HISTORIA DE GUINEA

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 60. BORRÓN Y CUENTA NUEVA.

El presidente Teodoro Obiang terminó el año 1987 pidiendo "borrón y cuenta nueva" en las relaciones con España. Pero ya era impensable que las autoridades españolas modificaran su planteamiento y lo único posible era introducir cierto orden en la cooperación y "limpiarla" de elementos corruptos. Luis Yáñez no asistió a la celebración de la V Comisión Mixta Hispano-guineana, según se dijo por tener otros compromisos. Esta reunión se había atrasado y, en lugar de realizarse en noviembre, como era habitual, tuvo lugar en febrero de 1988. Por primera vez una reunión de este tipo se pospuso a petición de España, debido fundamentalmente a los problemas que habían surgido en la cooperación y a que faltaba por solucionar el caso del Guinextebank.

A mediados da noviembre de 1987 Fernando Riquelme, el director de la OCGE, viajó a Malabo para preparar la V Reunión de la Comisión Mixta y tranquilizar a los cooperantes, preocupados por las informaciones de prensa que estaban apareciendo. El corresponsal de la Agencia EFE afirmaba que la cooperación española y las relaciones con Guinea atravesaban un periodo "muy delicado". Los españoles allí residentes veían los progresivos avances franceses en asuntos como la Seguridad y Defensa, la creación de la compañía Guinea Ecuatorial de Telecomunicaciones S.A. (GETESA), el monopolio energético de la empresa GETOTAL y la construcción de la central hidroeléctrica de Riaba, al sureste de Bioco. También comentaban los esfuerzos para crear la compañía Ecuatoguineana de Aviación y el traspaso del control de los aeropuertos a la Asociación para la Seguridad en la Navegación Aérea en África y Madagascar (ASEGNA).

Incluso se decía que la compañía Iberia, debido a una deuda del Gobierno guineano que se elevaba a 1.200 millones de pesetas por la compra de billetes nunca pagados, podría dejar de volar a Malabo y ser sustituida por la francesa UTA, de gran implantación en África. La deuda de Guinea con Iberia había sido renegociada en 1985 en el Club de París, pero el Gobierno de Obiang no había cumplido sus compromisos y simplemente se había limitado a pagar los intereses.

De todas formas, como señalaba en febrero de 1988 la revista Le Courrier, editada por la CEE, "España, a pesar de un distanciamiento en sus relaciones con Malabo durante los últimos años, sigue siendo el principal socio económico bilateral de Guinea Ecuatorial". En 1986 aportó el 33 % de la ayuda exterior llegada al país africano, seguida por los distintos organismos de ayuda de la ONU (27 %) , el Banco Africano de Desarrollo (7 %} , China (7 %) y la CEE (5%).

A finales del año se comentó de nuevo en varios periódicos el posible relevo del embajador Núñez y García-Saúco, que ya llevaba tres años y medio en Malabo. ABC afirmaba que la persona con más posibilidades para sustituirle era Antonio Sánchez Jara, en  esa  momento  director  general de Política para el África Subsahariana, el último embajador en Guinea antes de que España rompiera relaciones con el régimen de Macías y la persona que se hizo cargo de la Embajada en Malabo, unos días después del "golpe de libertad", hasta el nombramiento del primer embajador.

Sánchez Jara no ocultaba que le agradaba el cargo y algunos altos funcionarios de Exteriores pensaban que era la persona idónea, por su seriedad y experiencia africana y guineana. Pero para otros precisamente esta última característica lo hacía poco aconsejable. Preferían enviar a alguien que no hubiera tenido ninguna relación anterior con Guinea.

El cambio del embajador seguía retrasándose, pero en enero de 1988 Ramón Gil Casares fue nombrado coordinador general de la Cooperación española. Gil Casares, que sustituyó a Enrique Bernaldos, conoce los vicios e irregularidades de la cooperación, pues este joven diplomático comenzó su carrera profesional en Malabo, en julio de 1982, como secretario de Embajada.

Teodoro Obiang, en una de sus esporádicas llamadas a la buena voluntad a las autoridades de Madrid, pidió que comisiones parlamentarias de los dos países investigaran la acción española en Guinea y el funcionamiento de la cooperación. Aprovechando que se encontraba en Malabo un equipo de TVE para rodar un Informe Semanal, Obiang manifestó que España y Guinea debían empezar por reconocer los errores cometidos por las dos partes "y analizar la realidad de la cooperación para que nuestros pueblos conozcan la verdad". El gobernante guineano- daba una muestra de sensatez con estas declaraciones, nunca expresadas de forma tan nítida por el lado español, aunque algunos consideraron un insulto la comparación del Parlamento español con el de su país, "como los gobiernos pueden ocultar datos, convendría que se confíe este análisis a otras instituciones, como los parlamentos, depositarios de la soberanía popular".

El militar pidió que España mantuviera su participación en el Guinextebank y aseguraba que los problemas financieros de la institución se debían a que nunca se habían hecho propuestas de ampliación de capital suficientes para cubrir las necesidades del banco. En resumen, para el presidente guineano "el futuro de las relaciones con España deberían basarse en un borrón y cuenta nueva".

Obiang resaltaba la importancia que tenía la influencia española en Guinea: "aquí respiramos lo hispánico. El arraigo de la cultura española es muy profundo". A su juicio, la mayoría de los problemas de la cooperación y la falta de eficacia se debían a que había habido "incertidumbre y recelo". Terminaba sus palabras expresando la esperanza de que España potenciara la cooperación bilateral, "pues somos el único país de habla española en África, y no tenemos la intención de abandonar la lengua y cultura española y la prueba está en que la Constitución de Guinea Ecuatorial garantiza el idioma español como la lengua oficial del Estado".

En ese momento Obiang enviaba mensajes conciliadores al Gobierno español con el objetivo de que el Banco Exterior de España reconsiderara su salida del Guinextebank, cosa ya decidida por las autoridades de la entidad financiera. También se preparaba la V Reunión de la Comisión Mixta Hispano-Guineana y las autoridades españolas elaboraban el Plan Anual de Cooperación Internacional (PACI), en el que en principio se acordó conceder a Guinea algo más de 1.800 millones de pesetas, cantidad similar a la de años anteriores, lo cual suponía de hecho un descenso pues el presupuesto global de la ayuda española al exterior había aumentado.

El presidente guineano, en una entrevista concedida a la revista Le Courrier. anotaba que aunque "algunos países nos ayudan más que España", Guinea "necesita su cooperación en todas las. áreas". Obiang consideraba que las relaciones eran "normales", especialmente intensas en el área de la cultura, "pero existen actualmente algunas dificultades, debido al hecho de que Guinea Ecuatorial ha diversificado su cooperación internacional". Opinaba que el ingreso de Guinea en la UDEAC, que comparaba con el de España en la CEE, "no debería ser un obstáculo para que prosiguiera nuestra cooperación bilateral", pues "seguimos considerando a España como la madre patria".

A finales de enero,, poco antes del comienzo de las reuniones de la Comisión, que se había atrasada desde su fecha habitual de celebración, en noviembre, las autoridades guineanas pidieron a España que mantuviera su programa de asistencia en materia de Aviación Civil. Los técnicos españoles de Aviación Civil, habían transmitido a sus colegas guineanos el malestar de España por la firma de los acuerdos con ASEGNA para que esta multinacional africana, controlada por Francia, fuera asumiendo paulatinamente la responsabilidad de los aeropuertos guineanos. Los españoles comentaron que ante la llegada de los franceses se planteaba una "casi insalvable incompatibilidad", por lo que ellos deberían salir del país. Esto podría complicar el sistema de comunicaciones aéreas guineanas, además de tener que realizar las autoridades de Malabo fuertes desembolsos para adquirir nuevos equipos y homogeneizar los servicios en Malabo y Bata con los de los aeropuertos africanos.

España había reparado la pista de aterrizaje y ampliado las cabeceras para que pudieran girar bien los grandes DC-10. Los técnicos españoles lucharon para mantener los servicios contraincendios y el balizamiento de la pista en condiciones aceptables, instalaron un aparato de radioayuda para la navegación aérea, recuperaron una central eléctrica situada en el aeropuerto de Malabo y establecieron otras mejoras. Según el corresponsal de EFE en Malabo, el total de asistencia y material donados par España entre I985 y 1987 para este capítulo ascendía a 200 millones de pesetas.

Los guineanos estaban en un aprieto. Por una parte, ya no podían volverse atrás en su compromiso adquirido con ASEGNA, una consecuencia lógica de su progresivo acercamiento a las estructuras africanas, pero tampoco querían que se cortara la valiosa ayuda de España en este campo, que permitía la llegada del vuelo semanal de Iberia, único contacto directo con Europa, y el resto de los aviones que volaban desde Camerún y Nigeria.

En la primera sesión de la V Reunión de la Comisión Mixta, celebrada el 4 de febrero, el presidente de la delegación de Guinea Ecuatorial, Ángel Esono Aba, invitó a España a "superar las dificultades con espíritu franco, dejando aparte las diferencias, e iniciar una nueva etapa". Esono, secretario general del Ministerio de Trabajo, Seguridad Social y Promoción de la Mujer, al dar la bienvenida a los delegados españoles, recordó los lazos lingüísticos, culturales e históricos que unen a los pueblos de Guinea y España, a su juicio fundamentos de la cooperación bilateral.

Por parte española presidían los trabajos el embajador en Malabo, Antonio Núñez García-Saúco, el director de la Oficina de Cooperación, Fernando Riquelme, y el nuevo coordinador general de la Cooperación, Ramón Gil Casares. Estos funcionarios justificaron la ausencia del secretario de Estado para la Cooperación Internacional, Luis Yáñez, debido a que la reunión tenía "un carácter técnico". Los guineanos no designaron a ningún ministro para participar en las reuniones, en correspondencia con el nivel de la delegación española, cosa que dificultó la toma de decisiones.

El embajador español dijo a EFE que, dado el carácter técnico de la reunión, que sólo duró dos días, no se tratarían una saris de cuestiones que él definía como políticas y pertenecientes a las relaciones bilaterales, como era por ejemplo el candente asunto del Guinextebank, cuya situación de quiebra bloqueaba la ejecución de algunos proyectos de importancia, como la construcción del Instituto de Enseñanza Media de Malabo o la instalación de unos depósitos de combustible en Luba. Al dejar de lado los asuntos más conflictivos, la reunión se limitó a pasar revista a diversos sectores de la cooperación.

Tampoco se analizó la cuestión del control de los aeropuertos. Algunos miembros de la delegación española expresaron a EFE su extrañeza por haber quedado "aparcado" este asunto y dijeron que desde entonces, en ese campo, "España iba a trabajar para los franceses". Unos meses después, Francia y Guinea Ecuatorial firmaron un convenio general de cooperación en materia de aviación civil, que incluía la organización de los aeropuertos y de la compañía aérea guineana.

El presupuesto de la Cooperación española en Guinea Ecuatorial para 1988 ascendió a 1.461 millones de pesetas, más los 315 millones de pesetas que aportó la Cruz Roja y otras pequeñas partidas que proceden de los presupuestos de diversos ministerios o donaciones, con lo que se llegó a casi dos mil millones de pesetas. De todas formas, ni esta cantidad, ni los 20.000 millones de pesetas que se dan como fondos destinados por España a Guinea desde 1979 (por supuesto, sin contar las inversiones de Hispanoil y Adaro), han sido empleados totalmente para realizar proyectos de cooperación. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de estas sumas se han utilizado para pagar sueldos de cooperantes, o en concepto de créditos para adquirir bienes o alimentos españoles entregados como ayuda.

La mayor parte de los 1.461 millones del presupuesto general de 1988 se destinó a Educación (551 millones), Cultura (55 millones), UNED (69 millones) y Medios de Comunicación Social (84 millones). Precisamente este último capítulo fue uno de los que más aumentaron con respecto al año anterior, con la idea de potenciar la televisión, instalar teleclubs y crear una emisora de radiodifusión cultural. La cooperación destinó 61 millones de pesetas al área de Sanidad, que hay que sumar a los 315 millones concedidos directamente por la Cruz Roja. El área de Agricultura tiene presupuestados 94 millones de pesetas y Defensa 155 millones, aunque aquí hay que incluir los gastos que originan los dos Aviocar al servicio de la cooperación con los sueldos y dietas de las tripulaciones. Los gastos de administración, donde se incluyen las obras y material, suman 310 millones de pesetas.

A finales de febrero El País dedica un editorial a las relaciones entre Guinea y España y afirma que "la cooperación española ha sido y sigue siendo sensiblera, dispendiosa para el bolsillo del contribuyente y absolutamente inútil para el enderezamiento de la economía guineana". En este editorial se anota que "a medida que va pasando el tiempo se van haciendo más complejos los problemas políticos y económicos de Guinea Ecuatorial y más difícil la evolución de sus relaciones con la antigua metrópoli". Para el diario, las raíces del fracaso pueden estar en "un antiimperialismo distorsionante y una política de ayuda a fondo perdido que excluye cualquier filosofía inversora seria". Además, afirmaba que "la cooperación ha carecido de la más elemental seriedad y capacidad técnica".

Poco después de la celebración de esta Comisión Mixta, el Congreso de los Diputados español aprobó, por fin, la creación de una comisión no permanente para revisar el estado de la cooperación española con Guinea Ecuatorial, a instancias de la oposición. El Partido Demócrata Popular presentó esta proposición no de ley "por las irregularidades" denunciadas por los medios de comunicación y admitidas por el Gobierno y por su preocupación "ante la pérdida de la presencia española" en el país africano.

La creación de la comisión parlamentaria "es una afortunada decisión del Congreso" y "una ocasión histórica de poner coto a la dolorosa lista de desaguisados españoles en Guinea Ecuatorial", opinó Luis de la Rasilla en un diario nacional. El ex-director de la UNED en Guinea afirmaba que "la corrupción que esteriliza el incipiente proceso productivo de Guinea Ecuatorial tiene su origen en España y, en muchos casos, en instituciones y empresas públicas". Por tanto, pensaba que las conclusiones a las que llegara la comisión parlamentaria "no deberían perjudicar a los guineanos" reduciendo las ayudas, sino por el contrario, servir de "seria advertencia" a los dos gobiernos "para que no continúen jugando alegremente con la vida y la muerte de los ciudadanos".

Luis Yáñez expresó su satisfacción por la creación de la comisión parlamentaria. En un artículo publicado el 16 de mayo de 198S en El País, el secretario de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica afirmó que "será una oportunidad magnifica para dar a conocer cómo ha evolucionado la cooperación española desde 1979, es decir, desde los gobiernos de Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo hasta los de Felipe González". El dirigente socialista dejaba entrever que los mayores errores fueron cometidos durante las gobiernos centristas, pero también es cierto que aquellas épocas fueron más complejas para España y la cooperación fue una obra de improvisación voluntariosa, más que una acción planificada. El Gobierno del PSOE enterró la idea de sacar adelante a la antigua colonia española. La situación se ha ido normalizando y ahora apenas hay tensiones, pero también es cierto que Felipe González jamás ha ido a Malabo en sus seis años en el poder y que las relaciones se han ido reduciendo progresivamente.

Para el secretario de Estado, la principal tarea de España es apoyar el sistema educativo guineano y promocionar la cultura en "un país bantú con raigambre hispánica", la ayuda sanitaria, la cooperación agrícola y algunos otros proyectos concretos. Yáñez considera que es una "cooperación amplia y compleja". El funcionario socialista afirma que "el Gobierno considera que los actuales niveles de coste (2.000 millones de pesetas anuales, aproximadamente) son adecuados en relación con las actividades desarrolladas y los objetivos propuestos".

De hecho, desde finales de 1987 se había iniciado una reestructuración seria de la cooperación en Guinea Ecuatorial, sobre la base de la pérdida definitiva de la influencia y del papel hegemónico de España en su antigua colonia. Fueron destituidos varios funcionarios que llevaban largas años al frente de la cooperación y algunos que se habían convertido en "cooperantes profesionales". Se produjeron varios nombramientos, incluido el del embajador en Guinea, cargo para el que fue designado Manuel Alabart Fernández-Cabada, hasta ese momento consejera comercial de la Embajada en Lisboa. El embajador saliente, Antonio Núñez, tras ocupar ese cargo durante casi cuatro años, fue "premiado" con la Embajada en Rumania.

Fernando Riquelme, director de la OCGE, pidió a una consultora que analizara los gastos realizados por su departamento durante 1987, primera vez que se hacía.

Muestra de las distintos planteamientos que se estaban formulando fue la decisión de la Administración española de impulsar la creación de una compañía naviera mixta, entre el Estado guineano y la empresa privada española García Miñaur, con el fin de paliar la falta de barcos en Guinea, especialmente para garantizar el transporte de personas y bienes entre la isla de Bioco y el territorio continental de Río Muni. Según una información de EFE, fechada en Malabo, Guinea Ecuatorial apartaría el Acacio Mañé Elá, el vetusto barco mixto vendido por China a Macías que se reservaría a travesías entre Guinea y puertos europeos, y la naviera española pondría otro buque, también de carga y pasaje, para unir Bioco con Río Muni. El convenio de creación de la empresa mixta fue firmado en Malabo, el 27 de marzo de 1988, por el ministro de Telecomunicaciones y Transportes guineano, Demetrio Eló Ndong, y el director de la García Miñaur, Ramón Laraudi.

Al criticar el funcionamiento de la actividad española, es de justicia rendir un homenaje a los cooperantes religiosos, tanta de la enseñanza como de la sanidad, que aceptan trabajar en los lugares más duros del país, con una enorme abnegación, por un sueldo tres veces inferior al del resto de los cooperantes, con derecho a menos viajes a España y menos vacaciones. En ningún caso la responsabilidad del fracaso de la cooperación española en materias como la sanidad debe recaer sobre los médicos españoles que han trabajado en la antigua colonia o sobre las religiosas que les ayudan. Incluso se les ha reconocida logros como el control de la tripanosomiasis, en franca expansión al sur de Bioco y en algunos lugares de Río Muni.

Aunque la infraestructura médica en los años 60 era, de las más importantes de África, actualmente toda la población es palúdica  y Guinea tiene más de 40 leprosos por  mil  habitantes, según la OMS, a la cola de los países del mundo junto con la República Centroafricana, Gabón, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea Konakry, Sierra Leona y la Guyana francesa. En tiempo de la colonia era modélica la leprosería de Micomeseng, pero durante la dictadura se fue destruyendo y sólo quedaron allí los enfermos que no podían moverse. En forma muy lenta ha mejorado sus instalaciones y ahora atiende a unas dos mil leprosos o hijos de enfermos, aunque ya no hay médicos españoles en el centro, sustituidos en 1986 los dos que había por una especialista belga. Siguen en el lugar cuatro o cinco religiosas españolas que actuar, como enfermeras.

España ni siquiera ha podido organizar la estructura sanitaria de un país con la superficie de Galicia y con unos 350.000 habitantes, que todavía se encuentra definido como uno de los lugares más insalubres del globo.

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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