LITERATURA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

ANACLETO OLO MIBUY

 

 

Si hubiera que resumir su muy fecunda producción poética en una sola palabra, la palabra sería libertad: alcanzarla, asirla, ha sido, es, la razón de su grito íntimo, su motivo último, la esencia de su vida desde que se la dio María Fátima Mibuy en Kam, Micomeseng, en 1951. Y cuando jugaba a aprender el abecedario ya se enredaba en la palabra, y mientras estudiaba el bachillerato en «La Salle» de Bata ya le daba vueltas a la palabra; buscándola se fue al Seminario de Nkué, luego al de Albacete (España), y posteriormente a la Universidad Pontificia de Roma, donde se licenció en Filosofía y Teología y se diplomó en Medios de Comunicación Social. Y cuando el camino se le reveló estrecho, cambió el sacerdocio por la Antropología, materia en que obtuvo su licencia en 1977, con la máxima calificación, en la Universidad de Friburgo (Suiza). Miembro del Instituto de Estudios Africanos de la Universidad Urbaniana y Secretario de Redacción de la revista Lux, donde aparecieron varios poemas de su etapa romana, aún no ha conseguido ver publicados libros como Libertad y Nostalgia, o Siempre es Navidad. Al poner fin al largo exilio tras la caída de Macías, fue nombrado subdirector del periódico Ébano de Malabo y profesor de Historia en el Instituto «Carlos Lwanga» de Bata, donde reside en la actualidad.

 

YO NACÍ EN MI TIERRA

Yo nací allí:

allí donde el verdor primaveral

oscurece el color del rosal

y la noche entra callada

por las puertas falsas del bosque.

Nací allí chiquitín,

en una isla, sí,

del trineo mañanero,

en zumbidos de la tumba ronca;

rodeado de helechos verdes

en un lecho platanero.

Allí donde se alegra el sol, 

y la luna enfría las noches 

negras del cielo tropical; 

allí donde los niños encharcan, 

al molde, la tierra ecuatorial.

Nací allí, entre cantos

y fuentes de lágrimas;

entre ofidios inocentes

y paquidermos corpulentos,

en la frescura mansa de la selva.

Yo nací en ese pueblo 

esculpido de ébano, 

y rodeado de lagos misteriosos; 

en la sombra de un árbol carposo, 

vertí mi lágrima tierna.

Broté exuberante

en el misterio de tus máscaras

que guardan tu grandeza,

en la ternura de tus entrañas;

y sonreí, porque nací allí      .

recogido entre pieles.

Unas manos negras y temblantes,

recogieron mi pequeñez en el silencio;

unos pechos humildes y palpitantes,

abrazaron el capullo de un amor,

mientras una antorcha lucía

y acariciaba mi rostro anónimo.

Entonces del más viejo recibí 

la lanza combatiente y herí, 

por la sangre de la tradición, 

el triunfo de la opresión 

con un suspiro sellado.

Unas mujeres entonaron

la danza que abrió mis ojos húmedos;

el canto que corearon las cascadas,

entre ríos y pantanos heroicos;

me abarcaron los bosques habitados,

y África me llamó el Sol.

No le niegues a la flor,

que abonó tu calor,

si te clama en fervor;

no le niegues posar

sobre la tierra que regué

con mi ternura al nacer;

y yo te hablaré en tu corazón.

 

A UN JOVEN FUSILADO EN SANTA ISABEL

No te habrías preguntado,

            con enigmas de tu negrura 

                                     Ecuatorial,

cuál es tu nombre 

y qué secreto arcano 

te reservaron tus padres 

en la ahumada boca del Pico

                                   Isabelino...

Y... ya te colocas la soga

                            de tu juventud 

tragando las balas finales 

de tus hermanos verdugos.

Y tu cuerpo soporta anónimas burlas

de tantos ojos ciegos

comiendo la libertad de tus huesos.

Mientras llevas confundido 

el último sueño de algodón, 

entre las tablas mudas

             de tu última cuna.

Voy con esta luz de rimas

dejando flores estériles

en las burbujas de tu sangre,

y poniendo, piadoso

en cada carne de tu cuerpo destrozado

las letras muertas de tu libertad.

 

EL SILENCIO DE LA NOSTALGIA

Hay un silencio violento. 

Una nostalgia elocuente.

Hay un silencio anochecido, 

noche de muertes blancas; 

silencio mudo de varios lutos 

sin crespones negros.

Está prohibido derramar el llanto 

por la ciudad del «silencio».

Hay un silencio de humo blanco

que se yergue sobre tejados de mimbre;

un silencio de cal,

cal viva para los muertos.

¿Dónde se retiró pavorosa

la esperanza ferviente de un pueblo,

y la luz de su buen lucero?

iQué estrellas alumbran hoy,

tanto dolor y duelo, y tanta pena,

la angustia que devora plácida

la ciudad del silencio!

¡Qué de esa quinta juventud;

qué se hicieron de las fecundas

                      viejas de mi aldea, 

reponiendo congénitos cantares 

que exultan los cimientos de hierba 

de mi ciudad en silencio! 

 

iQué de aquellos escudos fundidos 

en la audacia tenaz 

de un pueblo de batallas vencidas 

en la crónica de su historia! 

 

Aquellos osados gritos provocantes; 

aquel terror desesperado de los bosques

                                     solitarios;

¿Aquél desafío de zumbidos bélicos? 

 

¿Qué, de las claras aguas espumosas 

de tus ríos, que, azulados serpentean 

entre los surcos fértiles

                       del pantanal lejano?

iQué misterio amansado, tu caminar,

habrá arrastrado al mar salado

que alimentó generaciones insípidas,

en un puñado de tierra

en un mantel de miseria futura!

 

 

LA VOZ DE LOS OPRIMIDOS

 

Mis poesías serán leídas un día,

debajo de mis árboles,

sin techos ni barnices de aire.

Será la vieja acurrucada

con su cestón de memorias iletradas.

Leerán los árboles fingidos 

de muertos injustos, 

y la tierra se moverá espesando 

la melancolía de un nuevo sol.

En las tumbas se alzarán 

esqueletos de negros invisibles 

sentados en su banco de condenados.

Entonces mi poesía acusará

pondrá en cada boca de hueso, la sentencia

y el látigo macabro de penitencia.

Se levantarán todos los muertos 

y los huérfanos tullidos de miseria; 

algún dedo de papel aplastado 

señalará entre los vivos de la historia 

el asesino de la Libertad.

Allí se leerá mi poesía fúnebre 

y mis líneas de Libertad cruel, 

cantarán las gestas sepultadas 

en cada flor y en cada árbol.

Muertos y vivos de corazón arañado 

de cualquier negra injusticia, 

mis poesías llamarán a la resurrección 

con la voz de los que no la tuvieron, 

con la voz de los oprimidos.

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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