ACTA DE LA DÉCIMA SESIÓN DE LA COMISIÓN POLÍTICA
En Madrid, a quince de noviembre
de mil novecientos sesenta y siete, en el Salón de
Embajadores del Ministerio de Asuntos
Exteriores, se reúne la Comisión Política de la Conferencia
Constitucional de Guinea Ecuatorial, bajo la Presidencia del Excmo.
Señor Don Ramón Sedó Gómez, Subsecretario de Política Exterior, Vicepresidente de la Conferencia y Presidente de
esta Comisión. Al acto asisten el Excmo. Señor Don Gabriel
Mañueco de Lecea, Director General de Asuntos de África y Mundo Árabe, el Excmo. Señor Don
Gabriel Cañadas y Nouvilas, Secretario General de la Conferencia, y los miembros de las
Delegaciones del Gobierno español y de la Guinea Ecuatorial. Actúa como
Secretario el de la Comisión, Iltmo. Sr. Don Eduardo de Zulueta y
Dato.
A las diecinueve horas y cinco
minutos el señor Presidente abre la sesión.
EL SEÑOR PRESIDENTE:
"Tiene pedida la palabra el Excmo. Señor Don
Bonifacio Ondo Edu"
EL SEÑOR ONDO EDU (Don Bonifacio), Presidente del
Consejo de Gobierno:
"Excmo. Señor Presidente, Ilustres
Delegados y hermanos todos:
Quisiera, antes que nada, agradecer al Excmo. Señor
Presidente
de esta Comisión Política la paciencia, la imparcialidad y la
competencia con que ha asumido sus funciones durante esta primera fase de
nuestros trabajos.
Quisiera expresar, asimismo, a la Delegación
guineana mi agradecimiento por haber permitido que unos y otros expresásemos
abiertamente los diversos puntos de vista relacionados con nuestro
futuro.
Nos encontramos ya al final de esta importante fase de la
Conferencia Constitucional, abierta el 30 do octubre con el
interesante discurso do su Presidente, el Excmo. Señor Ministro de Asuntos
Exteriores, en el que subraya, entre otras, la necesidad de la
unidad entre los guineanos. Y simultáneamente el Mensaje de
Su Santidad Pablo VI "Africae terrarun", recomendando
igualmente la unidad y paz en el continente africano
(inclusive la Guinea Ecuatorial), cabe preguntar:
Si somos españoles por cultura y católicos, fieles
hijos
del Romano Pontífice, ¿por qué no hacemos caso a estas dos recomendaciones
paternales que, en definitiva, tienen un mismo objetivo?
Confío en que les haremos caso, hermanos guineanos.
No fatiguemos la buena voluntad y cooperación de España
mediante una vana
esperanza de separación que no puede autorizar. Pues, su
ejemplo de unidad nos lo demuestra al ser UNA, GRANDE Y LIBRE.
A través del aludido discurso, de apertura,
comprendimos perfectamente que la finalidad de esta Conferencia, no era otra sino la de
"poner en manos del pueblo guineano las riendas de su propio
destino". Comprendimos, de la misma manera, que esta
Conferencia significaba el marco más apropiado para un diálogo
sincero entre España y Guinea. Por todo lo cual, nuestra
Delegación, acertadamente, ha creído conveniente dar a la
Comisión Política la importancia que se merece, dedicándole
todos sus esfuerzos.
Esta Comisión, la única, que ha trabajado hasta el
momento,
por la profundidad y seriedad de sus debates, ha demostrado que nos
damos cuenta de lo que significa estudiar y determinar el
futuro político de nuestro pueblo, es decir, su independencia total.
Puedo afirmar que, hasta ahora, solamente se ha expresado
la Delegación guineana, dando a conocer los deseos y aspiraciones
de nuestro pueblo. Con gran claridad ha expuesto y demostrado que se
preocupa mucho por su futuro político.
No cabe duda alguna do que la mayoría do los
Delegados guineanos se han inclinado hacia la independencia
total. Como entidad política, se ha dado cuenta de que
precisa establecer acuerdos de
estrecha colaboración con nuestra Madre Patria, España. Por
eso entregó una petición al Gobierno español en el mismo momento de la apertura de esta
Conferencia Constitucional.
En mi declaración anterior expuse las razones
por las que consideraba indispensable conceder a Guinea la independencia que
solicita. Tanto entonces como ahora, no hago sino ponerme de
acuerdo con la mayoría de nuestra Delegación. Pero, por otra
parte, comprendo la postura tonada por una minoría isleña al
solicitar del Gobierno español, no la independencia como el resto de la Delegación sino la separación de la región
insular o Fernando Póo de la Continental o Río Muni.
A mi juicio, es un problema a tratar después por
constituir
una modalidad dentro de lo global, y por eso lo califico de
"inoportuno".
He seguido atentamente los motivos expuestos
por dicha minoría, llegando a la conclusión de que, en realidad, no es más que
una cierta inquietud producida por .la magnitud de la nueva
situación en que se va a encontrar el país. Pero los propugnadores
de la separación han de saber que ninguno de nosotros piensa
renunciar al derecho que tiene todo hombre de vivir libre, así cono tampoco romper los vínculos
que nos unen a nuestra Madre Patria, España.
El acceso de Guinea a su independencia total
no implica, en absoluto, la desvinculación de España. No nos consta que ninguno
de nosotros lo pretenda. De la misma manera que el Gobierno
español mantuvo la unión de ambos territorios durante su administración y la ha
mantenido el Autónomo, la mantendrá también el
futuro que se
forme.
No hay para que inquietarse, pues seguiremos
contando, espero, con la asistencia técnica del Gobierno español para caminar
seguros en África cono hijos suyos. Nunca dejaremos de pertenecer
al grupo de habla y cultura hispánicas.
Con respecto a nuestros vecinos africanos, he
de advertir que si existe simpatía entre nosotros y ellos, se
debe sencillamente
a las siguientes razones:
a), conservar las buenas relaciones que dichos
países tienen con España y seguir esas huellas,
b), mantener sanas las relaciones de vecindad, como
debe hacerlo cualquier grupo humano en cuanto tal,
c), respetar les lazos de afinidad que unen a todas
las razas africanas, incluidas las de Fernando Póo.
Nadie ignora que el sentirse ligado al grupo por
consanguinidad o afinidad es muy característico en el africano.
Así, pues, permítanme, señor Presidente y mis
queridos hermanos guineanos, afirmar aquí, sin equívocos ni rodeos, que ningún
guineano que esté en sus cabales piensa renunciar jamás a las
garantías de seguridad y sana administración que esperamos de
nuestra Madre Patria, España.
Los vínculos históricos y culturales que nos unen a
ella constituyen un algo tan real que se necesitaría ser
ciego para no verlo. No creo quo la independencia de Guinea,
que es la independencia del
guineano, el cual vive a lo español, sea capaz de desligarlo de
España.
Por tanto, creo y espero que los trabajos
subsiguientes a la fase que cerramos hoy podrán disipar, sin duda, las inquietudes
de la minoría arriba indicada. Ellos nos permitirán abordar los
problemas de carácter técnico así cono los detalles y modalidades de
cuanto henos tratado en esta fase, tales como el estudio de
nuestra futura Constitución, los modos de votación o
elecciones, etc.
Los acuerdos de cooperación y ayuda que háganos con
España
en cuanto a la asistencia técnica, cultural, económica, defensa,
etc., borrarán eso que piensan algunos, es decir, la pérdida
de las garantías do seguridad que ella nos ha ofrecido hasta
ahora.
Visto y sentado ya este lado positivo de la primera
fase de la Conferencia Constitucional, estimo oportuno pasar a
considerar
ahora lo que se relaciona con la siguiente, a fin de que, en el curso
de la misma, los problemas de orden técnico y político
puedan tratarse con acierto. Hasta ahora ha sido la Delegación
guineana la que se ha expresado. Han hablado todos sus componentes: Gobierno Autónomo, Partidos
Políticos, Grupos de Minorías étnicas, etc. Es ya tiempo, pues, de que todo lo
mencionado pase a la consideración del Gobierno de la Nación.
La Delegación guineana estima que el problema
esencial que nos ha reunido aquí es el de la independencia de
Guinea Ecuatorial y
debe solucionarse lo antes posible. España conoce ya los
diversos puntos de vista que traemos Desearíamos, pues, que los proyectos de acuerdos técnicos de carácter
asistencial, establecidos o que establezca el Gobierno de la Nación, nos
fueran transmitidos con antelación después de los trabajos
de las Comisiones técnicas. Dicho de otro nodo, no quisiéramos
tratar de tales asuntos sin contar con un documento que nos
sirva de base durante las discusiones y actuaciones. Nos
interesaría que se estableciera el orden exacto de los trabajos a
realizar y las diferentes fechas de suspensión o continuación
de los mismos.
Y, en relación a los asuntos técnicos,
considero oportuno
que la Delegación guineana debería solicitar desde ahora la asistencia que precise, ya que nos vanos a enfrentar con una nueva situación. Insinuó que debería formarse Gobierno nativo con plenos poderes para organizar tanto el referéndum como cuanto se refiere a la estabilidad del futuro Estado.
Nosotros todos somos conscientes
de que hasta la fecha nos hemos esforzado por evitar el
caos, y no quisiéramos darle lugar ahora. Es al Gobierno de
la Nación a quien corresponde guiarnos sobre el particular.
Finalmente, creo haber llegado el
momento de expresar mi sentido reconocimiento al
Gobierno español, por las facilidades y atenciones concedidas al
desenvolvimiento de esta Conferencia. No obstante haberse
llevado a cabo en un momento en que la temperatura no es muy
propicia a gente acostumbrada al calor tropical, nos ha
resultado agradable.
Por otra parte, parece que el frío
ha servido para sanear las ideas y serenar los ánimos
de algunos, despojándoles un poco de su calor tropical
De todos modos, para la independencia
de Guinea nada representa el rigor del clima, a más de
que las condiciones de los Hoteles no pueden haber sido mas hospitalarias. Claro se comprende, pues, que la hospitalidad española ha sabido corresponder a lo que considera suyo. No podía ser de otra manera.
Muchas gracias". (APLAUSOS).
EL SEÑOR PRESIDENTE:
"Agradezco las
palabras del señor Presidente del Consejo
de Gobierno de Guinea y su colaboración a los fines de esta Conferencia.
Tiene solicitada la palabra don Leopoldo Zumalacárregui y Calvo, que puede hacer uso do ella".
EL SEÑOR
ZUMALACÁRREGÜI Y CALVO (Don Leopoldo), Representante del
Ministerio de Comercio:
"Señor Presidente, señores miembros de la Conferencia:
Durante estos últimas días los he escuchado
con la atención y con el respeto que se merecen Vds personalmente y por sus
intervenciones. Todo cuanto han dicho Vds. hasta aquí ha sido para
todos nosotros, y para mi de una manera especial, del más
alto interés.
Les agradezco particularmente su tono cordial,
su proceder correcto, su mesura en general en las intervenciones, que han
hecho también para nosotros, señor Ondó, sumamente gratas estas tardes
en que henos estado reunidos con los representantes de la
Delegación de Guinea.
Parecería una descortesía por parte de la Delegación
española
el no formular algunas palabras llenas de cordialidad hacia
todos Vds. y, a través de las cuales, más o menos, pudieran tener una cierta idea de cómo vemos
nosotros algunas cuestiones, muy ligadas con las cuestiones políticas que Vds, nos
han expuesto, y que son absolutamente indispensables para lograr una
colaboración, un espíritu de acercamiento entre la Guinea
Ecuatorial y España, como esa Delegación guineana ha sentido
siempre, según he podido observar.
En consecuencia, parecía natural que como
representante del Ministerio de Comercio en esta Conferencia, y un su día como
Presidente de la Comisión Económica, les dijera algo que creo tiene
gran interés en orden a la construcción de esa nueva casa que
desean levantar, porque tengo entendido que, aunque no sea lo
más vistoso ni lo que más se preste a la observación, es
quizás, por lo menos, el más importante de los cimientos que
necesitan para levantar su nueva casa.
Es evidente que cuando yo hago ostas consideraciones parto
de unas bases puramente técnicas, y que no prejuzgo en modo alguno
la cuestión política. Nuestro Presidente, en repetidas
ocasiones, nos ha explicado -a mi el primero- que esta Conferencia no va
a tomar una determinación, sino que va a estudiar una
serie de cuestiones y que la decisión final no corresponde a la
Delegación española, sino al Gobierno español.
Ahora bien, como de algún elemento tengo que partir,
y les
he oído a Vds, hablar siempre con emoción y con calor de sus
ideas de la independencia, yo parto de esta independencia como de una hipótesis
de trabajo, en torno a la cual tengo que montar mi
intervención. Quede, pues, bien: claro que se trata de una
hipótesis de trabajo que no prejuzga ni la posición en la
Conferencia por parte de España, ni, por supuesto, la posición
del Gobierno español.
Cuando les hablo de economía, y de economía de
Guinea, no incurro en la osadía de contarles a Vds. lo que pasa en su propio país,
que lo conocen mucho mejor que yo, pues, desgraciadamente, no he
tenido la oportunidad de poder conocer la Guinea Ecuatorial.
No les hablo, pues, de la economía de Guinea en
Guinea, sino de la economía de Guinea en España; es decir, de las
repercusiones económicas que tiene su problemática, de sus
sistemas, de sus cultivos, de sus exportaciones, de su régimen
económico, agrícola, problemas que hoy tienen una cierta
solución, la que sea, pero que en el futuro va a ser muy difícil
que tengan, aun con toda nuestra buena voluntad, las mismas soluciones
que tiene hoy. 0 sea que, alterado el "statu quo" en
esta hipótesis de trabajo que estoy manejando, es evidente que determinados
problemas económicos tendrán que plantearse de forma distinta,
aun contando siempre, como Vds. cuentan evidentemente, con, no
solamente el cariño y la cordialidad de España sino por
anticipado con toda su colaboración, y una colaboración abierta,
como es natural, hacia el pueblo de Guinea. Pero insisto en
esto porque es un segundo punto en el que no conviene
insistir: en que la modificación de la estructura económica,
de la situación política actual, tiene que reflejarse en las relaciones económicas inevitablemente, sin que prejuzguemos
si es ni para mejor ni para peor, sino sencillamente que habrá
que reconsiderarlo, puesto que partiremos de supuestos distintos.
En mi exposición no voy a emitir ningún juicio de
valor; no diré que esto es bueno, ni que esto es malo, ni que aquello ha sido
perjudicial o que aquello otro ha sido beneficioso; me limitaré a
exponer el problema tal cono lo veo.
Y, finalmente, señores de la Delegación de Guinea,
permítanme
Vds. que haga una aclaración. Cuando hablo en nombre de la
Administración española, lo hago plenamente consciente de nuestra total y
absoluta independencia respecte de los intereses económicos
en juego; es decir, la posición mía, lo mismo que la de los
otros compañeros que me puedan seguir en el uso do la palabra
es total y absolutamente neutral. Quede esto, por consiguiente, bien claro.
Una advertencia final, respecto al manojo de
cifras. Las cifras, todas las que se relacionan con Guinea, son cifras
aleatorias, o sea, que hay que manejarlas con ciertas reservas.
No tenemos seguridad, en un momento dado, de determinadas
cifras exactamente; sí la tenemos en cuanto a la visión de
conjunto. Una vez utilizamos las del año 1965, a ciertos efectos, otra, las de 1966. Entre las cifras que puedan manejar los
miembros de la Delegación española y las que maneje yo puede haber
discrepancias, pero son discrepancias de una valoración en
un día determinado, una estadística referida a un trimestre
o un semestre, a un año o a otro, pero sustancialmente créenos que el problema es el mismo.
Ahora bien, si incurriéramos en algún error estaríamos dispuestos a rectificar, y no
necesito decirles a Vds, que, tanto en el terreno
particular como en el oficial, estamos total y absolutamente abiertos
al dialogo mas sincero que Vds. quieran tener con nosotros.
Paso con estas palabras previas, pero creo que
eran muy importantes, a examinar dos o tres aspectos, sustanciales, puesto que hoy
no tenemos tiempo de meternos en una serie de detalles como
sería mi deseo. Veamos primero el primer punto que, a mi modo de ver, se esboza
de una manera lógica en cualquier conversación que haya entre miembros de la
Delegación guineana y miembros de la Delegación española; me refiero a sus
intercambios Los intercambios
entre España y Guinea Ecuatorial están en estos momentos determinados
principalmente por tres productos por parte de Guinea: el
cacao, el café y la madera.
Estos tres productos, prácticamente, suponen la casi totalidad de las
exportaciones de Guinea hacia España. Es evidente que las cifras
y los porcentajes diferirán según que el año-base que
tomemos sea el 65 ó el 66, según dispónganos de estadísticas del
67 para la totalidad del año en su día o para el primer
semestre; pero ya les digo a Vds. que creo que sustancialmente
es lo mismo.
España acoge estos tres productos en la
forma siguiente: los dos
primeros, el café y el cacao, dentro de un régimen de
subvención a través de los precios y con una protección no
solamente arancelaria sino en cuanto al régimen comercial Es decir, que el cacao se encuentra en estos momentos en
un régimen de comercio bilateral y el café se encuentra en un régimen de
comercio de Estado Tanto el bilateralismo como el comercio de
Estado quieren decir lo mismo a estos efectos: no hay liberalización;
por lo tanto, no hay competencia exterior prácticamente.
Estos productos suponen, aproximadamente, el 53 por 100 de las _importaciones totales que España
efectúa de Guinea para el cacao y el 27 por 100 para el café; o sea que para cifras
de 1966 nosotros hemos efectuado, aproximadamente, una
importación de 32.000 toneladas -números redondos- de cacao de Guinea lo
cual ha supuesto una subvención, a través de los precios de
unos 350 millones de pesetas, aproximadamente. Comparamos para
obtener estas diferencias
el precio internacional del cacao conseguido en el mercado internacional. Las consecuencias
de este régimen bilateral es que, al estar bilateralizada, no
liberalizada, la materia prima, tampoco lo pueden estar sus
productos elaborados. Me refiero concretamente en este momento,
por ejemplo, al chocolate que absorbe la mayor parte de la
producción de cacao. Por consiguiente, nuestro régimen comercial
del chocolate está condicionado por el régimen comercial de
la materia prima; si la materia prima, el cacao, no está liberalizada, el chocolate no lo puede estar tampoco.
Estos precios más elevados que los del cacao en los mercados
internacionales traen cono consecuencia precios comparativamente más altos en España, del
chocolate, con respecto a los precios de otros países. Ello
ha traído por resultado que
por determinados sectores se haya planteado la
conveniencia de tener que
introducir en España, lo mismo que en otros países europeos, la
posibilidad de la elaboración, no de un chocolate con cacao
sino de un sucedáneo o de un sustitutivo del chocolate con
grasas hidrogenadas; es decir, utilización de las grasas
hidrogenadas en sustitución del cacao, que es una grasa más
eficiente. Posiblemente la calidad del chocolate -no del chocolate, sino de este sucedáneo- sería inferior a la del
chocolate propiamente dicho; pero, en cambio, las clases más
bajas de la población española -digo las clases más bajas
económicamente hablando- dispondrían de un producto más asequible a sus economías.
El cacao se diferencia a estos efectos del café en
que nosotros
no importamos cacao, práctica ni teóricamente de ninguna parte del
mundo. Todo el cacao procede de Guinea Ecuatorial, mientras
que el café, que representa un 27 por 100 es el segundo producto do exportación desde Guinea a
España. Se viene importando del orden de unas 7.000 toneladas
aproximadamente, pero nosotros importamos otras 45.000
toneladas también de países a los cuales nos ligan unos vínculos
de afecto, de sangre y de cultura< los países
hispanoamericanos.
Se ha dicho que España importa más café de Guinea
que el
que realmente produce. No tengo ningún motivo personal para
hacer esta afirmación; tal como se ha dicho, incluso en letra impresa por
tratadistas distinguidos, lo repito únicamente a efectos de que
sea un elemento más que cuente a la hora de encarar las
realidades, no a la hora de juzgarlas. Se dice, se habla, de si al
amparo de estos precios subvencionados, superiores, es posible
que se produzcan determinadas desviaciones de otras zonas más o menos limítrofes que
puedan venir a parar a España por mediación de Guinea. Este comercio desviado pueden
cifrarlo algunos en una cifra del orden de las l.000 a las 2.000
toneladas, aproximadamente.
Finalmente, la madera difiere sustancialmente
del planteamiento del cacao y del café, porque, así como el
café y el cacao están subvencionados a través de los
precios, pagando tanto por
uno como por otro una diferencia el consumidor español, en cambio la
madera tiene la protección a través de la vía arancelaria;
es decir, la madera tropical tiene unos derechos arancelarios
en el momento actual del diez y medio por ciento y una tarifa
fiscal, que se acumula, que es del orden de un seis o un seis y medio por ciento. Esta tarifa
pesa, como es natural, según veremos después, sobre las maderas tropicales que no
son de la Guinea Ecuatorial. Entonces esto canaliza las demandas de
la industria española de la madera hacia la madera de Guinea
Ecuatorial que, comparativamente, salen más baratas, como es lógico,
que las de otros países donde están gravadas con estos
impuestos; pero estas importaciones, que suponen la última
partida, el último renglón de las tres más importantes y que equivalen a un 19 por 100,
aproximadamente, de nuestras importaciones, tienen una protección
a través del arancel. Cono Vds. saben, determinados sectores
industriales españoles, por ejemplo las industrias de
tableros contrachapados, no encuentran que sea muy beneficioso para su sector el mantener esta protección, que consideran elevada por tratarse de una materia prima que, a su vez, grava todos los costos de todas las transformaciones.
Pero así cono los
productos que vienen de Guinea hacia España son
subvencionados aquí por el consumidor para tener precios más
altos, para pagar precios más altos a Guinea, en cambio los productos españoles que España exporta a
Guinea, concretamente el trigo, del cual enviarlos a Vds,
del orden de unas 6.000 toneladas, como nuestro trigo está
también a un precio más alto que el del mercado
internacional, nosotros pondríamos encarecerlo todavía más
con gastos de fletes, transportes, seguros, créditos, etc.; entonces lo primamos
"a sensu" contrario, damos unos veintitantos millones de pesetas con el fin de que los señores do Guinea puedan
recibir una harina de trigo que en vez de salir de aquí a 7 pesetas "fob", salga a 3,50.
Esto, por consiguiente,
creo que es un punto do partida que se refiero meramente a
los intercambios más sustanciales de mercancías, por los
cuales Vds. habrán podido observar que España
está subvencionando las tres actividades exportadoras fundamentales de Guinea a través de la subvención de precios, en los
dos casos más importantes, y a través de la protección
arancelaria, en el caso do la madera.
Como Vds. saben mejor que
yo, por vía marítima, donde se hace este tráfico de mercancías,
dista la Guinea Ecuatorial los puertos del sur español unas
3.425 millas, o sea, expresado en kilómetros, más de 6.000.
Por consiguiente, las compañías que efectúan el
transportes, las comunicaciones entre E
spaña y Guinea tienen que tener una. subvención.
La Compañía Transmediterránea, que efectúa en estos
momentos veintidós servicios, creo recordar (son dieciocho los que tiene estipulados el
contrato para realiza veintidós, una parte para pasajeros y otra para
mercancías), percibo una subvención del Estado español del
orden de los ciento cuarenta y tantos millones de pesetas;
y el tráfico entre Santa Isabel y el continente está a su
vez subvencionado con otra cantidad que, creo recordar, es del
orden de unos seis millones de pesetas aproximadamente. De otra
forma, la distancia entre los dos lugares de origen y
destino de las mercancías, harían, a pesar de las
subvenciones, muy difícil este comercio entre ambas zonas.
Los fletes que se refieren a
la madera han tenido que sufrir reajustes últimamente
por diferencias de densidad de la madera y se
han establecido unas tarifas que contemplan la posibilidad de 700 a
900 kilos, creo recordar, por metro cúbico.
Hay un punto que es absolutamente indispensable
aclarar, que es el del sistema arancelario; a él nos hemos
referido cuando hemos hablado de la madera. En la Ley
Arancelaria de 1 de mayo de 1960 se dice que los territorios
de Guinea Ecuatorial enviarán sus
productos a España sin que de ninguna manera perciban ninguna
tasa de aduanas; los productos españoles hacia Guinea irán
también sin derechos de aduana. Los productos transformados en
Guinea con materias
primas que no sean totalmente guineanas tienen
una bonificación arancelaria de acuerdo con la disposición
séptima del Arancel español.
Pasado un primer momento después de haberse
aprobado la Ley Arancelaria, se estudia la cuestión del arancel de Guinea, no frente a
España, sino frente a terceros, y entonces se concedió para los
territorios de Guinea Ecuatorial un arancel; el mismo arancel que el
español, basado en la nomenclatura de España, a la cual ha
dado conformidad el Estado español, con un sistema de clasificación
de las mercancías, que hoy es prácticamente universal -hay algunos países que no lo tienen, pero, en general,
la mayor parte de los países lo tienen- y este arancel es el
mismo que rige para Guinea frente al extranjero; pero con una
diferencia sustancial, que consiste en que el Gobierno español ha
establecido una serie de reducciones, de rebajas arancelarias
muy considerables para los productos que se importan en Guinea.
Por ejemplo, lo normal es que los productos que en
España
pagan el 40 por 100 o más, en Guinea pagan del orden de un 10 por 100,
y así sucesivamente, y diversos productos no pagan absolutamente nada.
Esto es muy importante que lo tengan presente cuando
examínenos, dentro de unos minutos, el último punto de ni
intervención.
Nosotros, de hecho, sino de derecho, porque
nuestro arancel es un arancel “ad valoren", estamos utilizando el
sistema de la valoración, también del Convenio de Bruselas. Es un sistema
complicado y difícil; pero, sin embargo, es quizás, podríamos
decir, lo mas perfeccionado que hoy existe en materia de valoración
arancelaria, ya que, cono Vds. comprenderán, no es lo mismo
tener un arancel con derechos específicos, que tener los
aranceles con derechos "ad valoren", que es el
sistema general que impera en el arancel español.
Y con esto paso al último punto, porque no
quiero que mi intervención sea larga, para explicarles ahora, examinando sector por sector, el funcionamiento total de nuestro sistema.
Nuestro sistema se basa -el de Vds. y el nuestro, el
de Guinea
Ecuatorial y el de España- sobre una triangulación: España-Guinea-extranjero.
Vamos a ver cono se desarrolla esto.
En primer lugar,
el comercio entre España y la Guinea Ecuatorial en estos momentos. Les voy a dar a Vds. dos cifras, una referida
a 1965 y otra referida a 1966. No tengo los datos de 1967 todavía.
España importó en 1965, 1.689 millones de
pesetas. En 1966, importó 1.329 millones de pesetas.
Frente a estas importaciones de España, constituidas
como han visto, fundamentalmente o casi exclusivamente, por café, cacao y
madera, nosotros realízanos unas exportaciones a Guinea de una gana
de productos mucho más variados, que se cifró en 1965 en 479
millones de pesetas y en 1966 en 358 millones de pesetas.
Esto quiere decir que en números redondos ha quedado
una cifra,
de un año con otro, promediando los dos, de unos mil millones de pesetas
a favor de Guinea Ecuatorial, Es decir, han tenido Vds un
superávit frente a nosotros de mil millones de pesetas.
Pero el comercio de Guinea quedaría incompleto, si
no nos
refiriéramos a este justo complemento, a este ultimo eslabón del
triangulo: comercio entre Guinea Ecuatorial y el extranjero.
Las importaciones en 1965 fueron de 627 millones de
pesetas
y en 1966 de 690 millones de pesetas.
En 1966, Vds. han importado, aproximadamente,
en pesetas el doble del extranjero que de España. La exportación de Vds. al
extranjero ha sido de 108 millones de pesetas en 1965 y de 217
millones en el año 1966, frente a unas exportaciones a España de 1.600
y de 1.300 millones, respectivamente.
Es decir, que a través de un sistema subvencionado
de los
precios, Vds. perciben una cantidad importante que se cifra en más
de mil millones de pesetas por pagos a sus exportaciones a
España, mercado que Vds. tienen acotado en virtud de su régimen, o del régimen comercial español;
pero, en cambio, España, para exportar a Guinea, tiene que competir con los
mercados extranjeros, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, Holanda
... porque, prácticamente, el arancel protector-de Guinea lo ha
reducido de una manera muy considerable y entonces, con
este saldo favorable que Vds. obtienen en definitiva, frente a
su comercio exterior con España, Vds. realizan unas
importaciones procedentes de terceros países.
Las cifras exactamente, como les digo, son difíciles
y habrá
que perfilarlas en su día. Me refiero nada más a lo que podemos
llamar el aspecto general. Aspecto general que queda claramente cifrado,
uniendo las cifras entre España y el extranjero y Guinea
Ecuatorial.
Comercio entre Guinea Ecuatorial y el resto
del mundo, comprendida España: importaciones en el año 1966, mil millones.
Exportaciones, 1.500 millones. Superávit, 498 millones.
Las importaciones que realiza Guinea se pueden efectuar con una
cesión -ya veremos después en qué términos; no necesito aclararlo
ahora, por el momento-. del Instituto de Moneda, en dólares.
Esta cantidad que el Instituto ha puesto a disposición
de Guinea, ha ido aumentando en estos últimos años y ha pasado de
seis millones a nueve millones y de nueve a catorce millones
de dólares, con cuyos catorce millones de dólares Guinea puede atender a estas importaciones, además
de la parte de cacao que Vds. exportan de una manera directa a terceros países,
que es la cantidad excedentaria que no puede recoger España.
Finalmente, y yo creo que con esto queda contemplada,
de
una manera aproximada, la situación general de las relaciones
entre Guinea y España, el Instituto de Moneda les cede, aproximadamente,
del orden de 1.600.000 dólares por la contratación
de los braceros nigerianos.
Estos datos, como les he dicho, son datos generales.
No creo, sinceramente, que haya un error de bulto en
ellos. Si lo hubiera, cono es natural, rectificaría, puesto
que no hay ninguna mala voluntad ni ningún deseo de poder inducir a error a
nadie.
Termino, por consiguiente, como he empezado:
Señores, la alteración del planteamiento político,
puede obligarnos, aunque no quisiéramos nos tiene que obligar necesariamente,
a reconsiderar estos problemas económicos, que yo estimo que
son vitales y sustanciales para Vds., que deben tenerlos
presentes.