HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

Capítulo 53. UN ANFITRIÓN HUMILDE. 

En diciembre de 1986 se celebró en Bata, capital de Río Muni, la cumbre de jefes de Estado de la UDEAC. Para poder llevarla a cabo con cierta dignidad, las autoridades guineanas destinaron casi el cien por cien de sus recursos y enormes esfuerzos durante los últimos seis meses del año. Pidieron ayuda a todos los países amigos para poder hacer un papel decoroso.

Hasta los empresarios privados tuvieran que aportar "contribuciones voluntarias" para coadyuvar al éxito de la reunión de la UDEAC. Los que podían pagaban en "especie", como por ejemplo las empresas constructoras, y otros entregaban una contribución en dinero. La ciudad de Bata cambió de aspecto, se repararon las calles, se pintaron las fachadas de las casas y se adecentaron jardines que habían sido invadidos por la naturaleza, al estar descuidados casi desde la independencia. Dentro de la modestia de sus proporciones y la humildad de sus edificaciones - la ciudad cuenta con unos 30.000 habitantes- su bello emplazamiento junto a la costa y el verdor tropical que domina el paisaje ayudaba a lograr un cuadro muy aparente.

Durante aquellos preparativos hubo que lamentar el grave accidente que sufrió un técnico de TVE, Carlos Nieto, que llevaba seis años en Guinea, se precipitó al suelo mientras trataba de instalar una antena de televisión para asegurar el enlace entre Malabo y Bata. Fue evacuado urgentemente a España, vía Libreville, y permaneció ocho meses en un hospital recuperándose de diversas fracturas. Cuando pudo regresar a Guinea, a finales de 1987, el presidente Obiang le condecoró con la Orden de la Independencia.

Del 12 a 20 de diciembre Guinea Ecuatorial iba a protagonizar el principal acontecimiento internacional de su historia, la primera vez que Obiang Nguema iba a presidir un acto multilateral con jefes de Estado de cinco países vecinos, la XXII reunión de jefes de Estado de la UDEAC, organismo fundado en 1968 como una suerte de embrión de un mercado común centroafricano, con una única moneda respaldada por el franco francés.

Camerún, Chad, Congo, Gabón, la República Centroafricana y Guinea Ecuatorial ocupan una extensión superior a los dos millones de kilómetros cuadrados y cuentan con 18 millones de habitantes, todos francófonos excepto los guineanos... por el momento. El presupuesto de la UDEAC durante 1986 fue de unos tres mil millones de francos CFA (unos mil millones de pesetas), destinado básicamente a promover la obtención de recursos alimenticios.

Jamás se habían escuchado tantas sirenas en Bata ni habían recorrido sus calles, adornadas hasta la exageración con banderas, retratos de los dirigentes y carteles conmemorativos, tal cantidad de caravanas oficiales de vehículos. Antes de que llegaran los jefes de Estado, el día 17, más de 20 ministros de diversas carteras de los países de la UDEAC habían mantenido reuniones de trabajo. Para que todo estuviera a  punto y solucionar la falta de material de escritorio, fotocopiadoras, comida, banderas de los países de la UDEAC, retratos de sus presidentes, etc, llegaron cinco aviones de transporte. Marruecos envió dos Hércules y España uno. Costa de Marfil y Camerún también mandaron dos aparatos con diversos productos. El rey Juan Carlos regaló a Obiang un Land Rover especial blindado.

Hasta el misterioso grupo de surafricanos instalado en el valle de Moka, en la zona central de la isla de Bioco, fue requerido para colaborar en los preparativos de la cumbre, con gran indignación de las autoridades nigerianas. Los jóvenes surafricanos blancos organizaron, con gran eficacia, grupos de trabajo con guineanos para pintar, reparar y remozar numerosas instalaciones oficiales.

Nada más comenzar las sesiones preparatorias, el corresponsal de la agencia de prensa española EFE pudo detectar, pese al hermetismo de los funcionarios, serias discrepancias entre las diversas delegaciones. Por ejemplo, los cameruneses querían controlar las telecomunicaciones y los gaboneses planteaban un rechazo firme al proyecto de ley de sociedades anónimas para la pequeña y mediana empresa.

Obiang  y su esposa Constancia acudieron al modesto aeropuerto de Bata para esperar a los presidentes de Camerún, Paul Biya, de Gabón, Omar Bongó, de Chad, Hisén Habré, de Congo, Denis Sasou Ngueso, y de Sao Tomé y Príncipe, Manuel Pinto da Costa, que aprovechó su presencia en la reunión como observador para pedir su ingreso en la UDEAC. Debido a la celebración del juicio de Bokasa, el presidente centroafricano, André Kolimba, envió como representante a su ministro de justicia, Jean  Louis Yambala.

El presidente ecuatoguineano resaltó en su discurso de apertura, por cierto pronunciado en francés, la necesidad de potenciar el desarrollo de los países de la UDEAC y la libre circulación y asentamiento de personas y bienes entre los estados miembros, cuestión última que no era del gusto de Bongo, quien prefería dejar este asunto para más adelante. Obiang destacó la importancia de mejorar los transportes internos e internacionales, el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, de la agricultura y ganadería y el mejor aprovechamiento de los recursos humanos. Otros puntos que se estudiaron fueron la liberación del comercio y la eliminación de tasas aduaneras, el establecimiento de una tarifa exterior común, la organización política fiscal para la promoción de las actividades comunitarias en transportes, agricultura, industria, recursos naturales, finanzas y moneda.

También preocupaban a los dirigentes de los países reunidos los graves conflictos políticos y económicos del continente, especialmente la guerra que sufría el Chad. Hisén Habré apenas permaneció unas horas en Bata y regresó apresuradamente a Yamena, tras exponer a sus colegas, a puerta cerrada, la situación militar de su país, entonces enfrentado con Libia.

Tan sólo unas semanas antes de la cumbre de la UDEAC se mencionaba por fin a este organismo en unos documentos oficiales públicos de la cooperación española. Los textos elaborados con motivo de la IV Reunión de la Comisión Mixta Hispano-Ecuatoguineana, celebrada en noviembre de 1986, se hacen eco del interés guineano para preparar la cumbre de jefes de Estado de la UDEAC que debía tener lugar en diciembre en la ciudad de Bata.

En aquella ocasión se editó un folleto con el informe sobre la ejecución de los acuerdos adoptados en la III Reunión de la Comisión Mixta Hispano-Ecuatoguineana, celebrada un año antes, y algo más tarde otro que reflejaba las prioridades del Plan Marco de Cooperación entre el Reino de España y la República de Guinea Ecuatorial para 1987, aprobadas en aquella reunión. Aquellos documentos seguían siendo muy optimistas, pintaban una situación casi idílica y sólo mencionaban los logros, sin precisar casi nunca en los proyectos datos fundamentales, como plazos o presupuestos. Por lo menos, servían para que quedara constancia publica de los acuerdos que se lograban y con aquellas reuniones se estaban institucionalizando las revisiones periódicas del estado de la cooperación, se hacían análisis de los resultados y se establecían los puntos que más interesaban a las dos partes.

En el primer documento, la parte española expresaba su satisfacción "por lo que considera un logro indiscutible o, al menos, un avance extraordinariamente positivo, tanto de la forma de trabajo en sí, la organización y el método, como la consecución de objetivos". Todo parecía marchar a la perfección y apenas había críticas o la constatación de algún fallo o incumplimiento de programas previstos.

Es cierto que la cooperación se había estructurado y que el director de la OCGE, Fernando Riquelme, había racionalizado su funcionamiento. Esto, unido a que los objetivos eran ya más modestos que al principio, servía para que los organismos responsables ofrecieran una imagen de eficacia. Habían hecho falta siete años para lograr aquello.

En una de las introducciones del documento se señalaba que sólo se había visto "mermado su nivel de resultados" en las áreas de sanidad y sociolaboral "por causas inherentes a la propia mecánica de la cooperación entre nuestros dos países". En casi todos los sectores se decía que se habían alcanzado los objetivos en "un ciento por ciento", aunque se culpaba al Gobierno guineano de ciertos atrasos en educación por la demora de la promulgación de la Reforma Educativa. Sin embargo, no podía disimularse el fracaso de la cooperación en seguridad y defensa, interrumpida durante 1986 por deseo de las autoridades guineanas.

Según aquel análisis, los proyectos de Obras Públicas aprobados en 1985 sólo se cumplieron con cierta normalidad, durante los primeros meses de 1986. "Diversas circunstancias, entre las que destacan las necesidades surgidas de la organización de la Reunión Cumbre de Jefes de Estado de la UDEAC, aconsejaron una reorientación de este Programa de Cooperación para facilitar al Gobierno ecuatoguineano el hacer frente a los compromisos adquiridos para la organización de la citada reunión internacional".

Esto significaba que el plan se había modificado por la exigencia guineana de concentrar todos los esfuerzos en la preparación de la reunión de jefes de Estado, incluida la construcción  de unos chalets para su alojamiento, reparación de carreteras en Bata y remodelación de determinadas zonas. Prácticamente la única obra pública que  se había mantenido era la traída de aguas a Bata, un proyecto que se  estaba haciendo eterno, pues ya se planteó en 1979, debido a que no iba a causar buena impresión la falta de agua en la capital de Río Muni durante aquel acto, el más importante de los celebrados en Guinea desde el derrocamiento de Macías y probablemente desde la independencia.

Los mayores esfuerzos españoles seguían centrándose en la educación y la cultura, donde ciertamente la situación había mejorado considerablemente desde el punto de vista organizativo. Comenzaba a normalizarse la entrega de materiales y libros de texto a las escuelas guineanas, así como un mayor rigor en la enseñanza básica, bien mediante el trabajo de los profesores españoles o gracias a los cursillos impartidos a los maestros guineanos.

La UNED también mejoraba el nivel de sus enseñanzas, las clases estaban más organizadas y ya se daban cursos de Preacceso, Acceso Directo, Ciencias de la Educación, Derecho, Filología, Ciencias Económicas, Ciencias Empresariales, Geografía e Historia y Psicología, con medio millar de alumnos matriculados y 52 profesores, 27 de ellos guineanos.

El Centro Cultural Hispano-guineano de Malabo amplió sus actividades, se normalizó el uso de la biblioteca, se dictaron conferencias y diferentes cursos y se editaron libros, aunque la actividad que más éxito lograba era la proyección de películas en video. Fue una medida positiva la contratación de Donato Ndongo-Bidyogo como director adjunto del Centro, cargo que por primera vez recaía en un guineano, permitiéndole así un digno regreso al país, tras haber mantenido una posición crítica desde España al régimen de Obiang.

Las actividades de seguridad y orden público se vieron también interrumpidas, precisaba el documento, desde la mitad de 1986, obsesionados los guineanos por garantizar la seguridad de los jefes de Estado que iban a asistir a la reunión de la UDEAC. El ingreso de Guinea en la organización regional parecía que sólo tenía como referencia aquella reunión y que en ella se pudiera dar una buena imagen. Durante los seis últimos meses de 1986 la preparación de la cumbre fue casi la única preocupación de las autoridades guineanas, abandonando otras actividades fundamentales para el desarrollo del país. Sin embargo, casi todos los cursos de defensa prosiguieron y también se enviaron uniformes, por valor de 14 millones de pesetas. Ante la reunión de diciembre, los guineanos pidieron una ayuda extra a los militares españoles, que les mandaron otros 300 uniformes de Tierra, Mar y Aire, 63 uniformes para una banda de música y 63 instrumentos, así como 50 equipos para una unidad de motoristas.

Una vez pasada revista a las distintas áreas de cooperación, se concluía que se había logrado un éxito general del cumplimiento del Plan Marco de Cooperación de finales de 1985. Se establecía que se habían cumplido los objetivos fijados en un porcentaje del 80 % y se reveló que España había concedido durante 1986 un total de 1.925 millones de pesetas en créditos y ayudas en diversos campos.

Tras aquel primer año de cumplimiento de un Plan que tenía una vigencia prevista de cuatro se pensaba continuar con los proyectos, excepto en el área de Obras Públicas, que "reduce y centra  sus objetivos".  Se notaba que España estaba adquiriendo una cierta experiencia en cooperación internacional, simplemente con observar la conclusiones de aquella reunión mixta y los planes para 1987. Lo malo es que es ya no se podía volver a 1979 y que desde enero de 1985, a quizá algo antes, Guinea Ecuatorial caminaba por otra senda, alejada de la que podía seguir de la mano de España.

La cooperación española en Guinea, y quizá los planes de ayuda para otros países del Tercer Mundo, especialmente en América Latina, podían dar mejores frutos, pero ya desde la perspectiva de alcanzar objetivos puntuales y concretos. Jamás se volvería a presentar la posibilidad de organizar la existencia de un pequeño país, con recursos suficientes. El objetivo fundamental en Guinea era ya mejorar la educación y la sanidad, con el fin prioritario de reforzar la utilización del castellano y mantener la cultura hispana en el país africano. También se analizó, por primera vez, la necesidad de ir sustituyendo cooperantes españoles por guineanos, mediante la formación de personal en las distintas áreas.

 

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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