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19 de julio de 2004

EL JUICIO CONTRA LOS SUPUESTOS MERCENARIOS YA TIENE FECHA. OBIANG VIAJA A MARRUECOS POR TERCERA VEZ EN LO QUE VA DE AÑO

   La Televisión guineana ha anunciado en la tarde de hoy que el juicio contra los supuestos mercenarios detenidos en Malabo desde primeros de marzo, tendrá lugar los días 27, 28 y 29 del presente mes de julio. Como se recordará el siete de marzo se detuvo en Malabo a 15 supuestos mercenarios acusados de intentar derribar al régimen guineano en connivencia con otros setenta actualmente detenidos en Harare. Uno de ellos murió en Black Beach por lo que sólo se juzgará a catorce. Ocho son de nacionalidad surafricana y tienen relación con la antigua organización de mercenarios Executive Outcomes.

   Obiang inició en la tarde de hoy su tercer viaje a Marruecos en lo que va de año (los anteriores fueron a principios de enero y a principios de abril). El viaje no ha sido anunciado oficialmente en Guinea y como todos los anteriores tienen relación con el tratamiento del cáncer de próstata que padece el dictador guineano. El miércoles 21 será recibido en París por  el presidente francés Jacques Chirac.  

 

IRRITACIÓN GUBERNAMENTAL

   Las primeras noticias sobre el informe del Senado norteamericano llegaron a Guinea con el programa de Televisión española de la noche del viernes. A lo largo del sábado se repitió esta información acompañada esta vez de una entrevista con Plácido Micó, secretario general de CPDS. El sábado la noticia era ya suficientemente conocida, al menos en Malabo y en Bata, ciudades en la que se ve mucho la cadena española. El mismo sábado el ministro Nsue Mokuy envió una convocatoria de reunión para el día de hoy a todas las empresas que distribuyen (por cable) la señal de Televisión española.

   Los síntomas parecen indicar que el gobierno guineano va a iniciar la habitual serie de ataques verbales a distintas instituciones y fuerzas políticas de nuestro país y que restringirán además, en este caso, la difusión de los programas de Televisión española.

   Seguiremos informando.

 

DESPUÉS DEL INFORME

   El portavoz del gobierno guineano Alfonso Nsue Mokuy intentó ayer desmentir, sin ningún argumento, el informe del Senado norteamericano respecto a la banca Riggs e hizo uso del recurso más tradicional del régimen guineano para estos casos: culpó de todo a la prensa española, empeñada, dice, "en desestabilizar la democracia guineana" al servicio de intereses "inconfesables". Según la agencia France Press, en un momento afirmó que "no existe ningún problema entre el Senado y el Congreso norteamericano y el gobierno de Guinea Ecuatorial".

   Nsue Mokuy lleva décadas sin decir nada serio, y desde luego ninguna verdad, pero vamos a utilizar su última frase para analizar las consecuencias, en nuestra opinión, del informe del Senado norteamericano.

   El informe, elaborado por una institución de credibilidad indudable en todo el mundo, no deja lugar a dudas y señala que la corrupción en Guinea no está (o no está solo) en tal o cual grupo de funcionarios, como periódicamente quieren hacernos creer Obiang y los suyos. La corrupción (la máxima corrupción) está en la máxima jefatura del Estado. Obiang y su familia están esquilmando el país (han robado más de 700 millones de dólares), un país que se encuentra, a despecho de cifras milagrosas en su PIB, entre los Más Pobres del Mundo. Para ello ha contado con la complicidad de la banca Riggs y de las petroleras norteamericanas, en especial de Exxon Mobil y de Marathon Oil, que pagan al dictador lo que deberían pagar al Estado guineano. Como reiteradamente se ha afirmado desde la oposición democrática y desde las organizaciones que hacen trabajo solidario con Guinea, el gobierno guineano es un gobierno delincuente.

   Sin embargo, los informes del Senado norteamericano, como los de cualquier otra instancia parlamentaria del mundo, no tienen consecuencias penales directas, y no cabe esperar, por tanto, que fuerzas norteamericanas de cualquier tipo se desplacen en las próximas fechas a Malabo para detener al dictador guineano.

   Si la justicia de los Estados Unidos se persona en el asunto, tal como se le pide desde la ONG Global Witness, Obiang y sus colaboradores, guineanos y extranjeros, podrían ser condenados y, si tal cosa sucede, Obiang tendría dificultades para desplazarse a Estados Unidos y, quizás, para hacer negocios en aquel país.

   Junto a estas consecuencias penales, quizás decepcionantes, están las consecuencias políticas. La dictadura guineana está embarcada, a corto plazo, en una importante operación de imagen destinada a normalizar su presencia en la comunidad internacional y a, utilizando un gravísimo error de una parte de la oposición guineana que aparece ligada a un grupo de mercenarios conocidos en todo el continente africano por sus comportamientos delictivos, presentarse como victima de una agresión terrorista. Intentando arroparse en este discurso, el dictador guineano ha prodigado bravuconadas en algunas capitales africanas ofreciendo penas de muerte a todos los detenidos en Malabo, las fuerzas armadas a su mando han llevado a cabo en los últimos tiempos más asesinatos (recuérdese lo sucedido en Corisco) que en toda la historia de régimen, los torturadores a su mando actúan cada vez con mayor impunidad.

   Dependiendo del trabajo político que se haga dentro y fuera de Guinea podrán cortarse las alas a esta ofensiva política de la dictadura y, para ello, el informe del Senado norteamericano podrá ser un instrumento importante.

   ¿Cuales van a ser las relaciones del resto de los gobiernos del mundo con el de Guinea Ecuatorial? El dictador guineano ha sido recibido en las últimas semanas por el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, que desde luego no le trató como un delincuente; las conversaciones recientes con Thabo Mbeki no parecen haber dedicado tampoco mucho espacio a las violaciones de los derechos humanos o a la apropiación delictiva de los recursos del país; el próximo día 21 será recibido oficialmente, en París, por el presidente Chirac [en septiembre visitará Malabo el ministro francés de Asuntos Exteriores]...

   Sin dejar de mostrar nuestro escándalo ante esta situación, pensamos que no hay que hacerse muchas ilusiones en este terreno. La experiencia de otras dictaduras africanas demuestra que en su caída influyó, es cierto, el agotamiento político que padecían y el relativo cerco internacional al que acabaron estando sometidas, sin embargo el factor decisivo fue la creación de una alternativa seria y creíble dentro del propio país capaz de dibujar una nueva legitimidad y un camino hacia ella sin vacíos de poder. Es en este camino en el que habrá que trabajar en los próximos tiempos.    

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

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