HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

Capítulo 36.ESPAÑA LO INTENTA DE NUEVO.

Antes de la llegada de los negociadores españoles que participarían en la reunión de la Comisión Mixta se anunció en Malabo, oficialmente, la convocatoria de una Conferencia de Donantes en favor de Guinea Ecuatorial, prevista para celebrarse en Ginebra del 19 al 23 de abril.

A mediados de marzo apareció editado el segundo volumen de la Conferencia de Donantes, con una serie de proyectos de interés prioritario, para que los distintos países dispuestos a ayudar a Guinea se comprometieran a emprender una serie de proyectos de cooperación, que ya estaban incluso presupuestados. Se intentaba que se llevaran a cabo planes completos, de verdadero interés para el país, y que no hubiera interferencias entre los estados donantes. En un primer volumen, editado en enero, se habían recopilado una serie de datos y se había elaborado un análisis general de la situación en Guinea.

Unas declaraciones del director de la Oficina en Guinea del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Gerd Merren, acabaron de avivar la polémica al manifestar que los asesores ejecutivos que España pretendía situar en los puestos claves de la economía guineana deberían ser iberoamericanos en lugar de españoles. Justificaba esta opinión por las muchas reticencias que existían entre guineanos y españoles. Merren estaba muy enfadado con la dirección de la cooperación española, que apenas se había preocupado de coordinar sus esfuerzos con el organismo de ayuda al desarrollo de la ONU. Criticaba la cerrazón española por imponer a toda costa aquellos asesores ejecutivos, obligando a los guineanos a aceptarlo todo, inclusa el título del cargo y, por supuesto, el nombre de las personas que debían ser designadas, en una clara critica a los funcionarios propuestos por España.

De todas formas, Merren pensaba que sería muy grave que España, a la  vista de un posible rechazo guineano, diera un portazo y retirara su ayuda a su antigua colonia, que calificaba como "importantísima" durante los dos años y medio pasados. El funcionario internacional,  de nacionalidad alemana, afirmaba que España no había colaborado en los trabajos preparatorios de la Conferencia de Países Donantes.

"Si España continua exigiendo a ultranza el nombramiento de los consejeros, muchos países se pondrán en su contra. Aunque tuviera toda la razón, se equivoca en la forma de plantearlo y, aunque está muy claro que es necesario reorganizar la Administración y la economía guineana, le van a acusar de neocolonialista", manifestó Merren a EFE.

Un día antes de la llegada de la delegación española a Malabo, apareció un número del periódico Ébano (salía cada dos o tres semanas) en el que se reproducían unas declaraciones de Obiang en las que recordaba a la parte española que Guinea pedía "un respeto escrupuloso de su soberanía" y que los asesores debían someterse a la legislación vigente". Las relaciones seguían viciadas y aquello se estaba convirtiendo en un diálogo de sordos. Unos consideraban que sólo se podía avanzar en la cooperación controlando los resortes fundamentales del poder, pero los guineanos no tenían claro el plan, que veían se lo querían imponer más por la fuerza que por la razón.

La delegación española, compuesta por una docena de funcionarios de Exteriores. Economía y el Banco Exterior, estaba encabezada por Joaquín Ortega, subsecretario de Asuntos Exteriores y presidente de la Comisión Nacional de Cooperación con Guinea Ecuatorial. Los guineanos estaban molestos porque no hubiera acudido un ministro a las negociaciones y sólo fue al aeropuerto, para recibir a los españoles, el secretario técnico de Hacienda, el prudente y capaz Baltasar Ovono, y el director para Europa y América, el fanfarrón y prepotente Pedro Nsué.

Los trabajos de la Comisión Mixta comenzaron el 20 de marzo por la tarde, a pesar de que era sábado. No se podía perder tiempo, pues ya se sabía que las negociaciones no iban a ser fáciles. En realidad se trataba de un encuentro de la "Gran Comisión Mixta", primera vez que se reunía este organismo desde que se diseñó el plan de ayuda a Guinea, en 1980, con el fin de revisar el estado general de la cooperación entre los dos países.

Nada más empezar la reunión, lo primero que hizo el director de la OCGE, Martínez Pujalte, fue obligar a salir de la sala al delegado de la Agencia EFE, a quien los guineanos, normalmente poco amigos de dar transparencia a aquellos actos, habían permitido estar presente. Martínez Pujalte se encontraba muy nervioso, pues veía cómo estaba a punto de fracasar todo el proyecto de cooperación bilateral que dirigía y prefería que no hubiera periodistas como testigos.

En las jornadas del sábado y domingo se fue pasando revista a las acciones de cooperación desarrolladas hasta entonces. Parecía que mejoraba el clima de entendimiento y reinaba el optimismo, aunque se iba dejando para el final lo más complicado. Mientras seguían reunidas las comisiones, Ortega expresó a Obiang la intención y el deseo del Gobierno de Madrid de seguir ayudando a Guinea.

El martes 23 regresaron a España los técnicos que habían pasado revista a los diversos sectores de la cooperación, pero Ortega y Martínez Pujalte se quedaron en Malabo. Las conversaciones se fueron haciendo más difíciles a medida que se llegaba a los puntes más conf1ictivos. Los guineanos, aunque puntualizando la necesidad de delimitar muy claramente las tareas de los asesores ejecutivos españoles, habían accedido a esta exigencia, pero a cambio pedían importantes compensaciones económicas. Es decir no querían ceder gratuitamente su soberanía, pero sí estaban dispuestos a venderla. Además, les urgía que el ekuele contara cuanto antes con un respaldo oficial de la peseta para que su moneda tuviera una convertibilidad internacional.

Según comentaba uno de los técnicos españoles, se había pasado revista a todos los sectores y cada parte reiteraba los mismos argumentos. "Estamos repitiendo siempre lo mismo", exclamaba desesperado. Además, ante cada planteamiento un poco novedoso, los funcionarios guineanos tenían que salir para recibir instrucciones del ministro de Exteriores, en ocasiones, y otras veces directamente de Presidencia. Sin embargo, Ortega manifestaba que estaba dispuesto a quedarse en Guinea "el tiempo que haga falta", hasta dejar resueltos todos los conflictos.

Algunos observadores independientes comentaban que parecía que los guineanos querían ganar tiempo y esperar a la celebración de la Conferencia de Donantes, prevista para tres semanas después, que para las autoridades de Malabo era como la llegada de los Reyes Magos. Si esa reunión salía bien y llovían las ayudas internacionales, como anhelaban, podrían negociar en forma distinta la ayuda española. Por esta razón, no importaba que se atrasara el viaje de Obiang a España y en lugar de hacerlo en abril, como acordaron el presidente guineano y  Calvo  Sotelo, podía tener lugar en mayo. Por el momento había que ser buenos, o al menos dar la apariencia, para que los Reyes Magos no les dejaran carbón.

Mientras los españoles manifestaban que los guineanos no se avenían a razones y pedían "imposibles", los funcionarios medios guineanos, entre quienes había personas de gran valía (muchos de ellos perseguidos después por el implacable círculo "mongomita"), afirmaban que su pretensión era participar en el control de las actividades de la cooperación española."Dicen que España se ha gastado en Guinea varios miles de millones de pesetas, pero realmente, no sabemos en qué, ni cómo. No conocemos las cuentas. Nosotros lo que vemos es que muchos cooperantes parecen veraneantes, que están aquí de vacaciones", decían mientras se quejaban de que dos años y medio de cooperación española apenas si había dado frutos, ni encontraban ejemplos de obras terminadas que sirvieran para mejorar el nivel de vida de la población. "El director de la OCGE no viene por aquí, no conoce Guinea, no está claro cuáles son los atributos y responsabilidades de la Embajada española y los de la OCGE, por lo que no sabemos a quién dirigirnos", decía otro funcionario guineano de Exteriores que comentaba el hecho de que los franceses tuvieran ambas dependencias, una de representación política y otra de gestión técnica, claramente diferenciadas y separadas.

Finalmente, en forma un poco intempestiva, Ortega dio por terminada la reunión el día 24. No se había logrado ningún acuerdo importante. Una vez más, todo había quedado en el aire.

Baltasar Ovano, que había sido el presidente de la delegación guineana (para que tuviera igual rango que la española), dijo que las conversaciones habían sido positivas "porque de una concepción global y abstracta de la cooperación hemos pasado a otra más concreta, con objetivos definidos y basada en las posibilidades reales de España". Según el secretario técnico del Ministerio de Hacienda, los acuerdos anteriores habían pecado de "voluntaristas" y, por esa razón, muchos no se habían cumplido. Ovono pensaba que el cooperante español se había introducido "de una manera un tanto espontánea y desordenada en la Administración guineana". Aseguraba que en las reuniones recién terminadas habían presentado un proyecto a España para reorganizar esta situación, pero no habían obtenido respuesta "según nos han dicho por tener que consultar con instancias superiores en Madrid".

Ortega, antes de salir de Malabo, manifestó que España estudiaría el proyecto guineano con detalle y se le daría respuesta en una próxima reunión. Los guineanos pedían que se clarificara la situación de los cooperantes. Querían saber si dependían de las autoridades guineanas, de las españolas de la Embajada, o de la OCGE, que se encontraba en Madrid.

Tras la reunión de la Comisión Mixta, Carlos Mendo decía en El País que el Gobierno español se orientaba hacia el cumplimiento de los compromisos adquiridos en materia de cooperación y ayuda económica, pero no se decidía a dar el paso definitivo para asumir la responsabilidad de ordenar las estructuras básicas guineanas, "a menos que el Gobierno de Malabo no acepte la presencia de asesores españoles con poderes decisorios". Según Mendo, España había dejado claro que sin el control de la moneda, del comercio exterior y del presupuesto no habría ninguna nueva ayuda extraordinaria.

En vista de como estaban las cosas, Guinea Ecuatorial envió un representante a Libreville, donde, a finales de marzo, se celebró una reunión de la UDEAC para estudiar su ampliación. Las autoridades guineanas solicitaron también al FMI que realizara un estudio para analizar las ventajas y desventajas de ingresar en la UDEAC.

Obiang había puesto toda su esperanza en la Conferencia de Donantes,  pero no se daba cuenta de que una falta de acuerdo con España y el desorden que seguía reinando en el país, donde la inversión privada no veía todavía ninguna garantía, iba a dificultar su "presentación en sociedad". El FMI había facilitado algunos datos de la economía guineana que no permitían ver una mejora en la orientación política del Gobierno. Sin embargo, Obiang pensó que podía sacar una rentabilidad a su "amistad" con Marruecos y orientó parte de su campaña dedicada a lograr el éxito de la Conferencia que organizaba la ONU en realizar un viaje hasta Kuwait y Arabia Saudí, patrocinado por Marruecos. Acompañado por medio centenar de personas, incluidos varios marroquíes de su guardia presidencial, Obiang salió de Malabo en un  Boeing 707 de la Royal Air Maroc,  prestado por el rey Hasán II. En lugar de escribir las cartas, Obiang quería pedir en persona los regalos a los "Reyes Magos de Oriente". Pero el presidente guineano se equivocó completamente de dirección en su campaña, pues los proyectos escogidos por los países árabes en la Conferencia fueron mínimos.

Fuentes militares españolas en Malabo manifestaron que, con este viaje, Hasán II aseguraba la permanencia de sus tropas en Guinea para seguir garantizando la seguridad del presidente Obiang. El mismo día del regreso de Obiang a Guinea, por cierto con un retraso de cuatro horas que tuvieron que soportar los miembros del Gobierno y el cuerpo diplomático en el aeropuerto, el vicepresidente Seriche viajó a Estados Unidos, "para sensibilizar a la opinión pública norteamericana ante la Conferencia de Donantes". Otra delegación guineana, presidida por el comisario de Obras Públicas, Luciano Edjang Mbó, visitó 14 países europeos para pedir apoyo a sus gobiernos. Obiang incluso envió una carta a José María Ruiz Mateos, entonces todavía presidente de RUMASA, para que los empresarios privados colaboraran con algún proyecto de los que se iban a presentar en Ginebra.

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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