HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

ACTA DE LA SEXTA SESIÓN DE LA COMISIÓN POLÍTICA 

 

En Madrid, a nueve de noviembre de mil novecientos sesenta y siete, en el Salón de Embajadores del Ministerio de Asuntos Exteriores, se reúne la Comisión Política de la Conferencia Constitucional de Guinea Ecuatorial, bajo la presidencia del Excmo. Señor Don Ramón Sedó Gómez, Subsecretario de Política Exterior, Vicepresidente de la Conferencia y Presidente de la Comisión Política de la misma. Al acto asisten el Excmo. Señor don Gabriel Mañueco de Lecea, Director General de Asuntos de África y Mundo Árabe, el Excmo. Señor don Gabriel Cañadas Nouvilas, Secretario General de la Conferencia, y los Miembros de las Delegaciones del Gobierno español y de la Guinea Ecuatorial. Actúa como Secretario, el de la Comisión, Iltmo. Señor don Eduardo de Zulueta y Dato.

A las diecinueve horas y cinco minutos el señor Presidente abre la sesión.

EL SEÑOR PRESIDENTE:

"Va a hacer uso de la palabra don Francisco Douga Mendo."

EL SEÑOR DOUGA MENDO (D. Francisco), de la Unión Bubi:

"Excmo. Señor Presidente, Excmos. Señorea, Iltmos. Señores y amigos todos:

Por invitación del Gobierno español, y bajo el nombre de "UNIÓN BUBI", comparecemos hoy ante esta Conferencia Constitucional. Se nos ha denominado "UNIÓN BUBI" y se nos ha incluido entre los grupos ideológicos o partidos políticos. Tenemos que hacer una observación clara y tajante: en Fernando Poo no reconocemos a los llamados partidos políticos, y, por tanto, no nos consideramos representados por los mismos. Para demostrarlo tengo a bien entregar a la Comisión de esta Conferencia las siguientes Actas: una del 27 de agosto de 1964, de la reunión celebrada en el Poblado de Santiago de Baney, cuyo primer firmante, DON PASTOR TORAO SIKARA, aquí presente, puede dar fé de ella, en que  todos los poblados de Fernando Poo solicitaban su SEPARACIÓN TOTAL DE RÍO MUNI; una del 9 de marzo de 1965 de la reunión celebrada en la Diputación Provincial de Fernando Póo, con asistencia de todas las Autoridades Fernandinas, acordando la abolición de todos los movimientos o partidos políticos existentes en la Isla, volviendo a solicitar, por unanimidad, la separación total de Río Muni; otra de 18 de agosto de 1966, de la reunión celebrada en el poblado de Rebola, en la que se adherían a la moción presentada por todos los Consejeros de la Isla sobre la separación, en la reunión del Consejo del Gobierno, celebrada los días 12 y 13 del mismo mes y año. (1)

Por último, el Acta de los poblados de Fernando Póo para la Conferencia Constitucional, en la que de una manera tajante se pronuncian los representantes de los poblados para que sus mandatarios se atengan totalmente a la voluntad de los mismos. Desde aquella fecha, 9 de marzo de 1965? no hemos reconocido en Fernando Poo a los partidos políticos. Aun que vean Vds. que don Pastor Torao figura como Presidente del MONALIGE, con la honradez y sinceridad que nunca le hemos negado, tuvo que reconocer cuando actuó ante la Comisión Especial en nombre de Santiago de Baney, que su pueblo quería unánimemente la separación, aunque él personalmente apoyaba la postura del MONALIGE.

El pueblo de Fernando Póo sólo se considera representado por sus Autoridades legales: miembros de la Asamblea General, Consejeros de Gobierno de Fernando Póo, Consejero Nacional, y los Procuradores por representación familiar, recientemente elegidos por nuestra Provincia. Por eso, cuando se convocó esta Conferencia, y dada la importancia tan grande que puede tener para nuestro pueblo sus resultados, se reunieron los Jefes-Presidentes de las Juntas Vecinales de todos los poblados, en solemne Asamblea y acordaron nombrar una Comisión, que se dirigiera a nuestros representantes legales para pedirles que en esta Conferencia expusiesen y defendiesen el pensamiento y la voluntad de nuestro Pueblo, que no es otra que la de conseguir la SEPARACIÓN TOTAL DE FERNANDO POO Y RÍO MUNI.

Reunidos en Madrid el día 27 de octubre todos los comisionados de Fernando Poo, tuvimos la satisfacción de firmar todos el Acta que fue leída por don Enrique Gori, Presidente de la Diputación de Fernando Póo, en su intervención del día 2 del mes actual, ante todos los asistentes a esta Conferencia.

Tenemos que comunicarles que hemos remitido a todos los poblados de Fernando Póo fotocopias de dicha Acta, y que ya tenemos noticias de la satisfacción de nuestro Pueblo por haber sido tan justamente interpretada su voluntad.

Posteriormente han oído todos Vds. la intervención de Don Marcos Ropo, Representante de las Cooperativas del Campo en la Diputación de Fernando Póo y Miembro de la Comisión Permanente de la Asamblea General; la intervención de don Gustavo Watson, Consejero del Gobierno por Fernando Poo, y que dio lectura al dictamen de los cuatro Consejeros de Gobierno de Fernando Póo. Han oído Vds. también a los señores Jones y Bosio, elegidos por nosotros Consejero Nacional y Procurador en Cortes, precisamente por conocer su forma de pensar y de sentir.

¿Qué podemos añadir nosotros a todo lo dicho por los oradores de Fernando Poo que nos han precedido?.

Únicamente agradecerles, en nombre del pueblo que les nombró, su actuación en esta Conferencia y decirles que hemos remitido copia de todas sus actuaciones a todos los poblados de nuestra querida Isla.

Señores, España nos dijo que respetaría nuestra voluntad.¿Queda alguna duda sobre la voluntad de Fernando Póo?.¿Cómo tenemos que decir que no queremos ser arrastrados por unos políticos que sólo buscan en la independencia la oportunidad de prosperar ellos, aunque el pueblo vaya a la ruina?

España nos llama hijos suyos y no nos puede abandonar, Nos han dicho algunos que España sufre presiones políticas y que a lo mejor tiene que sacrificarnos para conseguir votos en la ONU. ¿Es verdad esto?.

Nosotros creemos que no puede ser así; que gracias a Dios, en España manda el Caudillo Franco y que Franco, que salvó a España, también nos salvará a nosotros.

Os entregamos este escrito por duplicado, para que vaya un ejemplar al Caudillo de España. Si nos prometéis entregarlo al Caudillo, podremos devolver la tranquilidad a nuestro Pueblo, porque, eso si lo sabemos todos: Franco, mientras seamos españoles, no nos abandonará ni nos engañará, ni consentirá que nadie nos atropelle.

EL SEÑOR PRESIDENTE:

"Cómo es natural, el Gobierno tendrá conocimiento exacto de cuanto ocurra en esta Conferencia.

Respecto a la petición de que se eleve un escrito al Jefe del Estado, debo recordar que no es función de esta Conferencia elevar escritos a Su Excelencia.

Teniendo en cuenta que se puede comunicar con el Jefe del Estado por muchísimas vías, esto no supone en modo alguno poner obstáculos para que dicho escrito llegue a su destino.  Pero yo, personalmente, no puedo más que prometer que haré llegar el ruego que acaba de hacer el Señor Douga Mendo al Presidente de la Conferencia para que obre en consecuencia.

Tiene la palabra Don Agustín Eñeso".

EL SEÑOR EÑESO (D. Agustín) - Consejero de. Hacienda del Consejo de Gobierno:

"Excmo. Señor Presidente, Excmos. Señores, Señores, es deber de obligada cortesía ..."

EL SEÑOR PRESIDENTE:"Perdón, Señor Eñeso.  Un momento, es que no sé si he cumplido con el para mí verdaderamente satisfactorio deber de agradecer las palabras del Señor Douga Mondo. Quiero hacer constar que agradezco su intervención y su colaboración como a todos los que hacen uso de la palabra en esta Conferencia.

Perdone, Señor Eñeso.  Puede continuar".

EL SEÑOR EÑESO (D. Agustín) - Consejero de Hacienda:

"Es deber de obligada cortesía y justa razón que dé comienzo a este informe con unas breves palabras de agradecimiento dirigidas al Gobierno español, por esta oportunidad que generosamente nos brinda de entrar en diálogo amistoso con tan dignos representantes aquí reunidos para poder fijar, de común acuerdo, las bases sobre las que se ha de asentar la independencia solicitada de nuestro pueblo.

Comunico a Vos, Señor Presidente, esta mi gratitud, que ruego se digne elevar al Jefe del Estado y a todo el pueblo hermano de España.

Como Consejero del Gobierno autónomo en el Departamento de Hacienda, como Presidente del Directorio del Movimiento de Unidad Nacional de Guinea Ecuatorial y como simple guineano, tengo el alto honor de dirigirme a todos los delegados que integran esta Conferencia Constitucional, convocada para definir el futuro político y la estructura jurídico-econónico-social de mi país, con el propósito, por mi parte, de llevar a su entendimiento la postura y los deseos que animan a los miembros del Movimiento que presido que, sin temor a equivocarme, corresponden, en este sentido, a los que en general siente el pueblo entero, en orden a dejar perfectamente claro que lo que Guinea Ecuatorial espera lograr de España, aquí tan bien representada, es la declaración formal de su independencia, por haber logrado el pueblo por ella protegido con tanta magnanimidad su madurez política y social, como así lo ha reconocido en muchas ocasiones por medio de sus más altos dirigentes; pero, con la salvedad o la puntualización que, al acceder a ella, sea formando las actuales provincias autónomas una sola entidad política, una sola nación, con destino e intereses comunes.

Ahora bien, me urge decir antes de seguir adelante, para dejar bien definidos los alcances de mi intervención, que si bien hablo como Presidente del Directorio del Movimiento antes citado, la genuina y autorizada representación del mismo la tienen para este caso su Vicepresidente, don Francisco Salomé Jones, y el Secretario D. Justino Mba Nsue, los cuales intervendrán en su día ante esta Comisión con el objeto de exponer, de un modo más oficial, la postura del MUNGE respecto al delicado problema que hemos enunciado y aquí nos congrega..

Se han presentado aquí, ante esta Comisión, argumentaciones sofisticadas adoptando una postura contraria a la de mi tesis. Se ha dicho, por ejemplo, que son tan sin número las diferencias existentes entre los habitantes de cada una de las actuales provincias, y también entre sus características y condicionantes geográficos, que por ello, por todo ello, cualquier intento de unión futuro entre unas y otras unidades territoriales será no recomendable, porque tal practica, sería ir en contra de la voluntad del pueblo isleño y menoscabo de sus propios intereses.

Como primera providencia debo aclarar que esta proposición presentada a la Comisión por algunos de mis hermanos de Fernando Póo -sí, mis hermanos, y así los llamo porque así lo creo-, ha estado aquí fuera de lugar, por cuanto que esta cuestión, en caso de que algún día -que Dios no quiera que llegue- se presentara a discusión, sería de cualquier modo un problema de política interior futura, y ya que lo que nos ha traído ante esta Comisión a todos los representantes de Guinea es tan sólo un hecho fundamental: llegar a esa declaración de independencia de nuestro país por España, de común  acuerdo y dentro de los límites de la mayor corrección y amistad con ella.

Yo hubiera deseado no referirme a este tema por las razones dichas. Pero sería como quedar desmarcado -usando términos deportivos-, si ahora, en virtud de esa declaración inoportuna no lo tratara con la atención y minuciosidad que preciso. Y lo siento de verdad, señores.

Si fuera cierto y razón suficiente para lo que los aludidos señores pretenden el que un hecho geopolítico, como es el mar, impidiera la unión física o ideológica de pueblos en una unidad de destino, pregunto ¿cómo entenderíamos el "concepto España" que sabemos está integrado, en su realidad nacional, por una parte continental y otras insulares, algunas de ellas bien separadas por cierto del núcleo más extenso y principal? La misma geografía del mundo nos revela también que existen innumerables nacionalidades compuestas por partes que no constituyen un todo geográfico. Citar ejemplos sería una labor prolija que me debéis dispensar. Por otra parte, el mar, si bien es un accidente geográfico que parece reunir todas las condiciones necesarias para dispersar las tierras, en sentido geopolítico hemos de reconocer que, antes de separar, une y une tan estrechamente, a veces, como un día enlazó a España con las extensas tierras de América, con las orientales Filipinas y hasta con nuestra entrañable Guinea. Y une, porque en sus vastas e indefinidas proporciones marca caminos, rutas precisas, bien definidas, que sirven de nexo, fuerte y auténtico, entre pueblos de las distintas riberas.

El tan manoseado problema étnico, como lo han pretendido llamar, tampoco tiene mayor entidad para ser considerado como causa grave. Sin embargo, hemos de pararnos en él.

Creo haber entendido siempre que a los pueblos no los hacen única ni principalmente las circunstancias geográficas, como hemos probado, ni las características étnicas, ni siquiera la igualdad de lenguaje, aunque reconozco que tales hechos pueden, en determinadas circunstancias, contribuir positiva o negativamente a ello. Los pueblos fuertemente amalgamados en una nacionalidad robusta y bien definida son tanto, o más, y desde luego principalmente que lo que aquí se ha dicho el resultado de una comunión ideológica, histórica, cultural y hasta económica que liga a diversas comunidades humanas y las empuja a buscar, en común, un mismo destino histórico. La frase de Franco, "caminamos firmemente hacia la unidad de los hombres y las tierras de España" ilustra perfectamente el tema. El mundo mismo camina hoy hacia la conjunción de los grandes bloques ideológicos, y en África se remarcan con trazos bien diseñados los nuevos pueblos que pertenecen a una u otra área lingüística y cultural como indeleble herencia recibida.

España, sin buscar otros ejemplos, ofrece también en el aspecto lingüístico una rica variedad. Pero esta circunstancia, antes de separar, queda respetada y no representa obstáculo para que un lenguaje común sirva de lazo entre unos y otros pueblos peninsulares. Lo que quiere decir que la lengua como lazo de unidad tiene que poseer entidad suficientemente calificada, universal, para que con fuerza y empuje pueda influir en la asociación a aislamiento de los pueblos. Los menores y siempre entrañables lenguajes vernáculos, los dialectos, en este aspecto no pasan de ser una reliquia querida que todos debemos guardar como bien ancestral, pero sin la mayor trascendencia que la puramente familiar o local. Es como el lenguaje del corazón; el otro, lo es del entendimiento y la convivencia universal. 

Si esto no fuera así, el mundo sería como un enorme puzzle lingüístico, sin posibilidad de comprensión. Si esto no fuera así, nuestra Guinea Ecuatorial tendría un destino atomizado, tan numeroso como variantes lingüísticas posee. Y, matizando más, Fernando Poo tendría que renunciar a su unidad porque aun entre sus mismos 16.000 bubis hay diferencias de lengua bien notables, que impedirían, por este sólo medio la comunicación entre todas las 60.000 almas que integran la población isleña y la misma ciudad de Santa Isabel es un variadísimo mosaico de pueblos y lenguas. En ella viven, además do los bubis, fernandinos, fangs, ndowes, annoboneses, bengas, santomés, liberianos, camerumenses, gabonenses y sobre todo, trabajadores nigerianos que suman la cifra demográfica más alta de toda la Isla, con la agravante, para este caso concreto de la unidad, de estar ligados a ella por contratos periódicos de trabajo que no arraigan nada. Y toda esta variedad humana posee su propio lenguaje privado, aunque el "pischinglis" -inglés mixtificado y corrompido- sea el vehículo idiomático en algunos aspectos de la convivencia entre sus gentes.

Precisamente por esta "babel" fernandina que diluye, queramos o no, los mejores deseos, debemos apretarnos en una fuerte unidad, ligada por el idioma universal que nos lega España, y por otros vínculos de no menor entidad permanente, también de ella recibidos, para que, junto a los muchos valores positivos que encierra la cultura aborigen guineana, logremos dar vida propia a un sólo pueblo, el de Guinea Ecuatorial, celoso de su permanencia y ejemplar por su conducta.

Si el pueblo bubi, haciendo caso a señuelos engañadores quiere separarse de Río Muni tomando como bandera la ridícula frase "imperio fang", nosotros los riomunenses podríamos pensar en enarbolar otra bandera no menos ridícula de "imperio bubi"; y digo ridícula porque si bien los bubis son dueños de la tierra isleña que viven por herencia de la naturaleza, no lo son enteramente, ni mucho menos, por razón de trabajo, de propiedad capitalizada, ni por otros motivos, pues allí, en su propia isla, viven como hemos dicho por pleno derecho de arraigo -qué ellos los bubis no han podido evitar- otras minorías étnicas con las que hay que contar; la fernandina, para decir un sólo ejemplo. No podemos imaginar ni por un sólo momento que es lo que pretenden esos bubis disidentes de la unidad, como no sea establecer un imperio a ultranza que sojuzgue a otros pueblos que conviven a su vera con iguales derechos y con no menos responsabilidades que ellos. Señores, no vayamos caminando contra corriente de la Historia; sería una actitud suicida.

La misma Ley de Bases por la que se estructura la autonomía de las provincias de Guinea Ecuatorial, no diluye la unidad, ni en su contexto ni en su espíritu; antes al contrario, la reafirma, la refuerza, la sanciona indeleblemente. No especifica como en modo alguno, que sea éste o aquél grupo étnico el que estará representado legalmente en los Organismos de Gobierno y Administración; sólo se para a fijar el número de Consejeros y Diputados (iguales por ambas provincias) sin discriminar el origen étnico de los elegidos. Ni siquiera tampoco ha tenido en cuenta el número de gobernantes en función de la población global y particular del país.

Por eso nosotros, los riomunenses, podríamos -aunque no queremos- insinuar estas preguntas: ¿en qué manos ha estado el poder durante la etapa de autonomía, habida cuenta la cifra numérica de las poblaciones representadas?. ¿Hemos suscitado por ello, los riomunenses, los fornandinos, los annoboneses, o cualquier otro grupo de pleno derecho, la más leve objeción para torpedear de cualquier modo el desarrollo total de la Ley de Autonomía?

Por todas estas razones y otras que podríamos manejar si no temiéramos cansar a este auditorio, digo que toda política disociativa debe quedar condonada a morir. Porque si aceptáramos todos estos condicionantes étnicos que manejaron aquí algunos representantes de Fernando Poo, España y muchas otras naciones de larga historia deberían respetar por igual premisa, la individualidad de cada una de sus regiones, algunas bien diferenciadas en su composición étnica. De ese modo el mundo, y nuestro mundo, se convertiría en un inconcebible caos, incapaz de gobierno y sin destino.

Postulo y postulamos nuestra unidad territorial, que es nuestra unidad total, por exigencias de la propia  vida del pueblo que quiere, nacer libre y bien aleccionado de esta reunión.

Respecto a los condicionantes económicos, que se han pretendido esgrimir en pro de la separación de Fernando Poo, ofrecen éstos un sinnúmero de pruebas en contrario que no vamos a utilizar exhaustivamente. Sólo queremos fijarnos en algunas de las más características.

El argumento de mayor volumen de renta, como vulgarmente se cree y se ha difundido con insistencia, no es de por si un valor definitivo para nadie. Manejando datos estadísticos vemos que la renta regional se elevó en 1962 (año que dio comienzo el Plan de Desarrollo) a 2.036,5 millones de pesetas. De. esta cifra correspondió el 49,09 por ciento a Fernando Poo; el resto de 50,9 por ciento a Río Muni, Luego, hay casi igualdad de renta.

Sin embargo, la renta por habitante supuso una cantidad mayor, algo  más de dos veces y media, para Fernando Poo que para Río Muni. Ahora bien, si tratáramos de buscar las causas de estas diferencias, las encontraríamos sin ninguna dificultad, y ninguna de las cuales deben ni pueden suponer obstáculos serios para la disociación del país.

Sin citar datos exactos -todos ellos quiero dejarlos para momento más oportuno, cuando la Comisión encargada de deliberar los asuntos económicos lo exija- puedo decir de un modo general que la propiedad de Fernando Poo en sus tres cuartas partes pertenece a capital europeo, por tanto no autóctono. Los fernandinos y otros grupos étnicos arraigados poseen otra parte muy importante de ella. Queda, pues, claro que el pueblo bubi, aisladamente considerado, apenas posee una cuarta parte de la propiedad isleña. Entonces, preguntamos, ¿sería lícito pensar que esa pequeña minoría bubi -formada aquí por cinco representantes- aspire a una hegemonía económica y política sobre todos los pueblos no "cien por cien" de Fernando Poo?. ¿Dónde está el derecho de autodeterminación tan hábilmente manejado, aquí, por alguno?.

Si a la hora de contribuir a la Hacienda de la Guinea Ecuatorial los ingresos alcanzan niveles más altos en Fernando Poo que en Río Muni, no debemos olvidar, para calificar debidamente esta realidad, que en Santa Isabel, y por tanto en la Isla, radican los Organismos vivos que centralizan en ella todos los Servicios de Hacienda, de Registro, de Notariado, de Operaciones bancarias, agrícolas y comerciales, lo que necesariamente ha de incidir, y mucho, en el acto contributivo y sus consecuencias.

Pero yo me hago esta pregunta, acaso alejada de todo rigor técnico: ¿cómo se puede entender que si el número de habitantes es unas dos veces y media mayor en Río Muni que en Fernando Poo, puedan tener estos últimos, mayor poder adquisitivo de compra,  siquiera sea de un modo personal, que los primeros?. Por esto a la hora de juzgar y separar como se quiere los grupos de población, tendrá que tenerse en cuenta que en este poder económico, inciden de una manera definitiva los grupos demográficos no autóctonos y no "cien por cien". Esto, señores, ha de tenerse muy en cuenta.

También se ha insinuado aquí que las carreteras de Río Muni, así cono otras instalaciones de servicios que en esta provincia tienden a crear un capital social fijo, se han venido financiando, en su mayor parte, con ingresos pertenecientes a la Isla de Fernando Poo. Y, aunque así hubiera sido, cosa que no quererlos discutir- entrando en la relatividad de los números, ¿no ha sido justo?,

Al iniciarse la etapa autónoma, y antes la provincial, Fernando Poo poseía una magnífica red de carreteras y servicios de toda clase de instalaciones bien montadas. En ello, suponemos, también se habrían utilizado recursos que provenían del capital creado por Río Muni, puesto que Guinea tenía y tiene una Caja de Hacienda común. Era lo lógico, hasta cierto punto, en aquellos momentos. Entonces, ¿cómo no iba a serlo ahora, cuando Fernando Poo se encuentra perfectamente equipado y Río Muni se ve con graves problemas en casi todas sus necesidades?. Todo esto sería fácil probarlo con datos.

Pero ahora sólo quiero considerar, que, siguiendo este modo de pensar de la pequeña minoría bubi a qué nos venimos refiriendo, en España -volvemos a su caso para ilustrarnos-, sería injusto no se invirtieran en cada región, íntegramente, los recursos propios conseguidos por cada una -y si esto se hace en alguna zona española, se debe a privilegios de tradicional raigambre-; que sería también ilógico que las regiones más fuertemente económicas ayudaran, en la labor de conjunto, a otras más débiles en recursos; que sería política absurda la de no respetar y fomentar, por estos motivos, la desunión entre aquellas regiones capitalistas -por sus ingresos- y las otras que han venido viviendo hasta ahora, y algunas seguirán haciéndolo por tiempo, a expensas de las primeras, como si fueran los parientes pobres del país.

España nos da ejemplo. Tomémosle. Si antes, en épocas decadentes de su historia -que a todos nos duelen— la economía estaba centrada en unos pocos lugares de la Península, ahora en esta gloriosa resurrección que vive -de la que nos congratulamos- se ha preocupado en diseminar por todo el país los efectivos industriales y toda clase de potencial económico para acabar con la enojosa situación a que a algunas provincias españolas llevaba su natural pobreza. Y esa política hay que alabarla; y aunque yo no sea quien para ello, si lo soy para considerarla justa respecto al futuro de mi país.

Hemos de acabar con estos tópicos y lugares comunes que están empecinando nuestro pensamiento y dificultando la unidad territorial de Guinea, idea ésta básica que preside mi intervención. Y para concluir esta parte de mi discurso, podría aún aducir algunas consideraciones históricas que proclaman nuestra unidad de desaino. Mas no hace falta. Y no hace falta porque en el conocimiento de todos está que desde el primer día que nuestros pueblos entraron en contacto con el mundo universal, con ese mundo de la civilización que hoy poseemos, nuestra historia no ha tenido más que una vida común y única en su marcha hacia este destino, siempre anhelado que hoy estamos, ya, tocando con la mano. Pero señores, podría decir sin que faltara a la verdad por ello, que estas ideas secesionistas que han surgido en Guinea tan sólo hace unos años -¿quién habló con seriedad alguna vez de separación en períodos anteriores a la Autonomía?-, no han tenido por .parte de la Autoridad española la contundente réplica que exige la Ley Articulada, la cual atribuye a la misma Autoridad la responsabilidad de velar por la integridad del Territorio. Verdad es que aún, a Dios gracias, nuestro Territorio sigue unido, pero no es menos verdad que esta integridad, está en gravísimo peligro por esa lenidad del poder nacional ante propagandas y declaraciones hechas, utilizando los más diversos medios de comunicación social; declaraciones y propagandas no acordes con los juramentos que sus promotores hicieron en el momento de tomar posesión de sus altos cargos.

Estas propagandas tendenciosas, porque van contra la unidad, han debido ser estranguladas porque llevan en sí el fermento de un malestar y son como un velo que oscurece la luz que necesitamos para celar la vida de nuestro pueblo, que ahora  empieza a sentirse directamente responsable de su propia vida.

Puede argüirse que en un régimen democrático cualquier argumentación,- cualquier idea, es lícita para alcanzar los fines apetecidos. Nada más lejos de la verdad, señores, sobre todo cuando los medios utilizados inculcan gravemente la ética política, que es como el fundamental precepto que rige, o debe regir, esta ciencia y arte del gobierno de los pueblos.

Es una pena, señores, que ahora, cuando sólo debiéramos de preocuparnos en estructurar el futuro del país, tengamos primero que luchar por la unidad de sus tierras y de sus hombres, unidad que nunca amenazó la convivencia entre ellos, ni aun en la época colonial, cuando con razón podríamos quejarnos los riomunenses de olvido, ni nunca jamás hasta estos momentos, en que unos políticos de nuestra querida tierra han adoptado posturas de disgregación, agarrándose a ellas como a un clavo ardiendo para defender su propia existencia política.

Y lo peor es, que esta actitud está marcada por una intransigencia que nosotros no podemos tolerar, ni España dejarla al libre albedrío de nuestras disputas en tanto esté a nuestro lado.

España, señores, debe también ser alabada. No es ésta una frase hecha, es un aldabonazo a la verdad que quiero se oiga en todos los confines del mundo. 

Y esta alabanza, la hacemos en esta ocasión, única propicia a nuestras posibilidades, no porque con arrumacos halagadores queramos predisponerla -cosa que sabemos no es necesaria-, a esa ayuda, por lo menos moral, qua líenos de esperar siempre de ella. Tal razón, por interesada, sería insincera.

Se la ha de alabar porque es de justicia histórica. Nuestro pueblo, que llegó a este regazo maternal de Patria generosa,  tenía un destino histórico señalado por. Dios desde el inició de sus días. Vino este trozo de África a España por un trueque con otro pedazo de la hija América. ¿Cómo, pues, no habría de usar para con este nuevo retoño que le nacía a sus responsabilidades, libremente aceptadas del mismo amor, de la misma atención maternal que tuvo para sus otras hijas de la América española?. Hoy que vuelven estas nacionalidades americanas sus ojos reconocidos a la España inmortal., no separemos los nuestros de ella. Por deber de gratitud, que es tanto como decir por deber de hombría.

De este modo, España, trazó nuestro destino, estructuró nuestra vida, nos dio como regalo inapreciable, que queremos guardar en lo profundo de nuestros corazones sus creencias religiosas; nos legó sus instituciones; nos enseñó a hablar en la maravillosa lengua de la Hispanidad; nos abrió a los horizontes del progreso; nos enroló al carro esplendoroso de la cultura occidental; nos trazó una programación debida, que será la que un día nos haga sentirnos dueños y señores de nuestro destino; destino que deseamos vaya unido, codo a codo, con el de la Madre, para gloria de ella y nuestra grandeza en ese concierto universal de Naciones y en el más cercano de la querida África.

Esta, señores, es nuestra alabanza, que queremos proclamar ante esta Conferencia Constitucional para nuestra satisfacción y para orgullo de España. Los fallos y los errores, si los hubo, son los propios de la condición humana de sus hombres; pero todos ellos quedan oscurecidos ante su entrañable amor.

Esta es una hora de mirar hacia adelante; no hacia atrás. No dejemos que el sarampión de la independencia oscurezca nuestras mentes y complique la salud general de nuestro cuerpo social. Debemos aprender a escarmentar en cabeza ajena.  Porque sabemos que existe una etapa en la vida de los hijos en que, éstos, piden extremada y muchas veces injusta cuenta a los padres, para luego, en otra sucesiva, hacerles tardía justicia. Demos un salto sobro esa primera etapa para no tener luego que arrepentimos en la segunda, pues día vendrá en que, cuando con serenidad, con objetividad y sin pasión, estudiemos la historia de nuestro país, iniciada en las épocas que juzgamos, hallaremos en ella muchos hechos y acontecimientos que nos sorprenderán gratamente; hechos y acontecimientos que vendrán a demostrarnos que junto a unos hijos de España que fueron desleales a sus consignas, hubo otros, muchos más, que supieron laborar por nuestro porvenir y bienestar dándolo todo, absolutamente todo, incluso hasta las propias vidas, por ser fieles al buen nombre de su Patria y a nosotros mismos. Y, sobre todo, España como nación colonizadora, quedó siempre libre de pecado.

No me gustan adjetivaciones sin contenido conceptual definido. No me agradan, por generalización, las palabras "colonialistas", "paternalismo", "discriminación", cuando ellas no encierran en sí más que un deseo de impotencia o de venganza. Son adjetivos lanzados a la lucha de los hombres por maniobras, no claras, de ideologías extremistas.  Seamos objetivos;  llamemos a cada cosa por su nombre, y en este caso, tales conceptos, no se ajustarían ni a la verdad ni a la justicia debida.

Los pueblos, como los hombres, nacen tras un parto lleno de dolor, y, posiblemente, cuando esos partos se precipitan en una gestación tan rápida como ha sido la de África -cosa que sorprende y congratula a todos- el parto de los pueblos está mucho más lleno de sufrimientos todavía.  Las grandes batallas se ganan muchas veces tras grandes derrotas. No trastoquemos el plan de Dios, y aceptemos, con limpieza de corazón, sus designios. El nos ayudará.

Separarnos de España políticamente, no quiere decir en modo alguno renunciar a ella. Sería tanto como negarnos a nosotros mismos. Pero éste que aquí nos congrega, es un hecho inevitable, que debemos aceptar, todos, con alegría y responsabilidad.

Por eso, señores, deseo y deseamos todos los guineanos, que esta independencia que solicitamos sin el menor orgullo pecaminoso, y sí con plena conciencia nos sea otorgada sin dilación por España sobre la base de nuestra integridad territorial, por las razones que ahora quiero concretar:

- Por exigencias de supervivencia como pueblo libre. 

- Por exigencias de población, necesaria para el desarrollo de nuestro destino.

- Por exigencias de economía, por la causa de que este potencial económico creado en el país se hizo con el esfuerzo de España y nuestro, para un fin y bien común.

- Por exigencias de comunidad de bienes espirituales legados, para que por ellos podamos cimentar nuestro futuro, pensando que los mismos atan, tanto más que los vínculos de la propia sangre. 

-Por exigencias de nuestra supervivencia dentro del área del mundo de la Hispanidad, como el hermano menor de ella y quizá por eso el más querido. Conocemos el esplendoroso porvenir del mundo hispanoparlante, y no queremos renunciar en esta herencia a estar dentro de él, con pleno derecho, para nuestro sostén cultural.  

     -Por exigencias de esta vida de relación con la cultura que nos deja España, con quien, ya lo he dicho, queremos relacionarnos íntima y preferencialmente para siempre.

Acabada esta información en sus partes arguméntales de alabanzas obligadas y de deseos sentidos, queremos una vez más expresar estas del modo más claramente posible.

A Vuestra Excelencia, como Presidente de esta Conferencia Constitucional  -que marca el primer hito de nuestra propia historia futura-;  a los dignos representantes en ella de nuestra Patria común;  al pueblo, entrañable y querido de España entera, pido:

1º.- Que se conceda la independencia a la Guinea Ecuatorial en fecha no posterior a la del 15 de julio de 1968.

2º.- Que el referéndum -si se estima necesario- que ha de ratificar nuestra petición de independencia total, se celebre con la antelación debida, al objeto de tener el suficiente para asumir con seguridad nuestras propias responsabilidades.

3º.- Que entre la fecha de este acuerdo y la proclamación oficial de la independencia de Guinea Ecuatorial, se constituya un GOBIERNO PROVISIONAL, con plenos poderes, que se responsabilice de toda acción preparatoria a los fines dichos.

4º.- Que durante el mandato de este GOBIERNO PROVISIONAL se intensifique por España todo genero de colaboración y ayuda, para que, como en una carrera de obstáculos, podamos salvar los que hoy pueden dificultar nuestro camino, y por tanto nuestra futura y deseada paz.

5º.- Prometemos dar seguridad a todos los hombres, naturales e inmigrados, pero de estos especialmente a los hijos de España, que la Nación de GUINEA ECUATORIAL será, justa y equitativa en sus preceptos, poniendo por encima de todos sus ideales justos, la IGUALDAD DE LOS HOMBRES y su derecho al bien común.

Y nada más, excelencias; nada más que rendir en vuestras personas el tributo y homenaje de nuestro cariño y agradecimiento.  Que Dios nos ayude a todos. POR UNIDAD, PAZ Y TRABAJO". (APLAUSOS)

EL SEÑOR PRESIDENTE:

"Agradezco al Iltmo. Sr. Don Agustín Eñeso su intervención en esta Comisión y su colaboración a los fines de esta Conferencia. 

Tiene la palabro Don Francisco Salomé Jones".

EL SEÑOR SALOME  JONES (D. Francisco) - MUNGE

"Excmo. Señor Presidente, Excmos. Señores, Ilustres Delegados: Ante todo doy gracias al Ministerio de Asuntos Exteriores por las facilidades que nos está dando en el desarrollo de esta Conferencia. No puedo menos de recordar aquella otra Delegación guineana que vino a Madrid en agosto de 1963 para los trabajos de la Ley de Bases del Régimen Autónomo, entre cuyos miembros tuve el honor de encontrarme.

Aunque pertenezco a la minoría Fernandina y como tal me considero capacitado para exponer los puntos de vista de este sector guineano, mi intervención presente la hago como Vicepresidente del MUNGE, ya que otra persona no menos cualificada que yo y poseedora de credenciales que le presentan como el genuino portavoz de los fernandinos ante está Confe