Un cayuco de tripulación
pirata atracó a finales de enero junto al espigón de
Bata, muy cerca de un banco de la segunda ciudad de
Guinea Ecuatorial, el nuevo emporio petrolero de
África. Diez hombres fuertemente armados saltaron a
tierra, corrieron hacia el banco con despliegue de
comandos y redujeron a vigilantes y clientes sin
encontrar resistencia. Todo ocurrió a media mañana.
"Iban a por el dinero del petróleo", adivina un
comerciante, que supo del desarrollo del atraco por
un amigo rehén. Un helicóptero del Ejército
persiguió a los delincuentes, pero debió retroceder
al recibir una andanada desde el cayuco, que no pudo
responder porque los servidores de las
ametralladoras habían olvidado municionarlas. Nunca
se publicó aquel audaz asalto, probablemente
ejecutado por piratas de Gabón o Camerún, y nada se
conoce sobre la cuantía del botín.

La selvática ex colonia
española (1778- 1968) ha sido pieza apetecida por
piratas, mercenarios, comerciantes y gobiernos desde
que los barcos negreros del siglo XVI zarpaban de
sus puertos con cuerdas de bantúes, esclavos en las
plantaciones americanas de las potencias coloniales.
Guinea Ecuatorial perdió entonces a buena parte de
su población, abasteció de madera, cacao y palma a
España y, desde los descubrimientos de la Exxon
Mobil en 1999, el crudo fluye hacia los cargueros de
las multinacionales, rumbo a sus refinerías de Tejas
o China. Tercer productor africano después de
Nigeria y Angola, el antiguo puerto esclavista
ingresa 3.000 millones de euros anualmente, en torno
al 25% del total de los beneficios petroleros, y su
economía crece al vertiginoso ritmo del 20%.
El PIB por cabeza, que
pasó de los 430 euros anuales a los 17.000 euros,
esconde una dramática realidad: el 80% de los
600.000 habitantes de Guinea Ecuatorial vive con
menos de 200 euros mensuales, y sufre pandemias,
insalubridad, chabolismo y frustración. La
oligarquía gobernante controla la riqueza de un país
cubierto de selvas ricas en materias primas,
estuarios y playas de ensueño y filones sin
aprovechar. "El petróleo ha hecho que países que
antes nos apoyaban se olviden de nosotros y,
mientras, la dictadura se consolida y la familia
presidencial sigue en la opulencia", denuncia el
diputado de Convergencia para la Democracia Social
(CDS) Plácido Micó, simbólico opositor en una nación
sin democracia ni justicia distributiva a las
órdenes, desde el 3 de agosto de 1979, de Teodoro
Obiang, de 66 años. Fue entonces cuando el ex
teniente coronel, formado en la Academia de
Zaragoza, derrocó a su tío, el dictador Francisco
Macías, posteriormente fusilado, y ocupó su trono de
Malabo.
España y otras naciones
aplaudieron la desaparición del primer tirano de la
independencia, protestaron por los atropellos del
nuevo autócrata y no tardaron en bajar el diapasón,
casi hasta el enmudecimiento, cuando sus pozos
comenzaron a bombear y el precio del barril reventó
los mercados internacionales. Temeroso de las
apetencias territoriales de los vecinos Gabón y
Camerún, y de los golpes de mano mercenarios,
Teodoro Obiang compró la protección de Estados
Unidos a cambio de la parte del león en la
explotación de los multimillonarios hidrocarburos.
El Tercer Mundo acostumbra a exigir el 50% de los
beneficios de sus recursos naturales, pero los
guineanos se conformaron con el 25%, según los datos
disponibles. Houston firmó a la carrera.
Las españolas Repsol y
Unión Fenosa pugnan ahora por un mercado de 810.000
barriles diarios, 2.000 millones más en reservas
probadas, y unos fecundos yacimientos de gas. Las
norteamericanas Exxon, con el 70% de la producción
total, Maratón, Amerada Hess, Chevron, Vanco, Noble,
Tritón y Ocean explotan los mejores pozos del
Eldorado africano, mientras compañías de Francia,
Reino Unido, Malaisia, Suráfrica, Japón o China
completan la relación de invitados de la bacanal
perforadora. "Obiang no tiene que preocuparse mucho
de los derechos humanos, con amigos tan
influyentes", ironiza un empresario argentino en uno
de los bares de la tórrida capital africana. No le
falta razón: Estados Unidos recibirá del Golfo de
Guinea, en el 2015, el 25% del crudo que necesita,
contra el 15% importado ahora, según cálculos del
Pentágono. Como el porteño de los derechos humanos
es un hombre irritable, reacciona ante la pachorra
del camarero: "Empiezan a parecerse a los
venezolanos. Esperan que el petróleo les solucione
la vida sin trabajar".
Los contratos asociados
a los hidrocarburos y a las infraestructuras
convocaron a los técnicos franceses, alemanes,
japoneses, portugueses, rusos, chinos o españoles
que se alojan en las limitadas plazas hoteleras de
una ciudad de 70.000 habitantes, decadente y plana,
colonial en la arquitectura de su centro histórico.
La destartalada flota de taxistas de las principales
poblaciones guineanas, sin rótulos que los
identifiquen como tales, y el escuadrón de
particulares al volante de turismos japoneses de los
ochenta conviven con las modernas camionetas de la
nueva plutocracia en bulliciosa anarquía
circulatoria. Numerosos vehículos no llevan
matrícula, y ninguno utiliza los cinturones de
seguridad. No importa mucho. Lo llamativo son la
masiva entrada de fondos y el auge constructor de
las hormigoneras y grúas, que rehabilitan edificios
coloniales, levantan bloques de apartamentos en los
barrios emergentes o embellecieron el malecón de
Bata. Las peonadas abren zanjas y canalizaciones, se
adentran en la jungla para tender puentes y asfaltar
caminos y abren trochas hacia los tajos forestales y
catas mineras.
Los maliciosos atribuyen
el buen trazado de la carretera de Bata a Mongomo a
su carácter de ciudad originaria del clan esangui,
que copa el aparato estatal, de la etnia fang, a la
que pertenecen el presidente y el 72% de los
guineanos. La etnia agrupa a 67 clanes.
Casi todo asombra en el
tropical enclave negro: el 45% de los habitantes de
un país bendecido, y también castigado, por el
hallazgo de petróleo tiene menos de 15 años, y la
esperanza de vida ronda los 50. "El Gobierno se está
gastando bastante en la construcción, aunque la
sanidad, la educación y la atención social son un
desastre", señala un empresario español con más de
diez años de estancia en el país. Los cientos de
ingenieros, ejecutivos y técnicos estadounidenses
colgados de las plataformas marítimas viven ajenos a
esa precariedad nacional, al 50% de la población sin
agua corriente, al 19% de los niños desnutridos, al
3,2% de infectados por el virus del sida, a la
masiva deserción escolar y a las otras lacras
señaladas por el Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD).
El regimiento de
zapadores yanqui cumple con la orden del
subsecretario de Asuntos Africanos, Walter
Kansteiner, poco después de los atentados del 11 de
septiembre del año 2001, durante el arranque de la
guerra de Irak y el súbito encarecimiento del crudo.
"Traed ese petróleo [el de Guinea] a casa", dijo
supuestamente el alto funcionario. El crudo ya
viajaba a Tejas desde el primer pinchazo del pozo
Zafiro, situado en alta mar, a 20 kilómetros en
helicóptero desde Malabo, en la isla de Bioko. Las
otras bolsas son vaciadas a diario en el territorio
continental. La plantilla de la encomienda
patriótica viaja regularmente a casa en el
Houston Express, un vuelo de 15 horas entre
Malabo y la metrópoli de la petroquímica. "Esto es
muy aburrido y hay que tener mucho cuidado con las
juergas y las mujeres porque hay mucho sida", dice
un norteamericano de origen filipino. Más de 3.000
petroleros residen en una ciudadela de la península
Punta Europa, abastecida por modernos supermercados,
tiendas, wi-fi y servicios propios. Las
residencias de los diplomáticos y de la burguesía
local evitan las casuchas y los tenderetes
arrabaleros, que ofrecen la quincalla propia del
subdesarrollo: repuestos, pilas, candados,
zapatillas, camisetas, ventiladores, o Rolex a 10
euros. Pero algo salpica el maná negro. Los obreros
locales o inmigrantes de las plataformas reciben
sueldos que oscilan entre 500 y 700 euros mensuales,
y otros braceros abrevan en los negocios residuales
del crudo. Este pelotón compra en los supermercados
Martínez Hermanos, españoles, y en los comercios de
los emprendedores libaneses, importadores de
productos de primera necesidad a precios que aquí
son altos: la botella de leche y la cerveza, a un
euro; y la pasta dental, a 2,50.
La carestía de la vida,
los exiguos salarios, el déficit habitacional y
hospitalario, la penosa calidad de la educación, el
desamparo social, en suma, siguen ahí, pese a los
multimillonarios ingresos y a la histórica
cooperación de España. El trabajo de los claretianos
fue siempre abnegado, y el Centro Cultural Español
de Bata es un oasis, pero la penuria agolpa en el
puerto de Malabo a los estibadores de los mercantes
cargados en muelles europeos o asiáticos. El
pluriempleo es casi obligatorio, pese al
triunfalista discurso del Gobierno, cuya retórica
abarata los compromisos con la modernización y el
bienestar. El progreso avanza a paso de tortuga,
mientras la corrupción, galopante, se abate como la
peste sobre el Kuwait africano y, sobre todo el
continente negro. Transparencia Internacional colocó
a Guinea Ecuatorial en el puesto número 151º de la
lista negra de los 163 países más corruptos, en
paralelo con Costa de Marfil, Camboya, Bielorrusia y
Uzbekistán. Pero la triste estadística no interesa a
todos.
-Perdone, pero ¿dónde
puedo comprar una guayabera como la suya?
El caballero de la
guayabera estampada con los retratos del presidente
Teodoro Obiang y su esposa, tamaño gigante, responde
de mala gana en la silla de un soportal habilitado
para el alisado de rizos y el tratamiento de uñas.
El ciudadano oficialista sumerge los pies en un
barreño, mientras una joven ejecuta una primorosa
pedicura. Le cobrará medio euro.
-Compré la tela y
encargué que me imprimieran las fotografías. Usted
puede hacer lo mismo.
-Debe admirar mucho al
presidente.
-Sí. Ha traído mucha
prosperidad.
-Pero dicen que es muy
rico y que a la gente no le llega el dinero del
petróleo.
-¿Y quién le ha dicho
eso a usted?
-Pues por ahí, pero
seguro que me han mentido.
-Todo eso es mentira. ¿Y
usted, a qué ha venido a nuestro país?
El transeúnte sospechoso
llegó a Guinea Ecuatorial con el visado de turista y
el interés personal y profesional por la historia y
la revolución petrolera de una nación abundante en
metales preciosos y maderas nobles, techada por
2.200.000 hectáreas de densas selvas, de las que
sólo se han explotado 400.000. El blanco fisgón
visitó ciudades abrasadoras sin quioscos de prensa,
ni librerías, ni debates; sin sindicatos, ni poderes
independientes: una nación católica y espiritista,
adormecida por una publicación mensual, tres
emisoras de FM estatales y una televisión adscrita a
la propaganda gubernamental y a los programas
folclóricos y agropecuarios. Triunfan en pantalla
Pipi Calzaslargas y Heidi, la niña de los Alpes
suizos. Los vecinos con parabólicas se libran del
naufragio.
El desplante del
caballero de la guayabera, los silencios y las
esquivas razones escuchadas en calles, tiendas y
mercados de Malabo y Bata atestiguan el temor a
hablar mal del régimen y el entendible analfabetismo
político de una sociedad distanciada del mundo de la
información y de la libertad. Las suculentas
regalías petroleras activaron la corrupción y el
desengaño en una población sobrada de teléfonos
móviles, pero primitiva en las comunidades de
pescadores y cazadores avecindados con las vetas de
mercurio y uranio, el gorila, los cocodrilos y el
murciélago de la lengua larga. Los tesoros naturales
de un país lastrado por las inmoralidades propias de
la descolonización explican el chaqueteo de Estados
Unidos, Francia o España, y el golpe del año 2004 de
los 60 mercenarios surafricanos financiados por
negociantes y políticos, varios de ellos británicos,
apartados todos de la tarta petrolera. La fallida
intentona demostró que el monopolio estadounidense
estaba siendo amenazado. La Casa Blanca pronto
advirtió contra nuevas aventuras. "De ahí, la
bienvenida hace dos años de Bush a Obiang, a quien
se llamó amigo de EE UU", según subrayó el profesor
suizo Max Lininger-Goumaz.
¿Y la fortuna del
presidente Obiang es tan cuantiosa, como publicó la
revista Forbes hace dos años, 600 millones de
euros? Los guineanos desafectos la multiplican hasta
el infinito. "Todo es suyo. Ese bloque de
apartamentos es de un hijo; esa finca, de su nuera;
ese hotel, de un cuñado, y Teodorín se paseaba con
un Ferrari... Por favor, hable usted bajo y no haga
fotos", suplica el acompañante, que teme acabar con
sus huesos en la prisión capitalina de Black Beach,
de la que fue director Obiang cuando conspiraba
contra su tío Papá Macías. El ajusticiado antecesor
del actual caudillo espantó al mundo al asesinar o
expulsar al exilio a decenas de miles de bubis, y
crucificar a varios opositores. El sanguinario
bruto, bien conocido por los espías del almirante
Carrero Blanco, glorificaba a Hitler, "el salvador
de África", ante el cuerpo diplomático.
El patrimonio de Teodoro
Obiang, custodiado por una guardia de guardaespaldas
marroquíes recomendada por la monarquía de Rabat, no
sólo fue abordado por la revista norteamericana que
publica la lista de hombres más ricos del mundo. El
Subcomité Permanente de Investigaciones del Senado
de Estados Unidos rastreó más a fondo las cuentas
familiares cuando fue alertado sobre el masivo
blanqueo de dinero en el sector de los servicios
financieros. Los sabuesos del subcomité demostraron,
hace cuatro años, que el Banco Riggs permitió a
Teodoro Obiang y a sus familiares el turbio manejo
de más de 600 millones de dólares, ingresados en 60
cuentas y depósitos en efectivo. Casi todos
correspondieron a pagos de Exxon Mobil y Maratón que
se transfirieron después a cuentas del Banco de los
Estados de África Central.
Al menos la mitad de las
cuentas funcionaban como privadas a nombre del
presidente, su esposa, su hermano, su cuñado, sus
hijos varones o su hija. La familia compró casas en
Estados Unidos, en España y en otros países, y sus
gastos suntuarios fueron de órdago. El banco les
ayudó a crear empresas, fantasmas o reales, y la
constructora Abayak, importadora de materiales de
construcción y socia de operaciones inmobiliarias,
respondía directamente al matrimonio presidencial.
"Esa empresa participó con un 15% en una filial de
Exxon Mobil denominada Mobil Oil Ecuatorial Guinea",
reveló el informe.
Otras revelaciones
fueron periodísticas y confirmaron la sostenida
querencia de Teodoro Nguema Obiang, Teodorín,
hijo del presidente, al alegre despilfarro, a las
marcas de modas y a los coches de lujo El joven,
ministro de Agricultura y Bosques, gastó cerca de
1,25 millones de euros en hoteles, automóviles y
fiestas durante un fin de semana en Ciudad del Cabo,
según el periódico surafricano The Star. El
20 de julio del 2005, el diario Cape Times
reveló otras adquisiciones del presidente de la
Asociación Hijos de Obiang: un deportivo Lamborghini
de 380.000 euros, y dos Bentley, modelos Arnage y
Mulliner, por 800.000 euros. El hedonismo del hijo
preferido, dueño de Televisión Aponga, continuó un
año más tarde, con el desembolso de 600.00 euros por
el alquiler del soberbio yate del entonces quinto
hombre más rico del mundo, Paul Allen, cofundador de
Microsoft. Los gastos en bienes de consumo fueron
tan difíciles de ocultar como las trampas que
engordaron las cuentas bancarias.
Una corporación
instrumental controlada por el dictador y dos de sus
hijos, Otong SA, recibió 11 millones de dólares en
efectivo. Funcionarios de la confianza de Obiang los
entregaban, en maletines, al gestor norteamericano
de las cuentas. Lo gordo venía en paquetes
plastificados, que no se abrían, y el resto lo
contaban máquinas de alta velocidad. Para
simplificar el proceso de ingreso se recurrió al
pesado de los paquetes. ¿Un millón de dólares en
billetes de cien dólares? Nueve kilos y setecientos
gramos. Nadie preguntaba el origen de los dólares
porque era de sobra conocido. Las pesquisas
norteamericanas alcanzaron al Santander, que
recibió, entre el 2000 y el 2003, 60 transferencias
del Banco Riggs, por un importe de 26,4 millones de
dólares. Todos fueron a parar a la cuenta en la
entidad española de la empresa Kalunga, del
presiente. El Senado de Estados Unidos pidió
información al Santander, pero el banco se la negó,
escudándose en la legislación española.
Tampoco Obiang quiso
informar al subcomité sobre la procedencia de sus
ingresos, titularidades mercantiles y movimientos
contables. El Riggs cerró todas sus cuentas para
evitar males mayores. Nada irreparable, pues su
principal cliente abrió nuevas cuentas en el Banco
de los Estados de África Central, "desde donde opera
a sus anchas", según fuentes bancarias españolas. El
régimen ha manejado "alrededor de 16.000 millones de
euros, el 80% aportado por el petróleo, pero el 80%
de la población vive en la miseria y un 5% del
aparato disfruta de un nivel de vida superior a
los suizos", según afirma Armengol Engonga, portavoz
del denominado Gobierno de Guinea Ecuatorial en el
Exilio, con sede en Madrid, en ausencia de Severo
Moto, encarcelado en España por su supuesta
participación en un golpe contra Obiang. El ex
embajador norteamericano en Malabo (2004-2006), R.
Niels Marquardt, no pudo ocultar la verdad sobre la
ex colonia en declaraciones a la progubernamental
Gaceta de Guinea Ecuatorial, editada en la
capital española: ha pasado de ser pobre a ser rico,
dijo el diplomático, "pero muchos guineanos no
conocen todavía cambios en la vida cotidiana, como
en el sector educativo y sanitario".
Cuando Guinea era pobre,
pero potencialmente millonaria, españoles
madrugadores urdieron una treta para hacer negocios.
"La firma de todos los contratos pasaba por él,
firmaba todo, y decían que había que tener cuidado
con las mujeres porque le gustaban todas", recuerda
una persona que vivió aquellos tiempos. "Entonces,
algún empresario viajó con prostitutas. Imagínese el
resto". El protagonista de uno de los engaños
comentó a Armengol Engonga, hace unos 15 años, que
"conociendo al personaje, al final ya llevábamos a
profesionales del oficio, y cuanto más guapas mejor.
En los bailes y las fiestas que hacía Obiang se
encaprichaba de todas. Así se firmaban los contratos
y las concesiones".
-¿Cuántos hijos tiene el
presidente?
-Sesenta o setenta.
-Le estoy hablando en
serio.
-Y yo también. Él se
considera propietario de la nación, y, por tanto,
todas las mujeres le pertenecen, todas las
propiedades le pertenecen y todos los recursos
naturales le pertenecen.
-¿Y como Gobierno?
-Él tiene sentido de
Estado. Es una tribu lo que gobierna en Guinea, y
con los mecanismos de la tribu, en una sociedad de
analfabetos funcionales. Y después llegan los
diputados españoles a hacerle la ola, a reírle las
gracias, a hacernos creer que es de día cuando es de
noche. Su comportamiento hipoteca el futuro de todo
un pueblo.
El guineano del exilió
alude críticamente a la visita a Guinea Ecuatorial
de los parlamentarios del PSOE, Fátima Aburto; del
Partido Popular, Francesc Ricomá, y de Convergencia
i Unió, Jordi Xuclá, en representación de sus
respectivos grupos, para observar las elecciones
legislativas y municipales del pasado 4 de mayo. En
un comunicado conjunto afirman que representaron un
"nuevo paso en el proceso de democratización de
Guinea Ecuatorial y un avance en materia de
garantías electorales respecto a las elecciones
celebradas en 2004, que deberá ser mejorado y
completado en futuras convocatorias". La iniciativa
del viaje correspondió al Ministerio de Asuntos
Exteriores, cuya Embajada en Malabo, encabezada por
Javier Sangro de Liniers, parece sintonizar con el
apocamiento de muchos guineanos. "El embajador, que
ha tenido que salir a una comida, estará encantado
de saludarle, pero no vamos a hacer declaraciones",
reitera el consejero, Javier Irazoqui. "No quiero
declaraciones", expliqué. "Se trata de me habléis un
poco, totalmente off the record, sobre cómo
está el país". La respuesta del joven y obediente
diplomático resultó enternecedora: "Puede usted
informarse en la web de la Embajada".
El conciliador
acercamiento de España hacia la dictadura,
obviamente encaminada a facilitar los negocios
españoles, asombra al director de la Asociación para
la Solidaridad Democrática con Guinea Ecuatorial (ASODEGUE),
el español Adolfo Fernández Marugán. "Los tres
diputados reproducen la opinión de Exteriores, que
lleva años diciendo que Guinea está cambiando. Lo
ocurrido el día 4 es todo un mentís. Los tres
observaron las elecciones con el aparato del partido
oficial", señala ese experto. "Lo de España es el
misterio. No ha tocado bola en el petróleo. No tiene
nada. No ha habido ni una sola concesión para
Repsol, y Unión Fenosa ha firmado algo para
participar en la ampliación de una factoría de gas
natural. Eso sí, España compra petróleo guineano".
"Yo me pregunto", dice Fernández Marugán, "¿el
petróleo guineano es tan imprescindible a la
economía española como para que se trastoque la
política de España hacia ese país? Eso es lo que hay
que valorar".
Repsol ambiciona nuevas
parcelas de prospección, y Unión Fenosa participará,
junto al grupo alemán EON, en la construcción de un
segundo tren de licuefacción en Bioko, y en tres
gaseoductos, con una inversión de 2.035 millones de
euros. La buena marcha de esos proyectos pasa por la
amistosa palmada a Teodoro Obiang, siempre ganador
electoral por aplastamiento del contrario. Su
movimiento, el Partido Democrático de Guinea
Ecuatorial (PDGE), coligado con nueve formaciones
comparsas, triunfó en los comicios del 4 de mayo con
el 99% de los votos. Copó 99 de los cien escaños de
la Cámara de los Representantes del Pueblo, las 36
alcaldías en juego y todas las concejalías menos
tres. "El PDGE ha ganado tan abrumadoramente porque
es la única alternativa que resuelve los problemas
del país", según su secretario general, Filiberto
Ntutumu. Para el portavoz gubernamental, el
pluralismo nacional es válido, ya que "no existe un
solo modelo de democracia". Obiang es más rotundo:
"El ensayo democrático de Guinea Ecuatorial, teoría
que yo he inventado, es ya una realidad". El
historiador Iñaki Gorozpe también lo es: el dictador
"actúa como amo y señor del país" y los comicios no
fueron sino una parodia
"Aquí no hay democracia,
sino todo lo contrario. Y quienes califican las
elecciones de 'avance democrático' [en referencia a
los tres parlamentarios españoles] se están
burlando", subraya el único diputado de oposición,
Plácido Micó. "Ha habido más intimidaciones, más
violencia y más violaciones de las normas
electorales que nunca".
Burla burlando desde el
año 1979, incluidos la Embajada y los periodistas
españoles que quisieron cubrir la consulta del 4 de
mayo, a quienes se prometió un visado que nunca
llegó, Guinea Ecuatorial permanece anclada en el
totalitarismo y la represión, según Amnistía
Internacional. Todo indica que el gatopardismo
del 4 de mayo, el formato de la campaña y de los
colegios, las apariencias, en suma, son concesiones
a los gobiernos occidentales necesitados de
avances para poder defender la moralidad de sus
políticas de Estado. El discurso de campaña de
Teodoro Obiang estableció los límites de su
democracia: "Pluralismo, sí, pero siempre dentro del
programa político del PDGE". Plácido Micó admite su
impotencia: "Hay que vivir aquí para entender esto.
Un pobre joven interventor de mi partido puede
asistir al escrutinio, pero después no le dan el
acta de votaciones", explica. "Se la lleva el
presidente de la mesa, del partido en el poder, que
hace lo que quiere con ella. Y si presentamos un
recurso, responde el ministro, porque no convoca a
la Junta Electoral Nacional. Y así con otras
trampas. Manipulan a su antojo. Éstas han sido las
peores elecciones".
Anochece en Malabo y en
casa de Antonio, a quien nada interesan las
elecciones. El hospitalario guineano, con esposa y
cinco hijos, arrastra un cierto sentido fatalista de
la vida. "No me puedo quejar. Gano para mis
necesidades, pero me da miedo que alguno de mis
hijos enferme. En los hospitales tienes que traerte
hasta la almohada. Y las medicinas hay que
comprarlas en las farmacias, que son muy caras". Los
chavales rodean al blanco sentado en el desvencijado
salón de la vivienda. Lo miran fijamente,
sonrientes, curiosos. Antonio muestra el certificado
de haber votado el 4 de mayo, con su nombre,
apellido, dirección y sello oficial. "Lo llevo
siempre en el coche porque lo suelen pedir en las
barreras del ejército. Si no lo tienes, te pueden
multar, te riñen o tienes que darles dinero. Hasta
puedes perder una beca, y si eres funcionario, el
trabajo. Por la ciudad no ocurre. Sólo si sales a la
carretera". Su agonizante Toyota Carina traslada
niños a colegios privados en una especie de contrata
de 400 euros. No está mal. "Lo que más rabia me da
es que se va a acabar el petróleo sin recibir nada.
Antes vivíamos mejor. Mandaba a mi mujer al mercado
y le sobraba dinero. El otro presidente era mejor".
¿Qué otro? ¿Macías? "Sí, Macías. Aquel no tocó el
petróleo, aunque sabía que había mucho". El sátrapa
Francisco Macías es la referencia de Antonio porque
no tiene otras. Ni él, ni sus padres, ni sus
abuelos. Nunca hubo democracia en Guinea Ecuatorial,
que sólo conoció el primitivismo tribal, el látigo
de la colonia y los dos autócratas de la
independencia. Son las once de la noche. Una lona
militar cubre el carro de combate estacionado cerca
del palacio presidencial, junto a la entrada de un
hotel francés con habitaciones, sin lujos, a 300
euros. Cosas del petróleo y del capitalismo a dedo".
http://www.elpais.com/articulo/reportajes/dictadura/tinieblas/elpepusocdmg/20080615elpdmgrep_1/Tes
A:
Creo que debo
hacer algún comentario sobre una de las frases que
Juan Jesús Aznarez pone en mi boca, relativa al
viaje de los diputados del Parlamento español: "Los
tres observaron las elecciones con el aparato del
partido oficial". Creo haber dicho en nuestra
conversación que difícilmente podía calificarse de
"observación" a lo hecho por los tres parlamentarios
y que, además, me constaba que en algunas zonas del
país, en concreto en Kie-Ntem, el PDGE había
dispuesto un comportamiento especial en las mesas de
la carretera principal que recorre el distrito en
caso de que se produjese una visita de
"observadores". Comenté también que no cabe imaginar
que los tres diputados llegasen a alguna mesa sin
que sus integrantes estuvieran previamente avisados.
Lo que Juan José Aznarez me atribuye puede
interpretarse (aunque tampoco obligatoriamente) en
el sentido de que los tres diputados se hacían
acompañar por personas "del aparato del partido
oficial". Lamento haber dicho algo que haya podido
interpretarse en ese sentido ya que no tengo
información que lo justifique y, además, no es mi
opinión.
En cualquier caso,
confirmo en toda su literalidad el resto de las
frases que me atribuye (tanto las relativas a la
delegación parlamentaria como a la política española
en general) y solo puedo agradecer a Juan Jesús
Aznarez el interés que muestra sobre la cuestión
guineana. Espero que su artículo, serio y bien
informado, contribuya a una mejor comprensión por la
opinión publica española de lo que sucede en Guinea
Ecuatorial. Muchas gracias.
Fdo: Adolfo
Fernandez Marugan, secretario Asodegue.