HISTORIA DE GUINEA

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 57.UNA DEMOCRACIA CON PARTIDO ÚNICO.

Pese a las intentos del régimen de Obiang por presentarse como un sistema democrático, sus últimos pasos parecen encaminados a perpetuarse en el poder. La creación del partido único y la obligatoriedad de que hasta los extranjeros contribuyan a su mantenimiento dice poco en favor de un país que pretende ser democrático. Si bien el régimen mantiene un relativo respeto por los derechos humanos, la oposición sigue residiendo en el exterior, salvo algunas excepciones muy concretas.

Amnistía Internacional ha dedicado siempre algún comentario crítico sobre Guinea Ecuatorial en su informe anual. Por ejemplo, en el de 1986, la organización humanitaria expresó su "inquietud por el encarcelamiento de dos personas que podían ser consideradas presos de conciencia", aunque anotaba que después fueron liberadas, y porque continuaba condenado a muerte el sargento Venancio Mico. También denunciaba la posible existencia de otros presos políticos y las medidas contra disidentes y opositores.

En los últimos tiempos se aprobaron diversas medidas tendentes a reforzar el control político del clan de Mongomo o de los fieles seguidores del presidente Obiang. En julio de 1987 la activa Constancia, dueña de varias fincas expropiadas por las autoridades guineanas a antiguos propietarios españoles, fue nombrada consejera de la Presidencia en materia de Salud Pública y Acción Social. Otra medida que muestra el nepotismo que reina en Guinea fue el nombramiento, en febrero de 1988, del capitán Santiago Eneme Ovono, el sobrino del jefe del Estado más conocido como "Alandi", viceministro de Asuntos Exteriores, cargo que se creó especialmente para quien durante bastante tiempo fue director general del Gabinete Militar del Presidente de la República.

Durante el año 1987 se fue gestando la creación del Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE). Casi antes de estructurarlo, el Gabinete guineano aprobó un decreto, el 5 de octubre, por el que se regulaba la cotización obligatoria de los funcionarios (quienes por fuerza tienen que militar en el partido) y asalariados con el 3 % de sus emolumentos, y se establecían impuestos especiales para fijar las aportaciones de los extranjeros residentes en Guinea.

Teodoro Obiang Nguema presidió el acto de presentación del PDGE, el 11 de octubre. "Garantizo solemnemente que este Partido nunca se utilizará para hacer el mal", dijo muy rimbombante el presidente constitucional de Guinea Ecuatorial, como gustaba llamarse. Obiang se vio obligado a precisar que el PDGE "nada tiene que ver con el pasado de trágica memoria", en clara referencia al Partido Único Nacional de los Trabajadores de su antecesor Francisco Macías. Para dar ejemplo, Teodoro Obiang fue el primero en afiliarse al Partido, cosa que hizo en aquel acto, seguido inmediatamente por su esposa Constancia y los ministros del Gobierno, entre las aclamaciones de los presentes y el griterío de los habituales grupos folclóricos que dan un toque de color africanista a las ocasiones solemnes de la vida del país.

Al cumplirse, al día siguiente, el decimonoveno aniversario de la independencia, Obiang decidió indultar a medio centenar de presos políticos, en su mayoría encerrados por su participación en el intento de golpe de agosto de 1986, incluidos Fructuoso Mbá Oñana, Damián Ondó y Marcos Mbá. Según informaba EFE, el sargenta Mico se podría beneficiar de la condena de 30 años de prisión que al parecer le había sido impuesta al indultarle la pena de muerte.

En un discurso pronunciado en aquella ocasión Obiang resaltó la actividad del Banco Internacional de África Occidental (BIAO), como sustituto del Guinextebank, y anunció que el Gobierna preparaba un decreto de redistribución de tierras en favor de pequeños propietarios, para que las agricultores que desearan trabajaran parcelas de las fincas de las españoles entregadas a guineanos, cuya producción había disminuido todavía más y muchas seguían abandonadas. Los actas de celebración de aquel 12 de octubre se iniciaron con una misa en la catedral de Malabo, concelebrada por 4 sacerdotes guineanos y 5 españoles, entre drásticas medidas de seguridad.

En aquellas meses de finales de 1987 se produjo un hecho que llenó de preocupación al Gobierno guineano. El embajador norteamericano en Malabo, Frank Ruddy, confirmó, a mediadas de octubre, que debida a recortes presupuestarias en el Departamento de Estado, sería cerrada la Embajada que encabezaba. como parte de un reajuste que incluía la clausura de 13 consulados norteamericanos en diversos países y la Embajada en las islas Comoras. Esta decisión, además de molestar profundamente a las autoridades guineanas, causó una profunda consternación entre la colonia diplomática occidental en Malabo, según informaba EFE, debido a que todos se aprovechaban de los medios con que cantaba la representación norteamericana, especialmente su cine, el único con aire acondicionado que había en el país, y la piscina, también la única utilizable.

Marcelino Nguema, aprovechando su presencia en las sesiones plenarias de la Asamblea General de la ONU, pidió al subsecretario de Estada para Asuntos Africanos, Chester Crocker, y al embajador norteamericana en la ONU, Vernon Walters, que reconsideraran la decisión de cerrar la Embajada en Malabo.

El mismo embajador Ruddy recordaba en Malabo que todavía no se había tomado ninguna decisión definitiva, y aseguraba que en cualquier caso se mantendría la ayuda a Guinea, alrededor de 2,5 millones de dólares anuales. Llegó a comentar que era un tanto ilógico argüir "razones presupuestarias" para clausurar una embajada que tenía un presupuesto de sólo un millón y media de dólares anuales.

Justo cuando Ruddy argumentó que Guinea tenia su importancia y que, en cualquier caso, era una nación con voto en la ONU, una información publicada en The New York Times precisaba que el país africana había perdido sus derechos en el organismo internacional por no pagar sus cuotas. Pero quizá fue aquel mismo diario el que hizo rectificar la decisión del Departamento de Estada, al comentar que la URSS tenía en Guinea una Embajada con cinco diplornáticos.

Finalmente, el 25 de febrero de 1988, el embajador Ruddy, al finalizar su misión diplomática en Guinea, anunciaba que no se cerraría la Embajada. Apenas tres semanas después, Chester Norris presentaba cartas credenciales al presidente Obiang Nguema, curiosamente en Bata en lugar de hacerlo en la capital del país.

En junio de 1988, el Gobierno estadounidense donó al guineano una lancha patrullera, valorada en casi un millón de dólares, para que el país africano pudiera controlar mejor sus aguas jurisdiccionales, proteger su espacio económico marítimo y reprimir el contrabando.

En diciembre de 1987 se produjo un hecho que podría resultar divertido si no fuera una demostración de la falta de libertades que hay en Guinea y de la torpeza de las autoridades policiales y militares. Mientras Obiang pedía en París a la oposición que colaborara con el Gobierno "desde dentro del propio país en la reconstrucción de Guinea Ecuatorial", llegaron informaciones de Malabo sobre la detención de cuatro ministros, por orden del responsable de la cartera de Interior y encargado de Asuntos de Seguridad, el inefable Isidoro Eyí Monsuy.

El único delito de los ministros de Hacienda, Felipe Hinestrosa, Cultura, Leandro Mbomio, de la Presidencia, Alejandro Evuna, y de Aguas y Bosques, Angel Alogo, fue acudir juntos a los estudios de la televisión guineana. Los servicios de seguridad creyeron que se estaba fraguando un golpe de estado aprovechando la ausencia del presidente, pero en realidad lo único que pensaban hacer los cuatro ministros era ver el video de una entrevista que había concedido Obiang pocos días antes para un programa de Informe Semanal de TVE, con la idea de coordinar las declaraciones que ellos debían hacer a un equipo del informativo catalán "30 minuts" de TV-3.

Este hecho demostraba la existencia de graves divergencias en el seno del Gobierno guineano. Por una parte, un sector que podríamos llamar más aperturista pretendía dar una imagen democrática y estaba deseoso de fortalecer sus relaciones con Europa, y quizá de manera especial con España. Sin embargo, el sector "mongomista" era más partidario de una organización política basada en la concepción del clan africano.

Los cuatro ministros permanecieron durante 12 días bajo arresto domiciliario, hasta que Obiang regresó de Francia y Marruecos. El presidente guineano lamentó el suceso y dijo que todo fue debido a una "precipitación" en la actuación de algunas autoridades. Hinestrosa, debido a su detención, no pudo viajar a España, como estaba previsto, para entrevistarse con el vicepresidente Alfonso Guerra con el objetivo de analizar el problema del Guinextebank.

Al parecer, según informó la Agencia EFE, los soldados marroquíes que vigilaban las instalaciones de la televisión guineana en Malabo consideraron sospechosa la llegada de los cuatro ministros y avisaron al viceprimer ministro, Cristino Seriche, y a Isidoro Eyí, quien ordenó su detención desde Río Muni, donde encabezaba una campaña de "afiliación voluntaria" al PDGE. Además, las autoridades guineanas confiscaron al equipo de TV-3 diversos videos grabados durante su estancia en Malabo.

Mientras ocurría este surrealista suceso, Obiang repetía en París a diversos periodistas españoles su disposición de permitir la participación de la oposición, aunque decía que no existía como tal. Únicamente reconocía que había fuera del país "muchos estudiantes y personas que han terminado sus estudios, pero que por razones de adaptación social, laboral y otras no han regresado a Guinea". También precisaba que algunos se encontraban huidos por haber malversado fondos públicos o cometido delitos fiscales.

Obiang destacó que en 1987 su Gobierno había impulsado medidas como la adjudicación de fincas rústicas, una ley de pesca, la ley de ordenación de servicios postales y comunicaciones y otras para regular la actividad de los ciudadanos en el sector productivo. En un acto celebrado en el Palacio del Pueblo de Malabo, a fines de año, el viceprimer ministro Seriche señaló que se había logrado crear el Partido Democrático de Guinea Ecuatorial, lo que a su juicio suponía un gran avance en la democratización del país, e introducir importantes mejoras en los sectores de energía, telecomunicaciones e infraestructura. Obiang se quejó de las deficiencias de la Justicia, cuyo mal funcionamiento dijo que perjudicaba "la credibilidad del Estado".

Sin embargo, una de las preocupaciones fundamentales de Obiang era la situación económica. En otro discurso pidió a los ciudadanos que se dedicaran de lleno a la actividad productiva, "porque un país no puede desarrollarse sólo con donaciones y préstamos del exterior". Por enésima vez reiteró un llamamiento a los inversores privados, pero el único empresario conocido que apareció por allí fue el presidente del Atlético de Madrid.

El pintoresco Jesús Gil y Gil llegó a Malabo el 31 de octubre de 1987, acompañado por Lucas Nguema, primer secretario de la Embajada de Guinea en Madrid, al parecer por invitación expresa del presidente Obiang y transmitida por medio de Esteban Negrales, un empresario militante del PSOE que goza de la máxima confianza del jefe del Estado guineano. Pese a que en un principio se comentó que Gil podría invertir en proyectos relacionados con la Hostelería, en Malabo dijo a EFE que deseaba ser "el motor de la idea" de convertir a Guinea en una "zona franca" y arrastrar en la empresa a diversas inversores españoles. "Vengo a poner mi imaginación, que es mucha, al servicio de Guinea, porque estoy convencido de que se pueden hacer muchas casas", afirmó Jesús Gil muy suelto de cuerpo.

Obiang invitó a cenar a Gil y parece que se produjo un flechazo mutuo, pues el acto se prolongó durante cuatro horas y media. El empresario había asistido antes a un partido de fútbol, disputado entre un combinado de la selección nacional de Guinea y el Atlético de Malabo, y llegó a comentar que quizá fichara a un jugador guineano. Gil entregó a la Federación Guineana de Fútbol unos cuantas balones y uniformes con los calores de su club.

Durante los cuatro días que permaneció Gil en Guinea se entrevistó tres veces con el presidente Obiang y, al terminar su visita, se comentaba en Malabo que noventa empresarios españoles estaban dispuestos a invertir en Guinea, dentro de la operación propiciada por el presidente del Atlético de Madrid de crear la "zona franca", aprovechando el emplazamiento de Guinea en medie del golfo de Biafra, cerca de Nigeria, Camerún y Gabón. Entrevistado por la televisión,  Gil y Gil aseguró a la población que tenían mucha suerte por contar con el presidente Obiang, "un hombre grande que tiene la inquietud de que Guinea sea importante y que el ser humano sea importante y que además tiene la humildad de reconocer que su país puede ir a más".

España podía hacer el negocio del sigla en Guinea, según explicaba Jesús Gil a Perfecto Cande. Su plan, publicado en Interviú, era el siguientes "Tenemos parados, flota amarrada y estamos en el Mercado Común. Si nos organizáramos bien, con el gran puerta franco que se puede crear en la isla de Bioco, tendríamos el portaaviones más importante, desde el que se puede alimentar a trescientos millones de bocas, y de paso traeríamos desde allí el petróleo y otras materias importantísimas que actualmente pagamos en divisas, y cuyo trueque haríamos, de este modo en especie". Para Gil, la solución era crear una sociedad mixta, al 50 % entre Guinea y España. "El Gobierno español tendría que implantar toda la infraestructura necesaria, pero no en plan de lástima o de limosna. Infraestructura con servicios, explotación de recursos naturales, puerto franco y, a partir de ahí, el trueque de los fenicios: la mantequilla que nos sobrara en España la cambiaríamos por petróleo. El negocio del siglo".

Pasaron los meses y fue olvidándose aquella visita de Gil y Gil, caricatura expresiva que los desatinos y absurdos cometidos por España y las españoles en Guinea Ecuatorial.

El objetivo de Obiang con la creación del PDGE era incrementar su poder y controlar mejor todos los resortes del país. Eloy Eló Nvé, ministro encargado de las Relaciones entre la Presidencia y el Parlamento, precisó en esa fecha que ya estaban formadas los órganos de base del PDGE y que pronto se establecerían los nacionales, el Buró Político y el Comité Central, integrados por militantes designadas par el presidente del Partido.

Finalmente, el 29 de abril de 1988 Obiang Nguema fue nombrado presidente del PDGE mediante una ley que precisaba que el pleno de la Cámara de Representantes había aprobado aquel nombramiento "en reconocimiento de la efectiva labor realizada par el presidente Obiang, siendo necesario seguir impulsando el desarrollo de las actividades previstas, bajo la dirección apropiada".

Por otra parte, la oposición guineana seguía desunida y apenas organizaba algún que otra acto testimonial de protesta contra el régimen. Desde mediados de 1983, debido posiblemente al eco mundial que tuvo el asesinato de Benigno Aquino al regresar a Filipinas, los guineanos plantearon periódicamente una operación de retorna a Guinea. Personas como el periodista Severo Moto, el fiscal que actuó en el juicio contra Macías, José Luis Jones, o el diplomático y secretario adjunto de Asuntos Exteriores hasta 1982, Antonio Ndong, proponían la idea del regreso para forzar la democratización del régimen.

Cada cierto tiempo, aprovechando normalmente el aniversaria del golpe de 1979 o el de la independencia, los dirigentes de grupos políticos de la oposición hacen sus llamamientos, que apenas llegan a la población guineana. A finales de julio de 1987, Santos Pascual Bikomo, presidente del Partido de la Nueva Democracia, pedía desde la ciudad suiza de Crans Montana que la población demostrara su repulsa a los actos oficiales conmemorativos del "golpe de libertad" con una actitud de "resistencia pasiva".

El guineano que más popularidad ha adquirido entre los exiliados durante los últimos años, al menos por sus muchas apariciones en los medios de comunicación españoles, es Severo Moto, aunque fuera de España, posiblemente por su incansable actividad en el Palacio de las Naciones de la ONU de Ginebra, el representante oficioso de la oposición guineana es Cruz Melchor Eyá Nchama y su ANRD. Sin embargo, los opositores al régimen de Obiang jamás han podido superar sus diferencias políticas, sus pequeñas ambiciones y deseos de protagonismo y unirse en la lucha. Los miembros del clan de Mongomo repiten que pasarán siete fang de la rama esangui por el poder antes de cederlo- Y por el camino que van -el primero duró once años y el segundo está a punto de cumplir una década— falta más de medio siglo para que se culmine el ciclo.

Severo Moto Nsa, nacido en 1943, ex-seminarista, profesor de enseñanza primaria y diplomado por la escuela Oficial de Periodismo, es un democristiano que no puede soportar nada que huela a marxismo. Tras pasar tres años en la cárcel durante la dictadura de Macías, formó parte de los primeros gobiernos de Obiang hasta su salida silenciosa por las fronteras continentales, en enero de Í982, al temer que podía volver a prisión, acosado por Isidoro Eyí y Ricardo Eló que lo acusaban de "pro-español". Desde entonces ha permanecido exiliado en España, gozando de "una envidiable libertad" y formando parte de esta pequeña legión de intelectuales y cuadros guineanos que no pueden aportar sus conocimientos al desarrollo de su patria. Moto pide a Obiang "una amnistía para el mundo intelectual guineano".

Nada más llegar a España, Moto fundó su Partido del Progreso en febrero de 1982 con el objetivo de participar en unas elecciones realmente democráticas. Ve con preocupación el intento de Obiang de perpetuarse en el poder con unos comicios amañados, previstos para mediados de 1989, y lamenta "la dirección tribal y étnica que tan descarada como desastrosamente viene ejerciendo el régimen de mi país, heredado de Macías y que tan cómodamente prosigue Obiang". Según el periodista guineano, en una entrevista que le hicieron en ABC en mayo de 1987, esta situación "ha dejado fuera de juego social, político y económico al resto de las tribus y etnias", hasta el extremo de que los miembros del clan de Mongomo llaman "extranjeros" a los guineanos que no pertenecen a su grupo.

Tras realizar una campaña de prensa durante 1987, en la que incluso lograron el apoyo escrito de partidos como el Centro Democrático y Social, el Partido Demócrata Popular, Alianza Popular y el Partido Liberal, Severo Moto y sus compañeros del Partido del Progreso decidieron por fin hacer su "regreso en libertad" en marzo de 1988, acompañados por periodistas y parlamentarios españoles y europeos.' También impulsaron la creación de una comisión de políticos españoles para garantizarla limpieza en las elecciones previstas para 1989, acciones que tratan de difundir con la edición de un modesto periódico mensual, muestra de sus dificultades económicas, que les impidieron contar con sede propia hasta mediados de 1987.

La Iglesia Católica guineana mantiene una actitud de pleno apoyo al régimen. En enero de 1988, apareció publicado en el diario ABC que el arzobispo de Malabo, monseñor Rafael María Nze Abuy, podría actuar como mediador entre la oposición y el Gobierno. Unos días después, el prelado desmintió rotundamente esta posibilidad en una carta enviada al mismo medio. El obispo no valoró los esfuerzos de la oposición y seguramente pensó que tienen escasas posibilidades de actuar en el país. Tras comentar que él no es el cardenal Obando, ni la situación de Guinea similar a la de Nicaragua, afirmaba que el "Gobierno ecuatoguineano no reconoce a ningún grupo de guineanos que viven fuera del país como grupo de oposición política, sino a guineanos exiliados". En una declaración muy ambigua, afirmaba que es partidario del diálogo, pero que los obispos guineanos no desean inmiscuirse en política y añadía que no podía mediar entre el Gobierno y la oposición "porque en la situación política actual de Guinea Ecuatorial no existe un grupo de oposición reconocido como tal en el país".

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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