HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

Capítulo 40. LA CONSTITUCIÓN. 

Finalmente, llegó el día 2 de agosto, víspera del tercer aniversario del "golpe de libertad". Gran expectación ante la lectura de la tercera Constitución guineana en apenas 14 años de vida independiente. Aquel texto, mantenido en un absoluto secreto durante su redacción, iba a servir para que Obiang prolongase su mandato, de una forma ya "constitucional",  siete años más. 

Capítulo 41. UN APRESURADO REFERENDUM. 

Tras la presentación de la Constitución, el dos de agosto, fue convocado el referendum para aprobar el texto fundamental . Este plebiscito, realizado a toda prisa tras haberse elaborado precariamente un censo de población, desacreditó el proceso constituyente. La inmensa mayoría de los guineanos tuvieran que expresar su opinión sin haber podido ver impreso un texto de la Constitución y sin garantías de que su voto fuera secreto.

Aquellos días estuvieron llenos de sorpresas. En la noche del 5 de agosto se anunció por radio y televisión que se convocaba el referendum constitucional para el 15 de agosto. El día 6 todavía no habían aparecido los primeros ejemplares del texto, que se estaban editando en una imprenta de Malabo. Parecía que Obiang deseaba ser nombrado a toda prisa presidente constitucional, sin esperar ni siquiera al ya cercano 12 de octubre, aniversario da la independencia.

La convocatoria fue tan irregular que aunque sólo podían expresar su opinión los mayores de 18 años inscritos en el censo, se estipulaba que "en caso de fuerza mayor, podrá votar cualquier persona como transeúnte bajo juramento". Por otra parte, según había declarado el mismo Obiang, "la no aceptación de la Constitución no significa que se rechace al Consejo Militar Supremo, sino simplemente que el pueblo renuncia a participar en los asuntos políticos de la nación".

Obiang reconoce que la población estaba acostumbrada a consultas fraudulentas, cuestión que, unida a la falta de cultura y al analfabetismo, creaba un ambiente de desconfiaba, razón por la cual el Consejo Militar Supremo comprendió que era muy importante organizar una campaña previa "para disipar el miedo y los prejuicios del pueblo" (1). Según el presidente, era necesario explicar el contenido del texto constitucional y sus características, pero lo que no comentaba es que esa campaña duró ocho días, en un país donde las carreteras son pésimas y se carece de medios de comunicación que lleguen a toda la población.

Durante los días que mediaron entre la lectura de la Constitución y el referendum se supo que el Gobierno guineano había cursado una petición formal a España para que fueran enviados a Malabo dos magistrados, cuatro jueces de primera instancia y cinco oficiales de la administración de justicia. Pero este proyecto, planteado varios meses antes, finalmente no se puso en práctica, debido a que el Gobierno español ya no pensaba asumir la responsabilidad global de la cooperación y a la proximidad de las elecciones generales en España.

Obiang cerró la "campaña" con un discurso en el que solicitó el voto afirmativo "a nuestra programa de democratización, que incluye la participación masiva del pueblo en la toma de decisiones". Dijo a los exiliados que regresaran al país -aunque no sólo no había vuelto nadie, sino que algunas habían tenido que escapar en aquellos meses- "para construir juntos "una Guinea mejor" y ratificar la Ley Fundamental".  Pedía a sus compatriotas que recordaran "aquella Guinea anárquica y destruida, frente a la patria que reconstruimos, surgida de un orden social y político, mediante el cual hemos logrado transformar nuestras estructuras, alcanzando un ritmo de perfeccionamiento y progreso que nos ha hecho merecer el respeto y admiración de la opinión pública internacional".

El periodista Donato Ndongo Bidyogo opinaba en El País, el mismo día del referendum, que no era el momento adecuado para promulgar la Constitución, aunque se había hecho "por ciertas presiones internacionales, de las que se ha mantenido alejada España". Según el periodista guineano, no podían "ser asumidas sin rubor" las declaraciones de Obiang de que él seguiría en el poder, aunque no fuera aprobada el texto. También lamentaba que conocidos altos cargos de la época de Macías hubieran participado en la redacción de la Constitución, que se incluyera la pena de muerte y las excesivas atribuciones del jefe del Estado.

Como todos los miembros de la oposición, Donato Ndongo criticaba la disposición que establecía como condición para ser presidente de Guinea el "tener arraigo en el país durante diez años". En un tono medio jocoso comentaba que la Constitución no precisaba cuál es la capital de Guinea, algo que difícilmente podía ser considerado como un lapsus y más bien podía responder al deseo fang de trasladar en un futuro la capital a Bata, cosa que quizá no han hecho antes para controlar mejor a los bubis.

De todas formas, el periodista señalaba que con la promulgación de aquella Constitución se habían conseguido "ciertos logros". Concretamente, Donato Ndongo apuntaba que se instauraba el principio de la elegibilidad de los órganos del Estado, la unidad nacional, el respeto de la persona, su dignidad, libertad y derechos fundamentales, igual que la consagración de la libertad de mercado, empresa, concurrencia y competencia y el respeto a la propiedad privada.

Donato Ndongo daba un voto de confianza al presidente Obiang. "Sin oposición y con todos los poderes de hecho y de derecho en sus manos, todo depende ahora, como antes, de su sola voluntad" para una correcta aplicación de los principios consagrados en el texto fundamental. El periodista terminaba el articulo señalando que "a partir de los pasos que se den al día siguiente de su previsible aprobación, a partir del desarrollo de la ingente legislación derivada de su aplicación, sabremos si mereció o no la pena haber derrocado a Macías y haber mantenido en vilo al país durante estos tres años".

Otro exiliado, Celestino Nvo Okenve, era mucho más duro con los dirigentes que había tenido Guinea desde la independencia. En un artículo, aparecido también en El Pais, afirmaba que el clan de Mongomo se había aprovechado de la falta de una burguesía económica y de una clase política para ocupar el hueco dejado por los españoles. Según el guineano, todo seguía igual en su país y la sustitución de Macías por Obiang fue simplemente un cambio de nombre. El opositor decía que "existe una total correlación entre la llamada Constitución presentada días atrás por Teodoro Obiang Nguema y los intentos clarísimos de hacer pervivir, cueste lo que cueste, el poder tribal mongomista". Para Celestino Nvo, era una "gran temeridad la burla histórica que somete a Guinea el grupo de  Mongomo,  convocando  bajo amenazas a un pueblo hambriento  y aterrorizado a votar no se sabe qué, en, medio de una fanfarria orquestada con la connivencia de gobiernos y partidos pretendidamente democráticos".

El principal partido de la oposición al Gobierno de Malabo, la Alianza Nacional de Restauración Democrática de Guinea Ecuatorial (ANRD), condenó en París "las maniobras destinadas a dar una imagen democrática al país, con objetivo de obtener ciertas concesiones económicas internacionales".

Estas críticas de la oposición guineana apenas tenían eco en Malabo y finalmente se realizó, como estaba previsto, el referendum constitucional, con una total falta de rigor. Con el pretexto de subsanar problemas como el del analfabetismo, se emplearon papeletas de distinta color, rosa para el sí y negra para el no, en vez de utilizar símbolos o dibujos diferenciadores, como se hizo en las elecciones de 1968. En un país donde casi no había ni urnas, ni por supuesto recintos donde poder introducir el voto en sus sobres en forma reservada, estaba claro el riesgo que corría el osado que eligiera la papeleta negra.

Cuatro días después, el Comité Organizador facilitó unos resultados provisionales de la consulta, que superaban en todas las provincias el 98 % de votos afirmativos. En la isla de Annobón se daba el curioso resultado del 99,99 %, mientras que en Mongomo no parecía haber fisuras el 100 % de la población votó "sí". La cosa quedó tan chusca que, finalmente, se hicieron algunas rebajas y el resultado oficial fue que un 95,33 % de los votantes aprobaron la Constitución.

Un editorial de El País criticaba el plebiscito, que "no ha resuelta ninguna de las dudas acerca de la democratización del régimen" y "revela la decisión de Obiang Nguema y de quienes le rodean de no ceder nada de su poder". Lamentaba la reelección de Obiang para un periodo de siete años y que en los tres años que llevaba en el poder no se hubiera advertido "ningún síntoma de democratización real, y menas de contar con otras fuerzas que formaron la oposición al régimen anterior". El diario madrileño señalaba que había notables diferencias entre el régimen de Macías y el de Obiang, pues este último resultaba "infinitamente preferible". Sin embargo, aunque el golpe de 1979 fue "un intento de Occidente para recuperar terrenos perdidos", el periódico se lamentaba de que ni España ni el resto de los países occidentales se hubieran "preocupado demasiado por obtener, a cambio de una ayuda que nunca cesa, las bases mínimas para la democratización posible del país". Con dureza, señalaba que la Constitución era "el instrumento de formalización de la dictadura" y que proseguía la corrupción y la pobreza.

El secretario general de la ANRD, Cruz Melchor Eyá Nchama, pidió a los partidos políticos españoles que dejaran de apoyar al régimen del coronel Obiang Nguema. Afirmaba que la Constitución no era una medida democratizadora, sino que serviría "para perpetuar la tiranía", pues impedía a los exiliados participar en cualquier proceso electoral. El dirigente opositor afirmaba, en septiembre de 1982, que Obiang se dio cuenta durante la Conferencia de Donantes de "que la prensa internacional le interpelaba sobre el proceso democrático guineano y que las reticencias  para las concesiones de ayudas eran muchas,  por  lo que tuvo miedo y nada más regresar montó esta farsa para justificarse ante el exterior". Eyá Nchama era muy crítico con el Gobierno español de la UCD, "que ha consolidado la dictadura guineana", y aseguraba que Obiang se estaba "haciendo vitalicio apoyado por el Estado español".

Tremendamente crítico fue también un informe de la Comisión Internacional de Juristas (CIJ), organización no gubernamental de la ONU, a la Comisión de Derechos Humanos, en el que se afirmaba que "los verdaderos objetivos" del Gobierno del coronel Obiang Nguema "son los de perpetuarse en el poder e institucionalizar un sistema que le permite mantener el control total sobre la vida política del país".

La CIJ resaltaba, como "aspecto negativo importante", que la Constitución fue preparada y redactada por una comisión gubernamental, sin participación de la oposición o de sectores independientes y con los partidos políticos prohibidos. El informe apuntaba que la Carta Magna "plasma un sistema de Gobierno fuertemente presidencialista", y señalaba que el jefe del Estado y del Gobierno se encuentra en relación de supremacía con relación al Parlamento, los órganos de la Justicia y el Consejo de Estado. Destacaba que eran "encomiables" los esfuerzos para asegurar el cumplimiento de los derechos de las personas, como el Habeas Corpus o el Recurso de Amparo, "aunque pueden ser suspendidos por el presidente en situaciones de emergencia", y también lamentaba que "se habla de derechos políticos sin hacer mención a los .partidos políticos". Para la CIJ, uno de los aspectos más graves de la Constitución era la disposición adicional por la que Obiang se mantenía en el poder durante siete años.

La festividad del 12 de octubre fue utilizada por Obiang para proclamarse solemnemente Presidente de la República. Unos días después de su investidura, Obiang disolvió el Consejo Militar Supremo para dar paso al primer "Gobierno constitucional". "Nosotros, miembros del Gobierno, ponemos a su disposición los distintos cargos que veníamos ocupando desde agosto de 1979, para permitirle la formación de un nuevo Gabinete, conforme a la nueva Constitución", dijo el vicepresidente Cristina Seriche a Obiang el 18 de octubre. El "presidente constitucional" manifestó en aquella ocasión que la disolución del CMS no significa la desaparición de las personas en la gestión administrativa, es decir que todo iba a seguir igual aunque algunos organismos cambiaran de nombre.

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(1) Obiang Nguema, T. Guinea Ecuatorial, país joven. Madrid, Ediciones Guinea, 1985.

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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