HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

Capítulo 45.OBIANG INCUMPLE LO PACTADO.

Más de diez días tardaron los guineanos en permitir que un diplomático español visitara al sargento Venancio Mico. Obiang se reía, de las autoridades españolas, sin darse cuenta de que esa actitud hacía que aumentaran las ganas del Gobierno de Madrid de deshacerse de aquella patata caliente que se llamaba Guinea. Otros pensaban que Obiang prefería terminar así su relación con España y forzar una integración más rápida con los países de la zona, bajo la influencia de Francia, que entre la clase dirigente guineana aparecía entonces como la gran solución. Algunos creían que nada más ingresar Guinea en la UDEAC la situación se iba a parecer a la que se vivía en  Camerún o  Gabón.

Isidoro Eyí había tomado el caso bajo su responsabilidad y se negaba a permitir que los funcionarios españoles vieran a Mico, pero las guineanos aseguraban que no había sido llevado a la cárcel de Blabich, sino que se encontraba en el cuartel de los marroquíes en el centro de Malabo. El siniestro director general de Seguridad estaba ocupadísimo interrogando a los implicados en la conjura y preparando los procesos. Eyí se mantenía en una posición muy fuerte, no se sabe por qué extraña influencia, que sin duda emanaba de los ancianos de Mongomo, pues nunca ha demostrado ser especialmente inteligente.

Norberto Ferrer, que seguía de encargado de negocios, advertía que el 12 de junio debía celebrarse una reunión de la comisión interministerial para la Cooperación de España en Guinea Ecuatorial y que nuestro país "lamentaría mucho que la normalidad de su desarrollo se viera alterada por el incumplimiento de las condiciones pactadas entre el ministro español y el presidente ecuatoguineano". También estaba previsto que unas semanas después se celebrara una reunión de la Comisión Mixta. Con estos retrasos y dilaciones los guineanos trataban de poner nerviosos a los españoles.

En España se criticaba al Gobierno por el desenlace del caso Mico y al presidente Obiang por no cumplir las condiciones pactadas. El diario Cinco Días comentaba que "el papel de la diplomacia española -o de España como país- está de alguna manera vinculado a la suerte inmediata del sargento Mico". El periódico de información económica afirmaba que se había producido "el máximo declive" en las relaciones entre Guinea y España.

La revista Tiempo aseguraba, posiblemente haciéndose eco de sueños de opositores ilusos, que se estaba preparando una operación para derrocar a Obiang por medio de un grupo de mercenarios, contratados con ayuda de Libia, en una extraña alianza entre exiliados guineanos, el régimen del coronel Gadafi, guerrilleros polisarios y mercenarios españoles. Estas informaciones, a diferencia de cualquier declaración de la oposición en el exterior, ponían muy nervioso al Gobierno guineano. La población también estaba intranquila y algunos optaban por retirarse a sus aldeas, especialmente entre los fang del interior de Río Muni .

Los guineanos no valoraban la importancia y complejidad de las relaciones entre España y Francia, siempre más trascendentes y duraderas que una posible disputa por la hegemonía de aquellos territorios africanos. Francia no podía enemistarse con España por tratar de desplazar a los cooperantes de Guinea, en una zona sobre la que ejerce un gran control histórico. En ese momento, a Francia lo único que le interesaba era que no hubiera un foco de inestabilidad en el golfo de Guinea. En Malabo habían surgido comentarios sobre una posible anulación de la esperada escala del presidente Mitterrand, prevista desde muchas semanas antes para el 23 de junio, y, por supuesto, la visita de Felipe González era impensable en aquellas circunstancias. El principal perjudicado por un enfrentamiento entre España y Guinea era sin duda, el país africano.

Entre los cooperantes españoles reinaba al desaliento y la falta de estímulos, aunque la mayoría prefería no protestar para conservar sus sustanciosas salarios el máximo tiempo posible. Algunos conservaban el ánimo, como Germán de Granda, director del Centro Cultural Hispano-Guineano de Malabo, que hacía las veces de agregado cultural en la Embajada, de gran ayuda para Ferrer durante todo el caso Mico. Pero otros decían abiertamente que lo único que podía hacer España era abandonar aquella empresa de la forma más digna posible. Bastantes proyectos habían quedado paralizados.

El ministro Morán tuvo que enviar un telegrama a Obiang el 6 de junio, pidiendo que permitiera a los diplomáticos españoles visitar a Mico. José Luis Gutiérrez comentaba en Diario-16 que Moran las estaba "pasando negras con la cuestión guineana".

Obiang se dio cuenta de que él podía resultar el más perjudicado en aquel temporal y ratificó su sentimiento prohispano en un acto público. "España posee una deuda histórica con Guinea Ecuatorial, por lo que, aunque en el momento se detectan ciertas situaciones políticas, no existe la posibilidad de que las pueblos español y ecuatoguineano se divorcien", declaró en el acto de clausura de un curso para oficiales, celebrado en Malabo. Obiang afirmó que "las Fuerzas Armadas deben defender las derechos democráticos, no perturbar el orden política y no ambicionar los altos cargos". Evidentemente, estaba claro que él no predicaba con el ejemplo.

Norberto Ferrer, se entrevistó con el ministro de Exteriores guineano, Marcelino Nguema, quien le aseguró que pronto podría visitar a Mico un funcionario español. Los diplomáticos españoles destinadas en Malabo se empleaban a fondo, pero no lograban nada positivo excepto buenas palabras y la seguridad verbal de que Mico seguía en buen estado. Se comentaba que en el seno del Gobierno guineano había fuertes discrepancias entre los partidarias de que se cumpliera lo pactado, para tratar de normalizar las relaciones con España, y quienes pensaban que era preferible humillar a los españoles.

La Comisión Interministerial para la cooperación con Guinea se reunió en Madrid y lanzó un mensaje a las autoridades de Guinea. España podría suprimir la concesión de ayudas, en forma drástica, si los guineanos no cumplían sus compromisos en relación con el caso del sargento Micó.

Cada  día  que pasaba aumentaba la  inquietud  del  Gobierno español. Desde luego, si le ocurría algo a Mico, y no digamos si moría, la imagen de España iba a quedar muy deteriorada. Moran habría hecho el ridículo. El Gobierno seguía lanzando veladas amenazas a las autoridades de Malabo. Se dijo también que se estaba pensando aplazar la reunión de la Comisión Mixta, prevista para los días 16 y 17 de junio, lo que supondría la congelación indefinida de la ayuda, pues en ese encuentro debía analizarse el reparto de varias cantidades presupuestadas para diversos proyectos. "No es lógico que nos reunamos a negociar ayudas económicas como si nada hubiera pasado", dijo un funcionario de Exteriores a la Agencia Europa Press.

El viernes 10 de junio viajó a Malabo el nuevo embajador de España en Guinea, Antonio Barcia Abad, en forma un tanto apresurada para intentar desbloquear la situación.

Finalmente» el día 11 las autoridades guineanas dieron permiso a Norberto Ferrer y al cónsul de España, José María Bosch, para que visitaran a Mico. Habían transcurrido dos semanas desde que los españoles lo entregaron. El detenido, según una nota que distribuyó la OID en Madrid, se encontraba en "perfectas condiciones físicas y psicológicas", protegido siempre por la guardia marroquí. La visita de los diplomáticos españoles al sargento guineano redujo la tensión entre los dos países.

De todas formas, quedaban puntos oscuros en aquella historia y, además, no estaban nada claras las intenciones del Gobierno español con respecto a Guinea. De nuevo se intentaban mantener en secreto los asuntos relacionados con Guinea.

Moran se vio obligado a informar sobre la situación ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso, aunque lo hizo en una sesión a puerta cerrada "para evitar que lo que se diga tenga repercusiones negativas en Guinea". Según algunas filtraciones a medios informativos, el ministro reconoció en aquella comparecencia que se había preparado una operación militar para evacuar a los españoles residentes en Guinea, si hubiera sido necesario. De todas formas, los problemas de Guinea, aunque no dejaban de ser graves, quedaban relegados por temas como las dificultades surgidas en la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea -que se celebraba en Madrid-, el anuncio del referendum sobre la permanencia de España en la OTAN, las negociaciones pesqueras con Marruecos, el ingreso en la CEE, el terrorismo y las relaciones con Francia.

En una sesión posterior, Moran explicó los proyectos generales del Gobierno sobre Guinea y aseguró que se iba a poner empeño para garantizar la buena utilización de los 1.600 millones de pesetas presupuestados en 1983 para ayudar a la antigua colonia. Las explicaciones de Moran debieron ser convincentes pues Guillermo Kirkpatrick, portavoz del Grupo Popular, dijo al finalizar la sesión, "hemos logrado conocer muchos datos que nos permiten pensar que se puede llevar a cabo una política constructiva de cooperación".

La segunda reunión de la Comisión Mixta Hispano-Ecuatoguineana sufrió un retraso, pero fue a petición del Gobierno guineano, que alegó no haber tenido tiempo para preparar el encuentro. Un día antes de viajar a España, las autoridades de Malabo anunciaron que en lugar de comenzar la reunión el día 16 de junio, se iniciaría el lunes 20.

El objetivo de aquel encuentro era mejorar las deterioradas relaciones. Los guineanos pedían más dinero, más cooperantes, más médicos y religiosos, más armas y más instructores, pero España exigía un mayor control de los proyectos, que la cooperación se hiciera con seriedad y que los 1.615 millones de pesetas fueran bien empleados. Madrid deseaba fijar condiciones antes de entregar nuevos fondos y asignarlos sólo a planes muy concretos, especialmente para sanidad, educación, obras publicas, vivienda y transportes.

La parte española estaba presidida por el subsecretario de Asuntos Exteriores, Gonzalo Puente Ojea, y la guineana por el ministro de Planificación, Guillermo Nguema, que estaba acompañado por el ministro de Educación, Felipe Ondó, el secretario general de Asuntos Exteriores, Apolinar Moiche, el secretario de estado para la Seguridad Nacional, Isidoro Eyí, el jefe del Estado Mayor, comandante Melanio Nvé, el director general de Exteriores para América y Europa, Pedro Nsué, y otros funcionarios de menor rango, hasta un total de 18 miembros. Como puede versa por la presencia de Ondó, Eyí, Melanio y Nsué, se trataba de hombres fieles a Obiang, del círculo de Mongomo, y caracterizados por pertenecer a la línea más antiespañola.

La situación estaba lejos de ser buena, tras la tensión vivida durante el caso Mico, todavía entonces pendiente de juicio, y por el aplazamiento de la reunión, anunciado a última hora por los guineanos, que desbarató todos los planes trazados por los funcionarios españoles para la celebración de la Comisión Mixta. Moran apenas si pudo ver a los miembros de la delegación guineana, por tener otros compromisos en las nuevas fechas.

Se organizó el trabajo por comisiones, de asuntos económicos y financieros, defensa y seguridad, asuntos sociales y culturales y asuntos técnicos. Según se pensaba en un principio, los mayores problemas iban a surgir en la comisión de asuntos financieros, donde se tenía discutir la renegociación de la deuda guineana y la continuación de los créditos FAD. Además, en este grupo dominaban los funcionarios de Economía y Hacienda, cada vez más reacios a seguir manteniendo la cooperación con Guinea, con posiciones tremendamente duras. Unas semanas antes, este Ministerio había presentado un informe desaconsejando que prosiguiera la cooperación como se había planteado hasta entonces. Fuentes diplomáticas afirmaban, al comienzo de las reuniones, que en la comisión de defensa y seguridad apenas habría debate "ya que sólo debían tratar sobre la continuación de los proyectos de instrucción a los militares guineanos". En aquel momento había 20 becarios guineanos cursando estudios en centros militares en España y 45 suboficiales en Guinea con instructores españoles.

Las cosas se fueron complicando a medida que avanzaba la semana. El jueves, día previsto para firmar las actas, los guineanos plantearon que deseaban que se redujera la presencia militar y policial española en Guinea. Querían que España dejara únicamente a tres militares, con el rango de agregados en la Embajada, y salieran el resto de la docena de oficiales y los 40 policías nacionales, cosa que sabían España no podía consentir sin replantear a fondo la cooperación. Cuando se estaba leyendo la parte de los acuerdos dedicada a este aspecto,  los  guineanos abandonaron la reunión, que se celebraba en el Palacio de Santa Cruz, ante el estupor de los funcionarios españoles. Según explicaba El País, la voz cantante de la delegación guineana la llevaba Isidoro Eyí, conocido por su antiespañolismo visceral, y Pedro Nsué, quien pocos meses antes había tenido un altercado en el aeropuerto de Barajas.

Cuando los funcionarios y militares españoles preguntaron a los guineanos cuales eran los planes de su Gobierno sobre seguridad y defensa, Eyí replicó que no diría nada, pues consideraban que aquellos temas eran "materia reservada". También dijo que, a su juicio, ya se habían cumplido los objetivos fijados en los acuerdos de defensa y seguridad firmados entre España y Guinea en 1980 -aunque en realidad estaba previsto que duraran diez años- razón por la cual debían salir inmediatamente del país los militares y policías españoles. En diversos momentos los guineanos expresaban su descontento abandonando las reuniones, dejando a los españoles con la palabra en la boca. Estos debían salir y convencerles de que regresaran a la sala.

Eyí insistió también en la necesidad de que abandonaran Guinea los dos Aviocar españoles, que ellos consideraban material militar, pues la misión que desempeñaban podían realizarla los dos YAK y el Antonov vendidos por la URSS a Macías, pilotados por soviéticos, aunque la realidad es que su servicio era muy deficiente y los aparatos se encontraban en penosas condiciones. España no podía prescindir de los Aviocar, único medio ordenado y seguro de viajar de Bioco a Río Muni, donde los cooperantes se encontraban más aislados, debido a que los vuelos internacionales llegaban sólo a Malabo. Puente Ojea dijo a los guineanos que si salían los Aviocar de Guinea se suprimiría la cooperación.

Los guineanos plantearon también una reestructuración de GEMSA, molestos porque ADARO se había negado a facilitarles numerosos datos de la riqueza minera del país, debido a las reticencias de Malabo a conceder zonas para la explotación, y que la deuda externa con España, entonces de unos 45 millones de dolaras (6.300 millones de pesetas) fuera renegociada de forma bilateral, mientras los españoles deseaban que se hiciera en el marco del Club de París. Algunas de estas reivindicaciones estaban claramente inspiradas por los asesores franceses situados en el Ministerio de la Presidencia guineano.

Los miembros de la delegación guineana repetían que España había incumplido sus compromisos adquiridos un año antes, en la Conferencia de Países Donantes, cosa que era cierta, y que los fondos de la cooperación española en Guinea habían estado siempre en manos de España, por lo que no les podía acusar a ellos de haberlos empleado mal.

La reunión se clausuró a última hora del viernes 24, unos minutos antes de regresar los guineanos a Malabo en el vuelo de Iberia que sale hacia la medianoche del viernes al sábado. Según el diario ABC, el último día los guineanos realizaron continuas llamadas a Malabo, para que Obiang diese su asentimiento sobre los acuerdos, especialmente en las cuestiones relacionadas con seguridad y defensa, la renegociación de la deuda y otros compromisos financieros. En realidad, en aquella reunión apenas se lograron acuerdos puntuales sobre obras públicas, sanidad, educación y agricultura.

El director de la OCGE, Ricardo Peidró, al informar a la prensa sobre el desarrollo de la Comisión Mixta, confirmó que los guineanos habían exigido la salida de los 54 militares y policías españoles destacados en Guinea y de los dos Aviocar que prestaban su apoyo a la cooperación. Según se interpretaba en Madrid, los sectores más duros del Gobierno guineano habían impuesto su criterio en estos asuntos, tras un agrio debate durante la preparación de la reunión, razón que motivó la solicitud del aplazamiento del inicio de la Comisión Mixta.

Unos días después, Moran volvió a comparecer ante la Comisión de Exteriores del Senado. El ministro reconoció que créditos españoles a Guinea Ecuatorial por importe de casi cien millones de pesetas habían sido indebidamente desviados en favor de dirigentes del país africano, según informaba Miguel Ángel Aguilar, corresponsal diplomático de El País. Moran precisó que de los 15.000 millones destinados a Guinea desde agosto de 1979, alrededor de 1.800 millones fueron asignados como créditos. De esta cantidad, dijo que unos cien millones cayeron en manos de determinados guineanos, pero no quiso dar sus nombres "para no crear problemas, dada la precaria situación actual entre ambos países". Lo que tampoco reveló el ministro fue el nombre del funcionario español que había entregado aquellas cantidades, o permitido que se desviasen fondos públicos destinados a obras de la cooperación a las manos de algunos guineanos.

 

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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