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ACTA
DE LA PRIMERA SESIÓN PLENARIA. SEGUNDA FASE
En Madrid, a diecisiete de abril de mil novecientos sesenta y
ocho, en el Salón de Embajadores del Ministerio de Asuntos
Exteriores, tiene lugar la Primera Sesión Plenaria de la
Segunda Fase de la Conferencia Constitucional de Guinea
Ecuatorial, bajo la presidencia del Excmo. Señor Don Fernando
Mª Castiella y Maiz, Ministro de Asuntos Exteriores, y con la
asistencia de las Delegaciones del Gobierno español y de
Guinea Ecuatorial.
La
Delegación del Gobierno español está integrada por los
siguientes señores:
Excmo.
Señor Don Gabriel Mañueco de Lecea, Director General de África
y Próximo Oriente del Ministerio de Asuntos Exteriores.
Excmo.
Señor Don Marcelino Cabanas Rodríguez, Secretario General Técnico
del Ministerio de Justicia.
Excmo.
Señor Don José Jorreto Múgica, General, Secretario General
del Estado Mayor Central, del Ministerio del Ejército.
Iltmo.
Señor .Don Eduardo Vila Corpas, Capitán de Corbeta, del
Ministerio de Marina.
Iltmo.
Señor Don Manuel Aguilar Hardisson, Director General de
Impuestos Indirectos del Ministerio de Hacienda.
Iltmo.
Señor Don Dositeo Barreiro Mourenza, Jefe do la Sección de
Asuntos Generales de la Jefatura Central de Tráfico del
Ministerio de la Gobernación.
Iltmo.
señor Don Antonio Saavedra Patino, Director General de
Jurisdicción del Trabajo, del Ministerio de Trabajo-
Excmo.
Señor Don Rodolfo Martín Villa, Director General
de Industrias Textiles, Alimentarias y Diversas, del
Ministerio de Industria.
Excmo.
Señor Don Luis Gómez de Aranda, Secretario General
Técnico de la Secretaría General del Movimiento.
Iltmo.
Señor Don Joaquín Arnao Ruifernández, Coronel de Aviación,
Subsecretaría de Aviación Civil del Ministerio del Aire.
Excmo.
Señor Don Leopoldo Zumalacárregui
Calvo, Director
General de Comercio Interior del Ministerio de Comercio.
Excmo.
Señor Don Joaquín Juste Cestino, Secretario General
Técnico del Ministerio de Información y Turismo.
Iltmo.
Señor Don Enrique Salgado Torres, Director General del
Instituto Nacional de la Vivienda del Ministerio de la
Vivienda.
Iltmo.
Señor Don Juan Álvarez Corugedo, Gerente del Plan de
Desarrollo de la Guinea Ecuatorial de la Comisaría del Plan
de Desarrollo.
Iltmo.
Señor Don Manuel Blanque Tripiana, Teniente Coronel de
Infantería del Alto Estado Mayor.
Excusan
su asistencia los Delegados de la Presidencia del
Gobierno y del Ministerio de Educación y Ciencia, Excmo. Señor
Don José Díaz de Villegas, Director General de Plazas y
Provincias Africanas, e Iltmo. Señor Don Antonio Tena
Artigas, Secretario General Técnico del Ministerio de Educación
y Ciencia. El primero es representado en este acto y ocupa su
sitio Don Eduardo Junco Mendoza, Secretario General de la
Dirección General de Plazas y Provincias Africanas de la
Presidencia del Gobierno.
La Delegación de Guinea Ecuatorial está integrada por los
siguientes señores:
Excmo. Señor Don Federico Ngomo, Presidente de la Asamblea
General.
Excmo. Señor Don Enrique Gori, Vicepresidente de la Asamblea
General.
Ilmo. Señor Don Antonio N'Dongo,
Diputado por Río Muni.
Ilmo.
Señor Don Miguel Edyand, Diputado por Río Muni.
Ilmo.
Señor Don Marcos Ropo Uri, Diputado por Fernando Póo.
Excmo. Señor Don Bonifacio Ondo Edu, Presidente del Consejo
de Gobierno.
Excmo. Señor Don Francisco Macías Nguema, Vicepresidente
del Consejo de Gobierno.
Ilmo.
Señor Don Antonio Cándido Nang, Consejero de Enseñanza.
Ilmo.
Señor Don Gustavo Watson, Consejero de Sanidad.
Ilmo.
Señor Don Luis Maho Sicacha, Consejero de Información y
Turismo.
Ilmo.
Señor Don Agustín Eñeso, Consejero de Hacienda.
Ilmo.
Señor Don Alfredo Jones Niger, Consejero Nacional por
Fernando Póo.
Ilmo.
Señor Don Andrés Moisés Mba, Consejero Nacional por Río
Muni.
Ilmo.
Señor Don Edmundo Bosio Dioco, Procurador en Cortes por Santa
Isabel.
Ilmo. Señor Don Ricardo M. Bolepa, Procurador en Cortes por
Santa Isabel.
Ilmo. Señor Don José Nsue Angue, Procurador en Cortes por
Río Muni.
Ilmo.
Señor Don Pedro Econg, Procurador en Cortes por Río Muni.
Ilmo.
Señor Don Alfredo Tomás King, Procurador en Cortes.
Señores Don Clemente Ateba, Don Antonio Eworo, Don Martín
Mbo Nguema y Don Jovino Edu Mbuy, Representantes de Idea
Popular de la Guinea Ecuatorial (I.P.G.E.).
Señores Don Pastor Torao, Don Atanasio N´Dongo, Don Saturnino
Ibongo y Don Alfonso Jesús Oyono, Representantes del
Movimiento Nacional de Liberación de la Guinea Ecuatorial (M.O.N.A.L.I.G.E.).
Señores Don Francisco Salome Jones, Don Justino Mba Nsue,
Don Esteban Nsue y Don Estanislao Kuba, Representantes del
Movimiento de Unión Nacional de la Guinea Ecuatorial (M.U.N.G.E.).
Señores Don Mariano Ganet, Don Teófilo Bieveda, Don Gaspar
Copariate y Don Francisco Douga Mendo, Representantes
de la Unión Bubi.
Señores
Don Wilwaldo Jones, Don Carlos Cabrera, Don Manuel
Nascimiento Ceita y Don Manuel Morgades Besari, Representantes
de la Unión Democrática.
Señor
Don Vicente Castellón, Representante de la Isla de
Annobón.
Señor
Don Lucas Beholi, Representante de la Isla de Corisco.
Señores Don Adolfo Bote Ebola y Don Narciso Meseguer, Representantes
del Grupo Ndowe.
Señor Don Agustín Daniel Grange,
Representante de la Minoría Fernandina.
Señor
Don Manuel Castillo Barril, Delegado en Madrid del Consejo de
Gobierno de la Guinea Ecuatorial.
Asiste
al acto el Excmo. Señor Don Jaime de Piniés Rubio,
Representante Permanente Adjunto de España ante las Naciones
Unidas.
Una
vez situados en sus puestos los Miembros de ambas
Delegaciones, y personas asistentes, a las
veinte horas hace su
entrada en el Salón el Excmo.
Señor Don Fernando Mª Castiella y
Maíz, Ministro de Asuntos Exteriores, quien fue recibido
por los asistentes, puestos en pie. La Mesa Presidencial
queda constituida por
el Excmo.
Señor Ministro de Asuntos
Exteriores, Presidente de la Conferencia, el Excmo. Señor
Don Ramón Sedó Gómez, Subsecretario de Política Exterior,
Vicepresidente de la Conferencia, y el Excmo. Señor Don Gabriel
Cañadas Nouvilas, Secretario General del Consejo Superior de
Asuntos Exteriores y de esta Conferencia Constitucional.
A
continuación el Señor Ministro dijo:
EL
MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES:
"Excelencias,
señores, amigos: Al
reunimos nuevamente aquí, tengo el honor y la dicha de
volver a encontrarme con una amplia y selecta representación
del pueblo de Guinea. A los muchos lazos
que unen a España
con sus hermanos guineanos y con esa tierra entrañable,
se añade, en mi caso - que supongo es, también, el de
muchos de los que me acompañan - la amistad que ha nacido a
lo largo de estos encuentros.
Sean, por tanto, mis primeras palabras de bienvenida
para todos ustedes y
de satisfacción por la alegría que me produce el reanudar
un diálogo que a buen seguro ha de ser trascendente.
Anteayer hizo exactamente cuatro meses que nos
separamos al terminar la primera fase de la Conferencia
Constitucional. El
plazo de tiempo transcurrido no es corto,
aunque tampoco puede ser considerado como muy dilatado
si pensamos en la trascendencia del tema que nos ocupa. Esas
semanas nos han permitido a todos estudiar con detenimiento
las importantes declaraciones que fueron hechas por ustedes a
lo largo de
las Sesiones de la primera etapa de la Conferencia.
El conocimiento minucioso de cuanto aquí se dijo nos
va a permitir en esta etapa final reanudar el diálogo sobre
bases mucho más precisas. En cierto modo, el tiempo transcurrido, al clarificar
muchas posiciones, nos ayudará ahora, permitiendo
un ritmo mucho más acelerado a nuestros trabajos. Conociendo
el objetivo final de nuestros esfuerzos podemos ahora,
de mutuo acuerdo, fijar las etapas que nos quedan por recorrer
y aplicarnos fervorosamente a dar cima
a nuestra labor. Desde que nos separamos, tras la última
sesión de la primera
parte de esta Conferencia,
no hemos perdido
el tiempo. El receso - permitidme que emplee esta
expresión que nos
rebota del otro lado de los mares - el receso, digo, nos
permitió considerar los muchos y graves
problemas que se presentan ante nosotros y para los que
era imperativo encontrar las soluciones
más adecuadas.
Fue preciso estudiar, también
con detalle, los
múltiples
intereses comunes que la realidad de una larga convivencia
ha ido creando entre nosotros y hubo que tener
presentes, asimismo, las recomendaciones que las Naciones
Unidas fueron aprobando en torno al tema.
El
Gobierno español
ha tenido, pues que estudiar y
ponderar una
serie de elementos muy complejos y prever toda
una gama de consecuencias. Ello ha significado problemas
y dificultades, pero, como el Vicepresidente del
Gobierno decía en las Cortes el pasado día 3, ¿qué país
no tiene problemas? Lo importante es tener voluntad
de resolverlos y en nuestro caso yo quisiera aseguraros
que no solo existe esa voluntad sino que la nuestra es
la mejor y más predispuesta de las buenas voluntades.
Retrotrayéndome
algo en el tema, diría que la buena
voluntad de España en relación con Guinea viene muy
de atrás. España se hizo presente en el África Ecuatorial
en virtud de unos títulos
jurídicos muy claros. Desde su origen esa
presencia está marcada por el sello de
un modo peculiar de llevar a cabo
las tareas colonizadoras
que siempre fue característico del español. El sentido
cristiano de nuestras empresas y la consideración
igualitaria de todos los hombres han dejado en el mundo
una gran colectividad de puebles para los que la fe, el
concepto de la dignidad humana y el amor a la libertad,
son elementos esenciales de su personalidad histórica.
No necesito, pues,
extenderme en considerar la época
puramente colonial de la presencia española en Guinea.
Vuestra preparación cultural y vuestro sentido de
la dignidad son muestras inequívocas de que casi dos siglas
de convivencia no fueron inútiles.
Me
interesa mucho más detenerme, siquiera sea por unos
instantes, en el proceso político próximo, en las
líneas consecuentes de una política que ha pretendido,
con ritmo pausado pero incesante, promocionar al pueblo de
Guinea para que un día - felizmente próximo - pudiera
transformarse en el protagonista de su propia historia.
En
1959, cuando África entera se estremecía ante el
impulso descolonizador, el Gobierno español quiso también
acompasar su acción al ineludible signo de los tiempos.
Dos caminos se ofrecían entonces como posibles o
inventar todo un sistema para Guinea, alterando la trayectoria
natural de su evolución, o colocar a Guinea en un
plano de igualdad con las restantes tierras españolas para
que nuestras instituciones, derecho y formas de vida la
configurasen definitivamente como un pueblo hispánico.
La
LEY DE PROVINCIALIZACIÓN no tuvo otro fin. Concluyó
con el sistema del patronato e igualó jurídicamente
a todos los ciudadanos de la nación.
Se consiguió, así , preparar al pueblo
guineano para posteriores grados de
evolución.
En
1963, la experiencia aconsejó un nuevo paso. Ahora
ya no se trataba de igualar sino de perfilar una personalidad
distinta, propia, similar si queréis, pero perfectamente
diferenciada0 El Régimen de Autonomía significa,
por tanto, un prudente ensayo de autogobierno limitado,
un paso necesario en el camino hacia la personalidad
propia, un entrenamiento y un claro anuncio del futuro.
Evidentemente
, y porque éste es el tributo que hay
que pagar a nuestra condición humana, en ambas etapas
no siempre el acierto fue completo, no todas las disposiciones
resultaron adecuadas, no todas las gentes respondieron
del mismo modo. Sin embargo - si dejamos de lado
un espíritu hipercrítico - hay que reconocer que los
errores fueron de orden menor y los aciertos, en cambio, nos
han traído a la esperanzadora realidad actual. En pocos años
pudo pasarse así de una situación de dependencia
bajo tutela a la madures presente en los umbrales de la
independencia.
El proceso permitió alcanzar en paz y en plena
cooperación estos momentos históricos, los actuales,
los que estamos viviendo. Tal vez algunos hubieran
preferido seguir un camino distinto, tal vez otros han
creído, en cierto momento, que el ritmo no era suficientemente
acelerado, tal vez, incluso, haya quien siga estimando que
España no actúa de buena fe. No importa. En la
Historia, son los resultados los que cuentan y el fruto de la
colaboración entre nosotros está ya bien a la
vista y al alcance de la mano.
¿Puede cualquier otro pueblo africano exhibir
un proceso más claro, pacífico y
constructivo?
El
régimen de autonomía, aprobado por un Referéndum en
1963, entró en vigor el año siguiente teniendo sus
magistraturas electivas un plazo de validez de cuatro
años. El funcionamiento del sistema demostró, al ser
contrastado con la experiencia, ciertas dificultades y algunos
defectos, pero permitió la aparición de fuertes
personalidades, la creación de unos cuadros políticos y el
entrenamiento de todo una clase dirigente. La vinculación
institucional de las magistraturas del Régimen Autónomo con
las instituciones representativas peninsulares dio, además,
la oportunidad a los líderes guineanos
de conocer con detalle el funcionamiento interior del
Estado español, experiencia
que puede ser utilísima
cara al futuro, y les permitió establecer relaciones personales
directas con los representantes y los gobernantes
de la Nación. Al margen de los cauces legales han
nacido, pues, toda una serie de vínculos privados que pueden
tener la mayor trascendencia en los años venideros Ahora
bien, desde 1966 era evidente que ciertos sectores de opinión
y algunos dirigentes propugnaban
la independencia
como meta a alcanzar en 1968. Tales actitudes
cobraron mayor volumen en 1967. Sin embargo, la verdad
es que esos sentimientos independentistas fueron
materializados ante las Naciones Unidas y no ante el Gobierno
español. Se pidió la independencia con motivo de la
visita de un Subcomité de las Naciones Unidas realizada
a Guinea en agosto de 1966 por invitación vuestra refrendada
por el Gobierno español; se pidió, también, por actuaciones
personales o comunitarias ante el Comité de los 24 o ante la
IV Comisión de la Asamblea General de las
Naciones Unidas, pero no se pidió directamente a través
de las instituciones legales que el Régimen Autónomo había
creado o por conductos directos siempre fáciles de utilizar.
De
tal suerte, el Gobierno español se encontró frente
al dilema de creer, por un lado, que existía un sentimiento
favorable a la independencia aunque de volumen desconocido, o
de pensar, por otro, que dicho sentimiento
no era mayoritariamente respaldado por la población
o por un gran sector de los representantes elegidos.
Como,
a su vez, era preciso prever, en 1968, una renovación
del Régimen Autónomo - al llegar el momento en que se cumplían
los cuatro años de mandato de sus autoridades
-, el Gobierno decidió convocar esta Conferencia Constitucional
con el fin de conocer directamente, a través de
las instituciones electivas y de los grupos políticos, los
auténticos deseos de los representantes del pueblo de Guinea.
La
primera fase de la Conferencia puso de manifiesto
dos cuestiones esenciales. La primera, que la gran
mayoría de los asistentes pedía la independencia para 1968,
no oponiéndose a esa idea uno solo de los miembros
de la Delegación que asistió a las deliberaciones; y la
segunda, que las propias autoridades del Régimen
Autónomo, por boca de sus más altas magistraturas,
consideraban que el sistema había sido ya superado y que
carecía, por ello, de auténtico valor representativo.
Es
cierto, también, que algunos representantes de
la isla de Fernando Póo pidieron ejercer una autodeterminación
separada - previa a la independencia - pero en ningún momento
se opusieron al principio general que defendía la
independencia como meta. Como el resto de la Delegación
guineana, esos representantes de la isla de Fernando Póo
prefirieron también esperar a recibir una
respuesta política del Gobierno español antes de entrar a
considerar los diversos problemas materiales que la nueva
situación necesariamente iba a crear.
Ante
esas circunstancias se creyó preferible dar por terminada
la primera fase de la Conferencia y esperar - para
celebrar la segunda - a que el Gobierno español pudiera
adoptar una posición definitiva. Como dije antes, eran
muchas las cuestiones a considerar tanto por parte española
como por parte guineana ya que, desde el punto de vista de
ustedes, tampoco faltaban los problemas y era preciso
que de algún modo se meditase sobre el conjunto de ideas que
la Delegación española les expuso en la última
de las reuniones celebradas en el mes de noviembre.
El
problema previo - que el Gobierno
estimó urgente resolver - consistía en suspender
la vigencia del régimen autónomo, teniendo en cuenta el
criterio de sus propios
mandatarios. Un primer paso en ese sentido lo constituyó
el Decreto-Ley de 17 de febrero pasado, por el que se suspendía
el proceso electoral que debía haber
renovado todos los cargos electivos y por el que se prorrogaba
transitoriamente el mandato de las actuales autoridades
con el fin de no producir un vacío imposible de
colmar en esos momentos de transición.
Pero
el Decreto-Ley significaba
algo más. Indicaba
con claridad cuál podía ser la posición futura del Gobierno
español al considerar el problema de fondo. Así,
por ejemplo, en el preámbulo de ese texto legal se decía
textualmente:
"Las
actas de las sesiones celebradas, recogiendo las
declaraciones hechas, ponen de manifiesto
que los
representantes del pueblo de Guinea aspiran a completar,
con la independencia, su personalidad política, modificando
su relación actual con el Estado español".
Y
el preámbulo añadía:
“El
Gobierno, a la vista de esas circunstancias, ha
acordado tomar en consideración las declaraciones formuladas
en aquella Conferencia”. y... “considera oportuno
reanudar los trabajos de la Conferencia Constitucional en una
segunda fase”.
El
propósito estaba,
por tanto, muy claro a partir de ese texto.
Para cualquier buen entendedor las frases
que he citado y otras que se contenían en el mismo
preámbulo, demostraban que, aun con las cautelas propias del
caso, la dirección
que el Gobierno español estaba decidido a imprimir
a los trabajos de esta segunda fase que hoy iniciamos, no podía
conducir mas que hacia la
independencia
de la Guinea Ecuatorial.
Sin
embargo, no todo el mundo interpretó
ese texto
legal con suficiente precisión. Pronto percibimos,
en
efecto, que habían surgido dudas, inquietudes y recelos.
Es más, comprobamos que en pequeños
sectores, se estaba materializando,
incluso, una profunda
y peligrosa desorientación.
Diversas pueden ser las causas que llevaron
a crear ese clima confuso; sean cuales fueren, el hecho
en sí era sencillamente lamentable ya que pudo enturbiar la
transparencia de un
diálogo en el que lo único
que perseguía el Gobierno era conocer con precisión los auténticos deseos
del pueblo de Guinea.
A
la vista de esa situación y para deshacer cualquier malentendido, el Gobierno decidió convocar
para el día de hoy
-primera fecha factible- la apertura de la segunda y
definitiva fase de la
Conferencia Constitucional.
Ahora bien, simultáneamente se estaba ocupando del
tema el Comité de los 24 de las Naciones Unidas y también en
Nueva York parecía haber cundido una cierta confusión. La
Delegación española se vio, por ello, obligada a puntualizar
en diversas ocasiones la política que España estaba
siguiendo, explicando con un cierto detalle cuáles habían
sido las diversas etapas y las incidencias que en ellas habían
influido. El 29 de Marzo pasado, nuestro Representante, Señor
Piniés, aquí presente, precisó de un modo concreto cuál
iba a ser la actitud inequívoca que España pensaba adoptar.
Al
referirme a las Naciones Unidas no quiero dejar de señalar
que, desde el año 1960, la política española ha sido la de
colaborar lealmente con las directrices
descolonizadoras marcadas por la Organización. Esa colaboración
venía impuesta por dos razones distintas. La
primera, arranca de la vieja
tradición española magistralmente
sistematizada
por los grandes pensadores del Derecho Internacional que
explicaron sus doctrinas en
las Universidades de Salamanca y Alcalá. Para España, el respeto a la personalidad de los pueblos sometidos a tutela no es nuevo,
como no era nuevo tampoco el reconocimiento de la plena
personalidad de un pueblo cuando éste alcanza su madurez histórica. La segunda, deriva del
hecho de que España pertenece a las Naciones Unidas por
decisión voluntaria y, por consiguiente, acepta, con pleno
sentido de la responsabilidad, las obligaciones que se
derivan de la Carta de la Organización que ha suscrito y las
decisiones que la Asamblea General adopta como expresión del
sentimiento general de la comunidad internacional. Cierto que algunas de las Resoluciones que han
sido adoptadas en relación con nuestro tema pueden haber
pecado de excesivas o de injustas en algún aspecto, pero
nosotros comprendemos que la falta de conocimiento
detallado de una situación y la inevitable pasión que envuelve la lucha por dar la independencia a los
pueblos
han podido, en algún caso, desfigurar la clara imagen
que, en general, se desprende de nuestra actuación en Guinea. En suma, si en algún extremo existen diferencias
de criterio en cuanto al detalle, yo puedo aseguraros que la
voluntad del Gobierno español coincide plenamente
en cuanto al fondo de esta cuestión con el espíritu
que anima a las Naciones Unidas.
Esos son, pues, los antecedentes. Esa ha sido, expuesta de modo somero, la trayectoria que
hemos seguido. Sé muy bien que ustedes esperan una respuesta del Gobierno
español a las peticiones que le dirigieron en Noviembre. Por eso, al iniciar hoy esta segunda fase de la
Conferencia me honro en este momento en transmitir a ustedes
del modo más solemne, en nombre del Gobierno, la siguiente
declaración:
"El Gobierno español reafirma hoy el propósito
de conceder en 1968 y en la fecha más próxima posible la
independencia de Guinea Ecuatorial como una unidad política,
sin perjuicio de salvaguardar la
personalidad de la isla de Fernando Póo. El Gobierno, al encargarme de inaugurar este 17 de Abril la
segunda fase de la Conferencia Constitucional, manifiesta
que esta reunión tendrá por objeto la elaboración
de una Constitución para Guinea Ecuatorial
y la preparación de una Ley Electoral, que ambas
serán sometidas a la consulta electoral del pueblo
guineano por el sistema del sufragio universal
de los adultos bajo la supervisión de las Naciones Unidas y
que, tras esa consulta, se constituirá
un Gobierno provisional con el fin de que pueda
presidir la celebración de unas elecciones organizadas de
acuerdo con la Ley Electoral previamente aprobada
para que, de conformidad con la Constitución, se pueda dar
paso al establecimiento de todas las magistraturas del Estado
y de un Gobierno definitivo que acceda a la independencia en la
fecha que mutuamente acordemos”.
No
caben, pues, más dudas ni recelos. España proclama que
concederá la independencia a la Guinea Ecuatorial en el
plazo más breve posible; afirma, también, la unidad
política de todo el territorio; señala con precisión
el orden del día de esta reunión; establece el procedimiento
en virtud del cual deben ser aprobados los textos constitucionales
que darán nacimiento al nuevo Estado y fija, por último, las
etapas definitivas que deben conducir
a la transmisión de poderes.
España reconoce así los deseos expresados por ustedes
en nombre del pueblo de Guinea
en esta Conferencia Constitucional. Con su mejor afán de colaboración, el Gobierno español está dispuesto facilitar
la nobilísima pero difícil tarea de crear las estructuras
jurídicas de una nueva Nación independiente.
Por
supuesto, a partir de este momento, nuestra colaboración no
puede ir más allá de las normas que el respeto
a una naciente personalidad impone. La responsabilidad
del futuro pertenece ya al pueblo de Guinea. España puede
ofrecer su consejo, prestar su cooperación y garantizar el
buen orden del período constituyente, pero no quiere ir más
allá de los límites que su sentido de responsabilidad
y su cariño por Guinea aconsejen como razonables.
Dar
nacimiento a un nuevo Estado no es, evidentemente,
tarea fácil y sencilla. Los textos jurídicos, para
que sean perdurables, deben procurar encarnar toda una serie
de realidades humanas, sociológicas y económicas, sin las
que el derecho quedaría reducido a una pura fórmula
vacía. Los 190 años que hemos convivido juntos han
creado todo un apretado tejido de relaciones superpuestas
que ahora, en el momento de vuestra emancipación, no
es fácil tampoco soslayar.
Surgen
así dos categorías de problemas distintas entre
sí pero necesariamente conexas. La primera se refiere a las estructuras puramente políticas, a las normas fundamentales
de organización del nuevo Estado. La segunda
está relacionada con esos 190 años de convivencia, con
los intereses comunes que ligan íntimamente no sólo a
nuestros pueblos sino a muchos seres humanos concretos.
Los
problemas políticos, no obstante su complejidad son,
relativamente, sencillos. Existen suficientes antecedentes
y, con espíritu de comprensión, pueden ser resueltos con
cierta rapidez a la vista de la experiencia propia
y de la que cada día se refleja en el ámbito africano
dentro del cual Guinea está inserto. La tradición española,
dada vuestra cultura y formación, será un precedente
importante, pero el futuro fundamentalmente africano que se abre ante vosotros debe de ser tenido en cuenta para
no distanciar las instituciones y formas políticas de
aquellas otras con las que, sin duda, habréis de mantener
una estrecha relación. Una equilibrada solución entre esos valores históricos tradicionales y aquellos otros,
actuales y futuros, en el marco continental que os rodea, puede dar la clave de vuestro éxito.
La
segunda categoría de problemas, por su misma complejidad, tal
vez requiera un cierto plazo de tiempo con el fin de que la
propia experiencia vaya mostrando las
soluciones más convenientes. Ahora bien, complejidad no
quiere decir confusión y España tiene el mayor interés en
que, desde este mismo momento, se inicie una toma de
conciencia de los numerosos aspectos que esa problemática
presenta. España desea que el pueblo de Guinea y sus dirigentes
conozcan desde el principio las bases sobre las
que se pretende edificar el nuevo Estado. Los problemas
económicos que están en el cimiento de toda la vida material
de la nación, las relaciones de cooperación y los distintos
intereses comunes que deben de ser defendidos, expuestos y
analizados con el fin, no de adquirir compromisos en el
momento presente, pero sí de esclarecer
posiciones que permitan llegar a un diálogo sobre bases
firmes. Entendemos a ese respecto que la mejor colaboración
que España puede ofrecer en estas horas radica
en el conocimiento concreto de unos datos y de unos supuestos
sin los que toda construcción meramente política
o jurídica caería pronto en la pura utopía, España
quiere colaborar y está decidida a ayudar, pero estima
preciso trazar las líneas generales del marco dentro del
que entiende debe de moverse en el futuro.
De
la declaración gubernamental que antes he tenido el honor de
hacer quiero comentar ahora un aspecto importante.
El Gobierno español entiende que la independencia
de Guinea Ecuatorial debe de respetar la unidad política
de todo el territorio aunque ello se haga teniendo
en cuenta la personalidad de la isla de Fernando Póo. Esa
solución unitaria ha sido adoptada con el fin de respetar
los deseos de la mayoría y las indicaciones de todos los
pueblos africanos agrupados en la Organización de Estados
Africanos y de la comunidad de naciones congregadas
en las Naciones Unidas. Pero es que, además , España
no podía ir contra sus propios actos y deshacer ahora
su paciente labor de casi dos siglos. Guinea Ecuatorial
es una entidad cultural propia, diferenciada, tiene una lengua
unificadora, unos nodos de vida comunes, una
historia común vinculada a España, una personalidad hispánica
definida y unas costumbres y tradiciones, modos de hacer y de
creer, que la configuran como una unidad distinta del resto de
los pueblos africanos próximos y
hermanos, aunque diferentes.
Ahora
bien, ciertas condiciones materiales y
el alejamiento entre sí de las diversas partes que
componen la Guinea Ecuatorial, configuran con claridad personalidades
regionales distintas que también merecen respeto y que España
comprende, al contemplar su propia configuración.
Encontrar un equilibrio entre la unidad y la diversidad
es, por elle, la
tarea más trascendente que
hoy confronta a Guinea.
Con emoción escuché en Noviembre pasado la defensa
enardecida que de la propia personalidad hicieron algunos representantes de la isla de Fernando Póo. Al escucharles
comprendí cuánto de auténtico y sincero había en la exposición del anhelo de defender unas peculiaridades
que podían verse amenazadas al ser absorbidas por una mayoría distinta. La
sinceridad del problema me ha preocupado
desde entonces. Sin embargo, frente al nacimiento de
una nueva nacionalidad, frente a ese mundo fabuloso que supone
el conjunto de los pueblos africanos, pensé y sigo pensando
que era posible mantener una unidad
histórica que se justifica por múltiples razones de índole
espiritual y superior. Por respetables que sean las
peculiaridades locales más respetable es aún el afán de
entendimiento y de convivencia que el pueblo pone de manifiesto
a lo largo de la historia por el refrendo constante
de una vida en común que hasta ahora fue siempre posible.
Frente a la tendencia disgregadora, España ha
mantenido siempre en sus tierras el principio superador de la unidad. Frente a
la parcelación -y os habla un
vasco- nosotros hemos creído siempre en la unificación. No
puede extrañaros, pues, que a la hora de decidir,
cuando alborea la aparición de un nuevo Estado, hechura
en cierto modo de nuestra propia tradición, nosotros propugnemos
la unidad entre todos los hombres de Guinea como antes hemos
defendido la unidad entre todos los hombres de España.
Yo
comprendo que pueden existir ciertas fuerzas y tendencias
disgregadoras que intenten potenciar el localismo, pero en las
horas transcendentales que va a
vivir el pueblo de Guinea los hombres responsables,
los auténticos
hombres de Estado, los próceres de la independencia,
estoy seguro han de saber sacrificar las tentaciones menores
al servicio de la gran idea y del singular honor que supone
ser los primeros conductores de un pueblo por la senda
inaugural de su historia. Cuando lo que está en juego es la
misma esencia que va a configurar el futuro de una nación,
los dirigentes que no
sepan transigir,
que no sean capaces de sacrificar pequeñas aspiraciones,
no merecerían haber vivido esta hora histórica.
El futuro juzgará de vuestra prudencia en estos instantes
y vuestros hijos vivirán felices y bendecirán vuestro nombre
si, con altura de miras, generosidad, espíritu
de sacrificio y visión política sois ahora capaces de
configurar
un sistema que responda al reto histórico que
supone la creación de un pueblo unido y fuerte. Cuantos
pertenecemos a esta gran comunidad de naciones que constituye
la Hispanidad, confiamos en vuestra personalidad
como pueblo unido para hacer presente en África una noble
voz que pueda hablar en la misma lengua que hoy emplean
más de una veintena de pueblos y unos doscientos
millones de cristianos.
En
otro orden de ideas habrán ustedes observado que
en la declaración que antes hice en nombre del Gobierno español
se especifica de modo formal que el Gobierno está dispuesto a
otorgar la independencia en la fecha
más próxima posible y, en todo caso, dentro del presente
año de 1968. Sé muy bien que una mayoría de los
representantes guineanos aquí presentes han solicitado
en ocasiones anteriores que esa fecha no fuese posterior
al próximo día 15 de Julio y a ellos, de un modo especial,
quiero aclarar que, por parte del Gobierno español, no existe ningún inconveniente en que sus deseos se lleven a
cabo si materialmente ello fuera posible. Ahora bien,
la realidad nos muestra que los problemas que
aún debemos tratar de resolver antes de llegar a eso momento revisten una cierta complejidad y que las etapas que
es preciso recorrer requerirán inevitablemente un cierto
plazo de tiempo difícil de calcular en estos momentos.
Hay que arbitrar, además, los plazos para celebrar la
consulta electoral, constituir el Gobierno provisional
y elegir todas las magistraturas del Estado. Por otra
parte, antes de que se proclame la independencia,
será preciso cumplir con los trámites ineludibles que
imponen las Leyes Fundamentales del Estado español cuando
se trata de una decisión tan señalada como es la
de
modificar la calificación jurídica de una porción del
territorio nacional y la de adquirir, con carácter simultánea,
una serie de compromisos que tienen alcance internacional.
Si
de un modo formal no hemos, por tanto, marcado
una fecha se debe exclusivamente al deseo del Gobierno español
de que la independencia llegue en el momento preciso en que
hayan sido resueltos todos esos problemas. Cuanto más
eficaces sean los trabajos que ahora vamos a emprender, cuanto
más rápidas puedan ser todas las deliberaciones y cuantas
menos cuestiones de índole secundario sean ahora planteadas,
tanto más fácil
será llegar a la meta que todos perseguimos dentro
de la fecha que muchos
de ustedes han señalado.
Con
el fin de que nuestro trabajo pueda adaptarse
a un ritmo acelerado, creo oportuno ahora .precisar que
las etapas a que antes me he referido y que señala la
declaración gubernamental van a ser las siguientes:
1º.
Al finalizar las reuniones de esta Conferencia
y una vez que ustedes hayan podido llegar a un acuerdo
sobre el texto de la Constitución y de la Ley Electoral,
ambos documentos deberán ser sometidos a una consulta
popular en la que todos los guineanos mayores de edad tendrán
la oportunidad de emitir su voto. Para supervisar esa
consulta electoral, el Gobierno español, con el
fin de demostrar su imparcialidad, ha declarado ya
hace algún
tiempo que está dispuesto a invitar a una representación
de las Naciones Unidas.
2º
Si la consulta popular, como es de suponer, diera
un resultado positivo, se formará inmediatamente un
Gobierno provisional. Dicho Gobierno será configurado
con arreglo a una disposición transitoria incluida en el texto constitucional y, por ello, acordada en esta Conferencia y
ratificada por la consulta popular.
3º
Ese Gobierno será quien, al hacerse cargo con
carácter transitorio de la Administración, presida las
elecciones generales
que -aplicando la nueva Ley electoral- permitan seleccionar todos los
puestos elegibles previstos
en la Constitución.
Su carácter independiente le facilitará, además,
la posibilidad de preparar
los borradores de los acuerdos de cooperación que el
Estado ya soberano de Guinea Ecuatorial firme, en su día, si
así lo estima oportuno, con España.
4º
Constituido el Estado y elegido el Gobierno
definitivo, las Autoridades españolas, en el momento que
previamente haya sido acordado, efectuarán la transmisión de
poderos y proclamarán la independencia.
Como
ustedes ven, el procedimiento establecido es claro y lógico,
a la par que permite una gradual evolución
que evitará toda posibilidad de alteraciones bruscas
o de fallo de
continuidad en el poder.
Tratar de imponer
un calendario rígido, con fechas definitivas, hubiera sido
poco realista y, al obligar a forzar las diversas
etapas, habría podido crear dificultades innecesarias.
Creo que es más práctico y sencillo adaptarse
al ritmo que se desprenda de la realidad, existiendo,
como existe en este caso, una fecha tope, 1968, que no podrá
en ningún momento ser rebasada.
Y
ahora, señores, estimo que he llegado al fin de
mi exposición. Los días que se avecinan están cargados para
ustedes de horas transcendentales. Las decisiones que
se aprestan a tomar son graves, las más graves, quizás, de
toda su vida. En
sus manos se encuentra
ahora el destino de todo un pueblo, la posibilidad de
acertar garantizando un porvenir próspero y feliz
a las generaciones futuras. Todo sacrificio en esta
hora está justificado, toda su grandeza de espíritu
en este momento es necesaria. Yo ruego a Dios, sinceramente,
que inspiro sus decisiones.
España,
al acercarse a ellas, lo hace con ánimo sereno,
con la tranquilidad del deber cumplido y con la confianza
que le inspira su tradición de hacedora de pueblos. A Guinea
corresponde no defraudar esa confianza
y confirmar aquellas palabras proféticas que Leopold Senghor,
el gran poeta africano, dijo un día: "La contribución
de África será el traer a la evolución del mundo un
elemento de amor y el crear hombres sin prejuicios,
hombres que darán alas a la razón".
He
dicho” (Grandes aplausos).
EL
SEÑOR MINISTRO DE
ASUNTOS EXTERIORES:
"El
Señor Presidente del Consejo de Gobierno tiene la
palabra".
EL
PRESIDENTE DEL CONSEJO DE GOBIERNO (Excmo. Señor Don Bonifacio
Ondo Edu):
"Excelentísimos
e Ilustres señores:
No
pretendo cansar la atención de Vds. con un farragoso discurso ni con nada que se parezca a ello.
Entiendo que en esta etapa de la Conferencia Constitucional
que vamos a comenzar han de sobrar mucho las palabras porque, principalmente, deberán privar los juicios sobre
realidades.
Para ello, es posible que en las próximas sesiones se nos facilite una
panorámica general de los problemas que habremos de afrontar
a fin de que nuestras decisiones posteriores
se tomen con conocimiento de causa y sentido de la
responsabilidad; información que, sobre todo, será muy útil
para quienes aun no tuvieron la suerte o desgracia
de enfrentarse con las preocupaciones diarias que proporciona
la Administración de la cosa pública.
Yo
invito a todos Vds. a prestar la máxima atención en esta
etapa de la Conferencia, a ser objetivos, al desapasionamiento
en nuestras decisiones, y, por ultimo, a lo que
considero de suma importancia: hallar fórmulas que compaginen
la independencia de nuestro pueblo con el mantenimiento
-y, si cabe, refuerzo- de los lazos filiales que nos unen
a España.
Tengan
muy presente, hermanos guineanos, que, para España, esta
situación de hoy con respecto a nosotros no es
novedosa.
Mucho
antes de que existiera la O.N.U., con anticipación
de siglos al actual movimiento descolonizador, nuestra
Patria de hoy se anticipó en dar a luz
a una larga veintena
de Naciones que desde entonces ondean sus banderas en casi
todo un Continente descubierto por ella misma.
España,
pues, por derecho que le viene de su propia ejecutoria histórica,
es madre de pueblos y adelantada en todos
los movimientos descolonizadores del mundo. La experiencia, el
saber hacer y la comprensión no han de faltarnos
con interlocutor tan excepcional.
En
nuestra situación, cabe que nos preguntemos cómo deberíamos
corresponder a las
innumerables muestras de comprensión y afecto que venimos
recibiendo de su pueblo y Gobierno.
Yo resumiría nuestra conducta así: con sensatez y cordura,
siendo realistas, y con infinita capacidad para el diálogo
y el entendimiento.
Y
respecto a nuestro proyecto de forjar una joven Patria,
permitidme que os exponga brevemente cual es mi sentir:
Yo
me imagino una Guinea Ecuatorial fuertemente unida por
su común conciencia nacional; en la que la unión fraterna
de sus hijos sea posible siempre gracias a la fuerza de la
razón y nunca a una razón de fuerza; con un pueblo honrado y
trabajador que sepa superar las divisiones de clanes y tribus.
Quisiera
que acertásemos a forjar una Patria respetuosa
de sus tradiciones y pasado; orgullosa de su soberanía; amiga
de todos los pueblos que amen la fe, el orden, la justicia,
la paz y
la libertad entre los hombres; con un Gobierno
fuerte, puesto al servicio de su pueblo y dirigido recta y
honestamente por sus mejores hijos; animada de un espíritu que
la lleve a participar
en cuanto tienda al
mejoramiento de
la convivencia internacional.
Una
Nación, señores, hermana de todos los pueblos africanos -muy
especialmente, de sus vecinos fronterizos-y, desde luego,
unida a España, su país civilizador, por lazos filiales
inquebrantables en los que predomine recíprocamente
el desinterés, el respeto mutuo y el amor nacido
de los muchos años de común historia.
Si
conseguimos habilitar las fórmulas que hagan posible el breve consideratum que os expuse, estoy seguro de
que nuestros pueblos recordarán con orgullo los nombres de
las personas a quiénes la Historia cargó con la
responsabilidad de decidir en materia tan grave como la que
nos corresponde a
nosotros.
Y
para finalizar, Excelentísimo e Ilustrísimos señores,
sólo me resta agradecer, anticipadamente, ese gesto de
la reconocida generosidad española que tan bien dice de la
que hasta ahora es nuestra Madre Patria y del que tanto
debieran aprender Naciones qué se consideran muy civilizadas.
Yo,
un guineano más entre el número de los que pueblan
nuestras islas y el continente, orgulloso de mi noble condición
actual de español y guineano, interpretando lo que me consta
que es el sentir de todo el pueblo honrado y
sano de Guinea Ecuatorial, sólo os pido a todos los que habréis
de intervenir en ello que la independencia que vamos a
alcanzar la arbitremos con soluciones por las que perdure
la más estrecha cooperación entre nuestros respe |