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HOJAS INFORMATIVAS
8
de junio de
2002
INFORME
DEL PROCESO CELEBRADO EN MALABO
(23 de mayo – 6 de junio) CONTRA
144 OPOSITORES. Observador:
Adolfo Fernández Marugan. Junio, 2002.
1.
Un juicio político.
El
fiscal de Malabo, Serafín Ondó, daba el viernes día 31 de
mayo la versión oficial de lo que se estaba juzgando en el
cine Marfil: "No se trata de política, es un golpe de
estado". Se trataba por tanto de política. Basta leer el
primer punto del Auto Judicial para darse cuenta de que lo que
se juzgaba era la existencia de un partido, Fuerza Demócrata
Republicana, su proyecto político y su estrategia. La
inclusión en el sumario, sin prueba alguna de, entre otros,
el secretario general de Convergencia para la Democracia
Social (CPDS) confirma el caracter político del proceso.
La
acusación contra el principal de los encausados, Felipe Ondó
Obiang, se estructuraba en torno a cinco reuniones: la
reunión de Douala, la de Oyem, la de Malabo y dos reuniones
en Bata. Estas dos últimas tuvieron lugar en el presente
año, y en la intención de los fiscales debían constituir la
pieza principal para demostrar la existencia de un golpe de
estado que se produciría en torno al mes de abril. Sin
embargo, a lo largo del juicio, y ante la incapacidad de
demostrar la existencia de este proyecto, su papel (y el de la
reunión de Malabo) se fue difuminando al tiempo que ganaba
importancia la reunión de Oyem de 1997.
Conforme
a la declaración del propio Ondó Obiang, había tenido
"contactos personales" con Severo Moto en una fecha
que no precisó "a mediados del año 97". Moto le
hizo una propuesta que exigía un trabajo a realizar por parte
de Ondó Obiang y le dio para ello 5000 FF. Para discutir la
propuesta de Moto, convocó poco después una reunión de
personas de su confianza en la ciudad gabonesa de Oyem, a 37
kilómetros de Mongomo. A preguntas de los fiscales, Ondó
Obiang, precisó que se trataba de discutir "una
operación militar de golpe de estado" pero la mayoría
de los reunidos en Oyem no estuvieron de acuerdo y el proyecto
se abandonó. Esta parte de su declaración acabó con la
frase "pensar en un golpe de estado y no hacerlo, no es
delito".
La
discusión siguiente se planteó en torno a si la reunión de
Oyem, que los fiscales consideran en continuidad con todas las
otras y de la que niegan que supusiese el abandono de la
estrategia militar, era ya cosa juzgada (e indultada) o no.
Las razones de la defensa eran las siguientes: Felipe Ondó y
Guillermo Nguema Elá fueron secuestrados en Libreville pocas
semanas después de Oyem y trasladados a Malabo atados y
amordazados a bordo de un avión Antonov ("Enrique Nvo")
de la Presidencia de la República Guineana. Denunciada su
situación en Malabo, el Ministro del Interior gabonés hizo
una visita relámpago a Guinea de resultas de la cual
Guillermo y Felipe quedaron en libertad. Manuel Nguema, eterno
responsable de la "Seguridad" guineana realizó
seguidamente una rueda de prensa en la que dijo que ambos
dirigentes habían sido indultados y quedaban libres para
llevar a cabo las actividades políticas que quisieran. Muy
poco después se les volvió a detener acusados por el Fiscal
General del Estado (puesto que ocupaba ya Antonio Nzambi) de
"acusaciones falsas" al Jefe del Estado. Fueron
juzgados y condenados a dos años de prisión que cumplieron
en Black Beach. Recuperaron la libertad el 14 de marzo de
2000.
Incapaz
de demostrar el complot del 2002, (no se llamó a declarar tan
siquiera al autor de la denuncia que, teóricamente, puso en
marcha la operación represiva de marzo, el gendarme Ananias
Alú Obama), la fiscalía se aferró a la reunión de Oyem
como cosa no juzgada y de preparación de un golpe que habría
sido simplemente aplazado y ello a pesar de que todos los
participantes en ella coincidieron en sus testimonios con lo
dicho por Ondó Obiang.
La
declaración de Guillermo Nguema Elá insistió en que el
partido estaba buscando vías para su legalización y tanto
él como Ondó Obiang indicaron que el viaje de este último a
la región continental (enero-marzo de 2002) suponía la
intensificación de los trabajos de captación de cofundadores
en un esfuerzo decisivo, a su entender, para conseguir la
legalización del partido. Los progresos de la organización
de FDR, especialmente en la región de Mongomo, alarmaron a
las autoridades guineanas que decidieron convertirlos en un
intento de golpe de estado. La proximidad de las elecciones
presidenciales les llevaron a incluir en el sumario a Plácido
Micó secretario general de la formación opositora
Convergencia para la Democracia Social (CPDS) con la que FDR
había establecido un pacto a principios del 2001 y que había
expresado claramente su intención de concurrir a las citadas
elecciones. Sin base alguna la fiscalía atribuyó a este
pacto, el Frente de la Oposición Democrática (FOD),
intenciones violentas.
2.
Esanguis y nkodjoeñs.
Lo
que mediáticamente se ha llamado durante años "el clan
de Mongomo" es en realidad la agregación de varios
grupos étnicos que viven en el distrito de Wele-Nzas y entre
los que están los esangui, al que pertenece el presidente
Obiang y perteneció su tío Francisco Macias, y los
nkodjoeñs del que forman parte Ondó Obiang, Nguema Ela y la
gran mayoría de los encausados en este juicio. Dos curanderos
de este último grupo habrían acabado de dar a Macias, en los
momentos previos a las primeras elecciones de la Guinea
independiente, capacidades que le permitieron alcanzar la
Presidencia del país. Sin embargo, Macías no compartió el
poder con sus hermanos de Mongomo, se limitó a nombrar para
altos cargos a algunos nkodjoeñs tales como Felipe Ondó,
varias veces ministro bajo su mandato. Tras el golpe de estado
de 1979 Teodoro Obiang continuó la misma línea de su tío y
Ondó Obiang fue Presidente del Parlamento guineano. Que los
miembros de su tribu no se encontraban satisfechos y que
Obiang no parecía dispuesto a corregir la situación lo
demuestra el que los dos únicos fusilados en dos supuestos
intentos de golpe (1983 y 1989) ocurridos bajo la dictadura de
Obiang, son precisamente dos nkodjoeñs. La situación hizo
crisis cuando en 1994 Ondó Obiang y otros dirigentes
políticos guineanos que habían participado en las elecciones
de un año antes, realizaron un viaje por Estados Unidos.
Ondó Obiang volvió convencido de las bondades de la
democracia occidental y propuso distintas reformas al dictador
que, irritado con él, le dio a escoger entre su cargo y las
medidas que proponía. Felipe dimitió, se refugió en Gabón
y empezó a hablar de crear una nueva formación política.
Obiang decidió cambiar de aliados entre los nkodjoeñs,
siempre dentro de esta colaboración de tono menor, y nombró
ministros a Julio Ndong Elá Mangue y a Guillermo Nguema Elá.
Julio prestó buenos servicios al dictador organizando varios
"pucherazos" electorales, pero Guillermo se cansó
pronto y en un viaje a Gabón decidió quedarse en el exilio
con Ondó Obiang y avanzar en la creación de la FDR. En 1998
Julio abandonó la cartera de Interior y el enfrentamiento
entre los dos grupos se hizo claro. En los últimos años los
nkodjeñs han ido ganando posiciones entre el consejo de
ancianos de Mongomo, apoyándose en el incumplimiento por
parte de los esanguis de su promesa inicial, al evidente
fracaso de su gestión al frente del país y al enorme
enriquecimiento de Obiang y los suyos. Parece evidente que la
hegemonía en Mongomo ha pasado a los nkodjoeñs y que los
ancianos, sin abandonar su creencia de que habrá "doce
presidentes de Guinea nacidos en Mongomo" prefieren en
este momento a Ondó Obiang.
Ponciano
Mbomio, defensor de Felipe, tuvo buen cuidado en que este
declarara que durante una de las fases de su interrogatorio se
le llevó al bosque donde unos curanderos le hicieron ingerir
un extraño brebaje. Se trataba de un intento de Obiang de
destruirle, venciendo al conjuro que desde los tiempos de
Macias actua contra los principales de los esangui.
Los
fiscales hicieron comparecer como testigo al curandero
Marcelino Nguema Obama que asistió en su día a la reunión
entre Macías y sus dos colegas nkodjoeñs. Nguema Obama se
limitó a declarar en fang que trataba a Ondó Obiang y a
todos los de Mongomo y que Felipe le visitaba unas veces sí y
otras no.
3.
El juicio
El
juicio contra los 144 encausados tuvo lugar en el cine Marfil
de Malabo, entre los días 23 de mayo y 6 de junio. Prestaron
declaración 128 procesados, el resto estaban ausentes.
Asistieron cuatro detenidos más que no estaban incluidos en
el proceso pero habían sido llevados desde Bata por la
policía. Un quinto detenido (Gregorio Ndong Elá) cambió en
24 horas esta condición por la de testigo propuesto por la
fiscalía. Finalmente no se atrevió a declarar contra los
procesados. Otra de las detenidas y procesadas (Marisol
Mangué) permaneció en Bata por haber dado a luz
recientemente.
Se
consideró competente para el caso al Tribunal de Apelación
de la Región Continental, con sede en Bata, aunque existen
serias dudas sobre la legalidad de esta decisión inspirada en
la creencia del gobierno de que es más manipulable que el
Tribunal de Apelación de Malabo.
La
Mesa del tribunal estaba integrada por Antonio Ndong Nsue como
Presidente y por Claudio Ndong Gula Mesega, Cipriano Nguema,
Maria Rosa Nchama y Juan Abaga. Dado que en Guinea no existe
carrera judicial no todos tienen formación en Derecho. En
esta oportunidad solo la tienen el Presidente y Ndong Gula.
Cipriano Nguema es militar de alta graduación. María Rosa
Nchama ha sido nombrada juez también mediante decreto; hasta
hace poco era administrativa en el Ministerio de Justicia.
María Rosa fue la única persona que no intervino en ninguna
de las sesiones del juicio.
La
representación del Ministerio Público estaba integrada por
los fiscales de Malabo (Serafín Ondó Mate), de Bata (de
nombre David) y el Fiscal General del Estado (Antonio Nzambi).
Los dos últimos tienen formación jurídica. El primero
recibió tan solo un curso de Derecho Internacional en la
antigua Unión Soviética. La presencia de Antonio Nzambi es
también cuestionable conforme a la legislación guineana.
En
la parte del estrado correspondiente a la defensa se sentaron
14 abogados (con una media de 9 defendidos cada uno). Plácido
Micó, procesado, se defendía a sí mismo. El primer día fue
autorizado por el presidente a sentarse junto a los
defensores; al día siguiente a exigencia de los fiscales hubo
de bajar a sentarse con los encausados. Verle subir y vestirse
la toga antes de cada una de sus intervenciones les añadió
sin duda un punto de dramatismo.
Los
procesados dependieron en todo momento de las autoridades
militares o de la policía, se les llevó cada día de Black
Beach al cine Marfil en vehículos cubiertos y ocupaban,
rodeados de militares y policías, diez filas de la derecha
del aforo. Algunos de los que declararon contra lo esperado
por las autoridades fueron golpeados al volver a Black Beach.
Entre ellos estaba Cesar Ela Ondó (hijo de Ondó Obiang) y
Mariano Ekua Sima al que golpeo en la cabeza, con la culata de
una pistola, uno de los carceleros.
Los
asistentes al juicio eran familiares de los presos o
ciudadanos interesados en la política de su país. Conforme
la situación fue haciéndose más tensa los controles de
entrada fueron más duros. Se privaba a los guineanos de las
botellas de agua (el calor era insoportable) y de cualquier
instrumento para escribir. Cada sesión tenía un descanso que
era aprovechado por los familiares de los presos para intentar
sortear los malos humores y las rigideces de la barrera
policial y entregarles comida. El cine se convertía entonces
en el locutorio de una cárcel de grandes dimensiones. Aunque
algunos de los procesados pidieron asistencia médica (entre
ellos Felipe Ondó), no se les proporcionó nunca, al menos en
las horas de la vista pública.
Las
primeras filas estaban reservadas para las representaciones
diplomáticas (asistieron a todas las sesiones los cónsules
español y francés, un representante de la embajada
norteamericana con sede en Camerún, el embajador de Sao Tomé
y Príncipe, representantes de la UE, de la CEMAC y en algunas
ocasiones el embajador de Camerún) y, separadamente, para
autoridades guineanas. Los ministros de Justicia y el
Responsable de la Seguridad, Rubén Mayé y Manuel Nguema,
respectivamente asistieron a todas las sesiones. El asesor
norteamericano Bruce McCold, presidente del norteamericano
Institute for Democratic Strategics (financiado por las
petroleras para embellecer en el exterior la imagen del
gobierno guineano) estuvo siempre presente, sentado junto a
los ministros y a la viceministra de Justicia. Detrás de
ellos estaban sus escoltas y algunos miembros de los partidos
colaboradores con el régimen (el más asiduo Carmelo Mokong,
de la fracción progubernamental de UP). En filas próximas
estaban los observadores internacionales y la prensa.
Los
abogados solo pudieron entrevistarse con sus defendidos 24
horas del comienzo de las sesiones. Nunca dispusieron del
sumario completo y, también 24 horas antes, recibieron las
partes que correspondían a las declaraciones de sus
defendidos (lo que contradice gravemente la legislación del
país). Durante muchas de las sesiones los abogados defensores
expresaron su creencia de que la versión del sumario de la
que disponían los fiscales era distinta (y más completa) que
la suya.
El
proceso fue dirigido sin pudor alguno por el Ministerio Fiscal
que no dudó en rectificar decisiones del presidente o
imponerle claramente sus criterios. Frente a la decisión de
la presidencia de que los procesados declarasen de mayor a
menor petición de pena, la fiscalía impuso un orden
inspirado sin duda en la investigación policial que acabó
por conducirles a un fracaso evidente. Pretendieron ignorar
las torturas que podían apreciarse en el cuerpo de muchos de
los encausados y sus intervenciones fueron siempre torpes y
malintencionadas. El trato dado a los procesados careció de
la mínima consideración e insistieron a lo largo de la vista
en atribuirse la capacidad de emitir sentencias. Serafín
Ondó, fiscal de Malabo, de una torpeza difícilmente
imaginable, resumió su papel, tras de un desafortunado
interrogatorio, diciendo que la función de los fiscales era
"sonsacar a los detenidos". Sin embargo, cuando el
ambiente se crispó en la sala, argumentaron también que
cumplían con su deber y que si otro día fuesen defensores se
comportarían de otra forma.
Antes
de las declaraciones se hizo jurar a los procesados con la
mano en alto (primera evidencia del impresionante número de
torturados) que dirían "la verdad, toda la verdad y nada
más que la verdad", acto que por si solo invalidaría un
juicio dirigido por estómagos algo más sutiles que los de
los magistrados guineanos.
Los
fiscales perdieron el control del juicio desde el mismo
momento en el que empezaron a declaran los encausados. Los
primeros militantes de FDR en hacerlo, Salomón Avenga y
Mariano Ekua Sima, consiguieron desorientarles en una muestra
de dignidad e inteligencia: declararon en fang, denunciaron
las torturas y se negaron a ratificar las declaraciones hechas
ante la policía y el juez especial. Ekua Sima denunció
incluso la presencia en su interrogatorio y tortura de tres de
los generales del ejército guineano (Armengol Ondó Nguema,
Agustín Ndong Ona y Antoñito Obama Ndong).
En
los tres primeros días no consiguieron los fiscales más que
dos declaraciones favorables a sus tesis que en ambos casos
acabaron desbaratadas por la defensa. Fueron superados por
todos los encausados entre los que estaban Felipe Ondó Obiang,
Guillermo Nguema Ela, Cesar Elá Ondó, Donato Ondó Ondó,
Pablo Nguema Mbá y desde luego por Plácido Micó.
Incapaces
de demostrar la tesis central del proceso (el intento de golpe
de estado en el año 2002) los fiscales se refugiaron en las
acusaciones sobre la reunión de Oyen y en el interrogatorio
sobre detalles irrelevantes al resto de los encausados. Más
de sesenta pasaron por el estrado sin que la fiscalía fuese
capaz de emitir cargo alguno sobre ellos.
Si
es difícil creer en la existencia de un golpe de estado en el
que van asaltarse cuatro ciudades disponiendo solo de una
pistola, siete cartuchos y un sobre con distintivos (de dos
tipos, una cruz blanca sobre fondo rojo y esa misma cruz sobre
fondo verde), es también difícil entender la actitud de los
fiscales que no hicieron comparecer al autor de la denuncia
que inició las detenciones, no presentaron la pistola ni a su
propietario (pese a estar plenamente identificado) y
exhibieron tan solo dos de los distintivos. Aunque la acción
militar se presentaba como inminente (habían llegado a
Mongomo, se decía, dos mensajeros de Ondó Obiang dando las
fechas de la asonada) los fiscales solo presentaron como
pruebas palabras y conversaciones más o menos confusas que se
centraron en el careo entre Donato Ondó Ondó, nombrado por
Felipe Ondó, responsable de la organización de la FDR en
Río Muni, y los también encausados Santiago Ovono Moro e
Isaac Mba Mosuy. Mientras Donato mantuvo con firmeza que no
hubo nunca proyecto de golpe, los otros dos se perdieron en
dudas y contradicciones...
Los
abogados defensores mantuvieron durante todo el proceso una
línea clara de defensa de la legalidad, de denuncia de las
irregularidades y de exigencia de responsabilidades por las
torturas de las que habían sido víctimas la mayoría de los
detenido, intentado aprovechar el escaso margen de maniobra
que le dejaba la Presidencia del Tribunal. La mayoría estuvo
siempre muy por encima de la actitud de esa Presidencia y,
desde luego, de los fiscales.
El
desconcierto alcanzó su grado máximo en la sesión del lunes
día 3 de junio cuando se demostró que la Mesa del Tribunal
ignoraba el número de detenidos presentes y que algunos de
estos no estaban en realidad procesados. Los fiscales fueron
incapaces de llevar a su terreno uno solo de los cuatro careos
propuestos y sus testigos no se atrevieron a declarar en
contra de los encausados. Mientras, el Presidente negó la
pertinencia de todas las pruebas y los testigos solicitados
por los abogados defensores.
4.
Las torturas.
Cincuenta
y dos de los encausados hablaron abiertamente en sus
declaraciones de las torturas de las que habían sido objeto.
Parece que el método ha sido siempre el mismo: se le atan al
detenido con un cable las manos, hasta el codo, a la espalda,
se unen a los pies y se le cuelga. Durante el interrogatorio,
o durante la sesión de tortura, el detenido permanece con los
ojos tapados y puede ser objeto, o no, de golpes en distintas
partes del cuerpo. No se tiene noticias de que ninguno de
ellos haya recibido atención médica posterior, aunque
algunas de las lesiones pueden ser irreversibles.
"Ojos
tapados, brazos atados y colgado allá arriba. ¿Que vas a
hacer?" declaró Donato Ondó Ondó. "No puedo subir
la mano para beber agua, ni comer pan. Me alimentan los
compañeros", "Todo lo que dije en Bata fue por
coacción", "Pido socorro, he sido
coaccionado".
"Lo
dije todo por el estado en el que me encontraba",
"Dejadme, dejadme. Voy a hablar y empecé a contar esa
mentira que tenéis ahí", "Me lo imaginé todo.
Cuatro militares me golpeaban", "Cuando dices la
mentira es cuando te sueltan", fueron algunas de las
explicaciones dadas por Cesar Elá Ondó.
"Para
aliviarse hay que decir algún nombre" (Santiago Elá
Obiang). "Cuando estaba colgado arriba, si te preguntan
por alguien y dices que lo conoces, toman nota de él",
"Me pidieron los nombres de los conocidos en todos los
poblados cercanos al mío" (Roque Mbé Nzo). "Estaba
colgado y me pidieron que dijera nombres de militares de mi
pueblo y de los alrededores" (Virgilio Nguema Oná).
"No firmé mi declaración porque no tenía manos".
"Hasta aquí no puedo tocarme" (Candido Obiang Abia).
"Me torturaron pero yo no dije nada". "Yo no
declaré, el capitán hizo la declaración en mi nombre"
(Hipólito Nsema Nodjambo). Hipólito Nsema Modjambo denunció
también que su mujer había sido violada.
En
algunos casos la tortura no parecía ir ligada a la
"investigación", a un interrogatorio, sino a la
idea de castigo. Se castigaba al detenido por ser de la
oposición o por estar en relación, de cualquier tipo, con
ella y en ocasiones sucesivas se le interrogaba. La idea de
castigo está presente también en una practica completamente
contraria, la que se aplica a aquellos detenidos a los que
"no se hace caso" y permanecen semanas y meses
encarcelados sin que se les pregunte nada, ni se les dé
explicación alguna. Bastantes de los sesenta o setenta
encausados contra los que la fiscalía fue incapaz de formular
cargo alguno estaban en esta situación.
La
Presidencia del Tribunal intentó impedir todos los esfuerzos
de los defensores para que salieran a relucir los nombres de
los torturadores. Pudo saberse, sin embargo, que los más
significados son Julián Ondó Nculu y el capitán Elías,
alias Bombero. Ondó Nculu es el responsable de la
seguridad del Presidente Obiang y parece demostrado que ha
pasado, a lo largo de su vida, por periodos de locura.
Algunos
de los detenidos señalaron en sus declaraciones haber sido
torturados en varias oportunidades. Es el caso de Cesar Elá
Ondó, Jeremías Nculu y Santiago Azú Ndong (al que se le
acusaba de realizar un croquis del campamento Rabat que
tampoco apareció en ninguna de las sesiones del juicio).
Finalmente,
otros detenidos declararon no haber sido objeto de malos
tratos. Fueron Manuel Nsue Mba, Eugenio Obiang Ondó y Marcelo
Mbe Mba. Sin embargo, Marcelo Mba Mbe afirmó que los
generales Armengol Ondó Nguema y Antoñito Obama Ndong
estuvieron presentes en su interrogatorio.
5.
La "investigación".
Al
analizar la "investigación" puesta en marcha por la
policía y los militares guineanos parece evidenciarse que la
practica de redadas masivas está entre sus métodos de
trabajo fundamentales.
Varios
de los detenidos declararon que se les habían pedido nombres
de personas en general. Pasó con Cesar Elá Ondó al que se
torturó para que dijese nombres de "amigos y
conocidos" y que "inventó" en su declaración
una de las reuniones esgrimidas por el Ministerio Fiscal, la
de Malabo, en la que se implicaba a CPDS y a su secretario
general Placido Micó. (A preguntas de este último, Cesar
reconoció haber intentado incluir en estas listas el nombre
de un general camerunés, ante las risotadas de sus
interrogadores). Los interrogatorios de Donato Ondó Ondó,
uno de los primeros detenidos, fueron en el mismo sentido. A
Roque Mbé Nzo y a otros les exigieron que dieran nombres de
personas que conociesen en los pueblos de una determinada zona
o a militares con una característica determinada. Jeremías
Nculu informó de otra practica en principio sorprendente: le
enseñaron fotos de recepciones y álbumes con fotos de
personalidades del país para que dijera lo que sabía de
ellas. Como consecuencia, aparecen en algunas declaraciones,
como personas con alguna complicidad en los hechos, los
nombres del ministro de Justicia, Rubén Mayé y de Lucas
Nguema Esono, responsable de la cartera de Información y
Cultura. Conforme a lo manifestado ante el Tribunal por
Benedicto Nse Ndong, Magistrado de la Corte Suprema y
procesado, hay otros miembros del gobierno que también han
aparecido en las declaraciones y a los que no se detuvo por su
condición de aforados.
Estos
métodos parecen confirmar que en el periodo de la
investigación se detuvo en la zona de Mongomo a pueblos
enteros (hasta 270 detenidos) y que las autoridades guineanas
solo han llevado a los tribunales a una parte de los
detenidos, mientras que el resto continúan en la cárcel de
Bata. Pero sobre todo indican que es la propia policía (o los
militares) la que con estos métodos está en condiciones de
tejer una "historia" en contra cualquier guineano o
de cualquier colectivo de guineanos.
La
implicación de "personalidades", indica que es
también la propia policía (al dictado de las altas
instancias de la nación) la que cada cuatro o cinco años
"mueve la silla" de un numero importante de altos
cargos a los que con estos métodos se puede destituir,
expulsar o simplemente exigirles que renueven su fidelidad al
"sistema". ("Así han tratado a muchos y los
han vuelto a recuperar" declaró uno de los encausados).
Los golpes de estado, inventados periódicamente, tendrían
así una clara funcionalidad dentro del régimen guineano.
En
las declaraciones de los procesados se puso también de
manifiesto la práctica de registros domiciliarios en ausencia
de los implicados y sin orden judicial alguna y que en muy
pocos casos se les indicó el motivo de la detención. El juez
especial designado para el caso (también militar) tomaba
declaración en la propia cárcel de Black Beach y en
presencia de los policías o militares que llevaban a cabo las
torturas y los interrogatorios. Un número importante de los
encausados indicó esta razón para no ratificarse en sus
declaraciones previas a la vista pública. Las declaraciones
se hacían con mucha frecuencia en fang y eran traducidas por
el juez al castellano, idioma que buena parte de los detenidos
no conocen suficientemente (Guillermo Nguema Elá explicó las
consecuencias tan distintas que podría tener en una
declaración el uso del termino "reclutar" en lugar
de "afiliar", por la connotación militar del
primero).
En
un numero importante de casos los procesados hubieron de hacer
dos declaraciones una en Bata y otra en Malabo. La policía
añadió partes enteras a esta segunda declaración. Muchos
procesados indicaron no haberla firmado, en algunos casos por
tener ya las manos dañadas por la tortura. En otros casos la
firma que aparece al final es la del jefe de cárcel. Otros
firmaron su declaración ante la policía pero no ante el
juez. Por último algunos indicaron que su declaración la
había hecho la propia policía. La inmensa mayoría de los
procesados no se ratificó en las declaraciones anteriores y
pidió que solo valiesen las hechas ante el tribunal.
6.
Los procesados
Si
se miraba la parte del cine Marfil destinada a los procesados,
la primera impresión es que se trataba de una causa contra
militares. Los uniformes, obligados por las autoridades para
todos los que estaban en activo, parecían llenar todas las
filas. Sesenta y seis de los encausados son, en efecto,
militares o ex-militares. Pero hay, sin duda, otras formas de
agruparlos. Cincuenta son parientes o paisanos de los
dirigentes de la FDR. Veinticuatro reúnen ambas condiciones;
son militares o ex-militares y al tiempo son familiares o del
mismo pueblo que alguno de los dirigentes de la FDR.
Las
"exigencias del guión" escrito por la policía hace
necesaria la presencia entre los militares de aquellas
especialidades o destinos que consideran imprescindibles en
una "historia de golpe de estado". Hay armeros:
está procesado el armero de Añisok, que para su desgracia es
pariente de Felipe, y un brigada con acceso a los armeros de
Mongomo; son Gabriel Ngonga Esono y Angel Ovono Akumbega.
Está también otro uniformado del que se dice que tiene la
"profesión" de "francotirador", se llama
Primo Micha Obiang, y se le considera un elemento
imprescindible para consumar el magnicidio.
Cuarenta
y seis procesados son paisanos o parientes de Ondó Obiang y
la mayoría están aquí por cumplir con las obligaciones de
cualquier familia africana. Está el que le paga el contrato
de un móvil, el que le da pan y leche, el que le lleva en
taxi de vez en cuando, el que le invitó a su boda y no pudo
asistir, el que tiene dinero y se supone que le ayuda alguna
vez, el que le saluda por la calle... Están también
familiares que no tienen relación con él. Es el caso de su
hijo Cesar Elá, al que, pese a no tratarse durante años, se
le presenta como su fiel colaborador. ( "si no teniendo
relación con él desde hace años, hemos llegado a esta
situación ¿qué hubiera sucedido si la llego a tener?",
dijo Cesar ante el tribunal).
En
una decena de oportunidades los interrogatorios de los
fiscales empezaron con la frase "Sabemos que tienes
problemas con Ondó Obiang" o "Sabemos que tienes
problemas con Cesar". Son personas a las que se ha
procesado y en algunos casos torturado, en la confianza de que
por animadversión hacia ellos, declararían en su contra y
asumirían la idea del golpe de estado. Para ridículo de los
fiscales esto no sucedió en ningún caso.
Julián
Micha Embono está aquí por una historia de dos patos
sucedida en 1992 a través de la cual conoció a Ondó Obiang
y su mujer. Cosme Mbomio Ovono está por doce sacos de cemento
que le debía un militante de FDR. La policía interpretó la
deuda como un método de financiación y le detuvo cuando iba
a comprar arena. Llevaba encima 460.000 FCFA, un reloj
valorado en 85.000 FCFA, un billete de cinco dólares y una
cadena de 50.000 FCFA. Le han devuelto 150.000 FCFA. A Batho,
torturador con el régimen de Macías, le detienen por dar una
comilona y dinero a Felipe Ondó. Tras su declaración todo se
reduce al regalo de un puercoespín y de 7000 FCFA (algo menos
de 2000 pesetas). Atanasio Sima Mba lleva siete años exilado
en Gabón tras ser buscado por actividades contrarias al
régimen guineano. Vuelve para el funeral de su madre y la
policía intenta robarle en la frontera. Se dan cuenta de que
es del pueblo de Ondó Obiang y lo detienen. No tiene
relación alguna con el proceso. No conoce a nadie. Aparece en
este sumario y lo justifica por su "mala suerte o por
desorden social". Alejandro Madong Obiang es funcionario
del ministerio de Sanidad, conoce a un militante de FDR
llamado Rubén Monsuy Nguema y la policía le dice que debe
ayudarles a encontrarlo. Su mujer y él dedican una semana a
esta tarea pero no tienen éxito. Julián Ondó Nculu le dice
"Tu vas a pagar por él". Lleva encarcelado desde el
22 de marzo. Baltasar Obono es albañil y, mientras colocaba
un techo de zinc, vio como le daban un móvil a Ondó Obiang
y, en otra oportunidad, vio bajar de un coche a alguno de los
que en su día se reunieron con él en Oyem. Está procesado y
dijo haber explicado estas cosas a la policía mientras
"estaba colgado"...
Están
también procesados los militantes conocidos de FDR, algunos
de los cuales habían sido encarcelados antes por esta misma
causa, los asistentes a la reunión de Oyem y a las dos
reuniones convocadas en Bata por Ondó Obiang.
Ricardo
Eló Mabale y Benedicto Nsue Ndong son fiscal y magistrado de
la Corte Suprema respectivamente. El procesamiento de Eló
Mabale se explica porque es hermano de Eloy Eló, antes
dirigente de la FDR y antes aún ideólogo del régimen.
Benedicto Nsue Ndong, brutalmente torturado, está aquí
porque criticó al ministro de Justicia. (?).
Están
procesados dos militantes de la formación opositora Unión
Popular (UP). Faustino Ondó Ebang estaba detenido desde el 17
de febrero. En un registro en su casa la policía encontró
unos recortes del diario español ABC relativos a Bin Laden y
dos cartas, una sin firma de noviembre de 2001 y otra de 21 de
noviembre de 1995, en las que hay párrafos en los que se
critica al régimen guineano. Ha aparecido en este sumario
aunque no tiene relación alguna con los demás procesados. A
los fiscales les parece peligrosísimo el contenido de las
cartas. Emilio Ndong Biyogo es persona de conocida militancia
en UP, a pesar de lo cual se le acusa de redactar los
estatutos de la FDR (hay varios procesados más acusados de lo
mimo). En realidad se le detuvo junto con Ondó Obiang, del
que es cuñado y al que hospeda en su casa desde 1998.
La
relación de Plácido Micó con el proceso se debe a que es
citado en la declaración de Cesar Elá como participante en
una reunión en la que se discutía un atentado contra Teodoro
Obiang Nguema. Cesar calificó ante el tribunal a esta
reunión ("la de Malabo") como un invento suyo y
dijo haber citado a Micó por ser "persona
conocida". A pesar de la total carencia de pruebas Micó
sigue procesado.
Madrid
a 9 de junio de 2002.
Adolfo
Fernández Marugan. Secretario ASODEGUE.
Nota
final: La realización de este informe ha sido posible por la
ayuda de la Fundación Pablo Iglesias.
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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