HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

Capítulo 39. FRANCIA CONTRAATACA.

Las relaciones entre España y Guinea habían mejorado formalmente y el ambiente era más distendido, seguramente debido a que Madrid había dejado de presionar a Malabo sobre la necesidad de emprender una reestructuración profunda de su economía y administración. Francia aprovechó la ocasión para lanzar un contraataque, en un momento en que el petróleo todavía tenía unos precios interesantes en el mercado internacional y las perspectivas mineras eran muy prometedoras.

Los comentarios futbolísticos postergaron las noticias que llegaban sobre los últimos preparativos de la Constitución, que debía ser presentada el 3 de agosto, tercer aniversario del "golpe de libertad". Los guineanos se disgustaron mucho con la eliminación en la primera ronda del Mundial-82 de sus tres selecciones favoritas, España, Camerún y Argelia. Obiang llegó a enviar un telegrama a su colega Aiyo para felicitarle por los buenos resultados de la selección de Camerún en la primera fase del campeonato, "motivo de alegría y orgullo para todo el continente y en especial para los países del África Central".

Por aquella época, los militares españoles impulsaron la creación del Ejército del Aire de Guinea Ecuatorial, por supuesto sin aviones. Obiang agradecía la ayude española en un acto de entrega de diplomas a los jóvenes que habían seguido unos cursos de capacitación en técnicas de comunicación, coordinadas por José María Valle, responsable del equipo de TVE en Guinea. "La cooperación española en Guinea Ecuatorial no tiene comparación con la de otros países, porque es la ayuda que nos da un país-madre", decía Obiang. Según el militar, "España no debe enfadarse cuando nuestro Gobierno exige más, ya que es debido a que dependemos de España". El jefe del Estado guineano agradeció el esfuerzo de los técnicos españoles para hacer funcionar la televisión en su país, pero lamentó que las emisoras de radio de Malabo y Bata funcionaran a duras penas y que el periódico Ébano hubiera dejado de aparecer por los ya irresolubles problemas técnicos que planteaba su anticuada maquinaria.

Obiang manifestó entonces a un periodista de France Presse, agencia que estuvo pensando establecerse en Malabo, que tras la Conferencia de Donantes había quedado claro que Guinea deseaba diversificar sus relaciones "con todos los países amigos del mundo", aunque precisó que seguiría manteniendo "relaciones preferentes" con España en el campo de la educación y cultura, "por razones históricas y lingüísticas que también nos acercan a los países hermanos de Iberoamérica".

Mientras España proseguía impulsando una serie de actividades de escasa entidad, el 9 ds julio de 1982 llegó a Malabo Guy Penne, consejero para Asuntos Africanos del presidente de Francia, Francois Mitterrand. El veterano militante socialista fue recibido en el aeropuerto de Malabo por Pierre Cornée, el nuevo embajador de Francia en Malabo, y Francis Abba, el jefe de la  Misión de Cooperación francesa, verdaderos artífices de  una política de acercamiento que, con un trabajo serio y constante, fueron llevando a Guinea hacia la órbita gala. Los franceses supieron rentabilizar en todo momento, en aquellos primeros años del gobierno de Obiang, el haber sido el único país occidental que mantuvo un embajador en Malabo durante todo el mandato de Macías.

Guy Penne, al llegar a Malabo, dijo que su país cooperaba con Guinea "en forma modesta, pero relativamente importante". El presupuesto destinado por Francia para la cooperación en Guinea durante 1982 era de 250 millones de pesetas, ocho veces menor que el de España, pero los guineanos veían qué la ayuda francesa se organizaba de manera más seria y "visible". Allí estaba el resultado de la reparación del puerto de Malabo, las donaciones de motores y aparejos para la pesca artesanal, la creación del Instituto de Cultura francesa - que casi se inaugura antes que el español- y las becas para estudiar carreras superiores en Francia. El gran proyecto que los franceses no acababan de decidir si acometerlo o no era la construcción de una presa cerca de Rebola que sirviera para surtir de electricidad á toda la isla de Bioco. En un momento determinado, también los responsables de la cooperación española estudiaron esta idea, que podía haber sido encargada a empresas españolas.

Además, Francia había colocado a un experto en el Ministerio de la Presidencia, que ya tenía más influencia que cualquiera de los asesores españoles. Por sus manos tenían que pasar todos los proyectos y contratos que firmara el Gobierno guineano con otros países, incluidos los que presentara España. Por último, otro cooperante galo daba clases particulares de francés a Obiang y a su esposa Constancia y se había hecho tan simpático al jefe del Estado guineano que jugaba al tenis con él. No podemos olvidar que Teodorín, el hijo mayor de Obiang, se educaba en un lujoso colegio privado de las afueras de París.

La visita de Guy Penne era fundamental para decidir si Francia iba a ampliar las relacionas con Guinea. Penne estaba acampanado por un hijo del presidente Mitterrand, que trabajaba de periodista en France Presse. En aquel entonces, los intereses franceses de cooperación estaban relacionados con proyectos agrícolas, forestales, pesqueros, sanitarios y, por supuesto, culturales, que es lo mismo que decir enseñanza del idioma. Aunque no lo decían abiertamente, estaban deseando penetrar en el campo de los hidrocarburos y de la minería.

Guy Penne dijo a la televisión guineana que Francia podría ayudar también a Guinea Ecuatorial por medio de los países que la rodean, Gabón y Camerún, ambos estados francófonos y con una gran influencia de la antigua metrópoli. Esta idea facilitaría enormemente la penetración francesa en Guinea por varias razones, sobre todo por la lógica de la unidad regional y el intento de formación de una comunidad económica de países de la zona. Esta política no parecía contradecir el sentimiento de "solidaridad africanista", que tiende a fortalecer "las relaciones horizontales", es decir los lazos Sur-Sur entre los países africanos, por encima de sus vínculos con las antiguas potencias coloniales. Francia ha logrado conjugar las dos cosas. Permite, e incluso alienta, las asociaciones de países africanos, pero mantiene unas estrechas relaciones con todos ellos.

Los guineanos, además, sentían una gran envidia por el grado de desarrollo de los dos países vecinos, y algunos se preguntaban cuál hubiera sido la situación de Guinea de haber sido colonizada por Francia. Seguramente esos territorios gozarían de un mejor nivel de vida, pero también es muy posible que Guinea no existiera como nación y que la isla de Bioco y Río Muni fueran ahora provincias de los países vecinos.

Las relaciones con Gabón siempre habían sido especialmente difíciles. Por una parte, estaba el problema de los islotes en disputa, que los gaboneses podrían mantener para siempre si lograban que no se discutiera sobre ellos. Los guineanos se quejaban también del trato que recibían de los gaboneses, quienes veían a sus vecinos como unos pordioseros, cuando no unos delincuentes. De hecho, a finales de julio, durante algunos días estuvieron cerradas las fronteras y los gaboneses estuvieron a punto de expulsar a todos los guineanos que seguían allí desde la época de Macías, tras un grave enfrentamiento de la policía con delincuentes guineanos de la banda de un tal Samuel Monsuy.

Por parte española el nerviosismo ante los movimientos franceses era. patente, agudizado entonces por la falta de entendimiento entre los dos países, debido fundamentalmente a la oposición de París al ingreso de España en la CEE y a la escasa cooperación en las cuestiones terroristas. España trataba de impulsar una ayuda importante en Guinea, con el argumento de sus vínculos culturales e históricos, pero Francia actuaba con más pragmatismo y contaba con una gran experiencia africana.

Antes de salir de Malabo, Penne prometió a Obiang que su Gobierno escucharía con mucha atención cualquier sugerencia guineana para emprender algún proyecto concreto. El asesor del presidente francés voló directamente desde Guinea a Libreville, capital de Gabón, donde posiblemente conversaría con el presidente Omar Bongo sobre la coordinación de proyectos comunes en relación con Guinea.

Obiang viajó a París en septiembre de ese año, y trató de diversos asuntos con el presidente Mitterrand, con el ministro de Asuntos Exteriores, Claude Cheysson, con el de Cooperación, Jean Fierre Cot, con el de Defensa, Charles Hernu, y con. el de Pesca, Louis le Pensec. Además, en un acto preparado por los funcionarios de la Cooperación, solicitó a un grupo de empresarios privados franceses que invirtieran en Guinea, como había hecho cuatro meses antes en España. Posiblemente en ese viaje se formalizó la idea del ingreso de Guinea en la UDEAC. El presidente Obiang acudió también a la cumbre de jefes de Estado africanos y de Francia, que aquel año se celebró en Kinshasa, capital del Zaire, en los primeros días de octubre.

La revista West África, editada en Nigeria, resaltaba en octubre de 1982 que Obiang había pasado más tiempo en Francia que en España en sus últimas visitas al exterior. "El presidente Obiang quiere diversificar sus relaciones internacionales", decía la publicación.

Lo más curioso fue que Obiang viajó a Francia en el DC-8 de la Fuerza Aérea Española. Parecía que España quería entregar Guinea a Francia, o al menas facilitar las relaciones de estos países. Tras pasar por Roma, donde fue recibido por el papa Juan Pablo II,  Obiang hizo una escala técnica en Madrid, de regreso a su país. Llegó el 26 de septiembre por la noche, cenó con Calvo Sotelo, y a la mañana siguiente emprendió vuelo hacia Malabo, de nuevo en el avión del jefe del Estado español.

"La ayuda de España a Guinea es la más importante y lo va a seguir siendo, ya que existe una decisión por parte del Gobierno español de seguir manteniendo esa situación privilegiada dentro del marco de la Conferencia de países donantes", dijo Calvo Sotelo a los periodistas al despedir al presidente guineano en Barajas. Obiang, en un alarde de cinismo, manifestó que se mantendría la ayuda española, a pesar de las intentos de Francia por aumentar su influencia en su país, especialmente en el campo de las hidrocarburos. Calvo Sotelo, que debía de tener cierto sentimiento de ridículo, aseguró que Obiang quiso pasar por Madrid "para informarnos del resultado de su viaje a Francia". El presidente del Gobierno español, con un pie ya fuera de La Moncloa, afirmó que superadas algunas dificultades en las relaciones entre España y Guinea, "en este momento, creo que todo marcha a satisfacción de los dos presidentes".

El ministro de Asuntos Exteriores, José Pedro Pérez-Llorca, negó aquel mismo día a El País que existiese un intento francés de sustituir a España en Guinea Ecuatorial.

No está claro si la visita a Madrid del presidente de Camerún, Amadu Aiyo, fue un intento español de réplica por las intromisiones de Francia en Guinea, pero su estancia en la capital española, en septiembre de 1982, coincidió con la visita de Obiang a París. Desde luego, el dirigente camerunés trató con las autoridades de Madrid sobre la actividad española en Guinea Ecuatorial, además de estudiar las posibilidades de cooperar y actuar en su país, donde se abrían unas perspectivas comerciales interesantes para España.

Aiyo acogió a Obiang en Yaunde justo un mes después de su estancia en Madrid, en "una breve visita de trabajo y amistad". El diario Camerún Tribune añadió que Obiang y Aiyo hablaron de las relaciones bilaterales, de la cooperación regional -incluido el posible ingreso de Guinea Ecuatorial en la UDEAC - y de la situación que atraviesa la OUA".

Junto a estás actividades e intentos de  reestructurar el protagonismo occidental en Guinea, parecía ridículo que España siguiera poniendo parches. La inercia o el voluntarismo de determinados sectores son las únicas razones que explican el que prosiguieran impulsándose determinadas actividades conjuntas, como la militar. En julio de 1982 se invitó a un buen número de altos mandos militares, incluido el teniente coronel Mbá Oñana, al acto de la entrega de despachos de los cadetes de la Academia General Militar de  Zaragoza, donde unos guineanos habían alcanzado el grado de Alférez, tras haber permanecido allí tres cursos. Un total de 37 guineanos cursaban estudios en distintas academias e institutos militares de España, 12 de ellos en Zaragoza, 3 en San Javier (Murcia) y uno en Marín (Pontevedra), El resto estaba matriculado en atrás instituciones y escuelas.

En aquel mes de julio, en vísperas de la presentación de la Constitución, Obiang decide iniciar la primera gira oficial de su mandato (duraba ya tres años) por el interior de Río Muni. Sólo se había desplazado, en determinadas ocasiones, a Bata, pero no se había adentrado en el territorio continental, ni había llegado hasta Mongomo, su lugar de origen, donde algunos ancianos de la tribu no le habían perdonado la traición a Macías ni veían con buenos ojos la actividad de su Gobierno. Obiang dijo que no había podido realizar antes aquel viaje, "debido al vasto programa de reconstrucción nacional que estamos llevando a cabo". En realidad, parecía el inicio de la campaña electoral que se avecinaba, ante la publicación y referendum del texto constitucional.

Durante el recorrido por Río Muni, que duró dos semanas, en largos e improvisados discursos que pronunció casi siempre en fang, Obiang prometía democracia, libertad y respeto a los derechos humanos, aunque también advertía de las actividades de los "seudopolíticos" que quieren confundir al pueblo. Según el gobernante, era pronto para convocar elecciones generales, porque "volveríamos a caer en la misma situación que llevó al país al caos, ya que nuestros políticos sólo ambicionan poder, sin preocuparse por el bienestar del pueblo". Pedía que votaran favorablemente en el referendum constitucional, pero no se recataba en decir que si no aceptaban la Constitución, que se presenta "por vuestro bien, yo seguiré en el poder sin Constitución, como hizo Franco en España durante 40 años". Cuando hablaba de la necesidad de que se respetaran los derechos humanos, destacaba que era conveniente que bajaran los precios de las mujeres. Concretamente en Micomeseng, Obiang se lamentó de "las altas dotes que imponen los padres por la cabeza de sus hijas", cuestión que había puesto difícil mantener la costumbre de la poligamia.

Obiang llegó hasta localidades donde desde la independencia, en 1968, nunca habían recibido al jefe del Estado. Según pasaban los días, los discursos le salían más vibrantes. Criticaba por igual a los colonialistas, "que nos engañaron al decirnos que sólo cultiváramos café y cacao, que era lo que les interesaba a ellos", y a los funcionarios corruptos, "culpables de que al país siga en crisis al tratar de prologar la situación vivida durante los once años que duró la opresión de Macías, época en la que algunos se beneficiaron mucho". Pedía a los ciudadanos que denunciaran los abusos que observaran, pero a la población no le quedaba más remedio que aguantar el saqueo de alimentos y bienes impuesto por las autoridades locales para acoger a Obiang y a su amplia comitiva. Durante la gira, todo el país sufrió rigurosas medidas de control y seguridad y al presidenta estuvo siempre rodeado por medio centenar de marroquíes.

De todas formas, el gobernante mejoró su imagen ante sus compatriotas. La mayoría de los diplomáticos acreditados en Malabo pensaban que Obiang tenía buena intención, aunque le siguiera faltando energía para imponerse y obligar a seguir las directrices políticas que él señalaba, así como para cortar los abusos y la corrupción practicada por muchos de quienes le rodeaban.

Justo coincidiendo con la gira de Obiang por Río Muni llegó un nuevo destacamento de soldados marroquíes. La tranquilidad que había en Malabo, al estar el presidente y casi todos los ministros en Río Muni, se vio alterada al aterrizar en el aeropuerto cuatro aviones, dos comerciales y dos cargueros militares,  en  los  que  incluso venían vehículos  todo  terreno pintados con el color de la arena del desierto y algo de polvo todavía pegado a sus carrocerías. El fantasma del golpe siempre está presente en los países africanos, pero en seguida se pudo ver que el único objetivo de aquel desembarco era reforzar la presencia marroquí, ante el referendum constitucional. Posiblemente, Hasán II también pensaba en la conveniencia de incrementar su destacamento en Guinea en un momento de grandes luchas en el seno de la OUA, debido al ingreso de la RABD en la organización panafricana. Marruecos había expresado su indignación y solicitaba el boicot a la cumbre de Trípoli, prevista para agosto, medida que Obiang se apresuró a respaldar, aunque el ministro de Asuntos Exteriores libio, Ali Triky, viajó a Malabo, en una gira por diversos países para intentar convencer a los jefes de Estado de que acudieran a la reunión.

El número de soldados marroquíes pasó de un centenar a casi 400, lo cual demostraba el interés del rey Hasán II por aquella empresa, para la que no le importaba distraer hombres del conflicto del Sahara. Aquel incremento de la presencia marroquí en Guinea explicaba el inesperado viaje de Mbá Oñana a Rabat un mes antes, durante la visita de la delegación militar española. Desde ese momento, una parte de los marroquíes estarían destacados permanentemente en Bata, con lo cual se ampliaba su misión. Además de encargarse de la seguridad personal de Obiang, pasaron a responsabilizarse del mantenimiento de la estabilidad política del régimen. La unidad marroquí se había convertido en la principal fuerza militar del país.

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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