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HOJAS INFORMATIVAS
8 de julio
de 2005
C O M U N I C A D O
Ante los terribles atentados terroristas que tuvieron lugar
ayer, 7 de los corrientes, en Londres en los que murieron
treinta y siete personas y resultaron heridas unas
setecientas, Convergencia para la Democracia Social, CPDS,
declara lo siguiente:
1. Anima al primer ministro británico, Tony Blair, a seguir
trabajando para que se hagan realidad sus iniciativas y
propuestas para la buena gestión, la eliminación de la
pobreza y el desarrollo a favor de los países más pobres del
mundo, y en especial de África.
2. Expresa su más enérgica repulsa y condena a tan
abominables hechos frutos de la intolerancia, que no hacen más
que comprometer el ambiente de paz, igualdad, libertad y solidaridad de que tanto
necesita el mundo de hoy.
3. Expresa, asimismo, su más firme apoyo y solidaridad al
pueblo británico y a su primer ministro, Tony Blair, así
como al partido amigo miembro de la Internacional socialista,
el Partido Laborista, en unos momentos especialmente tristes.
4. Cree que el diálogo abierto, franco y sincero en
democracia y en un ambiente de respeto de derechos y
libertades, es la única vía para la solución de los
problemas. Por ello, rechaza rotundamente la violencia,
provenga de donde provenga, como medio para dirimir las
diferencias.
5. Finalmente, expresa sus más sinceras y profundas
condolencias a los familiares de las víctimas de estos viles
y brutales atentados, al tiempo que hace votos por que los
numerosos heridos recuperen su salud lo antes posible.
Malabo,
8 de julio de 2005
LA COMISIÓN EJECUTIVA NACIONAL
Noticias,
rumores y desmentidos
La agencia Europa Press acaba de difundir el siguiente
despacho: "La
organización opositora guineana (ilegal) Fuerza Demócrata
Republicana (FDR) denunció hoy que "el régimen
sanguinario del general Teodoro Obiang Nguema" secuestró
la semana pasada y extraditó ilegalmente a Guinea Ecuatorial
a tres ciudadanos guineanos que habían sido detenidos el
pasado mes de abril en Nigeria y estaban encarcelados en este
país desde mediados de mayo. Según FDR, "no se conoce
la suerte que les depara".
Se trata de los antiguos militares Florencio Elá --juzgado
por intento de golpe de Estado en un juicio a puerta cerrada
celebrado en Bata a principios del año pasado y
posteriormente huido de Guinea-- y Antimo Edú, así como del
civil Felipe Esono Ntumu. Los tres estaban encarcelados en
Nigeria, bajo la acusación de tráfico de armas, en las
dependencias de la Dirección de Inteligencia del Ejército de
Nigeria, en Lagos.
Según FDR, "este acto terrorista ha sido comandado por
el embajador de Guinea Ecuatorial acreditado en Lagos, capital
de la República Federal de Nigeria, Heriberto Meko Mbengono,
destacado torturador y miembro de la policía política de la
dictadura, que ha sobornado a las autoridades carcelarias con
un monto de dos millones de dólares americanos, sacados de
las arcas del Estado".
"Una vez más y como viene siendo práctica habitual
desde 1997, el régimen sanguinario de Malabo ha vuelto a
extraditar ilegalmente, utilizando el dinero proveniente de
las rentas petrolíferas, a ciudadanos guineanos, miembros de
la oposición, huidos de su criminalidad, para encontrar
refugio, bajo la protección del derecho internacional en
materia de exiliados, en otro país en que pueden sentirse
libres de la represión política y del exterminio que el régimen
mantiene contra la población indefensa desde que accedió al
poder en agosto de 1979", asevera FDR.
Florencio Elá Bibang es teniente coronel del Ejército
guineano, y, según la Asociación para la Solidaridad Democrática
con Guinea Ecuatorial (ASODEGUE), con sede en Madrid,
"durante años sus actitudes políticas no han sido
precisamente favorables para los partidos y militantes de la
oposición democráticas". A principios de 2004 fue
detenido y posteriormente absuelto en el juicio "a puerta
cerrada" celebrado en Bata.
Desde el 12 de octubre del año pasado tuvo que huir de
Guinea, primero a Gabón y posteriormente a Camerún, donde
recibió apoyo del Alto Comisionado de Naciones Unidas para
los Refugiados (ACNUR) y fue confinado en un centro bajo
vigilancia policial para protegerlo de la acción en este país
de los servicios de seguridad guineanos. Antimo Edú ha
residido hasta hace poco en Gabón y Felipe Esono Ntumu, alias
'Pancho', vivía en España".
Hasta aquí el despacho. Queremos dejar constancia de la
denuncia de la FDR, aunque nuestras fuentes en Guinea, a las
que han llegado hace unos días rumores en este sentido, no
confirman la extradición a Guinea de los tres detenidos en
una cárcel de máxima seguridad nigeriana y mucho menos la
posibilidad de que hayan sido asesinados. Esa extradición, de
haberse producido, habría requerido la complicidad del
gobierno de Nigeria, cuya ejecutoria en los últimos tiempos
(en lo que hace a los derechos humanos) no parece avalar esta
hipótesis. En cualquier caso estaremos pendiente de cualquier
noticia que pueda producirse sobre este tema.
Dentro de las informaciones dudosas que han circulado en los
últimos tiempos, queremos indicar que no es cierta la muerte
del asaltante detenido de Manuel Moto Tomo. No sólo no ha
muerto, sino que (parece) se está recuperando y habría
prestado ya declaración ante el juez. Según nos indican
fuentes fiables del exilio, la policía habría detenido a
alguno más de los asaltantes, lo que permite confiar en que
acabará esclareciendo los hechos. Parece, también, que
ninguno de los asaltantes era marroquí.
Por su parte, la policía española, no ha difundido, ni
oficial, ni oficiosamente, información alguna sobre el caso.
Maniobras
militares con dirección norteamericana
Acaban de finalizar en la zona africana del Sahel unos
ejercicios militares bautizados como "Flintlock
2005" en los que han participado en torno a 2000 soldados
africanos, pertenecientes a los ejércitos senegalés,
tunecino, marroquí y nigeriano, y 800 soldados
norteamericanos.
Los soldados africanos han participado bajo la
supervisión de oficiales del Comando de las fuerzas
americanas en Europa (EUCOM) y, según la agencia AFP, las
maniobras "han estado centrados en la orientación,
comunicación sobre el terreno y entrenamiento en tiro de
precisión".
Los ejercicios se inscriben en los objetivos de
la lucha antiterrorista del ejercito norteamericano y se
justifican por las presencia, y actividad, de algunos grupos
salafistas en la zona del Sahara y del norte del Sahel.
"La formación de los soldados a los que
hemos entrenado es bastante elemental, pero entendieron la
urgencia de la situación sobre el terreno y la legitimidad de
la que queríamos hacer para proteger a sus
conciudadanos", manifestó a AFP el comandante John
Silkman, con base en Alemania donde reside el EUCOM.
"Hemos entrenado a las tropas como queríamos
hacerlo, los países implicado han dicho que estaban
satisfechos y hemos establecido unas relaciones muy sólidas
(con los mandos militares locales). Lo considero un éxito",
añadió el comandante Silkman.
En los próximos meses tendrán lugar otros
ejercicios militares en el África del Oeste con participación
norteamericana: ejercicios de entrenamiento con el ejército
del aire nigeriano, a finales de agosto, y un ejercicio naval
en el golfo de Guinea.
El Senado norteamericano ha aprobado un
presupuesto de 100 millones de dólares, para gastar a partir
de 2007, destinados a la realización de ejercicios militares
en África a los que se denomina Iniciativa anti-terrorista
Trans-Sahara.
Cumbre
del G8: Dirigentes de los países del Sur aguantan la ofensiva
en torno al Protocolo de Kyoto
La agencia IPS ha difundido un comunicado fechado
ayer en Gleneagles, que firma Sanjay Suri, en el que se dice
lo siguiente: "Líderes
de las cinco mayores naciones en desarrollo desafiaron
abiertamente este jueves al Grupo de los Ocho (G-8) países más
poderosos, que intentó proponer un abandono del Protocolo de
Kyoto, el único instrumento internacional para frenar el
cambio climático.
La primera señal sobre un cambio respecto del
Protocolo apareció menos de una hora antes de que explotara
la primera bomba en el transporte público de Londres. Lejos
de convertir al presidente estadounidense George W. Bush
(renegado de Kyoto desde 2001), lo que ocurrió en la cumbre
del G-8 fue todo lo contrario.
El primer ministro británico Tony Blair reconoció
en un comunicado que Estados Unidos no aceptaría nunca el
Protocolo, y que no tenía ”sentido volver a repetir el
debate sobre Kyoto”.
Bush dijo que naciones de rápido desarrollo,
como China e India, debían ser parte de un futuro acuerdo, y
por tanto saludó la presencia de autoridades de esas dos
naciones asiáticas en la cumbre del G-8 (Alemania, Canadá,
Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y
Rusia), que se celebra desde el miércoles en la pequeña y
lujosa localidad escocesa de Gleneagles.
”Ahora es tiempo de ir más allá de la etapa
de Kyoto y establecer una estrategia inclusiva de las naciones
en desarrollo”, dijo Bush.
Esta afirmación podría tener consecuencias de
gran alcance.
Estados Unidos contribuye con una cuarta parte de
la contaminación mundial vinculada por los científicos al
cambio climático, y configurada por los gases de efecto
invernadero (que recalientan la atmósfera), como el dióxido
de carbono emitido por diversas actividades humanas, en
especial la combustión de petróleo, gas y carbón.
Reducir la emisión de esos gases es esencial
para contener las consecuencias del cambio climático.
El acuerdo de Kyoto, que entró en vigor en
febrero, obliga a las naciones industriales que lo ratificaron
a reducir sus volúmenes de gases invernadero 5,2 por ciento
debajo de los de 1990, con plazo en 2012.
El Protocolo, tampoco ratificado por Australia,
no contempla obligaciones para los países en desarrollo,
sobre la base de que la mayor parte de la contaminación fue
causada por las naciones industriales.
Aunque los países en desarrollo deben cumplir su
parte, no están obligados a adoptar reducciones antes de
2012, según el principio de responsabilidades comunes pero
diferenciadas.
La propuesta de Bush y Blair de incluir a los países
en desarrollo en un acuerdo más allá de Kyoto podría tener
un efecto devastador en las economías del mundo pobre, que se
vería obligado a invertir en costosas nuevas tecnologías,
elevando sus costos de producción y haciendo menos
competitivas sus exportaciones.
Los gobernantes de cinco naciones en desarrollo
invitados a la reunión del G-8 estaban claramente preparados
para resistir estos intentos de conducirlos a compromisos
similares a los que ya tienen los países ricos en el
Protocolo.
Asistieron a la cumbre el presidente de China, Hu
Jintao, el primer ministro de India, Manmohan Singh, y los
mandatarios Thabo Mbeki, de Sudáfrica, Luiz Inácio Lula da
Silva, de Brasil, y Vicente Fox, de México.
En un comunicado conjunto que divulgaron una hora
después de los comentarios de Bush y Blair, los cinco líderes
del Sur afirmaron que el Protocolo de Kyoto ”aborda de forma
adecuada los aspectos ambientales, sociales y económicos del
desarrollo sostenible”.
Los países industriales deben conducir la
”acción internacional para combatir el cambio climático
implementando en forma total sus obligaciones de reducir
emisiones y suministrando financiación adicional y
transferencia de tecnologías más limpias, menos
contaminantes y de costos razonables a las naciones en
desarrollo”, afirma el comunicado.
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre
el Cambio Climático, que condujo a la adopción del acuerdo
de Kyoto, ”establece el desarrollo social y económico y la
erradicación de la pobreza como prioridades excluyentes para
los países en desarrollo”, agregaron los cinco líderes.
”Por tanto, hay una necesidad urgente de
desarrollar y financiar políticas, medidas y mecanismos para
adaptarse a los inevitables efectos adversos del cambio climático
que caerán mayoritariamente sobre los pobres”, sostuvieron.
Deben aplicarse ”cambios en los insostenibles
modelos de producción y consumo de los países
industriales”, dijo el grupo de las cinco naciones
industriales.
Al mismo tiempo, los países desarrollados
”deben asegurar que las tecnologías con impactos positivos
sobre el cambio climático sean tanto accesibles como
adquiribles para los países en desarrollo”, agregaron.
Grupos ambientalistas saludaron la firmeza de las
cinco naciones, que son también la columna vertebral del
Grupo de los 20 países en desarrollo, contrarios a los
subsidios agrícolas del Norte industrial y muy activo en las
negociaciones de la Organización Mundial del Comercio.
”Los grandes países en desarrollo han mostrado
que un único líder mundial en Gleneagles cree que el
Protocolo de Kyoto es el camino equivocado, y ese es el
presidente Bush”, dijo en una declaración el activista Tony
Juniper, de la organización Amigos de la Tierra.
(FIN/2005)
La quiebra del África
oficial
M´Bah
Abogo, revistapueblos.org
M’Bah
Abogo es licenciado en Economía, máster en Gobernalidad y
Desarrollo Humano y especialista en Filosofía Política. Éste
es el texto de una conferencia que el autor pronunció en la
Escuela de Voluntariado de Madrid durante la semana temática
"Conoce el Mundo: África" (23-26 mayo de 2005).
"Gran parte de la teoría contemporánea de la
democracia se limita a caracterizarla como un régimen político.
En el caso de África, esta restricción refleja, y
refuerza, una concepción general de lo que la política,
específicamente la política democrática, trata. El
corolario de esta visión es la expulsión sin paliativos de
la democracia y, en general, la política, de cualquier
relación activa frente a la injusticia social.
Esa reducción de la capacidad creadora de la
democracia es producto, entre otras cosas, de una
deficiencia conceptual de la democracia liberal: juzgar la
democracia como la democracia del elector. Los límites de
la política, de la democracia y del Estado han sido
reducidos en la historia reciente de África.
Desde el pistoletazo de salida de la segunda ola democrática
en África que supuso la Cumbre de La Baule de 1990, la
agenda política africana ha incluido, con más o menos
frivolidad, las cuestiones referentes al fortalecimiento
democrático, la crisis de la política, las reformas del
Estado, las reformas estructurales de la economía y el
impacto de la globalización en la región. Sin embargo,
aunque se han abordado aspectos sustantivos de estas
cuestiones, el debate ha marginado otros que, a la luz de lo
que tenemos hoy, deberían haber estado en el epicentro de
la discusión.
La democracia fue observada esencialmente en su dimensión
electoral; la política vista a través de la crisis
generada por las monocracias, las estructuras nepotísticas,
la corrupción galopante, etc. La problemática del Estado
se centró en la cuestión de los equilibrios fiscales, la
modernización burocrática y la disminución de su
interferencia en la economía; la economía tuvo como tema
casi excluyente la cuestión de sus equilibrios y las
reformas estructurales supuestamente necesarias para
lograrlos. Esos debates eran, en su momento,
imprescindibles.
Ahora no hay duda alguna de que fueron insuficientes. Después
de más de una década de democratización, el debate que
hoy podemos hacer es globalmente decepcionante o negativo:
el uso de las trabas y de la violencia para acceder al poder
o aferrarse a él, y las consiguientes guerras civiles
declaradas o latentes, siguen constituyendo unas prácticas
cotidianas. El proceso de democratización en África, salvo
en algunos casos contados en los que se han producido
alternativas y alternancias, como podrían ser los casos de
Zambia, Mali, Níger, Malawi o Ghana, ha sido falsificado.
La quiebra del África oficial supone el agotamiento del
repunte de legitimidad a favor del Estado generado por los
procesos de democratización monitorizados por la elite
africana y las comunidades de donantes o, lo que es lo
mismo, la confirmación de la absurdidad de la proyección
imaginaria de la elite africana en contubernio con las
comunidades de donantes. Asistimos, una vez más, a la huida
en tromba de la población africana del mundo de la política,
o sea, de sus instituciones y contenidos, a la desconexión
de las masas del aparato estatal limitando las relaciones
con éste a lo estrictamente necesario para conseguir la
obtención de un documento oficial o a estafarlo.
Procesos
de democratización falsificados
De entre los factores que han determinado espacial y
temporalmente el discurso democrático en África destacan,
a nivel internacional, el fin de la Guerra Fría, el vacío
político mundial causado por la implosión del bloque soviético,
la actitud beligerante de las instituciones financieras
internacionales, etc; y, a nivel interno, el descontento
popular por causa del proceso de miserabilización
en el que estaban inmersos varios estados africanos a tenor
de la religiosa aplicación de los planes de ajuste
estructural en los ochenta y a la torpeza económica de la
clase dirigente.
Durante casi cuatro décadas, el discurso político africano
se había vertebrado en torno a tres ejes fundamentales: la
rehabilitación de la cultura africana, la liberación del
imperialismo y el desarrollo o la modernización. Ante la
bancarrota económica de los estados africanos y la
insalvable brecha entre la soberanía negativa y la soberanía
positiva, los principios y pautas de comportamiento que
constituían el entramado que sustentaba a los estados
poscoloniales sufrieron una transformación discursiva
radical: de las retóricas reinvidicativas se pasó a poner
énfasis en los valores liberales. Los estados africanos se
insertaron en el marco internacional de la posguerra fría
arrastrando los handicaps de la devaluación geoestratégica,
la crisis económica y la crisis política. Los estados
africanos debilitados y empobrecidos, y sin apenas margen de
maniobra, aceptaron el programa internacional que se les
ofrecía.
Este programa presentaba distintas formulaciones y
matizaciones pero básicamente se puede resumir en tres
aspectos fundamentales: democratización, entendida como la
celebración de elecciones libres y limpias, y derechos
humanos; buena gobernabilidad, en el sentido como lo
entienden las agencias financieras de Breton-Woods, o sea,
ausencia de corrupción, transparencia en la gestión del
Gobierno, etc; y liberalización de la economía, lo que
implicaba profundizar en los ajustes estructurales que ya se
venían aplicando en la década de los ochenta.
En la mayoría de los casos se culpabilizó a los
gobernantes de la crisis africana y, por culpa de los
rezagos de la doctrina del hombre fuerte y el temor a las
consecuencias de un giro radical en la cultura política
africana, se les convirtió en los agentes de superación de
la crisis. Los monitores de los procesos de democratización
hicieron, de esta manera, gala de un desconocimiento o
conocimiento, profundo (depende de la lectura que hagamos)
de la naturaleza del papel que ha venido jugando el estado
poscolonial africano. Casi quince años después de la
conferencia de la Francofonía de La Baule, empezamos a
estar en posición de dilucidar el alcance y el significado
de estas reconfiguraciones de lo político que supusieron
los procesos de democratización.
En una radiografía política de África, lo que más llama
la atención es el hecho de que no se haya producido una
renovación de la clase política africana tras los procesos
de democratización, lo que ha desembocado en la
profundización del abismo entre la elite política y la
mayoría de la población. Muchos barones de los antiguos
partidos únicos, como puede ser en los casos de Gabón,
Camerún o Guinea Ecuatorial, están en el Gobierno o
dirigen los principales partidos de oposición.
Por lo tanto asistimos a arreglos poco ortodoxos con graves
consecuencias en los mecanismos electorales: la práctica de
aferrarse al poder mediante fraudes electorales o elaboración
de leyes electorales ad hoc, como puede
ser el caso de Gabón, el retorno al poder por la vía no
democrática, tal y como sucedió en el Congo Brazaville, el
retorno al poder por la vía democrática de autócratas,
como es el caso de Kerekou en Benin, etc. E incluso, los líderes
que la comunidad internacional se apresura en considerar
como una nueva generación de dirigentes, tales pudieran ser
los casos de Zenawi, de Etiopía, o Museveni, de Uganda,
forman parte de la antigua clase política en la que
participaron como jefe sindicalista o guerrilleros y su
sistema de gobierno no se desmarca mucho del de sus
predecesores.
En todas partes en África asistimos a la reproducción de
la clase gobernante o de los mismos actores, autoritarios
reformistas y demócratas ambiguos o no transparentes, todos
convertidos en nomenclaturas e incapaces de responder a los
desafíos económicos y sociales planteados a sus pueblos
ante la vigorosa expansión de la civilización del mercado.
Una vez más, el África oficial, el de las independencias y
de la democratización, el de las instituciones sin
contenidos, tiene que reabrir una nueva cuenta de fracasos,
tanto en los aspectos económicos como en los políticos.
Fracaso económico: África representa menos del 2 por
ciento del producto bruto global, el equivalente al PIB de Bélgica
o de las quince grandes fortunas del planeta... Fracaso político:
el continente sigue con su cohorte de dramas humanitarios.
¿Por qué las transiciones democráticas han fracasado a la
hora de destruir a la vieja guardia política africana? El
análisis político clásico sostiene que las crisis
sociales conducen a cambios significativos dentro de la
elite gobernante. Los cambios políticos fundamentales o los
fracasos políticos son refrendados por un relevo radical de
los que administran el poder.
La experiencia africana está libre de ese enunciado y más
bien apunta hacia los argumentos de Schumpeter o Laswell
acerca de la flexibilidad de las elites y su capacidad de
adaptación. Bajo la espuma de las actuales elecciones
multipartidistas se oculta una sorprendente perdurabilidad
de la cúpula. O dicho de otra manera, en los últimos
quince años se ha cumplido con creces el enunciado que
sostiene que toda conversión cultural es recreación.
La pregunta es atrevida, ¿acabarían los africanos con esa
clase dirigente si pudieran? ¿Y si eso es así, cómo es
posible que algunos dictadores sobradamente desacreditados
hayan legitimado su gobierno en las urnas? Entender los
mecanismos de reproducción de la clase gobernante y las
estrategias de supervivencia de la población es un paso
insoslayable a la hora de aprehender las dimensiones
sociales de esta quiebra y sus implicaciones para los
africanos. La concepción alimentaria de la democracia desvía
a muchos africanos de la democracia real, la pobreza en la
que se desenvuelve la vida del africano medio hace que sean
víctimas de manipulaciones en manos de los políticos
gobernantes que, en muchas ocasiones, tienen en su haber el
tesoro público y echan mano de éste para comprar
voluntades y aferrarse al poder.
Más que una ruptura con el pasado, los procesos de transición
democráticos de los noventa parecen haber seguido una lógica
de complementariedad con el pasado despótico. La aparición
de un espacio político proporcionado por los procesos de
democratización ha facilitado la cristalización de la
clase dominante. Con un personal dirigente que tiende a
estabilizarse y un número limitado de esquemas de acción,
la elite mantiene su espacio por medio de la coerción y
totaliza la estructura estatal gracias al férreo control
sobre las estructuras económicas y financieras y al
monopolio de las conexiones internacionales.
Se están afianzando problemáticas legítimas que delimitan
lo pensable políticamente, se están creando repertorios,
se están fijando géneros discursivos... en definitiva, se
están cerrando todas las vías de acceso a través de las
que la subpolítica podría impregnar a la política.
Durante casi cuatro décadas la dinámica molecular de la
asimilación de las elites ha ido concretando
progresivamente una amplia alianza entre los distintos
segmentos regionales, políticos, económicos y culturales
de la elite social. La matriz de esta congregación, en
buena parte, está en el aparato colonial. Los dispositivos
de reproducción y conclusión de esta alianza hegemónica
presentan trayectorias disímiles pero, en general, puede
afirmarse que la estabilidad de esta alianza ha estado
siempre en función de la situación económica, de sus
propias contradicciones internas derivadas de la exacerbación
de las luchas de influencia, la agudización de los apetitos
individuales o el rebrote de la cuestión étnica, como
puede ser el caso de Congo Brazaville o Camerún, o clánica,
como podría ser el caso de Guinea Ecuatorial. Las dinámicas
de la divergencia y la de la asimilación siempre han
coexistido...
Los lugares de esta sedimentación de la elite van desde la
sociedad civil hasta la sociedad política, y los
procedimientos van desde la endogamia social, o incluso étnica,
hasta la cooptación política. La ética de la unidad, o lo
que es lo mismo, la lógica de inclusión, no de exclusión,
o sea, la idea de que los opositores sean amalgamados, en
vez de eliminados, ha sido siempre el principal impulso de
esta clase dominante cuya capacidad de cooptar a la
contra-elite y decapitar socialmente a la disidencia auténtica
es espantosamente asombrosa.
¿Cómo afecta la existencia de esa clase dominante a la
calidad y la sustentabilidad de la democracia en África?
Para responder a esta pregunta debemos partir de la
constatación de que la crisis de la democracia en África
es un corolario de la crisis del Estado, un Estado políticamente
liberticida y económicamente improductivo. Los estados
africanos demandan una reconstrucción integral para que
tanto sus capacidades institucionales, administrativas y de
gobierno puedan fortalecerse. Deben subsanar las legalidades
truncadas, recuperar legitimidad junto con sus funciones de
soberanía pues existen en muchas partes una clara desconexión
ciudadana del estado en lo político, lo económico y lo
social.
Con los Estados actuales es totalmente inconcebible una
democracia viable para África. Muchos africanos identifican
el Estado con la elite, una elite que, ya sea por sus
complejos de inferioridad, por su pereza mental, por las
hipotecas adquiridas frente a los poderes mundiales y/o por
su devaluación moral es incapaz de canalizar las energías
utópicas hacia una meta tan apremiante como es la
erradicación de la pobreza y mucho menos de producir una
simbología colectiva fuerte y creíble para suscitar una
movilización popular auténtica.
Conclusión
Después de quince años de democratización en África
podemos hablar de regímenes democráticos (Mozambique, Mali,
Senegal, Ghana, Nigeria, Sudáfrica o Benin), democracias
interrumpidas (Burundi, Congo-Brazaville o Guinea Conakry),
regímenes autoritarios o semi-autoritarios (Zimbabwe,
Uganda, Gabón, Guinea Ecuatorial o Yibuti) y Estados
fallidos o amenazados de desaparición (Angola, Rwanda, República
democrática de Congo o Sudán). Lo conquistado, refiriéndome
a los países democráticos o en los que ha habido una tibia
descompresión autoritaria, no está asegurado.
La preservación de la democracia y su expansión no son
hechos espontáneos. Son construcciones voluntarias,
formuladas en proyectos, modeladas por liderazgos e
investidas del poder que proviene del apoyo popular.
Requieren partidos políticos que construyan opciones
sustantivas, un Estado con poder para ejecutarlas y una
sociedad capaz de participar en una construcción que exceda
los reclamos sectoriales. Una política que omite los
problemas centrales, vacía de contenido las opciones
ciudadanas; un Estado sin poder transforma el mandato
electoral en una expresión de voluntades sin consecuencias;
y una sociedad sin participación activa lleva, tarde o
temprano, a una peligrosa autonomía del poder.
África, merced a la aparente fortaleza que están
adquiriendo las instituciones interafricanas, se aleja
paulatinamente del riesgo de las guerras civiles, pero
surgen otros peligros: la democracia, que tiene que
cohabitar con escandalosos niveles de paro y una pobreza
lacerante, pierde vitalidad; se la prefiere en lugar de a
las dictaduras pero nadie confía en su capacidad para
mejorar las condiciones de vida; los partidos políticos están
en el nivel más bajo de la estima pública; el Estado se serkaliza
progresivamente, es decir, es mirado, la mayoría de las
veces, con recelo.
El ímpetu democrático que caracterizó a la década de los
noventa se ha agotado. La población se lamenta, malvive,
cae presa de sueños de potencia fantasmagórica pero no hay
un objetivo capaz de condensar sus anhelos. Si la democracia
pierde relevancia. ¿Cómo se resolverán las tensiones
entre la expansión democrática y la economía, entre la
libertad y la búsqueda de la igualdad, entre crecimiento y
pobreza, entre las demandas de la población y las reformas
económicas que no paran de exigir ajustes y sacrificios?
Estos son dilemas cuya solución es compleja y no podrán
ser resueltos si no se sitúan en el centro del debate público
y de las opciones que ofrecen los partidos políticos. Esto,
de momento, no se ha hecho en ningún país africano. Las
proyecciones de los Objetivos del Milenio, según el Informe
sobre el desarrollo humano de 2004, indican que no sólo
África no alcanzará los objetivos sino que la calidad de
vida de los africanos de aquí al 2015 se degradará aún más.
La quiebra del África oficial es una realidad, es necesario
repensar el destino de África con un formato más
amplio".
BIBLIOGRAFÍA
RECOMENDADA
AKE,
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Africa, The Brooklings Institution, Washington, D.C.
BAYART,
Jean François; 1999, El estado en África.
La política del vientre. Bellaterra.
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KABUNDA
BADI, Mbuyi; 2004; La democracia en África:
Entre la recuperación de la tradición y la integración en
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BADI, MBUYI (edit.); 2002, África
subsahariana ante el nuevo milenio, Pirámide, Madrid.
INFORME
SOBRE EL DESARROLLO HUMANO, PNUD 2004
FREEDOM
OF THE PRESS, 2005.
Editado y distribuido por ASODEGUE
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