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HOJAS INFORMATIVAS
24
de junio de 2008
Sobre la política exterior
española: "Política exterior comprometida"
José Ignacio Torreblanca, El
País, 23 de junio 2008
"La semana pasada, el
presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero,
acompañado de Kofi Annan, ex secretario general de la ONU,
detalló en público el programa de acción de la política exterior
de España para esta legislatura. Entre las novedades importantes
destaca un elevado tono ético y moral, ya apuntado en el
discurso de investidura, y que se expresa principalmente en la
marcada orientación africana, el énfasis en la lucha contra la
pobreza y en la propuesta de revitalizar la iniciativa para una
moratoria universal de la pena de muerte.
Este giro ético de nuestra política exterior tendrá que navegar
entre riesgos de gran calado, especialmente al predicarse en un
continente tan rebosante de petróleo, conflictos y tiranos, como
falto de democracia, equidad y derechos humanos. La ayuda al
desarrollo se ha convertido en el nuevo mantra, a menudo en el
límite tolerable de un nuevo colonialismo moral. Especialmente
cuando excluye cualquier análisis político sobre el poder,
tiende a convertirse en pensamiento blando, incapaz de
transformar la realidad sobre la que pretende actuar. Pero,
afortunadamente, como los africanos nos conocen bien,
sospecharán de nuestros motivos, pues no hace tanto que los
europeos esquilmamos su continente mientras que con toda
hipocresía evangelizábamos sus pobres almas. Quizá sea por eso
que los chinos o los rusos son tan bienvenidos en África:
quieren lo mismo que todos, pero pagan en efectivo, no hacen
preguntas y, sobre todo, no se dan aires de superioridad moral.

Es esa compleja mezcla de principios e intereses la que el
presidente puso de manifiesto al poner en pie de igualdad como
ejes temáticos de nuestra política exterior, por un lado, la
gestión ordenada de las migraciones y la seguridad energética y,
por otro, la lucha contra la pobreza y la construcción de la
paz. Dígase claramente: Europa se escandaliza con la miseria
africana, hasta el punto de que hay países decentes, como el
nuestro, que están dispuestos a dedicar hasta el 0,7% de su
renta a erradicarla, pero en la práctica está básicamente
interesada en su propia seguridad, económica, energética y
migratoria. ¿Nos interesaría tanto Senegal si sus abarrotados
cayucos no hubieran puesto al Gobierno en un aprieto ante la
opinión pública? El mensaje europeo es claro: inmigrantes, no
gracias; petróleo y otras materias primas, pasen, por favor. Por
tanto, no hace falta que prescindamos de nuestros principios y
nos convirtamos en unos cínicos, pero tampoco ocultemos nuestros
intereses reales y la profunda asimetría de poder entre ambos
continentes que, en la práctica, hace casi imposible por
naturaleza una relación equilibrada entre Europa y África.
La retórica es un arma de doble filo. Zapatero anunció su apoyo
a una moratoria universal sobre la pena de muerte y un renovado
compromiso con los derechos humanos, pero apenas hace dos
semanas el ministro de Exteriores chino definió a España como
"el mejor amigo de China en Europa", basándose en nuestra
reticencia a recibir al Dalai Lama o a secundar un eventual
boicot de los Juegos Olímpicos. Nuestro país tiene grandes
intereses e inversiones en China, pero ahora ya no podrá ignorar
tan fácilmente el hecho de que el Gobierno de ese país, además
de incumplir sistemáticamente la Declaración Universal de
Derechos Humanos, tiene en su palmarés una oprobiosa medalla de
oro al ejecutar en 2007 a 10 veces más personas que ningún otro
país del mundo.
Pese a ser un país que ha carecido de libertades hasta bien
recientemente, España no ha tenido hasta ahora una política de
promoción de la democracia y de protección de los derechos
humanos que mereciera tal nombre. Véase el caso de Guinea
Ecuatorial, donde el régimen de Obiang se atrinchera cada vez
más en la corrupción y en la represión, mientras que en España
el Gobierno mira hacia otro lado, sin ni siquiera ser capaz de
emitir un comunicado valorando las recientes (y fraudulentas)
elecciones, al tiempo que nuestro Parlamento se miente a sí
mismo describiendo un inexistente "proceso de democratización"
que ninguna otra institución nacional o internacional, pública o
privada, ha visto por ninguna parte.
Bienvenido sea, pues, un salto cualitativo de nuestra política
exterior hacia una dirección que nos empareje con otras
potencias comprometidas, como los escandinavos. Pero cuidado, en
política exterior, la tensión entre intereses y principios es
estructural y siempre difícil de manejar: en las encrucijadas
donde éstos colisionan se juega la credibilidad de un Gobierno.
Evidentemente, el camino ético no es sencillo, pero si de verdad
queremos ser un factor de cambio y progreso hacia una mejor
gobernanza global, comencemos llamando a las cosas por su nombre
y discutamos en profundidad cómo hacerlo".
Editado y distribuido por ASODEGUE
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