ACTA DE LA SEXTA
SESIÓN DE LA COMISIÓN POLÍTICA
En Madrid, a nueve
de noviembre de mil novecientos sesenta y siete, en el Salón
de Embajadores del Ministerio de Asuntos Exteriores, se reúne
la Comisión Política de la Conferencia Constitucional de
Guinea Ecuatorial, bajo la presidencia del Excmo. Señor Don
Ramón Sedó Gómez, Subsecretario de Política Exterior,
Vicepresidente de la Conferencia y Presidente de la Comisión
Política de la misma. Al acto asisten el Excmo. Señor don
Gabriel Mañueco de Lecea, Director General de Asuntos de África
y Mundo Árabe, el Excmo. Señor don Gabriel Cañadas
Nouvilas, Secretario General de la Conferencia, y los
Miembros de las Delegaciones del Gobierno español y de la
Guinea Ecuatorial. Actúa como Secretario, el de la Comisión,
Iltmo. Señor don Eduardo de Zulueta y Dato.
A las diecinueve
horas y cinco minutos el señor Presidente abre la sesión.
EL SEÑOR
PRESIDENTE:
"Va a hacer
uso de la palabra don Francisco Douga Mendo."
EL SEÑOR DOUGA
MENDO (D. Francisco), de la Unión Bubi:
"Excmo. Señor
Presidente, Excmos. Señorea, Iltmos. Señores y amigos
todos:
Por invitación del
Gobierno español, y bajo el nombre de "UNIÓN
BUBI", comparecemos hoy ante esta Conferencia
Constitucional. Se nos ha denominado "UNIÓN BUBI"
y se nos ha incluido entre los grupos ideológicos o
partidos políticos. Tenemos que hacer
una observación clara y tajante: en Fernando Poo no
reconocemos a los llamados partidos políticos, y, por
tanto, no nos consideramos representados por los mismos.
Para demostrarlo tengo a bien entregar a la Comisión de
esta Conferencia las siguientes Actas: una del 27 de agosto
de 1964, de la reunión celebrada en el Poblado de Santiago
de Baney, cuyo primer firmante, DON PASTOR TORAO SIKARA, aquí
presente, puede dar fé de ella, en que todos los
poblados de Fernando Poo solicitaban su SEPARACIÓN TOTAL DE
RÍO MUNI; una del 9 de marzo de 1965 de la reunión
celebrada en la Diputación Provincial de Fernando Póo, con
asistencia de todas las Autoridades Fernandinas, acordando
la abolición de todos los movimientos o partidos políticos
existentes en la Isla, volviendo a solicitar, por
unanimidad, la separación total de Río Muni; otra de 18 de
agosto de 1966, de la reunión celebrada en el poblado de
Rebola, en la que se adherían a la moción presentada por
todos los Consejeros de la Isla sobre la separación, en la
reunión del Consejo del Gobierno, celebrada los días 12 y
13 del mismo mes y año. (1)
Por último, el
Acta de los poblados de Fernando Póo para la Conferencia
Constitucional, en la que de una manera tajante
se pronuncian los representantes de los poblados para que
sus mandatarios se atengan totalmente a la voluntad de los
mismos. Desde aquella fecha, 9 de marzo de 1965? no hemos
reconocido en Fernando Poo a los partidos políticos. Aun
que vean Vds. que don Pastor Torao figura como Presidente
del MONALIGE, con la honradez y sinceridad que nunca le
hemos negado,
tuvo que reconocer cuando actuó ante la Comisión Especial en nombre de Santiago de Baney, que su pueblo
quería unánimemente la separación,
aunque él personalmente apoyaba la postura del MONALIGE.
El pueblo de
Fernando Póo sólo se considera representado por sus Autoridades legales: miembros de la
Asamblea General, Consejeros de
Gobierno de Fernando Póo, Consejero Nacional, y los Procuradores por representación
familiar, recientemente elegidos por nuestra Provincia. Por
eso, cuando se convocó esta Conferencia, y dada la
importancia tan grande que puede tener para nuestro
pueblo sus resultados, se reunieron los Jefes-Presidentes de
las Juntas Vecinales de todos los
poblados, en solemne Asamblea y acordaron nombrar una Comisión, que se dirigiera a
nuestros representantes legales para pedirles que en esta Conferencia expusiesen y defendiesen el pensamiento y la voluntad de
nuestro Pueblo, que no es otra que
la de conseguir la SEPARACIÓN TOTAL DE FERNANDO POO Y RÍO MUNI.
Reunidos en Madrid
el día 27 de octubre todos los comisionados de Fernando Poo,
tuvimos la satisfacción de firmar todos el Acta que fue leída
por don Enrique Gori, Presidente de la Diputación de
Fernando Póo, en su intervención del día 2 del mes actual, ante todos los asistentes a esta
Conferencia.
Tenemos que
comunicarles que hemos remitido a todos los poblados de Fernando Póo fotocopias de dicha Acta, y
que ya tenemos noticias de
la satisfacción de nuestro Pueblo por haber sido tan justamente interpretada su voluntad.
Posteriormente
han oído todos Vds. la intervención de Don Marcos Ropo,
Representante de las Cooperativas del Campo en
la Diputación de Fernando Póo y Miembro de la Comisión
Permanente de la Asamblea General;
la intervención de don Gustavo Watson, Consejero del
Gobierno por Fernando Poo, y que dio lectura al dictamen de
los cuatro Consejeros de Gobierno de Fernando Póo. Han oído
Vds. también a los señores Jones y Bosio, elegidos por
nosotros Consejero Nacional y Procurador en Cortes,
precisamente por conocer su forma de pensar y de sentir.
¿Qué
podemos añadir nosotros a todo lo dicho por los oradores de
Fernando Poo que nos han precedido?.
Únicamente
agradecerles, en nombre del pueblo que les nombró, su actuación en esta Conferencia y decirles
que hemos remitido copia de
todas sus actuaciones a todos los poblados de nuestra
querida Isla.
Señores,
España nos dijo que respetaría nuestra voluntad.¿Queda alguna duda sobre la voluntad de Fernando Póo?.¿Cómo
tenemos que decir que no queremos ser arrastrados por unos políticos que sólo buscan en
la independencia la oportunidad de prosperar ellos, aunque el pueblo vaya a la ruina?
España nos llama
hijos suyos y no nos puede abandonar, Nos han dicho algunos que España sufre presiones políticas
y que a lo mejor
tiene que sacrificarnos para conseguir votos en la ONU. ¿Es verdad esto?.
Nosotros
creemos que no puede ser así; que gracias a Dios, en España manda el Caudillo Franco y que
Franco, que salvó a España,
también nos salvará a nosotros.
Os
entregamos este escrito por duplicado, para que vaya un ejemplar al Caudillo de España. Si nos prometéis
entregarlo al
Caudillo, podremos devolver la tranquilidad a nuestro Pueblo, porque, eso si lo sabemos todos: Franco,
mientras seamos españoles,
no nos abandonará ni nos engañará, ni consentirá que nadie nos atropelle.
EL SEÑOR PRESIDENTE:
"Cómo es
natural, el Gobierno tendrá conocimiento exacto de cuanto ocurra en esta Conferencia.
Respecto a la petición
de que se eleve un escrito al Jefe del Estado, debo recordar que no es función de
esta Conferencia elevar escritos a Su Excelencia.
Teniendo en
cuenta que se puede comunicar con el Jefe del Estado por
muchísimas vías, esto no supone en modo alguno
poner obstáculos para que dicho escrito llegue a su destino. Pero yo, personalmente, no puedo más que prometer que haré
llegar el ruego que acaba de hacer el Señor Douga Mendo al Presidente de la Conferencia para que obre en
consecuencia.
Tiene la
palabra Don Agustín Eñeso".
EL SEÑOR EÑESO
(D. Agustín) - Consejero de. Hacienda del Consejo de Gobierno:
"Excmo.
Señor Presidente, Excmos. Señores, Señores, es deber de obligada cortesía ..."
EL SEÑOR
PRESIDENTE:"Perdón, Señor
Eñeso. Un
momento, es que no sé si he cumplido con el para mí
verdaderamente satisfactorio deber de agradecer las palabras del
Señor Douga Mondo. Quiero hacer constar que agradezco su
intervención y su colaboración como a todos los que hacen
uso de la palabra en esta Conferencia.
Perdone, Señor
Eñeso. Puede
continuar".
EL SEÑOR EÑESO
(D. Agustín) - Consejero de Hacienda:
"Es
deber de obligada cortesía y justa razón que dé comienzo
a este informe con unas breves palabras de agradecimiento
dirigidas al Gobierno español, por esta oportunidad que
generosamente nos brinda de entrar en diálogo amistoso con
tan dignos representantes aquí reunidos para poder fijar, de común acuerdo, las bases sobre las que se ha
de asentar la independencia
solicitada de nuestro pueblo.
Comunico a
Vos, Señor Presidente, esta mi gratitud, que ruego se digne elevar al Jefe del Estado y a todo el
pueblo hermano de España.
Como
Consejero del Gobierno autónomo en el Departamento de
Hacienda, como Presidente del Directorio del Movimiento de
Unidad Nacional de Guinea Ecuatorial y como simple guineano, tengo el alto honor de
dirigirme a todos los delegados que integran esta
Conferencia Constitucional, convocada para definir el
futuro político y la estructura jurídico-econónico-social de mi país, con el propósito, por mi parte,
de llevar a su entendimiento la postura y los deseos que
animan a los miembros del Movimiento que presido que, sin
temor a equivocarme, corresponden, en este sentido, a los
que en general siente
el pueblo entero, en orden a dejar perfectamente claro que lo que Guinea Ecuatorial
espera lograr de España, aquí tan
bien representada, es la declaración formal de su independencia, por haber logrado el
pueblo por ella protegido con tanta magnanimidad su madurez
política y social, como así lo ha reconocido en muchas
ocasiones por medio de sus más altos dirigentes; pero, con la
salvedad o la puntualización que, al acceder a ella, sea
formando las actuales provincias autónomas una
sola entidad política,
una sola nación, con destino e intereses comunes.
Ahora bien, me urge
decir antes de seguir adelante, para dejar bien definidos
los alcances de mi intervención, que si
bien hablo como Presidente del Directorio del Movimiento antes citado, la genuina y
autorizada representación del mismo la tienen para este
caso su Vicepresidente, don Francisco Salomé Jones, y el
Secretario D. Justino Mba Nsue, los cuales intervendrán en
su día ante esta Comisión con el objeto de exponer, de un modo más oficial,
la postura del MUNGE respecto al
delicado problema que hemos enunciado y aquí nos congrega..
Se han presentado
aquí, ante esta Comisión, argumentaciones sofisticadas
adoptando una postura contraria a la de mi tesis. Se ha
dicho, por ejemplo, que son tan sin número las diferencias
existentes entre los habitantes de cada una de las actuales provincias, y
también entre sus características
y condicionantes geográficos, que por ello, por todo ello, cualquier intento de unión
futuro entre unas y otras unidades territoriales será no
recomendable, porque tal practica, sería ir en contra de la
voluntad del pueblo isleño y menoscabo de sus propios intereses.
Como primera
providencia debo aclarar que esta proposición presentada a la Comisión por algunos de mis
hermanos de Fernando Póo -sí,
mis hermanos, y así los llamo porque así lo creo-, ha estado aquí fuera de lugar, por cuanto que
esta cuestión, en caso
de que algún día -que Dios no quiera que llegue- se presentara a discusión, sería de
cualquier modo un problema de política interior futura, y
ya que lo que nos ha traído ante esta Comisión a todos los
representantes de Guinea es tan sólo un hecho
fundamental: llegar a esa declaración
de independencia de nuestro país por España, de común
acuerdo y dentro de los límites
de la mayor corrección y amistad con ella.
Yo hubiera deseado
no referirme a este tema por las razones dichas. Pero sería como quedar desmarcado -usando términos deportivos-, si ahora, en
virtud de esa declaración inoportuna no lo tratara con la
atención y minuciosidad que preciso. Y lo siento de verdad,
señores.
Si fuera
cierto y razón suficiente para lo que los aludidos señores pretenden el que un hecho geopolítico,
como es el mar, impidiera la unión física o ideológica de
pueblos en una unidad de destino, pregunto ¿cómo entenderíamos
el "concepto España" que sabemos está integrado,
en su realidad nacional, por una parte continental y otras
insulares, algunas de ellas bien separadas por cierto del núcleo
más extenso y principal? La misma
geografía del mundo nos revela también que existen innumerables nacionalidades compuestas
por partes que no constituyen
un todo geográfico. Citar ejemplos sería una labor prolija que me debéis dispensar. Por otra
parte, el mar, si bien es un accidente geográfico que
parece reunir todas las condiciones necesarias para
dispersar las tierras, en sentido geopolítico hemos de
reconocer que, antes de separar, une y une tan estrechamente, a veces, como un día enlazó a España con las extensas tierras
de América, con las orientales Filipinas y hasta con
nuestra entrañable Guinea. Y une, porque en sus vastas e
indefinidas proporciones marca caminos, rutas precisas, bien definidas, que sirven
de nexo, fuerte y auténtico, entre pueblos de las distintas
riberas.
El
tan manoseado problema étnico, como lo han pretendido llamar, tampoco tiene
mayor entidad para ser considerado como causa grave. Sin embargo, hemos de pararnos
en él.
Creo
haber entendido siempre que a los pueblos no los hacen única ni principalmente las
circunstancias geográficas, como hemos probado, ni las características étnicas,
ni siquiera
la igualdad de lenguaje, aunque reconozco que tales hechos pueden, en determinadas
circunstancias, contribuir positiva o negativamente a ello.
Los pueblos fuertemente amalgamados en una nacionalidad robusta y bien definida son tanto, o más,
y desde luego principalmente que lo que aquí se ha dicho el resultado de una
comunión ideológica, histórica, cultural y hasta económica
que liga a diversas comunidades humanas
y las empuja a buscar, en común, un mismo destino histórico. La frase de Franco, "caminamos
firmemente hacia la unidad
de los hombres y las tierras de España" ilustra
perfectamente el tema. El mundo mismo camina hoy hacia la
conjunción de los grandes bloques ideológicos, y en África
se remarcan con trazos bien diseñados los nuevos pueblos
que pertenecen a una u otra área lingüística y cultural
como indeleble herencia recibida.
España,
sin buscar otros ejemplos, ofrece también en el aspecto lingüístico una rica
variedad. Pero esta circunstancia, antes de separar, queda
respetada y no representa obstáculo para que un lenguaje
común sirva de lazo entre unos y otros pueblos
peninsulares. Lo que quiere decir que la lengua como lazo de unidad tiene que
poseer entidad suficientemente calificada, universal, para que con
fuerza y empuje pueda influir en la asociación a
aislamiento de los pueblos. Los menores y siempre entrañables
lenguajes vernáculos, los dialectos, en este
aspecto no pasan de ser una reliquia querida que todos debemos
guardar como bien ancestral, pero sin la mayor trascendencia que la puramente
familiar o local. Es como el lenguaje del corazón; el otro,
lo es del entendimiento y la convivencia
universal.
Si esto no fuera así,
el mundo sería como un enorme puzzle lingüístico, sin posibilidad de comprensión.
Si esto no fuera así, nuestra
Guinea Ecuatorial tendría un destino atomizado, tan
numeroso como variantes lingüísticas posee. Y, matizando más,
Fernando Poo tendría que renunciar a su unidad porque aun entre sus
mismos 16.000 bubis hay diferencias de lengua bien notables, que impedirían, por este sólo
medio la comunicación entre
todas las 60.000 almas que integran la población isleña y la misma ciudad de Santa Isabel es un
variadísimo mosaico de pueblos y lenguas. En ella viven,
además do los bubis, fernandinos, fangs, ndowes,
annoboneses, bengas, santomés, liberianos, camerumenses,
gabonenses y sobre todo, trabajadores nigerianos que suman la cifra demográfica
más alta de toda
la Isla, con la agravante, para este caso concreto de la unidad, de estar ligados a ella por contratos
periódicos de trabajo que
no arraigan nada. Y toda esta variedad humana posee su propio lenguaje privado, aunque el
"pischinglis" -inglés
mixtificado y corrompido- sea el vehículo idiomático en algunos aspectos de la convivencia entre sus
gentes.
Precisamente por
esta "babel" fernandina que diluye, queramos o no, los mejores deseos, debemos apretarnos en
una fuerte unidad, ligada por el idioma universal que nos
lega España, y por otros vínculos de no
menor entidad permanente, también de ella recibidos, para
que, junto a los muchos valores positivos que encierra la
cultura aborigen guineana, logremos dar vida propia a un
sólo pueblo, el de Guinea Ecuatorial, celoso de su permanencia y ejemplar por
su conducta.
Si el pueblo bubi, haciendo caso a señuelos engañadores
quiere separarse de Río Muni tomando como bandera la ridícula
frase "imperio fang",
nosotros los riomunenses podríamos pensar
en enarbolar otra bandera no menos ridícula de
"imperio bubi"; y digo ridícula porque si bien
los bubis son dueños de la tierra isleña que viven por
herencia de la naturaleza, no lo
son enteramente, ni mucho menos, por razón de trabajo, de propiedad
capitalizada, ni por otros motivos, pues allí, en su propia
isla, viven como hemos dicho por pleno derecho de arraigo
-qué ellos los bubis no han podido evitar- otras minorías étnicas
con las que hay que contar; la fernandina, para decir un sólo
ejemplo. No podemos imaginar ni por un sólo momento que es
lo que pretenden esos bubis disidentes de la unidad, como no
sea establecer un imperio a ultranza que sojuzgue a otros
pueblos que conviven a su vera con iguales derechos y con no
menos
responsabilidades que ellos. Señores, no vayamos caminando
contra corriente de la Historia; sería una actitud suicida.
La
misma Ley de Bases por la que se estructura la autonomía de las provincias de Guinea Ecuatorial, no diluye la unidad,
ni en su contexto ni en su espíritu; antes al contrario, la
reafirma, la refuerza, la sanciona indeleblemente. No
especifica como en modo alguno, que sea éste o aquél grupo
étnico el que estará representado legalmente en los
Organismos de Gobierno
y Administración; sólo se para a fijar el número de Consejeros
y Diputados (iguales por ambas provincias) sin discriminar
el origen étnico de los elegidos. Ni siquiera tampoco ha
tenido en cuenta el número de gobernantes en función de la
población global y particular del país.
Por
eso nosotros, los riomunenses, podríamos -aunque no
queremos- insinuar estas preguntas: ¿en qué manos ha
estado el poder durante la etapa de autonomía, habida
cuenta la cifra numérica de las poblaciones representadas?.
¿Hemos suscitado por ello,
los riomunenses, los fornandinos, los annoboneses, o cualquier
otro grupo de pleno derecho, la más leve objeción para
torpedear de cualquier modo el desarrollo total de la Ley de
Autonomía?
Por todas estas razones y otras que podríamos
manejar si no temiéramos
cansar a este auditorio, digo que toda política
disociativa debe quedar condonada a morir. Porque si aceptáramos
todos estos condicionantes étnicos que manejaron aquí
algunos representantes de Fernando Poo, España y muchas
otras naciones de
larga historia deberían respetar por igual premisa,
la individualidad de cada una de sus regiones, algunas bien
diferenciadas en su composición étnica. De ese modo el mundo,
y nuestro mundo, se convertiría en un inconcebible caos,
incapaz de gobierno y sin destino.
Postulo
y postulamos nuestra unidad territorial, que
es nuestra unidad
total, por
exigencias de la propia vida del pueblo
que quiere, nacer libre y bien aleccionado de esta reunión.
Respecto
a los condicionantes económicos, que se han pretendido esgrimir en pro de la separación de Fernando Poo, ofrecen
éstos un sinnúmero de pruebas en
contrario que no vamos a utilizar exhaustivamente. Sólo
queremos fijarnos en algunas de las más características.
El argumento de mayor volumen de renta, como
vulgarmente se cree y se ha
difundido con insistencia, no es de por si un valor definitivo para nadie. Manejando datos estadísticos
vemos que la
renta regional se elevó en 1962 (año que dio comienzo el Plan de Desarrollo) a 2.036,5 millones de
pesetas. De. esta cifra
correspondió el 49,09 por ciento a Fernando Poo; el resto de 50,9 por ciento a Río Muni, Luego, hay casi
igualdad de renta.
Sin embargo, la renta por habitante supuso una
cantidad mayor, algo más
de dos veces y media, para Fernando Poo que para Río Muni. Ahora bien, si tratáramos de buscar
las causas de estas diferencias,
las encontraríamos sin ninguna dificultad, y ninguna de las
cuales deben ni pueden suponer obstáculos serios
para la disociación del país.
Sin citar datos exactos -todos ellos
quiero dejarlos para
momento más oportuno, cuando la Comisión encargada de deliberar
los asuntos económicos lo exija- puedo decir de un modo
general que la propiedad de Fernando Poo en sus tres cuartas
partes pertenece a capital europeo, por tanto no autóctono.
Los fernandinos y otros grupos étnicos arraigados poseen
otra parte muy importante de ella. Queda, pues, claro que el
pueblo bubi, aisladamente considerado, apenas posee una
cuarta parte de la propiedad isleña. Entonces, preguntamos,
¿sería lícito pensar que esa pequeña minoría bubi
-formada aquí
por cinco representantes- aspire a una hegemonía económica
y política sobre todos los pueblos no "cien por
cien" de
Fernando Poo?. ¿Dónde está el derecho de autodeterminación
tan hábilmente
manejado, aquí, por alguno?.
Si
a la hora de contribuir a la Hacienda de la Guinea Ecuatorial los ingresos alcanzan niveles más altos en Fernando
Poo que en Río Muni, no debemos olvidar, para calificar
debidamente esta realidad, que en Santa Isabel, y por tanto
en la Isla, radican los Organismos vivos que centralizan en
ella todos los Servicios de Hacienda, de Registro, de
Notariado, de Operaciones bancarias, agrícolas y
comerciales, lo que
necesariamente ha de incidir, y mucho, en el acto contributivo y sus consecuencias.
Pero
yo me hago esta pregunta, acaso alejada de todo rigor técnico:
¿cómo se puede entender que si el número de habitantes es
unas dos veces y media mayor en Río Muni que en Fernando
Poo, puedan tener estos últimos, mayor poder adquisitivo de
compra, siquiera
sea de un modo personal, que los primeros?. Por esto a la
hora de juzgar y separar como se
quiere los grupos de población, tendrá que tenerse en cuenta
que en este poder económico, inciden de una manera
definitiva los grupos demográficos no autóctonos y no
"cien por cien".
Esto, señores, ha de tenerse muy en cuenta.
También se ha
insinuado aquí que las carreteras de Río Muni, así cono otras instalaciones de servicios que
en esta provincia tienden a
crear un capital social fijo, se han venido financiando, en su mayor parte, con ingresos
pertenecientes a la Isla
de Fernando Poo. Y, aunque así hubiera sido, cosa que no
quererlos discutir- entrando en la relatividad de los números, ¿no ha sido justo?,
Al iniciarse la etapa autónoma, y antes la
provincial, Fernando Poo poseía
una magnífica red de carreteras y servicios de toda clase de instalaciones bien montadas. En
ello, suponemos, también
se habrían utilizado recursos que provenían del capital
creado por Río Muni, puesto que Guinea tenía y tiene una
Caja de Hacienda común. Era lo lógico, hasta cierto punto,
en aquellos momentos. Entonces, ¿cómo no iba a serlo ahora, cuando Fernando
Poo se encuentra perfectamente equipado
y Río Muni se ve con graves problemas en casi todas sus necesidades?. Todo esto sería fácil probarlo
con datos.
Pero ahora sólo quiero considerar, que, siguiendo
este modo de pensar de la pequeña minoría bubi a qué nos
venimos refiriendo, en España -volvemos
a su caso para ilustrarnos-, sería injusto no se
invirtieran en cada región, íntegramente, los
recursos propios conseguidos por cada una -y si esto se hace
en alguna zona española, se debe a privilegios de
tradicional raigambre-; que sería también ilógico que las
regiones más
fuertemente económicas ayudaran, en la labor de conjunto, a otras más débiles en
recursos; que sería política absurda la de no respetar y fomentar, por estos motivos, la
desunión entre aquellas regiones capitalistas -por sus
ingresos- y las otras que han venido viviendo hasta ahora, y
algunas seguirán haciéndolo por tiempo, a expensas de las
primeras, como si fueran los parientes pobres del país.
España nos da ejemplo. Tomémosle. Si antes, en épocas
decadentes de su
historia -que a todos nos duelen— la economía estaba centrada en unos pocos lugares de la Península,
ahora en esta gloriosa resurrección que vive -de la que nos
congratulamos- se ha preocupado en diseminar por todo el país
los efectivos industriales y toda clase de potencial económico
para acabar con la
enojosa situación a que a algunas provincias españolas
llevaba su natural pobreza. Y esa política hay que
alabarla; y aunque yo no sea quien para ello, si lo soy para considerarla
justa respecto al futuro de mi país.
Hemos de acabar con estos tópicos y lugares comunes
que están empecinando
nuestro pensamiento y dificultando la unidad territorial de Guinea, idea ésta básica que
preside mi intervención.
Y para concluir esta parte de mi discurso, podría aún
aducir algunas
consideraciones históricas que proclaman nuestra unidad de desaino. Mas no hace falta. Y no hace
falta porque en el
conocimiento de todos está que desde el primer día que nuestros pueblos entraron en contacto con el
mundo universal, con ese mundo
de la civilización que hoy poseemos, nuestra historia no ha
tenido más que una vida común y única en su
marcha hacia este destino, siempre anhelado que hoy estamos, ya, tocando con la mano.
Pero señores, podría decir sin que faltara a la verdad por ello, que estas ideas
secesionistas que han surgido en Guinea tan sólo hace unos años -¿quién habló con seriedad alguna vez
de separación en períodos anteriores a la Autonomía?-, no
han tenido por .parte de la
Autoridad española la contundente réplica que exige la Ley Articulada, la cual atribuye a la misma Autoridad la responsabilidad
de velar por la integridad del Territorio. Verdad es que aún, a Dios gracias,
nuestro Territorio sigue unido, pero no es menos verdad que
esta integridad, está en gravísimo
peligro por esa lenidad del poder nacional ante propagandas y declaraciones hechas, utilizando los más diversos medios de
comunicación social; declaraciones y propagandas
no acordes con los juramentos que sus promotores hicieron en el momento de tomar posesión de sus
altos cargos.
Estas propagandas tendenciosas, porque van contra la
unidad, han debido ser
estranguladas porque llevan en sí el fermento de un malestar y son como un velo que oscurece
la luz que necesitamos para
celar la vida de nuestro pueblo, que ahora empieza a sentirse directamente responsable de su
propia vida.
Puede argüirse que en un régimen democrático
cualquier argumentación,-
cualquier idea, es lícita para alcanzar los fines apetecidos. Nada más lejos de la verdad, señores,
sobre todo cuando los medios utilizados inculcan gravemente la ética
política, que es como el fundamental precepto que rige, o debe
regir, esta ciencia y arte del gobierno de los pueblos.
Es una pena, señores, que ahora, cuando sólo debiéramos
de preocuparnos en estructurar el futuro del país, tengamos
primero que luchar por la unidad de sus tierras y de sus
hombres, unidad que nunca amenazó la convivencia entre
ellos, ni aun en la época colonial, cuando con razón podríamos
quejarnos los riomunenses de
olvido, ni nunca jamás hasta estos momentos, en que unos políticos de nuestra querida tierra han
adoptado posturas de
disgregación, agarrándose a ellas como a un clavo ardiendo para defender su propia existencia política.
Y
lo peor es, que
esta actitud está marcada por una intransigencia que
nosotros no podemos tolerar, ni España dejarla
al libre albedrío de nuestras disputas en tanto esté
a nuestro lado.
España, señores, debe también ser alabada. No es
ésta una frase hecha, es un aldabonazo a la verdad que
quiero se oiga en todos los confines del mundo.
Y
esta alabanza, la
hacemos en esta ocasión, única propicia a nuestras
posibilidades, no porque con arrumacos halagadores queramos
predisponerla -cosa que sabemos no es necesaria-,
a esa ayuda, por lo menos moral, qua líenos de esperar
siempre de ella. Tal razón, por interesada, sería
insincera.
Se la ha de alabar porque es de justicia histórica.
Nuestro pueblo, que
llegó a este regazo maternal de Patria generosa, tenía
un destino histórico señalado por. Dios desde el inició de sus días. Vino este trozo de África a España
por un trueque con otro pedazo de la hija América. ¿Cómo,
pues, no habría de usar para con este nuevo retoño que le
nacía a sus responsabilidades, libremente aceptadas del
mismo amor, de la misma atención maternal que tuvo para sus
otras hijas de la América española?. Hoy que vuelven estas
nacionalidades americanas sus
ojos reconocidos a la España inmortal., no separemos los nuestros de ella. Por deber de gratitud, que
es tanto como decir por deber
de hombría.
De este modo, España, trazó nuestro destino,
estructuró nuestra vida, nos dio como regalo inapreciable,
que queremos guardar en lo profundo de nuestros corazones
sus creencias religiosas; nos legó sus instituciones; nos
enseñó a hablar en la maravillosa lengua de la Hispanidad;
nos abrió a los horizontes del progreso; nos enroló al
carro esplendoroso de la cultura occidental; nos trazó una
programación debida, que será la que un día nos haga
sentirnos dueños y señores de nuestro destino; destino que
deseamos vaya unido, codo a codo, con el de la Madre, para gloria de ella y nuestra grandeza
en ese concierto universal de
Naciones y en el más cercano de la querida África.
Esta,
señores, es nuestra alabanza, que queremos proclamar ante esta Conferencia Constitucional para nuestra satisfacción
y para orgullo de España. Los fallos y los errores, si los
hubo, son los propios de la condición humana de sus hombres; pero todos ellos quedan oscurecidos ante su entrañable amor.
Esta es una hora de mirar hacia adelante; no hacia
atrás. No dejemos que el
sarampión de la independencia oscurezca nuestras mentes y
complique la salud general de nuestro cuerpo social.
Debemos aprender a escarmentar en cabeza ajena. Porque sabemos
que existe una etapa en la vida de los hijos en que, éstos,
piden extremada y muchas veces injusta cuenta a los padres, para luego, en otra sucesiva, hacerles
tardía justicia. Demos un
salto sobro esa primera etapa para no tener luego que arrepentimos en la segunda, pues día vendrá
en que, cuando con
serenidad, con objetividad y sin pasión, estudiemos la historia de nuestro país, iniciada en las épocas
que juzgamos, hallaremos
en ella muchos hechos y acontecimientos que nos sorprenderán gratamente; hechos y
acontecimientos que vendrán a demostrarnos que junto a unos hijos de España
que fueron desleales a
sus consignas, hubo otros, muchos más, que supieron laborar
por nuestro porvenir y bienestar dándolo todo,
absolutamente todo, incluso hasta las propias
vidas, por ser
fieles al buen nombre de su Patria y a nosotros mismos. Y, sobre todo, España como
nación colonizadora, quedó siempre libre de pecado.
No me gustan adjetivaciones sin contenido conceptual
definido. No me agradan, por generalización, las palabras
"colonialistas", "paternalismo",
"discriminación", cuando ellas no encierran en sí más que un deseo de impotencia o de
venganza. Son adjetivos
lanzados a la lucha de los hombres por maniobras, no claras, de ideologías extremistas.
Seamos objetivos; llamemos a cada cosa por su nombre, y en este caso, tales
conceptos, no se ajustarían ni a la
verdad ni a la justicia debida.
Los pueblos, como los hombres, nacen tras un parto
lleno de dolor, y,
posiblemente, cuando esos partos se precipitan en una gestación tan rápida como ha sido la de África
-cosa que sorprende y congratula a todos- el parto de los
pueblos está mucho más lleno de sufrimientos
todavía. Las
grandes batallas
se ganan muchas veces tras grandes
derrotas. No trastoquemos el
plan de Dios, y aceptemos, con limpieza de corazón, sus designios. El nos ayudará.
Separarnos de España políticamente, no quiere decir
en modo alguno
renunciar a ella. Sería tanto como negarnos a nosotros mismos. Pero éste que aquí nos congrega,
es un hecho inevitable, que debemos aceptar, todos, con
alegría y responsabilidad.
Por eso, señores, deseo y deseamos todos los
guineanos, que esta independencia que solicitamos sin el
menor orgullo pecaminoso, y sí con plena
conciencia nos sea otorgada sin dilación por España sobre la base de nuestra integridad territorial, por las razones que ahora
quiero concretar:
-
Por exigencias de
supervivencia como pueblo libre.
- Por
exigencias de población, necesaria para el desarrollo de nuestro destino.
- Por
exigencias de economía, por la causa de que este potencial económico creado en el país se hizo con el
esfuerzo de España y nuestro, para un fin y bien común.
-
Por exigencias de
comunidad de bienes espirituales legados, para que por ellos
podamos cimentar nuestro futuro, pensando que los mismos
atan, tanto más que los vínculos
de la propia sangre.
-Por
exigencias de nuestra supervivencia dentro del área del
mundo de la Hispanidad, como el hermano menor de ella
y quizá por eso el más querido. Conocemos el esplendoroso
porvenir del mundo hispanoparlante, y no queremos renunciar
en esta herencia a estar dentro de él, con pleno derecho,
para nuestro sostén cultural.
-Por exigencias de
esta vida de relación con la cultura que
nos deja España, con quien, ya lo he dicho, queremos relacionarnos
íntima y preferencialmente para siempre.
Acabada esta información en sus partes arguméntales
de alabanzas obligadas y
de deseos sentidos, queremos una vez más expresar estas del
modo más claramente posible.
A Vuestra Excelencia, como Presidente de esta
Conferencia Constitucional
-que marca el primer hito de nuestra propia historia
futura-; a los
dignos representantes en ella de nuestra Patria común;
al pueblo, entrañable y querido de España entera, pido:
1º.- Que se conceda la independencia a la Guinea
Ecuatorial en fecha no
posterior a la del 15 de julio de 1968.
2º.- Que el referéndum -si se estima necesario- que ha de ratificar nuestra
petición de independencia total, se celebre con la antelación debida, al objeto de tener
el suficiente para
asumir con seguridad nuestras propias responsabilidades.
3º.- Que entre la fecha de este acuerdo y la
proclamación oficial de la
independencia de Guinea Ecuatorial, se constituya un
GOBIERNO PROVISIONAL, con plenos poderes, que se
responsabilice de toda acción preparatoria a los fines dichos.
4º.- Que durante el mandato de este GOBIERNO
PROVISIONAL se intensifique por
España todo genero de colaboración y ayuda, para que, como en una carrera de obstáculos,
podamos salvar los que hoy pueden dificultar nuestro camino,
y por tanto nuestra futura y
deseada paz.
5º.- Prometemos dar seguridad a todos los hombres,
naturales e inmigrados, pero
de estos especialmente a los hijos de España, que la Nación de GUINEA ECUATORIAL será,
justa y equitativa en sus
preceptos, poniendo por encima de todos sus ideales justos, la IGUALDAD DE LOS HOMBRES y su derecho al bien común.
Y nada más, excelencias; nada más que rendir en
vuestras personas el tributo
y homenaje de nuestro cariño y agradecimiento. Que
Dios nos ayude a todos. POR UNIDAD, PAZ Y TRABAJO". (APLAUSOS)
EL SEÑOR PRESIDENTE:
"Agradezco al Iltmo. Sr. Don Agustín Eñeso su
intervención en esta Comisión y su colaboración a los fines de
esta Conferencia.
Tiene la
palabro Don Francisco Salomé Jones".
EL SEÑOR SALOME JONES (D. Francisco) - MUNGE
"Excmo. Señor Presidente, Excmos. Señores,
Ilustres Delegados: Ante todo doy gracias al
Ministerio de Asuntos Exteriores
por las facilidades que nos está dando en el desarrollo de esta Conferencia. No puedo menos de recordar
aquella otra Delegación
guineana que vino a Madrid en agosto de 1963 para los trabajos de la Ley de Bases del Régimen Autónomo,
entre cuyos miembros
tuve el honor de encontrarme.
Aunque pertenezco a la minoría Fernandina y como tal
me considero capacitado para exponer los puntos de vista de
este sector guineano, mi intervención presente la hago como
Vicepresidente del MUNGE, ya que otra persona no
menos cualificada que yo y
poseedora de credenciales que le presentan como el genuino
portavoz de los fernandinos ante está Confe