HISTORIA DE GUINEA

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 66. EL OPTIMISMO DE OBIANG.

Obiang se muestra  optimista en todas sus  declaraciones públicas.  Aunque en forma muy lenta, es cierto que el país  ha experimentado una cierta mejoría y que, si bien está lejos de ser una  democracia, el régimen no es especialmente  cruel y sanguinario. Sin embargo, al cumplirse 20 años de vida independiente, no se puede decir que la situación sea buena y lo único que está claro es el alejamiento de España. 

Desde comienzos de 1988 se anunció un viaje de Felipe González a Mozambique y a Angola, realizando al menos una escala en Guinea para cumplir la promesa de visitar el país, reiterada desde que en 1983 se superó la crisis del asunto Mico. Pero el semanario  El  Globo  aseguraba  a mediados  de  año  que  Felipe González no se ponía al teléfono cuando llamaba  Obiang, a diferencia del trato afectuoso que dispensaba el rey de España al dirigente guineano.

Era tan irreversible el alejamiento de España como la progresiva francofonización de Guinea Ecuatorial, aunque Obiang  repetía que "es absurdo" plantear esto porque Guinea seguía considerando a España como "la madre patria". Se podía observar la reciente presencia de Francia, directamente o por medio de los países francófonos de la zona. Empresas francesas controlaban ya el sistema telefónico y de telex, los puertos y aeropuertos de Malabo y Bata, y la distribución de electricidad y carburante; fue desplazado el Guinextebank y se intentaba sacar adelante una compañía aérea nacional. También se avanzaba en la construcción de una gran central eléctrica en Riaba, impulsada por Francia aunque sufragada con fondos comunitarios.

"No sorprende que, sin poner en tela de juicio su acendrado españolismo, Guinea Ecuatorial, a tientas y no sin inocente torpeza, haya buscado disciplina en la única oferta posibles la del Área francófona del África central", decía El País en un editorial publicado el 29 de febrero de 1988. Según el diario, Francia había impuesto "los controles económicos y financieros que nunca le exigió España" y afirmaba que "una colaboración realista con Francia podría dar ahora resultados positivos para el desarrollo de nuestra antigua colonia".

En cualquier caso, Guinea Ecuatorial no puede dejar de interesar a España, aunque ahora en una perspectiva más relativa y quizá por las mismas razones que obligan a los Estados Unidos, la Unión Soviética y China a mantener abiertas embajadas en una ciudad de menos de unos 25.000 habitantes. Para  Le Courrier, la revista bimestral de la CEE dedicada a la cooperación internacional, "el golfo de Guinea se ha convertido en el segundo campo petrolero del mundo".

Sin duda porque todavía tiene amplias posibilidades, pese al abandono de Hispanoil de la zona tras realizar unas costosas campañas de prospecciones, la compañía británica Britoil adquirió a comienzos de 1988 una concesión de explotación petrolífera en una amplia zona marítima al sur de Río Muni, en las disputadas aguas con Gabón, según informaba la revista francesa  Marches Tropicaux. Es difícil pensar que no hay petróleo en Guinea, cuando sus tres vecinos, Nigeria, Camerún y Gabón, están entre los principales países productores del África negra.

Según  Le Courrier, "Francia es el país que más se ha acercado a Guinea Ecuatorial" y subraya que con la ayuda de París se creó en Malabo una sucursal del Banco Internacional para África Occidental (BIAO) , con un 51 % del capital del banco y el resto de capitales públicos y privados guineanos. "Uno de los signos tangibles de la cooperación franco-guineana es la rápida extensión de la lengua francesa en el país, donde se ha convertido incluso en la "lengua de trabajo"..., además de la creación de un centro cultural francés en Malabo", decía la revista.

"Es una realidad que la integración en la UDEAC que hemos propiciado ha supuesto grandes ventajas para la población", afirmó el presidente Obiang en la entrevista que le hizo  Le Courrier  en enero de 1988. El militar destacaba el hecho de contar con una moneda convertible, que supuso el comienzo de la normalización comercial con los países de la zona, y el inicio también de la lucha contra la especulación.

Obiang manifiesta que en el aspecto político su gran logro ha sido llevar la paz al país, aunque reconoce que la situación económica se encuentra muy deteriorada, debido al pasado y a la recesión mundial que coincidió con el derrocamiento de Macías. Actualmente el problema de la deuda externa asfixia el desarrollo económico, a juicio de Obiang, quien pide que se condonen las deudas a los países más atrasados, o al menos que los estados desarrollados acepten su renegociación y den facilidades para el pago.

Una vez emprendida la reorganización de la Administración, con la ubicación de funcionarios franceses o de los países vecinos en determinados ministerios claves y organismos fundamentales, como es la Aduana, el anquilosado aparato burocrático guineano comenzó a desperezarse.

El presidente guineano también ha cambiado desde su acceso a poder en 1979 y, sin que haya superado su timidez, actúa con más seguridad. Hizo la carrera de Derecho en la UNED, con ciertas ayudas, excepto en algunas asignaturas como en Derecho Mercantil en la que un celoso profesor le suspendió en bastantes convocatorias. En 1979 era teniente coronel y hoy es ya general, aunque realmente el uniforme militar se lo pone en escasas ocasiones. Lo que está claro es que Obiang no sólo se preocupa de gobernar el país, sino que también vela por sus intereses. Según Emiliano Buale, atesara en diversas cuentas bancarias en el exterior unos 6.000 millones de pesetas.

La recuperación económica del país avanza a un ritmo lentísimo. Como afirmaba la revista Jeune Afrique en octubre de 1988 es difícil que la situación mejore cuando es necesario preguntarse si realmente existe una economía ecuatoguineana, teniendo en cuenta que el país importa productos por un valor seis veces superior a lo que puede exportar: un poco de cacao (menos de 10.000 toneladas, que suponen el 71,5 % del total de las exportaciones), algo de madera (6.500 metros cúbicos, el 24,4 %), un poco de café (2.500 toneladas)... y muchos ciudadanos.

Obiang insiste una y otra ves, especialmente cuando quien le pregunta es algún medio de comunicación español, que "hablar de francofonización es, hoy por hoy, una especulación periodística". Sin embargo, tras ensalzar las raíces de la cultura hispánica en una entrevista concedida a El País y manifestar que "me siento profundamente hispánico, porque esta es la cultura que he recibido de mis padres", Obiang reconocía que "ahora me veo obligado a aprender francés para desenvolverme en las reuniones de la UDEAC". Obiang no excluía, en marzo de 1988, que "si España no interviene,  dentro de 50 años, ocurra con Guinea lo mismo que pasó con Filipinas". Carlos Guerrero,  que hasta finales de 1987 dirigió  el  Centro  Cultural Hispano-Guineano,  pensaba que si seguían así  las cosas el castellano se perdería  en  un mucho más breve, que fijaba en unos diez años.

Durante los últimos años, España ha mantenido estabilizada su ayuda a Guinea en casi dos mil millones de pesetas, mientras aumentó el presupuesto dedicado a la cooperación internacional, por lo que de hecho se produjo un descenso en la importancia de la cooperación con la antigua colonia africana. No parece que en los próximos años se pueda invertir esta tendencia, aunque España, si quiere homologarse con los países de su entorno, debe incrementar en gran manera los 43.000 millones de pesetas dedicó a la ayuda al exterior en 1987, pues sólo suponían el 0,15 % del Producto Interior Bruto y la media de los países de la OCDE está en el 0,36 % del PIB. En 1988 sólo se aumentó en mil millones de pesetas la ayuda al exterior, pero en 1989 subió a 87.000 millones, de los cuales 14.367 millones eran aportaciones españolas al Fondo Europeo de Desarrollo (FED) y a otros organismos internacionales. Italia, por ejemplo, destina un 0,3 % de su PIB y Suecia u Holanda rondan el 0,85 %, mucho más cerca del 1 % recomendado por la ONU para los países industrializados.

El secretario de Estado para la Cooperación Internacional e Iberoamérica, Luis Yáñez, ha reiterado el interés de España por incrementar su presencia en África, pero fundamentalmente se está orientando hacia las antiguas colonias portuguesas, especialmente Angola y Mozambique. Aunque España se había convertido al comienzo de 1988 en el quinto contribuyente de los créditos del Fondo Europeo del Desarrollo (FED), que concede la CEE, tan sólo una empresa española había sido designada para llevar adelante, en Mozambique, uno de los 200 proyectos que se licitan anualmente. España debía entregar casi 70. 000 millones de pesetas durante el periodo 1986-1990.

En el "Programa 2.000", donde se esbozan los objetivos nacionales que plantea el Partido Socialista Obrero Español a medio plazo, se anotaba que la cooperación en Guinea Ecuatorial "debe ampliarse a fin de no ceder cuotas de influencia a otros países con intereses en la zona". De todas formas, reconoce que en África, igual que en Asia Oriental o en el Pacífico, "España debe ser consciente de lo limitado de su papel, e intentar aprovechar su participación en la CEE para intervenir en iniciativas en esas zonas del mundo". Es curioso que se plantee "no ceder cuotas de influencia" tan sólo un lustro después de haber entregado Guinea Ecuatorial a Francia.

A  finales  de  mayo  de  1988,   Obiang  manifestó  que  la cooperación de Guinea Ecuatorial con Francia "no equivale a una sustitución de la española, como muchos lo creen". Aunque Obiang decía que la cooperación era "conforme a las posibilidades económicas españolas", se quejaba por la reducción que aseguraba había experimentado la ayuda española en relación con la que recibía al principio de los años 80 y lamentaba, de nuevo, la desaparición  del  Guinextebank. Señalaba que el español era "insustituible"  en  Guinea  Ecuatorial, pero dijo al diario Liberation que el francés se había convertido en el idioma que permitía  la  integración  guineana entre los  países del África Central.

Y en otros sectores también se iba avanzando poco a poco. La compañía Ecuatoguineana de Aviación se hizo en septiembre de 1988 con un Foker 27, con 44 plazas, de segunda mano, con el fin de unir a Malabo con Bata y también realizar algunas trayectos a Duala y Libreville. El ministro de Telecomunicaciones y Transportes, Demetrio Eló, agradeció a los responsables de la cooperación francesa "su apoyo decisivo" para superar el problema que suponía la geografía del país. Los franceses, que habían creado la empresa mixta Ecuatoguineana de Aviación en 1986 con un capital  de 170 millones de francos cfas,  acababan de hacer  una ampliación  a  300 millones de francos cfas (unos 80 millones pesetas). Evidentemente era un proyecto modesto, pero pretendía ser el embrión de la compañía guineana de aviación.

Por supuesto, en 1988 ya era ASEGNA, la empresa encargada del mantenimiento de los aeropuertos en los países africanos francófonos, la que tenía la responsabilidad de los aeropuertos guineanos, aprovechando las inversiones realizadas por España.

Por parte española, seguían repitiéndose esos hechos aparentemente estúpidos, pero que dejan traslucir una gran carencia de entendimiento. A primeros de junio, el director del colegio Santiago Apóstol de Aranjuez denunció la desaparición de una de sus alumnas, llamada Mercedes Obiang. Unos días después apareció la niña, de 13 años, hija del presidente guineano, en la casa madrileña del embajador Eduardo Ndong, quien acusó al director del centro de alarmista, "pues ya existían precedentes de escapadas anteriores". Según dijo la niña, que fue centro español y trasladada a otro francés, se marchó porque la directora de la residencia donde dormía la insultó y porque "quería ver a mi hermano Juan Bertín", que vive en Madrid.

El encargado de negocios de la Embajada española en Malabo, Ramón Gil Casares, sufrió un desaire de las autoridades guineanas el 25 de junio. Organizó una recepción con motivo de la celebración de la onomástica del rey don Juan Carlos y ningún ministro del Gobierno se acercó al acto, muestra de lo frías que estaban las relaciones al comienzo del verano de 1988. En ausencia del embajador seguía asumiendo la responsabilidad de la representación española en Guinea el coordinador de la cooperación. Aunque se había creado este cargo para separar los asuntas de la cooperación, fundamentalmente técnicos, estaba claro que España no los tenía nada diferenciados de los propios de una Embajada. En julio llegó a Malabo Manuel Alabart Fernández-Cavada, el sexto  embajador de España en Guinea Ecuatorial desde agosto de 1979, para sustituir a Antonio Núñez. 

Y llegó el 12 de octubre de 1988, vigésimo aniversario de la proclamación de independencia. Aunque el proceso de liberación de una colonia de su metrópoli haya sido más o menos sangriento, lo normal es que un hecho así se celebre por ambas partes con el realce que merece. Ni los guineanos supieron otorgarle la importancia que tenia para ellos este aniversario, ni los españoles tuvieron el gesto de darle demasiada relevancia. Nadie esperaba ya que viajara Felipe González a Malabo con motivo de esa fecha, aunque se había comentado unos meses antes, pero los guineanos se sintieron molestos por el nivel de la delegación enviada por España, encabezada por el ministro de Relaciones con las Cortes, Virgilio Zapatero. El aniversario pasó inadvertido para la mayoría de los medios de comunicación españoles.

Zapatero viajó a Malabo con el propósito de transmitir al presidente Obiang "la intención y el deseo del Gobierno español de mantener la cooperación con Guinea Ecuatorial".

Las autoridades guineanas habían decidido celebrar todos los actos del 12 de octubre en Bata, capital de Río Muni, confiadas en una participación más entusiasta de la población continental, mayoritariamente fang. Los bubis de la isla se dedicaron a recordar con añoranza cómo era su existencia veinte años antes y a relatarles a sus hijos cuentos del pasado.

El arzobispo de Malabo, monseñor Rafael María Nze Abuy, elogió el papel de España en la historia de Guinea Ecuatorial durante la homilía pronunciada en la misa conmemorativa del XX aniversario de la independencia. En la eucaristía, celebrada en la catedral de Bata, estuvo presente el Gobierno en pleno y delegaciones de diversos países. Monseñor Nze Abuy agradeció y reconoció el papel de España, "madre de los pueblos de la Hispanidad, de quien Guinea Ecuatorial ha recibido la religión católica, la civilización cristiana, la cultura eurohispana y la lengua, medio de comunicación con la madre patria, el mundo hispánico e internacional".

Tras afirmar que Guinea Ecuatorial se siente orgullosa de pertenecer a la comunidad hispánica de naciones, el obispo subrayó que su acceso a la independencia."no fue pasar de la esclavitud, de la tiranía o de la opresión a la libertad, sino fruto de un parto indoloro, tras una gestación normal". Luego criticó la dictadura de Macías y pidió que "jamás volvamos a dar pie, con nuestra actuación, a que en el futuro de nuestro pueblo se reproduzcan los hechos que tanto mancillan nuestro pasado".

Virgilio Zapatero entregó a Obiang un mensaje personal de felicitación del rey Juan Carlos, con motivo del aniversario de la independencia, y en el que le invitaba a realizar una visita a España, en buena medida en desagravio por la frustrada escala en Madrid de diez días antes. Zapatero comentó al delegado de EFE que el mismo Obiang y todos los ministros con los que habló le habían mostrado su satisfacción por la cooperación solicitando únicamente que aumentara.

En  España se había aventurado que, con motivo de del 12 de octubre,  las autoridades guineanas podrían conceder indulto  o  una amnistía que permitiera poner en libertad a los presos políticos, especialmente a los recién juzgados, o al menos reducir sus condenas, pero nada de esto ocurrió y Zapatero no logró ningún gesto de gracia en favor de los guineanos que tenían nacionalidad española. Unos días más tarde Severo Moto denunció en  Madrid  que  Jones  y los otros dirigentes  del  Partido  del Progreso seguían en prisión, sufriendo apaleamientos diarios.

"Guinea Ecuatorial, que celebra hoy miércoles el vigésimo-aniversario de la independencia, se encuentra todavía a la búsqueda de su identidad política y de su desarrollo económico, a causa de su historia y de su geografía singulares entre los países del África Central que la rodean", comentaba un enviado especial de la agencia France Presse. Tras analizar la historia de Guinea, el infortunio de su primer presidente y el dominio del clan  de Mongomo el periodista anotaba  que las autoridades guineanas seguían culpando al "negro periodo de Macías", nueve años después de su desaparición, para explicar las razones del subdesarrollo y de la pésima situación económica.

El informador también explicaba en su crónica que el paso de Guinea al ámbito francés "no parece haber sido aceptado por todos los ecuatoguineanos, ni por Madrid, que ven cómo poco a poco su única ex-colonia del África negra se aleja de su influencia", y afirmaba que en 1987 Francia había superado por primera vez en la historia a España en la suma total de ayuda oficial concedida a  Guinea, al destinar a este fin 176 millones de francos.

En forma simultánea al aniversario de la independencia, se celebró en Bata el primer congreso del Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE). En contraste con las alabanzas vertidas por el obispo Nzé en su homilía del 12 de octubre» y de los elogios a la cooperación española dedicados por Obiang al ministro  Zapatero,  el presidente guineano,  siguiendo un juego practicado asiduamente en los últimos años, se mostró muy critico con España en un acto de consumo interno, como fue la clausura del congreso del PDGE, realizada el domingo 16 de octubre.

Guinea Ecuatorial vive "por primera vez su verdadera libertad, después de once años de dictadura y de casi dos siglos de explotación indiscriminada y despiadada", dijo Obiang en el acto de clausura del congreso. El presidente guineano, sin nombrar nunca a España, afirmó que durante la época colonial "hubo constantes convulsiones políticas cuyo análisis revela un pasado lleno de amargura por la dominación extranjera, la explotación indiscriminada y despiadada de los recursos humanos y naturales, la privación del uso de derechos civiles y políticos y la persecución contra las personas".

El gobernante guineano recordó a los "héroes que lucharon contra estas fuerzas invasoras" que sometieron al pueblo a tratos "inhumanos y crueles". Sin embargo, lo que Obiang no comentaba es que mientras aquellos líderes anticolonialistas sufrían el rigor de la Guardia Civil española, su tío, el primer gobernante de Guinea, trabajaba como funcionario de ayuntamiento y él mismo recibía educación castrense en la Academia General de Zaragoza. Según Obiang, los españoles habían apoyado "la política tribal y étnica propia de la tribu bantú para fomentar la división del país y perpetuar el arraigo de sus intereses".

Por último, utilizando esa mezcla de cinismo e inseguridad que le caracteriza, Obiang agradeció su designación como presidente del PDGE tras señalar que "quizá no sea yo el mejor guineano que deba asumir esta gran responsabilidad, pero si así lo ha deseado el pueblo, acepto esta gran prueba como un deber que impone la patria".

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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