ACTA DE LA SESIÓN
DE APERTURA
En
Madrid, a treinta de octubre de mil novecientos setenta y
siete, en el Salón de Embajadores del Ministerio de Asuntos
Exteriores, tiene lugar la apertura de la Conferencia
Constitucional de Guinea Ecuatorial, en Sesión Plenaria, bajo
la Presidencia del Excmo, Señor Don Fernando María Castiella
y Maiz, Ministro de Asuntos Exteriores, y con la asistencia de las Delegaciones del Gobierno español y de la Guinea
Ecuatorial.
La
Delegación del Gobierno español está integrada por los
siguientes señores
Excmo,.
Señor Don Fernando María Castiella y Maiz, Ministro de
Asuntos Exteriores, Presidente de la Conferencia
Constitucional.
Excmo. Señor Don Ramón Sedo Gómez, Subsecretario de Poli
tica Exterior, Vicepresidente de la Conferencia Constitucional.
Excmo. Señor Don José Díaz de Villegas, Director General de
Plazas y Provincias Africanas, de la Presidencia del Gobierno.
Iltmo. Señor Don Eduardo Junco Mendoza, de la Presidencia del
Gobierno.
Iltmo. Señor Don José Gomez Duran, de la Presidencia del
Gobierno,
Iltmo. Señor Don Francisco Ruiz Palú, de la Presidencia
del Gobierno.
Iltmo. Señor Don Alberto del Buey y Duque de Heredia, de la
Presidencia del Gobierno.
Excmo. Señor Don Gabriel Mañueco de Lecea, Director General
de Asuntos de África y Mundo Árabe, del Ministerio de
Asuntos Exteriores
Excmo. Señor Don Marcelino Cabanas Rodríguez, Secretario
General Técnico del Ministerio de Justicia.
Excmo. Señor Don Josó Jorreto Múgica, General Secretario
General del Estado Mayor Central, del Ministerio del
Ejército.
Iltmo. Señor Don Eduardo Vila Corpas, Capitán de Corbeta,
del Ministerio de Marina.
Iltmo. Señor Don Ángel Gregori Malet, Director General de
Asistencia Técnica Tributaria, del Ministerio de Hacienda.
Iltmo, Señor Don Dositeo Barreiro Mourenza, Jefe de la
Secci6n de Asuntos Generales, de la Jefatura Central de
Tráfico, del Ministerio de la Gobernación.
Excmo. Señor Don Rodolfo Martín Villa, Director de Industria
Textil, Alimentaria y Diversa, del Ministerio de Industria.
Excmo. Señor Don Luis Gómez de Aranda, Secretario General
Técnico de la Secretaría General del Movimiento.
Iltmo. Señor Don Joaquin Arnau Ruifernández, Coronel del Ejército
del Aire, de la Subsecretaría de Aviación Civil,
del Ejercito del Aire.
Excmo. Señor Don Leopoldo Zumalacárregui Calvo, Director
General de Comercio Interior, del Ministerio de Comercio.
Excmo. Señor Don Joaquín Juste Costino, Secretario General
Técnico del Ministerio de Información y Turismo.
Iltmo. Señor Don Juan Alvarez Corugedo, Gerente del Plan de
Desarrollo do la Guinea Ecuatorial, de la Comisaría del Plan
de Desarrollo.
Illtmo. Señor Don Manuel Blanque Tripiano, Teniente Coronel
de Infantería, del Alto Estado Mayor.
Excmo. Señor Don Gabriel Cañadas Nouvilas, Secretario
General do la Conferencia Constitucional.
Excusa su asistencia el Delegado del Ministerio de la
Gobernación, Don Dositeo Barreiro Mourenza, Jefe de la
Sección de Asuntos Generales de la Jefatura Central de
Tráfico, el cual había confiado expresamente su
representación para este acto al Excmo. Señor Don Marcelino
Cabanas Rodríguez, Secretario General Técnico y Delegado del
Ministerio de Justicia.
La
Delegación de Guinea Ecuatorial está integrada por los
siguientes señores;
Excmo. Sr. D, Federico Ngomo, Presidente de la Asamblea
General.
Excmo. Señor Don Enrique Gori, Vicepresidente de la Asamblea
General.
Iltmo. Sr. Don Antonio N'Dongo, Diputado por Río Muni.
Iltmo. Sr. Don Miguel Edyand, Diputado por Río Muni.
Iltmo. Sr. Don Fernando Fernández Echegoyen, Diputado por
Fernando Poo.
Iltmo. Sr. Don Marcos Ropu, Diputado por Fernando Poo.
Excmo. Señor Don Bonifacio Ondo Edu, Presidente del Consejo
de Gobierno.
Excmo. Señor Don Francisco Macías Nguema, Vicepresidente del
Consejo de Gobierno.
Iltmo. Señor Don Antonio Cándido Nang, Consejero de
Enseñanza.
Iltmo. Señor Don Gustavo Watson, Consejero de Sanidad-
Iltmo, Señor Don Luis Maho, Consejero de Información y
Turismo,
Iltmo. Señor Don Agustín Eñeso, Consejero de Hacienda.
Ilmo. Señor Don Alfredo Jones, Consejero Nacional por
Fernando Poó.
Ilmo. Señor Don Andrés Moisés Mba, Consejero Nacional por Río
Muni.
Ilmo. Señor Don Edmundo Bosio, Procurador en Cortes por el
Grupo do Cabezas de Familia de Santa Isabel.
Ilmo. Señor Don Prudencio Bolopa, Procurador en Cortes por el
Grupo de Cabezas de Familia de Santa Isabel,
Ilmo. Señor Don José Nsue, Procurador en Cortes por el Grupo
de Cabezas de Familia de Río Muni.
Ilmo. Señor Don Pedro Econ, Procurador en Cortes por el Grupo
de Cabezas de Familia de Río Muni.
Señor Don Armando Climent, Representante del Colegio de
Abogados de la Guinea Ecuatorial,
Señor Don Enrique San Cristóbal Borrat, Representante de la
Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Río Muni.
Señor Don Adolfo Antuña, Representante de la Cámara de
Comercio, Industria y Navegación de Fernando Poó.
Señores Don Clemente Ateba, Don Antonio Eworo, Don Martín
Mbo Mguema y Don Jovino Edu Mbuy, Representantes de Idea
Popular de la Guinea Ecuatorial (I.P.G.E.).
Señores Don Pastor Torao, Don Atanasio N'Dongo, Don Tomás A.
King y Don Ricardo Nvumba, Representante del Movimiento
Nacional de Liberación de la Guinea Ecuatorial (M.O.N.A.L.I.G.E.).
Señores Don Francisco Salomé Jones, Don Justino Mba Nsue,
Don Esteban Nsue y Don Estanislao Kuba, Representantes del
Movimiento de Unión Nacional de la Guinea Ecuatorial, (M.U.N.G.E.),
Señores Don Mariano Ganet, Don Teófilo Bieveda, Don Gaspar
Copariate y Don Francisco Douga Mendo, Representantes de la
Unión Bubi.
Señores Don Wilwaldo Jones, Don Carlos Cabrera, Don Manuel
Nacimiento Ceita y Don Manuel Morgades Besari, Representantes
de la Unión Democrática.
Ilmo. Señor Don Manuel Castillo Barril, Delegado en Madrid
del Consejo de Gobierno de la Guinea Ecuatorial.
Señor Don Vicente Castellón, Representante de la Isla de
Annobón.
Señor Don Lucas Beholi, Representante de la Isla de Corisco.
Señores Don Adolfo Bote Ebola y Don Felipe Ndyoli,
Representantes del NDOWE.
Señor Don Agustin Daniel Grange, Representante de la Minoría
Fernandina.
Una
vez situados en sus puestos los miembros de ambas
Delegaciones, a las diecinueve horas, hace su entrada en el
Salón el Excmo. Señor Ministro de Asuntos Exteriores, quién
fué recibido por los asistentes puestos en pié. La Mesa
Presidencial queda constituida por el Excmo. Señor Ministro
de Asuntos Exteriores, el Excmo. Señor Don Ramón Sedó
Gómez, Subsecretario de Política Exterior, Vicepresidente de
la Conferencia Constitucional, y el Secretario General de la
misma.
A
continuación el Señor Ministro dijo:
EL
MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES:
"Es la fecha de hoy una jornada memorable para el
porvenir de nuestros pueblos hermanos, un hito importante en
la historia de las formas hispánicas de convivencia. Creo que
cuantos estamos aquí reunidos nos damos cuenta de la
trascendencia del momento, No nos guía más que una afán de
acierto y por eso, inspirados en el más elevado y generoso
espíritu, vamos a afrontar la tarea común que tenemos
encomendada".
"Está dicho solemnemente en uno de los principios de
nuestro ordenamiento político que "España, raiz de una
gran familia de pueblos a los que se siente indisolublemente
hermanada, aspira a la instauración de la justicia y de la
paz entre las naciones." Y esta definición, sólidamente
afirmada en una tradición secular y reflejada en el
Preámbulo de la Ley de Bases de vuestra Autonomía, es la que
seguirá informando la política del Gobierno español en el
tema trascendental que aquí nos convoca. Por otra parte, Vds.
son, sin duda, los auténticos representantes de los
sentimientos y afanes de la Guinea Ecuatorial. Y por ello
tienen sobre sus hombros una abrumadora responsabilidad".
"Dispongámonos, pues, con la ayuda de Dios, a iniciar
un diálogo sincero, que pueda abrir el futuro a vuestras
legítimas aspiraciones. Seamos conscientes de que, en
nuestras manos se encuentra el destino de todo un pueblo y
tengamos la seguridad de que, si no estamos a la altura del
momento, la Historia se encargará de enjuiciarnos sin
benevolencia".
"Vive el mundo días a la por grandiosos y dramáticos.
Guerras interminables o guerras por sorpresa, hambre,
ignorancia, luchas internas, discriminaciones raciales o
persecuciones al que proclama la verdad. Pero no todo son ni
han de ser desventuras. Hay también -¿quién podría
negarlo?- un ancho horizonte de esperanzas. La esperanza, ante
todo, de una elevación del nivel moral en las relaciones
entre los hombres y entre los pueblos; la esperanza de la
unión ecuménica de los bautizados en el nombre de Cristo; la
esperanza de unas conquistas de la ciencia y de la técnica,
que van ofreciéndonos en esta tierra una vida más humana,
más digna y más justa y que pueden darnos a conocer otros
mundos en las dimensiones insospechadas del espacio; la esperanza
de hallar unas fórmulas institucionales que superen
los conflictos internos de la sociedad en que vivimos; la
esperanza, en fin, de que todos los pueblos, emancipados de
antiguas tutelas, lleguen a ser dignos partícipes del
concierto mundial. Y es que, realmente, en este cuadro de
ilusiones posibles y razonables deseos, que hay que
contraponer a las incertidumbres de nuestra hora, una de las
más nobles empresas en que estamos empeñados, pese a las
tensiones que ha producido -y que lógicamente produce- es
esta de la descolonización; fenómeno contemporáneo que ha
supuesto -en un plazo que apenas alcanza el cuarto de siglo-
la independencia de más de sesenta países y de centenares de
millones de seres humanos".
"Podría muy bien decirse, con aquel gran escritor y
diplomático que se llamó Ramón de Basterra, que "todos
hemos sido alguna vez colonizados". En la propia
Península Ibérica la colonización de púnicos, griegos y
romanos, constituye una parte relevante de nuestra Historia y
es un factor distintivo de nuestra personalidad como nación.
España, merced a esa vivencia histórica y a las que le
deparó su turbada y fecunda Edad Media, pero sobre todo al
carácter y al sentimiento religioso de su pueblo, ha podido
tener los dominios más extensos de la Historia sin caer en el
pecado nacional colectivo del colonialismo".
"A este respecto, parece oportuno recordar aquí unas
certeras palabras de S.E. el Jefe del Estado, en el discurso
pronunciado ante las Cortes el 3 de junio de 1961. Dijo
entonces el Generalísimo que no puede confundirse la noble
empresa de la colonización, la elevada tarea do alumbrar
pueblos nuevos, entregándoles generosamente -en una
verdadera transmutación espiritual- toda la propia herencia de
cultura, con ese concepto peyorativo y actual, encarnado en dolorosas realidades de hoy, que se ha llamado coloniaje o
colonialismo. Subrayó también, en aquella oportunidad, que
España nunca ha practicado tal colonialismo y que los
testimonios aun vivos de la conducta española son ese
monumento jurídico llamado las Leyes de Indias y esa
admirable obra humana que es el mestizaje americano y el
legado civilizador puesto en manos de les hombres de todo un
Continente. "Y esto lo proclama -afirmó literalmente el
Caudillo- una nación que ha dado vida a veinte naciones que
se desgajaron un día del árbol español como frutos
maduros".
"En efecto, la colonización ibérica del Nuevo Mundo,
como dice Max Weber, se diferencia netamente, en la concepción
y en la práctica de la explotación capitalista que ya en los
siglos XVI y XVII caracterizaba el sistema colonial de otros
países europeos. No hemos de hacer aquí el juicio de la obra
de España en América sobre la quo, afortunadamente, existe
une bibliografía más abundante y rigurosa cada día. Baste
citar, como un ejemplo, e1 libro del profesor Höffner
"La Etica Colonial Española del Siglo de Oro.
Cristianismo y Dignidad Humana", en el que queda claro
que fueron nuestros teólogos, filósofos y juristas los que
en Salamanca y Alcalá formularon, hace tres o cuatro siglos,
la primera teoría de la descolonización. Y no olvidemos
tampoco que, al finalizar la primera Guerra Mundial, la
Sociedad de las Naciones pudo basarse en la doctrina de los
escolásticos españoles para instituir los Mandatos
Internacionales llamados a acelerar la preparación de la
independencia de una serie de pueblos".
"Conscientes de este pasado glorioso, hemos sido
convocados para dar cauce, contenido y meta a esta Conferencia
Constitucional que debe explorar y fijar los principios y las
opciones de nuestra futura convivencia. Para llevarlo a cabo
contamos con una sólida y fundamental base de partida en que
apoyarnos: la peculiar manera de ser que ha otorgado a la
Comunidad hispánica su puesto en el concierto de la
civilización universal. Y ello nos llena de orgullo, pues
viene a demostrar que el impulso que dió nacimiento a veinte
naciones no ha perdido su vigor, ya que sobre los mismos
cimientos se está construyendo esta admirable realidad
hispano-africana que representáis. Las esencias españolas
que impregnan vuestra alma no han anulado vuestra condición
africana, sino que os ayudan a expresarla y a sentirla do
acuerdo con el mundo moderno".
"Cualquiera podrá encontrar aciertos y defectos en la
obra que, con vuestro concurso, hemos llevado a cabo en la
Guinea Ecuatorial; pero no creo pecar de injusto si afirmo
que, sobre todo en términos comparativos su resultado ofrece,
a todas luces, un signo positivo. Las realidades
demográficas, económicas, culturales, sanitarias y
administrativas de la Guinea Ecuatorial son harto elocuentes
para que yo tenga que enumerarlas; pero acaso es más
importante todavía el hecho de que exista hoy una "élite"
guineana como la que Vds. forman, con neta conciencia de las
altas responsabilidades que tienen contraídas ante su pueblo.
En verdad, no queremos seguir la regla colonialista: 'Pas
d'élites, pas d´ennuis", porque el mayor fracaso de un
esfuerzo colonizador está en no saber preparar dirigentes. Y,
para nuestra satisfacción, no en vano son Vds.' la levadura
de estos cuadros políticos y técnicos que el país necesita
para afrontar con seguridad su propio futuro".
"Permitidme ahora que haga algunas consideraciones
retrospectivas que han de mostrarnos la continuidad y
congruencia de la política llevada a cabo por el Gobierno
español en relación con la Guinea Ecuatorial".
"Es evidente que la inserción de España en el actual
proceso de la descolonización se ha producido por la
concurrencia de un conjunto de factores, entre los que cabe
destacar el tradicional sentido de su labor civilizadora,
alejada -como ya hemos subrayado- de la mentalidad propia del
régimen colonialista; su respeto para la voluntad de
autodeterminación de los pueblos, repetidamente proclamado
por nuestros gobernantes; y, finalmente -dejando de lado
corrientes ideológicas de muy distinto signo que postulan la
revisión del fenómeno colonial- la acción desarrollada en
este aspecto por las Naciones Unidas".
"España ingresa voluntariamente en este organismo
internacional el 14 de diciembre de 1955, resuelta, como es
lógico, a aceptar todas las obligaciones de la Carta. No
necesito evocar ante vosotros todas las vicisitudes que
precedieron a nuestra incorporación. Por lo que se refiere al
espíritu que desde el primer momento nos animaba, baste
recordar lo que rotundamente afirmó nuestro Jefe de Estado al
dirigirse a las Cortos Españolas en 1958: "Llegamos a la
Organización de las Naciones Unidas dispuestos a contribuir a
la causa de la paz y de la justicia entre los pueblos, con
toda nuestra tradición jurídica, la de los teólogos
fundadores del Derecho de Gentes, y nuestra singular
experiencia actual". Las palabras que acabo de citar
tienen un alcance extraordinario. La alusión a nuestros
clásicos juristas estaba lejos de ser un mero alarde
retórico. Eran una nueva en la existencia de una comunidad
internacional que, en orden al bien común universal, puede y
debe dictar normas que han de- ser acatadas por todos, si
queremos que un día dejen de imperar entro los pueblos la
sinrazón y la fuerza".
"Estas afirmaciones traerán sin duda a vuestra mente las
magistrales enseñanzas de Francisco de Vitoria cuando, en
Diciembre de 1528, al dictar su "Relectio de Potestate
Civili"-acertadamente considerada como la epifanía del
moderno Derecho Internacional- hizo esta memorable
definición: "El mundo entero, que en cierta manera es una
República, tiene potestad para dar leyes justas y convenientes
a todos, cuales sean las dispuestas en el Derecho de Gentes..." Siguiendo sus huellas, los escolásticos del
XV y XVI –Suárez, Báñez, Valencia y tantos otros
contribuyeron a elaborar, en forma anticipada, una teoría de
la autoridad mundial que sirve de fundamento a los esfuerzos
contemporáneos por instaurarla y que se refleja en la más
reciente doctrina pontificia. A nadie puede extrañar, por
ello, que nuestra Patria, sin abdicar de una soberanía que
respeta la propia Carta de San Francisco, este dispuesta a
cooperar con las Naciones Unidas en todo cuanto sirva a la
causa de la justicia y de la paz".
"El 24 de febrero de 1956, el Secretario General nos
señaló las obligaciones que nos corresponden con arreglo a
las disposiciones del Capítulo XI de la Carta de las Naciones
Unidas. Por nuestra parte, en la XII Asamblea General
celebrada en 1957, anunciamos el propósito de ajustamos al
espíritu do la misma y, consecuentemente, fuimos enviando
la oportuna información sobre los territorios no autónomos
de los que eramos responsables".
"En 1960 tuvo lugar la XV Asamblea General de las
Naciones Unidas. Fué ésta una reunión trascendental en el
histórico proceso de la descolonización. Durante ella
ingresaron en la organización diecisiete países africanos,
recién llegados a la independencia, que hoy son un joven y
prometedor elemento de la comunidad internacional. Ese
"año de África", como fué llamado, aceleró de
modo extraordinario el ritmo hacia el gobierno propio de los
pueblos que eran todavía dependientes. Y el Capítulo XI de
la Carta fuó interpretado y desarrollado en la Resolución
1514(XV) -"Declamación sobre la concesión de la
independencia a los países y pueblos coloniales"- que
consagra como dogma de principio la independencia de los
territorios no autónomos en colofón ineludible del proceso
descolonizador".
"En
aquel momento se produjo una campaña que, desconocedora de la
buena fe y de la limpieza do propósitos de España, podía
haber dado lugar a una condena de nuestra política en los
territorios africanos. Se llegó, incluso, a formular un
proyecto de resolución que censuraba la Ley de 30 de julio de
1959, por la que se constituyeron como Provincias Fernando Poo
y Río Muni, cuando, en la realidad histórica, esta
disposición ha tenido el sentido de otorgar la plenitud de
derechos y la equiparación legal absoluta de los guineanos
con los habitantes de la metrópoli, como paso previo a
posteriores etapas".
"Pero ningún equívoco fue posible desde que el 11 de
noviembre de 1960 nuestro Representante Permanente -el
inolvidable José Félix de Lequerica, mi predecesor y amigo-
afirmó en la Cuarta Comisión la postura española de
colaboración con las Naciones Unidas y de respeto a sus
principios constitucionales y muy especialmente al Capítulo
XI de la Carta. Pasando de las declaraciones a los hechos,
España participó activamente en les trabajos de la Comisión
para la información de los territorios autónomos, que un
diplomático español- Jaime de Piniés llegó incluso a
presidir".
"Nada teníamos que ocultar y nada ocultamos. Las
Naciones Unidas y todos sus miembros, a través de sus
Comisiones, Comité y Organismos especializados, estuvieron
al corriente de la acción del Gobierno español para impulsar
el bienestar de los habitantes de los territorios que le
estaban encomendados, en cumplimiento del encargo sagrado de
promover su futuro. Habíamos escogido voluntariamente una
política y supimos mantenerla con absoluta lealtad".
"Es más, cuando se solicitó por parte de las Naciones
Unidas que las Potencias administradoras facilitaran no sólo
información sobre el desarrollo económico, sociológico y
cultural de los territorios no autónomos, sino también de
carácter político y de su evolución institucional, fué el
Gobierno español el primero que atendió esta demanda,
proporcionando periódica y continuadamente cuantos datos
podría contribuir a conocer este aspecto de su evolución".
"Terminada la etapa preliminar en el proceso
descolonizador
de Guinea, al 27 de noviembre de 1962, nuestro Representante
en las Naciones Unidas, haciéndose eco de instrucciones
concretas do S.E. el Jefe del Estado, afirmó que "...si
por el alejamiento en que viven sus habitantes o por sus
especiales características humanas _quisieran un día
modificar su estatuto actual y su mayoría se decidiese por
este camino, España no crearía ningún obstáculo para
concertar con estas Provincias su futuro,"
"Estas ideas habían sido solemnemente anunciadas algunas
semanas antes por el entonces Ministro Subsecretario de la
Presidencia y hoy Vicepresidente del Gobierno, Almirante Don
Luis Carrero Blanco, en un discurso de capital importancia
-que muchos do vosotros escuchasteis- pronunciado el 19 do
octubre en el Ayuntamiento de Santa Isabel, con ocasión de su
visita oficial a vuestra tierra".
"En 1963 se inicia la
puesta en práctica de estos criterios establecidos por S.E.
el Jefe del Estado y su Gobierno y proclamados ante la
opinión pública nacional e internacional. Este va a ser,
efectivamente, el año de la autonomía de Guinea. Dos
Consejos de Ministros, bien presentes en mi menoría, se
ocupan del tema. El primero se celebra en Barcelona en la
primavera y el segundo tiene lugar a primeros de agosto en San
Sebastián. Como resultado de sus deliberaciones, se redacta
el Proyecto de Ley para regular el régimen de autonomía".
"En la XVIII Asamblea General de las Naciones Unidas, que
se inició el 21 de septiembre de 1963 pude exponer como
España, en un clima de paz, sin actuar bajo la presión de la
violencia, se adelantaba a las aspiraciones de los guineanos y
entendía que había llegado el momento natural en que se
gobernaran por si mismos. Pude también anunciar que este
extremo de Gobierno autonómico, que se proyectaba para ellos,
quedaría abierto naturalmente a la evolución que el tiempo
aconsejara y a la decisión que los interesados tomasen en
virtud del principio de autodeterminación de los pueblos".
"No necesito insistir en las distintas fechas en que. se
concretó la nueva legalidad institucional de Guinea, Ustedes
han sido los protagonistas y guardan vivo, como nosotros, el
recuerdo de aquellas memorables jornadas. El Proyecto de Ley
de Bases fue aprobado por las Cortes el 14 de noviembre de
1963. El Almirante Carrero Blanco lo defendió en el Pleno,
pronunciando un discurso en el que reiteraba los conceptos
expresados por el mismo en Octubre de 1962, en Santa Isabel.
Al finalizar, dijo: "Si un día, cuando este nuevo
sistema rinda los frutos que de él pueden esperarse y las
condiciones económicas de aquellos territorios permitan
nuevos avances, la mayoría de sus habitantes, conscientes de
sus verdaderos intereses y posibilidades, quisieran modificar
en algún aspecto el nuevo Estatuto, España seguirá sin
poner ninguna dificultad en concertar con ellos su
futuro".
"Sometida a Referendum el 15 de diciembre de 1963, la Ley
recibió vuestra aprobación mayoritaria y entró en vigor,
como se había previsto, el 15 de enero de 1964".
"Las estructuras orgánicas de Guinea Ecuatorial
iniciaron así su funcionamiento y a través de ellas el
pueblo guineano ha ido conformando su personalidad de la mano
de España, que fraternalmente le ayuda y protege. Tras las
correspondientes elecciones municipales y provinciales se
llegó a la constitución de los Órganos del Gobierno
autónomo y el 3 de julio de 1964 fue aprobado, por Decreto,
el texto articulado que desarrolla la Ley de Bases, según la
autorización que ésta concedía".
"Pero, como el propio Jefe del Estado aclaró en su
mensaje de fin de año de 1963, "la nueva legislación
queda abierta a futuros perfeccionamientos; si la experiencia
demostrase que era necesaria la reforma, con idéntica
comprensión y generosidad, el Gobierno estaría dispuesto a
un nuevo estudio do la situación. Nosotros entendemos haber
contribuido así a la mejor solución de un problema, creando,
además, los cauces necesarios para un diálogo que deberá
ser siempre mantenido con gran claridad y con elevado
espíritu de colaboración".
"No creo que sea excesivo afirmar que la política
española en Guinea es un ejemplo valioso de las nuevas formas
de convivencia de las comunidades humanas de nuestro tiempo".
"Contemporáneamente a estos acontecimientos, se
presentan en el interior del territorio problemas de
adaptación a las nuevas instituciones, que transcienden
inevitablemente a la esfera internacional. Por tal motivo, las
Asambleas Generales de las Naciones Unidas de 1964 y 1965
vuelven a ocuparse del tema de la Guinea Ecuatorial. En este
último año se aprueba la resolución 2077 en la que se pide
a la Potencia administradora "señalar la fecha más
próxima posible para la independencia". Como es lógico,
España hizo la terminante y explicita reserva de que sólo al
pueblo de Guinea, -dueño de sus destinos- corresponde
adoptar libremente una decisión de tanta trascendencia".
"En junio de 1966 -según veis estamos terminando el
examen de los antecedentes inmediatos de esta Conferencia- el
Comité de los Veinticuatro de las Naciones Unidas se reúne
en varias capitales africanas y lleva en su agenda el tema de
la Guinea Ecuatorial. Ante las falsedades que se habían
difundido acerca de la situación en este territorio, los
Presidentes de su Consejo y Asamblea General sugirieron al
citado Comité que confiase a una Subcomisión, creada al
efecto, el encargo de visitar Fernando Poo y Río Muni para
poder informarse directamente de la realidad. El Consejo de
Ministros, reunido en Madrid, aprobó esta iniciativa. Todos
vosotros recordáis como se desarrolló la visita. No han
faltado las críticas pero es lo cierto que la gran mayoría
de los miembros del Comité de los Veinticuatro elogió
calurosamente la política de España en su territorio
africano y las facilidades otorgadas a los visitantes para el
cumplimiento de su misión, en contraste con las negativas y
dificultades presentadas por otras Potencias administradoras".
"Llegado esto momento, España toma la iniciativa. El 10
de octubre de 1966, nuestro Delegado dió a conocer a los
miembros de la IV Comisión de las Naciones Unidas que el
Gobierno español había decidido convocar una Conferencia
Constitucional para la Guinea Ecuatorial. Habíamos previsto
la reunión de esta Conferencia para los primeros meses del
presente año. Por circunstancias que vosotros conocéis y que
son ajenas a la voluntad del Gobierno español, ha habido
cierto retraso en la iniciación de nuestros trabajos. Ello
motivó que el Comité de los Veinticuatro lamentara, en una
resolución de 12 de septiembre la demora que había sufrido
la Conferencia. En un Consejo do Ministros celebrado pocos
días después en San Sebastián, el Gobierno español, dando muestras de su continuo afán de colaboración con las
Naciones Unidas, fijó la fecha de hoy para la inauguración
de la Conferencia. Y aquí estamos, en definitiva, dispuestos
a comenzar una nueva etapa".
"Su punto de partida han de ser las reuniones que hoy
iniciamos y su finalidad no puede ser otra que la de poner en
manos de vuestro propio pueblo el destino de la Guinea
Ecuatorial".
"Para ello, el Gobierno español ha convocado a
representantes de las Instituciones del Gobierno Autónomo y
de los distintos Sectores de opinión, que lo han solicitado,
en una reunión de amplia base que permitirá, sin duda,
clarificar la situación política actual del territorio,
conocer las aspiraciones de todos los guineanos y establecer
nuevos puntos de apoyo para el futuro. Pero las tareas que
vanos a emprender no pueden limitarse a un mero aspecto
informativo, porque preténdenos abrir un diálogo sereno,
realista y ambicioso que permita examinar las distintas
opciones que se presentan hoy al pueblo de Guinea, al tiempo que buscamos aunar en lo posible los diversos criterios en
beneficio de una solución satisfactoria para todos. Los
resultados y conclusiones a qué lleguemos, una voz estudiados
por el Gobierno, habrán de ser sometidos, por medio del
sufragio universal, a refrendo del pueblo guineano".
"Entiéndase bien cual es la posición de España.
Nuestra Patria no tiene interesas egoístas en Guinea. Sin
embargo, créenos haber contraído con vosotros, a lo largo de
tantos años de convivencia, una irrenunciable responsabilidad
moral. No podemos practicar ese tipo de abandonisno mezquino
que, por paradójico que parezca, corresponde a la última reacción de lo que se ha llamado la mentalidad colonialista.
Nosotros ni pensamos ni actuamos así. Franco ha dicho en su
mensaje de fin de año de 1962 que "... la injusticia
social no se encuentra sólo entre los individuas de una
nación, sino que existe también entre las naciones y un
deber de humanidad llama a las más ricas y adelantadas a
promover el bienestar y el progreso de las otras".
"Coincidía así plenamente con la doctrina expuesta por
el Papa Juan XXIII en su Encíclica "Mater et Magistra"
por el II Concilio Vaticano en su "Constitución sobre la
Iglesia en el mundo actual" y por Su Santidad Pablo VI en
su Encíclica "Populorun Progressio" en la que se
afirma que "para las naciones, como para las personas, la
avaricia es la forma más evidente de un subdesarrollo
moral" .
"Podéis contar, pues, con la ayuda de España, Pero
debéis tener siempre en cuenta que ese mismo Concilio nos
enseña también que "el progreso surge y se
acrecienta principalmente por medio del trabajo y la preparación de los
propios pueblos- y debe ser impulsado no sólo con las ayudas
exteriores sino ante todo con el desenvolvimiento de las
propias fuerzas y el cultivo de las dotes y tradiciones
propias".
"Personalmente, tengo que confiaros que voy a vivir estos
días con la alegría de conoceros mejor y de asociarme a
vuestros más nobles afanes. Cualquiera que sea el rumbo que
oriente vuestros pasos, estoy convencido de que España no se
apartará de vuestro pensamiento ni de vuestro corazón.
Merecéis, en verdad, nuestro aliento y nuestro estímulo
porque emprendéis un canino lleno de dificultades. Como en
toda obra humana, vuestro futuro será esencialmente el
resultado de vuestros propios esfuerzos, de la dedicación
constante e inteligente al desarrollo de vuestra comunidad.
Este trabajo es una responsabilidad que os corresponde, en la
que España no puede sustituiros pero sí esta a vuestro
lado. Deseamos que lleguéis a daros un futuro política y
económicamente viable, de tal forma que al recibir el asentimiento do la comunidad internacional quedéis amparados en
vuestra integridad por los principios de la Carta de las
Naciones Unidas".
"Dejadme que formule, finalmente, un llamamiento a
vuestro sentido de responsabilidad ante la Historia, a fin de
que podáis llegar a una solución equilibrada en que se
compaginen, en la empresa común, la unidad y la diversidad,
olvidando las diferencias que puedan existir entre vosotros
para pensar solamente en la grandeza de las metas que nos
hemos propuesto alcanzar".
"Un ilustre guineano aquí presente, decía hace muy
pocos días: "¿Qué es lo que nos conviene? Indudablemente
la unidad. Unidad en la ideología, en las aspiraciones en pro
del bien de todos, en los esfuerzos colectivos por hallar la
fórmula ara el desenlace del futuro político y
administrativo de nuestro territorio". Tan prudentes
razones tuvieron sin duda presentes ciertos procesos cercanos
a vosotros en el tiempo y en el espacio".
"Efectivamente, pienso también que los factores que os
unen han de predominar, sin anularlos, sobre los que marcan
singularidades dignas de respeto; las dificultades que
pudieran derivarse de la desunión se verían agravadas,
además, por el hecho de las reducidas dimensiones de vuestro
territorio. Pero, frente a estos peligros, vosotros contais,
además del buen ánimo, con vuestra homogeneidad. Tenéis la
lengua castellana, la cultura española, y la religión
católica como lazos que además de uniros, os otorgan una
personalidad propia dentro del conjunto africano al que
pertenecéis".
"Creo por eso, firmemente, que esta homogeneidad es el
legado más importante y permanente que os entrega España. Y
en estos momentos en que alborea vuestro destino, vosotros no
podéis defraudarla".
A
las diecinueve horas cincuenta minutos, el señor Ministro
terminó su discurso, que fué acogido calurosamente por todos
los asistentes, quiénes le tributaron unánimes y prolongados
aplausos. Acto seguido el señor Ministro concede la palabra
al Excmo. Señor Don Federico Ngomo, Presidente de la Asamblea
General de Guinea Ecuatorial, el cual se dirigió al Pleno de
la Conferencia en los términos siguientes:
El
SEÑOR NGOMO:
"Excmos. Señores, Iltmos. Señores:
"En primer lugar, quiero haceros patente el
agradecimiento del pueblo de Guinea Ecuatorial hacia el
Gobierno español, por la buena disposición que esta
demostrando para conocer nuestros deseos y aspiraciones
intentando dar satisfacción y representación a todos los
sectores y "grupos de opinión". Deseo que este
sentimiento sea hecho llegar por V.E. al Jefe del Estado,
Generalísimo Franco".
"Nos damos cuenta de que esta posición española,
abierta y limpia, no es entendida en su exacto sentido por
muchas nociones y deseo manifestar aquí, con toda claridad,
que tenemos una libertad efectiva para expresar todos nuestros
criterios; precisamente por esta libertad, surgen grupos e
incluso personas individuales que intentan arrogarse la
representación del pueblo guineano y aventuran opiniones
personales que son fácilmente creídas en el exterior,
posiblemente porque en política cada cual sólo cree lo que
le interesa creer".
"Seríamos mal nacidos si no reconociésemos aquí la
magnífica labor española de estos últimos treinta y un
años. Son muchos los aspectos en los que estamos vinculados a
España porque de ella hemos recibido mucho, y sería prolijo
hacer una enumeración que nunca podría resultar completa. Es
posible que haya quien critique algún aspecto de esta labor,
y esta crítica es buena prueba de la libertad con que se
desarrollan las relaciones sociales en nuestro país; libertad
que yo me atrevo a calificar de excesiva en muchos casos, ya
que las críticas carecen de valor y de sentido cuando no se
apoyan en hechos fundados y meditados.
"No voy yo a prejuzgar aquí el resultado de esta
Conferencia Constitucional, ni tampoco a indicar mi opinión
personal sobre las peticiones que vamos a hacer al Gobierno
español ya que éste es trabajo a realizar durante estos
días; simplemente quiero significar que voy a intentar
recoger lo más estrictamente posible el sentir y los deseos
del pueblo guineano, ya que. como representante del mismo es
nuestra obligación ineludible".
"Una cosa más me queda por decir: sea cual fuere el
futuro de nuestro país, estoy seguro que los lazos
culturales, religiosos y humanos que nos unen a la Nación
española no podrán romperse jamás, con independencia de la
evolución política o económica a la que lleguemos".
"Estoy seguro que el Gobierno español sabrá interpretar
convenientemente nuestras sugerencias sobre la independencia
de Guinea, porque en definitiva nosotros esperamos que sea el
Gobierno español y no ningún Organismo Internacional quien
marque las etapas de nuestro desarrollo político. Confiamos
en que se nos orientará y se nos aconsejará sobre lo más
conveniente; es más, exigimos que se nos corrija y se nos
hagan ver los errores en los que podamos caer por razones de
inexperiencia".
"Por último, quiero proclamar aquí el orgullo que todos
los guineanos sentimos de pertenecer, ya para siempre, a la
estirpe Hispánica de naciones".
"Muchas gracias". (MUCHOS APLAUSOS).
A
continuación el señor Ministro dijo:
EL
MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES:
"Señores, quedan inaugurados' los trabajos de la
Conferencia Constitucional". (APLAUSOS),
Seguidamente se levantó la sesión.
Antes de abandonar el Salón de la Conferencia, el señor
Ministro felicita efusivamente al señor Presidente de la Asamblea
General de Guinea Ecuatorial por las palabras que había
pronunciado y se despide de todos los miembros de ambas
Delegaciones, estrechándoles la mano. Son las veinte horas y
cinco minutos.
DON
JOAQUÍN CASTILLO MORENO, Marqués de Castro de Torres,
Coordinador de la Conferencia en funciones de Secretario de la
Sesión de Apertura, doy fe de cuanto antecede. Madrid, fecha
ut supra.
[Va
la firma]
Editado y
distribuido por ASODEGUE

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