HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

Capítulo 52. OTRO GOLPE DE MONGOMO.

El sexto aniversario del golpe de 1979, en agosto de 1985, se vivió en plena recesión económica, motivada por las medidas de ajuste impuestas para el ingreso en la UDEAC, pero la población conservaba todavía la ilusión de mejorar. Sin embargo, se estaba fraguando un nuevo golpe promovido por los esangui de Mongomo, que Obiang intentó desarticular en enero de 1986, pero que finalmente estalló en el verano de ese año.

Donato Ndongo, en un nuevo análisis publicado al celebrarse el sexto aniversario del "golpe de libertad", el 3 de agosto de 1985, afirmó que España y la comunidad internacional habían dedicado, al menos, 30.000 millones de pesetas a la recuperación de Guinea. "Tan astronómica cantidad, en dinero contante o en bienes de consumo, debería haber sido, en principio, suficiente para contrarrestar los efectos de la devastación maciísta y permitir que Guinea empezara a salir de los últimos lugares entre los países más míseros de la Tierra", decía el periodista guineano. Sin embargo. Donato Ndongo añadía que "nada de eso ha ocurrido" y que Guinea ofrecía la imagen "del eterno mendigo, apostado en la puerta de los gobiernos del mundo entero y de los organismos internacionales, exhibiendo sin ningún pudor sus pústulas y muñones como reclamo de la caridad pública".

Lo más lamentable, a juicio de Ndongo, era que el país, con riquezas naturales suficientes para permitir un nivel de vida digno a sus escasos 350.000 habitantes, no estaba dirigido por los más preparados e inteligentes y que los ciudadanos más capaces tenían que seguir viviendo, salvo honrosas excepciones, en el exterior. El periodista, que se declaraba parte de los sectores disconformes, más que opositor, afirmaba que no se "cuestionaba fundamentalmente la figura de Obiang", pero pedía la apertura de un diálogo nacional. Donato Ndongo pensaba que había soluciones, pero para buscarlas era necesario replantear la actitud de los guineanos y la de los países y organismos que prestaban ayuda.

La III Comisión Mixta Hispano-Ecuatoguineana, que tuvo lugar en el mes de noviembre en Malabo, logró el malabarismo de presentar una nueva propuesta de ayuda con el prisma de relanzar sus relaciones con Guinea. Ni durante la celebración de la Comisión, presidida en la parte española por Luis Yáñez, ya entonces secretario de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica, ni en el cuidado folleto que se publicó después para difundir las líneas generales del Plan Marco de Cooperación entre el Reino de España y la República de Guinea Ecuatorial aprobado en aquella Comisión Mixta, se anotaba que el elemento básico de la nueva situación era el ingreso de Guinea en la UDEAC. Parece que había una especie de conjura para que no se pronunciaran estas siglas y, si a alguien se le escaparon, desde luego no quedaron en letra impresa.

Para las autoridades españolas, la cooperación tendría desde entonces tres ejes fundamentales de actuación: potenciar la identidad cultural hispánica de Guinea Ecuatorial, incrementar la solidaridad española con el pueblo y Gobierno guineanos y la formación de personal cualificado. Lamentablemente, se había elaborado por fin un Plan Marco cuando lo único que podía englobarse en él eran una serie de proyectos concretos, especialmente importantes en las áreas de educación y sanidad, pero ya sin ninguna pretensión de asumir la responsabilidad del desarrollo integral guineano.

Según se especificaba en la introducción del Plan Marco, la razón por la que se hacía necesario reestructurar la cooperación era que había transcurrido mas de un lustro desde su inicio» Este elemento "parece aconsejar la conveniencia" de introducir cambios y establecer las ayudas "sobre unas nuevas bases, así como reorientar y definir sus objetivos y metas". La duración del Plan Marco se estimaba en cuatro años, con uno inicial considerado como experimental.

Tras mencionar los objetivos de reforzar la cultura hispana en Guinea y colaborar en el Área de sanidad, el Plan Marco apuntaba que se daba "una especial significación a los programas relativos a formación de personas en las distintas áreas de la Cooperación". En aquel documento se apuntaba además la necesidad de "corregir algunos enfoques iniciales", especialmente limitar los programas para evitar "la excesiva gama de proyectos y su dispersión global". Pedía también la "armonización" de programas de sanidad, agricultura, aviación civil y obras públicas con otros organismos internacionales. Impresiona observar que fue necesario que transcurrieran seis años para reconocer aquellos fallos.

En cuanto al capítulo de Comunicación Social, la novedad más importante fue la creación de una emisora de radiodifusión cultural. que se llamaría África 2000, con un objetivo eminentemente educativo (a finales de 1988 todavía no estaba en funcionamiento). En el Área de agricultura, donde se habían logrado resultados aceptables, se mantenían diversos proyectos de formación de personal, apoyo a un sistema de desarrollo rural autóctono, asesoramiento a los ministerios competentes en materia agropecuaria, pesquera y forestal, realización de estudios e investigaciones y la ayuda en la elaboración de estadísticas sobre producción de cultivos y comercialización de productos.

Se acordó también dar continuidad a los planes de formación socio-laboral y de empleo, cooperación en aviación civil y obras públicas, aunque se explicaba que la ejecución de muchos proyectos de desarrollo se había visto obstaculizada por "la penosa situación en que se encontraba la infraestructura general del país al iniciarse los programas de Asistencia en 1980". De esta forma» se justificaba la desproporción entre los esfuerzos desplegados y la consecución de logros, entre los que se destacaba  la  construcción de 137 viviendas en Malabo y 81 en Bata, así como las obras de suministro de aguas a Bata.

En el Plan Marco se incluían ciertos programas de cooperación en materia de seguridad y defensa, fundamentalmente cursos de formación en Guinea con instructores españoles, aunque se añadían algunos en diversas escuelas y academias militares y policiales de la península. Por supuesto, nadie pretendía ya sustituir a los marroquíes.

Los  españoles  con antiguos intereses en Guinea  Ecuatorial seguían con preocupación aquel retroceso de España y protestaban por la falta de soluciones a sus problemas. Para ellos el franquismo, los primeros gobiernos predemocráticos, y los de Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo y Felipe González habían actuado de la misma formas lo único que recibieron de todos ellos fueron vagas promesas. Veían con rabia cómo se gastaba el dinero en Guinea, sin demasiado control, mientras ellos seguían sin recibir ninguna indemnización. Este puñado de afectados -sólo son unos 300, agrupados en la Comisión de Españoles con Intereses en África (CEIA)- alzaron de nuevo sus voces cuando se enteraron de las medidas que preparaba el Gobierna de Obiang para adueñarse de sus propiedades.

Los portavoces de CEIA comentaban que en el Boletín Oficial de Guinea Ecuatorial se habían publicado anuncios de fincas abandonadas y que el 3 de abril de 1985 había aparecido una resolución por la que se adjudicaba una excelente finca de cacao de la empresa Caifer, cerca del aeropuerto de Malabo, a Teodoro Obiang Nguema, por el simbólico precio de 140.000 pesetas.

A primeros de 1986 la población guineana, incluido el estamento castrense, estaba muy descontenta, pues ya había transcurrido un año desde el ingreso en la UDEAC y apenas se detectaban mejoras. Además, la falta de circulante había motivado atrasos generalizados en el pago de salarios, que por otra parte seguían siendo bajísimos, a los funcionarios públicos y militares.

En ese momento, el presidente Obiang efectúa una remodelación de su Gabinete y elimina el cargo de ministro de Defensa, departamento que pasa a depender de la Presidencia como estaba durante todo el mandatado de Macías y en los primeros años del nuevo Gobierno. El objetivo era reducir poder al teniente coronel Fructuoso Mbá Oñana, quien progresivamente se había ido haciendo más fuerte. De todas formas, Obiang no lo pudo sacar del Gobierno y, en enero de 1986, pasó a encargarse de la cartera de Obras Públicas.

Aquellos cambios mejoraban la posición de Teodoro Obiang, según analizaba un corresponsal de la agencia France Presse en Malabo, "no sólo porque ha supuesto la exclusión de la escena política de un personaje al que se atribuyen grandes ambiciones, sino porque ha reforzado su control directo del Ejército". Los franceses seguían con atención los pasos de Obiang, presidente en ejercicio de la UDEAC desde la cumbre de jefes de Estado de la entidad regional celebrada en diciembre de 1985 hasta la siguiente, que debía tener lugar en Guinea Ecuatorial, país que presidía un organismo multinacional por primera vez en su historia.

Felipe Hinestrosa fue nombrado ministro de Hacienda, en sustitución de Guillermo Nguema Elá, y Ángel Alogo, un ingeniero agrónomo formado en España y hasta ese momento viceministro de Aguas, Bosques y Repoblación Forestal, se hizo cargo del Ministerio de Agricultura. Con la salida de Guillermo Nguema y de Fructuoso Mbá, y la aparición de algunos nuevos nombres en altos cargos, parecía que se había dado un giro hacia España, pero en realidad Obiang se decidió a situar a personas capaces en puestos clave para tratar de dar una mayor eficacia a su anquilosada administración, por "recomendación" de París. Para mejorar su imagen exterior, en aquel mes de enero Obiang pidió a la Cámara de Representantes que elaborara una propuesta de ley de partidos políticos.

Sin embargo, medio año después, los "hermanitos" de Mongomo jugaron una mala pasada al "jefe" que preocupó especialmente a los dirigentes de Gabón y Camerún, asustados por haber admitido en la UDEAC a un país que pudiera convertirse en fuente de inestabilidad para la región.

Sólo dos semanas después de promulgarse una ley que definía el sistema de partido único para el país africano, Obiang tuvo que afrontar uno de los intentos más serios para derrocarlo. Curiosamente, aquel golpe estaba preparado para el 18 de julio de 1986, 50 años justos después del que dio Franco en la antigua metrópoli. Los cerebros de la intentona eran los ministros apartados de su cargo en enero, especialmente Fructuoso Mba Oñana y Guillermo Nguema Elá, junto con el presidente del Banco Central de Guinea y alto directivo del Guinextebank, Damián Ondó Mañé. Este ambicioso funcionario, relacionado con las altas finanzas guineanas desde los tiempos de Macías, era en el momento del golpe el presidente del Banco de los Estados del África Central (BEAC).

La intervención de la guardia marroquí fue decisiva para neutralizar la intentona de ocupar las instalaciones de Palacio, en punta Fernanda, justo el día del regreso de Obiang de Francia, donde había participado en las celebraciones del 14 de julio. El gabonés Omar Bongo y el carnerunas Paul Biya pidieron a Obiang que actuara con mano dura y sin contemplaciones con los golpistas, aunque fueran miembros de su familia.

Con la rapidez habitual, al cabo de un mes se estaba juzgando a los supuestos golpistas. El representante de la acusación, el capitán Alfonso Nsogo Ntó, afirmó que el sargento Eugenio Abeso Modu, formado en Cuba y antiguo miembro de la escolta de Obiang, había preparado un extraña plan, que incluía la participación de Corea del Norte, para derrocar a Obiang. Según dijo Donato Ndongo-Bidyogo, que tuvo el valor de regresar a Guinea como enviado especial de Diario-16, los guineanos que presenciaban el juicio en el cine Marfil, igual que quienes lo seguían por la radio, quedaron "atónitos" al escuchar al fiscal el relato de los hechos en aquel consejo de guerra sumarísimo contra quince acusados, incluido el todopoderoso Mbá Oñana.

"Mientras el acusador iba haciendo público su alegato, el aspecto patético de los acusados se acentuaba", comentaba el periodista guineano. Era todo un espectáculo ver a Mbá Oñana despojado de su impoluto uniforme y su eterna fusta o bastón de mando en las manos, perdido ya el aire de superioridad. El más asustada parecía el sargento Abeso, que se veía convertido en el chiva expiatorio, pero tampoco estaban nada tranquilos el exministro de Relaciones Exteriores Marcos Mbá Ondó, el ex ministro de Hacienda Guillermo Nguema o el comandante Melchor Ndongo Mbá, aunque trataban de mostrarse dignos. Damián Ondó, que acostumbraba a referirse a sus compatriotas como "estos negros" cuando bromeaba con los empleados españoles del Guinextebank, mantenía un cierto aspecto de suficiencia. Todavía no le habían arrancada la piel de la planta de los pies para evitar que se fugara de  Blabich y pudiera disponer de la fortuna que muchas aseguran que posee en Suiza y España. Al parecer, los golpistas habían prometido a Damián la presidencia de la República si él sufragaba los gastos iniciales.

Durante el proceso se dijo que una de las personas con quien habló Mbá Oñana durante la preparación del golpe fue Isidoro Eyí. ¿Por qué no estaba el ministro del Interior en el banquillo de los acusados? Algunos opinaban que él fue quien deshizo el complot, otros decían que le salvó su ascendencia en el clan esangui. También salió a relucir, durante la vista del juicio, el descontento de la población por la situación económica y los bajos sueldos que recibían los militares.

Únicamente el sargento Eugenio Abeso reconoció una cierta culpa. Afirmó que había "pensado" en derrocar al Gobierno, pero añadió que "el pensamiento es libre" y dijo que no tenía ningún plan para llevar sus ideas a la práctica. Los demás negaron su implicación en los hechos y Mbá Oñana llegó a jurar por su honor militar y por sus lazos familiares con el presidente Obiang que no tenía conocimiento de lo ocurrido y que jamás permitió ninguna crítica contra el jefe de Estado, según relataba Donato Ndongo.

El consejo de guerra, que comenzó el día 14, concluyó el 18 de agosto cuando el tribunal dictó sentencia. El día 19 fue fusilado Eugenio Abeso Mondu, condenado por participar en una conjura para asesinar al presidente ecuatoguineano e intentar derrocar al Gobierno.

El tribunal condenó también a Melchor Ndongo Mondu, hermano del sargento Abeso, a 20 años de cárcel por complicidad en los mismos delitos. Atanasio Sima Mbega, Daniel Esono Eyí, Wenceslao Owono Mbá, Bartolomé Mabale y Nicolás Engonga Sima, todos militares, fueron castigados a 13 años por encubrimiento de la conspiración. Los más conocidos, como Fructuoso Mbá Oñana, Guillermo Nguema Elá, Marcos Mbá Ondó, Damián Ondó Mané, José Ondó Eyí y Tarsicio Mané, ex-comisario de Educación, fueron condenados a dos años y cuatro meses de reclusión menor por injurias al jefe del Estado. Resultaron absueltos el teniente y jefe de policía Mariano Ndongo Esangui y el alférez de la Marina Silvestre Mbá Akuaka Mico, igual que Cayo José Mibuy y Toribio Elá Mangue, acusados de formar parte de un grupo político.

Una vez más, los que aparecían ante la opinión pública como principales responsables salieron bien librados, posiblemente por gozar de una elevada posición en el clan de Mongomo. Casi todos los implicados en aquella intentona, militares o civiles, habían sido apartados del Gobierno en enero anterior.

Aquel suceso tuvo que perjudicar la imagen de Obiang ante sus nuevos aliados, pero el presidente guineano supo sacarle provecho, al argumentar que el origen de todo estaba en la difícil situación económica que sufría la población, harta ya de pasar penurias, que había puesto quizá demasiadas esperanzas con el ingreso en la UDEAC. Las políticas de ajuste impuestas por los expertos franceses, para poner orden en Guinea, habían producido una gran recesión. Es cierto que comenzaban a aparecer productos en los mercados, pero la población no tenía dinero para comprarlos. La nueva moneda, el franco CFA, era un lujo para la mayoría de los guineanos, acostumbrados a los bikuele devaluados, pero siempre abundantes.

La  Junta Coordinadora de las Fuerzas de Oposición  denunció que aquel intento de golpe había sido impulsado por miembros del propio clan de Mongomo, "para que nadie ajeno a ellos aproveche el estado de deterioro del país y se haga con la dirección de la República", y apuntaba que todo pudo ser un invento "para quitarse de en medio a determinadas personas".

Por primera vez, España no se había vista involucrada en una intentona golpista en Guinea Ecuatorial, cosa que para el embajador Antonio Núñez era "un logro importante". El diplomático veía de manera optimista el futuro de la ex-colonia española y las relaciones de los dos países, a pesar de que reconocía que cada vez era más fuerte la influencia francesa.

El coordinador general de la cooperación, Enrique Bernaldos, manifestaba que se habían desorbitado las críticas a la actuación española, aunque aceptaba que se habían gastado 20.000 millones en siete años. El funcionario, en su interpretación de cómo se habían empleado aquellas cantidades, anotaba que había que descontar 5.000 millones de pesetas invertidos por Hispanoil y 400 por ADARO. Bernaldos afirmaba que se había encontrado petróleo, hierro y circonio "pero se comprobó que su explotación no sería rentable, por dificultades de extracción y falta de infraestructura". Según dijo a Ángel Puerta, enviado especial del diario ABC, también debía incluirse en esa suma global la apertura de dos líneas de financiación para bienes de equipo y servicios y para bienes de consumo, canalizadas por medio del Guinextebank, de unos 2.000 millones de pesetas. Otros 3.000 millones de habían entregado en concepto de créditos FAD. El total de la donación española a Guinea era de unos 10.000 millones de pesetas, a juicio del funcionario, aunque estas cifras varían según quien las maneja y nadie en la Administración es capaz de precisarlas con exactitud.

Bernaldos afirmaba que los sueldos de los cooperantes parecían altos desde la perspectiva española, pero se lamentaba de los precios de los productos en Guinea y de los riesgos de contraer enfermedades. En cualquier caso, no debía ser tan malo cuando él permaneció en Guinea casi siete años.

El Guinextebank se encontraba ya con serias dificultades y en situación de quiebra técnica. Se comentaba, que muchos créditos habían sido concedidos sin demasiadas garantías, la suma de impagados se disparó y se hizo angustiosa la falta de liquidez en el país.

A pesar de todo, Antonio Núñez insistía en que habían mejorado las relaciones de España y Guinea. Lo más destacable, a juicio del embajador, era haber conseguido que Guinea se identificara con la comunidad hispánica de naciones. Como ejemplo y muestra de la simpatía mayoritaria de la población hacia España, anotaba que el Gobierno de Malabo "ya ha expresado su deseo de participar en los actos del V Centenario del Descubrimiento, alegando el importante papel que Guinea Ecuatorial jugó en el abastecimiento del Nuevo Continente".

Evidentemente, las tensiones se habían reducido, pero esto se debía a que España, desde enero de 1985, desempeñaba ya un papel secundario en Guinea, limitándose a proponer y ejecutar, con mayor o menor fortuna, una serie de proyectos de cooperación muy concretos y limitados.

Diversos detalles, cada vez más significativos, demostraban que la influencia gala aumentaba en Guinea en relación directa con la salida de escena de los españoles. Obiang viajaba a París, en lugar de hacerlo a Madrid, y Constancia eligió la capital francesa para dar a luz a unos gemelos.

Francia había inaugurado un modernísimo centro cultural en Malabo, relativamente modesto, pera muy completo y tremendamente funcional, que contrastaba con la solidez física del Centro Cultural Hispano-guineano, pero también más incómodo. Los franceses no habían podido elegir un bello emplazamiento, como hicieron los españoles al remodelar el antiguo Instituto de Enseñanza Media de Malabo, en primera fila de la bahía de la capital, pero se encontraban mucho más cerca del mercado y de barrios populares, en una zona con gran densidad de población.

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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