestos al mecenazgo por oír los poemas costumbristas de un negro surgido de las entrañas de un volcán sumergido en las aguas del Atlántico. Pues fue como un profeta devuelto por la ballena a las calcinadas playas de San Antonio de Palea, Annobón, donde nació en 1912: uno de los primeros guineanos que cultivó la poesía como medio de expresión artística, ya antes de la independencia optó por el exilio interior ante la perspectiva que ofrecía un mundo poco apto para el arte. Murió en silencio mientras ellos celebraban 1976.


EL BOABAB (Pangóla)
Árbol quizá el mayor
de cuantos se adornan
los campos de mi patria chica
¿qué mal hiciste que
doquier que te hallas
opa do-fía te llaman?

Dicen mis viejos
allá en sus tiempos
y aún más allá de ellos,
a pesar de su frondosidad,
pájaro ninguno de los pocos
que tenemos por vecinos
vino a hacer su nido
en este árbol, que muere de tristeza
al borde del camino.

Enmudecidas quedan las lenguas
de grandes y chicos todos
de madres y mozas en particular,
y sólo sisean y cuchichean
bajo tu sombra al pasar
por no hallar otro se al pasar
por no hallar otro sendero
que abreviar el camino
cuando el ocaso contrapuesto,
porque el sol se ha puesto
a la hora del regreso
o invertidas también las sombras
se dirigen hacia el mismo camino. 
Niños todos de este pueblo, 
desde edad muy temprana, 
en sus pechos son depositadas 
las sospechas que te atribuyen; 
morada de demonios, espíritus malos 
brujos, duendes y fantasmas 
sólo hacen su nido en este árbol. 
¿Qué mal hiciste que 
doquier que te hallas 
así te motejan?

Mis viejos sospecharon en ti 
todas esas atribuciones, y más, 
forasteros venidos acá, que 
conociendo lo supersticiosos que son 
o para intimidarles o acreditarse 
de hechiceros capaces de aliviarles penas 
o su simpatía ganar, a todos, 
grandes y chicos, opa do-fía.


LAMENTO SOBRE ANNOBON, BELLEZA Y SOLEDAD

... Y allí, alejada de la verde masa africana, 
azotada por los vientos del Atlántico, 
orgullosa y solitaria, se erige una historia un mundo, un destino: Annobón. 
En lo más alto, el desdentado pico Quioveo despide al visitante 
con una triste mueca de esperanza, 
lanza su eterno mensaje, hacia los espacios. 
Paciente espera, ingenua, se fía del mundo. 
En la playa de Palea, una niña llora. 
Con la mirada perdida en la estela que deja el visitante,
su padre con encallecidas y rudas manos la silencia.
El mar sigue cantando su tonadilla constante. 
Rudeza y nobleza en las almas 
y el borracho que duerme a la sombra del cocotero
sobre la arena, las sombras del viejo «Viyil» 
de él no queda más que el regusto amargo de un tiempo que fue mejor. 
Asoma la noche
asoma la noche, allá arriba, en un mástil, ondea la roja y gualda,
¿es un símbolo, un vestigio o una burla? 
Ayer orgullo del mundo, imperio y sol perpetuo 
ayer plazas y señoríos 
hoy Annobón. 
¿Risas o lágrimas? 
Llama, espera, cree. 
Nada puede ofrecer a cambio, 
mas respira belleza, paz, silencio, un paraíso en el infierno. 

No hay rima. 
La noche está al caer 
pero hay luz en las almas 
suena el viejo «Támbalé» 
el cuerpo del negro mozo, vibra bajo el influjo mágico del ritmo. 
¡Eah! grita la negra y enseña una cadena de blancos dientes 
contrastes de su oscura piel. 
Un largo cocotero, acaba de cantarle la «nana» al lago «Mazafín» 
él cómo buen niño,
se sume, en un dulce y descansado letargo. 
Quieto en su lecho, sueña con bellas sirenas. 
El ritmo cambia, el ambiente y los años retroceden
ahora es una vieja canción. 
Corteses, él y ella dejan sitio a los viejos 
existe el respeto y la noche es larga.

Un alegre rayo de luz anuncia el día
las mujeres se encaminan lentamente a sus quehaceres
los hombres hacen lo propio en el mar 
y queda en peligro el vistoso «Pílili» y también el triste «Jajual».
Atrás ha quedado un grito de guerra 
el «¡Blo ay se blochó»! es otra muda esperanza. 
Allá en alta mar,
el trajeado visitante lanza una última mirada, a la piedra que desaparece 
en el espacio ha quedado flotando la promesa.



Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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