HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

Capítulo 54. EL FRANCÉS, EN LAS ESCUELAS. 

Tras la celebración de la cumbre de la UDEAC y especialmente durante el año 1987 y primeros meses de 1988, en Guinea Ecuatorial se tomaron muchas medidas que favorecieron la francofonización del país, mientras España observaba.

Francia preparó, en mayo, un convenio de cooperación militar técnica con Guinea Ecuatorial, por el que se preveía la formación de los cadetes guineanos en academias e instituciones galas y la concesión de ayudad de diverso tipo. Unos meses después viajó a Bata el agregado militar francés acreditado ante el Gobierno de Guinea, pero con sede en Yaundé, para organizar los trabajos de cooperación en su área y despedirse de Obiang al regresar a Francia. El Gobierno guineano concedió al coronel Patrick Pacaub la medalla del mérito militar de la Orden de la Independencia.

Aquel mismo día, 14 de septiembre de 1987, la agencia EFE anunciaba la llegada a Guinea del presidente de la Academia Olímpica española, Conrado Durantez, quien iba a impartir un seminario sobre administración deportiva. No deja de ser una anécdota pero muestra que mientras las actividades españolas en Guinea se orientaban hacia lo cultural, las francesas eran ya de otro tipo.

Desde otoño de 1987, instructores franceses trataban de coordinar sus enseñanzas militares en Guinea con los oficiales españoles. Francia empezaba también a suministrar uniformes y material ligero, produciéndose la divertida circunstancia de que las Fuerzas Armadas guineanas contaban al mismo tiempo con uniformes españoles y franceses, especialmente del tipo que usan los "gendarmes".

En junio se informó que el Ministerio de la Cooperación de Francia concedió a Guinea un crédito de 116 millones de francos franceses (2.320 millones de pesetas), para la construcción de una central eléctrica y una presa en Riaba, al sur de Bioco. Este proyecto, de enorme importancia para Guinea, pues servirá para producir toda la electricidad necesaria en la isla, está previsto que se termine a finales de 1989. La obra estaba financiada en un 75 % por la Caja Central de Cooperación Económica francesa y en un 25 % por el Fondo Europeo del Desarrollo (FED) de la CEE. A España le han dejado sólo las migajas, con la única participación de Page Ibérica junto con cuatro empresas constructoras y eléctricas de Francia, debido en parte a que cuando se planeó y dotó económicamente este proyecto no se había producido todavía nuestro ingreso en la CEE.

"No podemos dejar de agradecer y expresar nuestra consideración a este país amigo, la República de Francia, que ha hecho posible la realización de esta obra", manifestó Obiang, al presidir en octubre la ceremonia de colocación de la primera piedra de la central de Riaba. En su alocución, el presidente guineano resaltó la importancia de la ayuda internacional que recibían, pero lamentó que algunos países ofrecieran "cooperación sin planes", en clarísima alusión a España.

Aquel acto fue una muestra de la creciente influencia francesa en Guinea. Según el corresponsal de la Agencia EFE, los obreros guineanos contratados, que estaban formados ante la tribuna presidencial, llevaban todos unas camisetas blanquísimas con el nombre de una empresa constructora francesa -"Chantiers Modernes"-, el folleto explicativo distribuido a las autoridades y cuerpo diplomático estaba editado por "Electricité de France", en el cocktail que se sirvió se bebía champagne francés, vino de Burdeos y Ricard. Hasta el agua mineral era francesa. Tan sólo unos pinchos de tortilla española, algo resecos, parecían querer competir con el entorno galo, entre bromas de los asistentes, y servían para recordar que aquella isla había vivido dos siglos de presencia hispana.

Un grupo de bubis que amenizaban el acto con sus bailes portaban una pancarta en la que se decía que "lo que no han podido 200 años de dominación colonial y 11 de dictadura ha sido posible con el Gobierno de Teodoro Obiang", en referencia al grave problema de la falta de luz en toda la isla que afecta también a la capital del país. El encargado de negocios de la Embajada española en Malabo, Manuel María Lejarreta, y el teniente coronel Francisco Javier Pérez, jefe de la misión militar, asistieron incómodos a aquel acto tan triste para España.

Fierre Marset, director de la Caja Central de Cooperación Económica de Francia, con sede en Yaundé, realizó más de una docena de viajes de Guinea en 1987. Además de la obra de construcción de la central, París financió la creación de la empresa mixta franco-ecuatoguineana de telecomunicaciones "GETESA", y ya se preparaba un convenio de asistencia de aviación civil, que suponía el desplazamiento de los técnicos españoles, y la organización de una empresa aérea.

Los ministros y altos funcionarios guineanos viajaban cada vez con mayor frecuencia a París, para coordinar diversas actividades, mientras se repetían las visitas de autoridades y expertos galos a Guinea. Francia había colocado ya asesores en los principales ministerios e instituciones económicas guineanas, que trabajaban junto a los funcionarios del BEAC y de la UDEAC de los otros países de la zona. En los ministerios guineanos se empezaba a hablar más francés que castellano y los funcionarios guineanos que no sabían francés se veían obligados a estudiar esta lengua.

Las penosas comunicaciones de Guinea con el exterior mejoraron de la noche a la mañana cuando, en octubre, France Cable se encargó del sector. Se creó una empresa privada que inmediatamente conectó a Guinea con el mundo vía satélite, pero bajo el control de Francia. Aunque el 80 % de las llamadas de Guinea al exterior en ese año eran a España, desde entonces las comunicaciones pasaban por París, vía Duala. La central telefónica guineana básica quedó instalada en Bata.

Fuentes cercanas a la Embajada española en Malabo dijeron que la iniciativa francesa se produjo en detrimento de un ofrecimiento de la Compañía Telefónica Nacional de España, que durante muchos años prestó asesoramiento y apoyo a los guineanos, para establecer la conexión vía satélite a través de Madrid, informaba  la  agencia EFE.  La propuesta de Telefónica "se  hizo tarde y mal", mediante una carta de Luis Solana dirigida al presidente de Guinea Ecuatorial el 24 de septiembre de 1986, cuando ya estaban sentadas las bases de la creación de la empresa mixta franco-guineana GETESA, a través de la cual operaba France Cable.

Pedro Ondó, director general de Telecomunicaciones de Guinea Ecuatorial, justificó la decisión de su país aduciendo "indeterminación de Telefónica y de las autoridades españolas" ante una situación insostenible de incomunicación de Guinea. Sin embargo, Pedro Ondó dijo que "Telefónica tiene las puertas abiertas para participar en GETESA". La empresa española hizo un último intento de organizar las telecomunicaciones guineanas, mediante una propuesta hecha por Luis Solana en un programa de televisión de carísima producción, cuando Francia ya tenía planeada toda la operación y estaba concedido un crédito de 1.200 millones de francos CFA (unos 400 millones de pesetas) para este objetivo.

La agencia EFE, el único medio informativo español que ha mantenido siempre un corresponsal en Malabo, envió a Andreu Claret a la zona en verano de 1987, pero se convirtió en el primer delegado de EFE en Guinea desde el derrocamiento de Macías con residencia en Yaundé, capital de Camerún, El fin era disponer de más facilidades para seguir la actualidad de diversos países de África Ecuatorial pero, sin embargo, era un síntoma más del progresivo abandono español de Guinea.

Claret se encontró un país en pleno proceso de francofonización. El periodista relataba que en ciertos ministerios, al preguntar por el director general de alguna sección, era necesario precisar si se quería hablar con el guineano o con el francés. De una manera muy discreta, París había creado una "administración paralela", integrada por expertos franceses que supervisan y controlan los principales centros de decisiones guineanos, entre los que, por supuesto, se contaba el Ministerio de Hacienda o el recién creado Tesoro Público. "Así garantizamos que el dinero que invertimos tenga el destino adecuado", comentaba un experto francés al periodista español.

Francia estaba actuando ya con normalidad en Guinea. Se había producido la primera incorporación de un país africano sin vínculos históricos con París a la zona del franco. Una revista económica francesa afirmaba que, "teniendo en cuenta el interés estratégico y las implicaciones políticas de esta integración, Francia pondrá los medios necesarios para asegurar el éxito de la operación".

Otro sector controlado ya por Francia era el de combustibles. Desde que se formó la empresa GETOTAL, al comienzo de 1985, no habían faltado los derivados del petróleo, aunque los precios se habían duplicado.

Todo empezaba a funcionar de manera diferente. Mientras, por ejemplo, el Guinextebank había acumulado en siete años unos 1.500 millones de pesetas en deudas, debido a una política errática y débil, el Banque Internacionale de l'Afrique Occidental (BIAO) sólo prestaba dinero bajo estrictas condiciones, aunque lo pidiera el mismo presidente de la República. Los guineanos eran los mismos,  pero habían  cambiado los "patrones".

Precisamente debido a una cierta dureza gala en las negociaciones y trato con los guineanos, que no estaban acostumbrados a esto, las relaciones entre Malabo y París sufrían algunas tensiones. Fue especialmente áspera la reunión de la Comisión Mixta de Cooperación Franco-guineana celebrada a primeros de noviembre. Los franceses exigían un control absoluto de los proyectos planteados y los guiñéanos se oponían, hasta que aparecía el incontestable argumento de "lo toma o lo deja" y los franceses amenazaban con marcharse.

El proceso era irreversible. Aquel año Obiang no dejó de asistir a la cumbre anual franco-africana, pasando primero por Marruecos. El dirigente guineano se entrevistó en Antibes, localidad del sur del Francia, con el primer ministro, Jacques Chirac, antes de que comenzara la reunión de jefes de Estado de África y Francia, inaugurada el 11 de diciembre de 1987 por el presidente Francois Mitterrand, con quien el guineano también mantuvo una entrevista en privado.

Desde 1973, París organiza estas reuniones que en forma alternativa, tienen lugar en Francia y el siguiente año en alguna capital africana. En la reunión de aquel año no participaron tantos jefes de Estado como en ediciones anteriores, pues "sólo" acudieron los gobernantes de 15 países africanos, aunque también estuvieron representados los de otras 22 naciones subsaharianas por los ministros de Asuntos Exteriores. En 1983 habían participado 24 jefes de Estado y 18 en 1985. Además, los especialistas comentaban que aquel año viajaron a Francia los jefes de Estado de Ruanda, Guinea Bissau, Sao Tomé y Príncipe y Gambia, además del ecuatoguineano, de poca relevancia en el continente africano.

Durante algunos años estas reuniones reemplazaron de alguna manera a las cumbres de la OUA, organismo casi bloqueado por los enfrentamientos internos africanos, especialmente grave en los últimos años debido al conflicto del Sahara. A la cumbre de la OUA de 1987 sólo "asistieron nueve jefes de Estado africanos.

El punto central del orden del día en, aquel encuentro fue la compleja situación económica que atraviesa el continente africano, muchos de cuyos países tienen a Francia como principal mentor. El problema de la deuda acaparó la atención de los dirigentes africanos, quienes no lograron que Francia aceptase la anulación global de parte de su deuda externa, aunque se estudiaron diversas fórmulas para superar la situación. El presidente Mitterrand se mostró comprensivo con las reclamaciones de los estados africanos, y criticó la actitud de los países industrializados con los que están en vías de desarrollo. Miterrand lamentó que 27 de los 40 Países Menos Adelantados (PMA) de la Tierra se encuentren en África subsahariana.

Obiang manifestó en aquella reunión, en unas declaraciones exclusivas a la agencia EFE, que "nuestro idioma oficial es el español, pero nosotros no podemos aislarnos del resto de los países africanos y España es quien debe defender su cultura en Guinea Ecuatorial, porque nuestro país es el único de habla española en todo el continente africano". El militar afirmaba que si España se marginaba de Guinea Ecuatorial, y no prestaba una ayuda a su antigua colonia, "quizá la futura generación ignorará la cultura española".

El presidente ecuatoguineano criticó a la cooperación española y afirmó que su país "concedió un trato preferente a España" al asumir él la presidencia, pero justificó su integración en la UDEAC por la necesidad de "lograr un desarrollo armonioso". Dijo que a raíz de este hecho se produjo un mayor acercamiento a Francia, "país que potencia a los organismos de nuestra región". Afirmó que España había ido cambiando de actitud al sucederse los presidentes Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo y Felipe González. "Ahora estamos a la expectativa, esperando a ver cuál es la postura del Gobierno español respecto a la cooperación de Guinea y España".

Tres días después de regresar a Malabo, Obiang viajó al Chad para asistir a la XXIII cumbre de la UDEAC, que fue un fracaso pues sólo se presentaran en Yamena los presidente de Guinea Ecuatorial y de Gabón. Omar Bongo se vio obligado a convocar una reunión extraordinaria en Libreville, que se celebró del 8 al 10 de enero de 1988. Bongo advirtió públicamente a sus colegas sobre la crítica situación económica que sufría el organismo, reflejo de lo que estaba ocurriendo en los países miembros. El peso de la deuda externa y el descenso de los precios de las materias primas, especialmente el petróleo, habían golpeado con dureza a los seis estados de la región, uno de ellos, el Chad, enfrascado además en una larga guerra.

En aquella reunión extraordinaria se destacó que el BEAC precisaba, con urgencia, medidas de ajuste y reestructuración. Bongo dijo que las reservas del BEAC habían descendido, en un año, de 378.O0O millones de francos CFA (unos 100.000 millones de pesetas) a 40.000 millones de francos CFA (unos 11.000 millones de pesetas).

Aunque ya se habían escuchado comentarios, en enero de 1988 se supo que Francia se iba a ocupar también del control de los aeropuertos de Malabo y Bata. El jefe de la misión francesa de cooperación, Jean Claude Euxebit, anunció a las autoridades guineanas la llegada a Malabo de su compatriota Philip de Maistre, presidente de la Agencia para la Seguridad de la Navegación Aérea de África y Madagascar (ASEGNA) , organismo encargado del mantenimiento y gestión de los aeropuertos en los países africanos francófonos, con el objetivo de culminar las negociaciones para integrar los dos aeropuertos guineanos en la organización. También anunció la decisión francesa de buscar financiación para comprar un aparato y garantizar la existencia de la compañía aérea guineana, fundamental para facilitar las comunicaciones entre Río Muni y la isla de Bioco, llamada Ecuatoguineana de Aviación.

Los técnicos españoles de aviación civil, que desde la época de Macías habían tenido que superar mil dificultades para garantizar una mínima seguridad a los aviones que llegaban a Guinea, y que habían introducido mejoras en el aeropuerto de Malabo por un valor superior a los 250 millones de pesetas, vieron cómo de un plumazo quedaban borrados del mapa, por imposición de Francia y los países de la UDEAC. Tenían la certeza de que tarde o temprano aquello sucedería, pero les molestó que nadie les avisara de manera oficial.

Un buen día de junio de 1987,las autoridades del aeropuerto de Malabo comenzaron a cobrar las tasas oficiales utilizando unos formularios en francés. Cuando Ezequiel, un español emprendedor que se había comprado una avioneta, organizó un escándalo y dijo que él no pagaba si le daban un recibo en francés, en un país donde la Constitución precisaba que el idioma oficial era el castellano, sabía que aquella batalla estaba perdida.

Guinea Ecuatorial fue el primer país no francófono que se incorporó a ASEGNA, organización que tiene su sede central en Dakar (Senegal) y una administración controlada por Francia. Esta integración resultará muy gravosa para Guinea, al tener que adquirir el equipamiento necesario para homogeneizar sus aeropuertos con los de ASEGNA, especialmente después de haber recibido equipos de España durante varios años en cuenta el reducido tráfico que registra Malabo -único internacional- donde la media exterior es inferior a dos diarios.

En  febrero  de 1988 se supo también que el francés había pasado a ser idioma obligatorio en las escuelas del país y que la radio nacional de Guinea iba a repetir la emisión de los informativos en francés, tras ser leídos en castellano. Fuentes oficiales guineanas, citadas por EFE, justificaron la decisión de hacer bilingües los cuatro informativos diarios de radio por la necesidad de relacionarse con los países del entorno, tras la integración de Guinea en la UDEAC.

Jaime Engonga, delegado regional del Ministerio de Educación y Deportes en Río Muni, manifestó en un seminario pedagógico para profesores de francés que el hecha de que este idioma pasara de ser una asignatura optativa a una obligatoria en todos los niveles de la enseñanza era "un éxito nacional", pues argumentaba que introducir este aspecto en el sistema educativo guineano era una respuesta positiva a las necesidades reales idiomáticas del país. En aquel seminario, celebrado en Bata, se utilizó el francés como lengua oficial. Era la primera vez que ocurría esto en Guinea. Un funcionario galo del Ministerio de Educación, responsable de los cursos de lengua en África Central, anunció la concesión de importantes incentivos y ayudas para los profesores de francés en Guinea y para los que quisieran aprender este idioma.

A finales de febrero de 1988 visitó Guinea el general Gastaldy, responsable del área, militar en el Ministerio de la Cooperación de Francia. Acompañado por el embajador francés en Malabo, Marcel Cots, entregó al presidente Obiang varios vehículos pesados, un taller de reparación y diversos equipos y repuestos para las Fuerzas Armadas guineanas. Poco a poco Francia iba sustituyendo a España en el campo de la seguridad y defensa. El viceministro guineano de Defensa, el capitán Melanio Ebendeng, agradeció la ayuda que "servirá para lograr una mejor formación y equipamiento de nuestro ejército". Sin embargo, España fijó un presupuesto de 160 millones de pesetas para la cooperación de seguridad y defensa durante 1988, en la reunión de la Comisión Mixta celebrada a primeros de aquel mes de febrero.

En los últimos años, Francia ha concedido un número relativamente importante de créditos a Guinea, hecho que incrementó su deuda externa. Debido a los atrasos reiteradas en los  pagos de la deuda de Guinea con España, el país africano quedó incluido en una lista de morosos, cosa que motivó, por ejemplo, que quedaran bloqueados en España hasta los créditos a la exportación. Si la situación guineana no mejora, Francia deberá replantearse esta política, aunque París sabe sacar gran rentabilidad a sus proyectos de cooperación. Especialmente en África, la mayoría de las empresas que realizan proyectos de cooperación o desarrollo son francesas, en muchas ocasiones con fondos comunitarios o de otras instituciones multinacionales.

El problema es la fragilidad de la economía guineana y su pobreza en relación con las enormes necesidades que tiene, en un momento en que los dos grandes organismos financieros africanos controlados por Francia, tanto el BEAC como el Banco de los Estados de África Occidental, son deficitarios. El Banco de París debe cubrir su déficit, en cumplimiento de la cláusula de garantía como entidad que respalda las economías de esos países.

Los grandes proyectos guineanos que ahora controla Francia, como la remodelación del aeropuerto de Malabo, los puertos de Bata y Malabo, la empresa de combustibles GETOTAL, las comunicaciones, o la empresa Ecuatoguineana de Aviación, son deficitarios, quizá con la excepción de GETESA, por el momento, gracias a que casi toda la infraestructura es la de Camerún. Ecuatoguineana de Aviación, por ejemplo, perdió más de cien millones de pesetas en 1987. En ocasiones llegaron a operar alquilando avionetas a la Camerún Air Lines, tras haber sufrido algunos accidentes con los vetustos aviones que disponían, por suerte sin daños personales.

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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