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HOJAS INFORMATIVAS
4 de julio
de 2008
Un grupo de trabajadores de la
construcción secuestra en Sao Tomé un avión de Guinea Ecuatorial
La agencia
Lusa difundió ayer desde Sao Tomé el siguiente despacho: "Un
grupo de 34 obreros ha mantenido bajo secuestro durante la tarde
de hoy a un avión en el aeropuerto de Sao Tome como forma de
llamar la atención por un supuesto desvío de sus salarios en el
sector de la construcción en Guinea Ecuatorial.
Tras reclamar una
parte de los siete meses de sueldo que no les había sido pagada,
el grupo viajó de Guinea Ecuatorial a Sao Tome y Príncipe en un
avión de General Work de Guinea Ecuatorial pero a la llegada al
aeropuerto de Sao Tomé, secuestraron el aparato con su
tripulación.
Los 34 trabajadores
santotomenses se apoderaron del avión en torno a las 15 (hora
local) y lo abandonaron tres horas más tarde, tras recibir
garantías del ministro de Administración interna de Sao Tomé de
que el gobierno iba a resolver su situación.
Estos 34
trabajadores, con edades comprendidas entre los 25 y los 35
años, forman parte de un grupo de 40 a los que se contrató en la
capital del archipiélago por parte de un representante local de
empresas de Obras Públicas de Guinea Ecuatorial, para trabajar
en la construcción de carreteras en este país africano.
El contrato, según
explicó
Valter da Silva
Trindade, uno de los trabajadores que secuestraron hoy el avión,
establecía que un tercio del sueldo se les pagaría en Guinea
Ecuatorial y los dos tercios restantes en Sao Tomé. "Solo nos
han pagado la parte de Guinea, la de Sao Tomé no", acusó.
A
la llegada a Sao Tomé el grupo secuestró el aparato e impidió
durante tres hora que nadie se acercase. Solo la presencia del
ministro de Administración Interna, Raúl Cravid, permitió que
liberaran la aeronave. "Liberamos el avión porque el gobierno
prometió resolver la situación", dijo Valter da Silva Trindade.
Los treinta y cuatro hombres abandonaron el aeropuerto a finales
de la tarde con destino a sus casas. No hubo detenciones".
http://aeiou.expresso.pt/gen.pl?p=stories&op=view&fokey=ex.stories/358688
"Mugabe culpable pero no
responsable"
La página Camer.be
ha publicado hoy el artículo siguiente firmado por Chis McGreal
("Chris McGreal, firma importante de la prensa británica, coloca
las cosas en su sitio: el gobierno de Su Majestad y los
granjeros blancos tienen un gran responsabilidad en la crisis
actual", dice Camer.be).
"Hace más de un década que Clare Short, entonces secretaria
de Estado del Departamento internacional, escribió la famosa
carta que algunos han descrito como la chispa que incendió la
pradera. Robert Mugabe, el presidente de Zimbabwe, presionaba
entonces a Gran Bretaña para que mantuviese su promesa de
financiar la redistribución de las tierras de los granjeros
blancos, promesa que consideraba como uno de los fundamentos del
acuerdo que había puesto fin a la declaración unilateral de
independencia de Rhodesia por el primer ministro Ian Smith y
permitido el nacimiento de un país independiente en 1980.
La recuperación de las tierras
era uno de los principales objetivos de la guerra de liberación
y, como decía Mugabe, había llegado el momento de que Londres
honrase sus compromisos. En la carta dirigida en 1997 al
ministro de Agricultura, la señora Short había rechazado esta
petición. "No creemos que nuestro país tenga ninguna
responsabilidad especial en la financiación de la compra de las
tierras en Zimbabwe. Somos un nuevo gobierno sin ninguna
relación los antiguos intereses coloniales. Yo soy de origen
irlandés y, como usted sabe, nosotros somos colonizados y no
colonizadores", escribía. Esta posición puede parecer razonable.
Pero la señora Short decía en esencia que se hablaba de un
tiempo superado porque su país no era ya una potencia imperial y
que la guerra de liberación de Zimbabwe pertenecía a la
historia. Un desprecio esencial para Mugabe y su régimen. Un
error que los blancos del país iban a reproducir buscando su
dimisión, algo que le ha empujado a aferrarse al poder.
Londres tiene grandes
responsabilidades, no solo como antiguo colonizador, sino
también porque no tomó medidas contra el régimen ilegal de Ian
Smith, con el pretexto de que no podía actuar contra "los
suyos", para utilizar una expresión del antiguo Primer Ministro
Harold Wilson. Cuando la invasión de las granjas comenzó, en
2000, era conmovedor ver a aquellas gentes expulsadas de sus
casas bajo la amenaza de los machetes. Sin embargo, fijándose en
estas granjas, se veía también que la independencia no había
supuesto gran cosa para la existencia de sus empleados. Los
blancos no solo se consideraban autosuficientes sino que
despreciaban también la interpretación que Robert Mugabe hacía
del lugar que ocupaban y sobre el pacto tácito que les permitía
conservar sus riquezas. Su prosperidad no había beneficiado a
los pobres y eran pocos los granjeros que había reflexionado
sobre la naturaleza profunda de la guerra de liberación, acto de
reivindicación de la libertad pero también de las tierras. Los
blancos de Zimbabwe habían establecido con la Zanu-PF [la Unión
Nacional Africana de Zimbabwe- Frente Patriótico, el partido en
el poder] un pacto tácito en virtud del que podían mantener la
misma vida que antes a condición de no participar en política.
Fue así durante veinte años,
pero después muchos cometieron un error de calculo: han creído
que tenían los mismos derechos que el resto de la población.

Los granjeros blancos han
apoyado a la oposición
Esto se tradujo en una
oposición evidente y masiva a Robert Mugabe en el referendum
constitucional del año 2000, que el presidente, para su
sorpresa, perdió. Algunos meses más tarde, en las elecciones
legislativas, se sumaron al Movimiento para el Cambio
Democrático (MDC) de Tsvangirai. Aunque no representaban más que
una escasa proporción de los efectivos del MDC, los blancos, con
su dinero y sus vehículos, llamaron la atención y consiguieron
influencia. El MDC y sus militantes blancos consideraban todo
esto como manifestaciones de la política cotidiana en una
sociedad normal. Mugabe y la vieja guardia de la Zanu-PF veían
en ello el intento de librar una nueva guerra. Y sus temores no
eran totalmente infundados.
En las elecciones del 2000,
Monty Montgomery dirigía la campaña del MDC en la región de
Hurungwe et de Kariba. Su familia residía en Zimbabwe desde
1890. Sus padres habían enseñado en Bulawayo, en una escuela que
frecuentó Verwoerd, el autor del apartheid en Suráfrica. Fue
reclutado en su día por la policía rhodesiana y destinado en la
oficina tristemente célebre por sus interrogatorios a
prisioneros políticos y "terroristas ", de hombres como Mugabe.
En la época en la que yo le
conocía, Montgomery tenía un comercio agrícola. Se había
interesado muy poco por la democracia hasta que tuvo
dificultades financieras. Hablando con él y con otros blancos,
tuve la sensación de que era el momento de las represalias, el
momento de "vengarse" de Mugabe. Cuando 5000 delegados negros
del MDC eligieron a los dirigentes del partido en enero de 2000,
tres de los cuatro puestos más altos se atribuyeron a blancos.
"Si nuestra presencia es tan visible, es por una sola razón. El
partido se compone esencialmente de negros, pero la burguesía
negra no se atreve a tomar posiciones en público. Nos empujan a
los primeros puestos del escenario y dicen que nos apoyarán pero
que no pueden exponerse", explicaba Duke du Coudray, responsable
de campaña del partido en el Mashonaland occidental. Lo que los
blancos no habían comprendido es que no podían hacer aquello.
Podrían estar dentro de la legalidad pero la historia estaba
demasiado reciente. Se convirtieron muy pronto en el blanco
favorito de Mugabe. Lejos de derribarlo, contribuían a
reforzarlo.
Tsvangirai acogió bien a los
blancos por razones válidas pero se equivocó otorgándoles un
papel público mientras continuaba con su posición ambigua
respecto a la redistribución de las tierras. Esto ha llevado
mucha agua al molino de Mugabe quien afirmaba que el MDC
devolvería las granjas a sus antiguos propietarios. El jefe de
la oposición ha cometido otros errores que han aprovechado a
Mugabe. Tsvangirai no ha entendido hasta que punto Mugabe iba a
explotar su pasado como libertador e iba a presentar al MDC como
un complot neocolonial en el que los negros servían de cobertura
a unos curtidos rhodesianos. Chissano, que entonces era
presidente de Mozambique, defendió a Mugabe diciendo que había
en África una tendencia a "tender un velo" sobre la historia de
las luchas por la independencia. Se enfrentó a quienes
presentaban a los "antiguos héroes de la lucha por la libertad"
como "antidemócratas, incluso como dictadores". Algunos años más
tarde, cuando Mugabe se atribuyó una victoria electoral trucada,
manifestó: "El mundo no tiene nada que enseñar a Mugabe sobre la
primacía del derecho". Londres no ha contribuido a arreglar las
cosas insistiendo en sus ataques. Peter Hain, entonces
secretario de Estado para África, calificó de "bárbaro" al
gobierno de Zimbabwe. Debería haber previsto cómo respondería
cualquier dirigente africano al que la antigua potencia colonial
calificase de ese modo.
Mbeki ve la política con
un prisma racial.
Thabo Mbeki no tardaría en
convertirse en presidente de Suráfrica. Contrariamente a
Mandela, Mbeki ve la política a través de un prisma racial. La
presencia extremadamente visible de blancos dentro del MDC le ha
irritado. Los dirigentes de la región han decidido encargarle el
dossier Zimbabwe. Lanzando su "diplomacia tranquila" intentaba
solamente una cosa: inducir a Mugabe a retirarse con dignidad y
manteniendo al Zanu-PF en el poder. Eso no significaba guardar
silencio en público pero sí abstenerse de toda crítica. Thabo
Mbeki ha justificado con frecuencia las acciones de Mugabe.
Avaló los resultados de la primera vuelta de las presidenciales
diciendo: "Estamos muy satisfechos de cómo se han desarrollado
las elecciones: la oposición ha podido llegar a todo el país, no
ha habido violencias, todo ha ido muy bien". Para él, el
criterio de regularidad era que hubiera habido ejecuciones, ni
palizas, tal como había sucedido en los anteriores escrutinios.
Sin embargo, las elecciones estaban muy lejos de ser libres.
Mugabe las ha utilizado para movilizar sus fuerzas y aterrorizar
a los zimbabuanos a fin de que no voten en su contra en la
segunda vuelta de las presidenciales. Mbeki ha estado en Harare
para reunirse con él. Al final de este encuentro, ha dicho una
vez más que "no había crisis". Para este intelectual elegante y
fumador en pipa, la dignidad de un jefe de Estado es más
importante que la indignidad de los africanos que buscan algo
para comer entre las basuras, mueren en los hospitales por falta
de medicamentos, o tienen que entrar en un país atravesando
alambradas de espino".

http://www.camer.be/index1.php?art=2539
Editado y distribuido por ASODEGUE
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