LITERATURA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

ESTEBAN BUALO

 


LE VA TOCO BUWE

(Al fin vimos la luz...)


   -«Hermanos: Es triste ver nuestro estado actual. Sólo pobrezas y desventuras acompañan estas tribus, diezmadas y débiles, a causa de las enconadas luchas que nos llevan por sendas de caos, perdición y ruinas....»


   «La terquedad en seguir los consejos trazados por los antepasados, jamás nos libertará del yugo de nuestros feroces perseguidores....»


   «¡Salgamos de aquí! Orientemos nuestra marcha siguiendo la trayectoria del "Djoba" (Sol) donde todo parece que descansa y duerme...»


   «Allí encontraremos "Manga" (Mar) y ese será el paraíso donde remansarán nuestros espíritus, que sólo conocen inquietud y guerra... Viviremos libres en sus costas y ayudados por los "espíritus benéficos" de nuestros antecesores, que pregonan los ancianos, esos "Melangani" (Blancos) nos harán felices proporcionándonos la sal y otras cosas curiosas...»
«Ya sé Jos grandes obstáculos y vigilias que tal empresa exigirá, pero la amenaza se cierne sobre nosotros y si no lo hacemos nuestras generaciones desaparecerán bajo la malanza despiadada de los enemigos...» 


   «¡Hermanos, salgamos de aquí mañana mismo...!»

   Esta o parecida debió de ser la arenga lanzada en un lugar de la oscura selva por uno de los principales Jefes de Tribu, El Gran USOKI-MOSOTYI (El adivino). Hombre de recia figura, alto, musculoso, de manos poderosas y anchas espaldas.


   Cubría su cuerpo hasta la cintura con fibras elaboradas con cortezas de árboles. Descalzos los pies y descubierta la cabeza de cabellera ensortijada, llevaba una barba crecida y ásperamente cuidada y en su descomunal aspecto y rostro duro adivinábase la huella dejada en años difíciles por el constante guerrear...



CARAVANA EN MARCHA

   El discurso o arenga pronunciado por el Gran Jefe, despertó el natural interés en las tribus y una buena mañana, Bengas, Bapukus, Kombes, Iyasas y Ones formaron caravana y en éxodo general emprendieron la marcha en busca de mejores horizontes y más halagüeñas perspectivas...


   A la cabeza de las mismas formaban los guerreros varones mayores de veinte años y menores de setenta. Tras éstos, seguían los ancianos, jefes, mujeres y niños y cerraba el paso una escuadrilla de guerreros al servicio de los hechiceros.


   Guiado su peregrinaje por la trayectoria del sol, debieron caminar durante el día y formar nocturnos campamentos en plena selva alrededor de hogueras.


   Y así, en medio de múltiples calamidades y sufrimientos, alcanzarían en un avanzado atardecer las orillas del río LOKONDJE, que no identificado, les aconsejó acampar expectantes en sus inmediaciones y esperar el nuevo día.



EL RIO LOKONDJE Y LA DESESPERACIÓN DE LAS TRIBUS

   Muy de mañana, levantóse el Gran Jefe MOSO-TYI y acompañado de su pregonero realizaron una salida exploratoria por la margen del río; y es tal el pánico que en el mismo cundió, que momentos después regresaría presuroso al campamento. Se colocó en medio de las tribus y blandiendo una lanza en su mano diestra mientras sujetaba con la otra una escobilla (atributos preceptivos de su cargo) hizo estas advertencias tras exhalar un profundo y significativo suspiro:


   «Será difícil continuar nuestro camino. El descomunal aspecto del río ha producido en mi cuerpo una gran fiebre provocada por los espíritus malignos.»


   «Mecucu mia walo wa beva. Sus aguas son abundantes y turbias y es tal la verticalidad de sus orillas que acusan una fuerte profundidad donde moran los más espantosos monstruos del mal, que esperan nuestra tentativa de pasarlo para devorarnos y acabar con nosotros.»


   «¡Establezcámonos aquí y esperemos momento más propicio!»


   Cierto que la apariencia del río había producido en el ánimo de los caravaneros tal impresión que hasta sintieron una sensación desconocida hasta aquel momento. Su gran deseo de alcanzar el mar había quedado abortado con la aparición de este inesperado y natural obstáculo.


   De repente, se vino abajo toda la moral de las gentes, pero el descontento y la murmuración hostil y de retracción acabaría por acatar en conformidad aparente la disposición del Gran Jefe.


   Aunque el descontento era general, permanecieron quietos... ¡Los obstáculos y vigilias que él había anunciado le corroboraban una vez más como infalible! Por ello se imponía esperar momento más propicio como él también había aconsejado.


   Construirían sus chozas y esperarían el momento adecuado para llegar al «Manga» (Mar) y probar la «sal» libres de enemigos...


   Pero pasaron los días y las lunas (meses) y la desesperación, la miseria y el hambre que sufrían no cundió lo bastante para hacerles olvidar las arengas y esperanzas que les hicieran partir. Por ello sí esperaron.


   Una mañana, mientras los acampados realizaban sus faenas campestres, cubrióse el cielo de negros nubarrones y la furia de «DEVILI» (Diablo), o Dios malo, se desató arrollando con estruendo de rayos y truenos, no sólo aquellas pobres chozas, sino los árboles a cuyos pies se alzaban, que en volandas y deshechos se sumaron al triste desfile de la furia.


   ... Pero siempre sabía sobreponerse y estos contratiempos no hacían otra cosa sino aumentar la ansiedad. ¿Cuándo verían a sus generosos y soñados amigos blancos...?
Hasta que un día...



¡ROMBE, EL GRAN GUÍA DE LOS PLAYEROS!

   El sol comenzaba a declinar en su trayectoria y la placidez del vespertino crepúsculo invitaba a la contemplación de una naturaleza verde y animada, mientras que los primeros grillos sacudían sus élitros produciendo sonidos agudos como si 
quisieran elevar sus preces al creador en acción de gracias.


   De pronto salió de su choza una jovencita, alta y delgada, que ataviada con plumas y pieles portaba a la cabeza una enorme calabaza. Alegre y cantarína dirigió sus pasos hacia el río donde había de recoger el elemento líquido indispensable para el consumo del hogar.
Así que hubo llenado su vasija, se sentó a la orilla y hallábase contemplando coqueta en el espejo de sus aguas, cuando de pronto fijó sus lindos ojos en algo que vadeaba el río.


   iNo! No era un espejismo. De pronto, apareció sobre el horizonte una masa oscura, cuya silueta aumentaba en proporción a medida que se aproximaba.


   Ante esta visión preñada de peligro, de un «Rombe» (Antílope) avanzaba majestuoso cruzando el cauce y el agua sólo le llegaba hasta el nivel de los codos.


   Allí estaba la atónita muchacha, contemplando por vez primera el histórico animal que pasaría a la leyenda como el guía de las tribus playeras.


   Aquel río caudaloso y que tantos recelos les despertó, se convirtió de pronto en un obstáculo que sólo les exigiría el tributo de mojar en él sus pies.


   La muchacha jadeante emprendió veloz regreso y participó la grata nueva en el campamento, que vibró de júbilo en medio de danzas y alegría...



EL RÍO SE CONVIERTE EN CAMINO

   Una vez que el mito se vino abajo, USOKI-MOSOTYI consideró que aquel «mejor momento» había llegado y ordenó continuar la marcha.


   Y el LOKONDJE, aunque de aguas turbias, dejó de ser temible nido de monstruos y se convirtió de pronto en guía de las tribus acampadas.


   El Rombe también había seguido éste, aguas abajo, y algo misterioso les aconsejaba imitarle:


   —«Considero —dijo Mosotyi— que la recompensa de estos sufrimientos y sacrificios la hallaremos si seguimos el curso de este río, allí nos despojaremos de nuestras miserias, nos bañaremos en el agua del mar Meba ma manga y los pacíficos hombres del mar grande Melangani mía manga nos harán felices a nosotros y a nuestras generaciones.»


   Y el viaje se realizó ya felizmente, alcanzando al fin el codiciado "mangas"...

   Contemplaba el Gran Osoki la incesante danza de las olas y las veía morir a sus pies sobre la blanca arena de la playa... púsose firme y con los músculos contraídos, lanzó un vozarrón de alerta, dictando órdenes de prevención, para que todos los guerreros tomasen sus armas y se dispusieran a lo largo de la playa a afrontar con entereza aquel peligro.


   Pero los intrépidos marineros avanzaban paulatinamente en sus barcas y mientras que sus remos bogaban acompasados cantaban bellas canciones llenas de dulzura y añoranza...

   En sus rostros se reflejaba una sonrisa que contagiaba e imbuía a los «nga-manga» (playeros) una confianza de paz y amistad.


   Pisaron al fin tierra firme y con los brazos abiertos, saludaron a los recelosos nativos ofreciéndoles con sus francas sonrisas, generosos obsequios, comidas y prendas de vestir. Allí estaban al fin ¡le va loco buwe!


   ¡Melangani! ¡Melangani!


   Este fue el primer saludo de júbilo con que los playeros saludaron a los blancos...
Y a los gritos de ¡buwe e paba! ¡buwe e pondi! (¡la luz ha llegado!). ¡Aquí están presentes los reyes de la sal! ¡Saludemos a nuestros protectores...! Comenzaron a doblar los monótonos tam-tames mientras que los recién llegados en medio de gritos de alborozo y júbilo se dirigían con el Gran Jefe hacia la choza de éste, donde pronto, bajo la patriarcal complacencia de los ancianos, se cruzarían generosos presentes y se sellaría con mímico lenguaje una amistad imperecedera...


   Cuando Mosotyi salió de la choza lo hizo vestido con un traje multicolor y vistoso, que los melangani habían traído de molema (Mar lejano) y en medio de un séquito constituido en su mayor parte por bellas mujeres, dirigió a la emocionada concurrencia, desde un improvisado trono y con gran solemnidad, las siguientes palabras:


   «En este día de gozo en que se redime a los pueblos playeros de miserias, ignorancia y hambre, demos gracias a los espíritus de nuestros muertos por haber alcanzado felizmente estas costas de promisión tan anheladas...


   «Nuestros toscos vestidos de cortezas de árboles se ven sustituidos por sande a modamba (clotes de vistosos colores) el medio cuerpo que siempre llevamos desnudo, sufriendo los rigores del tiempo, estará cubierto por ngoy a sola (camisa) y el bepocolo (sombrero) nos protejerá de djioba (sol) y los macogos (calzados en general) defenderán nuestros pies de mordeduras venenosas...


   »Las perniciosas bebidas fermentadas en estanques de parásitos malignos, con que animábamos nuestras fiestas y reuniones también serán olvidadas por maca ma mela ngani (bebidas de los blancos) y para defendernos de nuestros enemigos cambiaremos nuestras rudimentarias e ineficaces armas por la n'jale ña tyapisi (escopeta de pistón) de cuyo ruido y fuego mortífero y eficaz . irán despavoridos y asustados...


   »Desde hoy entramos en una nueva vida que convierte en realidad nuestros sueños... 


   «Imitemos y sigamos la conducta de nuestros protectores porque de ello dependerá la felicidad de nuestras tribus.


   «Besedi y biaya, beyendi epuwa lego e ne niévela y miaya...» (Porque sus costumbres y generosidad son tan blancas y puras como el color de su piel...) Y así percibieron los primeros rayos de luz civilizadora estos pueblos que llevan hoy una vida plácida y tranquila en nuestras costas, adelantándose a los que tiempos después recibirían también su redención en el interior, al amparo de una bandera roja y gualda que vela con mimo por estos hijos de Fernando Poo y Rio Muni, verdaderos benjamines de la Hispana Patria...


De La Guinea Española. Marzo, 1962

Editado y distribuido por ASODEGUE

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