Capítulo
58. UN
BANCO CON AGUJERO.
El
hecho de no haber enviado una unidad militar que garantizara
la seguridad de Obiang y sentara el principio de autoridad
en el país africano fue la causa fundamental de que el
Gobierno español no se atreviera a respaldar la moneda
guineana. Esto, unido a la incapacidad de los dirigentes de
la cooperación, la falta de facilidades de la Administración
guineana y la corrupción existente, motivó que tras unos
meses de euforia por la caída de Macías la población
cayera de nuevo en un estado de fatalismo. Aunque la economía
guineana empiece a recuperarse, harán falta decenios para
alcanzar la renta per cepita de 1968, de unos 350 dólares
anuales, pues en 1987 seguía en 260 dólares. Si los
guineanos no hubieran sufrido la locura de Macías, la
población podría disfrutar de una renta de 600 dólares
anuales.
Los
guineanos de a pie veían cómo iban pasando los años y
apenas mejoraba la situación. En 1983 incluso se produjo un
retroceso. Mientras el cambio oficial seguía establecido en
2 bikuele por cada peseta, en el mercado negro la moneda
española se cotizaba hasta en 20 o 25 bikuele. La economía
estaba completamente distorsionada y se daban las paradojas
que suelen aparecer en situaciones disparatadas con gran
inflación. Un capataz guineano se dedicaba a alquilar unas
gafas de sol entre los estibadores en 500 bikuele por día,
cuando a él le habían costado 6.000 bikuele. La moneda iba
poco a poco perdiendo valor y en muchos lugares se regresó
al trueque. Esta situación afectaba también a los intentos
de acercarse a los niveles productivos de la época
colonial.
Sin
embargo, a pesar de que toda la población se dedicaba a la
especulación, unos alquilando gafas de sol y otros
disponiendo de licencias de importación, se logró
incrementar la producción de madera, hasta unos 120.000
metros cúbicos en 1985 y 140.000 metros cúbicos en 1986.
Esta actividad aportó el 50 % de los ingresos por
exportaciones del país ese año, a costa de ocasionar un
grave deterioro ambiental en Guinea por la explotación
irracional del bosque. Por otra parte, la producción de
cacao no superaba las 6.000 toneladas por año.
El
ingreso de Guinea Ecuatorial en la UDEAC supuso un cambio
radical en la estructura económica del país. Por ejemplo,
poco a poco España dejó de ser el proveedor principal y
las importaciones comenzaron a llegar de Francia y los países
de la zona. Pero lo que primero notaron los guineanos fue, a
principios de 1985, el cambio del signo monetario. Guinea
pasó a contar con la misma unidad monetaria de los países
vecinos, sólidamente respaldada por el franco francés,
mientras se iniciaba un proceso de reestructuración de los
organismos institucionales, ordenación de la política
monetaria y reducción de los desequilibrios financieros.
Sin
embargo, al producirse la adhesión a una administración
financiera estructurada y muy poderosa, Guinea ya no pudo
manejar su tasa de cambio, tuvo que acomodar su política
monetaria a decisiones que se tomaban conjuntamente con los
otros socios y se hizo mas difícil utilizar el recurso de
modificar parámetros concretos para reducir desequilibrios
internos. De alguna manera, Guinea tuvo que aceptar una
"neocolonización" y someterse a un control de sus
vecinos más estricto que el que podían haber ejercido los
tres asesores ejecutivos que pretendía imponer España en
1982 para respaldar el ekuele.
A
cambio de esta pérdida de control de su propia administración,
por otra parte inoperante y corrupta, las autoridades francófonas
hicieron una gran esfuerza para tratar de reestructurar la
política económica y especialmente se logró una ordenación
de la política fiscal y un mejor manejo de la gestión
presupuestaria. A pesar de la corrupción y el desorden
imperante, para los franceses el caso guineano no ofrecía
demasiadas dificultades debido a su gran infraestructura de
cooperación en África.
Por
otra parte, gracias a las ayudas y préstamos recibidos
desde 1979, la deuda externa, prácticamente inexistente al
final del mandato de Macías, rondaba en 1988 los 130
millones de dólares, según cálculos del PNUD. Como el PIB
de Guinea era de 86 millones de dólares, la antigua colonia
española tenía una de las relaciones deuda/PIB más altas
del mundo y está obligada a pagar, sólo en concepto de
intereses, unos 6 millones de dólares anuales, cosa que
desequilibra profundamente su balanza de pagos. Guinea
necesita incrementar sus exportaciones, aunque esto no le
suponga un aumento de la riqueza pues deberá, emplear sus
ingresos para pagar la deuda externa. Guinea necesitaría más
de seis años para pagar la deuda si dedicara a este fin el
total de sus ingresos por exportaciones.
La
fuga de cerebros, por razones políticas o económicas,
complica los esfuerzos para mejorar la situación. También
hay que tener en cuenta la falta de motivaciones entre la
población guineana para trabajar y la costumbre ancestral
entre los fang de disponer de la tierra que dominan y
ejercer el derecho de propiedad sobre lo que conquistan, sin
tener la capacidad de planificar el futuro, y el
sometimiento resignado de los bubis incapaces de rebelarse o
tomar decisiones, acostumbrados a obedecer sin protestar.
La
renegociación de la deuda en el Club de París, tras el
ingreso de Guinea en la UDEAC, en julio de 1985, y las rígidas
medidas de choque impuestas por el FMI, aunque sólo se
cumplieron en una mínima parte, han logrado ciertas mejoras
en la situación económica del país. Por ejemplo la
elevación de los precios del combustible ha permitido
financiar el déficit del presupuesto. También se han
producido desajustes debido a la fragilidad de las
estructuras guineanas. Por ejemplo, a finales de 1986 aumentó
en exceso el crédito al sector privado y esto motivó una
crisis de circulante y una sobreoferta de productos que
nadie compraba. No se respetó el nivel aconsejable de
reservas bancarias y se produjo un pánico financiera, con
la consiguiente salida de capitales facilitado por la falta
de control en la concesión de créditos, situación en la
que tuvo mucho que ver el Guinextebank que sufrió una
quiebra técnica por actuar guiándose más por intereses
políticos que comerciales.
El
esfuerzo fundamental de los técnicos franceses se ha
orientado hacia la creación de una cierta infraestructura
que permita la llegada de empresarios privados que pongan en
marcha la actividad económica. Una vez organizado el sector
financiero, los franceses han ido controlando los servicios,
como las comunicaciones, la energía, puertos y aeropuertos,
y las actividades productivas, como el sector maderero, la
minería y los hidrocarburos.
De
hecho, sin tener el cuenta el peso de la deuda externa,
Guinea logró en 1985 un saldo positivo del presupuesto
nacional, de 558 millones de francos CFA, muestra del
esfuerzo realizado para establecer un equilibrio
presupuestario.
Como
se puede deducir con estas pinceladas, la situación no
tiene nada que ver con los planes que trazó Juan Velarde
Fuertes en 1979 y 1980. En una largo artículo, publicado en
Ya en noviembre de 1979, el economista enumeraba
algunos de los beneficios, meramente económicos, que podría
recibir España si mantenía su influencia en Guinea.
Aseguraba que la economía de Guinea Ecuatorial podía
experimentar "un alza incontenible a partir de 1982,
una vez restablecida de todos los desarreglos de una política
económica caótica que duró once años". Un año
después, Velarde Fuertes seguía mostrándose esperanzado
por el resurgir de Guinea y "orgulloso" como español
del cambio producido en la antigua colonia.
A
fines de la década de los años 80 la situación era
completamente diferente. España había ido abandonando,
poco a poco primero y en forma más clara desde 1985, sus
proyectos guineanos. Una de las últimas crisis económicas
fue la del Guinextebank, un banco mixto al 50 % entre el
Banco Exterior de España y el Estado guineano, creado en
1980 bajo el impulso del embajador Graullera. Según
reconoció en noviembre de 1987 el vicepresidente del Banco
Exterior de España (BEE), Rafael Martínez Cortina, cuando
la delegación española estaba negociando con los guineanos
la aportación de capital que correspondía a cada país se
produjo un increíble incidente que entonces fue silenciado:
"ellos querían un reparto del 50 % y 50 %. Nosotros
nos negamos. Uno de los funcionarios guineanos extrajo una
pistola y la depositó encima de la mesa. Acordamos un 50 %
y un 50 %".
De
esta forma nació el Guinextebank, con un capital social
formado por diez mil acciones de cien dólares USA,
suscritas y desembolsadas por los dos socios.
Con
un principio tan poco ortodoxo el final no podía ser mejor.
Desde mediados de 1986 el BEE dejó de cubrir el déficit de
su filial guineana, mientras en España se iniciaba un largo
proceso de discusiones. Por un lado, un sector capitaneado
por Exteriores propugnaba el saneamiento del Guinextebank y
por otra parte los directivos del BEE y de la Economía y
Hacienda española opinaban que era mejor abandonar lo antes
posible el país africano. El establecimiento en Malabo en
1985 del Banco Internacional del África Occidental (BIAO),
"robando" algunas de las principales cuentas al
Guinextebank, fue la puntilla. Aquello sirvió para que
comenzaran a salir a la luz los asuntos turbios que habían
permanecido ocultos.
Las
autoridades españolas afirmaban que la crítica situación
del banco se debía a la corrupción imperante en Guinea y a
los condicionamientos políticos que primaban a la hora de
conceder los créditos. Por su parte, los guineanos siempre
han mantenido que, aunque la mayoría de los empleados del
banco eran locales, los directores siempre fueron españoles.
La
paralización de actividades del banco supuso de hecho un
frenazo en la marcha de la economía. La decisión de no
conceder más créditos causó serias dificultades a algunos
cultivadores de cacao. Con el fin de presionar para que
pagaran los deudores, el banco bloqueó las cuentas
corrientes con el argumento de la falta de efectivo. Algunas
instituciones importantes actuaron con ojo y sacaron sus
fondos antes del colapso total y otras utilizaron su
influencia para que se les pagara. Además, esta situación
interrumpió las negociaciones del Gobierno de Guinea con el
FMI para relanzar la economía del país. El Gobierno
guineano se lamentaba de que en el otoño de 1986 el mismo
Felipe González hubiera prometido al ministro de Finanzas,
Felipe Hinestrosa, reflotar el Guinextebank con una
transferencia de capital.
A
finales de marzo de 1987 el ministro de Asuntos Exteriores
español, Francisco Fernández Qrdóñez, dijo al presidente
Obiang que España estaba dispuesta a dar una solución política
al caso del Guinextebank, aunque indicó que su Gobierno no
podía obligar a tomar decisiones a un banco. El ministro,
en un viaje que realizó a Malabo, afirmó que no se reduciría
el volumen de la cooperación en Guinea, porque "es un
país de dimensiones manejables para España" y porque
"es el único país africano de habla hispana".
Fernández
Ordóñez aseguró en Malabo que el Gobierno iba a buscar
soluciones para lograr un saneamiento del Guinextebank,
"porque la situación es insostenible", y afirmó
que los empresarios españoles en Guinea recibirían apoyo
financiero. Según el político, era necesario encontrar fórmulas
transitorias y flexibles para impedir que los empresarios
españoles, que controlaban un 90 % de la economía del país
africano, se vieran perjudicados y además se causaran daños
innecesarios al Gobierno de Guinea. El ministro aseguró que
estaba previsto la concesión de un crédito FAD de 70O
millones de pesetas para sanear la situación del
Guinextebank.
En
aquella ocasión España utilizó Guinea como si realmente
fuera su punta de lanza de penetración en el continente
africano, pues el ministro presidió allí una reunión de
siete embajadores de la zona y altos cargos de su
Departamento. En esta reunión se comentó que podría
emplearse la infraestructura de Guinea para formar
cooperantes de camino a otros países africanos, donde España
tenía previsto invertir unos 500 millones de dólares hasta
1991, con su participación en el Fondo Europeo del
Desarrollo. Pero las cosas no estaban ya en Guinea como para
pensar que podía ser un portaaviones español en África,
pues la bandera que ondeaba en la popa de aquel barco era la
tricolor francesa.
Los
empresarios españoles en Guinea pidieron también al
ministro que se restableciera la actividad del Guinextebank.
Aseguraban que estaban en juego 80 empresas, con 250
empleados españoles y unos 3.000 guineanos, con una inversión
consolidada de 2.500 millones de pesetas y un volumen de
negocio de unos 10.00O millones anuales, y advertían que si
no se reflotaba el Guinextebank verían hundirse sus
empresas y esto motivaría
el colapso de la economía del país africano.
Apenas
concluida la estancia de Fernández Ordóñez en Malabo, el
presidente guineano pidió a los deudores de los bancos
comerciales del país que pagaran sus compromisos para
cooperar en la solución del conflicto. Según dijo Obiang,
la crisis bancaria en Guinea estaba provocada "por
ciertos agricultores que no quieren solventar las deudas
contraídas con las instituciones financieras".
Felipe
Hinestrosa manifestó que Guinea estaba perdiendo
credibilidad "por la mala gestión del Guinextebank".
Según dijo el ministro a EFE, "la quiebra técnica que
sufre el Guinextebank ha paralizado nuestra economía, está
asfixiando nuestro sistema económico exterior y amenaza con
paralizar la economía interna del país", además de
impedir que el Gobierno guineano cumpliera sus obligaciones
de devolución de la deuda exterior. El ministro señalaba
que el Banco Exterior de España tuvo mayores posibilidades
que los guineanos para detectar una mala gestión del banco
y evitar caer en una situación que fundamentalmente
perjudica a Guinea Ecuatorial. Hinestrosa expresaba su deseo
de que se realizara una auditoria independiente, pues no
estaba satisfecho con el estudio efectuado por funcionarios
del BEE enviados desde Madrid, que a finales de 1986
determinaron que el "agujero" era de unos 830
millones de pesetas. El Gobierno de Guinea afirmaba que era
de 1400 millones.
El
ministro guineano pidió a España la concesión de un crédito
de 1300 millones de pesetas para sanear definitivamente la
institución, reestructurar sus órganos directivos y
facilitar incluso que el BEE se hiciera con la mayoría
absoluta del capital.
1987
fue un año difícil para la economía guineana. La crisis
del Guinextebank se sumaba al complejo proceso de ordenación
de la Administración impuesto por Francia y dificultaba la
obtención de nuevos créditos y ayudas dé organismos
financieros multinacionales. Sin embargo, el Comité
Monetario Nacional de Guinea Ecuatorial expresó su
optimismo por una cierta evolución positiva de la economía,
a mediados de mayo, al conseguir que se cumplieran sus
previsiones, modestas por otra parte, de la campaña agrícola.
Por ejemplo, estaban satisfechos de haber logrado producir
5.657 toneladas de cacao en la temporada 86/87, aunque,
lamentablemente, los precios internacionales del cacao
estaban muy bajos después de tres años de superproducción
y elevados excedentes en el mundo.
Quizá
contribuyó a este optimismo el anuncio de la concesión de
un crédito de 5,1 millones de dólares a Guinea por el
Banco Mundial para mejorar su sistema educativo en el nivel
básico, en unas condiciones buenísimas para el país
africano, con 10 años de gracia y 50 para devolverlo, prácticamente
sin intereses. La UNESCO decidió aportar un millón de dólares
adicionales. Puesto que la educación estaba en manos de
España, la gestión de estos fondos, librados desde 1987
hasta 1991, recayó en los cooperantes españoles.
El
FMI y el Banco Mundial, asombrados por aquellas muestras de
optimismo, dieron un toque de atención a las autoridades
guineanas. Según declaró a EFE un funcionario del Banco
Mundial, "no hay
condiciones en Guinea Ecuatorial para conceder nuevos
créditos, ya que el Gobierno no ha cumplido el plan
previsto". Los expertos de los organismos financieros
observaban también con suma preocupación la situación del
Guinextebank. A mediados de junio, el FMI presentó un ultimátum
al Gobierno de Guinea Ecuatorial en el que condicionaba la
concesión de ayudas a que se produjeran cambios drásticos
en la política económica del país africano. El informe
del FMI instaba al Gobierno de Obiang a adoptar medidas
radicales en la contención del gasto público, entre las
que destacaban la reducción de funcionarios en un 40 %, la
eliminación de gastos suntuarios e incluso el cierre de
algunas embajadas y la oposición de que se abrieran otras
que estaban previstas, como por ejemplo una en Londres.
El
informe del FMI establecía que los resultados económicos
alcanzados a mediados de 1987 incumplían en un 45 % los
objetivos fijados por el FMI y aceptados, a principios de año,
por el Gobierno de Obiang Nguema. Según los datos del
Fondo, en los primeros meses de 1987 se había producido un
20 % de reducción de los ingresos del Estado respecto al año
anterior y un aumento del gasto público del 22 %. La misión
del FMI que viajó a Guinea dijo al presidente Obiang que
aquellos resultados contradecían de modo flagrante los
objetivos fijadas, que preveían un aumento de los ingresos
en un 22 % y una disminución del gasto público en un 18 %.
El FMI también exigía que se clarificara la situación del
Guinextebank, la titularidad de las propiedades cacaoteras,
la actuación y situación jurídica del BIAO y las ideas
del Gobierno sobre la privatización de empresas públicas,
que se estaba realizando mediante la entrada de capital
francés.
Obiang
convocó a todos los funcionarios de la Administración que
trabajaban en Malabo y les anunció que el Gobierno había
decidido tomar medidas "de doble austeridad", para
luchar contra la crisis económica. Les dijo que debía
recortar sus ya escuálidos salarias, reducir plantillas,
reforzar la lucha contra la corrupción y "confiscar
los bienes de quienes se enriquecen ilícitamente", así
como crear nuevos impuestos y actualizar el cobro de los
servicios. El gobernante manifestó que buena parte de la
responsabilidad de la crítica situación que sufría el país
se debía al impago a los bancos de créditos concedidos a
empresarios guineanos y extranjeros, así como a la
incapacidad de ciertos guineanos que forman parte del
Conseja de Administración del Guinextebank. Añadió que
las ayudas del exterior se canalizaban mal por culpa de
algunas altos funcionarios.
Mientras
tanto, la empresa "Price Waterhouse" realizaba una
segunda auditoria, tras la efectuada en octubre de 1986 por
el BEE, sobre el estado del Guinextebank.
Emilio
León Mayoral, director del Guinextebank, comentaba a
mediados de junio que el banco se encontraba "en un
estado prácticamente de no operatividad, aunque vamos
recuperando créditos y así podemos atender a algunos
clientes, en su mayoría pequeños ahorradores que desean
retirar sus fondos. Lo que hemos hecho ha sido suprimir la
concesión de nuevos créditos".
La
falta de liquidez del banco había afectado especialmente a
numerosos cuentacorrientistas y a unas pocas empresas españolas,
como Iberia. Otras habían logrado sacar sus fondos, como la
Embajada de los Estados Unidos, que presionó ante la
Embajada española cuando el banco ya había bloqueado
oficialmente sus operaciones. Antes, la decisión de la
empresa guineana de petróleos creada tras al ingreso en la
UDEAC, GETOTAL, que sustituyó a la que existía desde 1979,
de retirar su cuenta del banco (unos 700 millones de pesetas
en francos cfas) contribuyó en cierta medida al hundimiento
y quiebra del Guinextebank. GETOTAL decidió en octubre de
1986 traspasar su cuenta al BIAO, que no actuaba como un
banco normal y se limitaba a realizar grandes operaciones
con enormes márgenes de seguridad.
Por
cierto, el Estado guineano cuenta sólo con el 49 % del
capital del BIAO. O los guineanos no sacaron una pistola en
las negociaciones para el establecimiento de la entidad, o
los franceses impusieron sus condiciones como jamás supo,
quiso o pudo hacer España. El BIAO logró también fijar un
periodo transitorio de asentamiento con una casi total
exención fiscal, además de otras importantes ventajas.
Sin
embargo, entonces se comentó de nuevo que el Gobierno español
había decidido reflotar el Guinextebank con un crédito FAD.
El ministro guineano de Economía y Finanzas, Felipe
Hinestrosa, declaró el 25 de junio en Madrid que su colega
español, Carlos Solchaga, le había comunicado que se había
acordado conceder un crédito de 700 millones de pesetas al
Gobierno de Guinea para solucionar la situación de
"quiebra técnica" del Guinextebank. Según
Hinestrosa, la única condición impuesta por España era el
ingreso de un representante del Gobierno español en el
Consejo de Administración del banco, cosa que Guinea había
aceptado. El ministro guineano afirmó que, de esta forma,
Felipe González había respondido positivamente a una
solicitud que le había realizado el mismo Obiang Nguema
mediante una carta. Al parecer, todo estaba dispuesto para
que el Consejo de Ministros aprobara la concesión del crédito,
pero de nuevo surgieron inconvenientes que atrasaron la
entrega de la ayuda. Según los guineanos, Miguel Boyer,
presidente del Exterior, que ya había expresado su desea de
abandonar el Guinextebank en forma definitiva, influyó para
que no se concediera el crédito previsto.
Prueba
de las dificultades que se vivían en Malabo en el área
económica es la decisión del presidente Obiang de
destituir, en julio, a Feliciano Ntunu Nsá, director del
Banco Nacional de Crédito y Desarrollo Económico, debido
"a la incapacidad e inoperancia en la gestión de la
institución financiera".
Durante
el verano no se produjo ninguna novedad, hasta que el 13 de
octubre Felipe Hinestrosa declaró que el Gobierno guineano
estaba dispuesto a "liquidar el Guinextebank a fines de
octubre si España no asume sus compromisos con el
banco". En ese momento ya se sabía que "Price
Waterhouse" había determinado en su auditoria que la
deuda del banco superaba los 1.300 millones de pesetas.
Claramente molesto por las demoras de España en dar una
solución al problema, Hinestrosa declaró que acababa de
participar en una reunión del FMI celebrada en Washington,
donde Solchaga ni siquiera quiso reunirse con su colega
guineano.
El
27 de octubre, en medio de la crisis desatada a consecuencia
de la revelación de los casos de corrupción en la
cooperación y la noticia del cese de algunos funcionarios
españoles, El País informó que el Gobierno español
había decidido la paulatina
salida del
Banco Exterior de España de Guinea Ecuatorial. Los sectores
económicos que defendían esta tesis con el argumento de
que era "poco rentable" seguir en Guinea,
especialmente debido a la creciente influencia de Francia en
todas las esferas de la actividad, habían logrado imponer
su criterio frente al Ministerio de Asuntos Exteriores. Las
"fuentes económicas gubernamentales" que
filtraron la noticia a El País afirmaban que debido
a la existencia de un "agujero" próximo a los
1.300 millones de pesetas, la actividad del Guinextebank ya
estaba reducida al mínimo y añadían que no sólo Miguel
Boyer era partidario de salir de Guinea, sino que el
anterior presidente del BEE, Francisco Fernández Ordeñes,
opinaba lo mismo antes de ser nombrado ministro de
Exteriores.
Hinestrosa
respondió que "la última propuesta de Solchaga sobre
el Guinextebank no presenta nada nuevo". Según el
responsable de la Economía guineana, Solchaga había
planteado una disyuntiva para resolver la crisis del banco:
la liquidación definitiva del Guinextebank con asistencia
española o que se constituyera un banco tripartito con
participación de España, el BIAO y el Estado guineano. El
director del BIAO, Jean Louis Chapuis, manifestaba a EFE que
la propuesta de Solchaga "solo es viable si el Banco
Exterior de España acepta ser minoritario y si nosotros nos
hacemos cargo hasta el último detalle de la gerencia del
banco". Según decía Chapuis, "nosotros ya
propusimos a los españoles la creación de un banco
tripartito en el que cada cual participara con un tercio del
capital, pero cuya gestión recayera sobre nosotros".
El funcionario galo reveló que Miguel Boyer sólo aceptaba
participar en una operación de este tipo si el BEE quedaba
en calidad de socio mayoritario.
El
director del BIAO en Guinea comentaba que antes de
instalarse en Malabo hicieron un estudio del Guinextebank y
descubrieron que su situación en 1985 era "catastrófica,
con un coeficiente de liquidez casi nulo, del 1%", por
lo que, junto can la falta de respuesta de las autoridades
españolas, decidieron establecerse en forma independiente.
A finales de 1987, es decir menos de dos años después de
empezar a operar en Guinea, el BIAO tenía unos 600
clientes, en su mayoría madereros españoles y cultivadores
de cacao.
Un
día después de las declaraciones de Hinestrosa, el 31 de
octubre, regresó a Malabo el embajador español, Antonio Núñez,
tras una estancia en Madrid de 40 días, y manifestó en el
mismo aeropuerto que deseaba entrevistarse con el ministro
guineano para conocer su respuesta a la carta que le había
enviado Solchaga. Seguramente las autoridades guineanas no
facilitaban la solución de los problemas, pero la
ineficacia y las dilaciones de España denotaban una falta
de interés y una desidia asombrosa.
Fue
en ese momento cuando Martínez Cortina, vicepresidente del
Banco Exterior de España, declaró que la entidad bancaria
española "no se quedará" en Guinea "a no
ser que sea obligada a hacerlo". Quería decir que si
no había una imposición política deseaban abandonar el
Guinextebank, "que tiene un agujero como una
casa". El economista afirmaba que formar parte del
banco mixto "fue una operación política, a la que
fuimos obligados". Martínez Cortina explicaba que los
guineanos deseaban que España concediera un crédito FAD,
con un periodo de 30 a 40 años y un interés simbólico,
para que se convirtiera en la aportación guineana, y que el BEE diera la misma cantidad,
para reflotar el banco. Según el vicepresidente del
Exterior, que no veía clara la operación, la situación se
complicaba debido a que "una parte del Gobierno
nos ha pedido que nos quedemos "y otra que nos
vayamos".
Martines
Cortina calificaba a Guinea como el segundo país más
corrupto del mundo, después de Zaire. Señalaba que
"de 92 empleados tuvimos que echar a 64 por
corruptos", y que de los 5 presidentes que tuvo el
Guinextebank desde 1980 tres acabaron en la cárcel y uno
fue fusilado.
El
economista explicaba que el "agujero" del
Guinextebank se produjo por dos fenómenos. El primero fue
la caída del precio del cacao y la madera y el segundo el
mal funcionamiento de la Administración guineana. "Hay
funcionarios importantes o empresas que piden un crédito y
no lo pagan. La propia autoridad que viene a pedirlo te
solicita, inmediatamente, que hay que hacer una provisión
de fondos por la misma cantidad. ¿Cómo podemos tragarnos
esas cosas?".
Según
la auditoria de Price Waterhouse, buena parte de los créditos
se habían concedido a familiares o a empresas relacionados
con miembros del Gobierno guineano, por un valor total de
334 millones de pesetas, cantidad que en la auditoria
realizada por el BEE se elevaba a 423 millones de pesetas,
informaba Perfecto Conde en Interviú a mediados de
noviembre de 1987. El periodista precisaba que los préstamos
en favor de empresas propiedad de Teodoro Obiang ascendían
a 65 millones de pesetas, y que el presidente tenía una
cuenta en el Guinextebank de 47 millones de pesetas a plazo
fijo, con un interés del 8 %. A continuación iba
desgranando el rosario de millones prestados a la esposa de
Obiang y a varios altos cargos, algunos caídos en
desgracia. Las autoridades consideraban imposible cobrar los
créditos, concedidos fundamentalmente por presiones
sociales y políticas, en unos casos por la posición de los
deudores, y en otros porque al haber sido cesados eran
insolventes.
Pero
no sólo había deudores guineanos. También era importante
la lista de españoles que no devolvían sus créditos al
Guinextebank. Perfecto Conde resaltaba que Francisco Roig
Ballester, el propietario del grupo Suguisa, llevado a
Guinea de la mano de Graullera, debía al banco 696 millones
de pesetas el 31 de octubre de 1986, el 21 por ciento del
total de la cartera de riesgo del Guinextebank, repartidos
en créditos concedidos a sus empresas de comercio,
alimentación, producción de cacao y madera.
Estaba claro el deseo de
los dirigentes del BEE de abandonar Guinea como fuera, pero
los guineanos trataban de impedirlo. Además, las auditorias
habían señalado siempre que el control de la entidad
estaba en manos de funcionarios españoles, por muchas
presiones que pudieran sufrir. El caso es que todo esto
influyó para que la economía guineana, de una extrema
fragilidad, se resintiera todavía más, pese a la
sustancial ayuda internacional y a la intervención del FMI.