HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

Capítulo 37. NADIE HACE CASO A GUINEA.

Mientras los guineanos hacían campaña en el exterior para preparar la Conferencia de Donantes ocurrieron nuevos incidentes en el país africano, donde las condiciones de vida seguían deteriorándose. Aunque algunas veces no eran cuestiones demasiado graves, su repetición motivaba el enconamiento progresivo de las posiciones de los guineanos y españoles. Por otra parte, la Conferencia de Donantes fue un fracaso. Los países que acudieron a la reunión apenas escogieron un tercio de los proyectos presentados, y ni siquiera estos se cumplieron del todo.

Uno de los puntos que motivó ciertas fricciones durante las reuniones de la Comisión Mixta hispano-guineana fue la utilización de Cabsafrica. Las autoridades del país africano deseaban tener el control de aquellas instalaciones, un supermercado con almacén y una cámara frigorífica de gran potencia, para convertirlos en un tienda para diplomáticos. La parte española se negó a cederlas, porque consideraban que sin el economato sería imposible la continuidad de la cooperación.

Cabasafrica era, el único comercio relativamente surtido en Guinea, donde, al menos de vez en cuando, se podían encontrar productos básicos que siempre escaseaban en el país africano, y en aceptables condiciones higiénicas. El supermercado, que dependía de la Comisaría de Abastecimientos y Transportes (del INI) y tenía instalaciones en Malabo y Bata, fue creado en un principio sólo para los cooperantes españoles y personal de la Embajada, pero siempre se permitió también comprar a los españoles que residían en Guinea y a los representantes de otras embajadas y organizaciones internacionales. Su volumen de ventas era muy moderado, unos 5 millones de pesetas mensuales, pues la colonia extranjera era reducida.

También tenían derecho a comprar en el supermercado los ministros guineanos y los funcionarios de Presidencia del Gobierno, que poco a poco iban incrementado sus deudas, pues eran los únicos a quienes se les "fiaba". El resto de los clientes debían pagar en efectivo, en pesetas, o bien domiciliando el pago en cuentas bancarias en España. Más de una ver, la deuda de los guineanos se saldó con los presupuestos de la ayuda alimenticia española al pueblo de Guinea Ecuatorial.

Según los guineanos, aquel supermercado impedía que los comerciantes de la ciudad vendieran sus productos y, además, aseguraban que era la causa de que existiera un mercado negro de divisas en Guinea, al obligar a que los pagos se hicieran en pesetas. Los españoles se negaron a entregar el supermercado a las autoridades guineanas y estas exigieron entonces que sólo se vendiera a los cooperantes y diplomáticos españoles, pagando siempre por medio de cuentas corrientes en España. Los españoles no cooperantes decían que aquellas cuestiones eran las que impedían las inversiones de capital en Guinea y los diplomáticos de otros países y funcionarios de organismos internacionales se horrorizaron  al  tener que comprar,  desde entonces, todos sus productos, hasta los tomates o las patatas que no había nunca  en Guinea, en Duala, con 35 kilómetros de mar por medio.

Debido a estos hechos, y también como medida de presión ante las autoridades guineanas, los funcionarios de los organismos internacionales destinados en Guinea pidieron un aumento de sueldo, pues alegaban que, al no poder hacer las compras en el supermercado español, no tenían más remedio que ir en avión a comprar a Duala, lo que suponía quedarse dos días en la carísima ciudad camerunesa, por problemas de conexión de vuelos, o alquilar una avioneta. Los funcionarios de la FAO, del PNUD y de otros organismos solicitaron también el envió de aviones especiales, dos veces al mes, para llevarles a Duala a hacer la compra.

Como siempre ocurría en Guinea, la medida se olvidó poco tiempo después, tras unos días en los que los extranjeros que no podían comprar eran atendidos en el almacén, a escondidas, o encargaban los productos a sus amigos españoles cooperantes. Los principales perjudicados resultaban las autoridades guineanas, realmente los únicos que vieran cerradas las puertas del supermercado.

Simultáneamente, se produjo otro altercado grave entre guineanos y españoles, debido a la prepotencia que entonces derrochaban los militares guineanos siempre que tenían ocasión, y que motivó la parada de los dos Aviocar españoles.

Los hechos se produjeron en el aeropuerto de Bata. Un capitán guineano decidió detener a tiros a un Aviocar cuando estaba a punto de despegar. Esa mañana se había recibido una llamada en el consulado de España en Bata pidiendo una plaza para el capitán Domingo, al parecer llamado a Malabo por el presidente Obiang. La plaza fue cedida, como se hacía normalmente ante solicitudes de este tipo de las autoridades guineanas, pero dijeron que la hora de salida estaba fijada para las diez de la mañana. En vista de que media hora después no había llegado el capitán Domingo, y como estaba previsto otro vuelo para las 12 de la mañana, la tripulación del Aviocar decidió marcharse. Cuando al avión se dirigía hacia la pista de despegue vieron a una persona que desde un vehículo les hacía señas para que se detuvieran y, apenas sin dejar tiempo para que lo hicieran, comenzó a disparar al aire y al suelo con un subfusil.

La Embajada de España envió una nota verbal de protesta al Ministerio guineano de Asuntos Exteriores y ordenó a las tripulaciones de los Aviocar que no volaran hasta que se clarificara la situación. Las autoridades guineanas afirmaron que ellos prohibían que volaran los aviones españoles hasta que no participaran en el plan de vuelos. También pedían que les quedaran siempre unas plazas reservadas y que sólo pudieran viajar los cooperantes españoles.

Los aparatos soviéticos, dos Yak-40 (uno de ellos reservado para el presidente) y un Antonov, no bastaban para el transporte de pasajeros entre Malabo y Bata. La situación se complicaba especialmente cuando el barco nacional, el Acacio Mañé Elá, un antigua buque mixto de carga y pasaje vendido por los chinos a Macías, tenía que ser reparado y pasar revisiones en España, cosa que ocurría con cierta frecuencia.

Al cabo de unos días, una vez más, las autoridades guineanas se vieron obligadas a rectificar y aceptar las condiciones impuestas por España. Los Aviocar siguieron prestando su valiosa cooperación, pues sin su auxilio la vida se paralizaba en Guinea. Estos incidentes solían arreglarse en silencio, para que tuvieran la menor repercusión pública pasible. Igual ocurrió con el caso de Francisco Javier Ollero Ruiz, un español al que se le ocurrió recoger y sacar toda la chatarra que encontrara en Guinea, para lo cual organizó una empresa, contrató a 56 personas e invirtió 52 millones de pesetas. Cuando todo marchaba con normalidad, había recogido tres mil toneladas de chatarra y preparaba el envío de un barco, Francisco Javier Ollero fue denunciado por su socio guineano, Carmelo Mbá Bacale, quien de pronto pensó que su comisión, 0,50 pesetas por kilo de chatarra, era muy pequeña y quería que subiera a tres pesetas. Aunque el español tenía todas sus papeles en regla, la policía guineana le impedía salir del país, sin explicarle las razones. Francisco Javier Ollero, que llegó a temer por su integridad física, decidió renunciar a la operación y, con ayuda de la Embajada de España, pudo regresar a Madrid, donde asegura que jamás volverá a intentar hacer negocios en Guinea.

En este ambiente, los guineanos preparaban la Conferencia de Donantes y se supo que Obiang decidió viajar a Ginebra, para dar más realce al acto con su presencia. "La Conferencia de Donantes representa el máximo intento del Gobierno para conseguir una valiosa contribución internacional que pueda resolver definitivamente nuestras dificultades económicas", dijo antes de viajar a Suiza. En aquella ocasión, el gobernante volvió a criticar a sus compatriotas por su "euforia de vida, holgazanería y el poco interés por contribuir en el feliz desarrolla del programa de reconstrucción nacional", causas que habían motivado, a su juicio, la falta de desarrolla económica. Obiang lanzó una especie de reto a la comunidad internacional, "en la Conferencia se veré qué países son realmente nuestros amigos, porque allí lo tendrán que demostrar".

En total se habían diseñada casi medio centenar de proyectos correspondientes a educación (6), transportes (6) , viviendas y urbanismo (5), sanidad (4), industria (4), educación (3) y otros sectores, con un presupueste total de 141 millones de dólares. Una serie de proyectos, por un valor conjunto de 91 millones de dólares, recibían la consideración de "muy prioritarios".

La URSS anunció que no participaría en la Conferencia, por no tener la costumbre de acudir a este tipo de convocatorias, y China tampoco. En total asistieron 29 países, aunque casi la mitad eran naciones del Tercer Mundo, con escasa capacidad inversora, que estaban allí con un fin eminentemente político. También estaban representadas 9 instituciones financieras internacionales y 7 organismos de la ONU. La Conferencia se celebró en la Palacio de las Naciones de Ginebra, entre los días 19 y 22 de abril.

Uno de los hechos que polarizaron el interés de la Conferencia fue la pugna entre españoles y guineanos para que se reconociera expresamente la ayuda concedida por la antigua metrópoli desde agosto de 1979. Aunque Guillermo Nguema Ela, presidente de la delegación guineana, se negaba a que en las conclusiones  figurase  que  España había ayudado  a  Guinea  con 11.000 millones de pesetas, en los dos añas y medio largos transcurridas desde la caída de Macías, el ministro guineano de Obras Públicas, Vivienda y Transportes no tuvo más remedio que aceptarlo, al no oponerse ninguna de las delegaciones presentes. El subsecretario español de Exteriores, Joaquín Ortega, llegó a comentar que peligraba la concesión de nuevas ayudas si no se cumplía esta exigencia.

Durante la celebración del acto los guineanos tuvieron que sufrir el hostigamiento de Melchor Cruz Eyá Nchama, dirigente de la Alianza Nacional para la Restauración Democrática, el principal partido de la oposición, que se sentía en el Palacio de Ginebra como en su propia casa. Además de dar clases de historia en una universidad ginebrina, el dirigente opositor es miembro de una Organización No Gubernamental reconocida por la ONU y tiene numerosos contactos en aquel centro de reuniones. Durante la Conferencia de Donantes se dedicó a denunciar y criticar la falta de libertades en Guinea.

Algunas delegaciones juzgaban que era un tanto ambicioso el programa de reconstrucción y desarrollo, teniendo en cuenta la debilidad de las estructuras administrativas del país, con una capacidad de absorción y canalización de la ayuda exterior muy limitada. Afirmaban que quizá se habían planteado un tanto apresuradamente y que hubiera sido mejor fortalecer antes la infraestructura de Guinea Ecuatorial, para que el país pudiera "digerir" las ayudas. Pensaban que la pobreza de Guinea, y el estado de postración en que todavía se encontraba, dificultaría la puesta en práctica de aquel plan elaborado por los expertos de Naciones Unidas para potenciar la agricultura, pequeña industria e infraestructura administrativa y de servicios y dar un empuje al desarrollo de Guinea.

España se empeñó en responsabilizarse de la ejecución de todos los proyectos educativos y culturales y vetó la presencia de otros países en este área, en la que Francia quería intervenir. Al final, expresó el compromiso inicial de asumir planes por valor de unos 15 millones de dólares hasta 1984, alrededor del 10 por ciento del total solicitado por Guinea, lo que suponía unos 3.000 millones de pesetas, la mitad concedidas como "donaciones" y el resto en "créditos". Media docena de países expresaron su interés por algunos proyectos concretos y otra decena de naciones anunciaron que más adelante darían a conocer si asumían otros, pero casi todos se olvidaron de sus promesas y no volvieron a dar señales de vida. Los guineanos más optimistas, que daban como hechos proyectos sobre los que simplemente algún país había pedido alguna aclaración, valoraban en 90 millones de dólares el presupuesto de las obras que esperaban que se ejecutarían en breve plazo.

Pese a los esfuerzos guineanos por asegurar que estaba en marcha el proceso democratizador - Obiang resaltó que una comisión estaba redactando la Constitución - y la organización de la Administración, la Conferencia de Donantes fue un fracaso. Ni siquiera tuve lugar como estaba previsto para finales de 1984 o principios de 1985, una evaluación de los trabajos realizados.

Seguramente por la rabia acumulada durante la Conferencia, cuando Obiang regresó a Guinea obsequió a sus funcionarios con otra  bronca  de las que prodigaba cada vez con  más  frecuencia."Quiero que los funcionarios sean competentes y eficaces, y no una chusma que no aporta ningún beneficio al pueblo", dijo el mandatario. Tras insultarles y amenazar con destituir a quienes no rindieran lo suficiente, afirmó que "los funcionarios guineanos son muy criticados en el exterior, y quizá por esto no quieren darnos ayuda, porque dicen que no somos responsables ni sabemos tratar a la gente". Un poco más adelante, en una enternecedora demostración de candor o de cinismo, Qbiang les dijo que cuando salía del país tenía que "defender el honor de los funcionarios, echando la culpa de este desorden al régimen anterior, sabiendo perfectamente que entre vosotros existen lacras".

Mientras señalaba con el dedo a los altos cargos que le escuchaban con cara de buenos chicos, Obiang gritó: "ninguno de vosotros se interesa por el bienestar del país. Veláis únicamente por vuestras intereses personales, abandonáis constantemente vuestros puestas de trabajo y os dedicáis a los negocios sucios en el mercado negro". A los funcionarios de Justicia, Hacienda, Comercio y el Banco Nacional les acusó de "robar despiadadamente al pueblo" y boicotear los proyectos que presentan los organismos internacionales y países amigos para el desarrollo de Guinea. Cada ves más furioso, los amenazó con tomar medidas e imponer "castigos muy severos" y aseguró que estaba arrepentido de haber definido a su Gabinete como de "tecnócratas", pues "he podido comprobar que sois unos técnicas muy mediocres y embusteros, y ninguno habéis sido capas de presentar un sólo proyecto válido".

En aquella filípica, Obiang dedicó también unas palabras para comentar que algunos guineanos estaban organizando "grupitos políticos clandestinos". Aseguró que en el futuro podrían dedicarse a la política, "pero ahora debemos pensar únicamente en sacar a nuestro país del caos económico en el que se encuentra".

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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