LITERATURA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

FELIPE RIELA SAM

 



HISTORIA DE LOS DOS JÓVENES PEREZOSOS

   En cierto pueblo había un hombre, un «gran señor», rico, Un día decidió hacer un paseo, un viaje largo. Tomó, pues, su caballo y emprendió el viaje largo.
   Al llegar a cierto punto del camino vio un joven que se rascaba la espalda, frotándola contra un árbol, como las cabras... El «gran señor» se detuvo a contemplar la escena con la natural sorpresa que el caso producía. Después de un rato, saludó primero y preguntó después al joven por qué estaba solo ahí, y de esta manera, rascándose la espalda al estilo de las cabras... frotándose contra el árbol...
   Estoy en la suma pobreza —contestó él— y, además, cargado de otras mil desgracias, ya lo ve usted, ni mi mano alcanza mi espalda; ¿qué hacer sino rascármela al estilo de las cabras?
   El «gran señor» se compadeció profundamente. Invitó al pobre a montar en su caballo; le llevó a su casa, y allí le dio comida, vestido, dinero y otros muchos regalos.
   La noticia corrió por todo el país y la gente alabó y comentó ampliamente el gesto caritativo del «gran señor». 
   Había dos jóvenes amigos por aquella comarca. Se informaron sobre qué día volvería a pasar por ahí el «gran señor», y una vez informados, se pusieron junto al camino, bien al alcance de los transeúntes. Una vez ahí, uno por una parte, otro por otra, comenzaron la operación de frotarse las espaldas contra un mismo árbol.
   Pasó el «gran señor». Les vio, saludó y preguntó la causa de tan extraña escena. Estamos en la suma pobreza, señor —contestaron— y no vemos posible solución para nuestro caso.
   Venid dijo el «gran señor». Les montó en su caballo y no les llevó a su casa, como hizo con el primer pobre, sino que les llevó directamente a la cárcel, dando órdenes de que fueran castigados con duros trabajos.
   Señor, replicaron ellos; ¿cómo es que a uno le diste comida, vestido, dinero y muchos regalos y a nosotros nos llevas a la cárcel?
   Porque aquél era uno, y, en realidad, su mano no alcanzaba su espalda. Pero vosotros, que sois dos; ¿por qué no os habéis rascado las espaldas mutuamente?

   Esta «historia» nos enseña que no debemos ser perezosos, sino trabajadores. Y que la pobreza, por grande que sea, no excusa del trabajo.
 
De La Guinea Española. Abril, 1968

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

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