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HOJAS INFORMATIVAS
1
de junio de 2007
Empeoran
las condiciones en la cárcel de Bata
Noticias de
fuentes fiables nos indican que en los últimos días han
empeorada notablemente las condiciones de los presos de la
cárcel de Bata. En esta antigua cárcel colonial hay entre 55 y
60 presos, mezclados presos políticos y comunes. Diariamente
sus familiares podían llevarles comida de 7 a 10 de la mañana
y de 4 a 6 de la tarde. Para entregarla pasaban el muro
exterior por una puerta metálica y llegaban a un patio con
césped desde el que se accede al edificio central en el que
están las oficinas y la cárcel propiamente dicha. Al fondo del
vestíbulo de este edificio hay una verja a través de la que se
pueden ver a los presos y sus celdas. Habitualmente los
guardianes (militares) dejaban salir a los presos, a las horas
de las comidas, hasta el patio con césped y podían hablar
libremente con sus familiares. En los últimos días y por
razones que se desconocen por el momento, la comida debe
entregarse a los guardianes y, en el mejor de los casos, estos
sacan una nota del preso indicando que la ha recibido.
Escapan a esta
situación algunos presos "especiales" como Agustín Ndong Ona
cuyos familiares siguen pudiendo verlo en el periodo de
comida.
Se aplaza el viaje a Guinea
Ecuatorial de los parlamentarios españoles
El viaje a Guinea de una
delegación del Congreso español se ha aplazado hasta el próximo
mes de julio, nos indican fuentes de los partidos españoles con
representación parlamentaria. La delegación estará integrada por
diez diputados entre los que se incluirán los portavoces de los
grupos parlamentarios en la Comisión de Exteriores del Congreso.
Cosas de la
CEMAC
La revista Jeune Afrique ha
publicado en su último número, de 27 de mayo, el articulo
siguiente escrito por Jean-Dominique Geslin:
"¿Qué tienen en común un pastor tubu
del Tibesti chadiano, un funcionario fang de Malabo (Guinea
Ecuatorial) un pigmeo aka del valle de Lobaye, al sur de la
República Centroafricana? Que todos pertenecen a la Comunidad
Económica y Monetaria del África Central (CEMAC). Tengan
conciencia de ello o no, todos forman parte de un solo y mismo
espacio geográfico que cuenta con 37,5 millones de habitantes
repartidos en 3 millones de km2. Un conjunto formado por seis
Estados agrupados para defender sus intereses comunes. Y,
aunque, su convergencia no sea siempre evidente, aguanta a pesar
de todo…
Puesta en marcha en 1994 y operativa
desde 1999, la Comunidad es, de hecho, la heredera de la Unión
Aduanera de los Estados del África Central (UDEAC) que, pensada
como una auténtica GIE (Agrupación de Intereses Económicos) se
creó en 1964 para armonizar las políticas económicas y
monetarias de Camerún, República Centroafricana, Congo, Gabón y
Chad, a los que se unió veinte años después Guinea Ecuatorial.
Si la unión monetaria, garantizada por la omnipotencia del
Banco de los Estados del África Central (BEAC), resistió bien al
tiempo, los objetivos de integración y el peso respectivo de
unos y otros han evolucionado considerablemente. Lo suficiente,
en todo caso, para necesitar una profunda renovación de las
instituciones comunitarias. Porque más allá de los criterios de
convergencia económica, la cohesión de los seis estados miembros
revela mecanismos mucho más complejos que la simple estabilidad
del franco CFA, colocado desde las independencias bajo la tutela
del Tesoro francés.
Cuarenta años después de la puesta
en marcha de la UDEAC su prolongación , la Comunidad, es una
entidad que no se limita a los meros asuntos económicos. En una
zona moderadamente atormentada por crisis políticas y militares,
ha debido intervenir sobre asuntos más espinosos y tomar la
iniciativa en situaciones más inestables. Paradójicamente,
pillada muchas veces en situaciones comprometidas, llevada por
acontecimientos con frecuencia inesperados, la diplomacia
comunitaria se ha visto forzada a adoptar medidas colegiadas.
Podemos situar en el 3 junio 2003 el acto fundacional de la
política exterior de la CEMAC. Ese día los jefes de Estado de
los países miembros, reunidos en una cumbre en Libreville
admitían como uno de los suyos al general François Bozizé. El
15 de marzo de 2003, este oficial golpista expulsó del poder a Ange-Félix
Patassé, jefe electo del Estado centroafricano. El presidente
destituido contaba con sus colegas de cargo para recuperar el
puesto. Sin embargo, contra toda previsión, estos decidieron
abandonarlo a su exilio en Lomé y armar caballero a su ex jefe
del Estado Mayor. Una decisión que les llevaría a defender la
causa del nuevo hombre fuerte de Bangui en los cenáculos
internacionales, desde la Unión Africana a Naciones Unidas,
pasando por la Unión Europea y la Francofonía.
Más que defender la causa del recién
llegado, los jefes de Estado van mas allá y aceptan echar mano a
sus bolsillos para evitar que la República Centroafricana
zozobre en el caos. Al final de la cumbre de Libreville,
aceptan pagar una ayuda puntual de 5 mil millones de F CFA (7,6
millones de euros) al nuevo régimen y reforzar la Fuerza
Multinacional de la CEMAC (FOMUC) desplegada a las orillas del
Ubangui para “acompañar el proceso de transición y favorecer la
reconciliación nacional”..
Esta hermosa muestra de unanimidad
no debe enmascarar, sin embargo, ciertas divergencias entre los
miembros: si Gabón, Congo y el Chad apoyaron en seguida a François
Bozizé, Camerún y, sobre todo, Guinea Ecuatorial lo hicieron mas
despacio. Malabo había anudado muchos lazos con su predecesor.
Al final, se impuso el consenso comunitario y la CEMAC
contribuyó a reducir el ostracismo internacional del que fue
objeto François Bozizé temporalmente en el seno de la comunidad
internacional.
A medida que los expedientes sobre
los que tienen que pronunciarse los funcionarios del CEMAC se
diversifican, los puntos de fricción se multiplican entre sus
miembros. El proyecto de creación de una compañía aérea regional
es muy revelador a este respecto de las fuerzas centrífugas que
anidan en la organización. En enero de 2005 en Libreville, al
final de la sexta cumbre de jefes de Estado, mientras Air Gabon
y Cameroon Airlines atravesaban fuertes turbulencias, la
Comunidad anunció la puesta en marcha inminente de Air Cemac.
Este nuevo transportista debía comunicar la zona gracias a los
derechos de circulación de los Estados miembros, contando con la
aportación técnica de Royal Air Maroc. Sostenida con mucho
empeño por el presidente Omar Bongo Ondimba, pese al interés
manifestado por la RAM y el apoyo del Banco Africano de
Desarrollo (BAD), el proyecto no verá jamás la luz. En Yaundé,
los dirigentes que parecen poco inclinados a abandonar su
« soberanía aérea » quieren empeñarse en el enderezamiento de la
situación de Camair, mientras que en N’Djamena quieren favorecer
el despegue de la joven compañía Toumaï Air Tchad, a la que se
cita como ejemplo de cooperación entre operadores privados de la
región. Como puso de manifiesto el naufragio de Air Afrique, no
es la hora de las iniciativas públicas, victimas de las
rigideces burocráticas. Air Cemac ilustra muy bien los límites
de la acción comunitaria. Y aunque el expediente se hubiera
mantenido en el orden del día de la cumbre del pasado 25 de
abril en N’Djamena, su situación no es buena. Van a continuarse
las negociaciones con SN Brussels como socio estratégico y el
primer vuelo está fijado para marzo de 2008 pero todavía
ignoramos con cuantos derechos de circulación: los de Air Gabon
se han transferido a Gabon Airlines y los de Camair están
reservados a quien retome el pabellón camerunés.
Otro episodio revelador de la sorda
competencia entre miembros de la CEMAC es el que ha opuesto a
Libreville y Yaundé a propósito de la sede de la Bolsa de
Valores Mobiliarios del África Central (BVMAC). Mientras que la
mayoría de los países miembros se pronunciaban a favor de su
implantación en la capital gabonesa, las autoridades de Camerún
decidieron crear su propia plaza financiera, la Douala Stock
Exchange (DSX). Iniciadas el 27 de junio de 2003, las
actividades de la BVMAC estaban destinadas a apoyar la
capitalización de empresas y el desarrollo de inversiones de
cartera en la región. Sin embargo, la existencia de dos plazas
financieras en una misma zona neutraliza los efectos esperados
de esta iniciativa.
Es cierto que las divergencias a
propósito de la República Centroafricana, de Air Cemac o de la
Bolsa regional han aparecido de manera puntual. Pero su
frecuencia ha aumentado desde finales de los años 90. Más graves
aún es que se multipliquen las disensiones respecto al
funcionamiento de la propia organización y que se hayan
modificado la situación de los Estados miembros desde la
creación de la CEMAC. Si Camerún y Gabón han aparecido durante
largo tiempo como los pilares de la organización, Guinea
Ecuatorial, país hispanófono y adherente tardío a la UDEAC, que
ha sido durante tiempo un socio marginal… acaba de convertirse
en el Estado “más rico “ de todos. Tercer productor de de
petróleo al sur del Sahara, ha registrado desde hace diez años
extraordinarias tasas de crecimiento (llegó a alcanzar el 95 %
en 1997) y se beneficia de una afluencia inédita de divisas. De
500 millones de dólares en 1997, son PIB pasa a 9.200 millones
diez años más tarde.
Mientras que Malabo detenta hoy el
47 % de los activos depositados en la cuenta de operación del
Banco Central, el país se considera subrepresentado en las
instituciones de la CEMAC. Y lo ha hecho saber de manera
atronadora. Tras haber puesto en causa el funcionamiento de la
Comunidad y exigido auditorias, ha aprovechado la reciente
cumbre de N’Djamena para hacer valer su punto de vista. En esta
oportunidad, Guinea Ecuatorial obtuvo la salida del gabonés
Jean-Félix Mamalepot, nombrado gobernador del BEAC en julio de
1990. Una semi-victoria para Malabo que alimentaba un rencor
casi personal respecto a este banquero originario de la
provincia de Haut- Ogooué, criticado por su posiciones a veces
rígidas respecto a los Estados miembros. Una semi-derrota para
Libreville que va a conservar el puesto de gobernador del BEAC,
al menos durante un primer periodo. Al final, el reparto de
funciones entre los países miembros de la Comunidad podría
hacerse de manera satisfactoria. En todo caso es lo que quiere
Guinea Ecuatorial, nueva potencia financiera que espera recoger
en el terreno político los dividendos de sus petrodólares".
Científicos
españoles descubren 2000 especies en la caldera de Luba
La página Andalucia
Investiga ha publicado la siguiente información: "El tesoro
que esconde la caldera de Luba, en la isla guineana de Bioko,
poco a poco deja de ser un misterio para los investigadores
españoles que, por segunda vez, han regresado a las
profundidades de esta ignota selva africana. Más de 2.000
especies de flora y fauna, de las que muchas, previsiblemente,
serán endémicas de este lugar y desconocidas para la comunidad
científica, llenaban en el viaje de retorno el equipaje y las
expectativas de los seis exploradores de la Universidad
Politécnica de Madrid (UPM) que han participado en la aventura.
A falta del análisis botánico y
faunístico de todo lo hallado en el interior de este cráter
africano (sólo de mariposas han encontrado casi 500 diferentes),
los expedicionarios se sienten plenamente satisfechos con el
resultado. "Hemos explorado cerca del 15% de la caldera y seguro
que hemos traído especies nuevas porque es uno de los lugares
más lluviosos de la Tierra, con 14.000 metros cúbicos de lluvia
al año, y un ecosistema muy cerrado", asegura Ignacio Martín,
profesor de Zoología Forestal de la UPM y promotor de este
proyecto.
La segunda expedición a Luba
organizada por la UPM, que tuvo lugar entre el 1 y el 24 de
marzo pasado, comenzó con menos problemas burocráticos que la
primera, en diciembre de 2005. Para empezar, esta vez sus ocho
integrantes (tres profesores, tres alumnos y dos sanitarias)
consiguieron su visado sin grandes problemas.
Una vez en la playa de Moraca,
en la isla de Bioko, subieron por el cauce de un río hasta los
campamentos utilizados el año anterior pertrechados con cientos
de kilos de material. "Yo tenía que herborizar la caldera. Coger
muestras de plantas con flor y fruto. Lo primero que pensé
cuando ví aquella densa masa verde es si podríamos entrar. Me
sentía muy pequeña en aquel lugar. Lo que peor llevaba eran las
hormigas que estaban bajo las hojas y mordían, y las arañas.
Tremendas. Siempre evitaba ir la primera", reconoce Patricia
Barberá, una de las estudiantes que participaron en la aventura
africana.
Cada día, por delante de los
exploradores, un grupo de guineanos se ocupaba, machete en mano,
de ir abriéndoles el camino. Aún así, era imposible recorrer más
de 600 metros al día, por lo que se quedaron a unos tres
kilómetros del fondo del antiguo cráter.
Material biológico
Pero el objetivo no era tanto
recorrerlo entero como traer la mayor cantidad posible de
material biológico y para ello recurrían a todos los métodos que
el entorno permitía. "Para recoger las muestras más altas
utilizamos pértigas o, con cuerdas y arneses, colocábamos una
sábana en los árboles y recogíamos lo que caía encima. La flora,
una vez en el campamento, se prensaba y se metía en alcohol para
conservarla", explica Patricia.
Mientras, su colega Pedro
Paniagua, con el cazamariposas en ristre, se dedicaba a insectos
y coleópteros. Por las noches, uno de los espectáculos más
asombrosos era la trampa de luz: una sábana colgada en el
interior de la selva que iluminaban con grandes focos. En unos
segundos, un sinfín de insectos acudían a la llamada luminosa y
quedaban pegados a la tela, momento que aprovechaban para
cazarlos sin grandes dificultades. Éste fue uno de los métodos
que permitieron aumentar sustancialmente el botín.
No menos importante ha sido la
tarea de Judith Muñoz, la joven responsable de ir mapeando el
terreno con un GPS, una tarea que la densa vegetación de la
caldera no le facilitaba. En total recogía unos 300 puntos
geográficos diarios, que luego contrastaba con los mapas
existentes en su ordenador. "Pensamos que la cartografía actual,
que es de los años 50, no es correcta y se trata de que sea lo
más precisa posible", argumenta.
Desde el regreso, todo el
equipo se ha puesto manos a la obra para clasificar los dos
millares de especies que han traído. Se trata de averiguar si
alguna de ellas es nueva para la ciencia, una posibilidad que
Ignacio Martín Sanz cree "muy posible". "Queremos que de esta
expedición salgan algunas tesis y publicaciones científicas",
insiste, con la mente ya puesta en el viaje del próximo año.
Para esa ocasión, espera poder aumentar el presupuesto, que es
aportado por el Ministerio de Educación y Ciencia a través del
rectorado de la UPM. "Este año, por falta de fondos, sólo
pudimos ir seis investigadores, por lo que no hemos podido hacer
un muestreo de mamíferos, ni de reptiles o pájaros. Hubiera
supuesto un trabajo que, con los que estábamos allí, no era
posible asumir", reconoce a EL MUNDO el profesor Martín Sanz.
El Jardín Botánico del Consejo
Superior de Investigaciones Científicas ya se ha mostrado
interesado en las especies de flora que han traído de la caldera
guineana. Sin embargo, de momento, los expedicionarios prefieren
analizar por sí mismos el material antes de pensar en
traspasarlo a otra institución. Es un tesoro biológico que,
aseguran, les ha costado mucho conseguir.
Pisado por primera vez en
los años 60
La historia de las expediciones
a la Caldera de Luba, en Bioko, no está exenta de polémica. Son
muchos los que se disputan el honor de haberla pisado por vez
primera. Las primeras exploraciones de las que se tiene noticia,
de las protagonizadas por el hombre blanco, tuvieron lugar en
los años 60, cuando Guinea Ecuatorial era una colonia española y
la caldera se llamaba de San Carlos. En aquella década hubo
cuatro viajes al interior del cráter, dos de ellos dirigidos por
el periodista radiofónico y antropólogo Luis Jiménez Marhuenda,
fallecido en el año 2000.
Desde hace ocho años, el
Programa de Protección de la Biodiversidad de Bioko explica en
su página web que también investiga en la caldera, gracias a la
colaboración con la Universidad Arcadia de Pensilvania (EEUU).
Su objetivo principal es el censo de primates y, según aseguran,
pasan dos semanas dentro del inhóspito paraje. Otra cosa, según
el equipo de la Universidad Politécnica de Madrid, es que los
norteamericanos hayan llegado hasta el fondo del antiguo cráter
para cruzarlo en su totalidad, como consiguieron ellos en 2005.
Además, ha habido viajes de la Federación Española de
Montañismo, aunque sin un objetivo científico como eje de su
recorrido.
Luba es un volcán que se hundió
hace millones de años y que funciona como un embudo para el agua
que cae en la zona. Su desagüe natural es el río Tudela, que
había sido la entrada de las anteriores expediciones. Sin
embargo, en la primera organizada por la UPM, Ignacio Martín
Sanz y su compañero Daniel Salas optaron por penetrar por la
pared del lado contrario, de 1.400 metros de altura. Tardaron
una semana en llegar al fondo y cruzar al otro lado. Este año,
los expedicionarios madrileños han vuelto a la entrada más
fácil, por el cauce del río.
http://www.andaluciainvestiga.com/espanol/noticias/4/4780.asp
Editado y distribuido por ASODEGUE
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