LITERATURA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 



CONSTANTINO OCHAA



BIOM SE CONVIERTE EN SU SUEGRA

   Hacía mucho tiempo que Bióm divagaba de pueblo en pueblo con el fin de saciar el hambre con que le atormentaba su esposa Ovulá en castigo de sus extravagancias. Esta vida errante le ocasionaba muchas miserias y por eso llegó pronto el día en que no pudiendo soportarlas decidió librarse de ellas del mejor modo posible.
   El día que tomó tal resolución cogió su lanza y antes de salir de casa para buscar el sustento de aquel día, dijo a su mujer:
   —Ya que te empeñas en hacerme pasar esta hambre tan atroz he tomado la resolución de dejarte sola e irme lejos para poder comer libremente todo lo que me proporcionen mi ingenio y mi bravura. Haré que venga tu madre a acompañarte.
   Dichas estas palabras salió precipitadamente de su casa y se dirigió al pueblo en que vivía su suegra. El pícaro Bióm pensaba burlarse de su mujer de la manera más cínica para vengar los ayunos que ella le había obligado a soportar.
   Habiendo llegado Bióm al pueblo de su suegra se dirigió a la casa en que ella vivía. Y habiendo comprobado que no había nadie dentro de la casa, entró él muy sigilosamente. A los pocos momentos salió Bióm con el ncueñ y la mejor túnica de su suegra.
   A toda prisa se dirigió a su pueblo y caminaba muy contento porque ya tenía todo lo necesario para desarrollar la gran trapisonda que iba a hacer a su mujer.
   Cuando ya se encontraba en las proximidades del pueblo se retiró a un lugar escondido y allí esperó a que llegara la noche.
   Mientras esperaba se ocupó en disfrazarse con la túnica y los collares de su suegra. Cuando anocheció se decidió a salir de su escondite para entrar en su pueblo y en su casa, lo cual consiguió con toda normalidad.
   Ovulá, la esposa de Bióm, no estaba entonces en casa, pero Bióm, perfectamente disfrazado de su suegra esperó tranquilamente en el umbral a que llegara Ovulá. Esta llegó cuando las sombras de la noche apenas permitían ya distinguir las cosas. Pero al fijarse en la persona que la esperaba reconoció enseguida a su madre, sobre todo por la túnica y los collares.
   Ovulá corrió a saludar a aquella persona que creía ser su madre y entre tanto decía éstas exclamaciones llenas de regocijo:
   —¡Vaya, vaya! ¡Qué de noche llegas, mamá! ¡Qué de noche llegas!
   Y el taimado Bióm, fingiendo perfectamente la voz de su suegra contestaba:
   —He hecho un viaje muy malo, hija mía. Me encontraba enferma y he tenido por eso que pasar muchas horas en el camino.
   —Pues, ¿qué te pasa, mamá? —exclamaba Ovulá llena de solicitud.
   Y Bióm respondió extremando su bellaquería:
   —No se trata, hija mía, de nada grave que me impida comer. Mi mal consiste en el cansancio y desfallecimiento que sobreviene a todo el que anda un largo camino como el que he andado yo. 
   Este mal se remedia cenando bien esta noche y descansando mañana durante todo el día. Por lo cual te ruego que me prepares la cena cuanto antes y que mañana no me despiertes en todo el día.
   Ovulá preparó aquella noche una gran cena para su supuesta madre, dispuso después una habitación para que descansara, y como al día siguiente tenía que salir muy pronto para la finca, pasó gran parte de la noche preparando una comida extraordinaria para que al día siguiente pudiera comer su madre opíparamente.
   Al amanecer el día siguiente, salió Ovulá para la finca. A Bióm le esperaba, por tanto, un gran día. Cuando se encontró solo se levantó y comió alegremente todo lo que encontró preparado por su mujer durante la noche. Cuando se acercaba la tarde y Bióm imaginaba que con la tarde había de llegar su mujer, se retiró a su habitación a reposar cómodamente su hartura. Ovulá llegó a media tarde, pues no tenía prisa por haber dejado preparada toda la comida para su madre. Lo primero que hizo al llegar fue acercarse a la habitación de su madre. Al darse cuenta de que estaba acostada dijo:
   —Parece, mamá, que no te has levantado en todo el día. ¿Sigues enferma?
   Bióm, llevando su fingimiento hasta el extremo, respondió desde dentro.
   —Sí, hija mía, me levanté cuando tuve necesidad de comer. Pero después de comer se me han producido fuertes dolores de estómago que me han obligado a acostarme nuevamente.
   Ovulá se entregó a sus quehaceres domésticos y procuró no hablar a la enferma para no molestarla. Después de haber tomado una cena lo más exquisita posible en atención a la «enferma» se entregaron al descanso.
   Al día siguiente, Ovulá tiene que repetir su visita a la finca y sale muy de mañana.
Iba camino de su finca cuando se encontró con un muchacho conocido que era del pueblo de su madre.
   El muchacho, al reconocer a Ovulá sintió mucha alegría porque venía precisamente a buscarla.
   Después de haberse saludado, el muchacho dijo a Ovulá:
   —Ovulá, te traigo una noticia. Te la voy a comunicar aquí mismo porque me urge volver al pueblo.
   —No tengas tanta prisa —respondió Ovulá—, ven a mi casa a descansar. Allí me dirás todo lo que tengas que decirme y de paso verás a mi madre que está un poco enferma.
   El muchacho soltó una sonora carcajada y exclamó;
   —¿Que allí veré a tu madre? Entonces, tú, ¿cuántas madres tienes? ¿Tienes, por ventura, dos madres?
   Ovulá se quedó profundamente sorprendida al oír las palabras del muchacho, el cual continuó explicándose del modo siguiente:
   —Tu madre no puede estar en tu casa porque anoche me llamó a mí para que viniera hoy cuanto antes a decirte que un ladrón entró en su casa y le robó la mejor túnica, los mejores collares y el ncueñ y hasta ahora no se ha descubierto al ladrón. Yo no quería venir, pero ella supo conquistarme dándome estos dos ñames que vengo comiendo. Por tanto, tu madre está en su pueblo y no en tu casa. Pero ya que aseguras que está en tu casa iré contigo para ver qué embuste ha sucedido.
   Entre tanto, Bióm estaba disfrutando del gran banquete que había dejado Ovulá preparado para que «su madre comiera». Para estar más fresco, se había quitado la túnica y los collares de su suegra. Y una vez que hubo terminado el banquete se había puesto a cantar como el ser más feliz del mundo Cantando alegremente estaba cuando llegaron a casa Ovulá y el muchacho. Bióm al verlos se quedó tan tranquilo y siguió cantando con toda frescura.
   Ovulá comprendió al momento lo que había pasado y, ciega de ira, se lanzó sobre Bióm propinándole la más intensa y larga paliza que en su vida le había dado.
   Como la burla había sido tan enorme, para no volverla a sufrir otra vez, Ovulá decidió no sujetar más a su marido a los rigurosos ayunos.


De La Guinea Española. Agosto, 1962  

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

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