LITERATURA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

MARCELO A. NDONGO MBA

 



Si pudiera compendiarse el lamento en una sola de las infinitas, incalculables pérdidas que causó la dictadura a Guinea Ecuatorial, podría lamentarse, sobre todo, la pérdida del hombre que empezó traduciendo cuentos y leyendas de la tradición fang al español para consumo de la población colonial y terminó escribiendo de una manera personalísima, original; hasta el punto de ejercer un cabal magisterio sobre toda una generación. Yo lo confieso: de pequeño quería escribir como Marcelo Asistencia, pero lástima que no pueda demostrarlo porque quemaron sus papeles, rasgaron sus cuadernos y se quedó sin vida ni obra. Y no es que haya muerto: vive aún, pero ya queda para siempre en su alma el estigma de unos agudos dolores. Y si fuera cierto que el dolor estimula la tarea de escribir, este caso revelaría dolores tan... sin adjetivos que su maquinaria quedó reducida a un montón de piezas inconexas. Por eso no merece la pena decir nada de su vida; qué importa en ella, sino dos poemas y una narración, pues se lo quitaron todo. Hasta la colección de revistas donde escribía, esos recortes de La Guinea Española, de Bantú y de Poto-Poto. ¿Qué daño podían hacerle al tirano? Ya que el maestro Marcelo nunca verá ya publicado un libro suyo, ya que quizá nunca vuelva a presentarnos esas pinceladas del mejor periodismo que se ha hecho en Guinea, ya que nunca volverá a ganar premios como los cosechados en los años sesenta porque su mundo se nos va, dejemos la pendejada y lamentemos este alejamiento prematuro, este morir lentamente, olvidado, sin una huella, sin una gloria, excepto la de haber sido el escritor más leído de Guinea antes de su independencia.


EL ANTÍLOPE HERIDO

FÁBULA TROPICAL
Un cazador que apostado 

sagaz la pieza aguardaba, 

vio que un antílope osado 

tímido hacia él avanzaba. 

Y con la luz que finaba 

ya apenas le distinguía, 

pero aunque lejos se hallaba 

y quedo el bicho seguía, 

por probar si le acertaba 

aguzó la puntería. 

Hízose la noche oscura, 

atronó en el bosque el ruido, 

y tal era la espesura, 

tal la imperante negrura 

y tal era el punto elegido, 

que aunque el antílope herido 

quedó al traste de una pata, 

aún tuvo la suerte grata 

de correr despavorido 

y ocultarse en una mata. 

Dio el cazador en buscarle
y se incubó la tormenta, 

mas, lejos de abandonarle, 

no tuvo su riesgo en cuenta. 

Pero, ¡oh!, fortuna cruenta, 

¿quién al fin libró mejor? 

Deslumbrado en la espesura

 cuentan sufrió la amargura

 de perderse, el cazador.


MORALEJA

Si el bicho tuviera ciencia 

y oído hubiese el detalle, 

lanzara esta sugerencia 

de lacerado restalle. 

«Ser humano que a este valle 

viniste a darme aflicción. 

¿No es lógico su mal halle 

quien obra sin corazón?»


LAMENTO FÚNEBRE

Muerte cruel, que arranca de los brazos
sin piedad la imagen más querida,
destrozando el alma en mil pedazos
por la ausencia de un ser que se olvida.
Y aunque ausente,
perdura la huella de sus pasos
su recuerdo
Late en nuestro corazón y alienta nuestra vida.



Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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