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HOJAS INFORMATIVAS
8
de junio de 2009
Historias de la colonia
"La sacralización del espacio como
argumento de colonización: el nuevo modelo misionero en Guinea
Ecuatorial"
Jacint Creus, Universidad de
Barcelona
1. UN
DISCURSO BASCULANTE
Los
cielos van a presenciar la última peripecia de nuestro viaje. La
tierra admirará sus resultados y nosotros creeremos ser una
ilusión lo que pasa a nuestra vista. Sale el gran butucú sin
hacerse esperar. El aire arrogante, la voz ronca, la figura
imponente y aterradora con que se presenta, nos hacen creer que
no ya una persona, sino una fiera es la que sale a recibirnos;
y, por lo mismo, que estábamos en peligro... (...) Desde este
momento, ¡Cuántos enigmas descubiertos! ¡Vimos al invisible!
¡Logramos ver coronados tantos esfuerzos de valor...! El
consuelo que inunda nuestro corazón nos indemniza de tantas
fatigas... Descorrido queda este velo que hacía invisible al
gran rey Moca. Halládose ha la llave para dominar fácilmente la
isla civil y religiosamente, si de ello sábese hacer un acertado
uso. Abierto está, en fin, el campo al Misionero (1).
E l
24 de noviembre de 1887 los misioneros claretianos estaban a
punto de cerrar el triángulo Santa Isabel-Batete-Concepción, que
dejaría a la mayor parte de la isla de Fernando Poo (la actual
Bioko de Guinea Ecuatorial) bajo su influencia directa.
Aquel día, una expedición oficial salía de la capital de la
colonia, Santa Isabel, la actual Malabo, bajo la
dirección del “explorador” Luis Sorela, con la misión de
dirigirse al sur de la isla para intentar entrevistarse con el
“invisible” rey Moka, considerado jefe supremo de todos los
bubis. Aparte de 1 provisor, 2 marineros, 22 porteadores
krumanes (2) y 2 intérpretes, formaba parte de aquella
expedición el P. Joaquim Juanola, que sólo un mes y medio más
tarde cerraría definitivamente aquel triángulo misional con la
fundación de la Misión de Concepción (hoy, Balachá de Riaba).
El objetivo confeso de los claretianos era que el “rey” de los
bubis les concediera su permiso para actuar en el conjunto del
territorio de la isla: una ratificación, en definitiva, de los
acuerdos parciales que los misioneros habían obtenido ya de los
“reyes” de Batete y de Riaba, y que debía suponer la
consagración definitiva de la presencia religiosa en todo el
territorio bubi.
Se
cumplían cuatro años de presencia claretiana en la isla; y el
objetivo religioso de la expedición – que también tenía otras
finalidades – demuestra, en primer lugar, la debilidad de la
posición española en aquel momento colonial; pero también hasta
qué punto los misioneros desconocían la sociedad bubi, en la
cual ningún muchuku o botuku poseía “derechos
territoriales” similares a los que existían en Europa. De hecho,
esta expedición representaba un peldaño más en una serie de
actuaciones destinadas a asegurar la expansión occidental por
todo el territorio. Las conversaciones culminaron de forma
satisfactoria para los intereses oficiales y misioneros; y el
relato del P. Juanola, uno de los más completos que se conservan
de sus múltiples expediciones (3), resalta la benevolencia de
aquel “monarca” que, en realidad, jamás reconoció la soberanía
española ni mostró el más remoto interés por acercarse a Santa
Isabel:
Sólo diré que el gran Moca se mostró muy caballero en todo, y
amigo del Gobierno, y más de los Padres, en quienes depositaba
toda su confianza una vez establecidos en estos sus dominios,
que sabía él no tardaríamos.
Parece
ser que la presunta “caballerosidad” de Moka obedecía más bien
al concepto de hospitalidad habitual en las sociedades
centroafricanas; sin embargo, provocó en el “número 2”
claretiano un entusiasmo delator:
Lo
he visto, y por esto lo digo. Despierta, pues, hermosa patria
mía. Sí, despierta, a ti te lo digo. Tú, que supiste hacer
ondear tu pabellón a través de tantos azares en tantos sitios
del mundo, despierta y sal de tu letargo. Ven, y verás lo que es
Fernando Poo y lo que fuera el día que la tomaras con interés
para sacarla del mísero estado en que hoy yace todavía. Empero
no te olvides de tus antiguos días, en que, al lado de tus
valientes, marchaba el Misionero a civilizar también; siendo así
que aún hoy por él y con él vimos al invisible [rey Moka], en
provecho de la Religión y de la Patria.
Para
aquella “Misión de Estado” que crecía en Guinea, por lo tanto,
uno de los recursos ideológicos recurrentes sería la
sacralización de un espacio histórico, el de la evangelización
de América en la Era Moderna: si en aquella lejanas misiones la
cruz y la espada habían sido las dos caras de una misma
combinación, ahora – en aquel momento del siglo XIX en que las
cancillerías europeas se creían en el derecho de repartirse todo
un continente – el apoyo estatal a la Misión parecía fundamental
para un éxito que, a su vez, lo sería de los intereses
coloniales españoles.
Esta
ideología ultramontana de los misioneros provocaba más bien
recelos entre las autoridades civiles de la colonia y entre los
colonos, que siempre intentaron que sus actuaciones no se
subordinaran de forma mimética a los intereses misioneros. La
proclama final del P. Juanola en aquel altiplano guineano, de
alguna manera significaba la reafirmación del modelo misionero;
y constituía un alegato a la actuación coordinada, conjunta,
cuya efectividad era puesta en evidencia por la propia
expedición Sorela.
Quizás
para exagerar el éxito de la expedición y justificar el colofón
ideológico subsiguiente, el tratamiento que en el relato
misional recibían el rey Moka y su entorno geográfico era
también reverencial, sacralizado:
Su
cuello, pantorrillas y brazos parecen estar ensortijados con
todos los productos de la naturaleza, de modo que uno se pierde
al querer enumerar tanta variedad de prendas. Su taparrabos era
una gran piel de un animal salvaje parecido al mono. Todo su
cuerpo, que por otra parte quedaba libre, veíase embadurnado de
rojo violeta, lo que hacía aparecer su aspecto como de salvaje
feroz e imponente. Su talla era alta, su musculatura gigantesca
y atlética, su mirada serena y vigorosa, ancha frente, barba
pobladísima, pelo blanco, voz ronca... Todo él aterraba”; “ Como
llevo ya dicho, toda la comarca de este gran rey es bellísima:
fértil el suelo y muy parecido a nuestro suelo patrio, por verlo
despojado de aquella exuberante vegetación que hasta fatiga
causa; debido esto, sin duda, a la notable altura que tiene
sobre el nivel del mar. Recuerda además el suelo patrio por
verlo trepado por todos lados de blancos corderillos que,
paciendo unos y triscando otros, recrean y encantan, y más en
estos países. Los pueblos están diseminados de trecho en trecho
a derecha e izquierda, situados todos a la falda del monte que,
aunque alto, es de suave declive. Como era natural, y hasta
ahora había ido haciendo, me entraba por todas partes: quién
huía, quién se acercaba, unos lloraban y otros se reían,
haciendo, como en Kutari, las paces con todo el mundo y a todo
el mundo admirando, hasta, al parecer, a las ovejas y
cabritillos.
En
cualquier caso, quedaba fuera de duda el reconocimiento de la
superioridad moral del jefe bubi, a cuya autoridad se acogían
los misioneros para poder llevar a cabo sus pretensiones de
expansión. Una actitud que contrasta vivamente con la que el
mismo misionero expresaba pocos años después:
Por su
parte, el Sr. Cheli, comandante del barco, supo muy bien jugar
el papel. A las puertas mismas de Moka estuvimos, yo por tercera
vez, y, como él [Moka]
estuviese quejoso porque los niños
y aún niñas iban a la Misión, el Sr. Comandante le cantó la
cartilla y le dijo: “Él dice que si los niños y niñas van a la
Misión, luego uno quiere a otra y el Padre los casa y pierdes”.
“Esto” – le
respondió – “es lo que debe ser, y cuidado con molestar a
la Misión; si no, estas armas que traigo para defenderte y que
te respeten todos los bubis, serán para castigarte”. Lo que no
le gustaba mucho, pero tuvo que callarse. Y así se hizo en todas
partes: respeto al Gobierno y a la Misión. ¡Ojalá se hiciera
esto con frecuencia! ¡Cuánto ganarían la Religión y la Patria!
Si no, no hay quien los saque de los bosques. ¡Si al menos
dejaran venir libres a los niños y niñas!!! Pero no hay medio...(4).
Tengo
la impresión de que este cambio de actitud, entre aquella
primera visita a Moka y esta última, resume con bastante
claridad un proceso de
sacralización-des-sacralización-re-sacralización de determinados
espacios y personas, llevado a cabo por los misioneros en su
avance colonial: reverencia inicial hacia unas instituciones
desconocidas pero imposibles de ignorar, cuya actuación podía
ser decisiva para el empeño expansionista; construcción, a
partir de esta conformidad inicial, traicionada no en la letra
pero sí en su espíritu, de un propio espacio sagrado, en
substitución del primero, considerado insuficiente e
inconveniente; intento de sumisión final de todo el conjunto al
modelo propio creado.
Claro
que la última cita también nos demuestra un aspecto que se
mantuvo presente en todo el proceso: el rechazo de muchos bubis,
incluido el propio Moka (¿demasiado tarde?) por la nueva
sacralidad, construida por los misioneros a partir de un modelo
de Misión inusual hasta entonces, concentrado en la fundación de
nuevos “centros de vida” no profanos, uno de cuyos baluartes
fueron los internados masculinos que ellos mismos regentaban.
Esta
basculación del trabajo misionero obedece a una nueva
concepción, introducida por los claretianos en su idea
vocacional, que les separaba rotundamente de las concepciones de
los jesuitas, sus fracasados predecesores en la Misión guineana:
para los discípulos de Claret, los “indígenas” eran el objetivo
natural de su tarea, ya que creían firmemente que era posible
“colonizarlos”, mientras que para los jesuitas sólo se trataba
de intentar “convertirlos”. Si los Padres de la Compañía de
Jesús, faltos de recursos, quisieron limitarse a una tarea de
evangelización, los claretianos comprendieron rápidamente que
dicha conversión sólo sería posible, por lo menos de una manera
generalizada, en un contexto de relación nuevo: un marco de
relación que las dos visitas de Juanola a Moka ilustran
perfectamente y que se resume en un cambio de “espacio
sacralizado”. Los claretianos, en definitiva, ofrecieron a los
guineanos –a algunos de ellos por lo menos- un nuevo “territorio
al cual acudir”, un nuevo “espacio donde vivir”, con todas las
garantías de adecuación material y espiritual necesarias para
que el proceso de substitución fuera posible. En este proceso de
aproximación = alejamiento (cambiar de espacio = alejarse del
espacio propio = sujetarse al espacio nuevo =dejar de tener una
identidad “inadecuada” = pasar a tener una identidad
“conveniente”), los internados marcaron el punto de inflexión,
la fractura necesaria para la posterior absorción.
Para
ello, la sacralización “frente a” el exterior fue seguida de una
sacralización “interior” de esos espacios. Pero vayamos por
partes.
2.
AISLARSE PARA SACRALIZARSE
La
Iglesia Católica había vivido el proceso de secularización
posterior a la revolución francesa de un modo traumático: la
paulatina separación entre la Iglesia y el Estado que muchos
países europeos llevaron a cabo con mayor o menor Fortuna, fue
percibida por la jerarquía eclesiástica no sólo como una pérdida
de poder, sino también como una persecución. Los nuevos valores
de la modernidad, liberalismo incluido, fueron declarados
“pecaminosos”, y se constituyeron como nuevos elementos a
combatir por el conjunto de la cristiandad. Tildadas como
“nuevas costumbres” y asociadas al mal, las nuevas formas de
vestir, de relacionarse, de divertirse y de convivir serían
perseguidas por todo tipo de declaraciones y por todo tipo de
predicadores, obsesionados especialmente por la moral sexual del
pueblo católico. El establecimiento de una relación directa
entre nuevas formas políticas y nuevas formas sociales se
presentó entonces como una realidad funesta y como una amenaza
real para la propia existencia de la Iglesia.
Un
mensaje simplista, que se simplificaba más todavía en la
identificación de los nuevos “pecadores” y, sobre todo, en la
identificación de nuevos “ámbitos de pecado”: la ciudad, en este
sentido, era el paradigma de la maldad, porque albergaba en su
seno todas las potencialidades perversas y todas las condiciones
para su puesta en práctica. La reacción católica se propuso
diversos objetivos y distintos medios para neutralizar las
consecuencias indeseables de la vida urbana: templos “de
expiación” como el Sacré Coeur de París, o la Sagrada Familia y
el Tibidabo de Barcelona, tuvieron sus momentos de eclosión a
finales del siglo pasado. Y en toda Europa, la reacción a los
“desmanes liberales” originó una nueva religiosidad popular, más
estricta, que buscaba una observancia más “auténtica” del
Evangelio, en consonancia con los momentos milenaristas que
corrían: es una época de apariciones de la Virgen, por ejemplo;
pero también es una época de gran aumento del número de
vocaciones, tanto sacerdotales como religiosas y misioneras, con
la creación paralela de nuevos Institutos detentores de nuevos
“carismas”.
La
plasmación de esta nueva religiosidad, enfrentada al conjunto de
la sociedad “externa” – supuestamente hostil – fue la
sacralización de determinados espacios, caracterizados por la
“santidad” y la “ejemplaridad” de sus habitantes; o, si se
prefiere, “limpios” de las malsanas influencias externas: por lo
tanto, “aislados” del conjunto. Los templos expiatorios, por
seguir con el ejemplo anterior, se situaban fuera de la ciudad,
intentando “dominarla”, incluso físicamente: por su situación en
un nivel superior, y por la grandeza de sus dimensiones.
Pero
también, la vida de los nuevos Institutos se concibe en espacios
cerrados a la curiosidad exterior, y la de sus componentes se
aísla tanto de la población circundante (excepto, claro está,
para el ejercicio del “carisma”) como del conjunto de la
sociedad, incluidas las propias familias. La generalización de
las llamadas “misiones interiores” sería otro ejemplo de
aislamiento, en esta ocasión de todo un pueblo y de forma
temporal, liderado siempre por predicadores especializados en
contenidos escatológicos y con manifestaciones personales tan
notables como las del “cura de Ars” o, en Cataluña, San Antoni
Mª Claret, fundador del Instituto misionero que lleva su nombre.
En
España, como en otros países europeos, la Iglesia Católica
intenta superar la dificultad del momento intentando monopolizar
la enseñanza. “Perdidos” los mayores en la telaraña urbana de la
modernidad, una actuación dirigida al mundo infantil aparece
como la panacea para un futuro resurgimiento de los valores
tradicionales católicos. Aplicando el principio que ya hemos
comentado, la creación de internados – un espacio cerrado,
sacralizado, “limpio”, ocupado sólo por personas “fiables”,
alejado del bullicio urbano aun en plena ciudad, prohibido para
los no pertenecientes a la comunidad, seriamente limitado para
los mismos padres de los alumnos y para todo su entorno- es
entendido como una seria esperanza de “resurrección”. Una
esperanza, además, capaz de suscitar complicidades por parte de
muchas familias católicas, convencidas del incremento educativo
que debía suponer la clausura del espacio. Internados, pues, que
han sobrepasado largamente su centenario.
3. DE
LA SACRALIZACIÓN DEL ESPACIO A LA CREACIÓN DE UNA NU EVA
IDENTIDAD
La
aplicación de esta forma de pensar a las Misiones guineanas
podía ser mimética, pero en cualquier caso requería determinadas
adecuaciones. La más importante de ellas se debía a un hecho
evidente: si en Europa las familias de los internos solían ser
católicos convencidos, consolados de la pérdida temporal de sus
hijos por la hipotética calidad de la educación que recibirían
(internado = educación elitista o ascenso social), en Guinea las
familias se sumaban al conjunto hostil opuesto a los valores
cristianos. La separación debía ser más rotunda y más larga; y
el objetivo personal soñado para cada uno de los alumnos no era
la profundización en los valores propios de su sociedad, sino la
creación de una nueva identidad. El primer paso, por lo tanto,
era la identificación de dos ámbitos de hostilidad en relación:
la ciudad y “el interior”, es decir Santa Isabel y los
territorios bubis. Los europeos de Santa Isabel – protestantes
en su mayoría – fueron siempre blanco de las iras misioneras:
Llenos de pretensiones, viciosos a lo indecible, inmorales, y
que no se paran en barras cuando se trata de hacer los dineros
en mala... gastados en borracheras, mujeres... La justicia anda
por los suelos... ¡el vicio sucio...! ¡¡¡muchas cosas que no oso
fiar a la pluma!!! Gastan los empleados 40 y 50 pesos en comer,
los menos 30 en francachelas.– Dios lo sabe – en M. lo sabrá el
diablo... Y, ¿qué quedará así del sueldo? ¿Qué mandarán a sus
familias? ¿Qué harán luego? ¡De aquí el que no ande bien la
Colonia! Es imposible, si no mandan: a) buenos empleados; b)
menos de los mismos, sólo los necesarios; c) que se escarmiente
a los culpables, pues al fin todo se perdona; d) que los que
mandan sepan mandar y sepan hacerse obedecer; e) que se echen a
los inútiles, más a los escandalosos y siempre a los que roban
al Estado o a la Colonia, que es lo mismo. Aunque hay algunos
muy honrados, pero rara avis in... En resumen: dos son las
causas que hacen a esta Colonia ser UNA BABILONIA: 1. El sexto
[mandamiento]. 2. El séptimo [mandamiento], que pisan los...
[colonos] descaradamente» (5);
mientras que la hostilidad de los bubis venía determinada por su
carácter de personas no civilizadas y, por lo tanto, violentas:
"Insistiendo, [el catequista] me dice: “Padre, voy a hablarle
una palabra muy urgente”. Y tomando del brazo al niño
intérprete, se encara con él y me dice sobrecogido de temor:
“Este niño va a ser muerto, víctima de una venganza; pues los
enemigos de su familia van a llegar por momentos, armados para
ejecutar su cohecho”. Apodérase el espanto del niño, y queda
inmóvil y sin palabra. Es necesario levantar el corazón a Dios y
tomar las medidas que aconseje la prudencia para no tener que
presenciar una tan horripilante escena de ver degollar a un niño
de nuestro colegio, para quien tengo todas las obligaciones de
un amante padre. Unos minutos faltan para tan terrible tragedia,
y éstos no los desperdiciamos para poner a salvo a mi inocente
intérprete, que no tiene más culpa que la de pertenecer a la
familia de uno que dicen estar enemistado (6).
La
Misión se erige, pues, en protectora de los niños – futuros
católicos – frente a los europeos y frente a los africanos,
frente a la sociedad colonial y frente a su propia sociedad.
Para ello, sin embargo, deberá cambiar profundamente. A su
llegada a Guinea, en noviembre de 1883, los claretianos
organizaron la Misión de Santa Isabel, la única de la isla, de
una manera muy parecida a como habían sido todas las Misiones
cristianas de la Edad Moderna: MISIÓN ----> PARROQUIA + ESCUELA
(externado)
Éste
es un tipo de Misión cuyo funcionamiento calca, simplemente, el
de las parroquias católicas de la metrópolis. En África había
fracasado en todas partes, incluidas las experiencias misionales
anteriores en Guinea, puesto que es útil solamente para un
público ya cristianizado, que busca en la Misión el mismo tipo
de servicios (culto litúrgico, asistencia personal y familiar,
etc.) que en Europa. Una Misión al servicio de los niños bubis,
en cambio, debía cambiar radicalmente, aislando completamente a
los alumnos de su entorno, considerado hostil a los valores
católicos; y la Misión empieza a cambiar: se expande por todo el
territorio (triángulo Santa Isabel – Batete – Concepción),
intenta atraer a alumnos del entorno “indígena” – a base de
regalos, o dirigiendo su acción a alumnos con problemas en el
seno de sus familias; y, sobre todo, obliga a los alumnos a
residir en el internado:
MISIÓN
----> PARROQUIA + ESCUELA (internado masculino)
Se
trata de un cambio radical, porque hasta entonces solamente
podían concebirse los internados en circunstancias determinadas,
por ejemplo en los casos de alumnos cuyas familias deseaban una
educación especial para sus hijos, que además residían lejos del
centro escolar. Ahora, sin embargo, se erigían internados en
distintos lugares de la isla (una docena en quince años), a
menudo prescindiendo de las familias y pensando siempre en
alumnos que iban a recibir una enseñanza elemental y que
residían cerca del centro escolar:
cuidar
de 40 niños recién salidos del bosque que no han llevado ni
saben llevar vestido limpio, ni les importa que se rasgue o esté
entero, a quienes se ha de dar de comer, se ha de instruir en
todo, y de quienes, para adelante, no puede V. esperar apenas
una señal de agradecimiento; sumamente perezosos para el
trabajo, al cual no van, sobre todo al principio, sino a pura
fuerza; no les puede V. castigar ni reñir demasiado, porque se
escaparán fácilmente (...) (7).
La
opción era clara, así como el progresivo encarecimiento del
coste de la Misión: que se multiplicaba por todo el territorio
(uno de los fines para el que había sido creada y por el que
recibía financiación del Estado), y que encontraba necesidades
cada vez mayores:
puesto que cuando estaban en el bosque tenían su choza o casita
y sus fincas, que siempre les han sido respetadas, todo lo cual
abandonaron con sus mismos padres, etc., por la civilización y
religión que han abrazado; y, sin embargo, tienen que salir de
la Misión al cabo de algunos años sin tener casa donde ir, ni
terreno que cultivar, ni recursos para nada, a no ser que se
vuelvan al bosque a vivir como antes. Nosotros les damos las
herramientas de su respectivo oficio por valor de 16 duros, con
las cuales pueden trabajar; pero esto no es suficiente: deben
tener todos su finca, pues es imposible haber trabajo, en un
punto tan reducido como éste, para tantos oficiales como saldrán
de esta Misión (8).
El
nuevo modelo de Misión, por lo tanto, daba un nuevo paso:
MISIÓN
----> PARROQUIA + ESCUELA (internado masculino) + fincas para
los alumnos
Me
interesa subrayar que la creación de este nuevo eslabón
obedecía, en definitiva, a la misma concepción de origen: el
temor de los misioneros a que los alumnos « se
vuelvan al bosque a vivir como antes»;
es decir, la concepción del propio espacio como un espacio
“redentor”, “seguro”, “sagrado”, frente al espacio “hostil”,
“profano”, “pagano” de la sociedad bubi. La incorporación de
fincas de cacao (1 Ha para cada alumno que terminara sus
estudios) daría una nueva dimensión económica a la Misión, que
ahora no vamos a estudiar. Pero sólo era un paso intermedio:
porque, por el mismo temor de que los alumnos «se
vuelvan al bosque a vivir como antes»,
los claretianos consideraron vital que sus alumnos pudieran
casarse con chicas bubis “fiables”, es decir católicas y
formadas por personas de garantías; y así surgieron internados
femeninos, regidos por monjas concepcionistas, algunas de cuyas
alumnas se casaron con los alumnos de los claretianos, formando
así matrimonios y familias católicas y monógamas que continuaban
dedicándose al cultivo del cacao. Y, finalmente, auténticos
pueblos católicos que tenían como centro a la propia Misión, de
cuya autoridad dependían. El modelo quedaba cerrado:
MISIÓN
PARROQUIA
INTERNADO MASCULINO
FINCAS DE CACAO
INTERNADO FEMENINO
MATRIMONIOS CATÓLICOS
FAMILIAS CATÓLICAS
PUEBLOS CATÓLICOS
Y el
éxito de la Misión parecía asegurado de un modo más eficaz, en
una evolución que fue muy rápida:
Esta Misión lleva seis años desde su fundación a esta parte, y
en ellos, a Dios gracias, se ha podido fundar un colegio para
niños de ambos sexos que han de vivir, con el favor de Dios,
perpetuamente al lado y bajo la protección de la Misión, a pesar
de que ponen los padres y amos de los muchachos todos los
obstáculos que pueden para impedirles el venirse con nosotros,
lo que logramos, después de Dios nuestro Señor, por medio de
regalitos, principalmente ropas, adornos, tabaco, etc. Con los
nueve matrimonios que hay actualmente tenemos los fundamentos de
un pueblo cristiano y piadoso, porque a esto le ayudará el no
haber en ésta ninguna familia de blancos, que, generalmente, no
acostumbran a venir por estas tierras los que dan buenos
ejemplos (9).
La
Misión, por lo tanto, frente al mundo. Frente a dos mundos,
mejor: el de los blancos, corroídos por las “nuevas costumbres”,
y el de los africanos, corroídos por las “costumbres antiguas”,
la Misión se levantaba como un remanso de paz:
La
campana marca el ritmo de la vida en el seno de la Misión pero
también se oye a lo lejos, invade el espacio y –a medida que la
presencia misionera se estabiliza- empieza a comunicar señales,
cada vez con un mayor grado de intromisión: la cadencia de la
liturgia, pero también el avistamiento de una fiera, una nube de
langostas o la cercanía de una tormenta. El “tempo” de la
campana se impone por encima del “tempo” del “interior”
africano, dirigido por una utilización y simbología precisa del
espacio (10).
Un
espacio sacralizado, en el que no había que temer por los
alumnos:
Se
levantan por la mañana a eso de las cinco y media, y luego
acuden todos a la iglesia, en donde hacen el ejercicio del
cristiano y oyen Misa. A la Santa Misa se sigue inmediatamente
el trabajo, en el cual los casados permanecen hasta las once y
los niños hasta las ocho, para asistir a la escuela; a las doce
menos cuarto tienen un cuarto de hora de oración, que consiste
en unas preces muy devotas y un sencillo examen. A las doce
comen, y descansan hasta la una; en que, a toque de campana, van
todos de nuevo a trabajar. Este trabajo dura hasta las seis; a
excepción de los niños, que lo interrumpen de dos a cuatro para
ir a la escuela, después de la cual, con el machete en una mano
y un plátano en la otra, se vuelven a trabajar como los demás. A
las seis y media comienza el Santo Rosario seguido de media hora
de Catecismo en la lengua del país. A las ocho tienen la cena,
retirándose a las nueve y cuarto, haciendo en sus habitaciones
el ejercicio de la noche los que están constituidos en familia.
Los únicos trabajos, por ahora, son el cultivo de café y cacao
(11).
Efectivamente, no había que temer: los niños de los internados
serían “de los nuestros”.
NOTAS
(1)
Juanola Joaquim, Una excursión a los pueblos bubis,
documento de 8 de enero de 1888. Archivo General Claretiano de
Roma (AG.CMF), Sección F, Serie N, Caja 16, Carpeta 1.
(2)
Trabajadores africanos procedentes de las colonias británicas.
(3)
CREUS, Jacint (1998), El Pare Joaquim Juanola, 1853-1912, i
l’inici de la colonització de Guinea Equatorial.Olot, Arxiu
Històric Comarcal d’Olot & Museu Comarcal de la Garrotxa.
(4)
Carta del P. Joaquim Juanola al P. José Mata, representante de
los misioneros ante el Gobierno de Madrid, de18 de marzo de
1892. AG.CMF, Sección F, Serie N, Caja 8, Carpeta 8.
(5)
Carta del P. Joaquim Juanola al P. Domènec Solà, de 24 de
octubre de 1905. AG.CMF, Sección F, Serie N, Caja 9, Carpeta 2.
(6)
Carta del P. Josep Sutrias, s/d. In: El Iris de Paz,
1898, p. 54-55.
(7)
Carta del Vicario Apostólico P. Ermengol Coll al P. José Mata,
de 4 de noviembre de 1893. AG.CMF, Sección F, Serie N, Caja 16,
Carpeta 1.
(8)
Carta del Vicario Apostólico P. Pere Vall-llovera al P. José
Mata, de 4 de febrero de 1890. AG.CMF, Sección F, Serie N, Caja
8, Carpeta 8.
(9)
Carta del P. Alfredo Bolados al Vicario Apostólico de Tarapacá.
In: El Iris de Paz, o
sea El Inmaculado Corazón de María,
MERGEFORMAT , 1894, p. 22-23.
(10)
NANNI, Stefania (1990), “Lo spostamento dei confini: lo spazio
missionario nell’Africa Occidentale.” In: BOESCH Gajano, Sofia &
SCARAFFIA Lucetta, Luoghi sacri e spazi della santità,
Torino, Rosenberg & Selier.
(11)
Carta del P. Ermengol Coll de 11 de junio de 1892. In: « El
Iris de Paz, o sea El Inmaculado Corazón de María»,
1892, p. 251-252.
BIBLIOGRAFÍA
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Historia de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado
Corazón de María,
Barcelona, Librería Montserrat, 1901.
ÁLVAREZ García, Heriberto Ramón, Historia de la acción
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Estudios Africanos, 1948.
AYMEMÍ,
Antoni, Los bubis en Fernando Poo, Madrid, Instituto de
Estudios Africanos, 1942.
CANALS, Eduard, El «Padre Grande» de Guinea, Barcelona,
Claret, 1993.
CASTRO, Mariano L. de & CALLE, Mª Luisa de la,
Origen de la colonización española
de Guinea Ecuatorial 1777-1860,
Universidad de Valladolid, 1992.
COLL,
Ermengol (circa 1900), Misión de María Cristina, ed. de
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CREUS,
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espanyola: els articles de Josep Masferrer”. In: l’Avenç,
número 159, Barcelona,t 1992.
CREUS,
Jacint, “Guinea Equatorial, 1883-1911: la invenció d’una
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Curial, 1994c.
CREUS,
Jacint, “Estratègies d’evangelització a l’inici de la
colonització de Guinea Equatorial”. In: Ausa,
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distribuido por ASODEGUE
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