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HOJAS INFORMATIVAS

 

4 de julio de 2008

"Mugabe culpable pero no responsable"

   La página Camer.be ha publicado hoy el artículo siguiente firmado por Chis McGreal ("Chris McGreal, firma importante de la prensa británica, coloca las cosas en su sitio: el gobierno de Su Majestad y los granjeros blancos tienen un gran responsabilidad en la crisis actual", dice Camer.be).
 
   "Hace más de un década que Clare Short, entonces secretaria de Estado del Departamento internacional, escribió la famosa carta que algunos han descrito como la chispa que incendió la pradera. Robert Mugabe, el presidente de Zimbabwe, presionaba entonces a Gran Bretaña para que mantuviese su promesa de financiar la redistribución de las tierras de los granjeros blancos, promesa que consideraba como uno de los fundamentos del acuerdo que había puesto fin a la declaración unilateral de independencia de Rhodesia por el primer ministro Ian Smith y permitido el nacimiento de un país independiente en 1980.

   La recuperación de las tierras era uno de los principales objetivos de la guerra de liberación y, como decía Mugabe, había llegado el momento de que Londres honrase sus compromisos. En la carta dirigida en 1997 al ministro de Agricultura, la señora Short había rechazado esta petición. "No creemos que nuestro país tenga ninguna responsabilidad especial en la financiación de la compra de las tierras en Zimbabwe. Somos un nuevo gobierno sin ninguna relación los antiguos intereses coloniales. Yo soy de origen irlandés y, como usted sabe, nosotros somos colonizados y no colonizadores", escribía. Esta posición puede parecer razonable. Pero la señora Short decía en esencia que se hablaba de un tiempo superado porque su país no era ya una potencia imperial y que la guerra de liberación de Zimbabwe pertenecía a la historia. Un desprecio esencial para Mugabe y su régimen. Un error que los blancos del país iban a reproducir buscando su dimisión, algo que le ha empujado a aferrarse al poder.

   Londres tiene grandes responsabilidades, no solo como antiguo colonizador, sino también porque no tomó medidas contra el régimen ilegal de Ian Smith, con el pretexto de que no podía actuar contra "los suyos", para utilizar una expresión del antiguo Primer Ministro Harold Wilson. Cuando la invasión de las granjas comenzó, en 2000, era conmovedor ver a aquellas gentes expulsadas de sus casas bajo la amenaza de los machetes. Sin embargo, fijándose en estas granjas, se veía también que la independencia no había supuesto gran cosa para la existencia de sus empleados. Los blancos no solo se consideraban autosuficientes sino que despreciaban también la interpretación que Robert Mugabe hacía del lugar que ocupaban y sobre el pacto tácito que les permitía conservar sus riquezas. Su prosperidad no había beneficiado a los pobres y eran pocos los granjeros que había reflexionado sobre la naturaleza profunda de la guerra de liberación, acto de reivindicación de la libertad pero también de las tierras. Los blancos de Zimbabwe habían establecido con la Zanu-PF [la Unión Nacional Africana de Zimbabwe- Frente Patriótico, el partido en el poder] un pacto tácito en virtud del que podían mantener la misma vida que antes a condición de no participar en política.

   Fue así durante veinte años, pero después muchos cometieron un error de calculo: han creído que tenían los mismos derechos que el resto de la población. 

Morgan Tsvangirai : camer.be

Los granjeros blancos han apoyado a la oposición

   Esto se tradujo en una oposición evidente y masiva a Robert Mugabe en el referendum constitucional del año 2000, que el presidente, para su sorpresa, perdió. Algunos meses más tarde, en las elecciones legislativas, se sumaron al Movimiento para el Cambio Democrático (MDC) de Tsvangirai. Aunque no representaban más que una escasa proporción de los efectivos del MDC, los blancos, con su dinero y sus vehículos, llamaron la atención y consiguieron influencia. El MDC y sus militantes blancos consideraban todo esto como manifestaciones de la política cotidiana en una sociedad normal. Mugabe y la vieja guardia de la Zanu-PF veían en ello el intento de librar una nueva guerra. Y sus temores no eran totalmente infundados.

   En las elecciones del 2000, Monty Montgomery dirigía la campaña del MDC en la región de Hurungwe et de Kariba. Su familia residía en Zimbabwe desde 1890. Sus padres habían enseñado en Bulawayo, en una escuela que frecuentó Verwoerd, el autor del apartheid en Suráfrica. Fue reclutado en su día por la policía rhodesiana y destinado en la oficina tristemente célebre por sus interrogatorios a prisioneros políticos y "terroristas ", de hombres como Mugabe.

   En la época en la que yo le conocía, Montgomery tenía un comercio agrícola. Se había interesado muy poco por la democracia hasta que tuvo dificultades financieras. Hablando con él y con otros blancos, tuve la sensación de que era el momento de las represalias, el momento de "vengarse" de Mugabe. Cuando 5000 delegados negros del MDC eligieron a los dirigentes del partido en enero de 2000, tres de los cuatro puestos más altos se atribuyeron a blancos. "Si nuestra presencia es tan visible, es por una sola razón. El partido se compone esencialmente de negros, pero la burguesía negra no se atreve a tomar posiciones en público. Nos empujan a los primeros puestos del escenario y dicen que nos apoyarán pero que no pueden exponerse", explicaba Duke du Coudray, responsable de campaña del partido en el Mashonaland occidental. Lo que los blancos no habían comprendido es que no podían hacer aquello. Podrían estar dentro de la legalidad pero la historia estaba demasiado reciente. Se convirtieron muy pronto en el blanco favorito de Mugabe. Lejos de derribarlo, contribuían a reforzarlo. 

   Tsvangirai acogió bien a los blancos por razones válidas pero se equivocó otorgándoles un papel público mientras continuaba con su posición ambigua respecto a la redistribución de las tierras. Esto ha llevado mucha agua al molino de Mugabe quien afirmaba que el MDC devolvería las granjas a sus antiguos propietarios. El jefe de la oposición ha cometido otros errores que han aprovechado a Mugabe. Tsvangirai no ha entendido hasta que punto Mugabe iba a explotar su pasado como libertador e iba a presentar al MDC como un complot neocolonial en el que los negros servían de cobertura a unos curtidos rhodesianos. Chissano, que entonces era presidente de Mozambique, defendió a Mugabe diciendo que había en África una tendencia a "tender un velo" sobre la historia de las luchas por la independencia. Se enfrentó a quienes presentaban a los "antiguos héroes de la lucha por la libertad" como "antidemócratas, incluso como dictadores". Algunos años más tarde, cuando Mugabe se atribuyó una victoria electoral trucada, manifestó: "El mundo no tiene nada que enseñar a Mugabe sobre la primacía del derecho".  Londres no ha contribuido a arreglar las cosas insistiendo en sus ataques. Peter Hain, entonces secretario de Estado para África, calificó de "bárbaro" al gobierno de Zimbabwe. Debería haber previsto cómo respondería cualquier dirigente africano al que la antigua potencia colonial calificase de ese modo. 

Mbeki ve la política con un prisma racial.  

   Thabo Mbeki no tardaría en convertirse en presidente de Suráfrica. Contrariamente a Mandela, Mbeki ve la política a través de un prisma racial. La presencia extremadamente visible de blancos dentro del MDC le ha irritado. Los dirigentes de la región han decidido encargarle el dossier Zimbabwe. Lanzando su "diplomacia tranquila" intentaba solamente una cosa: inducir a Mugabe a retirarse con dignidad y manteniendo al Zanu-PF en el poder. Eso no significaba guardar silencio en público pero sí abstenerse de toda crítica. Thabo Mbeki ha justificado con frecuencia las acciones de Mugabe. Avaló los resultados de la primera vuelta de las presidenciales diciendo: "Estamos muy satisfechos de cómo se han desarrollado las elecciones: la oposición ha podido llegar a todo el país, no ha habido violencias, todo ha ido muy bien". Para él, el criterio de regularidad era que hubiera habido ejecuciones, ni palizas, tal como había sucedido en los anteriores escrutinios. Sin embargo, las elecciones estaban muy lejos de ser libres. Mugabe las ha utilizado para movilizar sus fuerzas y aterrorizar a los zimbabuanos a fin de que no voten en su contra en la segunda vuelta de las presidenciales. Mbeki ha estado en Harare para reunirse con él. Al final de este encuentro, ha dicho una vez más que "no había crisis". Para este intelectual elegante y fumador en pipa, la dignidad de un jefe de Estado es más importante que la indignidad de los africanos que buscan algo para comer entre las basuras, mueren en los hospitales por falta de medicamentos, o tienen que entrar en un país atravesando alambradas de espino". 

 

Tabo Mbeki : camer.be

 

   http://www.camer.be/index1.php?art=2539

 

 

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